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Red Velvet Chocolate Lava
De cómo funcionan los planes perversos de Tsunade y Jiraiya
El tiempo que le tomó a Ayame inclinarse para reverenciar a los Daimyō de País del Fuego y el País del Té, así como a sus esposas, le pareció una eternidad.
Para cuando supo que tenía que dar un paso al frente, presentarse a sí misma, presentar al equipo y presentar el menú, creyó que de nuevo iba a tener un ataque de pánico, sin embargo, cuando empezó a hablar, su voz sonaba tranquila y dulce como sucedía siempre que atendía a un cliente en el Ichiraku. Sonrió ante la idea de que estuvieran en la barra de ramen y que detrás de ella estuviera su padre esperando por comenzar a preparar la orden, la sensación de seguridad, de estar en casa, consiguió que sus gestos se suavizaran aún más sin que se lo propusiera.
—Que niña tan linda —dijo madame Shijimi a su esposo, este, con el aire cansado y poco interesado de siempre, solo asintió sin prestarle demasiada atención.
Ayame presentó el plato de Sota, aquél terrine que Neji no quería ni ver, y los comensales, curiosos por la extraña apariencia del platillo, picotearon un poco antes de animarse a probar.
La expresión después del primer bocado fue buena, y la llegada de la sopa de Tora fue más gratamente celebrada, con lo que supo al instante que el Daimyō de País del Té sentía predilección por los quesos, que en combinación con las hierbas aromáticas había causado las delicias del olfato. Pensó que era arriesgado usar algo tan fuerte, sobre todo porque lo que seguía era aún más penetrante: el nido de golondrina.
—Escogí esta receta porque representa la parte más tradicional de nuestros países, ambos. Hace casi quince años existía en la frontera entre el País del Té y el País del Fuego, una pequeña aldea en la que siempre había gente de ambos lados, a veces solo de paso, a veces se quedaban para siempre. Quise rememorar esa aldea que era un poco de ambos, tal como será ahora con la boda real. Presento a ustedes, el Yàn Wō tradicional de Jian de la Aldea del Bambú.
El corazón de la joven se detuvo un instante mientras veía a su tío abuelo Min hacerle señas que no entendió. Tragó saliva y se armó de todo su valor para esperar lo mejor, o bien, resistir la decepción ante lo peor.
El Yàn Wō de la receta no era precisamente una sopa como el nombre podía sugerir en otros lugares. La receta partía del concepto fundamental, pero el bisabuelo Jian había hecho unas modificaciones de tal forma que, definitivamente, no se parecía al resto de las preparaciones de otros cocineros, y la expresión de los Daimyō era exactamente la que podía esperarse en ese contexto.
Respiró profundamente para controlar sus emociones, y de nuevo el tiempo se volvió lento.
—Hace años que no probaba esto —dijo el Daimyō del País del Té tomando sus palillos —. Creo que sé de qué aldea habla esta chica, un cocinero de ahí alguna vez sirvió en una fiesta que ofreció mi abuelo.
—Yo nunca lo había comido, pero me encanta. Es tan romántico ¿No? —dijo la esposa del Daimyō del País del Té, que era mucho más joven que su marido—. Es decir, es un nido, un nido para un matrimonio ¡Con lo enamorada que está Yumi-chan!
Ayame sonrió, la verdad no pensó que alguien entendiera eso y estaba por explicarlo, pero ya que la mujer lo había dicho, los otros tres comensales quedaron encantados con la idea, pero la emoción por el concepto no le dejó saber exactamente qué les había parecido el platillo como comida.
Esperó solo un instante antes de presentar el postre, y al recordar eso, volvió a sentir un poco de terror. La palidez en el rostro de Yûki no había cambiado en lo absoluto y por unos segundos, ambos miraron los platos montados como si estos fuesen una bomba a punto de estallar.
—Mucho cuidado, no pude comprobar que funcionen —susurró el panadero.
Ayame volvió a tragar saliva.
De los veinticinco equipos, sabía por Neji que solo cuatro habían usado chocolate, varios optaron por dejar en el postre el toque tradicional mientras que el resto de sus platillos eran la extravagancia, y una buena parte había optado por frutas en algún tipo de preparación.
Tomó los platos aún con el pánico presente, si el propio Yûki dudaba, no sabía qué esperar y todas las buenas impresiones que habían obtenido hasta el momento se esfumarían antes de que ella siquiera pudiera terminar de disculparse.
Dejó el plato sobre la mesa al frente de cada uno de los jueces consiguiendo no temblar por lo que no comprometía la presentación.
Se trataba de un pastel individual rojo, coronado por una flor en botón de chocolate, algunos frutos rojos y espolvoreado con azúcar impalpable. Ella había pensado originalmente en un crisantemo para la flor de chocolate, por aquello de que se trataba de la flor del escudo de armas de la familia del Daimyō del País del Fuego, pero Yûki al final terminó haciendo algo como un lirio, supuso que, porque tenía menos pétalos, no dijo nada sobre el cambio debido a que no podía exigirle imposibles cuando le presentó la propuesta en la madrugada y no había tenido tiempo para realizar demasiadas prácticas.
A ella no le gustaban los dulces propios de Konoha y de una buena parte del País del Fuego, salvo por algunos empaques de producción industrial, le parecía que tenían sabores demasiado extraños como para tener el atrevimiento de llamarse a sí mismos "dulces".
Había pensado que el chocolate era el rey de los postres, seguido de cerca por el helado, pero hasta hacía unos meses, al chocolate solo lo conocía en tabletas y como añadido en el panqué de una cafetería cerca del centro. Sin embargo, desde el momento en que empezó a trabajar en el restaurante, bajo la tutela de Kento había expandido su visión de lo que se debía de esperar de un postre bajo conceptos culinarios de lugares que no se dedicaban en su mayoría al entrenamiento de ninjas, que podían vivir comiendo píldoras alimenticias sin echar de menos una comida decente, o cuando menos con sabor a comida.
El pastel de la propuesta del menú de esa tarde no era ningún problema para el chef panadero, había sido uno de los postres fijos del Kento-Umai, ella lo había probado porque Kento había robado uno de la bandeja de Yûki y la había llevado a la oficina de administración para comerlo a escondidas. El problema pues, en ese momento, era la flor que coronaba el pastel.
Las dos mujeres empezaron a hablar, seguían insistiendo en la idea romántica del nido ya que sus hijos estaban verdaderamente enamorados, lo que era algo muy extraño en las familias feudales que se formaban por matrimonios a conveniencia, por factores económicos o políticos.
Ayame miró por encima de su hombro, Yûki permanecía con la expresión neutral, pero la más absoluta de las palideces, no estaban seguros sobre si la flor no resistiría más y se arruinaría antes de que la plática terminara, o duraría tanto que debiera ser cortada con cuchillo.
El plan era tocarla una sola vez, una sola vez y esas mujeres seguían hablando.
Movió los pulgares por detrás de su espalda absteniéndose de tronar los nudillos y conservando la sonrisa.
"Por todos los cielos, solo coman el postre" pensó.
Madame Shijimi chilló tan fuerte que todos los ninjas brincaron en su sitio, listos para saltar encima del causante de tal expresión, sin embargo, pronto se dieron cuenta de que se trataba de la expresión natural causada por la flor de chocolate que empezó a abrirse, floreciendo, dejando caer sobre el bizcocho una crema blanca con flores azules y bayas muy pequeñas de colores vivos. Los otros tres comensales hicieron lo propio con sus platos notando que su selección de flores y bayas era diferente, pero con el mismo concepto.
En ese instante, casi escuchó el suspiro de alivio de su compañero y ella misma notó que volvía a respirar con naturalidad.
Sintió que su reverencia de despedida fue casi exagerada y cuando regresó la vista a su equipo, después de que se marcharan los jueces, tuvo unas enormes ganas de lanzarse a los brazos de quien fuera, pero se serenó porque todos los demás estaban extrañamente tranquilos. Entonces un nuevo horror se apoderó de ella, los comensales parecían satisfechos, pero ¿lo estaba el equipo?
Debieron esperar un largo rato antes de que terminasen de ser examinadas todas las estaciones. Ayame se sentía cansada y un poco incómoda ante la idea de tener que probar 25 menús completos en tan poco tiempo, pero había escuchado de la capacidad sobrehumana de la gente rica para comer, aunque ya no tuviera hambre. No obstante, estaba segura de que la última estación se llevaba la peor parte, porque ya no había ni interés ni expectativa.
Cuando dejaron la última estación, regresaron al interior del castillo en donde estuvieron al menos por otra hora deliberando.
En todo ese rato, ni cocineros ni ninjas se dirigieron la palabra. Finalmente, un heraldo pedía la atención del público para anunciar el veredicto.
Pese al cansancio que todos sentían, y el creciente frio de la noche que se avecinaba, todos habían esperado ese momento y guardaron silencio.
Ayame no sentía sus manos, pero aun así las frotaba insistentemente.
—En nombre de los honorables Daimyō de País del Fuego y el País del Té, agradecemos la ávida participación de todos los profesionales, gracias a los cuales este evento pudo realizarse. Todos han sido dignos concursantes, no obstante, solo hay un ganador absoluto, y la concesión para preparar el banquete de bodas del príncipe Menomaru y la princesa Yumi, es la brigada que representa al restaurante Nissin Kaiseki.
El sonido de los vítores de los ganadores y sus acompañantes se escuchó como un estruendo: los favoritos habían conseguido el título.
Ayame sintió que no había manera alguna de que pudiera levantar el rostro del suelo para mirar a su equipo, les había fallado, y ni siquiera se sentía con derecho a llorar por muchas ganas que tuviera de hacerlo.
—Oh, querida niña —dijo el anciano cocinero acercándose a ella.
—Lo siento, Min-ojisan —fue todo lo que pudo decir.
—Tranquila, florecita, no pasa nada —dijo Gai haciendo un gesto a su equipo para que empezaran una rápida retirada al hotel antes de que el equipo ganador se presentara personalmente para continuar con la batalla verbal que había empezado en la mañana, Hinata había enviado un mensaje advirtiendo que, de ganar, sus clientes pensaban incluso presentarse en el restaurante del tío abuelo de Ayame, y conmovido por la preocupación de la joven kunoichi, y atendiendo a su misión principal aún con la derrota en la cocina, el jōnin a cargo optó por retirarse e intentar levantar los ánimos en privado, extendiendo la protección al pariente de la muchacha, lo que sorprendió demasiado a dos de sus alumnos que se estaban preparando para la humillante sesión de motivación pública.
Fue Gai quien prácticamente llevó a Ayame que no tenía voluntad para moverse cuando menos, ella no estaba segura de que la hubiera cargado o no, solo supo que estaba de vuelta en su habitación del hotel cuando Tenten le preguntó si quería darse un baño o ir directo a dormir.
La joven pensó que si tomaba el baño iba a ahogase en la bañera, así que solo se dejó caer en la cama.
—Yo… voy a estar afuera ¿Sí?
La kunoichi no esperó respuesta, solo quería dejarla a solas ya que no sabía qué decirle. La verdad era que pese a la falta de plan y los recurrentes ataques de pánico, pensó que podrían ganar ¡Realmente eran muy buenos cocineros!
Se sentó en la sala junto a Neji, que había retomado la lectura del libro que tenía la noche anterior antes de que Ayame le pidiera salir, y leía con la misma inmutabilidad de siempre. La chica hizo un mohín al verlo.
—De verdad eres una piedra.
Neji hizo un movimiento con los ojos, casi imperceptible, pero no dijo nada en su defensa, poco después regresó a su lectura mientras que su compañera solo resoplaba y cruzaba los brazos.
Estuvieron en silencio un rato hasta que Yûki Takahashi salió de su habitación, ya se había bañado y cambiado de ropa.
—Creo que su compañero no va a despertar hasta mañana —dijo.
Neji sintió que había sonreído, pero nada en su rostro se movió realmente, no culparía a Lee si no se levantaba de la cama en los siguientes cinco días, aunque siendo él de quien se trataba, seguramente estaría listo para la mañana siguiente dando saltos de un lado a otro.
Vio al chef panadero ir directo a la puerta de Ayame y llamar un par de veces.
—¿Qué sucede? —preguntó la chica con su voz llorosa.
En realidad, ella era la única que estaba completamente devastada, al ser su responsabilidad el dirigir al equipo, el fracaso recaía en ella, pero así eran las cosas, a veces se ganaba y a veces no, y ese tipo de concursos eran verdaderamente subjetivos porque no se habían establecido parámetros de calidad o técnica, solo quizás sabor y presentación.
—Necesito hablar con usted —respondió el cocinero.
Hubo un momento de silencio, pero al final la chica abrió la puerta dejándole pasar.
Ayame se sentó en la cama con los puños sobre el regazo y la mirada baja. Yûki cerró la puerta a su espalda y se recargó en ella.
—El día en que Kento-san fue llevado al hospital, nosotros ya sabíamos que usted debía de ir en su representación. Por alguna razón que en su momento no comprendí, había dejado muy en claro que usted sería su reemplazo en caso de que algo le sucediese a él. Yo no estaba de acuerdo, en primer lugar, porque me parecía algo excesivo el que pensara en tener un percance unos días antes del concurso, y en segundo, porque en el restaurante tenemos gente más capacitada, con más experiencia que una camarera, sin embargo, su postura fue inamovible, y me irritó el imaginar que la había escogido porque es su novia.
Ayame soltó más lágrimas sin atreverse a aclarar nada.
—Lo siento tanto, Yûki-san.
Él no le dio importancia a su disculpa y siguió hablando.
—Después de que dejé el hospital, poco antes de llegar al Kento-Umai para revisar que se hubieran hecho las reparaciones posibles y recibir las reservaciones que teníamos para ese día, fui llamado a presentarme ante la quinta maestra Hokage, y entonces comprendí lo que sucedía.
Yûki caminó un par de pasos y sacó de entre su camisa un sobre, debió inclinarse y tomar el mentón de la joven para obligarla a levantar la vista.
Sus enormes ojos marrones estaban irritados y llorosos, tenía la nariz constipada y las mejillas encendidas, con todo eso, parecía unos años más joven de lo que era, como una chiquilla de diez u once años.
—Tsunade-sama me dijo que Kento-san estuvo en la academia ninja, pero debido a un problema con su corazón, no pudo continuar su entrenamiento. Así que entró como aprendiz en el comedor de la Torre Administrativa, siguió ese camino desde entonces. Jiraiya-sama lo reclutó cuando consiguió su licencia Fugu, y encontró una forma de servir a Konoha, aunque nunca tuviera un Hitai-ate, se convirtió en informante y espía. Desafortunadamente, él cree que ha sido fue descubierto, por eso volvió a la aldea para abrir el restaurante y la escuela, solo que no fue suficiente, así que organizó su propio ataque para que sus perseguidores asumieran que había sido un juego sucio para esta competencia, y debido a su inminente retiro de la vida pública, le dejaran en paz.
El labio inferior de Ayame tembló un poco, no imaginaba que las cosas habían sido exactamente de esa manera.
—Tsunade-sama me dio esto —no pudo evitar el resoplar un poco —, dijo que cuando perdiéramos se lo entregara, y me dio instrucciones sobre lo que tenía que hacer después.
Ayame gimió no pudiendo evitar su expresión de desconcierto, Tsunade, la quinta maestra Hokage había asegurado que perderían.
Diciendo eso, el hombre le entregó el sobre con su nombre escrito con tinta negra.
—Ahora comprendo todo lo que ha pasado. Aunque sé que he sido engañado, Kento-san sigue siendo exactamente la misma clase de persona que siempre he creído que es: alguien comprometido con la aldea, para quien la fama y el reconocimiento no es un objetivo, y que presta su talento para cambiar el mundo a bien. Usted es así también, Ayame-san, aunque tiene aspectos que me desagradan en una mujer, estos días he pensado mucho al respecto, y si alguien es digna de tomar el lugar de Kento-san, sin duda es usted, por eso cambié el postre. No me interesa el Daimyō ni sus crisantemos, hice un iris, un lirio para usted. La flor de la confianza.
Ayame se llevó una mano a la boca para no sollozar y trató de limpiarse la nariz con la manga, pero continuó en silencio.
—Lea la carta de Tsunade-sama, por favor.
Así lo hizo, aunque con los ojos tan hinchados como los tenía, le costó trabajo.
—Ya he redactado las cartas de recomendación— dijo el cocinero con voz queda.
Ayame abrió la boca y solo pudo proferir algo como un jadeo.
La carta de Tsunade empezaba diciendo que se aprendía más de la derrota que de la victoria, y al haber perdido, esa tarde tenía motivos para buscar ser mejor.
Le estaba pidiendo que, como había dicho Yûki, tomara el lugar de Kento y recorriera el País como aprendiz de cocinera, que observara el mundo, y sirviera a Konoha.
—Déjeme hacerlo, Yûki-san, déjeme hacer esto.
Comentarios y aclaraciones:
Espero que puedan pasar a mi deviantart, me encuentran como "Kusubana" ¿Por qué deberían ir? Tengo al equipo el equipo de la Voluntad de Fuego del Kento-Umai. Solo por si andaban con la duda de cómo se veían los chicos.
¡Muchas Gracias por leer!
