Un cowboy para navidad
Esta historia es una adaptación.
La historia original de Tess Curtis.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 1
Camino al paraíso
Bella visualizaba el paraíso en su mente y nada tenía que ver con playas y palmeras. En aquel momento de su vida lo único que deseaba era tranquilidad y desconexión. Los últimos tiempos no habían sido fáciles. Había descubierto a su prometido con otra mujer el día antes de Navidad hacía justo un año. Aquellas, sin duda, fueron las Navidades más tristes que recordaba haber pasado. Había puesto por excusa un viaje de trabajo para evitar pasar las fiestas con su familia y había permanecido todo aquel tiempo en casa, comiendo galletas de jengibre y otros dulces navideños para mitigar el dolor que aquel impresentable le había causado.
—Eso es el pasado y lo tengo superado —se dijo a sí misma en voz alta, mientras miraba a la carretera. Lo cierto era que hacía rato que había empezado a nevar copiosamente. Había pensado en detenerse en el siguiente pueblo que viese. Aun así, el lago Ennis ya no debía estar lejos y probablemente sería el próximo desvío que viera. Solo necesitaba que dejase de nevar hasta allí, luego como si no quería parar en los diez días de vacaciones.
— ¡Mierda! —exclamó girando bruscamente el volante, al ver un reno cruzar justo delante de ella.
El coche resbaló con la nevada y la brusca maniobra, a pesar de los neumáticos de invierno, para terminar en la cuneta, que por suerte no era muy profunda, pero llena de nieve de días anteriores.
Bella maldijo para sí misma, una vez se detuvo el vehículo. Vio que el reno se paraba a mirarla desde el medio de la calzada antes de continuar su camino tan campante.
—Sí que la has hecho buena, Rudolph —dijo refiriéndose al ciervo de Santa Claus.
Después de al menos media hora tratando de sacar el vehículo de la cuneta bajo la intensa nevada, se rindió. Nadie había pasado por la carretera en todo aquel tiempo. Estaba muy desviada de la autopista y por aquel camino, con la nevada que no cesaba y en las fechas que eran, nadie en su sano juicio saldría del lado de la chimenea de su casa. Decidió sacar el teléfono móvil para llamar a la grúa. Con suerte en no más de una hora podría estar fuera de la cuneta.
—No me fastidies tú también —le dijo a la pantalla del teléfono móvil, en la que lucía un parpadeante mensaje anunciando que no tenía señal.
Ahora sí que estaba perdida. Tenía menos de medio depósito de combustible, no sabía exactamente dónde estaba y quedarían a lo sumo dos horas de luz diurna. Quizá menos si no dejaba de nevar de aquella forma.
Tras una hora de espera en la que ni un solo vehículo pasó por aquella carretera, se planteó sus opciones. Seguir esperando a que pasase alguien o caminar un poco bajo la nieve sin alejarse, en búsqueda de cobertura para el teléfono.
