¡Hola! Este fic fue publicado anteriormente en una colección conjunta.
Palabra que inspiró: Abrigo
Personajes: Sora y Takeru (y Yamato)
Parte de la familia
Takeru se descalzó y colgó su abrigo en el perchero del genkan. Le sorprendió encontrar la casa vacía, ya que sabía que Yamato estaba enfermo.
―¿Yamato? ―preguntó, dudoso. No se animó a levantar la voz.
Escuchó ruido de pasos y movimiento de papeles en la habitación de su hermano; se dirigió hacia ella pero, antes de llegar, la puerta se abrió violentamente, revelando a su cuñada.
―¿Sora? ―preguntó, aún más confundido que antes. Ella le indicó con señas que hiciera silencio, mientras lo guiaba hasta el sillón del living.
―Yamato está durmiendo, tiene mucha fiebre ―explicó, en voz muy baja―. ¿Te preparo un té?
Takeru asintió y luego se dedicó a observar con sorpresa la facilidad con que la novia de su hermano se movía por cocina ajena.
―¿Ha ido al médico? ―Debió levantar el tono para preguntar, ya que ella se encontraba a cierta distancia. Sora, otra vez, le indicó con señas que hiciera silencio.
Takeru se dedicó a hacer zapping en la televisión del living, con el volumen muy bajo, mientras ella iba y venía por la cocina, separando tazas, lavando platos y hasta regando las plantitas de la ventana. Es cierto que el noviazgo de Sora y Yamato ya llevaba tres años, pero a él aún le sorprendía encontrar a su amiga de la infancia, casi su hermana, comportándose como parte de la familia con su hermano y padre. Para él ella era parte de su familia, pero de una manera distinta, de una forma… platónica. Sentía que para Yamato y Hiroaki, simplemente era parte de la familia.
―¿Ha ido al médico? ―volvió a preguntar, una vez que ella depositó las dos tazas frente a él, junto a un paquete de galletas de chocolate.
―Fuimos anoche, debí llevarlo a una guardia cuando su fiebre subió muchísimo. Aparentemente es un virus y no podemos hacer más que esperar ―suspiró―. ¿Siempre fue tan difícil llevarlo al médico?
Takeru sonrió, mientras el olor del té verde con miel lo reconfortaba.
―Creo que Yamato nunca fue al médico, ayer habrá sido su primera vez.
Sora sonrió ante esta respuesta tan inusual, y por ende tan típica de Takeru.
―Estoy hablando en serio ―le empujó el hombro, suavemente―. Creo que nuestra primera pelea seria fue ayer, porque no quería ir al médico. ¿Se puede ser tan negado con algo?
―Mi papá tampoco va al médico ―respondió, tranquilamente―. Supongo que no lo habrá llevado nunca, o muy pocas veces, y por eso Yamato no se ha hecho a la idea de ir al hospital cuando se enferma.
Sora se apresuró a comer una galleta mientras rumiaba la respuesta de Takeru. De haberla escuchado Yamato, se habría entristecido: lo habría disimulado, cambiando de tema o inventando un pretexto diferente por el cual no iba al médico. Takeru, por el contrario, lo había dicho sonriendo, como si fuera otra de sus tantas bromas. Ella sabía que él había tomado muy mal el divorcio, pero en cierta forma le parecía que el pequeño había sido el más resiliente de los dos.
―¿Estás ocupado más tarde? Tu papá no va a venir hasta la medianoche, pensaba quedarme a cuidar a Yamato hasta entonces….
―Oh… ¿quieres que te cubra? ―preguntó, sorprendido, ya que no se hubiera imaginado que Sora quisiera evadir la responsabilidad de cuidar a su novio.
―No, tontito ―sonrió―. Quiero que me hagas compañía. ¿O estás ocupado?
―No, no tengo nada que hacer más que pasar la tarde con mi cuñada preferida ―afirmó, seductor.
―Más te vale, porque pretendo ser tu única cuñada para siempre ―respondió, con seriedad. Takeru no pudo evitar reír―. ¿Y esa risa? ¿Acaso te burlas de mí? ―agregó, teatralmente.
―A veces eres muy graciosa.
―Gracias. Siento que nadie entiende mi sentido del humor ―dijo, y para sorpresa de Takeru, perdió el tono teatral. Sora estaba hablando en serio.
―¿De verdad?
Pero esta vez Sora no contestó, ya que unos sonidos procedentes de la habitación de Yamato captaron su atención. Caminando en puntitas de pie, a pesar de estar descalza, llegó hasta la puerta de la habitación de su novio, la cual había quedado entreabierta. Takeru la siguió y la vio sentarse en el borde de la cama de Yamato. Retiró un paño de su frente y lo mojó con agua de una jarra que había en la mesa de luz. Con cuidado, volvió a ubicarlo sobre los cabellos rubios de su novio, que se veían pegajosos y despeinados. Antes de retirarse, lo besó en el cachete.
Fue recién al pararse cuando descubrió a Takeru mirándola. La habitación estaba muy oscura para juzgar, pero él imagino que Sora se había sonrojado.
Volvieron al living en silencio, ambos caminando en puntas de pie.
―¿De verdad crees que serás mi única cuñada, para siempre? ―preguntó Takeru, luego de haber pasado infructuosamente por todos los canales del televisor.
Sora lo miró a los ojos antes de contestar. La pregunta parecía típica, la previa a los chistes y el buen humor de su pequeño amigo, pero el tono y la expresión no acompañaban. Volvió la vista al frente, unos momentos, antes de iniciar su respuesta con un suspiro:
―No lo sé, Takeru… ¿sabes que nunca hemos peleado?
―¿De verdad? ―Sora sonrió por el tono de sorpresa en su voz.
―Vale, sé que los dos somos tercos y tenemos carácter fuerte y eso explicaría que peleáramos seguido, pero… no lo sé. Simplemente no peleamos. ¿Tú has tenido novia?
Takeru negó con la cabeza, pero su sonrojo fue muy visible para el ojo entrenado de la portadora del amor.
―Si quieres puedes contarme… imagino que te será difícil hablar de esto con tu hermano ―él sonrió, porque Sora tenía razón.
―Pero sin nombres, ¿de acuerdo? ―Sora asintió, contenta, porque todo le hacía pensar que ese "sin nombres" no tenía más motivo que ocultar la identidad de una de sus amigas en común―. Lo que me sucede es que no sé cómo abordar el tema, porque pareciera que ya estamos juntos, al menos todo nuestro entorno lo cree así… o creen que es cuestión de tiempo, que es algo obvio, una cuestión de días… ―suspiró―. Lo siento, no tiene sentido lo que estoy diciendo. Cuando sea escritor, espero aprender a comunicar mis ideas.
Sora, sin embargo, no rio ante su chiste. Clavó sus ojos rojos en los suyos y Takeru sintió que estaba siendo examinado. Luego, sin previo aviso, le acarició los cabellos. Como si fuera, otra vez, un pequeño niño de ocho años en el digimundo. Él debió haberlo sentido así también, porque cerró los ojos y se dejó acariciar.
―Que tierno eres. Hikari es una chica muy afortunada ―dijo Sora, sin pensarlo. Él abrió los ojos, giró a mirarla sorprendida, y Sora se tapó la boca con las manos―. Oh por favor, ¡lo lamento tanto! No debí haber asumido así sin más. ¡Hagamos de cuenta que nunca lo dije! ―exclamó, desesperada. Fue la primera vez en que perdió el control y levantó, levemente, el tono de voz.
Y Takeru rio, abiertamente, y tampoco se cuidó demasiado de levantar la voz.
―¿Tú también lo crees así? ¿Qué ya estamos juntos? ¿Qué debo hacer: saludarla una mañana con un beso? ¿O componerle un poema de amor anónimo y deslizarlo entre sus cuadernos?
―¿Puedo acariciarte los cabellos? ―preguntó Sora, sorprendiendo a Takeru. Confundido, asintió. Y cuando ella volvió a tocar su cabeza, no pudo evitar otra vez cerrar los ojos.
―Qué cálidas son tus manos, Sora ―susurró.
―Tú eres cálido, Takeru. Eres como un… abriguito tierno, que debe dejarse abrazar ―Takeru abrió los ojos y la miró, perplejo―. Vale, tú eres el escritor, no me culpes por no saber hacer metáforas ―Takeru volvió a sonreír y, de nuevo, se dejó arropar.
―Oye… pensé que tocarnos el pelo era algo nuestro ―dijo una tercera voz, grave, sorprendiéndolos a ambos. Yamato estaba de pie, despeinado, apoyando sus manos sobre el respaldo del sillón.
―Hola ―susurró Sora.
―Hola ―respondió él, mirándola fijamente desde arriba.
Takeru sintió que estaba presenciando algo muy privado, y por eso interrumpió, como correspondía a todo hermano menor.
―¿Ya te sientes mejor? ―Yamato no contestó―. ¿Sucede algo, Sora?
―No se anima a besarme delante de ti ―explicó, muy segura. Yamato rio y, despreocupado, revolvió los cabellos de su hermanito.
―Cuando vuelva a despertarme en unas horas, no quiero verte robando los mimos de mi enfermera, Takeru ―dijo, aparentando rudeza―. Los dejo solos.
Sora lo siguió a su habitación y Takeru los escuchó reír. Se preguntó si Hikari haría eso por él, si se encerraría sola en su casa a mirarlo dormir y cambiarle paños de la frente húmeda. Si, para su madre, ella sería parte de su familia. Si para Yamato, Hiroaki y Sora, Hikari completaría el cuadro familiar.
Y su propia respuesta le indicó como proseguir.
Notas: ¡Hola! Lo sé, no escribí nada nuevo (¡aún…!), pero no podía faltar en el día del Sorato CANON POR SIEMPRE VAMOS SORATO YES YEYYYYYYYY VIVA EL CANON.
