Un cowboy por navidad

Esta historia es una adaptación.

La historia original de Tess Curtis.

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 21

Una nueva visita

—Pensaba que no iba a volver a saber nada de vosotros —dijo una molesta Bella al abrir la puerta de su apartamento y encontrarse delante de sí a Zach.

—Y yo pensaba que ibas a escuchar lo que tenía que decirte ese muchacho —le recriminó Zach. — Escuché suficiente y siento ser tan desagradable, pero si es necesario llamaré a la policía, no es de recibo que me sigas hasta mi casa. Esto se llama acoso.

Bella trató de cerrar la puerta, pero se topó con la bota del capataz en su camino, que la mantuvo abierta.

Zach la observó, sin lugar a dudas, aquella muchacha había estado llorando. Su visita no sería en vano, ni el traicionar la confianza de Edward para contarle lo que él no hizo, esperaba que tampoco lo fuera.

—Eres más terca que una mula, jovencita —le espetó Zach—. No te das cuenta de que ese hombre está loco por ti. Es posible que no lo sepas, porque no llevas aguantándole cada día desde las últimas tres semanas con su humor de perros, solo porque decidiste bloquear sus llamadas y no le dejaste explicarse. Y ahora que teníais la oportunidad, tú sales huyendo a las primeras de cambio.

—Había escuchado lo suficiente —le repuso Bella alejándose de la puerta, para sentarse cabizbaja en uno de los brazos del sofá, viendo que aquel hombre no iba a cejar en su empeño y tendría que escuchar lo que quiera que había ido a contarle.

Zach cerró la puerta y se acercó al sofá, cogió una silla, le dio la vuelta y se sentó frente a Bella.

—No, ni tú habías escuchado lo suficiente ni él se había explicado lo bastante. Edward ha perdido mucho en la vida y, si en algo depende de mí, no voy a permitir que pierda ni tan solo una cosa más.

Bella fijó la vista en el hombre, intrigada. Zach suspiró, insuflándose aire para comenzar a narrarle lo que Edward no parecía querer verbalizar.

—Jane y él comparten un dolor muy grande —comenzó a hablar el capataz—. Perdieron a su hija el día de Navidad de hace dos años.

Bella lo miró intrigada y comenzó a unir piezas en su mente, el frasco de ansiolíticos, el humor de Edward, su disgusto a las fiestas, su reclusión en aquella cabaña aislada, el dolor que había llegado a ver en él cuando le dijo que había perdido a alguien…

—Zoe era apenas un bebé de dos años de edad, tenía un problema genético incompatible con la vida. A pesar de ello y en contra de los pronósticos de muchos de los doctores que la vieron, vivió dos años. Tiempo en el que Edward y Jane pasaron de ser personas ciertamente acomodadas a perderlo todo, gastaron todo lo que tenían en los tratamientos de la pequeña, intentando que algún día pudiera ser una persona relativamente autosuficiente. Una niña que apenas estuvo en casa durante una semana a lo largo de toda su vida.

—Edward nunca me dijo nada al respecto —suspiró Bella.

—Edward está harto de que la gente lo mire y lo trate con pena, lo sé. Y estoy más que seguro a que es lo que ha evitado hacer contigo.

—Yo nunca habría hecho eso.

—O quizá sí. ¿Quién lo sabe? —Zach se encogió de hombros—. Esme, la madre de Edward, llamó a Jane para que fuera a verlo, estaba preocupada por él, no quiso pasar las fiestas en el rancho y se aisló. Su madre estaba realmente asustada de lo que pudiera llegar a hacer. Las anteriores fiestas no fueron mucho mejor, pero al menos las pasó con la familia.

Bella se encontraba aturdida ante toda aquella información. Tenía cientos de preguntas en su mente y maldecía a Edward por no haber confiado en ella. Se puso de pie y se fue al lado de la ventana para mirar por ella hacia la calle.

—Entre Edward y Jane ya no hay nada, muchacha —continuó hablando Zach—. Ni lo habrá nunca más. Solo está ese dolor que ambos comparten y por el que evitan tan siquiera verse. Si Esme no la hubiera llamado, ella ni siquiera hubiera venido. Y si yo le hubiera dicho a mis jefes que os encontré en el pueblo a tiempo, esa visita no se habría producido. Pero quise respetar la intimidad de Edward. Y ahora soy parte culpable de todo este embrollo.

Zach terminó su alegato y se levantó de la silla, colocándola en su lugar inicial.

—Por eso estás tratando de solucionarlo por todos los medios —dijo Bella comprendiendo la insistencia del capataz.

—Por eso —afirmó Zach—. Y porque aunque fuera mi hijo, probablemente no podría tenerle más aprecio a ese muchacho. Merece de una vez por todas tener la oportunidad de ser feliz.

— ¿Te vas? —preguntó Bella al ver cómo se dirigía hacia la puerta.

—Ajá. Mi misión ha terminado. Solo quiero que recapacites al respecto y tomes una decisión. Tienes su teléfono y sabes dónde encontrarnos en McAllister —terminó de decir con la mano en el pomo de la puerta antes de abrirla.

—Gracias, Zach —dijo ella en apenas un hilo de voz, confundida y arrepentida de cómo había tratado al hombre, del cual ahora no dudaba de sus nobles intenciones.

Zach sonrió suavemente y puso dos dedos en el ala de su sombrero a modo de despedida antes de salir y cerrar la puerta tras él.


¡Especial de navidad!

Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)


¡Subí nueva reseña al blog! En esta les hablo sobre la trilogía Elementos Oscuros, vayan y denle una oportunidad pliss

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Nos vemos.