Capítulo 27

Sakura

Estaba sufriendo; me daba cuenta. Estaba tan dolido como yo. Pero el dolor que él estaba sintiendo se le pasaría con el tiempo. El dolor de mirarme, hablarme y hacerme el amor estaría siempre ahí, en el fondo de su mente, si estuviéramos juntos. Tal vez al principio no se daría cuenta, pero algunas pequeñas cosas siempre le recordarían a Izumi y luego me miraría, deseando que nunca le hubiera dado esos pasajes. No se trataba solo de cómo se sentiría él; también se trataba de la culpa que yo cargaría por el resto de mi vida. Tal vez estaba protegiéndonos a ambos.

Pasé la semana siguiente fotografiando niños y ayudando a Temari a planear el baby shower de Ino que se iba a celebrar en el bar de Itachi. Él se ofreció y Temari aceptó sin hablar conmigo primero. Pensó que sería perfecto y Ino también. Como la fiesta era hoy y no había visto ni hablado con Itachi desde ese domingo que pasó por mi casa, iba a ser incómodo estar allí. Cuando estaba poniendo en la caja los regalos para la fiesta, llamaron a la puerta.

—Adelante, entra. Está abierto —grité.

La puerta se abrió y oí la voz de Itachi por detrás.

—Hola, Sakura.

Después de jadear, me di la vuelta.

—Hola, Itachi.

—Me preguntaba si necesitabas ayuda con las cajas para la fiesta. Temari dijo que tendrías unas cuantas. Podría cargarlas en el jeep.

Se veía tan sexy. Mientras lo miraba, mi mente recordó todas las veces que hicimos el amor. Lo extrañaba tanto que ya no sabía qué hacer. Temari y Ino me decían todos los días lo estúpida que era, pero no sabían la verdadera razón por la que no podía dejarle volver a entrar en mi vida.

—Tengo estas de aquí —dije mientras señalaba las cajas sobre la mesa.

—¿Ya están preparadas para llevarlas?

—Sí.

Se acercó a la mesa, tomó la primera caja, me miró y sonrió.

—Te ves hermosa.

Podía sentir que me sonrojaba al darle las gracias. Me sonrió un poco mientras cargaba las cajas en su jeep.

—Bueno, supongo que eso es todo. Te veré en el bar.

El bar estaba decorado con globos rosas y serpentinas. Cuando entré, la primera persona que vi fue Konan. ¿Qué demonios estaba haciendo aquí? Óbito se me acercó y me besó en la mejilla.

—Te ves preciosa, Sakura.

—Gracias, Óbito.

—Vivo justo al lado tuyo y no te he visto últimamente.

—He estado ocupada en el estudio y luego, con la planificación de la fiesta, realmente no he tenido mucho tiempo para nada más.

—Bueno, deja de ser una extraña; te echo de menos. —Sonrió.

—También te echo de menos —dije mientras le daba un golpecito en el pecho.

La fiesta comenzó y fue un gran éxito. Un poco más de cien personas vinieron y obsequiaron a Ino y Sasori con regalos para Karlita. Itachi estaba detrás de la barra preparando bebidas cuando me acerqué.

—Hola. ¿Qué puedo servirte? —preguntó.

—Una copa de vino tinto estará bien. —Sonrió y, mientras lo vertía en un vaso, Anko se me acercó.

—Sakura, necesito hablarte de algo.

—Claro, Anko. ¿Qué pasa?

—¿Te gustaría ir a Nueva York por un par de semanas?

—Eso sería genial. ¿Qué hay en Nueva York?

—Voy a lanzar un blog de moda y me gustaría que hicieras la sesión de moda para él.

—Me encantaría.

—Genial. Sé que es un poco precipitado, pero necesito que te vayas pasado mañana. Son dos semanas de rodaje y Prim pagará todos tus gastos. Sabía que ibas a ir, así que te reservé una habitación en el Trump. Tiene vistas a Central Park y ahí es donde quiero la mayor parte de las tomas.

Podía sentir los ojos de Itachi sobre mí mientras Anko y yo conversábamos. Tan pronto como se alejó, me habló.

—Guau. Nueva York. Eso es emocionante —dijo.

De repente, Konan se puso detrás de la barra y le paso a Itachi el brazo alrededor de la cintura.

—Cuando tengas un momento —le dijo ella—, necesito hablar contigo en privado.

—Disculpa, Sakura —dijo mientras se alejaba con ella.

Mi estómago comenzó a revolverse y me puse furiosa. ¿Se estaban viendo? ¿Fue por eso que vino Itachi y me dijo que ya no me presionaría para que hablara con él? Los pensamientos de los dos juntos me consumían y sentí que no podía respirar. Caminé hacia la parte de atrás para ver si podía escuchar su conversación y cuando me acerqué a la oficina de Itachi, vi que la besaba en la frente mientras apoyaba sus manos en los hombros. Puse mi mano sobre mi boca y silenciosamente me alejé para que no me oyeran. Fui a la zona principal del bar y encontré a Anko.

—Si te viene bien a ti —le dije—, quisiera irme esta noche a Nueva York. No he estado allí desde que era niña y creo que debería ir buscado las locaciones en Central Park.

—¡Gran idea! No había pensado en eso. Llamaré al hotel y les diré que llegarás esta noche y puedes volar en el jet de la compañía. Dame un segundo y déjame ver los horarios de vuelo.

Cuando sacó su teléfono, miré hacia atrás y vi a Itachi y Konan. Él tenía su mano en la parte baja de su espalda mientras entraban en la zona principal del bar.

—Buenas noticias. Tu vuelo sale a las siete en punto. —Sonrió.

Miré mi reloj y vi que eran las cuatro.

—Supongo que será mejor que vaya a casa y haga las maletas.

—¿Te vas esta noche? —dijo Itachi.

Debe haber oído nuestra conversación.

—Sí —le respondí mientras me daba la vuelta y me alejaba.

—Creí que no te ibas hasta dentro de un par de días.

—Cambio de planes. Necesito salir de aquí. —No quería que esas últimas palabras salieran de mi boca, pero ya no había vuelta atrás.

—¿Por qué ese cambio tan repentino, Sakura?

—No es asunto tuyo, Itachi. ¿Por qué no te centras en tu noviecita y me dejas en paz?

Para ese momento, todos los invitados ya se habían ido. Les dije a Ino y a Temari lo que sucedía y que tenía que irme a hacer las maletas. Me despedí de ellas con un abrazo y cuando salí del bar, Itachi estaba de pie contra la camioneta.

—Apártate de mi camino, Itachi —le dije.

—No me moveré hasta que no me digas qué diablos fue ese comentario sobre Konan.

—Te vi besarla, Itachi. Está bien. Ya está. ¿Querías saberlo? Pues ya te lo he dicho.

—¿Cuándo? —preguntó confundido.

—En tu oficina. Hace un rato.

Echó la cabeza hacia atrás y se rio.

—Sakura, me dijo que renunciaba. Solo le deseaba buena suerte.

—Itachi, tengo que irme. Tengo que empacar y tomar un avión, así que si me disculpas... Por favor aléjate de mi auto, te lo agradecería.

—Como quieras, Sakura. Ya te olvidé. —Golpeó el capó de la camioneta y se alejó.

Sus palabras me dolieron, ¿pero qué esperaba? Los ojos se me llenaron de lágrimas, porque nunca lo olvidaría.

Itachi

Esto me estaba destrozando. Le dije que ya la había olvidado y no era así. Nunca la olvidaría. Estaba tan enamorado de ella que tendría que poner fin a todo esto de una vez por todas. Necesitábamos hablar y si tenía que encerrarla en una habitación hasta que obtuviera alguna respuesta, lo haría. Llamé a Candi para que se reuniera conmigo detrás de la barra para poder hablar con ella y con Tenten.

—¿Qué pasa, jefe? —preguntó.

—Necesito que ambas me hagan un favor. Necesito que se encarguen del bar mientras no estoy.

—¿Adónde vas? —preguntó Tenten.

—Me voy a Nueva York a recuperar a mi novia. Me cansé de este juego y va a tener que escucharme.

—Bien por ti, Itachi. —Candi sonrió mientras me daba palmaditas en la espalda.

—¿Y si no quiere? —dijo Tenten.

—Eso ya ni siquiera es una opción para ella. Voy a pedirle a mamá y papá que ayuden también con el bar. Konan renunció.

—Ya era hora —dijo Candi.

—Tuve una pequeña charla con ella y no le gustó lo que le dije, así que pensó que sería mejor dimitir.

—Chica inteligente —Tenten sonrió—. ¿Cuándo te vas?

—Voy a tratar de conseguir un vuelo para salir de aquí mañana a primera hora.

Tenten y Candi me abrazaron.

—Buena suerte. Haz lo que tengas que hacer para recuperarla.

—Créeme, lo haré.

Dejé el bar y llamé a mis padres. Dijeron que estarían más que felices de ayudar con el bar mientras no estaba y mi papá me dijo que no me preocupara por el papeleo o los libros. Mientras abría la puerta de mi apartamento, Sakura salía con dos maletas. Parecía sorprendida de verme.

—Déjame ayudarte con las maletas —le dije.

—No es necesario. Yo me ocupo de ellas.

—Joder, Sakura, te voy a ayudar —le dije mientras tomaba una de sus maletas de su mano.

—Cuidado con esa boca, Uchiha.

Sonreí en silencio. Dejé su maleta en la limusina que Anko había enviado a recogerla. Subió y la detuve para que no cerrara la puerta. Metí mi cabeza dentro.

—Pásalo bien en Nueva York —le dije.

—Gracias —dijo en voz baja.

Lo que menos se imaginaba es que me vería mañana.


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