Michinoku Shijimi Ramen
De cómo Shikamaru, Chōji y Kiba son casi amigos de Naruto
—Pero qué…
Y nada se le ocurría para calificar aquello que tenía en las manos y Ayame había traído del supermercado con la misma expresión de incredulidad pintada en el rostro.
El empaque rosado poco tenía que ver, las letras bordeadas de corazones y el slogan "con el amor de mamá" hasta podría resulta en la remembranza a muchos otros productos de uso doméstico. La foto dominante en el producto de una señora rolliza con delantal blanco cubriendo el costoso vestido azul, sosteniendo en una mano un bol de porcelana importada y en la otra unos palillos largos con los que sacaba un manojo de fideos. Las manos bien cuidadas con las uñas en color rojo le hacían imposible creer que de verdad hubiera cocinado, posiblemente jamás habría cortado ni una cebolla, pero con los alimentos pre cocinados, eso era entendible.
— ¿La línea de productos de Madam Shijimi?
Dio vuelta al empaque donde se leían los ingredientes, sin sorprenderse mucho descubrió que la mayoría ni los podía pronunciar. Sin embargo, y tras una ligera sospecha descifrando lo que más pudo se animó a prepararlo con menos resentimiento que con su enemigo jurado: el bote de instantáneo.
Sin embargo el procedimiento era exactamente el mismo, la pequeña gran diferencia recaía en que podía agregar vegetales libremente, y el contenido ciertamente tenía porción para cuatro personas, no raciones individuales.
Ayame dejó la cocina apenas escuchó cliente entrar, con el escándalo que armaba supo que se trataba de Naruto, con los ánimos renovados tras la experiencia del examen del cual, en sí, no había dicho algo más allá sobre la necedad de que la próxima vez lo conseguiría. Inevitablemente afirmando con ello que muy posiblemente trataría año con año. Pensó pues, que se curtiría ante la decepción, pues por muy simpático que fuera difícilmente hallaba en el niño un talento o aptitud superior a un niño promedio. Bastaba con decir que Ayame tenía menos accidentes con los cuchillos.
— ¿Cenaste bien ayer? — preguntó el cocinero mirándolo de reojo casi reprochándole que no se había presentado para la cena.
—Sí, Kiba llevó comida que hizo su mamá, teníamos mucho trabajo y nos quedamos en mi departamento aunque no hicimos mucho porque…
De a poco le dejó de escuchar, el aire de optimismo y muy evidente felicidad. Cierto resultaba que desde que le recibió en el restaurante haciéndose cargo de su alimentación el rasgo huraño de sus ojos se había disipado un poco, aunque había temas que trataba con recelo el niño, particularmente se mostraba reacio a lo que "amigos" incluyera.
Era como si cada instante de cada día el acercarse a otros fuera para Naruto una misión imposible. Adivinar los motivos no era difícil, el tercer Maestro Hokage ya les había advertido de la aversión que podría crearse en los hijos de quienes vivieron la fatal noche en que apareció el zorro de las nueve colas. Naruto, por tanto, estaba completamente encerrado en su mundo, siendo pequeño, cualquier intento de tocarlo o tan sólo acercarnos a él parecía aterrarlo de tal forma que no consintió que Ayame siquiera le limpiara la cara sino hasta varias semanas después. A la tarde se ponía rígido cuando se acercaban mucho al servirle. Muchas veces, si más gente entraba al local, él se salía regresando al rato cuando se hubiera despejado.
Naruto tenía una reserva inagotable de energía, hablaba rápido, la mayoría de las palabras ya las pronunciaba bien, pero ya había notado que llegaba a correr de manera repetitiva, casi automática y sin propósito. O se ponía a girar largos ratos, cuando contaba algo que lo frustraba llega a jalarse de sus propios cabellos con cierta furia preocupante que terminaba de ahuyentar a quien estuviera cerca.
Con todo y aquello, escucharle en esos momentos hablar de una reunión en su departamento con otros niños con los que jugó toda la tarde en lugar de hacer el trabajo de investigación que era de hecho el motivo por el que se habían reunido, resultaba tan… alentador.
— ¡Sí! ¡Sí! ¡Debiste verlo, viejo! ¡Fue increíble! ¡Dattebayo!
—Me imagino que sí. Naruto, ubico a Chōji-kun y a Shikamaru-kun, pero ¿Quién es Kiba-kun?
El rubio levantó las cejas, torció la boca, ladeo los ojos… trataba de recordar su apellido, como a nadie llamaba por tal usando solo nombres de pila desde que se presentaban, no podía recordar bien.
—Inuzuka Kiba… no sé, tiene un perro y se pinta la cara y…
Inuzuka…
Él tenía por fuerza que ser el hijo de Tsume Inuzuka. Y entonces no pudo evitar el sentirse más feliz, pues de lo poco que había podido conocer, realmente apreciaba mucho que fuera esa familia la que hubiera tomado la mejor de las actitudes con respecto a la naturaleza de Naruto.
— ¿Ellos son tus amigos? —preguntó luego y sin rodeos pensando que tal vez sería lo mejor para sobrellevar el problema del chico con esa palabra. Aunque tal como lo había supuesto, se le fue el habla poniéndose tenso casi enseguida.
¿Amigos? ¿Ellos eran amigos? Jugaban de vez en cuando, de hecho solo habían jugado en tres ocasiones, dos fueron saliéndose de clases y Shikamaru se quedó dormido, Chōji comía ahí a su lado bajo la sombra de un árbol y Kiba trataba de enseñarle trucos a su perro.
Pero habían accedido a llevarle con él ¿No? De hecho lo habían invitado, él no se había acercado, él no les había rogado, claramente Shikamaru había dicho "¿No quieres venir?" ¡Se lo dijo a él! ¡A él! ¡Y no había nadie más como para confundirse!
Y mientras se escapaban de Iruka le preguntaron sobre si conocía un buen lugar, por ende ¡Les interesaban sus gustos!
¡Y sabían su nombre! De alguna manera ellos sabían que era Uzumaki Naruto, y no se refirieron a él como "niño", y si sabían su nombre era porque él había llamado su atención de alguna forma.
—… Sí…— respondió titubeando y aún continuando con el hilo sobre las suposiciones que lo habían llevado a esa respuesta: sus amigos.
Sí, eran sus amigos. Y si eran sus amigos entonces tenía que impresionarlos de alguna forma para que lo admiraran, algo que los hiciera sentirse felices de haberlo elegido como amigo. ¿Qué podría ser?
De pronto una idea pareció iluminarle el sendero a seguir, sería algo grande, más que todas las cosas que había hecho hasta el momento.
Con una sonrisa radiante aceptó el bol de ramen que le servían, y mientras comía, siguió tramando aquello que consolidaría su amistad con sus nuevos amigos.
Amigos.
Le gustaba esa palabra.
.
Como usualmente pasaba, no se enteraba de nada más que por boca de "chisme" que traían algunas clientas, ignoraba la mayoría, pero en esa ocasión había sido demasiado como para no terminar por meterse abiertamente en la conversación que sobrellevaban dos señoras. Su casi grito de impresión se malinterpretó, confundiéndolo con indignación, sentimiento que albergaban las otras dos.
—Así como lo oye, ese monstruo esta vez llegó demasiado lejos. — dijo una severamente.
— ¡¿Cómo se atreve? ¡El Cuarto Maestro Hokage es un héroe! — agregó la otra.
Teuchi palideció un poco sintiéndose frío por dentro, Ayame también había abierto mucho los ojos e incluso mantenía los labios entreabiertos. De todas las cosas que le habían ocurrido a Naruto, esa era la que incluso a ella la había perturbado más.
¡Y tanto que creían que había mejorado! ¡Si hasta había conseguido unos amigos!
La niña se relamió los labios sintiendo la boca seca, enseguida salió corriendo para confirmarlo con sus propios ojos.
.
El rostro esculpido en piedra de Namikaze Minato, el hombre que había sacrificado su propia vida en pos de salvar la aldea entera, lucía unos bigotes torcidos hacia arriba en color rojo, una barba amarilla se prolongaba hasta donde terminaba su cuello que se perdía con la montaña misma. Orejas de duende verde entre los mechones de cabello, delineado morado que bordeaban sus ojos que miraban protectoramente el hogar por el que murió y una espiral roja en su frente y mejillas, tres en total.
¿Cómo pudo suceder que un solo niño pudiera hacerlo en una noche?
¿Con qué objeto?
Más que el trabajo escultórico, era la clara y evidente ofensa que había despertado el hecho de insultar de tal manera la memoria de ese gran hombre.
— ¿Y estás segura de que fue él?
Ayame agachó la mirada.
—Él mismo no lo negó.
—Oh por todos los cielos, Naruto, ¿En qué pensabas?
—El maestro Hokage aún no decide que hacer, por el momento ni siquiera tienen la orden de atraparlo…
.
Los ojos azules de Naruto no se volvieron acuosos, caso contrario, por unos instantes el frio se apoderó de ellos.
—Eres un idiota. — escupió Kiba rascándose la cabeza mientras la sacudía de un lado a otro.
— ¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! — repitió echando a correr a su casa antes de que los demás ninjas llegaran echándole parte de la culpa en eso.
Shikamaru y Chōji no dijeron nada, Kiba ya le había soltado todo y su opinión no difería al respecto. El robusto niño tragó con dificultad lo que quedaba de sus papas fritas, se limpió la boca con el dorso de la mano y jaló a su amigo tomándolo de la muñeca, él también creía que tenían que irse de ahí a la brevedad posible.
Naruto escupió al suelo.
— ¡No necesito amigos!
Sintió un hueco en el estómago, tan profundo y doloroso que debió correr. Distinguió la luz de Ichiraku y entró ahí, tenía que comer algo..
Miró el plato cabizbajo, era el quito, tal vez sexto y sin embargo el hueco no se iba.
— ¿Uno más? — preguntó el cocinero con algo de seriedad en la voz, lo que había hecho no podía simplemente ser ignorado, pero el semblante abatido del chico al entrar le hizo pensar que podía existir cierto remordimiento ¿Qué harían con él?
—Itadakimasu, Naruto-kun.
Cometarios y aclaraciones:
Mmm ¿mi inspiración? Naruto llegó a comentar algo sobre que Kiba, Shikamaru y Chōji se saltaban clases con él, pero no los había considerado amigos, incluso Kiba, en los exámenes a Ch ūnin lo tenía en el concepto de "Idiota", la dificultad de Naruto para interactuar y su tendencia a ser, pues algo, si, idiota, podrían haber sido la principal traba para que no se concretara esa amistad. Supongo yo.
¡Gracias por leer!
