Un cowboy por navidad
Esta historia es una adaptación.
La historia original de Tess Curtis.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 7
Dos días para Navidad
Bella miraba por la ventana de su dormitorio. Seguía nevando y no parecía que fuese a haber tregua alguna. Aún no se había atrevido a bajar esa mañana a la cocina. Estaba confundida con lo sucedido la noche anterior. Se llevó la mano a los labios y se los acarició con un dedo, recordando el beso de Edward. Suspiró con aquel recuerdo, siendo consciente de que él solo había tratado de ser amable con ella y que la había consolado al conocer lo que le ocurrió. Era una buena persona. Aun así, a pesar de que sabía que se trataba de puro consuelo, no podía negarse a sí misma que aquel beso le había gustado y mucho. Y de que Edward le gustaba casi desde el primer momento en el que lo había visto.
—Buenos días —lo saludó ella al llegar a la cocina un rato después. Edward estaba apoyado en la encimera, tan sexy como el día anterior, prescindiendo de la parte superior del pijama.
—Buenos días —respondió Edward mientras observaba cómo ella se servía el café y lo endulzaba con un par de terrones de azúcar, para removerlo con una cuchara.
—Sigue nevando —comentó ella tratando de romper el hielo. Se sentía observada por él, que aparte de un par de sorbos de su café, no había apartado la vista de ella para nada más.
Edward no respondió, continuó mirándola, aunque ella le esquivó en esta ocasión la mirada al cruzarse con la de él. Se sentía algo avergonzada por lo de la noche anterior, por haber mostrado sus sentimientos y su realidad de aquella manera tan cristalina a alguien. Y se sentía avergonzada por haber provocado en él aquel sentimiento de compasión, que desembocó en uno de los besos más tiernos que le habían dado nunca.
—Eres preciosa, castaña —le dijo, rompiendo el silencio, para a continuación beber un sorbo de café.
Bella se ruborizó al instante con aquel comentario, sintiendo una calidez en su interior que le subió desde el estómago hasta las mejillas.
—Y cuando te ruborizas lo eres aún más —afirmó ahora él, esbozando una sexy sonrisa.
—Edward, eres muy amable, pero…
El dedo índice de Edward se posó sobre los labios de ella, silenciándola.
—No eres horrible. El hombre al que elijas será un hombre muy afortunado. Pero elige bien la próxima vez, porque siempre hay imbéciles que no saben apreciar lo que tienen. —Edward terminó la frase con un guiño y una sonrisa en los labios, antes de apurar el café y dejar la taza en el fregadero.
Subió los peldaños de la escalera y desapareció en la segunda planta.
Bella se había quedado inmóvil en el lugar, pero las piernas comenzaron a fallarle y, tras soltar el aire retenido con un fuerte suspiro, se sentó en uno de los taburetes de la cocina.
—Voy a limpiar la nieve —anunció Edward pocos minutos después, mientras bajaba las escaleras.
—Avísame para ayudarte con los animales —dijo ella, dedicándole una brillante sonrisa.
—Puedo hacerlo yo solo.
—Pero quiero ayudarte.
—De acuerdo. —Sonrió él saliendo por la puerta.
Su madre le había dicho que la soledad no era buena para él y que era muy mala idea enclaustrarse en aquella cabaña durante todas las fiestas. Ahora veía que tenía razón en parte, ya que su ánimo había mejorado considerablemente con la presencia de Bella, en comparación con los días que había pasado solo allí. Sin embargo, sí que hubiera sido una mala decisión el haberse quedado en casa de sus padres. Quién sabía el destino que hubiera corrido Bella de no haber visto el humo de su chimenea en las cercanías cuando se salió de la carretera. Eso era algo que hacía que su estómago le diera un vuelco, solo de pensarlo.
—Me encantaría montar a caballo algún día por la zona. Por lo que cuentas debe haber unas vistas preciosas —comentó Bella mientras atendían a los animales.
—El viejo Jack seguro que te acoge en su grupa —respondió Edward, palmeando con cariño a su caballo.
— ¿Y tú cómo irías? Porque espero que seas mi guía.
—Yo iría en esa moto de nieve que tengo escondida para que no huyas de mí —respondió serio, con un toque de diversión en sus ojos, que a Bella no le pasó desapercibido.
— ¡Embustero! —exclamó ella, propinándole un suave puñetazo en el bíceps, que lo hizo reír.
—En realidad. —Edward le pasó el brazo por los hombros y la atrajo hacia sí, mirando de frente al caballo—. Jack nos puede llevar a los dos. Es un buen tipo. Y si no, siempre podemos conseguir prestado un caballo extra del rancho de mis padres.
—No querría que Jack soportara demasiado peso.
—De mí no se ha quejado nunca y no soy lo que se dice un peso pluma —aseguró Edward hablando de su envergadura, sin ser consciente en principio del sentido que le quería dar Bella a sus palabras, que pasados unos segundos captó perfectamente—. ¡Maldita sea, Bella! ¿En serio?
Ella lo miró arrepentida de sus palabras, especialmente al ver que Edward fruncía el ceño molesto. Se encogió de hombros para objetar algo al respecto, pero lo siguiente que vio en apenas dos segundos fue el perfecto trasero de aquel cowboy en su cara. ¡La estaba cargando en su hombro!
— ¿Qué demonios crees que estás haciendo? —le gritó ella cabeza abajo.
Edward no respondió, se limitó a llegar a la casa, abrir la puerta y soltarla en uno de los sofás, cual saco de grano. Ella se levantó de un salto y se puso frente a él esperando una explicación a aquel comportamiento, aunque no podía decir que no había disfrutado de las vistas.
—Demostrarte que si yo puedo hacerlo, Jack podrá hacer el triple.
— ¡Eres un salvaje! —le espetó, haciéndose ver más molesta de lo que realmente estaba.
—Soy un cowboy, señora —respondió él tocando el ala de su sombrero, de nuevo con una chispa de diversión en sus ojos y un acento marcado a propósito.
De nuevo, Edward sintió los mismos deseos de besarla que había tenido la noche anterior, al estar tan cerca de ella y saberla algo molesta, aunque era consciente de que no lo estaba demasiado. Ambos habían disfrutado del paseo en su hombro. En el último momento, optó por darle un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios.
—Lo siento, castaña. Era algo que necesitabas saber.
Edward sonrió al separarse de ella, antes de volver tras sus pasos para cerrar el granero.
¡Especial de navidad!
Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)
Nos vemos.
