Un cowboy por navidad

Esta historia es una adaptación.

La historia original de Tess Curtis.

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 3

Como un ángel

Edward dejó la bolsa de viaje a sus pies y se deshizo de las prendas de abrigo en el perchero de la entrada. Se volvió hacia el salón y pudo ver las femeninas y rotundas curvas de la mujer de blanco, ahora convertida en una mujer enfundada en unos vaqueros ajustados, unas botas altas y un jersey rojo de cuello cisne, que se ceñía perfecto a su figura. La larga cabellera castaña le llegaba hasta casi la mitad de la espalda en ondas que antes debían estar escondidas bajo el gorro de lana. Cuando ella se giró, dejando de observar la chimenea para mirarlo a él, sonrió al fijarse en la bolsa de viaje que tan bien conocía en sus manos.

—Siento causarle tantas molestias —se disculpó.

Ahora Edward pudo admirar su rostro, de facciones perfectas, boca de labios carnosos, dientes blancos y alineados, nariz pequeña y los preciosos ojos cafés que ya conocía.

—No es molestia, señora. —Sonrió él, tratando de salir airoso, tras quedarse unos segundos en silencio, admirándola.

—No soy señora de nadie, soy Bella —le repuso, acercándose, para tenderle la mano.

Edward le estrechó la mano, sintiendo una incomodidad en su entrepierna.

—Yo soy Edward, tampoco soy señor de nadie.

Bella sonrió con el comentario aclaratorio del hombre de la cabaña, ahora conocido como Edward.

¿En serio había salido semejante estupidez de su cabeza? ¿Estaba flirteando con una mujer? Una mujer bonita, que además, tenía que reconocerse a sí mismo, era muy de su agrado. Tampoco era para tanto, hacía dos años que no vivía más que para trabajar y algo más de ese tiempo que no había estado con ninguna mujer, y mucho menos tan bonita como la que tenía delante. Se dijo que era algo fisiológico y normal. Pero, desde luego, ya sabía a qué parte de su cuerpo se había ido la sangre de su cerebro.

—Gracias por acogerme, Edward.

— ¿Un café? —preguntó él, señalando la cocina, a su espalda, aun costándole separar los ojos de su invitada.

— ¡Por favor! —pidió ella, poniendo los ojos en blanco.

Gesto que no le pasó desapercibido a Edward y aumentó su incomodidad.

—Siento mucho si he resultado algo grosero al conocernos —dijo, pasándole la taza de café un rato después.

—Gracias —respondió ella, aspirando el aroma del café, envolviendo la taza con ambas manos para sentir el calor—. No tienes por qué disculparte, la que ha venido a ocupar tu hogar he sido yo.

—Estas no son unas fechas que me gusten especialmente —confesó él.

—Ya somos dos.

— ¿Por eso venías al lago Ennis?

— ¿Vives aquí? —respondió ella con una pregunta. No quería hablar de aquello.

—Desde hace muy poco tiempo —respondió él, captando la indirecta. Ella no quería hablar de los motivos de su visita al lago.

—Pues te ha quedado preciosa la casa —alabó Bella, echando un vistazo a la zona de estar desde la cocina.

Edward sonrió de forma encantadora, aceptando el cumplido, y ella se fijó en los bonitos hoyuelos que se le formaban en las mejillas al sonreír. Con un café en el cuerpo y habiendo entrado en calor, se fijó en él y se dijo a sí misma que aquel hombre estaba tremendo. Al fin y al cabo, no parecía que fuera a ser un suplicio el haber quedado aislada en aquel recóndito lugar, quién sabía dónde, a siete millas del lago Ennis.

—Te lo agradezco, pero para ser completamente sincero, he de decir que no es obra mía.

— ¡Ah! Ya me parecía imposible que además de guapo tuvieras buen gusto —dijo, tapándose la boca al instante con la mano, dándose cuenta de que acababa de expresar un pensamiento con palabras.

Edward la miró, subiendo una ceja, y estalló en una sonora carcajada, que de nuevo hizo que aquellos bonitos hoyuelos aparecieran en su rostro, para deleite de Bella.

—Lo siento —dijo ella, haciendo una mueca con la boca, que a Edward le pareció encantadora.

—No lo sientas, me gusta la gente sincera. Lo cierto es que compré la casa hace unos meses y venía tal cual. Un divorcio difícil el de sus anteriores dueños.

— ¿Y cuándo es fácil? —preguntó retóricamente ella, suspirando, al recordar el de una de sus mejores amigas.

— ¿Divorciada? —preguntó él, interesado en ello.

—No, por suerte. ¿Y tú?

—Sí, pero eso es agua pasada —respondió, restándole importancia al tema, mientras iba a coger la bolsa de viaje de Bella, todavía en el suelo de la entrada—. Te puedo enseñar la parte de arriba, es aún más impresionante. Estoy seguro de que el baño te va a encantar.


¡Especial de navidad!

Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)

Nos vemos.