Holaaa ¿cómo están? Feliz navidaaad. Espero que haya disfrutado la noche buena. Mi regalo del niño Jesús, llego tarde,pero acá está.
Pareja:YuixShu
Rt:"T" cambiará a "M"
Capítulo X
Seducction and Snack... And Snafu's*
No pude dejar de mirar a Yui durante toda la cena. Me sentía mal porque todo el mundo parecía estar metiéndose con ella, pero era tan adorable cuando se avergonzaba. Sus mejillas se sonrojaban con un color rosa, bajaba la mirada hacia su regazo y tiraba del lóbulo de su oreja izquierda.
Jesús, acababa de usar la palabra adorable como si estuviera hablando de un jodido cachorrito. Espera, eso no sonaba bien. Aunque si ella fuera un cachorrito, probablemente sería jodido por algo, porque ella es tan caliente. Así que en realidad sería un cachorrito jodido.
Quiero decir, ¿qué perro no querría aprovecharse de ese culo? Tengo que dejar de ver Animal Planet. Yui no es un cachorrito, uno que folla o que no lo hace. un momento difícil para acabar mi cena. La lasaña era increíble, pero todo en lo que podía pensar era en Yui dándose placer con un vibrador.
O con su mano.
O con un vibrador y su mano.
O con un vibrador y su mano en mi mano.
Bueno, hola allí, Sr. Erección.
Claramente tengo problemas cuando se trata de esta mujer que acabo de de mí quiere arrancarle la cabeza al tipo ese, Max, sólo porque consiguió tocarla, besarla y estar dentro de ella. Pero cuando ella terminó con su historia, sólo quería encontrarlo para poder señalarlo y reírme de él. ¿Qué tipo de idiota intenta tener sexo con una mujer en su sofá con su padre viviendo allí, yendo y viniendo a su antojo? Muy suave, amigo. Dejé de estar celoso del tipo en ese punto.
Ahora, todo lo que quería hacer era mostrarle a ella cómo puede actuar un hombre de verdad. Tenía una necesidad irracional de mostrarle todo lo que se había estado perdiendo.
Claro, porque soy el rey de todas las cosas sexuales. Mi pene puede hacer que las mujeres se echen a llorar en las calles.
Las cosas se pusieron tontas según los hombres bebían más cervezas y las mujeres intentaban pensar en nombres para el negocio de Liz y Yui. No sabía por qué rechazaron "Sexo Oral Cubierto de Caramelo". Eso era brillante. Y me hizo pensar en chupar un caramelo, frotarlo por la dulce parte húmeda entre las piernas de Yui y luego deslizar mi lengua a lo largo del sendero de caramelo.
Luego recordé la vez en la escuela secundaria, cuando puse un caramelo a medio comer en mi escritorio y de alguna manera cayó dentro de uno de los cajones. Tres calcetines, un bolígrafo y un chico de G.I. Joe estaban pegados a él cuando lo encontré un mes más tarde.
Probablemente no fuera buena idea poner algo así en cualquier parte cerca de una vagina, especialmente de la vagina de Yui. Ningún daño debía alcanzar jamás a la vagina de Yui.
Probablemente me imaginaba cosas, pero juro que cada vez que la miraba, ella apartaba la vista rápidamente. Me hizo sonreír pensar que también debía de estar mirándome. Sabía que Drew tenía razón. Tenía que dejar de fantasear con una chica a la que no iba a volver a ver. Fue hace cinco años, por amor de Dios. Actuaba como un idiota, aferrándome a la diminuta pizca de información que tenía sobre ella. Por lo que sabía, podría parecerse a Sloth de los Goonies y oler como las bolas sudadas de Drew. Intenté olvidarla metiéndome en una relación con Tasha un par de meses después de la fiesta de la fraternidad. Casi cinco años después, seguía atrapado en la misma rutina de fantasear con alguien a quien nunca volvería a ver. Para ser justos, debería de haber sabido desde el principio que Tasha y yo no éramos la mejor idea.
Pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo juntos en algún u otro tipo de discusión. Tuvo una racha de celos que rayaba en la psicosis y odiaba que no me comportara igual si otro hombre miraba en su dirección. Lo que debería haber hecho era esperar por alguien como Yui. Alguien dulce, divertida e inteligente; alguien que no tuviera otra cara totalmente distinta como Tasha. Justo enfrente de mí, había una mujer hermosa que me provocaba pensamientos sucios con sólo verla respirar. Tenía que cortar esta mierda y tomar la oportunidad.
Aparte de los celos y peleas, sabía que una de las razones principales por las que Tasha y yo no habíamos durado era porque no era capaz de entregarme un cien por ciento porque no podía dejar de preguntarme si ella podría estar allí afuera en alguna parte.
Eso y el hecho de que la vagina de Tasha tenía el mismo eslogan que McDonalds: Más de diez millones servidos.
Estoy divagando.
Tenía que ponerle fin a esta estúpida fijación por alguna chica misteriosa sin rostro que muy bien podría ser producto de mi imaginación. Necesitaba tomar una oportunidad con alguien que se encontraba sentada justo aquí, enfrente de mí, o iba a estar solo para siempre. Estaba demasiado ocupado contemplando mi patética vida como para fijarme en que Yui ya no estaba enfrente de mí y que se había levantado para marcharse. Ya rodeaba la esquina del vestíbulo cuando me di cuenta.
Me senté allí, mirando su espalda (bueno, su culo) el tiempo suficiente para que Drew me diera un puñetazo en el brazo. Asintió en dirección a ella sin mucha sutileza y de repente me di cuenta de que todos los ojos se hallaban puestos en mí. Me miraban como: "¿Qué mierda estás esperando?" Liz entrecerró los ojos en mi dirección y no voy a mentir, me asustó un poco. Me levanté del sofá de un salto y salí corriendo de la habitación, cogiéndola justo cuando terminaba de ponerse el abrigo. Rodeando su espalda, abrí la puerta y me quedé de pie junto a ella.
Se sorprendió por mi presencia y dio un pequeño salto ante el sonido de mi voz y la puerta abriéndose. No podía apartar los ojos de ella. Necesitaba besarla. Necesitaba besarla como necesitaba respirar. ¿Qué diablos me hacía esta mujer? Antes de hacer el ridículo completamente por babear o empujarla contra la pared para poder atacar sus labios, se dio la vuelta y atravesó la puerta sin decirme ni una palabra después de que le dijera que la acompañaría hasta el coche.
Tenía una necesidad irracional de pasar más tiempo con ella. Quería aprender qué la hacía sonrojarse (además de hablar sobre su vagina),que canción se repetía en su iPod y cuál era su libro favorito. Quería oírla decir mi nombre.
Joder, quería oírla suspirar, gritar y chillar mi nombre.
Así que le dije justo eso. Bueno, no todo eso. No quería que pidiera una orden de alejamiento. Vi temblar las comisuras de su boca cuando dije su nombre, casi como si la hubiera hecho feliz oírlo. Por un segundo, pensé simplemente que se metería en el coche y se alejaría de la calzada sin responderme. Luego murmuró algo que casi no se oía por encima del ruido de un coche arrancando en la casa de al lado. Las palabras que dijo forzaron a mi boca a abrirse y a empujar el recuerdo de un sueño que había tenido recientemente al primer plano de mi mente.
"Pregúntame cuál es mi película favorita."
Interrumpió mis pensamientos diciéndome que la llamara. Para cuando recordé de dónde conocía esa cita, su coche se había retirado de la calzada y se alejaba a toda velocidad por la calle.
Durante las siguientes dos semanas, Yui y yo hablamos cada noche por teléfono. Por desgracia, la planta me puso en el turno de noche y horas extras durante las primeras semanas, por lo que nuestros horarios nunca encajaban para que pudiéramos vernos. El único tiempo libre que ambos teníamos para hablar era durante mi primer descanso de quince minutos alrededor de medianoche todas las noches. Siempre me disculpaba por llamarla a una hora de mierda, pero ella aseguraba que era completamente perfecto. Por primera vez desde que podía recordar, en verdad deseaba ir a trabajar porque sabía que conseguiría oír la voz de Yui. Drew, quien trabajaba directamente enfrente de mí en la línea de montaje, disfrutaba enormemente observándome apresurarme hacia una esquina tranquila de la planta para hacer la llamada. La primera vez, me preguntó a dónde iba, y cuando no le respondí, me siguió todo el camino, gritándole a cada personas que iba a llamar a mis padres para decirles que iba a salir del armario. Un golpe bien dado en los testículos frenó su deseo de hacer eso nunca más, pero la gente todavía se acercaba a mí y me daba palmaditas en la espalda a modo de felicitaciones.
Durante quince minutos cada noche, Yui y yo hablábamos de nada y de todo al mismo tiempo. Le hablé acerca de crecer con dos hermanos mayores, los cuales confirmaron mi creencia en el hombre del saco e hicieron que sus amigos me llamaran para decirme que eran Papá Noel y que nunca recibiría otro juguete si no limpiaba sus habitaciones mientras llevaba puestos un par de sus calzoncillos en la cabeza.
Yui me habló sobre el divorcio de sus padres y de su decisión de vivir con su padre, a quien ni siquiera había conocido y ya temía. Él había ido a una fiesta de cumpleaños el fin de semana anterior y cuando intentó detener una pelea, un tipo le dijo: "¿Qué vas a hacer al respecto, abuelo?". El padre de Yui le noqueó con un puñetazo y dijo: "ESO es lo que voy a hacer al respecto, idiota". Yui intentó convencerme de que su padre era un osito de peluche gigante, pero de donde yo venía, no temías encontrarte con un osito de peluche gigante en un callejón oscuro por la noche por miedo a que te arranque el cuero cabelludo y te tatúe su nombre en el culo.
Yo, lamentablemente, le hablé de Tasha y de la razón de la ruptura. Incluso le conté acerca de cómo no sabía si realmente había amado alguna vez a Tasha o sólo esperaba mi momento hasta que llegara la persona correcta. No le hablé más acerca de la aventura de una noche de la universidad sobre la que había hablado Drew en la cena esa noche, y ella nunca me preguntó sobre ello, por suerte.
Incluso aunque resultaba fácil hablar con Yui sobre Tasha, parecía incorrecto hablarle acerca de la mujer con la que había soñado durante cinco años. Yui era dulce, inteligente y divertida, y no quería contaminar nada de eso con un estúpido sueño. Cuanto más hablaba con Yui y llegaba a conocerla, más evidente se hacía que ella podía ser la que esperaba. Me sentía como si la mayoría del tiempo habláramos más de mí que de ella, y cuando señalaba eso, se reía y decía que no había mucho que contar porque su vida era demasiado aburrida. Aun así, con cada llamada telefónica aprendía algo nuevo sobre ella y estaba dispuesto a gastar el tiempo que tardara en saber todo lo que había que saber.
Finalmente, después de quince días de vagar por las esquinas en el trabajo, alejándome de las ruidosas máquinas para escuchar la suave y ronca voz de Yui mientras ella yacía acurrucada en la cama bajo las mantas hablando conmigo, iba a verla de nuevo. La planta finalmente me había dado un sábado libre en el trabajo y estaba más que feliz de pasarlo echándole un vistazo a la tienda de Yui y Liz (bueno, al culo de Yui). Yui me había mandado unas cuantas imágenes a mi teléfono en la última semana y por lo que podía decir, hacían importantes progresos en el lugar. En realidad, no me importaba si me encontraba con Yui en un vertedero; siempre y cuando pudiera estar cerca de ella sería feliz.
A las diez de la mañana del sábado, me detuve frente a la dirección que Yui me había dado de la tienda. Me senté en el coche durante un minuto, repiqueteando con mis dedos contra el volante. Probablemente había dormido unas tres horas la noche anterior. Todo lo que hice fue dar vueltas en la cama, pensando en volver a ver a Yui y estar lo suficientemente cerca para tocarla. Sin embargo, no voy a mentir, lo que me tuvo sin dormir fue la cita que ella usó distraídamente por el teléfono la noche anterior. Era la segunda vez que la usó cerca de mí y no importaba lo mucho que tratara de empujarla de mi mente, ese estúpidamente persistente pensamiento sobre ella aparecía de nuevo. Mucha gente había visto la película "Heathers". Y en realidad, "Jódeme suavemente con una motosierra" podía ser una forma muy popular de decir "mierda" en la actualidad.
Ajá, sí, claro.
Su uso de esa frase podía ser la mayor jodida coincidencia de la historia del mundo, o simplemente era yo que me había subido en el tren de la locura directamente hacia la ciudad de "cucú". Saqué mi teléfono del soporte para vasos y comprobé la hora, sonriendo cuando vi la foto de Yui que usaba como fondo de pantalla. Había tenido que soportar un montón de mierda de Drew cuando la vio, pero no me le pedí a Liz que me enviara una imagen de Yui y estuvo más que feliz de hacerlo. La foto que me envió era una imagen en blanco y negro de cerca de Yui, riéndose descaradamente de algo, con una mano sosteniendo en alto su rostro y sus dedos extendidos de tal forma que aún se podía ver su hermosa sonrisa, la alegría en sus ojos y los hoyuelos en sus mejillas. Era impresionante, y sólo esperaba ser capaz de poner esa mirada en el rostro de Yui un día de estos y estar allí para presenciarlo.
Mirar la imagen de Yui en mi teléfono borró la confusión y las preguntas de mi mente y me hizo sólo querer concentrarme en ella, no en los fantasmas del pasado. Apagué el motor y salí, dándole finalmente una buena mirada al edificio enfrente del que había aparcado. Me quedé impresionado. Era más grande de lo que pensé que sería y se veía genial desde el exterior. Podía ver a Liz por la ventaba del frente en lo que debía de ser su lado de la tienda, así que rodeé el coche dando un paso hacia la acera. Comencé a caminar hacia la puerta principal y tuve que detenerme en seco cuando un niño pasó volando por delante de mí, agitando los brazos y las piernas por todo el lugar.
—¡Takumi, trae tu culo de regreso aquí!
Por instinto, mi brazo salió disparado y agarré la parte posterior de la camisa del niño, deteniendo su huida. Un tipo, probablemente cerca de los cincuenta, corrió hacia donde yo estaba.
—Oye, gracias por detenerlo —dijo, bajando la vista hacia el chico con rostro severo, que probablemente me habría hecho temblar si hubiera estado en el extremo receptor de tal mirada. Dejé ir su camisa, confiando en que el pequeño fugitivo no fuera a ir a ninguna parte ahora que había sido atrapado.
—Takumi, ¿cuántas veces tengo que decirte que no puedes simplemente salir corriendo cuando te bajas del coche? Tienes que tomar mi mano.
El niño se encogió de hombros. —No lo sé. Sólo corría mi culo para llegar a la heladería ante de que todos se deditan.
Me cubrí la boca con la mano para ocultar mi risa. ¡Este niño tenía pelotas! El pobre tipo simplemente hizo rodar los ojos ante el chico y dejó salir un suspiro.
—Si disfrutas de tu cordura, no tengas hijos —me dijo el tipo antes de agarrar la mano del niño y alejarse.
—¡Gracias por el consejo! —le grité mientras ellos dos entraban en la heladería de al lado.
Justo entonces Liz me vio en la acera a través de la ventana y abrió la puerta para mí.
—¡Buenos días! —dijo alegremente mientras entraba.
Donde quiera que mirara veía sujetadores, ropa interior y todo tipo de mierda con volantes en perchas y en tablas expositoras. Casi podía sentir mi polla marchitándose y retirándose hacia el interior de mi cuerpo. No me importaba quitarle estas cosas a una mujer, pero estar de pie en medio de una habitación rodeado de esta basura me hacía estar demasiado en contacto con mi lado femenino.
Joder, ¿qué es ESO?
—Eso es una máscara de amordazar con bola, Shu. ¿Supongo que no te va el bondage? —preguntó con seriedad, notando la dirección de mi mirada.
—Uh, yo… umm…
¿No hace calor aquí de repente?
—¿Alguna vez has atado a tu pareja? ¿Usado látigos? ¿Experimentado con juegos anales? ¿Hecho un trío? ¿Dirías que eres más dominante o sumiso? ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste pruebas de enfermedades de transmisión sexual?
—¿Qué? Quiero decir, yo…
—¿Cuántas parejas sexuales has tenido en los últimos cinco años? ¿Has sido condenado por algún delito sexual contra otro ser humano, animal o planta?
—¡ELIZABETH!
Oh, gracias a Dios. No creo haber sido nunca más feliz de oír el sonido de la voz de Yui.
—Tengo mis ojos sobre ti —susurró Liz, mirándome de arriba abajo haciendo ese gesto de señalar de ella a mí con dos dedos.
—Tomo nota —murmuré mientras pasaba por su lado hacia la puerta de detrás del mostrador, en donde Yui se encontraba de pie con las manos en sus caderas. Ya que estaba ocupada mirando fijamente a Liz por encima de mi hombro, disparándole miradas asesinas, tuve la oportunidad de tomarla desapercibida. Era increíble cómo parecía haberse vuelto aún más hermosa desde la última vez que la vi. Quizás era porque la conocía mucho mejor que antes. Su cabello estaba recogido en una cola de caballo desordenada con mechones cayendo alrededor de su rostro. Me fijé en una mancha de harina o tal vez azúcar en polvo en su mejilla y quise lamerla. Mi polla se endureció con sólo pensar en saborear su piel.
—Me encargaré de ti más tarde, Liz —amenazó Yui.
—¡Cállate y lleva de vuelta tu sucio culo a la cocina donde pertenece, puta!
Yui rodó los ojos y sacudió la cabeza detrás de ella.
—Vamos, te enseñaré mi parte de la tienda.
Buscó mi mano como si eso fuera lo más natural del mundo.
Cuando nuestras pieles se tocaron, tuve un momento difícil obligando a mis pies moverse. Sólo quería quedarme ahí y observarla. Yui me sonrió y giró, jalando mi mano y acercándome a ella. Caminamos a través del almacén de la tienda de Liz y me tomó toda mi fuerza no acercarme y agarrar su trasero. Joder, ella usaba vaqueros de nuevo.
Esta mujer en un par de vaqueros debería ser ilegal. Mi cerebro no funcionaba cuando los usaba.
—Y esta es mi mitad de Seduction and Snacks. —Yui se paró orgullosa mientras dejábamos el almacén de Liz y entrabamos a su cocina. Con su mano aún sobre la mía, me condujo a través de la cocina al frente de la tienda, indicándome cosas. Donde la tienda de Liz era todo colores oscuros y telas, el lado de Yui era luminoso y amplio y lleno de colores brillantes. Al frente de la tienda, tenía tres paredes de color amarillo claro y una pared de color rosa claro. Detrás del mostrador colgaba una pared del techo en la que se sostenían tres pizarras, llenas de todo lo que la tienda ofrecía junto con los precios.
Debajo de las pizarras, la pared terminaba y se podía ver directo a la cocina. Todo alrededor de la habitación se hallaba enmarcado con imágenes de pastelitos, dulces y varias frases que tenían que ver con su trabajo. Un cartel de madera de color rosa y marrón en una pared declaraba: "El dinero no puede comprar la felicidad pero puede comprar un chocolate, lo que es casi lo mismo". Y otro cartel de color amarillo y marrón en la puerta decía: "Una dieta balanceada es tener una galleta en cada mano". A parte del ambiente cálido y atmósfera acogedora, el olor sólo te podía poner de buen humor. Por primera vez, el olor de chocolate no me molestaba como usualmente lo hacía. Tal vez, porque Yui estaba parada justo a mi lado, y todo lo que podía pensar era en probarla a ella en lugar de los recuerdos que esa esencia usualmente me traía. Di un paso hacia ella y tomé como una buena señal el hecho que no se alejó o soltó mi mano.
—Seduction and Snacks es un gran nombre. Es probablemente más apropiado que Mamadas y Productos Horneados.
Rió nerviosamente, pero aun así no se alejó de mí. Estando así de cerca, podía ver que sus ojos no eran de sólo un marrón líquido. También tenían pequeñas motas de oro que los hacía parecer como si alguien hubiera rociado un puñado de brillantina en ellos.
—Este lugar luce genial —le dije, dando otro paso en su dirección, queriendo estar tan cerca de ella como fuera posible. Me incliné más cerca y deslicé mi mano libre en la suya, los dedos de nuestras manos entrelazándose. Tragó saliva y lamió su labio nerviosamente pero no se movió.
—Gracias —murmuró, sus ojos mirando mis labios.
Joder, ¿quería que la besara? ¿Debería hacerlo? ¿Inclinarme y presionar mis labios con los suyos? ¿Por qué siento como si fuera un niño de doce años sin experiencia? ¿Por qué no puedo parar de hacerme estas preguntas molestas?
Diun último paso, haciendo desaparecer la distancia entre nosotros. Solté sus manos para deslizar las mías detrás de ella y dejarlas en lo bajo de su espalda, jalándola hacia mí durante el proceso. Sus manos subieron a mi pecho pero no me alejó. Las dejó descansando ahí y finalmente me miró a los ojos.
—Huele bien aquí. ¿Qué preparaste? —pregunté en voz baja, inclinando la cabeza hacia sus labios, agradecido de que por fin estuviera en mis brazos y sorprendido por cuán bien se sentía ahí.
—N-nada —tartamudeó—. Sólo hacía una lista de los suministros que necesito ordenar y coloqué la harina en los estantes.
Me detuve con mis labios cerniéndose directamente sobre los suyos. Podía sentir su aliento sobre mí, y tuve que contar hasta diez para detenerme de empujarla contra la puerta y empujarme a mí entre sus piernas.
—Huele a chocolate —susurré, haciendo chocar mis labios contra los suyos.
No tenía ningún control sobre mí cuando me encontraba así de cerca. Dos semanas de sólo escuchar su voz fue como el más tortuoso juego previo en el mundo. Besé la esquina de su boca, su mejilla y justo debajo de su oreja, respirando profundo el aroma de su piel. Todala sangre se me subió a la cabeza y mis brazos se apretaron alrededor de su pequeña cintura.
Guau, ¿qué carajo?
Podía sentir su corazón latir desbocado en su pecho, el cual se presionaba contra el mío, pero no fue eso lo que hizo que la habitación pareciera borrosa.
Esto no puede ser cierto. ¿Por qué mierda mi subconsciente me está jugando estas bromas justo ahora? Besé el punto abajo de su oreja de nuevo sólo para estar seguro que no me volví loco y la sentí temblar en mis brazos. Tomé otro profundo respiro de su aroma, acariciando con la nariz los suaves mechones de su cabello que descansaban a un lado de su cuello.
Jesucristo, definitivamente he tocado fondo. ¿Cómo es posible que huela así? Me quedé ahí, respirando sobre su piel. Cinco años buscando esto y estaba justo en mis brazos. Y ahora iba a lucir como un total idiota pervertido porque esto me mataba. Necesitaba saber qué es ese olor. Tenía que ser alguna clase de loción o alguna mierda y en un loco y retorcido acto del destino, Yui usaba el mismo producto.
Una vez que este misterio estuviera resulto, finalmente podré, de una vez por todas, olvidar esta tontería.
—Probablemente soy yo. Siempre huelo a chocolate —murmuró, sus brazos deslizándose a mis hombros y rodeando mi cuello, sus dedos colándose suavemente a través del cabello en la nuca. Algo acerca dela sensación de sus dedos deslizándose contra la parte posterior de mi cabeza se sentía tan familiar que fue mi turno de temblar.
¿Acabas de citar "Heathers"? Esa es mi película favorita.
Tengo algo por las chicas inteligentes, raras y rubias.
Olvidé cómo respirar por un minuto mientras pequeñas partes del pasado intentaban abrirse camino en mi mente. Se sentía tan bien en mis brazos; como si perteneciera ahí o tal vez había estado ahí antes...
No, no seas un idiota. Yui es dulce y hermosa y una buena chica. No la confundas con un recuerdo, especialmente ahora.
"Bueno, jódeme suavemente con una motosierra."
"Pregúntame cuál es mi película favorita."
El pasado, presente y estúpidos sueños volaban alrededor de mi cerebro intentando luchar por el primer lugar. De repente me vino a la mente un recuerdo de en el que caía sobre ella en una cama extraña. Su cuerpo era suave en todos los lugres correctos y su piel era lisa y no podía tener suficiente de tocarla. Hizo los más asombrosos sonidos cuando lamí la piel de su cuello justo debajo de su oreja. Me recordé empujando dentro ella y apretando los ojos porque era jodidamente apretada y caliente, y no quería que eso terminara antes de que siquiera empezáramos. Recordé moverme lentamente dentro y fuera de ella y rezando a Dios que sintiera lo mismo que yo porque quería hacerle eso por siempre. Recordé despertarme la mañana siguiente, respirando el aroma a chocolate que aún permanecía en la almohada y en las sábanas y rezando para ser capaz de descubrir quién era.
Me alejé de Yui lo suficiente para poder ver su rostro. Observé sus ojos, deseoso de que cada uno de mis recuerdos volviera para entonces no sentirme tan confundido. Sus dedos continuaron jugando con el cabello de mi nuca, poniendo todo en su lugar.
—¿Cuál es tu película favorita? —susurré.
Contuve el aliento, desesperado por una respuesta. Vi su cara ir de satisfacción, a perpleja, a nerviosa. ¿Por qué se puso nerviosa? Era una simple pregunta. A no ser que...
Miró hacia atrás y adelante entre mis ojos y la observé parpadear conteniendo las lágrimas. Ver sus ojos así, tan brillantes y nerviosos sacudió un recuerdo perdido y me atraganté con un suspiro. Con perfecta claridad me vi sobre ella, tirando su pierna hacia arriba y envolviéndola alrededor de mi cadera mientras la miraba a los ojos. Recuerdo mirar sus ojos mientras me introducía en ella y forzándome a detenerme cuando vi que parpadeaba rápidamente conteniendo las lágrimas.
Recuerdo oír su jadeo como si algo le estuviera doliendo y le pregunté si estaba bien. Nunca me respondió; sólo me miró con esosojos rosados hermosos y brillante, atrajo mi cara hacia la suya y me besó. La cara de Yui, los ojos de Yui, el cuerpo de Yui.
—Heathers —murmuró.
Mi mente voló al presente con el susurro de confesión. Todo lo que pude hacer fue observarla con desconcierto. El sentimiento de tenerla en mis brazos, su respiración en mi rostro, el sonido de su risa y la forma en que se sonrojaba cuando se avergonzaba, lo recordé todo.
Chocando nuestros hombros con complicidad mientras jugábamos beer pong, el modo en que sus labios se sentían cuando la besé por primera vez… era ella. Era Yui.
—Mi película favorita. Es Heathers —repitió, confundiendo mi aturdido silencio por una discapacidad auditiva. Me miró como si estuviera dispuesta a hacerme recordar. Con la esperanza de que yo finalmente consiguiera una pista de por qué ella y Liz actuaban tan raro cuando me conocieron. De por qué ella estaba tan nerviosa conmigo aquella noche que aparecimos en la casa de Jim y Liz y trató de evitar mirarme a los ojos a toda costa. Por qué todos en la mesa se veían como si hubieran visto un fantasma cuando Drew mencionó a la virgen.
Por qué ella era reticente a compartir mucho conmigo durante nuestras muchas conversaciones durante las últimas semanas. Ya sabía todo sobre ella. Lo había compartido todo conmigo aquella noche tantos años atrás.
—Eres tú —susurré, llevando mi mano a su mejilla—. Santa mierda.
Soltó una carcajada llorosa y cerró los ojos, apoyando la frente contra mi barbilla.
—Oh, gracias a Dios —murmuró para sí misma, pero lo suficientemente fuerte para que yo escuchara.
Busqué su barbilla y levanté su cara para poder verla.
—¿Por qué no dijiste nada? Probablemente pensaste que era un completo imbécil.
Me sonrió. —Así es. Al principio. Liz quería patearte el culo.
—Creo que aún quiere hacerlo —dije sin expresión.
Volvió a sonreír y eso hizo que me temblaran las rodillas.
—Sinceramente, no sabía qué pensar cuando te vi y no dijiste nada. Me imaginé que eras el típico idiota que tuvo incontables polvos de una noche en la Universidad. Pero luego de unas cosas que Jim nos contó que dijiste, Liz se dio cuenta que debes haber estado demasiado ebrio esa noche para recordar algo de mí. Todavía me inclino a la idea de que no fui demasiado memorable para empezar.
Rió de sus propias palabras pero noté que esa idea la molestaba.
—Ni siquiera bromees sobre eso. ¿Tienes alguna idea de cuánto tiempo te he estado buscando? ¿Cuán loco cree Drew que estoy porque sigo tratando de encontrar un perfume que huela a chocolate y nada se acerque siquiera un poco a la forma en que te recuerdo? Comenzaba a pensar que te había imaginado.
Atraje su cuerpo al mío y descansé mi frente contra la suya, asustado de soltarme de ella por miedo a que desaparezca de nuevo.
¿Cómo podía ser real? Drew nunca va a creer esto. Joder, yo todavíano me lo creo. Ahora que se encontraba así de cerca, podía oler su piel sin siquiera intentarlo y eso me hizo sonreír.
—O no bebiste tanto como yo esa noche o tienes una maldita buena memoria. ¿Cómo diablos me reconociste? —le pregunté.
Yui abrió la boca para hablar, pero justo entonces, la puerta de la tienda se abrió y de repente se alejó de mis brazos mientras ambos mirábamos en esa dirección. El pequeño niño corrió a través de la habitación y solté una risa, imaginándome que se había escapado otra vez de su padre.
—¡Mami! ¡Tego helado! —gritó mientras corría hacia nosotros.
Me quedé ahí de pie con mi boca abierta viendo cómo Yui se inclinaba para atrapar al niño y él se arrojaba en sus brazos. Ella me miró con total y completo horror.
Mierda. Tiene un niño. La he estado buscando por cinco años y ella siguió adelante y tuvo un hijo. Bueno, esto apesta.
—Cariño, ese niño está a dos pasos de conseguir una de esas correas para niños que venden en la tienda. O un collar de electrochoques. Me pregunto si necesitas una orden de permiso para cargar un taser.
Entró el padre que vi más temprano, y traté de no encogerme mientras caminaba hacia donde Yui estaba agachada todavía abrazando al niño y luciendo como si fuera a vomitar.
Yui tiene un fetiche por los hombres viejos. Este tipo debe estar llegando a los cincuenta. Yo también vomitaría si estuviera aquí. Eso es un poco asqueroso. Ella ha tocado esas viejas bolas arrugadas. Cuando él se corre, apuesto a que es sólo una nube de humo evaporándose de su pene. El tipo finalmente me miró, observándome de arriba abajo.
—¿Quién eres tú? —me preguntó, obviamente olvidando nuestro encuentro hace unos momentos debido al Alzheimer.
—Tienes bolas viejas —murmuré enojado.
—¡Seiji! ¡Pensé que había visto tu auto estacionarse hace unos momentos! —exclamó
Liz entrando desde su lado de la tienda poniéndose al lado de Yui, ayudándola a ponerse de pie. Me quedé mirando la nuca del tipo cuando Liz se acercó y él se giró para darle un abrazo. Se le caía el cabello por el jodido amor de Dios. ¿Puede seguir creciendole vello a sus bolas? Quiero patearle sus viejas bolas sin vello.
Yui observaba nerviosamente de ida y vuelta entre Viejo y yo.
Me pregunto qué pensaría sobre el hecho de que Yui y yo tuvimos algo en el pasado. Y que estuvo casi a punto de besarme justo antes de que él llegara y nos interrumpiera.
—Dormí con tu esposa —afirmé, cruzando los brazos por delante y observándolo. Los tres me miraron boquiabiertos con la misma mirada de confusión en sus rostros.
—¿Domiste con mi Nana? ¿Te leyó una historia para dormir? Papá dice que ronca.
Seiji dio un paso hacia mí y tragué saliva.
Independientemente de lo viejas que eran sus bolas, estaba seguro de que podría patearme el culo. O matarme y hacer que pareciera un accidente.
—Papá —dijo Yui, advirtiéndole.
¿Papá? Oh, mierda, soy un idiota. Tengo el Síndrome de Tourette* en la boca. Yui nunca mencionó su nombre ni una vez cuando habló de su padre. Este era el hombre que golpeó a alguien en la cara por llamarlo abuelo. Y ahora acabo de decirle que tiene bolas viejas. Directamente me mataría.
—Mierda. No dormí con tu esposa. Gran error.
Detuvo sus pasos y si yo hubiera tenido un cerebro, hubiera mantenido mi boca cerrada. Obviamente yo estaba ebrio el día que repartieron esas cosas.
—Me confundí, quise decir que dormí con tu hija. —Oí el gemido de Liz y vi como la boca de Yui caía abierta—. Pero no es lo que piensas —continué rápidamente—. Quiero decir, los dos estábamos muy, muy ebrios y ni siquiera sabía quién era ella hasta hace unos minutos.
Oh por Dios, detente. ¡DETENTE!
Una de sus cejas se arqueó y juro que lo escuché hacer sonar sus nudillos.
—Ella huele a chocolate y no me gusta ser azotado —solté apresuradamente entrando en pánico.
—Jesucristo… —murmuró Seiji, sacudiendo la cabeza.
Vi a Yui golpear a Liz detrás de Seiji. Liz resoplaba con la risa. Por supuesto que lo encontraba esto gracioso.
—A mí tampoco me gusta ser azotado. ¿Por qué no tengo vellos en mis bolas? Mami, ¿no lo vas azotar o sí?
—Sí, mami, dinos. ¿Vas a azotar a Shu por ser un chico malo? —dijo Liz en su mejor voz de Marilyn Monroe. En el caos de la tormenta de mierda que sucedía, nunca tuve una buena mirada del niño que Yui cargaba. Me había dado la espalda hasta hace unos segundos y no había prestado atención cuando lo atrapé antes de que se escapara de la tienda. Yui tuvo que haberlo pasado a su otro brazo para así poder golpear a Liz. Ahora, él me miraba. Era un niño muy apuesto. Pero eso no era sorprendente ya que se parecía a ella. Pero había algo sobre él...
Incliné la cabeza hacia un lado y él hizo lo mismo. Me di cuenta que nadie hablaba, pero no podía apartar los ojos de él. Los bordes de mi visión empezaron a volverse negros y sentí que me iba a desmayar. Él tenía mis ojos. ¡Tenía mis jodidos ojos! Rápidamente intenté hacer los cálculos, pero mi cerebro era un revoltijo ¡y no podía recordar que número seguía después de la papa! ¿Qué mierda está sucediendo justo ahora? Esto no podía ser real.
Mi esperma me traicionó. De repente tuve una visión de mi esperma nadando y hablando con la voz de Bruce Willis como en "Look Who's Talking". "¡Vamos! ¡Nada más rápido! ¡Esta pequeña mierda no tiene idea de que escapamos del condón! ¡Yupi, hijo de puta!
Mi esperma Bruce Willis es un patea traseros y piensa que es Jhon McClane de "Die Hard". Esa es la única explicación para esta jodida cosa.
—¿Quién eres tú? —pregunté al niño con mis ojos fijos en él,cuando finalmente encontré mi voz.
—Soy Takumi Komori, ¿quién rayo eres tú?
Snafu's*: Siglas de Situation Normal, All Fucked Up, Situación normal, todo jodido. Frase perteneciente a la jerga militar que hace referencia a una mala situación inesperada, cuando todo parece ir bien.
Síndrome de Tourette*: es un trastorno neuropsiquiátrico heredado con inicio en la infancia, caracterizado por múltiples tics físicos (motores) y vocales (fónicos).
Gracias por leer.
Alba Salvatore: JAJAJAJAJA ya sabemos cuales son las verdaderas intenciones de Papamaki ~~ Besos y espero que te haya gustado este capítulo.
