Capítulo 25
Itachi
Había pasado una semana desde la fiesta de Mila y no había visto a Sakura. Aunque, claro, no había vuelto a casa del bar hasta medianoche. Sasori y Ino iban a llevar a la bebé a su casa la próxima semana, así que Óbito y yo decidimos tener la habitación del bebé lista para ellos. Temari quería ayudar, pero tuvo que salir de la ciudad para una sesión de fotos. Sasori no era muy hábil, y no confiábamos en él para pintar y armar los muebles. Era sábado por la tarde e íbamos a empezar a pintar. Ino eligió todos los colores antes de ponerse de parto y ya habían traído la pintura. Así que todo lo que teníamos que hacer era pintar las paredes. Acabábamos de llegar y estábamos poniendo un plástico en el suelo cuando escuchamos que alguien entraba por la puerta.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí? —preguntó Sakura.
—Pintando —contestó Óbito—. ¿Qué estás haciendo tú aquí?
—Compré algunas cosas para la bebé, así que pensé en traerlas. Además, iba a limpiar la casa. No sabía que hubiese alguien más por aquí.
—Sorpresa —dije.
Se alejó y el teléfono de Óbito sonó.
—Ah, mierda. Tengo que irme, amigo. Me necesitan en el trabajo. Al parecer, hay un gran problema con una de las cuentas.
—¡¿Qué?! Es sábado, hombre.
—Lo sé. Lo siento. Trataré de solucionarlo y volver —dijo mientras salía por la puerta.
Negué con la cabeza mientras vertía algo de pintura en la bandeja y entró Sakura.
—¿Adónde fue Óbito?
—Trabajo. Algo ha pasado con una de sus cuentas.
—Ah.
Rodé la pintura por la pared y Sakura se quedó allí, mirándome.
—¿Pasa algo malo? —le pregunté.
—Ya que Óbito tuvo que irse, puedo ayudarte a pintar si quieres.
—Nah. Estoy bien.
—Puedo pintar, ya lo sabes.
—Nunca dije que no pudieras.
—Si rechazas mi ayuda, das a entender, que crees que no puedo pintar una pared.
—¿De dónde sacas eso? No es lo que dije.
—Bien. Entonces puedo ayudar.
Suspiré.
—Hay un rodillo de sobra allí. Adelante, adelante se mi invitada.
Me sentía un poco incómodo, porque estar en el mismo cuarto con ella, especialmente después de no haberla visto durante una semana, me estaba matando. Todavía no habíamos hablado de esa noche. No quiere hacerlo. Yo ya no sé qué hacer para que me escuche. A veces, siento que tengo que rendirme, pero el simple hecho de pensarlo me destroza.
Sakura
Era Sr, Incomodidad hoy. ¿Me sorprendía su actitud? No. No lo había visto en una semana y fue la semana más larga de mi vida. Pero de nuevo, no estaba mucho tiempo en casa. Pasaba mis días y la mayoría de mis noches en el estudio, editando las fotos de la sesión de Prim. Ya le había enviado las fotos a Anko y le fascinaron y de inmediato contrató mis servicios para otra sesión para el mes siguiente. Las cosas en lo que concierne a mi carrera estaban avanzando, pero mi vida personal se mantenía en un punto sin retorno. El silencio llenó la habitación. El único sonido significativo que se escuchaba era el del rodillo de pintura rodando por las paredes.
—¿Vas a poder pintar con la mano herida? —le pregunté.
—Estoy bien.
Itachi dejó su rodillo y encendió la radio. La canción que se emitía en ese momento terminaba y empezó a sonar "Don't Fear the Reaper". Era la canción que oí a Itachi tocar con su guitarra la otra noche.
—Esta era una de las canciones favoritas de papá. Solía cantarla y tocarla todo el tiempo. Siempre me pregunté el significado detrás de ella.
—Se trata del amor eterno —dijo Itachi.
—Oh. Entonces, claramente, mi padre no pensaba en mi madre cuando la cantaba.
Itachi se rio.
—¡Sakura!
—¿Qué? —Sonreí mientras me daba la vuelta y lo miraba.
Me miró un momento, buscando algo que decir.
—Tengo hambre. ¿Y tú? —preguntó.
—Un poco.
—¿Qué tal si pedimos pizza y nos tomamos un descanso? La primera capa tiene que secarse antes de que podamos aplicar la segunda.
—Pizza me parece bien. —Sonreí.
—¿La de siempre? —preguntó mientras sacaba su teléfono.
—Sí. La de siempre.
Por primera vez desde esa noche que cambió mi vida, mi estómago no se retorció en un puño. Me sentía como si fuera algo normal y no sabía qué pensar. Mientras Itachi llamaba para pedir nuestra pizza, en mi teléfono sonó un mensaje de texto de Óbito.
¿Itachi está enojado porque no estoy allí?
No. Le estoy ayudando a pintar la habitación.
Oh. Gracias. Te lo agradezco. Lamentablemente, tengo que salir de la ciudad por un par de días para arreglar la situación con esta cuenta, así que te veré cuando vuelva.
¡Diviértete!
¡Tú también!
—La pizza estará aquí en unos veinte minutos —me dijo Itachi.
—Acabo de recibir un mensaje de Óbito y dijo que tiene que salir de la ciudad por un par de días por trabajo.
—¿Ah, sí? —suspiró.
Me dirigí a la cocina y me lavé las manchas de pintura que tenía en las manos. Tomé dos platos descartables del armario y los puse sobre la mesa. Itachi entró y fue directo a la nevera.
—¿Cerveza? —preguntó mientras sostenía una botella.
—Claro —dije mientras me acercaba y se la tomé.
Itachi se sentó a la mesa mientras yo ponía las bolsas que había traído en el sofá.
—¿Qué compraste?
—Solo algunas cosas para el bebé. Toallas de baño, toallitas húmedas, trapitos para cuando eructa, baberos. Ya sabes, las cosas normales para un bebé.
—Todavía no puedo creer que ambos tuvieran un bebé. —Itachi sonrió con incredulidad.
Moví la cabeza sentándome frente a él.
—Lo sé. Espero que se soporten el uno al otro lo suficiente por esa niña.
Itachi echó la cabeza hacia atrás y se rio.
—Estaba pensando lo mismo.
Sonreí mientras arqueaba mi ceja y sujetaba mi botella de cerveza. Unos momentos después, llamaron a la puerta. Fui a mi bolso, saqué mi dinero y se lo di a Itachi.
—No, Sakura. Yo invito.
—No. Toma el dinero.
Abrió la puerta y era Gary, el que repartía pizza donde vivíamos.
—Hola, a los dos. ¿Se mudaron?
—Hola, Gary —Itachi le sonrió—. No, esta es la casa de nuestro amigo. Estamos pintando el cuarto de su bebe.
Intenté darle mi dinero a Itachi, pero mantuvo mi mano lejos de él. Gary me miró y sonrió.
—Sakura, Itachi siempre paga. ¿Qué estás haciendo?
—¡Exactamente! —Itachi sonrió con suficiencia.
Suspiré y llevé la pizza a la mesa. Más tarde, metería el dinero en el bolsillo de la sudadera con capucha que trajo, sin que se enterase. Nos sentamos y cada uno tomó un par de porciones. Se sentía normal. Como solían ser las cosas.
—¿Cómo está tu madre? —preguntó de repente.
Bebí un sorbo de mi cerveza antes de responderle.
—Está bien. ¿Por qué?
Itachi se encogió de hombros.
—Te oí decirle a Mila que fuiste a Seattle. ¿Cómo te fue con eso? Ya sabes con... —
—¿Hinata? —interrumpí.
—Sí.
—Hablamos y lloramos. Lo mismo con Hidan, pero sin la parte del llanto.
—¿Lo viste?
—Sí. Todavía están juntos y muy enamorados. Verlos y hablar con ellos, me hizo dar cuenta de algunas cosas y ver las cosas bajo una luz diferente.
Al instante, su rostro cambió.
—A ver si lo entiendo. ¿Fuiste a Seattle, hablaste con tu hermana y tú ex-prometido sobre su relación y lo que te hicieron, pero te niegas a hablar conmigo sobre nosotros? Eso está muy bien, Sakura —dijo mientras se levantaba de su silla, tiraba el plato a la basura y luego salía de la cocina.
Genial. Jodidamente genial. No sabía qué hacer. Limpié la mesa y puse la pizza sobrante en la nevera. Cuando volví a entrar en la habitación, Itachi se dio la vuelta y me miró.
—Puedes irte ahora. Yo me encargo de acabar de pintar.
—Itachi, por favor.
—Sakura, te lo digo en serio. Lárgate de aquí, ¡AHORA! —gritó.
Me estremecí por la ira de su voz. Metí la mano en mi bolsillo, tomé mi dinero y lo tiré al suelo.
—Vete a la mierda, Itachi. ¡Vete a la mierda! —le grité mientras salía furiosa.
