Yakibuta Ramen
De cómo Naruto reprueba el primer examen
—Naruto, por todos los cielos, sé razonable. — decía el hombre dejando de lado todo lo que estaba haciendo para mirar de frente al niño que con las mejillas infladas y el ceño fruncido se rehusaba a escuchar razones.
— ¡De todas las personas a las que se lo he dicho nunca pensé que tú tampoco me apoyaras! ¡Dattebayo!
—No es que no te apoye, Naruto ¿Cuántos años tienes? ¿Seis?
— ¡Iruka-sensei dice que muchos ninjas se gradúan desde los siete!
Teuchi abrió la boca para refutar… No estaba seguro, pero creía que Itachi y Shisui tenían esa edad cuando estaban casi afuera de la academia…
— ¡Tú tiene seis, no siete! ¿Es qué no importa que no hayas terminado los estudios formalmente?
El rubio movió la cabeza de un lado a otro con los brazos cruzados.
—Hacen exámenes especiales para ninjas talentosos.
—Naruto… es que tú…
Eres muy joven, no estás listo, es demasiado pronto, eres un niño…
— ¡Piensas igual que los otros! ¿Verdad? — preguntó en un grito con los ojos acuosos y la nariz constipada, pero a fuerza de orgullo conteniendo las ganas de llorar.
— ¡Que soy un idiota y no puedo lograrlo! ¡Pero les voy a demostrar que puedo hacerlo! ¡Y me voy a convertir en Hokage y entonces todos me van a respetar!
— ¡No, Naruto! ¡Espera!
Pero el niño ya había bajado del banco en un salto, corrido a toda prisa directo a la salida y de ahí a saber dónde.
—Quieres… ¿Quieres que vaya por él? — preguntó tímidamente Ayame por detrás en cuanto dejó el cuenco de verdura cortada que había sido su parte del platillo. Mantenía los brazos pegados a la altura de su pecho, acción que resaltaba lo menudo de su cuerpo. Su padre torció la boca meditándolo un poco.
—Déjalo Ayame-chan, está tan enojado que no va a escuchar razones, será mejor que se le pase y después lo aclaramos. Además, dudo mucho que lo alcances.
La chica se encogió de hombros, inclinó la cabeza y regresó la atención a las zanahorias que debía hacer en rodajas…
.
—Ayame-chan…
Ella giró la vista en señal de atención aunque no dejó de lavar los platos que habían usado los últimos clientes de esa tarde.
— ¿Crees que debí apoyarlo?
Ayame lo meditó unos momentos, había algo en que ambos sin haberlo discutido previamente estaban completamente de acuerdo y era que hasta el momento, Naruto no había mostrado más habilidad que comer sin reventar, y aunque no podían compararlo con sus padres porque a ellos los conocieron ya como shinobi adultos, estaba el referente por ejemplo, de Itachi y Shisui, si bien esos dos se habían convertido en un tema tan tabú, que se le mirase por donde se le mirase, en ese local jamás volverían a ser mencionados.
El pequeño tenía energías inagotables, corría muy rápido, daba saltos muy largos pero de ahí en fuera… con algo de pena pero en honor a la verdad tendía a ser cabezota, renegaba de la teoría que era lo más fundamental para absolutamente cualquier cosa, no solo en la carrera ninja y se despistaba con rapidez. Aunque aquello último era algo muy parecido a lo que ocurría con Kushina, siempre era la última en enterarse de lo que acontecía, y no por eso era mala kunoichi… o eso le pareció.
—Tal vez…
Pero no dijo nada más. A final de cuentas ¿Cómo iba ella a saber si presentar el examen era bueno o malo? No llegó a esa parte.
Teuchi miró al suelo, Naruto ni siquiera había terminado de comer por la prisa al salir.
.
—Gracias por su compra, regrese pronto… Buenas tardes, ¿Qué puedo servirle? ¡Oh! ¡Hana…san! — dijo no sabiendo si la banda en su frente ameritaba el cambio de honorífico, aunque el otro factor era que ella y Ayame no se habían hablado en años, lo que implicaba que pues ya no serían amigas y el trato de había enfriado.
Sinceramente solo había reconocido a la joven por las marcas bajo sus ojos, que eran las mismas que usaba cuando más pequeña, el rasgado de las pupilas y… creía recordar que tenía el pelo más claro, pero no estaba seguro, hacía mucho tiempo que no la veía.
—Buenas tardes. — saludó ella cordialmente con un tono vehemente que enfatizaba la voz adulta que pese a su edad, que debía ser la misma de Ayame, iba muy acorde con la complexión esbelta de la muchacha.
— ¿Podría servirme tres órdenes de Yakibuta Ramen para llevar?
—Claro... claro… tome asiento por favor.
Enseguida se puso a trabajar.
La chica Inuzuka permanecía sosegada, rechazó el ofrecimiento del lugar, por el contrario solo se recargó contra la pared con la vista perdida en las juntas del piso, como si estas tuvieran las novedades de la villa redactadas. Ayame se había puesto incómoda, pero no por eso entorpeció su labor al preparar los cajones del servicio acomodando los palillos, las servilletas y los bol mientras su papá preparaba el clásico platillo de cena que un ama de casa retrasada en horarios pasaba al plato de porcelana fingiéndose laborioso y difícil cuando en realidad era muy sencillo de hacer, si bien tomaba una hora prepararlos, veinte minutos eran suficientes en tiempo de su papá.
Rápidamente los trozos de chuletas de cerdo se empezaron a freír en una sartén.
Hana sostuvo la mirada cuando la camarera giró el rostro para verla, aunque cohibida por la presencia de la kunoichi volvió a bajarla.
Una vez fritos pasaron a la olla con agua junto a un puñado de todos los vegetales que Ayame se entretenía cortando con figuritas decorativas, y aunque él creía que no era particularmente necesario, muchos clientes, o clientas más específicamente, encontraban adorable ver a las flores de zanahoria flotando junto a estrellas de cebolleta.
Ayame iba hablar, preguntar alguna nimiedad para saber si la razón por la que Hana había dejado de hablarle reemplazándola por la chica Uchiha era enfado o menosprecio o… movió la cabeza de un lado a otro con tal fuerza que se mareo un poco. Ya había prometido, así misma y a su papá, que no pondría el dedo en la llaga.
Quince minutos de hervido, cambiados a tazón de porcelana y envueltos en papel plástico.
¡Pero la habían reemplazado! ¡Shisui y ella la habían reemplazado como si fuera cualquier cosa!
Teuchi puso un par de huevos a hervir, otro puñado de vegetales con salsa de soja condimentada.
La depresión pasó un instante a convertirse en un sentimiento poco más miserable, Hana muy tranquilamente se aparecía como si nada para presumirle que ya era ninja y ella no.
Estirar los fideos, doblar, estirar.
¡Y qué con eso! ¡Ella jamás debería comprar comida en la calle porque sabía cocinar!
—Hana-san ¿Sabe si ya fueron los exámenes especiales de graduación?
La kunoichi que se había mantenido ocupada leyendo las duelas, levantó la vista afirmando con un movimiento de la cabeza.
—No son especiales, es el examen de generación, aunque a veces algunos niños talentosos son recomendados para presentarlo sin haber terminado el curso.
—Ah, ya veo.
El fideo estaba ya hervido, una porción para cada plato… Teuchi frunció el ceño un poco; uno, Tsume-sama. Dos, Hana-san. Tres, el esposo de Tsume-sama que no se acordaba cómo se llamaba. Tres… Tsume-sama estaba embarazada….
Se encogió de hombros. Tal vez la madre o el esposo estaban de misión.
Cucharada de caldo con verduras hervidas.
Porción de chuletas y verduras asadas.
—Aquí tienes…— dijo terminando la presentación y deslizando los paquetes sobre la barra.
—Gracias. — la chica pagó el importe, se acomodó las cajas como mejor pudo.
— ¿Quiere que le ayude?
—No, no gracias, está bien.
Y con el protocoló quedó.
Y con la ganas de gritarle que no le importaba.
.
Pasaron dos días, y luego uno más. Ayame había ido al departamento de Naruto pero el niño o no estaba o no le quería abrir.
Asumieron casi enseguida que no había pasado el examen o de lo contrario andaría por ahí saltando de un lado a otro restregándole a todos los que dudaron de sus habilidades, su banda ninja, eso era en realidad todo ser vivo en Konoha.
Regresaba nuevamente sin éxito en su cometido, bajaba por una calle inclinada jugando a "no pisar raya", dio vuelta en una esquina y chocó de bruces con otra persona.
— ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Fue mi culpa! — empezó a decir mientras se inclinaba al frente.
—Descuida, no ibas a matarme con eso.
Ayame se quedó de piedra levantando la vista a través de su flequillo castaño encontrándose con Hana.
—Ah… de cualquier forma, lo siento. — dijo secamente enderezando la postura y desviando un poco la dirección de sus pasos para seguir su camino, en eso estaba cuando al pasar justamente al lado de la muchacha, esta le detuvo apenas tocándola por el brazo.
—Quiero hablar contigo.
— ¿Eh? ¿Había algo malo en el ramen?
La otra negó sabiendo que se estaba haciendo la tonta y sí sabía qué quería decirle.
—Hace seis años… ¿Nunca te preguntaste por qué dejé de hablarte?
Ayame giró el rostro.
— ¿Por qué mi madre cuidaba de Naruto-kun?
Nuevamente recibió una negativa.
—Mi madre dice que los que odian a Naruto son unos imbéciles.
Entonces la camarera sí se sorprendió, en todo ese tiempo realmente esa era la única razón que se le ocurría.
La tarde caía, el aire cálido le agolpaba en el rostro de acaloradas mejillas abochornando más la situación silenciosa que se había creado. Hana nunca había sido de muchas palabras, pero antes lo percibía solo como timidez en cambio ahora, era un aire regio, intimidante.
—No estaba enojada contigo. — le dijo esbozando una cálida sonrisa auténtica. Pero la otra chica seguía sin entender.
—Estaba enojada con todos… mi… si no quieres volver a ser mi amiga lo entiendo, fue egoísta, y ha pasado mucho tiempo, no pretendo recuperar mi lugar, pero me molesta, me molesta haber hecho tantas tonterías…
—Hana-chan…— susurró olvidándose que usualmente no le hablaba a si a quien usaba banda.
—Mi papá nos dejó… yo… yo creí que… yo era su princesa…
No había lágrimas en los ojos de Hana, pero sí en su voz. Ayame se giró, no sabía si debía abrazarla ¿Sería apropiado?
¡Qué estúpida había sido! ¡Hana no iba a comprar ramen, iba a disculparse! O lo que fuera esa declaración.
—Lo siento…
Hana se encogió de hombros.
—Con el tiempo entendí que el mundo no tenía la culpa, tampoco mi mamá, y tal vez… no, en realidad no lo odio, aunque ya no duele tanto. Solo quería decírtelo, sé que contribuí a una mala racha, disculpa por eso.
Ayame inclinó el rostro enlazando las manos al frente colorándose en seguida a tal punto que se iba a desmayar ¿Alguien más se había enterado de lo ocurrido esa noche con Shisui?
—Shisui tenía mucha presión del clan, tal vez él no quería que te juzgaran como hicieron con los Uchiha, los aislaron… al final terminó haciendo más daño del que pretendía evitar… aunque a decir verdad no lo sé, no hablaba mucho.
La joven camarera se tranquilizó, respiró profundo, al final sería solo su secreto.
—Me imagino que es parte de crecer. — agregó luego de un rato.
—… Me refiero a… las desilusiones, a lo malo que ocurre con o sin intención… no sé, no te guardo rencor y de cierta forma me da gusto que no estés molesta con Naruto-kun…
—Él probablemente es quien tenga más razones para quejarse y estar enojado.
—Pero no lo hace.
—No lo demuestra, es diferente. — corrigió Hana metiendo las manos a los bolsillos de su campera.
—Nos vemos. — se despidió la kunoichi siguiendo el camino que intencionalmente había interferido para un encuentro casual.
—… Adiós…
Ayame se quedó sola en la calle unos instantes más viendo morir la tarde con su amiga desapareciendo en el horizonte. Suaves pasos sobre la grava llamaron su atención, se asombró de encontrar a Naruto, con los ojos acuosos medio ocultos por las gafas que siempre llevaba, la ropa sucia y despeinado, más de lo usual.
Se abstuvo de preguntarle cómo le fue.
—Ayame-neechan…— le dijo con la garganta hecha un nudo.
— ¿El viejo está molesto? — preguntó tímidamente siendo coreado por un gruñido de su estómago. La joven le sonrió.
—No, él nunca se enfada, y menos contigo… vamos.
Y le tendió la mano para conducirlo.
Ese día entendió algo; hacía poco que se había reincorporado al mundo más allá del departamento, y descubrió que en realidad no era la única con motivos para llorar, que no todo el mundo conspiraba para hacerle daño y las heridas de uno no tienen derecho a extenderse a los demás, ella misma lo había hecho con su padre.
Miró a Naruto que se limpiaba los ojos para que su padre no lo viera llorar, llegaría gritando, contando las novedades del día. Para ser un niño, era demasiado fuerte.
A ella le hubiera gustado ser así.
Cometarios y aclaraciones:
Ok, se me ocurrió, que Naruto pedía presentar examen de promoción previa en sus arranques de grandeza, por eso lo reprobó tres veces y al final se graduó con su generación, no se me ocurre otra cosa.
Por ahí me preguntaban por Hana, eh aquí la respuesta, conozco a uno o dos amigos cuyos padres los dejaron y pues si es algo fuerte, me imagino que lo suficiente como para enojarse con el mundo. Y como también veo a Hana como una mujer fuerte y honesta, pero ante todo, respetuosa de los lazos, creí pertinente que ya graduada pensara en esos ciclos que no cerró.
A ver qué les parece.
¡Gracias por leer!
