Capítulo 28

Sakura

Me acosté en la lujosa cama King size de la habitación del hotel y observé la botella de champán y el plato de fresas cubiertas de chocolate en la mesa frente a la ventana. Me levanté y encontré una tarjeta con mi nombre.

"Disfruta tu estadía y ten una gran sesión de fotos.

Los mejores deseos,

Chōji y Anko, Revista Prim"

Sonreí mientras dejaba la tarjeta y mordí una enorme y jugosa fresa. Me hubiese gustado que Deidara hubiera venido conmigo. Pero por sus clases, no pudo. No sabía lo que iba a hacer porque necesitaba un asistente. Tendría que contactar a Anko y ver si conocía alguien aquí que estuviera dispuesto a ayudar. Entré al baño y miré la increíble bañera de hidromasaje y decidí que era hora de tomar una copa de champán y un relajante baño de burbujas. Empecé a llenarla de agua y me desnudé. Era la una de la madrugada aquí, pero todavía estaba con el horario de California.

Mientras me servía una copa de champán, entré a la tina de burbujas y me hundí hasta que el agua llegó a mi cuello. Tomé un sorbo de champán y cerré los ojos. No podía dejar de pensar en Itachi y su actitud antes de venir a Nueva York. La forma en que me quitó la maleta fue un poco dura. Pero la forma en que me dijo que la pasara bien en Nueva York fue rara. Sonaba como si estuviera feliz de que me fuera. No lo sabía. No podría jurarlo, pero parecía diferente. En algún lugar de mi mente, había deseado que estuviera aquí conmigo. En otras circunstancias, explorar Nueva York con él habría sido divertido. Una vez que terminé de bañarme, me puse el pijama y me metí en la cama. Me sorprendió lo rápido que me quedé dormida.

Itachi

Me registré en el Trump a las 10 a.m. Gracias a Dios que mi cuarto estaba listo.

—Aquí tiene, Sr. Uchiha. Se alojará en la habitación 2212. Haré que el botones lleve su equipaje.

—No, está bien. Puedo hacerlo yo mismo. Gracias.

Subí al ascensor y subí hasta el piso 22. Este tenía que ser el lugar más hermoso en el que me había alojado. Había venido aquí buscando a Sakura, pero no había planeado lo que le iba a decir cuando la viera. Tenía el presentimiento de que una vez que me viera, se enfadaría. Le envié un mensaje de texto a Temari, preguntándole si sabía en qué habitación estaba Sakura.

¿Sabes en qué habitación está Sakura?

No. Espera un segundo y veré si Ino lo sabe.

Esperé y, después de unos momentos, me llegó un mensaje de texto.

Tampoco lo sabe. Lo siento, Itachi.

Está bien. Pensaré en algo.

Salí del hotel y caminé un par de cuadras. Iba a ser difícil ubicar a Sakura aquí. Sería como tratar de encontrar una aguja en un pajar. Después de un par de horas y un Starbucks más tarde, saqué mi teléfono para ver si tenía algún mensaje. Mientras caminaba, accidentalmente choqué con alguien, lo cual no era difícil de hacer en esta ciudad.

—Lo siento... —Los dos empezamos a decir al mismo tiempo que miraba hacia arriba.

—¡ITACHI! ¿Qué diablos...?

—Sakura. ¡Qué coincidencia! —Sonreí con alivio.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó apretando los dientes.

—¿Podemos ir a otro lado y hablar para no estorbar a la gente?

Me agarró del brazo y me tiró a un lado.

—Otra vez. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine a hablar contigo.

—¿Volaste hasta Nueva York para hablar conmigo?

—¡Sí, y esta vez vas a escucharme!

—Ahora mismo no. Tengo algo que hacer —dijo.

—Lo que sea que estés haciendo, lo haré contigo. No deberías andar sola por esta ciudad.

Me miró mientras ladeaba la cabeza.

—Es mi vida y haré lo que quiera. No eres mi guardián y no puedes decirme qué hacer. ¿Quién diablos te crees que eres, Itachi Uchiha?

—Soy el tipo que está enamorado de ti y necesita que lo escuches; eso es lo que soy.

Sus ojos tristes pero enfadados miraron los míos durante un momento y luego apartó la vista.

—No hablaré de esto aquí, y no hablaré de esto ahora.

Se dio la vuelta y empezó a alejarse. La seguí.

Sakura

No podía creer que Itachi estuviera aquí en Nueva York. Estaba tan enojada con él, pero no lo estaba, si eso tenía sentido. Llegué al hotel y entró detrás de mí.

—¿Por qué me estás siguiendo? Me voy a mi habitación y tú no vienes.

—Resulta que también me voy a mi habitación.

Me detuve en medio del vestíbulo.

—¿Te hospedas aquí? —le pregunté.

—Sí. —Sonrió.

—¿Te das cuenta de lo caro que es este lugar?

—Sí.

—No puedes permitirte eso.

—No te preocupes por lo que puedo y no puedo pagar. —Sonrió.

—Vete a casa, Itachi —dije al subir al ascensor.

—No, creo que me quedaré en Nueva York por un tiempo. —Presioné el botón de mi piso y le pregunté a Itachi en qué piso estaba.

—El mismo —contestó.

—¿Estás en el piso 22?

—Sí. Claro que sí.

—Cuando se abrieron las puertas del ascensor, salí y me dirigí a mi habitación. Miré a Itachi, que se detuvo en la puerta de al lado de la mía.

—No. No. No. No. ¡Esa no es tu habitación!

Sonrió al insertar la tarjeta en la cerradura y abrió la puerta.

—¿Es esto una coincidencia o tal vez algo más?

—¡MIERDA!

—Cuida tu boca, nena. —Guiñó el ojo y luego entró en su habitación, cerrando la puerta tras él.

No puedo creerlo, pensé mientras entraba en la habitación. Tiré mi bolso en la cama y paseé por el piso antes de tomar una fresa cubierta de chocolate y metérmela en la boca. Tomé el teléfono de mi bolso y llamé a la Dra. Senju.

—Oficina de la Dra. Senju. ¿En qué puedo ayudarle?

—Regina, soy Sakura Haruno. Necesito hablar con la Dra. Senju.

—¿Le gustaría hacer una cita?

—No puedo dado que estoy en Nueva York. Pero, si tiene un momento, necesito hablar con ella.

—Está con un paciente ahora mismo. Le daré tu mensaje.

—Gracias, Regina. Por favor, dile que es muy importante.

Me senté en la cama, golpeando el suelo con el pie.

—Llama, llama, llama —dije mientras miraba mi teléfono.

¿Por qué era todo tan difícil? ¿Por qué no podía tomar mi propia decisión? Espera. Lo hice. Tomé la decisión, ponerle fin. Vale, no en forma escrita, sino verbalmente. ¿Por qué su venida aquí tenía el profundo efecto de una pizca de felicidad en mí? ¿Por qué de repente me sentía cómoda sabiendo que estaba en la puerta de al lado? Era como si estuviéramos en California. Mi teléfono sonó.

—Dra. Senju, gracias a Dios que llamó.

—Sakura, ¿qué te sucede? Me dijo mi secretaria que estás en Nueva York.

—Vine a Nueva York por trabajo. Itachi llegó esta mañana. Dijo que teníamos que hablar.

—¿Voló hasta Nueva York solo para hablar contigo?

—Sí. ¿Qué debo hacer? Mi cabeza me dice que hable con él, pero mi corazón está temblando en un rincón, diciéndome que no lo haga.

—Primero que nada, debes calmarte y tomar una respiración bien profunda. Es inevitable, Sakura, tienes que hablar con él. Ya lo discutimos. Ya no es una opción y parece que no importa donde vayas, él estará allí, esperando para hablar contigo. Eres más fuerte de lo que crees, Sakura, y tienes que actuar como un adulto y hacer las cosas bien.

Lo acepté porque sabía que todo lo que me decía era verdad. Lo sabía desde antes de llamarla, pero necesitaba que me lo dijera.

—Gracias, Dra Senju.

—Paso a paso, Sakura, paso a paso.

Corté la llamada, tomé mi bolso y golpeé en su puerta.

—Sabes que es un hotel tranquilo, ¿no?

—No seas así conmigo —dije mientras le daba una mirada enfadada y entraba en su cuarto.

Lo escuché reírse.

—Así es como seguirá nuestra situación. Necesito un asistente para cuando haga las fotos y ya que estás aquí, me ayudarás. Después de que terminemos el trabajo, escucharé lo que tienes que decirme, pero hasta entonces, ni una palabra del asunto.

—Tus condiciones ¿no? —preguntó

—Sí, mis condiciones. ¿Las aceptas?

—Por supuesto.

—Bien. —Asentí—. Necesito ir ahora a Central Park. ¿Vienes?

—Estaré justo detrás de ti, pero una pregunta. ¿Ya has comido?

—Comí un muffin —respondí.

—Un muffin no es una comida. Comamos algo antes de ir al Central Park.

—Yo pago mi parte —le dije.

—Trato hecho.

Caminamos hasta que vimos Rumours Bar and Grill. Cuando entramos, nos condujeron a una mesa. Itachi me dijo que tenía que ir al baño y que volvería enseguida. Lo vi mientras se iba y no pude dejar de mirar ese trasero que extrañaba tan condenadamente y noté que no era la única que lo miraba. El mesero vino por nuestras órdenes de bebidas así que pedí una cerveza para Itachi y un margarita para mí.

—Te pedí una cerveza porque no estabas —le dije.

—Gracias. —Me sonrió mientras agarraba el menú—. ¿Qué vas a ordenar?

—Creo que tomaré el wrap de pollo.

—Suena bien. Creo que pediré costillas con salsa francesa.

—También suena delicioso. Mierda, ahora no sé qué pedir. Me está empezando a doler la cabeza.

Me miró y desplegó su sonrisa sexy.

—¿Por qué no pides lo que habías pensado? Yo ordenaré la salsa francesa y luego compartimos.

Era lo que hacíamos siempre. Él ordenaba una cosa, yo otra y luego compartíamos. Las cosas entre nosotros eran incómodas y poco normales, pero ¡diablos! Quería probar esta salsa francesa.

—Trato hecho.

Después de poner nuestras bebidas frente a nosotros, el camarero tomó nuestra orden. El lugar estaba lleno de gente. Era el típico bar con televisores de pantalla gigante alineados en las paredes y un juego deportivo diferente en cada uno de ellos. Una vez que mis ojos terminaron de escudriñar el lugar, captaron la atención de Itachi, que me miraba fijamente.

—¿Por qué me miras así?

De repente, extendió la mano.

—¿Hola, soy Itachi Uchiha y tú eres...?

Entrecerré los ojos mientras ladeaba la cabeza y una media sonrisa se dibujó en mis labios. Saqué mi mano y estreché la suya.

—Soy Sakura Haruno.

—Encantado de conocerte, Sakura Haruno.

Nuestras manos aún estaban cerradas cuando el camarero trajo nuestra comida. Su toque, que anhelaba, era reconfortante y me costó mucho dejarlo ir.