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Especias y condimentos
De cómo se consigue aprovechar mejor a Rock Lee
Neji había regresado exactamente media hora después de haberse marchado, pero el hecho de que hubiera un reporte por escrito de casi cien páginas, hizo que Ayame se sintiera apabullada, dudaba mucho que la palabra "eficiencia" le quedara al trabajo que había hecho el ninja, pero desconocía cómo nombrar algo superior a eso.
En cada página había una ficha técnica de cada miembro de cada equipo, empezando con lo básico como su nombre, edad, lugar de procedencia y con quiénes estaban registrados, hasta un listado de los restaurantes en los que había trabajado y en qué funciones específicas. Algunos casos incluían también los concursos en los que había participado y la posición en que habían quedado, cursos y talleres que hubieran tomado y con qué maestros. La joven leyó deprisa los dos primeros y los siguientes solo los hojeó.
—Madre mía, ¿todos son participantes?
—Los he ordenado conforme el grado de experiencia —Ayame dejó caer los hombros soltando un suspiro, los tres chefs de Kento estaban casi al principio.
—Yo soy la última, ¿verdad? —preguntó yendo hacia el final, pero para su sorpresa, no era ella, su propia ficha era en realidad penúltima.
El último lugar lo tenía uno de los muchachos que habían estado en el restaurante a últimas horas de la noche, uno de los nietos de Nissin: Ryūnosuke Nissin, que no había trabajado nunca ni siquiera en el restaurante de la familia ni tampoco había estudiado fuera, aparentemente toda su formación la había hecho en casa.
—Puse unas marcas rojas en los miembros que son Ryōri Ninja confirmados, son dos y están en equipos separados, las marcas azules solo son suposiciones mías, pero sería preferible no subestimar.
Ayame fue primeramente a las marcas rojas, abrió mucho los ojos y dejó salir un chillido. El ninja no pasó desapercibido el gesto y se inclinó ligeramente para ver el motivo.
—¿De verdad este tipo va a participar? —preguntó horrorizada. Un sentimiento desmoralizante se apoderó de ella.
—¿Lo conoce?
—Hakkaku-san perdió una vez, en algo como un concurso, ante mi padre en la preparación de fideos, pero su ramen no se compara con el resto de las cosas que sabe hacer, lo probé todo. Además, obtuvo la receta para eliminar el sabor amargo del caldo, eso en esencia es lo que faltaba para que su ramen fuera perfecto.
Volvió a suspirar. El otro ninja no le fue familiar de nada al igual que la mayoría de los inscritos, pero al menos de algo estaba segura; excluyéndola a ella y a Ryūnosuke, todos habían trabajado o estudiado en cocinas occidentales, más allá del País del Viento, en donde ella nunca había estado.
Aunque quizás esa sería una ventaja.
Ante tantos sabores y combinaciones improbables que podrían asustar a los comensales, el plato de su tatarabuelo representaría algo seguro y conocido.
La mesa tenía varias hojas dispersas con anotaciones que había estado haciendo para armar el menú, que podría decirse estaba, en teoría, completo.
—Regresemos al hotel, Neji-san. Tengo que mostrarle esto a los otros. Min-ojisan…
El anciano dormitaba junto a la barra. Habían cerrado el local hacía rato, así que el hombre, que no tenía nada que hacer, se había sentado y en cuestión de minutos ya estaba casi dormido. Al escuchar que Ayame lo llamaba, aunque fue con suavidad, se sobresaltó un poco y se puso de pie, desorientado sobre en dónde estaba y qué hora era.
—Lo siento tanto, no era mi intención mantenerle fuera de la cama hasta estas horas —se disculpó la joven.
—Descuida, me quedé dormido porque soy viejo, pero soñaba con el concurso. Qué curioso, ¿no?
—Lo acompañaremos a su casa.
—Ah, yo vivo en el piso de arriba, no te preocupes.
Ayame lo sostuvo por un brazo cuando una cojera en la pierna derecha apareció de repente.
—¿Está bien?
—Es el frío, solo el frío.
La joven le sirvió de apoyo hasta una puerta, contigua a la de la bodega, tras la que estaban las escaleras. El primer paso fue difícil, el espacio era estrecho así que Ayame no podía acomodarse bien para serle de apoyo, sin embargo, Neji la apartó sin decir palabra y como si se tratara de un liviano jarrón, subió al hombre rápidamente.
La planta alta tenía una pequeña estancia, una cocineta y dos habitaciones además de lo que parecía ser el baño. Era tan pequeño en comparación a la planta entera del restaurante, pero parecía cómodo, era cálido y estaba perfectamente limpio.
Ayame volvió a tomar el brazo del anciano llevándole hasta lo que intuyó como su recámara. La cama era como las que estaban en su casa, a su gusto personal, más cómodo que el futón, y convenientemente estaba siempre dispuesto en su lugar, no había que desarmarla completamente cada mañana.
Le dejó acostado, se había quedado dormido casi enseguida, apagó todas las luces, por costumbre adquirida de su padre revisó también las tomas de gas de la cocineta y las de las parrillas de la cocina de abajo, todo el protocolo regular de cerrar el restaurante. Por fuera, a falta de llave, resignadamente Neji cerró la puerta con el juego de ganzúas que en teoría eran para abrir cerrojos.
No les sorprendió descubrir que en la habitación del hotel todos dormían, era bastante tarde, por eso mismo se sintió apenada por tener que levantarles, pero Neji no tenía ese mismo problema por lo que abriendo puertas y encendiendo las luces, convocó a lo que llamó "una reunión táctica".
En menos de diez minutos todos estaban en la sala considerablemente lúcidos. Tras disculparse por los inconvenientes, Ayame primero presentó el reporte de Neji, denotando la presencia de los Ryōri Ninja, describiendo brevemente su experiencia personal con el que conocía, y el equipo de la familia Nissin que, a juicio de su tío abuelo, era el más fuerte. Los tres chefs se pasaron las hojas e intercambiaron comentarios, ellos conocían a más gente, pero en general, parecían compartir la idea que tenía ella de las personas a las que había que prestar más atención.
Ayame tomó aire, después de unos minutos, consiguió tener el valor suficiente para exponer su plan en el menú, sacó sus notas poniéndolas sobre la mesa.
La ceja izquierda de Yûki fue la primera en arquearse. Ayame sintió un escalofrío, pero consiguió disimularlo para mantenerse firme. El chef panadero apartó la hoja que describía el postre y la volvió a leer.
—Esta es mía —dijo al final.
La joven, que creyó que había dejado de respirar en todo ese rato, se sintió considerablemente más tranquila, pensó que iba a darle un sermón, negarse en rotundo, decir que él tenía una mejor idea, pero en lugar de eso, había sacado un cuaderno y un bolígrafo, empezando a hacer sus propias notas.
Tora Miyake, empecinado en demostrar su enorme altura poniéndose de pie, examinó las hojas restantes, separó la receta del Yàn Wō extendiéndosela a Ayame.
—Lo más adecuado es que usted se haga cargo de esto.
Asintió, aunque ya sabía que eso era inevitable, después de todo, era la receta de la familia. Tora Miyake tomó para sí la idea de la sopa y le dejó la entrada a Sota asignándole también que hiciera la bebida ya que Ayame no había pensado en eso.
La nueva jefa de cocina volvió a respirar con tranquilidad.
—Estamos en tiempo, el mercado lo abren a las tres —dijo Yûki. Los otros asintieron, aún concentrados en sus listas, Sota incluso hacía cuentas.
—¿Cuántas personas estamos considerando? —preguntó en voz baja el joven chef.
—Cuatro —respondió Tora.
Ayame ya había entendido la dinámica jerárquica del grupo: Kento era el jefe absoluto, y los tres chefs lo aceptaban así, no solo por el hecho de que los hubiera contratado para trabajar en la escuela y el restaurante, sino porque le tenían un grado de confianza increíble, tanto que si de buenas a primeras decidía cerrar el restaurante y colocar un carrito en la calle, muy seguramente irían con él, o un ejemplo más real, si decidía poner a una camarera como su reemplazo, ellos la obedecerían.
Después de él, la cadena de mando iba a Yûki Takahashi, y era curioso porque sus platos generalmente eran los últimos en el sentido de que tomaba los postres, además de encargarse de todo lo relacionado con las masas que los demás ocupaban, pasteles y panes.
Tora Miyake iba tercero, sabía que tenía especialidad para trabajar las carnes; asadas o fritas y nunca desperdiciaba nada, lo que por lo general incluía utilizar partes que ella no sabía siquiera que se podían comer. Aunque el chef se acomodaba sin problemas a suplir a cualquier otro sin importar la especialidad de este.
En esencia, Sota Hashimoto hacía lo mismo que Tora, era el más joven, excluyéndola a ella que casi llegaba a los 17, y aunque los demás solían tratarlo como profesional, Ayame no podía evitar sentir que eran condescendientes con él, especialmente después del accidente que le había dejado quemada la mitad de la cara.
En el Kento-Umai había otros chefs con distintas especialidades, pero eran más transitorios, la mayoría solo iba para aprender lo suficiente como para poner su propio restaurante en determinado momento.
Ella ya había terminado de hacer la lista de compras, aunque en realidad solo tenía que copiar del libro y hacer la proporción de los ingredientes.
Unos cinco minutos antes de las tres de la mañana, los ocho ya estaban en la entrada número cuatro del inmenso mercado, casi a las afueras de la ciudad.
—Quisiera hacer las compras por mi cuenta —anunció Yûki Takahashi—. Realmente necesito muy pocas cosas, así que comprar me tomará una hora a lo mucho, a diferencia de ustedes. Pero quiero hacer unas pruebas antes, nunca he hecho algo así.
—Estamos en la misma situación, pese a lo tradicional de la propuesta, no tengo experiencia en ello. Será más conveniente que cada quien vaya por su cuenta —secundó Tora Miyake.
Tenten se apuntó para acompañar a Yûki, Neji de alguna manera asumió que debía de seguir con Ayame, Tora pidió la compañía de Gai, así que Lee debía de quedarse con Sota.
Antes de que cada quien tomara su camino en cuanto la cortina metálica hubo despejado el paso, Yûki Takahashi entregó a cada uno de sus compañeros de equipo un sobre amarillo que contenía el dinero destinado a cada uno de los platos.
—Hice una valoración aproximada de lo que ocuparía cada uno, pero es todo lo que hay, si no alcanza, habrá que improvisar.
Todos asintieron y se pusieron en marcha. Sota seguía revisando su lista, parecía ligeramente preocupado.
—¿Qué sucede? —preguntó el efusivo ninja al ver que su compañero no se movía.
—Esto será difícil.
—¡La llama de la juventud es verdaderamente asombrosa! ¡Y con el esfuerzo adecuado tendremos todo a nuestro favor!
El otro movió la cabeza.
—Las personas contra las que vamos a competir no son tanto el problema, sino las personas que van a calificar. Se supone que el jurado solo será revelado hasta la competición, pero sea quien sea, es imposible que sea imparcial, su gusto dependerá sobre su formación, si es cocinero o no, de qué país viene, si tiene preferencia por lo dulce o lo picante…
El joven ninja entendía a medias, a decir verdad, él no se sentía especialista en la preparación de la comida, en su caso todo se resumía a cuánta energía podía proporcionarle un plato, su maestro le había instruido en la apreciación del valor nutrimental. Por eso le gustaba el curry de la vida, era la más poderosa mezcla de sabores y energía en un solo plato, pero Neji era incapaz de comerlo.
Los dos tomaron el corredor de la derecha, el joven cocinero se acomodó la bolsa de piel que llevaba consigo asegurándose de que la kufiyya* no hubiera revelado la aparatosa quemadura de su rostro. A Lee le recordó el pañuelo que usaba el maestro de Gaara y en general, mucha gente de Suna.
—¿Eres de Konoha?
—Si. ¿Por esto? — preguntó señalando su pañuelo.
El ninja asintió.
—Solo lo uso cuando hay mucha gente, es incómodo cuando eres el centro de atención.
Pero Lee no se dio por aludido, mientras hacía algo como sentadillas que llevaban a un salto exagerado que lo dejaría alcanzar la estructura del techo de la nave y que ya era motivo de atención.
—Tora-senpai me ha dejado primero. Daré lo mejor de mi —decidió ignorar al ninja y volvió a hacer algunas anotaciones.
—¡Esa es la actitud!
El estallido de Lee se escuchó por encima de los llamados de todos los vendedores, como resultado, las miradas se dirigieron a ellos nuevamente.
—Va… vamos un poco más al frente… hay un molino donde podremos comprar las cosas que necesito.
Lee levantó los brazos, luego corrió abriéndose paso por entre la gente sin llegar a golpearlos realmente. Él nunca había visitado un mercado tan grande, comparado con ese, el de Konoha, que siempre le pareció basto, no parecía ser más que una docena de puestos. El pasillo que recorrían estaba flanqueado por sacos de polvos de todos los colores con todos los aromas flotando en el aire.
De los techos colgaban racimos de otras especies secas, no sabía lo que eran, pero los clientes se empecinaban en señalarlos con emoción, tratando de obtener el mejor.
—¡Los mejores ingredientes para la mejor comida!
—Así es ¡Y aquí encontrará solo lo mejor! ¡¿Qué necesita?!
—¡Lo que desee se lo puedo proveer!
El tendero que había dado el último grito, era un hombre de mediana edad con bigote y cabello oscuro, su delantal era amarillo y tenía bordado en una esquina lo que parecía ser un tipo de habichuela sonriente.
—Este lugar es impresionante —dijo Lee por toda respuesta, adentrándose en el establecimiento. El hombre dejó de lado un saco de semillas que estaba revisando para asegurarse por cuarta o quinta vez que no había ningún elemento anómalo.
—Aquí tenemos solo lo mejor, tenemos especias y semillas de doce países diferentes.
—Impresionante. Deben ser viajes muy largos.
—Sí que lo son, pero los ninjas más veloces se hacen cargo de ello.
—Me gustaría alguna vez que me asignaran un viaje de esos —respondió con alegría, sonaba realmente interesante, no solo era velocidad, sino resistencia y sobre todo fuerza.
—Oh, un ninja.
Hasta ese momento fue que el hombre notó la banda en su cintura.
—Pese a la cercanía, es raro ver ninjas aquí, en el mercado.
—Es una pena, a veces, aunque viajamos mucho, no podemos apreciar los detalles más maravillosos.
—No solo los ninjas, la mayoría de la gente que va a los restaurantes no se preocupa mucho por la materia prima, solo que lo que se lleven a la boca sea excepcional.
—Disculpe.
—Ah, un cliente.
El hombre se giró sonriendo con amabilidad, frente a él había dos muchachos, el primero era un chico con expresión arrogante que miraba la mercancía con desinterés, pero no era tan resaltante como el que lo acompañaba.
—¿Lee?
—¿Kiba-kun?
Los dos ninjas se quedaron mirando un momento, pero su sorpresa pasó a segundo plano cuando el otro muchacho metió la mano en un saco de alverjones para deliberadamente llamar la atención.
—Me dicen que eres posiblemente el único que puedes conseguirme esto —dijo extendiéndole al tendero un papel doblado, este lo leyó y pareció sorprendido.
—Conseguirlo, sí, puedo hacerlo. No lo traigo con frecuencia porque no es algo que me pidan mucho y no me gusta arriesgarme a la merma. Puedo mandar traerle. ¿Para cuándo lo necesita?
—A más tardar a las diez de la mañana.
El hombre hizo una expresión de sorpresa.
—¡Pero eso es imposible! ¡Es un viaje de dos días! ¡Está en el País de la Tierra!
—Oye —dijo el muchacho refiriéndose a Kiba —¿Tú puedes hacerlo? Eres un ninja, ¿no?
El chico hizo un gesto hosco, claramente sintiéndose insultado, pero consiguió controlarse.
—¿Dos días según quién? Si es una carreta mercante, quizás sí.
—Dos días con los ninjas que contrato —corrigió el tendero cruzándose de brazos.
—Si lo consigues, te pagaré muy bien —insistió el muchacho, pero Kiba solo torció la boca mirando a Lee, sugiriéndole que se prestara voluntario, pero a este no le interesó en absoluto su propuesta, de hecho, acababa de recordar el motivo por el que estaba en el mercado a esas horas de la madrugada.
—A decir verdad, estoy en misión…
En ese momento se dio cuenta de que Sota no estaba a su lado.
—Hay no, Neji se va a enojar —dijo de pronto mientras Kiba soltaba una carcajada entendiendo el problema en el que estaba.
Salió de nuevo, buscó entre la multitud, pero antes de que pudiera sentirse miserable por su fatal descuido, vio el pañuelo rojo aparecer, el cocinero ya llevaba un par de bolsas con lo que debiera ser la compra.
—Sota-san, estás bien —dijo Lee aliviado. El joven asintió, aunque no pudo evitar el mirar con desagrado al muchacho que seguía preguntando con malos modos por el ingrediente que le faltaba, siendo imposible que se quedara callado cuando llamó "bruja" a una anciana que amablemente le había explicado por qué no podía tener lo que buscaba en un par de horas.
—No pensé que un chef local hiciera compras de última hora —dijo con dureza.
—Esa cara… sin duda eres el cocinero imbécil de Konoha que no supo hacer una tempura de gambas.
La tensión se incrementó de tal forma que los ninjas presentes no pudieron evitar el ponerse serios también.
—Hey, hey, no en mi local—dijo otro dependiente, temiendo una pelea —. Muchacho, si quieres que te consiga eso deberás esperar.
—Te daré el doble de tu paga por la misión con este perdedor, si me consigues lo que necesito —insistió refiriéndose a Lee.
—No me interesa —respondió tranquilamente caminando al lado del chef que escolataba—. Cuídate, Kiba-kun.
—Ya, nos vemos.
El par se alejó, aún con la sensación de incomodidad pese a la despedida amistosa de los ninjas.
—No puedo creer que Kiba-kun trabaje para el enemigo.
—No se le veía feliz.
Al poco rato se encontraron con una desmoralizada Ayame y un imperturbable Neji.
—Nadie aquí tiene nidos, hay que pedirlos con antelación, creo que deberé cambiar el platillo —dijo la chica dejando caer los hombros.
—Sí, supongo que debimos prever eso.
—¿Y de dónde los traen? — preguntó curioso Lee.
—El País de la Tierra, me dieron la dirección de un proveedor de confianza, pero no solo es eso, es que se excede del presupuesto.
El ojo visible de Sota se desvió un instante hacia la joven pidiéndole el papel, luego hizo una seña para que se apartaran hacia un espacio que quedaba entre una columna y una pila de cajas con mandarinas.
—Ayame-san, uno de los chicos de Nissin quiere algo que solo pueden traer del País de la Tierra, está ofreciendo una cantidad considerable de dinero por quien se la traiga antes de las diez.
Neji levantó una ceja entendiendo lo que proponía el chef.
—Aun considerando que tomáramos la misión, hablamos de un viaje demasiado largo y muy poco tiempo, pasan de las cuatro.
—El Yàn Wō de Ayame-san es el alma del menú. Si no podemos armarlo, no tenemos nada —insistió el chef.
Lee volvió a lanzar un grito de guerra.
—¡Lo haré! ¡Puedo hacerlo!
Neji suspiró.
—Supongo que, si hay alguien que puede hacerlo, eres tú, aunque implique la imposibilidad de ser diez veces más rápido que un ninja especializado en ese tipo de viajes.
Los ojos de Ayame brillaron con emoción.
—¡¿De verdad, Lee-san?!
—¡Hacía un momento que externé un deseo, y se me ha concedido!
—¡No cabe duda de que eres un digno alumno de Gai-sensei!
Neji suspiró otra vez.
—Bien, vamos a ver al cliente. Espero que Kiba no haga un escándalo por meternos en su misión.
—¿Ya sabías que ellos estaban aquí? —preguntó Lee desconcertado.
—Salieron de la aldea un par de semanas antes que nosotros, el restaurante Nissin Kaiseki los contrató como protección. No deberías sorprenderte, seguimos en el País del Fuego, es normal que las brigadas de cocina locales recurran a Konoha. De cualquier forma, lo importante es conseguir lo que Ayame-san necesita, aunque eso signifique también ayudar a los otros.
—Pero… — interrumpió la joven tras meditarlo un rato —Si el equipo de Nissin llegase a perder, ¿No acusaría Lee-san de sabotearlo?
Neji levantó el dedo índice.
—Por eso no deben saber que fue él quien hizo el viaje.
Los otros tres, incluido Lee, parecían extrañados.
—Vamos, yo te ayudaré. Ayame-san, Sota-san, será mejor que se reúnan con Gai-sensei, quizás los ninjas no podemos interferir en la cocina, pero desaparecer a otros competidores sería lo más lógico para asegurar la victoria, así que con él estarán seguros.
Neji hizo un clon que dirigió a los dos cocineros de vuelta con su maestro mientras que él iba con Lee de regreso al pasillo de las especias, en cuanto llegaron a un local, a unos dos o tres de distancia de donde seguía el chico preguntando a todos los tenderos, se giró hacia él.
—Dame las pesas —ordenó a su compañero, este obedeció y luego de que Neji realizara algunos sellos, la apariencia de él era completamente diferente.
—El tiempo límite es a las diez —señaló Neji con seriedad —¿Estás seguro?
—Sí, estoy de verdad inspirado.
—Bien. Nosotros nos haremos cargo de las cosas aquí. Pero mientras tengas esta apariencia será mejor que no te nos acerques o podrían hacer la asociación.
El tendero del local salió a su encuentro y en menos de un segundo Neji ya lo había inmovilizado con su técnica de bloqueo, lo escondió entre dos enormes sacos de canela, luego adoptó su apariencia con un jutsu de transformación.
Con su nueva identidad, esperaron un poco hasta que los dos muchachos llegaron a ellos, Kiba respingo un poco, había percibido un olor familiar, pero era difícil determinar cuál, pues sin exagerar, había cientos, quizás miles de olores impregnando el aire, que iban desde carne sanguinolenta, frutas, verduras y sobre todo en el pasillo del molino que por sí mismo ya era una fuerte mezcla de todo.
Neji aprovechó esa confusión.
—¿Qué necesita? —preguntó con tranquilidad. El muchacho, a quien reconoció como el que merodeaba a Min-san, y de acuerdo a su investigación, era Ryūnosuke Nissin, entregó un papel casi arrojándoselo en la cara.
—No tengo aquí, pero puedo conseguirlo, muy rápido —respondió tras leerlo.
—¿Qué tan rápido?
—Posiblemente, si sale ahora, estará aquí sobre el medio día.
—¡Eso es imposible! —exclamó Kiba acercándose. Neji se apresuró a tomar un puñado de anís aplastándolo, de inmediato, el fuerte aroma hizo retroceder al ninja.
—Aquí solo tenemos lo mejor, eso incluye a nuestros mensajeros. La cuestión está, en cuánto está dispuesto a pagar por ello, incluido el factor urgente.
—¡El dinero no es ningún problema!
Seguido a eso, arrojó sobre el mostrador un fajo de billetes.
—¿A qué hora lo necesita? —preguntó, aunque ya lo sabía, pero se suponía que no.
—Dijo que estaría aquí sobre el medio día, es por mucho la mejor oferta que me han hecho, pero lo necesito a las diez. Si se echa para atrás, me asegurare de que estos chicos le rompan cada hueso del cuerpo —amenazó señalando a Kiba.
—¿Cómo me arriesgaría a eso? Este es mi negocio.
—Enviaré a alguien aquí a la hora acordada.
—No será necesario, el mensajero llegará directo con usted.
—Bien, estaré en el Castillo Nijō, en la competencia. Mi nombre es Ryūnosuke Nissin.
—Así será.
Los muchachos se marcharon y Neji deshizo su transformación, luego se apresuró a reanimar al tendero dejándolo en el mismo sitio que estaba cuando lo dejó inconsciente, este parpadeo desorientado, pero no vio más que a una anciana que entraba con una lista de compras.
Neji y Lee habían escapado rápidamente, escabulléndose por algunos pasillos de servicio hasta que quedaron cerca de la puerta nueve.
Lee ya tenía el dinero y las especificaciones de las compras que debía de hacer, la de Ayame y la de Ryūnosuke. Neji solo le repitió que tenían un tiempo límite y le vio partir.
El amanecer aún estaba lejos, así que Lee pensó que cuando el sol saliera ya debería estar cuando menos en la frontera, de caso contrario no podría completar la misión a tiempo. Él era usualmente rápido, más que la media de sus compañeros, pero sin las pesas era muy superior a cualquier estadística, sin bien tenía la incógnita sobre si sería realmente capaz de mantener esa excepcional velocidad por cinco horas.
La resistencia era lo suyo, pero resistencia con velocidad superior, era un reto con peligrosas consecuencias que, de no ser capaz de lograrlo, hasta podría resentir la cirugía que le había hecho la quinta maestra Hokage.
—¡La fuerza de la juventud no puede dudar! —y diciendo eso, Lee pronto pudo alejarse del límite de la visión del byakugan. Neji asintió satisfecho, aunque seguía pensando que era una verdadera locura, quiso creer que solo tal vez, sí había una oportunidad de lograrlo.
Regresó para reunirse con los demás, que ya estarían haciendo las primeras pruebas. A quince minutos de ser las nueve de la mañana, estaban frente al Castillo Nijō, donde habían de reunirse todos los aspirantes.
Ayame se frotaba las manos insistentemente.
—No llegará sino hasta las diez —susurró Neji.
La joven volvió a pasar saliva, respiró profundamente, tratando de calmarse, quedaban dos horas para que diera inicio formalmente el concurso.
—Pero si es la camarera del Ichiran Ramen.
Un escalofrío la recorrió desde la base de la columna hasta la nuca. Al girarse, se encontró con los dos muchachos que habían ido al restaurante del anciano Min, junto con un hombre mayor y una mujer, aunque joven, claramente adulta.
—¿Una camarera? —preguntó la mujer con tono despectivo.
A tan solo unos pasos, el equipo ocho solo dirigió un escueto saludo a sus colegas de la hoja. Neji incitó a Ayame a ignorar a los otros cocineros, tomándola por el brazo para girarla, pero ella se soltó.
—Mi nombre es Ayame Ichiraku, y estoy en el equipo de la Voluntad de Fuego, del Kento-Umai —declaró con firmeza.
Nunca se había sentido avergonzada de ser una sencilla camarera, y en realidad nunca le había molestado que se refirieran a ella de esa manera, ni señorita, niña, muchacha o cualquier cosa parecida, muchos clientes no recordaban su nombre. Pero en ese momento en especial, quería gritarles que venía a pelear por el honor de su bisabuelo, el de Kento y el de Konoha y no a recoger los platos que ellos sirvieran.
La declaración tuvo el efecto deseado, los ojos de los dos adultos cambiaron su expresión por una más dura.
—Esto será más interesante de lo que parecía al principio —dijo el hombre dando la indicación para que tomaran lugar en la fila de registro al otro lado de donde estaban los chefs de Konoha.
—Nos vemos, Neji-niisan —susurró tímidamente Hinata antes de seguir al grupo.
—¡Mas les vale no intentar nada extraño! ¡Los tenemos vigilados! —exclamó Kiba.
Neji le restó importancia y sonrió con presunción, mucho dudaba que de verdad estuvieran tan vigilados.
—Le deseo mucha suerte, Ayame-san.
Para sorpresa de los presentes, especialmente de Neji, fue el menor del equipo, aquél arrogante muchacho que estaba con Kiba en el mercado por la mañana, Ryūnosuke, quien se acercó mansamente extendiendo la mano a la joven, ella, aunque dudosa, aceptó el gesto.
—Gracias.
La fila aún no avanzaba, no sería sino hasta las nueve en punto que darían inicio al registro e inspección general, y para ello faltaba una hora, llegaron temprano para poder tener preferencia en la selección de las estaciones.
—¡Nada como un desayuno consistente para empezar el día! —exclamó Gai emergiendo de entre la multitud con varias cajas de almuerzo apiladas una sobre otra.
—¿De dónde salió eso? —preguntó Neji, pero por respuesta, detrás del hombre se asomó un menudo anciano vestido de blanco.
—¡Min-ojisan!
—No podía perderme este día, en que el honor de Jian-sama será recobrado.
—¡Itadakimasu! —exclamó Gai empezando a repartir las cajas.
—Es imposible… —susurró Neji.
Tenten, que nunca había visto una expresión de sorpresa tan clara en el rostro de su compañero de equipo, dirigió la vista hacia donde él miraba, a lo lejos, muy difícil de apreciar para ella, pero claro hasta cierto punto, una enérgica figura corría hacia ellos a una impresionante velocidad.
—¿Qué es? —preguntó Tenten.
Como un tornado pasó a su lado dirigiéndose hasta donde estaba el muchacho del equipo Nissin, que no parecía entender lo que estaba sucediendo, Kiba saltó hacía el frente y desde el gorro de su cabeza el ladrido de Akamaru fue claro.
—Aquí está… el pedido…
—Es imposible —repitió Neji.
Comentarios y aclaraciones:
* kufiyya, es el pañuelo tradicional de oriente medio que no llega a turbante, y la comparación que pensó Lee fue con Baki.
¡Muchas Gracias por leer!
