Hola ¿como estan? Yo bien, terminando el semestre. Espero que no me quede ninguna materia, por estar todo el día leyendo novelas. Recen por mí.


Pareja:Yui y Yuma

Capítulo IV

Sexo y chocolate

—Él era mi tío favorito. El buen viejo tío Willie. Estoy seguro de que voy a extrañarlo.

Rodé mis ojos y me bebí lo que quedaba de mi cerveza, escuchando a mi mejor amigo Drew en el taburete junto a mí, tratando de levantarse a una de las meseras.

—Ooooooh, pobrecito. Debes estar muy triste —dijo ella, tragándose toda su mierda y pasando las manos por su cabello.

—Estoy devastado. Prácticamente excitado con dolor.

—¿Qué dijiste? No te pude escuchar por la música —gritó.

Solté un resoplido y miré sobre su cabeza para hacer contacto visual con Drew, dándole una mirada que claramente decía: "No puedo creer las palabras que están saliendo de tu boca." Con un beso en su mejilla y un golpe en su culo, se separaron y él giro sobre su taburete para tomar un trago de su bebida.

—Tu tío Willie murió hace dos años. Y lo odiabas —le recordé a Drew.

Golpeó su cerveza sobre la barra y se volvió para mirarme.

—¿Has olvidado lo increíble que era "Wedding Crashers", Shu?

El duelo es el afrodisíaco más poderoso de la naturaleza, mi amigo. Drew había sido mi mejor amigo desde el jardín de niños, y sin embargo, a veces, las cosas que me decía me asombraban. El hecho de que era un buen amigo y que estaba aquí para mí en mi momento de necesidad, me ayudaba a pasar por alto su comportamiento desagradable de prostituto la mayor parte del tiempo. Drew llamó al mesero otra vez y ordenó dos tragos de tequila. A este paso, me iría a casa en una camilla. Mis órganos comenzaban a cerrarse por el licor corriendo en mis venas en vez de sangre y estoy bastante seguro de que había una pequeña persona en mi cerebro susurrando las palabras de "Ice Ice Baby" y jugando con mi visión.

Drew y yo trabajábamos para la misma planta automotriz y fuimos recientemente transferidos de la planta en Toledo hacia la que se hallaba a un par de horas en Butler. Compartíamos un apartamento en Toledo, pero después de dos años de escucharlo pasar por las páginas blancas, las páginas amarillas, y ocho directorios de negocios dentro de un radio de dieciséis kilómetros, decidí que no compartir un espacio pequeño con él era una necesidad. Todavía tengo un montón que desempacar en la pequeña casa de estilo rancho que alquilaba y comenzaba a arrepentirme de dejar a Drew convencerme de ahogar mis penas en el fondo de una botella. Me conocía demasiado bien y sabía que si yo estaba en casa, no desempacaría. Estaría allí sentado solo, mirando una foto de mi ex preguntándome porque diablos gasté tantos años con ella.

El mesero nos vertió los tragos, dejándolos rebosar y Drew tomó ambos, dándome uno y levantando el suyo en el aire. De mala gana hice lo mismo con el mío y traté de enfocarme en mantener mi mano firme mientras que la habitación se inclinaba a un lado. La mano vacía de Drew voló y me agarró por el codo, dejándome en posición vertical y derramando un poco del trago en mi mano. Ups, supongo que era yo el que se inclinaba, no la habitación.

—Antes de que tu cara caiga del taburete, cabrón, me gustaría hacer un brindis. Por mi mejor amigo Shu. Que nunca sea víctima de otra puta caza fortunas.

Nos bebimos nuestros tragos y golpeamos los vasos en la barra.

—Gracias por no follártela, amigo —murmuré, tratando de no pronunciar mal.

—Amigo, en primer lugar, nunca me follaría a ninguna chica por la que estuvieras remotamente interesado, mucho menos salir en citas por un largo periodo de tiempo. Y segundo, nunca podría aceptar una proposición de esa puta. No le haría eso a mi pene. Él no ha hecho nada malo y no merece el castigo de su vagina.

Suspiré, golpeé mis codos sobre la barra y apoyé la cabeza en mis manos.

—Mi pobre pene. Debería comprarle un regalo —murmuré para mí mismo.

Descubrir que mi novia de dos años me engañaba, dos días antes de que se supusiera que íbamos a vivir juntos y comenzar una nueva vida, era un gran dolor en mi culo. Y mi pene. La consejera del dolor de Drew, la mesera, volvió para consolarlo e interrumpió mi fiesta de lástima de mi pene. Al mismo tiempo, una ráfaga de aire me rodeó cuando alguien pasó rápidamente, sus zapatos hacían clic en el suelo de madera. Respiré justo en ese momento y el olor del chocolate me abrumó e instantáneamente me transportó en el tiempo hasta hace cinco años.

Flash Back.

—Mmmmm hueles tan bien. Como a galletas con chispas de chocolate —murmuré con voz ronca y excitada mientras atraía su cuerpo increíblemente suave contra el mío.

Guau, no tiene huesos. Para nada. ¿Dónde demonios están sus huesos? ¿Todavía estoy ebrio? ¿Me acosté con una muñeca inflable? ¿De nuevo? Abrí los ojos, uno a la vez, así los rayos del sol brillando en la habitación no me cegarían. Una vez que mis ojos se ajustaron a la luz, miré hacia abajo y gemí. No, no ebrio, sólo abrazando una almohada. Solté la almohada, rodando sobre mi espalda y lanzando mi brazo hacia un lado para mirar hacia el techo.

Se había ido. Y ni siquiera sabía su nombre. ¿Qué clase de idiota era? Sin embargo, a ella tampoco le interesaba mucho saber mi nombre, así que supongo que estamos a mano. Estando tan borracho como lo estaba anoche, podía recordar cada segundo. Cerré los ojos y puse en mente lo genial que se veía su culo en esos vaqueros, el olor de su piel, el sonido de su risa y la forma en que su cuerpo se sentía como si estuviera hecho para encajar contra el mío. Examiné cada recuerdo que tenía, pero por alguna razón, su rostro no vendría a enfoque sin importar cuánto lo intentara. Maldición, ¿cómo iba a encontrarla si no podía recordar su rostro y no sabía su nombre? Era el rey de los imbéciles. Sabía que era hermosa, incluso aunque no podía recordar todo. Su piel era suave y su cabello se sentía como la seda y sus labios en mí podían hacerme gemir como una chica. Y lo mejor de todo, me hacía reír. No muchas chicas me hacían reír. Nunca entendían mis bromas o estaban demasiado tensas para mi sentido del humor. Pero ella me entendía.

Anoche obviamente no fue mi mejor ejecución. Espero por Dios que no haya tenido la polla floja y que fuera capaz de, al menos, levantarla y mantenerla erecta. Mierda. Probablemente salió corriendo de aquí tan rápido como pudo esta mañana porque fui un asco. Nunca antes tuve una aventura de una noche; no sabía cuál era el protocolo para algo como esto. ¿Estaría mal si la busco? Incluso si ella no quería nada conmigo, necesitaba al menos disculparme por mis espantosas habilidades de anoche. Y a decir verdad, sólo quería verla de nuevo. Quería saber si era real o si sólo imaginé lo perfecta que era. Tomé la almohada y la traje a mi cara, respirando profundamente el olor del chocolate y sonriendo.

Podría no recordar todo, pero recordaba su olor. Era como chocolate caliente en un día frío de invierno, un pastel de chocolate horneándose en un horno en una tarde lluviosa…

Oh Dios mío, sueno como una chica. Necesito ver un poco de ESPN y meterme en una pelea de bar, pronto.

El sonido del agua corriendo del inodoro en el baño me tuvo levantándome rápidamente en la cama. ¡Mierda! ¿Esa era ella? Levanté las piernas alrededor de la cama y comencé a levantarme justo cuando la puerta se abrió.

—Joder amigo, ni se te ocurra dormir en una bañera. Esa mierda es para los pájaros. Mi culo me está matando —se quejó Drew mientras se arrastraba hacia la cama, se dio la vuelta y dejó que su cuerpo cayera al final, estableciéndose después de unos rebotes. Lanzó el brazo sobre sus ojos y gruñó.

—¿Por qué demonios la mañana tiene que venir tan temprano? —gimió.

Suspiré decepcionado, sosteniendo la manta en el lugar así podría inclinarme y agarrar mis vaqueros que se hallaban arrugados en el suelo con mi bóxer todavía metido dentro de ellos.

—Nunca voy a beber de nuevo —prometió.

—Dijiste eso la semana pasada —le recordé mientras arrojé la manta para poder ponerme mis vaqueros.

¿Qué. Demonios?

—Oh mierda. Maldita mierda. Puta madre de las bolas de mierda.

Esto no puede ser bueno. Esto en serio, en serio no puede ser bueno.

—¿De qué te quejas allí, Nancy? —preguntó Drew mientras quitaba el brazo de los ojos y se sentaba.

—Mi polla está sangrando. Drew, ¡MI POLLA ESTÁ SANGRANDO!

Chillaba como una chica. Lo sabía, lo sabía, muy pronto toda la casa lo sabría. Pero mi polla sangraba. ¿Me escucharon? Mi puta polla estaba jodidamente sangrando. ¡MIERDA! No se supone que sangre.

NUNCA.

Pensé que iba a tener un ataque al corazón. No podía respirar. No sabía mucho, pero sabía las reglas sobre tener un pene. Regla número uno: Nunca debe sangrar. Regla número dos: No había regla número dos. NUNCA DEBERÍA SANGRAR.

¿Me acosté con una loca que decidió tallar mi polla como una calabaza en Halloween mientras dormía? O tal vez su vagina tenía dientes. Mi papá siempre solía decirme cuando era un adolescente que me mantuviera alejado de ellas, porque mordían. Pensé que bromeaba. Oh Dios, no puedo mirar. ¿Y si falta algo?

—Cálmate. Vamos a evaluar la situación —dijo Drew, cruzando una pierna sobre la otra y cruzando las manos en su rodilla—. ¿Has notado alguna de las siguientes: descarga no identificada, sensación de ardor al orinar, dolor abdominal, dolor testicular, dolor durante el sexo, fiebre, dolor de cabeza, dolor de garganta, pérdida de peso, diarrea crónica o sudores nocturnos?

Sonaba como un maldito comercial para la sífilis.

—Qué asco, amigo, no. Sólo tengo sangre en mi polla —respondí irritado, señalando el problema pero negándome a mirar.

Se inclinó y miró hacia mi regazo.

—Se ve bien para mí —dijo encogiéndose de hombros mientras se levantaba—. Probablemente te tiraste a una virgen.

Me quedé allí con mi polla sangrante y no infestado con clamidia sacudiéndose con la brisa y mi boca se abrió. ¿Una virgen? Eso no puede estar bien. Miré hacia abajo a mi regazo y miré de cerca. Bueno entonces no era la masacre sangrienta que originalmente pensé que vi. Mi polla no había sido masacrada como en la Masacre de Texas. Sólo había unas pocas rayas rosadas. Sin embargo, usé condón. ¿Cómo demonios algo como esto pasó? Usas esas malditas cosas como balones de agua en la escuela y no podías hacer que explotaran incluso si las tirabas en una cama de clavos. La única vez que necesitas que se queden en una sola pieza deciden decir "que se vaya a la mierda". Era como la anarquía del condón.

Pero más importante: ¡Mierda! ¿Por qué ella me dejaría tomar su virginidad? ¿Por qué rayos me daría algo como eso, cuando era un completo borracho y ni siquiera podía hacerlo un poco agradable para ella? Que fracaso épico. Probablemente le arruiné el sexo para siempre. Probablemente está pensando: "¿En serio? ¿Para eso es que esperé? Que broma."

—Tengo que averiguar quién es ella. Necesito disculparme —murmuré, levantándome y poniéndome mi bóxer y vaqueros.

—Guau, amigo. ¿Ni siquiera sabes su nombre? Guau, eres un idiota —dijo Drew con una risa, dirigiéndose a la puerta de la habitación y abriéndola.

Tiré de mi camisa sobre mi cabeza y luego lo seguí, saltando en un pie para ponerme mis zapatos.

—Gracias por hacerme sentir mucho mejor Drew. En serio. Eres un amigo estelar —dije sarcásticamente mientras nos abríamos camino a través de una casa llena de borrachos desmayados.

—Oye, no es mi culpa, tú te acostaste y la abandonaste, hermano —afirmó mientras daba un paso gigante sobre una chica desnuda usando sólo un sombrero y abrió la puerta principal.

—No me acosté y la abandoné. En caso de que no te dieras cuenta, desperté solo en la cama esta mañana.

—Con un pene sangrante —añadió, caminando por las escaleras del porche.

—Con un maldito pene sangrante —repetí con un gruñido—. Mierda. Tengo que encontrar a esta chica. ¿Crees que esté mal si le pido a tu papá que use sus recursos de detective privado para averiguar quién es?

El papá de Drew abrió su propia agencia de investigaciones privadas hace un par de años cuando decidió seguir las reglas del departamento de policía que no encajaban con su apretada agenda.

—¿Estás preguntándome si es éticamente incorrecto o si pienso que está mal? Porque esas dos son preguntas muy diferentes, mi amigo —respondió mientras cruzábamos la calle y nos metíamos en su auto estacionado en la acera. Si Drew pudiera convencer a su padre de alguna forma…

—Tengo que encontrarla, Drew —dije mientras él encendía el auto.

—¡Entonces la encontraremos, mi pequeño ladrón de virginidad!

Fin del Flash Back.

—Nunca la encontramos, ¿cierto, chico grande? —le murmuré a Drew, quien asumí que seguía sentado a mi lado.

—¿Estás hablando con alguien en particular o las copas de tequila usualmente responden? —contestó una voz que no sonaba a Drew.

—Ahora, dirijan su atención a lo que está sosteniendo Yui, que se llama "Purple Pussy Eater", tiene cuatro velocidades: Sí, más, más rápido y santas bolas, también tiene un estimulador del punto G, asegurando satisfacer a su fantasía. ¿Podrías levantarlo un poco más para que todos lo puedan ver, Yui?

Liz me dio una mirada que claramente decía "agáchate para poder meter esto en tu culo" antes de elevar el pene de goma por encima de mi cabeza sin ningún entusiasmo. El salón se llenó de mujeres completamente destrozadas gritando de emoción y rebotando en sus asientos cuando levanté el brazo, como si la cosa que tenía en mi mano sobre mi cabeza fuera el pene real de Brad Pitt. Es de plástico, gente. Y está lleno de baterías doble A, no de esperma.

—Adelante, pasea para mí,Yui —dijo Liz dulcemente mientras metía la mano en su maleta para una nueva barra de goma.

Sostuve mi brazo sin vida frente a mí hacia donde se encontraba sentada la borracha más próxima a agarrarlo, pero estaba demasiado ocupada quejándose de que el esperma de su marido siempre sabe a ajo. Por favor, Dios no me dejes nunca encontrarme cara a cara con este hombre, te lo ruego. Voy a mirar a su entrepierna y ver dientes de ajo estallando de su polla.

—Lara —dije, tratando de llamar su atención, para que pudiera tomar este vibrador de mi mano.

—Yui, recuerda utilizar su nombre intimo divertido! —me recordó Liz en una voz asquerosamente dulce que empezaba a hacer sangrar mis oídos.

Apreté los dientes y me imaginé levantando el brazo hacia atrás y arrojándole el falo falso en su frente para que tuviera una marca de polla permanente en la cabeza justo en el medio de la cara, y así la gente señalaría, se reirían y preguntarían: "¿Es una marca de nacimiento?" No, es una marca de polla.

—¿Disculpe, "Lara Labios Sensuales"? —dije cortésmente tratando de no vomitar en mi boca.

En realidad, ¿era necesario que todo el mundo llegara con un estúpido apodo? Eso fue lo primero que Liz hizo que todos hagan cuando llegué aquí. Vamos con un apodo sexual, utilizando la primera letra de su primer nombre. Y sólo se les permitía llamar al otro por esos nombres durante toda la noche. Lara Labios sensuales, Jenny Jugosa, Rachel Obsena, Tasha Tentadora...¿Quién ideó esta mierda? Oh, cierto, Liz mi ex mejor amiga. La que decidió iniciar un negocio de juguetes sexuales sin decirme y me engañó para que trabajara para ella.

Tendría que haberme dejado inventar los nombres. Tasha Cara de Coño, Jenny Contenedora de Esperma, Lara Labios Vaginales Fácil... esos nombres me hacen querer meterme un lápiz en el ojo. Liz terminó el resto de su estúpida fiesta mientras me imaginaba que hacía algo más que esto, como conseguir una depilación brasileña, simular un ahogo junto al Navy Seals o que mi dedo gordo del pie fuera disparado a quemarropa por el inicio de una pandilla. Cualquier cosa sería preferible que hablar con extraños de lubricación, pinzas para pezones y bolas anales.

Una hora después, mientras nos dirigíamos a la barra le di el tratamiento del silencio. Me ofrecieron un turno extra esta noche que no podía dejar pasar y Liz iba a hacerme compañía entre los clientes. Sólo debía abrir la puerta del coche y tirarla del vehículo en movimiento por lo que hizo esta noche, pero no quería arruinar el automóvil de otra persona si le pasaban por encima.

—No puedes ignorarme para siempre, Yui. Deja de ser una idiota —se quejó.

—Hablando de eso... ¿en serio, Liz? ¿Fiesta de juguetes sexuales? ¿En qué momento de nuestra amistad pensaste que podría ALGUNA VEZ vender Coños de Bolsillo para vivir? Y otra cosa, Coños de Bolsillos,¿qué tipo de hombre necesita algo que se llama Coño de Bolsillo? ¿Los hombres necesitan tanto soltar su semilla en su hábitat natural que tienen que pegarse una vagina falsa en su bolsillo para que puedan sacarla de repente en cualquier momento?

Liz rodó los ojos y me resistí a la tentación de atravesar el compartimento y perforarle la vagina. Perforador la Vagina: cuando un toque no es suficiente.

—Yui, deja de ser una reina del drama. No espero que puedas vender mis juguetes sexuales para siempre, sólo hasta que pueda contratar a algunos consultores más. Piénsalo, esta es la oportunidad perfecta para nosotras. ¿Qué fue lo que notaste que le faltaba a la fiesta esta noche? —preguntó, volviéndose hacia un lado en su asiento para mirarme mientras yo tomaba la salida hacia el bar.

—Dignidad —le contesté secamente.

—Graciosa. Los bocadillos, Yui. Buenos bocadillos. Tenían platos de patatas fritas, galletas empaquetados y suficiente licores para ahogar a un caballo. Estas son mujeres con dinero. Dinero que no les importa tirar en Coños de Bolsillo para los maridos que no quieren joder más o estimuladores del clítoris para el "amigo" del marido que nunca les ha dado un orgasmo. ¿Qué va mejor con el sexo que el chocolate?

Sexo y chocolate. Mi chocolate. Mi cubierta de chocolate delicioso que no podía vender tan a menudo como me gusta porque como madre soltera que trabaja en un bar, es difícil. A la mayoría de la gente por la que me rodeaba le preocupaba más qué comprar la próxima ronda en lugar de qué tipo de postres tiene que llevar a su próxima fiesta.

—El edificio que alquilamos tiene el potencial de convertirse en dos espacios separados. Uno de ellos, con una cocina —continuó Liz—. Una cocina muy grande donde puedes realizar tu magia y cuando las mujeres vayan a reservar sus fiestas, pueden pedir platos de postres al mismo tiempo.

Aparté mi mirada de la carretera el tiempo suficiente para mirar a Liz, esperando ver una sonrisa sarcástica en su rostro y a que ella dijera "¡Es broma! Sin embargo, ¿no sería genial?" Cuando no sucedió y permaneció sentada en su silla mirándome con expectación, parpadeé para contener las lágrimas que no me di cuenta se formaron en mis ojos.

—¿De qué estás hablando? —le susurré con voz temblorosa en el coche oscuro.

—Bueno, he hecho algo grande. Algo que probablemente va a molestarte porque vas a pensar que es caridad o piedad, pero en realidad, lo único que hice fue poner las cosas en marcha. El resto depende de ti —explicó—. He buscado por todas partes un edificio para mi negocio y todos los lugares que veo son demasiado grandes o demasiado pequeños y demasiado caros. Mi agente inmobiliario me llamó hace unas semanas y me dijo que los propietarios de Bakery Andrea en Main Street necesitaban un poco de dinero y querían vender su espacio lo más rápidamente posible, retirarse y trasladarse a Florida. Fue como una señal, Yui. El precio era bueno, la ubicación es perfecta y es exactamente lo que siempre hemos soñado, menos todo lo de compartir el pene de Justin Timberlake. Con un muro de yeso, tendremos suficiente espacio para dos negocios contiguos: Mis juguetes sexuales y tus postres.

Me mordí el labio para detener el llanto. Nunca lloraba.

—Pero quería compartir el pene de JT contigo —le dije con una mirada triste, tratando de quitarle seriedad a esta situación antes de que empezara a llorar feo.

A nadie le gusta un llanto feo. Es incómodo para todas las partes involucradas. Después de unos minutos de silencio en el coche oscuro, Liz no pudo soportarlo más.

—¿Quieres decir algo?

Dejé escapar un suspiro enorme y traté de calmar mi acelerado corazón.

—Liz yo no... no puedo creer... el dinero... —Puso la mano en mi brazo cuando nos detuvimos en el estacionamiento de Fosters.

—Todavía no me rechaces con un comentario estúpido. Tómate tiempo y piénsalo. Sabes que el fondo fiduciario que me dejó mi abuelo ha estado haciendo un agujero en mi bolsillo, así que ni siquiera vamos a hablar de dinero en estos momentos. Háblalo con tu papá, ven y echa un vistazo a la cocina en la tienda y luego hablaremos. Mientras tanto, vas a llevar tu culito caliente al bar y servirme unos cócteles. Tengo unos nuevos productos para probar con Jim después de que tu padre recoja a Takumi —dijo con un guiño antes de salir del coche.

Me quedé allí durante unos minutos después de que saliera,preguntándome qué demonios acababa de pasar. Mi mejor amiga siempre fue una fuerza de la naturaleza, pero esto es algo que desafía la lógica. ¿De verdad me compró un negocio? Con cada paso de mi vida, sentí como si hubiera dado giros equivocados. Nada pasó como lo planeé. Quería esto más que nada, pero una parte de mí tenía miedo de elevar mis esperanzas. Quién sabe, aunque tal vez las cosas buenas por fin empiecen a suceder en mi vida.

Miré el reloj del salpicadero y me di cuenta de que pasé demasiado tiempo sentada en mi coche y ahora estoy retrasada para mi turno. Corrí por el estacionamiento y abrí la puerta lateral, atando mi delantal negro alrededor de mi cintura mientras me alejaba. El señor y la señora Foster han visto demasiados episodios de True Blood y recientemente decidimos que debería adoptar el mismo uniforme que Merlotte. Pantalones cortos negros y una pequeña camiseta blanca con la palabra "Fosters" estampada en verde en nuestras tetas. Podría ser peor. Al menos no tengo que asegurarme de que estoy usando suficiente "brillo" o cantar alguna versión demente de feliz cumpleaños con el resto del personal. "¡Feliz cumpleaños a ti, que bajo el efecto embellecedor del alcohol no te ves como debería muuu, feliz cumpleaños querida extraña que estás vestida como una puta, feliz cumpleaños a ti!"

Corrí detrás de Liz ya sentada en un taburete del bar bebiendo su bebida habitual de vodka de vainilla y Coca-Cola Light y saludó a TJ, el camarero que asumía el control por esta noche. Afortunadamente, los hombres no tienen que usar el mismo uniforme. No creo que pueda manejar ver a estos chicos con pantalones cortos con sus diminutas bolas peludas saliendo de los agujeros de la pierna.

En una noche lenta, habría llevado mi culo a la barra y abierto mis piernas para atravesarla, pero esta noche el lugar se encontraba lleno. Tuve que hacerlo de la manera correcta y pasar por debajo de la bisagra, la puerta abatible estaba en el extremo opuesto de la barra. Corrí pasando a algún pobre idiota borracho que se tomó la cabeza entre las manos, gimiendo, e hice una nota mental para llamarle un taxi si estaba solo.

Una vez que estuve detrás de la barra y TJ me puso al día con los clientes de esta noche y que iban a beber, se fue a casa y me puse a trabajar en los segundos tragos para los clientes habituales. Una de las camareras trajo un pedido de diez tragos del whisky más barato que teníamos. Puse los ojos en blanco y me fui al final de la barra donde se guarda todo el whisky. ¿Qué le pasa a esta gente? El whisky barato es igual a una mala resaca y a tener mierda todo el día siguiente. Empecé a alinear los tragos en mi bandeja cuando oí hablar a un borracho quejica.

—Nunca la encontramos, ¿cierto, chico grande?

Oh, Jesús. Odio a los que se derrumban. Espero que este tipo no sea un llorón. Suena lamentable. Y si vomita en mi bar, voy a frotar su nariz en él como un perro que caga en la alfombra.

—¿Estás hablando con alguien en particular o las copas de tequila usualmente responden? —pregunté, sin levantar la mirada mientras añadía unos cuantos vasos de chupito a la bandeja y agarré la botella de Wild Turkey que se hallaba debajo de la barra, tratando de no tener arcadas mientras desenroscaba la tapa y el olor asqueroso llegó a mi nariz.

Vi el Regreso del Borracho Vivo por el rabillo del ojo mientras llenaba los vasos.

—Sabes, el primer signo de locura es cuando te hablan los objetos inanimados. ¿O tal vez es la primera señal de intoxicación por alcohol? —reflexioné para mí misma.

—¿Quién diablos ordenó un brebaje barato y repugnante? Mañana van a tener mierda todo el día.

Me reí de que incluso un borracho, fuera capaz de llegar a la misma conclusión que yo. Recogiendo la bandeja de chupitos y un plato de rodajas de limón, me di la vuelta para decírselo, y me detuve en seco ante la vista.

¿Qué. Mierda?

Sentí la bandeja llena de vidrio y alcohol volcándose de mi mano levantada, pero no había nada que pudiera hacer para detener su descenso hasta el suelo. Me quedé allí como una estatua, mirando al frente cuando todo se destrozaba alrededor de mis pies y el líquido salpicaba mis piernas.


Listo. Ya terminé. Espero que les haya gustado mucho

Besos :*