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Terrine de trufas
De los inimaginables traumas de Neji Hyūga
Las puertas del Castillo Nijō se abrieron y los equipos de cocineros se agruparon. Debido a que todos llevaban escolta ninja, el número de personas se había multiplicado, pero aún con toda la gente reunida, el registro se realizó en completo orden y relativamente rápido.
Ayame pasó en representación de su equipo, como habían llegado temprano, tuvo oportunidad de elegir la estación que había sugerido Neji, y cuando terminaron el registro protocolario, procedieron a instalarse adecuadamente. Faltaba media hora para el inicio oficial de la competencia, aunque entre los cuatro consiguieron acomodar todos sus ingredientes y distribuirse en el espacio disponible para trabajar sin estorbarse, lo que era un reto considerando los platos que debían prepararse y la reducida área que era mucho menos que la mitad de la cocina del restaurante de Kento.
—Tranquila, Ayame-san —dijo Sota palmeándole un hombro y sonriendo. Se le veía confiado, aunque como ella ya había leído su currículum no veía razón para lo contrario.
Cuando había entregado a todos el compendio de información que Neji había armado sobre los competidores, había sentido el deseo desesperado de esconder su hoja, pero al final no lo hizo porque, aunque se había empeñado mucho en decir que probablemente era la peor opción para dirigir el equipo en el concurso, ellos parecían no darle importancia a su larga carrera como camarera y su fugaz experiencia como cocinera.
Cuando sonó el gong que anunciaba el inicio de la competencia y la joven vio en su mesa los ingredientes que había comprado, sintió un enorme hueco en su estómago que crecía vertiginosamente, buscó con la mirada, entre la inmensa multitud al otro lado de la valla de seguridad a su anciano tío abuelo, pensando en pedirle que cambiaran de lugar.
—¡No es tiempo para un ataque de pánico! —dijo Yûki Takahashi con su atronadora voz malhumorada haciendo que saltara en su lugar.
Después de sentir un escalofrío recorrerle la espalda, solo pudo respirar profundamente; había llegado demasiado lejos como para arrepentirse en ese momento. Sus labios temblaron un instante, pero consiguió no soltar ni una sola lágrima.
—¡Vamos chicos! ¡No podemos defraudar a Kento-san! ¡Vamos a ganar! —gritó como no lo había hecho nunca, porque antes de ese día, nunca había dado una orden. Porque eso era: una orden. No una frase motivacional o una expectativa, y escuchar la respuesta afirmativa, como un coro bien entrenado de los tres chefs, Gai, Tenten y Lee, la volvió a estremecer, pero en un sentido diferente y poderoso que se llevó el vestigio de duda, regresándole la determinación que había conseguido reunir cuando decidió armar el menú.
"Esto va por ti, Kento… Min-ojisan… abuelo… ¡Papá!"
El ambiente empezó a llenarse con el ruido de los cuchillos empezando a cortar, golpeando rítmicamente las tablas. Alguien ya había encendido una parrilla y puesto aceite a calentar mientras que otros ablandaban la carne con sonoros golpes.
Neji mantenía vigilancia, aunque no había aún activado su técnica ocular, tenía una muy buena panorámica del resto de los competidores y sus escoltas ninja. El motivo por el que había recomendado a Ayame que escogiera esa estación, era ese precisamente.
Tenten estaba a su lado, y aunque parecía muy poco interesada en el concurso, sabía que en realidad estaba lista para saltar a la defensa a la menor incitación de peligro.
Gai estaba junto con Lee, y de manera inhumana este conseguía no solo mantenerse de pie, sino cumplir a la perfección con su habitual papel de porrista. Neji pensó en él como algún tipo de monstruo, o una criatura que no respetaba las leyes de la física y probabilidad, pero decidió dejar de prestar atención a eso para centrarse en la basta población ninja presente.
Había un total de veinticinco equipos de cocina registrados, cada uno de ellos formado por cuatro personas y, a su vez, se complementaban con otra cédula de cuatro ninjas. Neji ya sabía de qué aldea provenían, y que de Konoha solo había tres equipos: el suyo, el de Hinata y una escuadra de Tokubetsu Jōnin que fungían como observadores contratados por el propio señor feudal, encargados de la mediación en caso de que surgiera algún altercado.
Sabía que el sabotaje era una posibilidad, pero, sin duda, se trataría de una operación meticulosa que difícilmente terminaría en un enfrentamiento armado. La parte crítica ya había pasado, se enteró de un intento de desaparición forzada para algunos competidores que se había resuelto tan rápido que no hubo impacto real. No obstante, había algo que le tenía inquieto: que Ayame Ichiraku era en realidad el reemplazo de Kento Matsuhisa.
Su equipo había sido asignado a la protección del resto de los cocineros solo a partir del incidente que llevó al hospital al jefe de la brigada que representaba a Konoha, y aunque él usualmente no cuestionaba los procedimientos, le parecía inconsistente que no los hubieran asignado antes, cuando la inmensa mayoría de los equipos de protección habían sido ubicados desde hacía varias semanas.
En todo caso, otro factor importante era la forma en la que había sido inutilizado el hombre; de haber querido matarlo, habría sido muy fácil, pero solo querían asegurarse de que no se presentara a la competición y dejarlo fuera de escenario por una muy larga temporada.
Atacar la cabeza del equipo era una estrategia inteligente, no cuestionaba eso, pero la persona que había ordenado el ataque debió, invariablemente, contratar a un ninja de Konoha para realizar el trabajo, porque no había manera de que un extranjero consiguiera entrar a la aldea solo para ejecutar una golpiza. Resultaba inconsistente el grado de dificultad para llegar al objetivo a comparación del propósito fundamental de la misión.
Y si había sido un ninja de Konoha. ¿Por qué había sido aceptada la solicitud, en primer lugar, si esta atentaba contra los intereses de la aldea?
Kento Matsuhisa era una figura pública, no ninja, que posicionaba bien el nombre de la aldea y que iba a competir en un evento de gran trascendencia política y social. Apartarlo del camino implicaba reducir dramáticamente las posibilidades de ganar.
Hasta antes de efectuarse el atentado, el equipo de la Voluntad de Fuego del Kento-Umai despuntaba en la lista de favoritos y mantenía la lista de inscripción en diez equipos. La noticia de la hospitalización del chef jefe de brigada había volado rápidamente y, en cuestión de horas, el número de participantes había aumentado a más del doble.
Si el interés de Konoha era ganar, se debió haber brindado mayor seguridad a los miembros originales.
Por otra parte, estaba la brigada que escoltaba el equipo ocho, la conformada por cocineros del Nissin Kaiseki, el restaurante de la capital. Cabía la posibilidad de que en realidad ellos fueran los favoritos y se había arreglado la inmovilización de Kento Matsuhisa y la asignación de una novata como reemplazo para poder facilitar la victoria.
Dirigió la vista a la brigada del Nissin Kaiseki; los cocineros se movían rápidamente y bien coordinados para un trabajo en equipo a diferencia de la estrategia de los demás, que supuso era lo más tradicional, que consistía en repartirse los platillos.
No pudo evitar fruncir el ceño, porque su misión era, textualmente, asistir en el éxito del Equipo de la Voluntad de Fuego, por tanto, si el menú que había preparado Ayame no era el elegido, la misión se consideraría fallida.
Por mucho que dudó al momento de hacer todas esas conjeturas, desde que prácticamente había sido asignado, finalmente llegaba a la conclusión de que su prioridad como ninja y como habitante de Konoha, era cumplir exitosamente la misión.
Entrecerró los ojos un instante apartando todos los pensamientos, el motivo del ataque a Kento Matsuhisa no era su prioridad en ese momento.
Se acercó hasta el chef Sota.
—La tercera brigada a nuestra derecha —susurró —, está haciendo exactamente lo mismo que usted.
Sota se detuvo sintiendo un ligero estremecimiento en las manos.
—Pensé que, debido a premura con la que Ayame-san nos entregó la recetas, no habría oportunidad de que se dieran cuenta.
—Se filtró la información. Qué descuido tan imperdonable —dijo el ninja.
El cocinero negó con la cabeza de modo conciliador.
—Cualquier buen cocinero puede adivinar una receta con solo ver los ingredientes. La cuestión queda siempre, en quién puede hacerlo especial.
Dejó lo que estaba haciendo y se giró hacia Ayame.
—Tengo que hacer unos cambios a la receta original. ¿Está bien?
La chica le miró unos instantes y apuntó firmemente con el dedo índice.
—¡Solo no te olvides de ponerle alma! —exclamó consiguiendo que el joven sonriera.
—Esa chica, tiene mucha actitud —dijo en cuanto hubo regresado cerca de Neji, retomando las trufas que estaba por convertir en una salsa perigord. Cerró los ojos respirando tranquilamente y pensando en todas las posibilidades.
—Era de esperar que más de uno usáramos trufas. Son muy apreciadas por los cocineros que conocemos la cocina de occidente, lo que son prácticamente todos aquí.
Ya las había limpiado, blanqueado y solo golpeaba una suavemente contra la mesa.
Neji soltó un bufido casi inaudible mientras inspeccionaba las otras brigadas. Realmente estaba en lo cierto, había muchos cocineros que estaban usando esos hongos negros y verrugosos.
—Bueno, creo que todos seremos novatos el día de hoy —dijo al fin chocando sus palmas un par de veces para luego poner una sartén al fuego con aceite. El movimiento regresó de nuevo y con mayor intensidad.
Le vio tomar algunas alcachofas, las limpió para cortarlas en finas láminas de una forma tan sencilla que no pudo evitar el sentirse intrigado.
"Así que así se hace", pensó el ninja manteniendo la neutralidad de su expresión.
La cocina en el barrio Hyūga era un tema, aunque importante, con cierto matiz de tabú. La cuestión era que, en definitiva, un Hyūga tenía la obligación de cuidar de forma estricta sus hábitos alimenticios, tanto en horarios como porciones y, por supuesto, el contenido y calidad de cada una de las comidas del día. Por ese motivo, las mujeres Hyūga, al igual que sus congéneres en otros clanes, aparte de los entrenamientos regulares en la academia y la debida instrucción en las técnicas ninja del clan, eran instruidas en técnicas de cocina que resultasen adecuadas para el "correcto cuidado de sus familias".
Sin embargo, esas recetas milenarias que les eran enseñadas y se cuidaban con cierto recelo, pocas veces podían considerarse una joya de alta cocina. O tal vez la nodriza que le fue asignada tras la muerte de su madre no tenía ningún talento, porque después de verse obligado a comer su sopa de tortuga, que tenía más de gelatina que de sopa, durante todos los días de su infancia, había adquirido cierta animadversión a la cocina tradicional Hyūga, aun cuando consideraba que él era demasiado respetuoso de las tradiciones.
Por su cuenta había aprendido a cocinar cosas básicas, casi por instinto y sentido común. Para cuando lo asignaron a su equipo genin después de graduarse, y descubrir que Tenten tenía una habilidad natural para combustionar cualquier comida, mientras que Lee podía tragarse una suela de sandalia siempre que esta llevara alguna salsa de proteínas encima, se apropió la labor de cocinar cuando estaban fuera de la aldea.
"¡La llama de la juventud debe arder siempre con toda su intensidad, pero el fuego en la comida no puede ser constante, hay que subir o bajar la intensidad!"
De todas las cosas que pensó que un jōnin podía decirle, nunca pensó que, mientras que Lee recibía indicaciones para lograr una Dynamic Entry exitosa, y Tenten aprendía el arte de invocar y guardar armas de un pergamino, a él le estuviera enseñando a cocinar verduras en un wok.
No había manera de que pudiese respetar a su maestro después de eso.
Levantó la mano a modo de aviso a uno de los ninjas de la brigada que estaba a la derecha, si pensaba que no iba a notar que pensaba arrojar un poco de agua al aceite caliente de Sota, definitivamente era un imbécil.
Las alcachofas estaban listas al igual que las trufas después de haber estado unos diez minutos en el aceite. Los pequeños calamares habían sido despojados de su piel, intestinos y tentáculos y eran ensartados en brochetas. Exactamente cinco por cada una.
Otros equipos estaban haciendo también brochetas; de carne, mariscos, vegetales, quesos…
Había combinaciones que no creía que fuesen posibles, pero reservó la nota en un espacio de su mente para cuando hubiera un momento que no incluyera tanta tensión ninja.
—¡Tenten!
Pero no era necesario decir nada más, la chica ya había notado al ninja de Kumo que había lanzado un senbon a la estación. La maestra de armas lo había interceptado con un kunai sin ningún inconveniente para después enviarlo de regreso, solo que el otro ninja no pudo atraparlo tan bien como ella y acabó por pincharse el dedo. Cuando su equipo entró en pánico, no hubo lugar a dudas de que estaba envenenado.
—Eso fue estúpido —dijo la kunoichi —. No pensé que alguien intentase un ataque directo.
—Debe ser la desesperación —respondió Neji regresando su atención a Sota que retomaba su asunto con las trufas, tomando una que no había puesto en el aceite y la cortó en delgadas rebanadas, después procesó un puñado de almendras con agua y en otra porción de agua disolvió dos láminas delgadas de...
Supo que ni un solo músculo de su cara se movió, pero los horrores alimenticios con los que se crio regresaron a su mente en forma de gelatina.
Las dos preparaciones se mezclaron junto con una crema que no mejoró su impresión inicial y con desaprobación la vio partir a la heladera. Ni siquiera el olor de las brochetas de calamar en aceite de oliva pudo apartar de su mente aquella creación de queratina.
Dejó de mirar a Sota para prestar atención a los demás. El enorme chef Tora permanecía con el ceño fruncido trabajando con una cebolla, y se alarmó un poco al notar que el chef panadero estaba demasiado nervioso. Con solo una mirada rápida a sus signos vitales pudo concluir una única cosa: desesperación.
Desde que había empezado el concurso, hacía más de dos horas, el avance del cocinero era prácticamente nulo.
Incluso Ayame estaba más tranquila, aunque sus labios apretados revelaban que encontraba demasiado complejo el proceso que estaba realizando.
Después del incidente del senbon no ocurrió ningún otro percance y las horas transcurrieron rápidamente; entonces, el inmenso gong sonó de nuevo, anunciando el fin.
Todos los menús deberían estar emplatados y mientras duró el eco metálico, las últimas gotas de aceite de trufa caían sobre el monstruo tembleque y las brochetas.
—¿Puedo probar? —preguntó Tenten tomando el recipiente donde aquella cosa había sido refrigerada para finalmente mutar en su forma final.
Al momento de preparar los cuatro platos para cada uno de los miembros del jurado, había quedado una buena porción en el trasto y la chica se había interesado en ello. Sota asintió, y ya que pasaría un buen rato antes de que los jueces llegaran a su estación, tomó otro plato que tenía disponible y tal como había hecho para los jueces, sirvió a la kunoichi una porción.
La chica, encantada, cortó un trocito y se lo comió: Neji tembló sintiendo en su propia boca el recuerdo del caparazón de tortuga de la sopa aquella pasando por su garganta.
—¡Neji! ¡Es la cosa más deliciosa del mundo! ¡Tienes que probarla!
Solo selló sus labios manteniendo toda dignidad.
—Es para ti —fue todo lo que dijo.
—Hay suficiente para todos —respondió tranquilamente Sota sin perder tiempo para preparar otro plato.
—¡Yo quiero! —exclamó Lee saltando a su lado.
—Tú ya vete a dormir —masculló Neji. Solo de verlo le dolían las piernas.
El momento se acercaba, Lee tomó su plato. Gai hizo lo mismo y le extendieron uno a él.
—No creo que sea adecuado, estamos en servicio, no de vacaciones.
Sota sonrió amablemente, aunque su gesto era un poco deforme debido a las quemaduras de su rostro.
—Esto no se va a ocupar, y tirar la comida es un crimen. ¿No lo cree, Neji-san?
Estiró la mano lentamente tomando el plato.
—¡Itadakimasu! —exclamó Tenten.
—Aquí vienen los jueces —dijo Neji respirando con alivio y convenciendo al equipo de que tomaran formación como el resto de los cocineros que recibían al Daimyō de País del Fuego, al Daimyō de País del Té y a sus respectivas esposas.
Comentarios y aclaraciones:
Me pregunto qué cara haría Gai cuando supiera con qué alimentaban a Neji de niño.
¡Muchas Gracias por leer!
