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Yàn Wō

De cómo se cae en gracia de Neji Hyūga

—¿Mejor?

Ayame asintió y recibió la botella de agua para limpiarse la boca mientras trataba de respirar profundamente. Tenten, ahora sabía el nombre de la chica, le ayudaba a mantener el pelo recogido desde la primera vez que amenazó con vomitar, no lo había conseguido ni en esa ni en las cuatro siguientes alarmas, pero, en cuanto por encima de las copas de los árboles que aún tenían enfrente, alcanzó a ver las torres más altas de la ciudad, deshacerse de su última comida ya había sido inevitable.

Apuró los tragos, pero la kunoichi la detuvo.

—Si tomas agua muy rápido, vas a volver a vomitar —advirtió.

La ayudó a incorporarse en cuanto se hubo asegurado de que no estaba sucia y viendo la inseguridad de sus pasos, le ofreció el brazo. Los chicos se habían adelantado para darles cierto sentido de privacidad, cosa que agradecía porque estaba demasiado avergonzada por su comportamiento.

—No sé si pueda lograrlo —dijo.

Quizás a la joven ninja realmente no le importaba, ella solo iba como escolta y su objetivo era llevarlos y traerlos en una pieza, pero quería decirlo en voz alta, porque esa mañana fue cuando se enteró que iba reemplazando a Kento con todas sus consecuencias, lo que quería decir que expresamente la había nombrado como jefa de cocina y los tres cocineros habían aprobado el nombramiento, dispuestos a atender sus indicaciones.

¿Qué no Yûki Takahashi la odiaba? ¿Por qué no se mostraba en contra y reclamaba para sí el título?

—Tranquila, vamos bien de tiempo.

—No es el tiempo, Tenten-san —respondió con angustia —, es que no tengo ni idea de que hacer para la degustación.

—¿De verdad? —preguntó sorprendida —. Neji no nos deja salir de la aldea sin tener terminado el plan.

—No sabía que yo tenía que armar el plan.

—Bueno, eso sí es un problema. Pero si te dejaron esa responsabilidad, es porque están seguros de que eres la mejor.

—No estoy verdaderamente convencida de eso, he sido más tiempo camarera que cocinera, es decir, ellos se han dedicado casi toda su vida a la cocina. ¿Qué puedo hacer mejor que ellos?

Tenten rio. Era una risa agradable y amable, si podía usarse ese último adjetivo en una risa.

—Entiendo de lo que hablas. Pero a veces, cuando tienes un talento natural, puede ser tu mayor ventaja.

Ayame la miró sin relajar su expresión de pánico.

—Es en serio, no se me ocurre qué podría impresionar a un grupo de personas que diariamente comen lo mejor.

La kunoichi asintió, comprendiendo la segunda parte del problema, pero en ese sentido no tenía algo que decir, ella ni siquiera podía hacer arroz cocido sin que terminara como una masa pegajosa con olor a quemado, sin que hubiese nada negro que indicase eso.

Un misterio indescifrable.

—Deberías hablarlo con ellos —aconsejó tras un rato en que finalmente parecían alcanzar al resto del equipo.

—Eso haré, definitivamente, si empiezo a fingir que tengo un plan maestro y las cosas salen mal, será peor.

Pero, aunque estaba verdaderamente decidida a eso, no encontraba el momento de abordarlos y la diplomática manera de decirles que, aunque ella podría ayudarles, de ninguna manera dirigirlos. Para cuando llegó la noche, finalmente llegaron a las puertas de la ciudad, abiertas de par en par y con un gran bullicio de gente por la avenida principal.

Maito Gai iba al frente conduciéndose sin problemas.

—No te separes, es fácil perderse aquí —dijo Tenten.

En aquel mar de gente ella no cuestionó su advertencia, solo se aferró a su brazo para poder mirar con confianza.

Los edificios eran todos muy altos, rojos en su mayoría, aunque había otros colores. Toda la avenida principal era de tiendas de ropa, pero pudo ver que las que cruzaban tenían otras especialidades: joyería, maquillaje, zapatos, todo en una sucesión casi incomprensible para ella. En Konoha las tiendas del mismo tipo se mantenía separadas unas de otras, y si se consideraba que ya había demasiado de lo mismo, alguien terminaba por cambiar el giro. Los negocios más bien se dedicaban a cubrir necesidades de sus vecinos, por eso no había franquicias en la aldea, no se ajustaban a la dinámica de la gente.

Pero ahí, era otra situación enteramente diferente, una que no alcanzaba a entender.

—Ahí está el hotel —anunció Gai —. Bienvenidos al Palacio de Jade.

Lo curioso era que, no era verde precisamente, sino rojo con dorado y el emblema principal parecía ser un dragón.

La joven camarera, recientemente ascendida a jefa de cocina en contra de su voluntad, no terminaba de maravillarse, era la primera vez en su vida que salía de Konoha y la inmensa recepción del hotel hizo que olvidara completamente la sensación de náuseas.

—¿Aquí nos vamos a quedar?

Nadie respondió para no hacerla sentir mal, uno no entraba a las recepciones pidiendo el registro solo para admirar los formatos.

Un muchacho apenas mayor a ella los acompañó hasta su habitación ubicada en el quinto piso. La puerta de la pieza era lo suficientemente grande como para parecer la puerta principal de una casa y daba vista a una sala de estar rodeada por cuatro puertas, de menor tamaño pero igual majestuosidad.

—Dormiremos por parejas —dijo Gai efusivamente llegando al centro de la sala —. Un ninja y un chef, sin excepciones.

Los tres chefs asintieron conformes, mientras Tenten, que aún tenía su brazo prisionero por Ayame solo volvió a sonreír mientras la miraba.

—Creo que nuestro caso está decidido —y sin esperar a que los demás decidieran quién quedaba con quién, se dirigieron a la primera puerta del lado derecho.

—Sugiero que te des un baño largo. Te relajará, con algo de suerte, o se te ocurre algo para la degustación, o el discurso adecuado para hablar con los chicos.

Asintió con torpeza, ya no se acordaba del problema; los muebles de madera oscura y las sábanas más suaves del mundo habían creado una laguna mental y ya que la kunoichi lo traía de vuelta, solo le quedaba pensarlo con olor a jazmín.

Nadie la llamó, así que pensó que no había más que descansar y por las siguientes dos horas se dedicó a pensar si no en una solución, en todas las probabilidades.

—Ni siquiera sé si son alérgicos a algo.

El vapor aromatizado le daba somnolencia, pero fue quizás gracias a eso que la angustia desapareció de a poco.

—¿Qué harías tú, papá? Además de fideos.

Se llevó las manos a la cara, el sueño de cuatro hombres estaba en juego sin contar las posibilidades de que esto fuera parte de su misión. Golpeó el agua más frustrada que antes.

—¡Y todo por una estúpida propina! —chilló recordando que, según Tora Miyake, todo empezó porque se sorprendieron con el servicio que dio a los Hyūga.

De pronto, se quedó quieta. Lo que los Hyūga le dejaron esa noche no fue una generosa propina, fue un papel en blanco. Salió de la bañera precipitadamente, se envolvió en una toalla y con otra más pequeña empezó a secarse el pelo con prisa. Regresó a la recámara usando una bata muy suave que estaba ahí para tal propósito y se encontró con Tenten que había dispersado por la cama un arsenal completo que estaba sobre un pergamino.

—Un minuto, casi termino —dijo. Y en exactamente un minuto, de pronto ya no había nada.

La kunoichi se puso de pie y entró al baño, mientras la otra chica se vestía de nuevo, quería salir y buscar los restaurantes de la capital, y se llevaría a Neji Hyūga a cualquier costo. Serviría para dos cosas: entender la dinámica de sabores, colores y texturas de la capital, e interrogar al ninja sobre el significado de aquel papel.

Se peinó como mejor pudo y dejó la habitación antes de que la kunoichi saliera y se ofreciera ella misma para acompañarla, no quería noche de chicas o algo parecido y los hombres de verde ya la tenían muy asustada con su efusividad, que quizás fuera mal general de todo el equipo, salvo el chico Hyūga que parecía ser inmune al mundo.

Para su fortuna, estaba solo en la sala, ya bañado y leyendo.

—Tengo que ir a la zona restaurantera.

Él la miró por encima de las pastas marrones del libro, pero solo un instante. Dejó su lectura sobre la mesa de centro y se puso de pie caminando hacia la puerta, Ayame pensó que tendría que rogar un poco más, pero terminó por caminar detrás de él.

Serían cerca de las nueve, en Konoha ya todo estaría cerrado o en proceso de ello con algunas excepciones que operaban específicamente por la noche, pero ahí parecía que recién daban las seis y era hora pico.

Neji parecía estar muy seguro de dónde ir, sospechó que ya había estado en la ciudad, y seguramente conocía muchos otros sitios. Parte de lo que siempre le atrajo del ser ninja, era viajar.

Había soñado mucho con eso, con ver ciudades exóticas, conocer gente, imágenes en su mente que partían de las fotografías de los calendarios que les daban los proveedores cuando el fin de año se acercaba. Pero su imaginación se había quedado corta en comparación a la explosión de colores, sonidos y aromas de la ciudad.

Quería verlo todo, quería recordarlo todo.

—¿Debemos ir más despacio? —preguntó de pronto Neji al notar que se había quedado rezagada. Ayame lo pensó solo unos instantes y revaloró la situación.

—El trabajo primero. ¿No?

Él asintió, y por un instante le vio casi complacido, le sonrió, su especialidad era complacer a la gente.

Supo que habían llegado antes de que doblaran en la esquina tan solo por el olor, quedó enamorada al instante de la calle que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. A su derecha, había una parrilla con brochetas de calamar aderezadas con alguna salsa que no supo identificar, y a la izquierda hervían altas ollas de exquisito aroma.

Cangrejo, arroz, pollo, tofu, pan, casi gritó cuando encontró un puesto que tenía varias clases de insectos en distintas presentaciones, pero lejos del asco, sintió el impulso de probar.

—¿Quieres?

Neji negó categóricamente y ella compró solo un par de brochetas.

Crocante y salado con un toque de limón, nada realmente desagradable, o al menos eso le pareció.

Luego de deambular un rato, viendo cosas conocidas y otras completamente novedosas, se detuvo frente a un puesto que le resultó familiar, entró haciendo sonar un chime.

Una fuente… mesas de madera…

—Bienvenida. ¿Qué le puedo servir?

Un anciano, vestido de impecable blanco estaba detrás de la barra de mármol.

Chushi —susurró ella.

El gorro que llevaba el hombre también era blanco y en uno de los costados tenía una inscripción bordada con rojo, la misma que tenía su padre.*

—¿Disculpe?

—Chushi —repitió con más fuerza y el hombre se inclinó levantando sus abundantes cejas.

—¿De dónde es usted?

—De Konoha, pero mi padre es de la Aldea del Bambú.

Detrás de sus gafas, el anciano miró muy sorprendido.

—¿Cuál es su nombre, señorita?

—Ichiraku Ayame.

El anciano se sobresaltó y quiso ir hacia ella olvidando que la barra estaba en medio, pero después de rodearla consiguió alcanzarla.

—¡Los cielos se cubran de alegría! ¡La bisnieta de Jian-sama!

La hizo sentarse e invitó a Neji también.

—¿Cómo está tu padre? Cuando el infame de Nissin-san abrió su restaurante al final de la calle me llené de ira, su carta era un insulto a la memoria de Jian-sama, fui, le acusé de ladrón y me mostró el libro que Jian-sama escribió durante toda su vida, dijo que lo compró por cuatro carretas de sopa instantánea y verduras deshidratadas —golpeó con su huesuda mano la mesa—. Entonces le llamé mentiroso, pero nadie nunca vino a retarlo por la infamia, así que solo pude pensar que era verdad, pero estás aquí para rescatar el honor de Jian-sama ¿Verdad?

Ayame sonrió con dulzura, recordaba el día en que su padre vendió el libro, precisamente por cuatro carretas de comida para la gente de Konoha que había sobrevivido a la llegada del zorro de nueve colas.

—No puedo recuperar ese libro, eso que le dijo el hombre es verdad.

El anciano parecía verdaderamente abatido.

—Vengo por lo del concurso para el banquete de la boda real.

Y la jovialidad lo embargó en un abrupto cambio de emociones.

—¡Entonces puedes recuperar el honor de la cocina Ichiraku! ¡Los hijos de Nissin-san participarán también!

La joven desvió la mirada con un dejo de rabia. ¿Iba a competir contra las recetas de su bisabuelo, su abuelo y su propio padre?

—¿Qué es lo que harás? ¿Qué tienes pensado? —preguntó con evidente emoción.

—Quizás no sea prudente revelar detalles —intervino Neji que había permanecido en silencio, solo escuchando.

—¡Oh! Su esposo es prudente, sí que lo es.

Ayame quería soltarse a llorar y decirle que no tenía idea de cómo armar el menú.

—Jian-sama fue mi maestro. ¿Sabes? Un padre, me acogió, me educó, me enseñó a cocinar como hizo con su hijo.

Iba a decir que no lo sabía, pero se arrepintió enseguida, quizás si lo había mencionado, pero sin fotografías era difícil asociar caras a las personas de los relatos de su padre.

—¿Usted es… Min-san?

—¡Oh! La demencia senil no ayuda, sí, yo soy Min, su bisabuelo me dio su nombre así que soy Ichiraku también, aunque no tengo su sangre.

Ayame sonrió con más ganas.

—Entonces es tío de mi padre —afirmó tomando sus manos.

—Vine a la capital cuando era muy joven, mi hermano y yo peleamos, ya ni siquiera recuerdo porqué, pero me marché sin mirar atrás y decidí que tendría un restaurante que fuera el mejor. Cuando la aldea fue destruida, todo el odio desapareció y me embargó una profunda tristeza, yo regresé, pero…

Se humedeció los labios, de pronto, su boca se había secado.

—No conozco a tu padre, pero escuché rumores de una barra de ramen con el nombre de la cocina de Jian-sama, y fui feliz, porque su legado vivió, pero estaba demasiado avergonzado para ir yo mismo a comprobarlo.

Ayame bajó la vista, lo entendía en cierta manera.

—Me alegra conocerlo.

—Quiero regalarte algo, y no puedes rechazarlo —dijo el anciano riendo.

—¿Es algo… gracioso?

—A Jian-sama no le causó gracia seguramente, pero ya quiero ver el rostro de Nissin-san.

El viejo desapareció en la trastienda mientras continuaba riéndose.

—Perdón por no contrariarlo cuando te llamó mi esposo —dijo Ayame que había pasado de largo el asunto porque le pareció más importante lo que empezó a decir después.

—No importa, también comprendo que no se puede contrariar a un adulto mayor.

El hombre regresó con una caja de bambú envuelta con un lazo rojo. En cuanto la puso sobre la mesa la joven notó que había sido una caja de dulces tradicionales, dejó que el otro la desenlazara, estaba emocionado y volvió a reírse. En el interior había un encuadernado que tomó con mucho cuidado.

—Cuando me fui, me robé la mitad del recetario.

Ayame abrió los ojos exageradamente.

—Ya he visto a los grupos de cocineros desfilar, se pasean por aquí buscando sabores y texturas, ninguno es digno, son todos fantoches que sirven hojas de oro clavadas en una cereza negra, el grupo más fuerte es el de Nissin-san, sus hijos tienen magia en los dedos y la otra mitad de este tesoro.

—Pero…

—Sin peros, tú eres una legitima Ichiraku, y tú puedes recuperar el honor de Jian-sama. Eso me daría tanta paz.

Tartamudeó un poco y las manos le temblaban, empezó a negar con la cabeza, era una extraña y muy conveniente coincidencia.

—No tengo hijos, no tengo aprendices y esto definitivamente nunca debería tenerlo Nissin-san. He visto a sus nietos como buitres merodeándome, sospecha que el libro que tiene no está completo. Cuando muera, comprará este lugar y lo demolerá hasta sus cimientos para buscarlo, pero ya estará en Konoha, seguro. Este libro…

Neji levantó una mano para interrumpirlo.

—Alguien viene.

Ayame se abalanzó sobre el libro y lo metió en su ropa ante la sonrisa del anciano. El chime sonó y entraron dos muchachos con actitud poco amable que patearon un banco que estaba cerca.

—Vaya, pensé que este lugar estaría vacío como siempre —dijo uno.

—Nunca falta el pobre que padece ageusia*, hermano.

—Deberías cerrar este lugar, viejo, es horrible.

—Y anticuado.

Ayame hizo un mohín y se puso de pie.

—No es realmente prudente, Ayame-san.

—Nunca he sido buscapleitos, Neji-san.

Se giró con su mejor sonrisa.

—Bienvenidos. ¿Qué puedo servirles? Puedo recomendar el platillo del día y mientras esperan, con gusto les serviré una bebida de la casa. Para nosotros, lo más importante son los clientes.

Y agregó un guiño.

Uno de los muchachos desvió la mirada ligeramente avergonzado.

—¿Una camarera fue lo mejor que se te ocurrió para mejorar las ventas? —preguntó despectivamente el otro al ver la reacción de su hermano, luego bufó, volvió a patear un banco y salió prácticamente arrastrando al aún apenado muchacho.

La expresión de Ayame cambió por una más seria.

—Neji-san. ¿Crees que Gai-san se moleste si llegamos tarde?

—No creo. Se molestarán sus compañeros si no está a las 9:00, lista para presentarse al registro.

—Tengo mucho trabajo que hacer, pero estaré a esa hora, y estaré lista. ¿Me ayudarías?

Neji asintió.

—Es parte de la misión asistir en el éxito del equipo de la Voluntad de Fuego.

Ayame se cruzó de brazos y respiró con profundidad.

—Min-ojisan dijo que ya había visto a los demás participantes, pero quiero saber de qué cocinas son, cuáles son sus estilos, y sobre todo si hay Ryōri Ninja.

Neji emitió algo como una risa, pero no estaba segura de que eso fuera.

—¿Acaso está aceptando su cargo como jefa de cocina? Tenten me habló respecto a sus dudas.

—Sí. Tengo tres razones para serlo, y para ganar.

—Entonces es usted nuestra contratante, si me da media hora tendré lo que pide.

—¿Puedo esperar aquí, Min-ojisan? —dijo refiriéndose de nuevo al anciano.

—¡No hay necesidad de preguntar! Te prepararé algo para cenar.

Neji hizo sellos, un clon apareció. Uno de los dos montó guardia detrás de ella mientras que el otro salió del local, Ayame no estaba segura de quien era cual, pero eso era lo menos importante. Toda duda había desaparecido, aún no tenía plan, pero ya no estaba asustada.

Sacó el libro y lo hojeo, conocía la letra, era la misma que la del libro que tuvo su padre hacía muchos años, era tan parecido y a la vez completamente diferente, no estaba segura de lo que sentía, era quizás emoción o tristeza, rabia y determinación por igual, siempre supo lo valioso que era ese recetario, pero no había sentido el dolor de su pérdida hasta que entraron los dos chicos, y por primera vez, en mucho tiempo, había odiado a alguien.

Una receta en especial llamó su atención.

—Ya hay plato principal — susurró —. Min-ojisan, no quiero ser molesta, pero, ¿podría permitirme papel y lápiz?

El anciano se acercó con lo que le pidió y se ajustó las gafas pensando que no había visto bien cuál era la receta que había elegido.

—Cielos santo, pequeña, no te andas con rodeos. ¿Sabías que esa era la especialidad de Jian-sama?

—Sí, papá me contaba mucho al respecto, por eso debe ser el plato que pelee por su honor.

—Pero el Yàn Wō es una sopa, no entiendo. ¿El plato principal?

Ayame levantó la vista encogiéndose de hombros.

—Kento-san hizo que el arroz funcionara como guarnición.

—¿Quién es Kento-san?

—El otro hombre cuyo honor también vengo a defender.

El anciano sirvió dos tazones de ramen y se alejó sacudiendo la cabeza.

—Neji-san, quiero preguntarte algo.

El ninja se sentó frente a ella.

—¿Realmente fue tan bueno el servicio que di durante la cena del cumpleaños de Hinata-san?

—No cuestiono el juicio de Hiashi-sama. La propina fue suya.

Ayame asintió, sabía que había hecho bien guardando el papel, solo faltaba descubrir qué significaba y definitivamente no era prudente sacarlo de tajo.

—Hiashi-sama es una persona compleja.

—Sí, lo es. Pero sus maneras no son la prioridad hoy.

Ayame estaba segura de que lo había entendido, o la consideraba loca, pero de cualquier forma no diría nada más.

—La comida se enfriará, Neji-san.

Él solo tomó los palillos después de ella.

—Itadakimasu.


Comentarios y aclaraciones:

*Chushi es una palabra que significa "cocinero" tal cual, pero eso no dice el gorro de Teuchi, solo uso el desconocimiento de ese dato a mi favor, y bueno, eso no altera el universo de Naruto, espero.

*Ageusia=Pérdida del sentido del gusto.

¡Muchas Gracias por leer!