Un cowboy por navidad
Esta historia es una adaptación.
La historia original de Tess Curtis.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 20
La encerrona
Era la hora indicada y acababa de estacionar su vehículo frente al restaurante. Zach estaba al lado de la puerta, esperándola. ¿Qué le podría decir que la hiciera cambiar de opinión? Se temía que nada. Pero no hacía nada malo escuchándolo y tampoco tenía un plan mejor para comer. Por no hablar de que probablemente dentro de poco ni siquiera se podría permitir salir fuera a comer. La clínica cerraba en apenas un par de semanas. Y ella tendría que buscar otro trabajo.
Saludó a Zach cordialmente y entró delante de él en el local. Al llegar a la mesa pudo ver que había otra persona sentada a ella. Una ancha espalda que conocía demasiado bien. Era una trampa.
—Aquí estamos —anunció Zach.
Edward lo miró y a su vez se sorprendió al ver que no venía solo, sino que Bella estaba al lado del capataz.
—Bella —susurró su nombre en un suspiro de felicidad, levantándose de la silla, nervioso y con el corazón cabalgándole en el pecho al ser consciente de que estaba frente a él, tangible y cercana, algo que había pensado que nunca volvería a suceder.
— ¡Vaya! Debí haber sabido que era una trampa —dijo con disgusto ella, dándose la vuelta para salir de allí.
Una mano la asió de la muñeca deteniéndola.
—Por favor, señorita. No tiene nada que perder —dijo Zach.
—Deja que se vaya si es eso lo que quiere —dijo Edward en un tono amargo que no le pasó desapercibido a Bella.
—No, no voy a dejar que se vaya nadie de aquí. Vais a hablar. Tú le vas a explicar todo lo que tienes que explicarle y ella te va a escuchar. Una vez hayáis terminado de hablar, cada uno seréis libres de hacer lo que os plazca, pero, hasta entonces, más vale que os pongáis cómodos, porque de aquí no va a salir nadie. Yo estaré en la barra sin perderos de vista.
Zach se llevó dos dedos a los ojos y los señaló a ambos con un gesto que indicaba que estaría vigilándolos de cerca, aunque les daba cierta privacidad para que hablasen.
Edward se rindió y tomó asiento de nuevo. Bella se sentó frente a él imitándolo. Llegados a aquel punto lo mejor sería sentarse y escuchar lo que tuviera que decir el último hombre que le había roto el corazón.
—Lo siento, te prometo que no sabía nada de todo esto —dijo Edward de forma sincera.
Zach le había conseguido el número de teléfono de Bella, pero una vez que supo que era él quien la llamaba, se había negado en banda a prestarle atención y luego lo había bloqueado. Y aquello era algo que Edward respetaba, por más que supiera que era totalmente injusto, dadas las circunstancias. No estaba en sus planes hacerle una encerrona o perseguirla hasta su hogar, como había hecho el capataz.
—Di lo que tengas que decir, quiero terminar con esto —le dijo Bella, mirándose las manos, cruzadas sobre el mantel de la mesa.
Le hacía daño mirar a Edward, tan alto, tan guapo y tan atractivo. Ahora estaba frente a ella y temía que sus ojos delataran lo que seguía sintiendo su corazón al tenerlo tan cerca de nuevo.
Temía que al mirarlo a los ojos, su cuerpo le traicionase y rendirse ante él con solo un par de excusas vanas que soltase para exculparse.
—Si te quieres ir, puedes hacerlo, yo me ocuparé de Zach —dijo él, viendo la incomodidad de ella.
—Ya que parece que Zach se ha tomado tantas molestias, quiero saber qué es eso que él cree que me debes contar.
—La persona a la que viste se llama Jane y es mi ex mujer. —Edward se lanzó al vacío abriendo su corazón, a pesar de que sabía que Bella no estaba nada receptiva a él.
—Quizá debas volver con ella.
—No voy a volver con ella, ni ahora ni nunca. Bella, no sé cuánto viste aquella mañana, pero sin duda lo has malinterpretado.
Bella levantó la cabeza y lo miró a los ojos con furia.
— ¿Crees que puedo malinterpretar algo cuando veo a dos personas que se están besando? ¿En serio?
Edward supo que tenía razón y suspiró, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—Sé que va a sonar estúpido, pero aquello fue un impulso y un error. Por favor, créeme.
—Cómo no —dijo sarcástica.
—Justo después de eso le dije que había conocido a alguien, le hablé de ti.
—Creo que me voy a ir —dijo levantándose de la silla. Se sentía engañada y lo que le estaba contando era una estupidez.
— ¡Bella! —Se levantó él a su vez para llamar su atención antes de que se pusiera el abrigo y saliera por la puerta—. Admito mi error, pero me gustas y me gustaría que me dieses una oportunidad.
Bella lo miró con tristeza antes de irse sin decirle una sola palabra más, a ella también le gustaba él, demasiado, había dejado su corazón en aquella cabaña cercana a McAllister en tan solo unos días.
¡Especial de navidad!
No puedo creer lo rápido que pasa el tiempo! Ya estamos a 20 chicas, 20!
No soy perro pero Wow, simplemente wow JAAJAJ
Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)
Nos vemos.
