Chuka hiyashi

De cómo regresa Asuma Sarutobi

El huevo batido se extendió sobre el aceite caliente poniendo una carrera entre el esparcimiento de la mezcla con azúcar y el cocimiento de la misma que la convertía en una tortilla. Frita por un lado y por el otro.

Segunda porción para segunda tortilla.

Tercera y cuarta listas en cinco minutos.

— ¡Pues yo también voy a tener un pañuelo de esos! ¡Dattebayo!

—No sabes ni qué es eso…

— ¡Pero tú dijiste que le rindiéramos honores!

—Sí pero…

— ¡Yo seré el próximo Shuponin Nujishi!

— ¡Shugonin Junishi*! — y con la aclaración se agregó un muy bien acertado golpe en la cabeza del rubio aunque carente de fuerza por haber sido el instrumento de ejecución un folders con tres o cuatro hojas dentro.

—Los Shugonin Junishi son más de uno pero ni siquiera lo intentes, por si no escuchaste, te lo repito, el grupo está disuelto.

— ¡¿Eh? ¡¿Eso dijo?

En la cocina se cortaban las tortillas en tiras finas junto con el pepino.

—Sarutobi-sensei estará a cargo de algunas lecciones, puedes preguntarle, no ceo que le moleste, además…

— ¡Hey! ¡Viejo! ¡¿Cómo que no habrá más Shuponin Nujishi?

— ¡Naruto! ¡Pon atención cuando te hablo! ¡Shugonin Junishi!

Por la puerta había entrado un hombre alto, esbelto, moreno, con el uniforme Jōnin y cierto aire despistado en la expresión que de momento no reaccionó con rapidez a la sarta de preguntas ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? Y ¿Por qué? Que había empezado a parlotear Naruto.

Los fideos chuka ya hervían desde hacía unos minutos y el cocinero buscaba el colador para escurrirlos, sin embargo, por costumbre giró la vista para darle la bienvenida al cliente, le pareció extraño, pues no le había visto en el local antes, pero tampoco se alarmó demasiado, no era como si fuera a conocer por nombre, apellido y descripción física a todos los miembros del cuerpo militar de una aldea, valga la redundancia, militar.

—Iruka-sensei…— murmuró a modo de saludo el recién llegado recibiendo invitación para sentarse junto a ellos en la barra, misma que declinó con reserva educada. Sin embargo, tampoco se retiró y en monosílabos cortados respondía a Naruto que no se daba por vencido.

Miraba el lugar con detenimiento.

—Me dijeron que Kurenai estaba por aquí. — dijo interrumpiendo al niño rubio aunque este no se dio por enterado y siguió hablando, Iruka entonces asintió levemente.

—Estuvo hace un rato, pero tenía que salir…

—Ya veo.

Fideos, pepino, jamón ahumado, tiras de huevo. Tres gambas limpias y sin cabeza en medio. Necesitaba un poco de beni shoga así que sacó el frasco de una alacena contigua. Y también continuó mirando al extraño que tal vez no era tan extraño, o al menos le dio esa sensación.

Las tiras de jengibre cortado en tiras delgadas, de color rojo, y encurtidas en agua con sal, era lo que sacó de ese frasco… ¿Qué era eso que le resultaba familiar en aquél hombre?

— ¿De verdad no quiere? — invitó nuevamente Iruka.

—No gracias, solo quería ver si la encontraba, me ha estado evadiendo desde ayer.

El maestro se encogió de hombros y recibió los dos platos de fideos con caldo de pollo que había terminado de servir su anfitrión.

—Este lugar tampoco ha cambiado. — dijo finalmente l moreno antes de salir, se despidió primero, revolvió los cabellos de Naruto sin responderle concisamente ninguna de sus preguntas en parte porque muchas de ellas no tenían sentido o eran el mismo asunto cuestionado de diferentes maneras. Busco entre las bolsas de su chaleco y finalmente encontró una cajetilla de cigarros, sacó uno, sacó la caja de cerillas, lo encendió casi como un ritual…

— ¡¿Cuántas veces le debo decir que aquí no se puede fumar? — la voz de Ayame, aunque en tono alto distaba mucho de un grito. El ninja dejó su semblante despistado para cambiarlo por uno sorprendido, la joven camarera apenas se levantó en puntas de pie y arrebató de sus labios el tabaco tomándolo entre sus delgados dedos como si de una pieza infecciosa se tratara para enseguida depositarlo en el cenicero de la entrada, apagándolo con desprecio.

—Lo… lo siento.

Y fue lo último que dijo.

.

— ¿Lo de siempre, Umino-sensei? — preguntó Teuchi sonriéndole al ninja que entraba.

—Sí, por favor…

— ¿Espera a Naruto?

El maestro rio nervioso rascándose la cabeza en un además rápido que controló casi enseguida, como si se diera cuenta de la impresión aniñada que eso producía.

—No creo que venga. — respondió con simpleza, y eso lo sorprendió de verdad, pues eran pocos, por no decir que prácticamente ningún día Naruto faltaba a la cita de la cena. Podía ausentarse en el almuerzo, pero jamás en la cena.

—Él está… ¿Castigado?

Iruka volvió a reír.

— ¡No! ¡No! Se ha portado bien últimamente. — se apresuró a corregir.

—Es solo que…

Y el rostro jovial del maestro de ensombreció con un dejo de tristeza.

—Tiene algunos proyectos pendientes, espero que sea para bien, realmente le ayudaría mucho.

Y aunque sonaba sincero, el sentimiento de alegría simplemente no apareció.

— ¿Es por la persona que vino ayer? — pregunto distraídamente pero consciente de que su intuición no le fallaba. Iruka pareció sorprenderse un poco y la risa medianamente boba con la que negó aquello solo confirmó precisamente que tenía el remordimiento de celos profesionales.

—Es un ninja muy respetado. — agregó.

—Muy capaz también…

Y el joven instructor de academia pasó un rato enumerando cualidades.

—Usted también, Iruka-sensei…

—Gra... gracias…— tartamudeo sonrojándose por el cumplido aunque sentía para sí mismo que no había punto de comparación.

Con la cabeza levemente inclinada empezó a comer.

Teuchi le miró con cierto aire de comprensión, entendía el sentimiento y de gran manera, él mismo lo había estado sintiendo como un pinchazo que de repente le hacía consciente de que sus diálogos se hacían más escuetos o limitados a Ayame, que era la compañía de casi tiempo completo con la que contaba.

Naruto aún hablaba con él, pero con la constante presencia de Iruka y su completa falta de conocimiento en temas ninja, el chico había optado por parlotearle, interrogar y atosigar a su maestro más que al cocinero con quien comentaba algunos asuntos de corte hogareño como por ejemplo si era mejor la lavandería que estaba en la vereda del rio o la que estaba al otro lado del parque de álamos.

En ese sentido, tenía que reconocer, que nunca, ni cuando era un bebé, pudo ser realmente la persona más importante en su vida y eso lo tuvo perfectamente claro pese a las muchas ilusiones que tenía puesta su mujer en que él pudiera crecer en una familia. Era como una resignación muda que no le hizo pelear por ser su tutor, sabiendo de antemano las limitaciones de la seguridad que le podía dar…

Y aún así fue un trago amargo ver el lento paso con que se convirtió en el hombre del restaurante donde cenaba y nada más.

Ahora Iruka veía ese desplazamiento, pero evidentemente él no tenía una Ayame con la cual subsanar la pérdida, de ahí que hablara en voz alta los puntos buenos que Naruto podía adquirir de un aprendizaje con el nuevo maestro pero que, sin embargo, a su moral resultaba contraproducente pues tendía a hacerse menos él mismo, quizás sin darse cuenta de ello.

Justo terminaba cuando como un huracán entró Naruto haciendo un mohín que le enfatizaba la expresión de zorro, cruzó los brazos y pidió de cena lo mismo que Iruka.

— ¿Na… Naruto?

— ¡Ese viejo! — exclamó indignado.

— ¡No es más que un vago que le gustan los juegos de mesa! ¡Además habla extraño! ¡Dattebayo!

Los dos adultos guardaron silencio mirándolo engullir el primer plato de lo que seguramente serían muchos más.

— ¿Pues qué te dijo?

A eso respondió, pero con fideos en la boca así que nadie le entendió.

—Buenas noches.

Justo entraba una mujer de cabello negro y labios delineados de rojo. Su visita a la barra de ramen no era novedad, aunque distaba mucho para calificar como cliente frecuente, Ayame salió a su encuentro para acomodarla y tomarle la orden.

—Creo que Sarutobi-san la vino a buscar…

Teuchi choco la palma de su mano contra la frente.

¡Sarutobi! ¡Asuma Sarutobi!

¡El muchacho desenfadado con pinta de vago que consumía cigarros como si su vida dependiera de ello! ¡Era él!

¡Y claro que no lo iba a reconocer! ¡No con el cabello ya sin cubrir su rostro y sin la ropa de mendigo!

¡Por eso le era familiar!

—Gracias, lo veré más tarde. — respondió escuetamente pero sin prestar mucha atención a ello.

— ¡Y ni me dijo porque se separaron! — chilló haciendo Naruto una pequeña rabieta.

Iruka suspiró. Ni se iba a molestar en explicarle porque no lo iba a entender, lo más seguro era que de cualquier forma se le olvidara en unos días.

—Anda Naruto, termina de cenar y te acompaño a casa.

— ¡No! — exclamó horrorizado el chico abriendo mucho los ojos.

— ¿Por qué?

—Es que… bueno… sucede que… ¡Perdí las llaves!

—Hace una semana que les enseñé a botar cerrojos…

— ¡Sí! ¡Pero! ¡Yo no entre a esa clase!

—Entonces te abro yo…

— ¡No!

—Naruto…

— ¡De verdad que no hay problema! ¡Dattebayo!

— ¿Dejaste prendida la calefacción otra vez?

— ¡¿Yo? ¡Qué va!

—Naruto…

— ¡Yo nunca olvido nada!

—Naruto ¿Algo se quemó?

— ¡Itadakimasu Iruka-sensei!

Aunque pensándolo bien, posiblemente Iruka jamás sería reemplazado…


Cometarios y aclaraciones:

*Shugonin Junishi: Los Doce Guardianes Ninja, fueron un grupo de doce guerreros de élite que habían salido de su aldea y comprometieron sus vidas a proteger al Señor Feudal del Fuego. Los miembros se identifican con el kanji Fuego en una pañoleta que llevaban puesta en la cintura… hum, ya nada mas era eso para quienes no se acordara :P

¡Gracias por leer!