Un cowboy por navidad

Esta historia es una adaptación.

La historia original de Tess Curtis.

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 17

No está registrada

—No hay nadie registrado con ese nombre —le dijo por segunda vez Saul, el dueño del hotel del lago Ennis, donde teóricamente debía estar alojada Bella.

—Es imposible, me dijo que estaría aquí —afirmó Edward tragando saliva, temiendo que hubiera desaparecido sin más.

—Lo siento. —Se encogió de hombros el dueño del hotel.

—Ella tenía una reserva —afirmó de nuevo Edward.

—Esa señorita no está.

—Pero la reserva sí, aunque no se haya ocupado, debe haber dejado su teléfono, su dirección o al menos su correo electrónico.

—Lo siento, jovencito —dijo condescendiente Saul, hablando con el aplomo de sus casi setenta años—. Son datos que no podría facilitarte.

—Saul, es muy importante que contacte con ella.

— ¿Cómo de importante? —preguntó el dueño del hotel inclinando la cabeza.

—Mucho. Por favor, me conoces, sabes que no soy un delincuente, no voy a perseguir a esa mujer.

— Pues no se me ocurre otra idea de para qué necesitas esos datos de ella —dijo suspicaz.

—Necesito hablar con ella.

—Lo siento, va en contra de varias leyes federales.

Edward dio una vuelta sobre sí mismo, resoplando y mesándose el pelo. No sabía nada de ella y la única información que podría usar para contactar le era negada.

—Gracias —dijo duramente, girando sobre sus talones para salir por la puerta del local.

— ¿Dónde has dejado a la señorita hoy? —le preguntó Zach, sentándose a su lado en la barra de la cafetería del pueblo.

—Hola, Zach —saludó con desgana—. Me temo que no volveremos a verla.

— ¡Vaya! Siento oír eso, muchacho. ¿Puedo preguntar qué ha pasado?

Edward se frotó los ojos para acabar soltando el aire retenido antes de responder.

—Jane fue a verme, nos vio juntos y pensó que había algo entre ambos. Se fue como alma que lleva el diablo una hora más tarde, sin dejarme explicarle la situación. Pensé que se iba al lago Ennis, donde ella tenía una reserva y podríamos hablar al día siguiente cuando estuviera más calmada. — ¿Y no ha ido al lago Ennis?

—No. Debe haberse marchado sin más.

— ¿Has hablado con Saul?

—Saul no quiere violar las leyes federales dándome sus datos.

—Ese vejestorio no tiene sentimientos. Estoy deseando que se jubile y traspase el negocio.

—Brindo por eso —dijo Edward, levantando la taza de café.

— ¿De verdad no tienes ningún dato de ella? ¿Ni siquiera su teléfono?

—Sabes que en la cabaña no hay red. Solo sé que vive en Helena y trabaja en la consulta de un quiropráctico.

—No es mucho.

—No es nada.

Zach observó a Edward. Estaba nervioso y preocupado. Lo cierto era que hasta el día en el que los vio en la cafetería, nunca le había escuchado hablar o comentar acerca de Bella o de la posibilidad de que estuviese viendo a alguien. Pero en cuanto los vio juntos supo que había algo muy fuerte entre ambos, y el comportamiento de Edward en aquel momento no dejaba lugar a dudas.

Aquella mujer le había calado hondo y la había perdido. No era justo. La vida no era justa con aquel muchacho desde hacía demasiado tiempo.

—Debo volver al trabajo —anunció Zach tras apurar su café.

—Yo invito —le dijo Edward, posando la mano sobre las del capataz para detener la apertura de su cartera. Zach sonrió y se la volvió a guardar.

—Te diré algo, muchacho. Sé que no te gustan estas fechas, pero cuando la Navidad sale mal, siempre puedes confiar en el milagro de Año Nuevo.

—En algo tienes razón, Zach. No me gustan estas fechas. En milagros, ya no creo. En ninguna época del año.

Zach le apretó el hombro en señal de afecto y, sin decir nada más, se dirigió hacia la puerta del local para salir.


¡Especial de navidad!

Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)

Nos vemos.