Y ya terminamos con el último capítulo del día de hoy. Así que buenas noches a todos y, feliz inicio de navidad.
Pareja:Yui y Shu.
Rt:"T" cambiara a "M" en los próximos capítulos.
Capítulo VII
Abrir boca, insertar vodka
Ella descansó los codos sobre la barra y se inclinó más cerca de mí. Me encontraba hechizado por sus ojos. Parecían piscinas de sirope de fresa. Era ella. Después de todos estos años, finalmente podía ver su rostro. Estaba tan despampanante como la recordaba.
—Te he estado buscando por todas partes —dije.
Se rió y los escalofríos se apoderaron de mis brazos. Recordaba esa risa; era como música para mis oídos. Estiró su mano sobre el mesón de la barra y acarició mi brazo, para luego colocarla sobre mi mano.
—¿Tus vasos de tragos normalmente te hablan? —preguntó con una sonrisa.
—Espera, tú eres la chica del bar —dije, confundido.
—¿Lo soy? —preguntó con una sonrisa.
Se inclinó por completo sobre la mesa y presionó la mejilla contra la mía, con sus labios muy cercanos a mi oído.
—Pregúntame cual es mi película favorita —murmuró.
Giré la cabeza y deslicé mi nariz contra su mejilla. Aún olía a chocolate. Pero eso no tenía sentido. Alguien comenzó a tocar en la puerta del bar, ella se separó y giró la cabeza en esa dirección. Comenzó a caminar hacia atrás, mientras el golpeteo continuaba.
—¡Espera! No te vayas. Sólo dime tu nombre —rogué.
Continuó yéndose y la miré fijo a la cara, memorizando cada uno de los detalles: ojos rosados, grueso cabello rubio, carnosos labios en forma de corazón, y un hoyuelo en cada mejilla.
Así era como lucía la chica del bar. Pero esta tenía los mismos ojos y la misma voz que MI chica. ¿Qué demonios está sucediendo?
—¡Por favor, dime tu nombre! —le grité.
Desperté de un salto ante el sonido del golpeteo y los latidos de mi corazón tan fuertes como si hubiese corrido una maratón. Deslicé la mano entre mi cabello y volví a recostarme, intentando recordar lo que acababa de soñar. Estaba justo al borde de mi conciencia, pero simplemente no podría alcanzarlo. Había algo que necesitaba recordar sobre ese sueño. Cerré los ojos e intenté traerlo de vuelta. El silencio duró sólo dos segundos antes de que los golpes contra mi puerta delantera comenzaran a sonar e interrumpieran mis pensamientos.
—¡CALLATE YA! —grité hacia el incesante ruido, enojado por no poder recordar.
Oh, Jesús, nunca beberé de nuevo.
Cada jodida vez que bebo, sueño con las cosas más extrañas. ¿Por qué demonios no puedo recordar este? Tomé una de las almohadas junto a mí y la apreté contra mis oídos, intentando amortiguar el sonido de mi puerta siendo pateada.
—¡Abre la puerta, coge cabras! —El grito amortiguado de Drew se escuchó al continuar golpeando mi puerta con sus puños. Sabía que si no me levantaba, seguirá haciendo ruido, y entonces tendré que matarlo.
Los golpes continuaron mientras me levantaba, aparté las sábanas con rabia y me tropecé por toda la casa rentada con los ojos cerrados. Todavía tenía cajas llenas de mierda que aún no había desempacado repartidas por todo el lugar, así que las pateé de mi camino con ira. Logré llegar a la puerta de enfrente sin romperme ningún miembro, y la abrí con un gruñido de enojo.
—Jodida mierda, amigo, no te ves nada bien —dijo Drew, al pasar junto a mí para entrar a la casa, usando una de sus franelas características. Juro que este tipo tiene al menos unas doscientas cincuenta de estas cosas. La franela de hoy decía: "Hoy hice pupú."
—Claro, entra, Drew —murmuré para mí mismo mientras cerrabala puerta de un portazo y le seguía hasta la sala—. Interrumpiste un sueño muy bueno. Al menos, creo que era uno bueno, no lo recuerdo.
—¿Soñabas con la ardiente camarera por la que no podías dejar de babear anoche? —preguntó, riéndose.
—Muy gracioso —dije con rostro inexpresivo mientras me apoyaba contra el marco de la puerta y cruzaba los brazos sobre mi pecho.
—Si sólo estuviese bromeando, hermano. Su amiga castaña me preguntó si habías tomado el autobús hacia el bar luego de que te echaras la cerveza encima en vez de llevarla hacia tu boca, la cual se encontraba completamente abierta mientras mirabas el trasero de la camarera.
Guau, definitivamente no había sido una de mis mejores noches.
—Quizá deba ir hasta allá y disculparme con…
Mierda, mi mente estaba completamente en blanco.
—Otra chica cuyo nombre no conseguiste —concluyó Drew—. Al menos, esta vez sabemos donde trabaja. Este lugar es un jodido desastre —dijo moviendo cajas con el pie para poder abrirse espacio y llegar hasta el sofá.
—¿Sólo viniste aquí para insultarme, o hay otra razón detrás de esta visita tan temprano en la mañana?
—¿Temprano? Son las doce y media, idiota. Tenemos orientación a la una —dijo al deslizar otra caja y dejarse caer en el sofá.
—¡MIERDA! ¿Estás bromeando? —grité y salí corriendo hacia la cocina, tropezándome con las cajas durante todo el camino.
Efectivamente, el reloj del microondas decía que eran las doce y treinta y cuatro. Demonios. No podía llegar tarde a orientación en la nueva planta. Llevé el frente de mi camisa hasta mi nariz y la olí, haciendo una mueca. Olía como a destilería.
Corrí hasta el baño y tomé la ducha más rápida conocida por el hombre, luego me puse una camisa limpia de manga larga y unos vaqueros. Drew rompió cada una de las leyes de tráfico, y logramos llegar a la Planta Automovilística Butler con cinco minutos de antelación.
La planta cerraba la producción los domingos, así que nuestro pequeño grupo de transferidos seríamos los únicos que estaríamos allí hoy. Éramos unos veinte, que habíamos sido transferidos desde distintas plantas alrededor de los Estados Unidos, los que comenzaríamos a trabajar allí mañana. Todas las plantas funcionaban básicamente de la misma manera, así que no necesitaríamos aprender cómo hacer nuestro trabajo ni nada por el estilo. Sólo llenaríamos los papeles que necesitaban en Recursos Humanos y veríamos algunos videos sobre la historia de la compañía y de cómo no debíamos acosar sexualmente a ninguno de nuestros compañeros de trabajo.
Ese último siempre fue nuestro favorito. Era el mismo video que habían estado mostrando desde hace como treinta años, que fue grabado en los setenta y tenía música porno de fondo. Tomar a un grupo de obreros ruidosos y ponerlos en un cuarto para mostrarles un video que muestra a un tipo en un traje de pana poniendo sus manos sobre el trasero de su secretaria, y obtienes una completa anarquía, damas y caballeros.
Entramos en la planta por la puerta de empleados y fuimos hasta una sala de conferencias que se encontraba junto a la puerta. Drew y yo firmamos con nuestros nombres en la hoja de registros colgada en la puerta y tomé asiento a una de las mesas pegadas al fondo de la habitación. Miramos hacia todas las otras personas que comenzarían con nosotros para ver si reconocíamos a alguien.
—Entonces, ¿qué clase de imbécil crees que será nuestro jefe? —dijo Drew en voz baja. Un tipo sentado al otro lado de Drew se inclinó hacia adelante y habló antes de yo pudiera contestar.
—En realidad es un tipo normal. Ha estado aquí por unos veinte años, y mientras no la cagues, no se mete contigo. Soy Jim Gilmore —dijo el chico, estirando la mano para que nosotros la estrecháramosmientras Drew se encargaba de las presentaciones.
—Hola, soy Drew Parritt y este es Shu Sakamaki.
Cada uno estrechó su mano mientras Drew seguía hablando.
—¿Por cuánto tiempo has estado trabajando aquí?
—Sólo algunos meses. Mi prometida y yo acabamos de mudarnos desde Toledo —dijo.
—¿En serio? De allí es de donde nos acabamos de mudar nosotros. Trabajábamos en la Planta Automovilística de Toledo y fuimos reubicados aquí —expliqué.
Jim se rió. —Supongo que es un mundo pequeño. Mi prometida es de Butler y nos conocimos en la Universidad de Ohio. Se quiso mudar aquí tan pronto nos graduáramos, así que aquí estamos.
—Oye, nosotros fuimos un fin de semana allí, a una fiesta. Cielos, Shu, probablemente no recuerdas esa fiesta, ¿verdad? —preguntó
Drew con sarcasmo, sabiendo de sobra lo mucho que recordaba la fiesta.
—Cállate, imbécil —gruñí—. Entonces, Jim, ¿cómo es que viniste a la orientación hoy?
—Me enviaron para darles un tour de la planta cuando termine, y presentarles a su nuevo capataz.
—Con tal de que me deje en paz y no esté sobre mi trasero todo el tiempo, nos llevaremos muy bien —dijo Drew.
—Creí que te gustaban los hombres grandes y rudos sobre tu trasero —bromeé.
—Me debes haber confundido contigo y esa vagina que te creció. Recuérdamelo de nuevo, ¿cuánto fue la última vez que tuviste sexo? Porque estoy bastante seguro que logré que mi polla se mojara anoche mientras tú estuviste ladrando como un perro y te desmayaste en el estacionamiento.
—No creo que yo estaría alardeando sobre tocar el trasero de una chica que tiene un producto de carne como apodo para su vagina —le recordé.
—Sí, ese no fue mi mejor momento. Estoy tan decepcionado de mí mismo que prácticamente puedo saborearlo.
—¿Sabe a semen? —pregunté.
—Jódete. No era un hombre —respondió Drew, recostándose sobre el respaldo de su silla y cruzando los brazos.
—Jim, por favor, dime que conoces chicas ardientes —suplicó Drew.
Jim dejó salir una risotada. —Puede que tengan suerte, chicos; mi prometida tiene algunas amigas solteras.
—No te preocupes por el mariquita aquí a mi derecha —dijo Drew mientras Jim tomaba un sorbo de su botella de agua—. Ha estado enganchado de una chica de una sola noche con la que estuvo hace cinco años que olía a Cocoa Puffs.
Jim escupió algo de su agua y comenzó a ahogarse con el resto. Drew tuvo que estirar la mano para darle golpetazos en la espalda. Luego de recuperarse, se quedó allí mirándome de forma extraña.
¿Qué demonios pasaba con la gente, que últimamente me miraban así? Anoche en el bar y ahora esto. Algo andaba mal con las personas de este pueblo.
Justo entonces, uno de los supervisores entró e introdujo el video de acoso sexual en la máquina. Todo el mundo comenzó a aplaudir y gritar cuando la música comenzó.
—Oigan, ¿por qué no vienen esta noche a cenar y tomarnos unos tragos? —preguntó Jim sobre los gritos de los empleados, al comenzar a girarse de nuevo para ver hacia el frente de la habitación—. Mi prometida puede ver si son lo suficientemente buenos para sus amigas —dijo con una sonrisa.
—Oye, Yui, ¿este lubricante realmente sabe a tarta de fresa?
—Um, claro —respondí.
—¿El Jack Rabbit alcanza tu punto G o necesito conseguir algo más para eso?
—¿Estás segura de que estas velas de aceite para masaje queman en frío? La última vez que mi novio y yo tratamos con aceite caliente, su pene obtuvo quemaduras de segundo grado.
Mátenme. Sólo mátenme ahora mismo.
—¿Dónde colocas exactamente el anillo de pene en un chico? Debimos haberlo puesto en el lugar incorrecto porque después de unos minutos se perdió en mi vagina. Ese fue el viaje más extraño a la sala de emergencias, déjame decirte.
Voy a perder mi mierda si alguien me hace más jodidas preguntas que no puedo responder. Eso es todo lo que han estado haciendo durante la última media hora. ¡MIERDA! Estas personas necesitan comprar algo ya y dejar de hablarme.
—¿Dejas que un chico use un vibrador en ti? He escuchado que eso es muy caliente.
—De acuerdo, miren —grité, sosteniendo mis manos en alto para que callaran sus parloteos—. Tengo cero experiencia con cualquiera de estas cosas. Sólo estoy haciendo esto como un favor a mi amiga para poder conseguir algún dinero extra para mi nuevo negocio. He tenido exactamente un compañero sexual y medio en mi vida y ambos fueron experiencias bastante desagradables. La primera fue en la universidad y los dos estábamos completamente ebrios, nunca supe su nombre y me embarazó. La siguiente fue con un amigo, decidí intentarlo de nuevo y ver si mejoraba. Su papá tenía una llave de su casa y entró después de dos penetraciones, lo cual mató completamente cualquier estado de humor con el que hubiera comenzado. He decidido que mi vagina está maldita. Mis orgasmos han sido todos auto-inducidos y nunca ha sido con cualquier cosa que requiera baterías, un limpiador especial, instrucciones o una advertencia de arma de destrucción masiva. Si quieren realizar un pedido, estaré en la cocina. Prueben las papas tostadas cubiertas de chocolate.
Me di la vuelta y salí de la habitación y fui directamente a la cocina. ¿Dónde había un gigantesco agujero en el suelo para tragarte cuando necesitas uno? Cada mujer allí probablemente estuviera hablando sobre lo perdedora que era y que le iban a decir a todos los que conocían que nunca hicieran negocios con nosotras. Mierda, Liz iba a despedirme. Iba a tener que decirle a la gente que me despidieron de la venta de vibradores. Ni siquiera puedo vender pollas falsas en una habitación llena de mujeres calientes. ¿Cómo te recuperas de eso? Y encima de todo, escupí mis más profundos y oscuros secretos en una habitación llena de extrañas.
—Oh, cariño, pobrecita —dijo Jenny mientras entraba a toda prisa en la cocina y lanzaba los brazos a mí alrededor. Una cosa que la gente nueva aprendía sobre mí muy rápido: no invadas mi espacio personal o serás golpeado en el cuello.
Me quedé allí tiesa como una tabla con los brazos a los lados. No entendía a los abrazadores. De verdad. Una amable y fuerte palmadaen la espalda funcionaba bien.
—Te voy a comprar un Jack Rabbit —proclamó Jenny.
—Guau, no, en serio está bien —traté de argumentar mientras me liberaba del abrazo. Esa cosa me asustaba demasiado. Cuatro velocidades, orejas y cuentas que giraban. Deberías conseguir un permiso de la ciudad para tener esa cosa.
Después de varios minutos de halagos, Jenny logró llevarme de nuevo a la habitación, y después de que anunció que me iba a comprar un juguete, toda la habitación estalló en consentimiento. Para mi gran mortificación, comenzaron a comentar entre ellas sobre lo que me iban a comprar. Tuve que dibujar una línea cuando comenzaron a hablar sobre hacerme una fiesta de Virgen de Vibrador. Escuché las palabras cubos de hielo con forma de pene y ensalada de pasta de pene, y comencé a ganar un dolor de cabeza infernal. En cualquier momento todas iban a unir sus manos y cantar Kumbayá a mi vagina —mi pobre vagina rechazada que nunca conoció el toque vibrante de un pene de goma. Lo siento vagina, supongo que debí haber cuidado mejor de ti.
Al final de la presentación, vendí el doble de lo normal porque todas compraron dos de todo, uno para ellas y uno para mí. Si mi vagina no estuviera cubierta en algodón y vaqueros, se habría ofendido ante sus miradas de lástima. Juro que mientras ellas hacían sus pedidos,miraban hacia abajo, entre mis piernas. Ahora sé cómo se sienten las chicas con enormes pechos cuando un chico no las mira a los ojos.
Cuando la última chica se fue con un abrazo para mí y para Jenny, y una bolsa de regalos de diversión en su mano, ambas nos derrumbamos en un sofá en la sala de estar.
—Gracias por hacer esta fiesta esta noche, Yui —dijo con una sonrisa—. Y gracias por la increíble bandeja de postres. En serio, tienes un don. Esos pretzels cubiertos con chocolate y rociados con caramelo casi me dieron un orgasmo. Y eso es decir demasiado considerando que toda la noche estuve rodeada de fibriladores.
Mis ojos se abrieron de golpe y levanté la cabeza de su lugar de descanso en el respaldo del sofá para mirar el perfil de Jenny a mi lado,mientras revisaba distraídamente sus uñas con manicura. Era una persona agradable y nos llevábamos muy bien, pero algunas de las cosas que salieron de su boca esta noche aturdieron mi mente.
—Um, Jenny ¿quieres decir desfibriladores?
Por qué siquiera usaba esa palabra en una oración sobre una fiesta de juguetes sexuales estaba más allá del alcance de mi imaginación, a menos que ella asumiera que algo de lo que había en mi bolsa de trucos le pararía el corazón de alguien. Ahora que lo pienso, casi tuve un ataque al corazón cuando vi el tamaño del Gape Gargantuan. ¿Dónde se suponía exactamente que una mujer va a meter esa cosa, en la Presa Hoover para conectarlo desde arriba?
—Espera, ¿qué dije? Quise decir vibrador. ¡Oh, Dios mío, eso es tan raro!
Negué con la cabeza y me levanté del sofá para empacar todas las cosas extras en la maleta que Liz me dio para los suministros. Qué suerte la mía, tengo que mantener toda esta mierda en mi casa. Si algo me pasaba y la policía, o alguna otra autoridad, tenía que pasar por mi casa, iba a ser completamente humillada desde el más allá si encontraban esta maleta.
Oh, Jesús, ¿y si mi papá encontraba esta cosa? Él iba a pensar que soy un fenómeno. ¿Qué mujer necesitaba una maleta con treinta y siete vibradores y noventa y nueve botellas de lubricante? Mierda, necesitaba guardar estas cosas en casa de Liz. Todavía no necesitaba decirle a papá sobre la parte del negocio de Liz. Ninguna chica debería ser obligada a tener una conversación sobre vibradores con su padre.
Eso estaba mal en muchos niveles. Él podía darse cuenta la primera vez que entrara en la tienda, justo como todos los demás.
—Entonces, voy a comenzar a trabajar en tu volante esta semana tan pronto como me envíes las fotos de los productos que quieres destacar. Voy a hacer uno para ti, uno para Liz y luego uno que combine las dos tiendas. ¿Dijiste que van a reunirse esta noche y decidir el nombre? —preguntó Jenny.
—Sí, me dirijo hacia la casa de ella y Jim esta noche —le expliqué mientras cerraba la maleta—. Oye, ¿por qué no vienes conmigo? Puedes ayudarnos con la lluvia de ideas.
—Oh, no lo sé. No quiero molestar.
Tiré de la manija plástica de la parte superior de la maleta y la miré.
—Definitivamente no molestarás. Ya conoces a Liz y siempre hace suficiente comida para alimentar a un ejército. En serio, no le importará.
—Bueno, si crees que va a estar bien, creo que voy a pasar por allí. En serio necesito salir y divertirme. Tal vez ella pueda encontrarmealgún chico soltero. Estoy tan desesperada que podría conformarme con uno feo y desempleado, siempre y cuando tenga una higiene
La miré fijamente, deseando poder borrar esa oración de mi memoria.
—Voy a terminar de limpiar aquí, y podría tratar de lograr un orgasmo también. Te veré allí.
Estoy muy segura de que mi cabeza explotó.
—Um, ¿Jenny? ¿Dijiste que vas a tratar de lograr un orgasmo?
Por favor Dios, déjame haberla escuchado mal.
—Bueno, ¡duh! Tengo que asegurarme de que lo que compré funcione apropiadamente, ¿no? Si no me hace venirme lo suficientemente rápido, lo voy a devolver. Tengo una regla de dos minutos y medio.
Oh Jesús. Por favor no permitas que me dé un vibrador usado con el olor de su vagina. ¿Qué demonios se suponía que voy a hacer con eso? ¿Necesito un traje especial para tratar materiales peligrosos para manejar un vibrador devuelto? Este no era un tema incluido en mi paquete de empleado nuevo.
—De acuerdo, bueno, entonces te veré en casa de Liz —dije mientras salía corriendo de su casa, colocando la maleta sobre las ruedas detrás de mí tan rápido como las piernas temblorosas de esa cosa lo permitieran.
Quince minutos más tarde estaba caminando hasta la casa de Liz y Jim y entrando en ella. Liz corrió hacia la esquina en el vestíbulo con una mirada de pánico en su cara.
—Elizabeth Marie Gates, me debes una muy grande. Esa fue la experiencia más horrible de mi vida —le grité mientras me desabrochaba el abrigo.
—Yui, tengo que decirte…
—Cuando invité a Jenny a cenar, decidió decirme que iba a pasar un rato a solas con su vibrador antes de venir aquí —dije con horror, interrumpiéndola—. No voy a ser capaz de mirarla a los ojos en toda la noche.
—Yui, hay algo…
—Pudiste haberme advertido que estas mujeres estarían haciéndome miles de preguntas sobre lubricadores y puntos G que no tendría ni puta idea de cómo responder. "Oh, todo lo que necesitas hacer es estar allí de pie y tomar las órdenes de todas" —me quejé con mi mejor imitación de la voz de Liz mientras me quitaba la chaqueta.
—Necesitas…
—Perdí mi mierda después de la pregunta sobre anillos de pene atrapados en vaginas y les dije todo sobre mi estelar historial sexual. ¡Jesucristo, Liz, una mujer que tiene una experiencia sexual y media, yque ni siquiera se acercó a venirse durante ellas, NO debería vender juguetes sexuales! —grité, tirando mi abrigo en el gancho que había junto a la puerta y volviéndome para mirarla.
—Yui, es posible que quieras mantener…
—Les dije sobre Max, Liz. ¡MAX! La cosa de la que juramos nunca volver a hablar. Les dije que penetró dos veces antes de que su papá entrara —dije mientras comenzaba a caminar al revés fuera del vestíbulo—. Puedo decir por la mirada de horror en tu rostro que te das cuenta de lo asombrosa que fue para mí esta noche.
—No digas nada…
—¿Por qué demonios siquiera pensaste que sería buena para esto? —pregunté mientras me detenía en la sala de estar—. Para el final de la noche, cada mujer en esa habitación le dedicaba miradas tristes a mi vagina. Mi vagina va a acomplejarse, Liz. Ya me está juzgando porque sólo se ha venido con mi mano. Y no cuento follarme en seco a tu pierna aquella vez que estábamos muy borrachas después de los finales de primer año —argumenté mientras Jim se acercaba a mi lado con una botella de vodka Grape Three Olive en su mano.
Lo miré y luego a Liz.
—¿Por qué demonios me están mirando así? —le pregunté a ella.
Su boca estaba abierta y seguía mirando hacia atrás, sobre mi hombro.
Oh mierda.
Miré a Jim y me dio una sonrisa tranquilizadora y me dio la botella de vodka.
Oh puta mierda.
—Hay alguien detrás de mí, ¿verdad? —susurré.
Liz asintió. Tragué saliva con fuerza y estiré la mano a ciegas haciaun lado para tomar la botella de la mano de Jim. Él ya le había quitado el tapón para mí, así que la llevé a mis labios y tomé un buen trago, mis ojos llorosos cuando el caliente alcohol se deslizó por mi garganta y calentó mi estómago. Lentamente me di la vuelta hacia la música, dispuesta a morir de humillación. Cuando di la vuelta completa, la botella de vodka se deslizó de mi mano. Gracias a Dios por la rapidez de los reflejos de Jim. Su mano salió disparada y agarró la botella antes de que se estrellara contra el suelo.
—Entonces, ¿quién quiere otra copa? —preguntó Liz alegremente detrás de mí.
