Holaaa ¿cómo están? Yo bien gracias a Dios. Por acá les dejo este capítulo,espero que disfruten

Pareja:YuixShu

Rt: "T" cambiará a "M"

Capítulo XI

Buenas vibraciones

Oh mierda.

Mi padre iba a matar a Shu antes de que tuviera la oportunidad de decirle que era el padre. Aunque, estaba bastante segura de que ese barco había partido. O estaba mentalmente desafiado o en shock. O yo me hallaba completamente perdida en el hecho de que le gustaba gritar sobre bolas peludas y ser azotado.

A Takumi le gustaba hablar acerca de sus bolas todo el tiempo. Puede ser hereditario…

—¿Quién eres tú? —susurró Shu, mirando directamente a Takumi como si estuviera tratando de averiguar la raíz cuadrada de pi en su cabeza.

—Soy Takumi Komori, ¿quién rayos eres tú?

—¡TAKUMI! —Lo regañamos todos, excepto Shu. Todavía se veía como si fuera a vomitar

Mierda, no era así como lo imaginé. Sabía que después de todas nuestras conversaciones y de lo mucho que había llegado a conocer a Shu, esto iba a tener que aclararse pronto. Y habí decirlehoy, facilitándoselo.

Después de que lo atiborrara con suficiente alcohol para ahogar un caballo.

—Este es uno de los amigos de mamá, amigo —le dije a Takumi.

Por el momento "amigo" parecía mejor que "el padre que nunca supiste que tenías" o "el chico que preñó a mamá". Podía esperar hasta que fuera un adolescente para marcarlo con esa información.

Takumi comenzó a aburrirse con la culpa de emoción en la habitación, ya que todos más o menos sólo se quedaron parados allí y esperando por la explosión en el cerebro de Shu. Takumi tenía la capacidad de atención de un niño de dos años drogado con Trastorno por Déficit de Atención por Hiperactividad. Comenzó a retocarse en mis brazos así que lo bajé. Sostuve mi aliento mientras caminaba y se paraba justo en frente de Shu con las manos en sus caderas.

—¿Eres un amido de mami? —preguntó.

Shu asintió con su boca abierta y sin ningún sonido. Estoy bastante segura que él ni siquiera había escuchado a Takumi. Alguien pudo haberle preguntado si le gustaba ver porno gay mientras pintaba imágenes de gatitos y pudo haber asentido.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Takumi echó hacia atrás uno de sus puñitos de furia y golpeó a la virilidad de Shu, que inmediatamente se dobló por la cintura, apretando las manos entre sus piernas y jadeando por respirar.

—¡Oh Dios mío! ¡Takumi! —grité, mientras me lancé sobre él, me agaché y lo giré para que me mirara mientras mi papá y Liz se reían como hienas detrás de mí.

—¿Que está mal contigo? No golpeamos a las personas. NUNCA —lo regañé.

Mientras Shu trataba de respirar de nuevo, mi papá se las arregló para parar de reír el tiempo suficiente para disculparse.

—Lo siento, Yui, eso es probablemente mi culpa. Dejé que Takumi mirara "Fight Club" conmigo la noche pasada.

Soy la completa mortificación de Yui.

—Tus amidos te enfermaron la otra noche. Dijiste que él era tu amido —explicó Takumi, como si lo hiciera con todo el sentido en el mundo.

Eso sólo hizo que mi padre riera aún más fuerte.

—No estás ayudando, papá —gruñí entre dientes.

—No haces enfermar a mi mami, ¡pendejo idiota! —le gritó Takumi a Shu, colocando los dos deditos arriba en sus ojos, y luego apuntándolos directo a Shu justo como Liz lo había hecho antes.

—Jesucristo —jadeó Shu—. ¿Acaba de amenazarme?

—Jesutisto —repitió Takumi de nuevo.

Liz corrió sobre Takumi y luego lo recogió en sus brazos.

—Bien, hombrecito, ¿qué te parece si vamos con papá a paseary hablamos de palabras de personas grandes? —le preguntó mientras caminaba hacia mi papá y lo agarró por el codo.

Me puse de pie y le lancé una mirada de agradecimiento. Sólo sonrió y arrastró a mi papá por la puerta con Takumi hablándole al oído de algo que vio en Bob Esponja.

Cuando Shu y yo por fin estuvimos solos, me atreví a mirarlo. No parecía molesto. No parecía triste. Sólo se veía como si no tuviera ni idea de donde estaba ni que día era. Nos quedamos mirando fijamente durante varios minutos hasta que el silencio me empezó a molestar.

—¿Podrías decir algo por favor? —le rogué.

Hace apenas un momento se veía completamente feliz porquefinalmente descubriera quien era yo. Me sostuvo cerca e iba a besarme. Ahora todo se arruinó y era mi culpa por no decirle antes.

Shu sacudió la cabeza como si estuviera tratando de aclararla.

—Eso era un niño —afirmó—. No me gustan los niños.

Me mordí la lengua. Seguía en shock. No podía echarlo a perder con él porque dijo algo así. Demonios, ni siquiera me gustan los niños y vivo con uno. Amo a mi hijo, pero eso no significa que me guste todo el tiempo.

—Usé un condón. Sé que usé un condón —dijo en un tono acusatorio, lanzándome una mirada de pánico.

Bien, hasta ahí llegó morderme la lengua. El placer que había sentido antes cuando tenía su cuerpo presionado contra el mío y sus labios en mi cuello, voló por la ventana.

—¿En serio? ¿De verdad puedes recordarlo? Porque estoy bastante segura de que hasta hace unos veinte minutos no tenías ni puta idea de quién era. Sin embargo tienes razón, usaste un condón. Te lo pusiste en tres embestidas después que tomaras mi virginidad. Pero déjame aclararte algo Einstein, no son cien por ciento efectivos, especialmente cuando no se usan correctamente. —Echaba chispas.

—Me da arcadas cuando alguien vomita. Y no sé cómo cambiar un pañal —dijo con horror.

—Shu, tiene cuatro. No usa pañales. Y no es Linda Blair de "El Exorcista". No anda vomitando todo el día —dije poniendo los ojos en blanco.

—Mi salchicha duele. Necesito un trago —murmuró antes de girarse y atravesar la puerta.

Para cuando Liz y mi padre regresaron a la tienda con Takumi, no estaba de humor para hablar con ninguno. Puse a Takumi en el auto y fui a casa sin decir palabra. Probablemente me comportaba como una bebé grande, pero no me importaba. Me enojé con ellos por pensar que todo esto era gracioso, conmigo misma por no contarle a Shu tan pronto como lo vi, y también me molestaba estar enojada por todo esto.

¿A quién le importaba si se asustó y probablemente nunca nos volvería hablar? No era como si estuviéramos perdiéndonos de algo. Takumi no tenía ni idea quién era. ¿Cómo puedes perder algo que nunca has tenido?

Pero lo tuve. Literalmente. E incluso, aunque para este momento estaba jodida, sabía lo qué perdí. Por dos semanas se abrió para mí y sabía mucho más de él que antes. Sabía que ama a su familia y quiere más que nada tener una propia algún día. Sé que es un trabajador fuerte y podría hacer cualquier cosa por los que ama. Por un momento, fue agradable tenerlo aquí. Estar en la misma habitación con él, verlo sonreír y escucharlo reír, sentir sus brazos alrededor de mí y saber que no estaba sola en esta locura de la cosa de la paternidad.

Mierda. Estaba bien y jodida. Me importaba. Lo quería en mi vida, en la vida de Takumi. Quería que Takumi conociera a su padre y quería que Shu supiera qué clase de personita increíble ayudó a crear. Quería pasar más tiempo a su lado y quería que me conociera. No en la versión parcial que le di por teléfono por miedo a meter la pata con Takumi o en la versión de fantasía de aroma de chocolate que tuvo todos estos años, la verdadera yo. La que puso sus sueños en espera para criar a su hijo, la que haría todo de nuevo en un minuto si eso significara tener otra vez a Takumi en su vida, la no tan perfecta loca quesaltaba a conclusiones y locuras sobre las cosas más mundanas y que daría todo por volver a aquella mañana hace cinco años y estar acurrucada en los brazos de ese chico que olía como la canela dulce y cuyos besos eran más caliente que un infierno.

Pasé el resto del día limpiando la casa de arriba a abajo. Esta fue una clara señal de que me sentía agitada. Odiaba encontraba sobre mis manos y rodillas sacando toda la mierda bajo el sofá. Una envoltura de pop-tart, un palo de paleta y una taza entrenadora con algo grueso que probablemente alguna vez fue leche.

Jesús, Takumi no había usado vasos entrenadores en más de un año.

—Mami, ¿van a vedir personas para una fiesta?

—No, no vamos a tener una fiesta, ¿por qué? —le preguntémientras recogía dos centavos, una de cinco y cuatro envoltorios vacíos de bocadillos de fruta.

—Poque estás limpiando. Sólo limpias cuando viede la gente.

Saqué la cabeza de debajo del sofá y me senté sobre mis pies.

—No es cierto —argumenté.

—Sí.

—No, no es así.

—Aja.

—No.

—Sí.

¡Aaaaaah! Estoy discutiendo con un niño de cuatro años.

—¡Suficiente, Takumi! —grité—. Ve a limpiar tu habitación.

—Madito infierno —murmuró.

—¿Qué acabas de decir? —le pregunté con una voz severa.

—Te amo, mami —dijo con una sonrisa, antes de lanzar los brazos alrededor de mí y apretarme.

Maldita sea. Soy demasiado fácil.

Ignoré tres llamadas de Liz durante todo el día y una de mi papá. Los mensajes de voz de Liz no eran sorprendentes.

—Deja de ser una idiota. Llámame.

—¿Ya sacaste el palo de tu trasero?

—…. ¡OH SÍ! ¡Más duro Jim! Oh mierda sí…

Esa perra me marcó con su trasero mientras tenía sexo con Jim.

El mensaje de voz de mi papá mostró cuan preocupado se sentía por mi bienestar.

—¿Dejé mi sombrero Budweiser en tu casa la semana pasada?

A medida que el día avanzaba, empecé a sentir lástima por Shu. Lo sentí de verdad y en cierto modo fue tomado por sorpresa. Un minuto se inclinaba para besarme y al siguiente descubrió que era el padre de un niño de cuatro años.

Buen Dios, casi me besó.

Mi mano se pausó en el proceso de poner nuestros platos de la cena en el lavavajillas, y miraba al espacio mientras recordaba lo que pasó entre nosotros antes de que todo se fuera a la mierda. Debería estar tratando de pensar en lo que le iba a decir a Shu cuando habláramos de nuevo, pero el recuerdo de esta mañana seguídemasiado fresco en mi mente y había sido un largo tiempo desde que dejé que un hombre se acercara a mí. Mi cuerpo estaba hambriento de afecto. Y aunque no podía negar que una pequeña parte de mí siempre había soñado con estar con Shu de nuevo. Completamente sobria esta vez, así podría recordar cada simple detalle. Me avergonzaba admitir que él siempre había sido la estrella en mi rollo del placer. Excepto que siempre fueron cosas inventadas ya que no había mucho acerca de nuestro primer encuentro que pudiera ser usado como material de masturbación aparte de los besos y de cuán caliente se veía. Ahora tenía hechos de la vida real para usar. Sus labios habían sido suaves y cálidos en la piel sensible de mi cuello. Sentí la punta de su lengua escabulléndose y probándome, y quería más. Su aliento en mi mejilla hizo acelerar mi corazón y el calor explotó entre mis piernas.

Cuando sus manos firmes y brazos fuertes se enrollaron alrededor de mí y me atrajeron en su dirección, sentí cada centímetro de su cuerpo, incluyendo lo mucho que me quería. Los últimos años había estado en un pequeño puñado de citas que nunca habían ido más allá de los besos. Ninguno de esos hombres nunca me hizo sentir siquiera un poco de lo que Shu hizo. Nunca quise más con ninguno de ellos, nunca soñé en cómo sería sentir sus labios y lenguas moviéndose sobre cada centímetro de mi cuerpo desnudo. ¿Cómo sería estar con él sin la neblina del alcohol? ¿Se tomaría su tiempo? ¿Sus manos serían fuertes y exigentes en mi cuerpo, o suaves y gentiles? El pitido de un nuevo mensaje de texto en mi teléfono me sacó de mis fantasías, y casi solté el plato que sostenía. Lo metí en el lavavajillas y cerré la puerta antes de caminar hacia la mesa y agarrar el celular.

Si no vas a llamarme, al menos haz algo para aliviar tu tensió la bala que recibiste en la fiesta de Jenny para una prueba. Repórtate mañana conmigo ~ Liz, La Perra Bala.

Puse los ojos en blanco y borré el mensaje sin responderle. ¿Por qué no me sorprende que Liz acabara de enviarme un mensaje de texto ordenándome que me masturbara? Apagué la luz de la cocina e hice mi camino hacia el pasillo para comprobar a Takumi. Dormía profundamente así que suavemente cerré la puerta de su habitación y caminé por el pasillo hacia mi propia habitación. Después de ponerme una camiseta sin mangas para dormir y cepillarme los dientes, me acurruqué en mi cama mirando hacia el techo, pensando en Shu.

Y sus manos.

Y dedos.

Y labios.

¡Mierda!

¿Debería estar pensando en cómo iba a enfrentar esta situación? Mi conquista de una sola noche apareció después de casi cinco años y se veía tan apuesto como siempre y me hacía sentir cosas que no quería permitirme sentir. Debería estar haciendo planes. Conduciendo a su casa para poder disculparme por la forma en que le cayó encima esta enorme bomba. Tuve nueve meses para prepararme para esto. Él no tuvo tiempo, ni a alguien en quien confiara o realmente conociera para que le ayudara a conseguir control.

Mi corazón amenazaba con derretirse a medida que mi cerebro rápidamente cambió de tema y recordé la expresión de su rostro cuando finalmente me reconoció. ¿De verdad me había estado buscando todo este tiempo? Parecía tan imposible e irreal. Pero Jesús, la expresión en sus ojos cuando se dio cuenta de que era yo... era casi demasiado. Se veía como un moribundo que acababa de recibir el indulto de la vida. Su rostro se iluminó y su sonrisa hizo que mis rodillas se debilitaran.

No, esos habían sido su lengua y la erección presionando sobre tu cadera.

Dios, olía increíble. Todavía olía a canela y a niño. Bueno, ¿ahora sería a hombre, no? Y oh, qué hombre. Froté mis muslos cuando sentí el familiar hormigueo entre mis piernas. Mierda, nunca iba a quedarme dormida a este ritmo o a tomar decisiones importantes. Me sentí como un cable de alta tensión a punto de estallar en llamas. Pasé los dedos sobre mi labio inferior al recordar la sensación de sus labios suavemente deslizándose hacia atrás y adelante sobre los míos. Dios, quería tanto en ese momento que me besara. Quería sentir su lengua contra la mía, y quería saber si sabía igual a cómo hace tantos años. Estaba agitada y ahora, caliente como el infierno. Sabía que tenía que hacerme cargo de esto o nunca iba a llegar a dormirme. Quería hacerme cargo de esto con los pensamientos frescos de Shu en mi mente, pero de repente, la idea de mi propia mano brindándome la liberación que necesitaba, no sonaba tan emocionante. Quería que fuera su mano la que me tocara, que sus dedos se deslizaran a través de mí y me llevaran hasta el borde. Mi mano no lo iba a hacer por mí en este momento.

Observé de mala gana, la maleta negra apoyada contra mi pared y le di una mirada sucia.

—Maldita sea, Liz —murmuré para mis adentros mientras con furia arrojaba las mantas de encima de mí y me dirigía a la maleta. Abrí la cremallera, metí la mano y la cerré en torno a una de las bolsas selladas de fábrica, de plástico transparente, que contenía lo que necesitaba.

Tan pronto como la tuve en la mano, hice una pausa y miré alrededor para asegurarme que nadie me había visto. Ya sabes, sólo en caso de que de repente viviera con diez personas que pudieran estar de pie en mi habitación, mirándome sin mi conocimiento. Resoplé con frustración, me metí en la cama y me apoyé contra la cabecera. Era una mujer adulta, independiente y de veinticuatro años de edad. ¿Por qué diablos me asustaba tanto por usar un vibrador? Este era el siglo veintiuno, por amor de Dios. Mi abuela probablemente tenía una de esas cosas.

Uuuughhh, qué asco. Acabo de vomitar un poco en mi boca. Nota mental: pensar en abuelas masturbándose no está, repito NO está aprobado en la lista de material para darte placer.

Decidida a hacer esto antes de que tuviera alguna otra idea repugnante sobre una pariente que pueda o no ser propietaria de un novio con pilas, rasgué el plástico con los dientes y vacié el contenido del paquete en mi regazo. Agarré el remoto azul, ovalado y de plástico, dejando que los treinta centímetros o menos de cuerda fina que venía unida se desenrollara hasta un pequeño cilindro plateado que colgaba al final frente a mis ojos como un péndulo, oscilando lentamente hacia adelante y atrás.

Te estás calentando mucho. Voy a contar hacia atrás y cuando llegue a uno, serás una mujer satisfecha.

Puse los ojos en blanco y me deslicé hacia abajo hasta que mi cuerpo quedó completamente tendido de espaldas. Coloqué el remoto abajo de mi cadera y miré el pequeño maní de plata de placer.

Tuve un momento de pánico tratando de averiguar si realmente creía en los fantasmas y si lo hacía, ¿me miraban en este momento? ¿Se encontraba de pie en la esquina, el Sr. Phillips, el viejo sucio que vivía alotro lado de la calle cuando era pequeña y que murió de un ataque al corazón cuando tenía doce años, esperando a que me complaciera a mí misma? ¿Mi bisabuela, Rebecca, se hallaba de pie esperando para gritarme y decirme que me iba a castigar si no podía reprimirlo?

¡Hijo de puta!

—Será mejor que valgas todas estas dudas, mi pequeño amigo — amenacé al juguete a batería.

Negué con la cabeza ante mi estupidez por hablar en voz alta a un vibrador, cerré los ojos y prendí la maldita cosa con mi mano libre que seguía apoyada en el remoto antes de perder los nervios.

Esa cosa podía ser pequeña, pero tenía una señal. Se sacudió a la vida en mi mano y si antes no había fantasmas en mi cuarto, el zumbido de esta cosa era seguro que despertaría a esos cabrones de la muerte y los traería directamente a la fuente del ruido para ver lo que causaba el alboroto.

Volé bajo las sábanas, arrastrando la bala conmigo y abrazándola con fuerza contra mi estómago, en un esfuerzo por amortiguar el ruido. Cuando eras pequeño y tenías miedo del hombre del saco, esconderte debajo de las sábanas significaba que no podía verte ni agarrarte el pie mientras dormías. Una historia verdadera. Pensé que las mismas reglas se aplicaban a las personas muertas viendo masturbarte. Estar debajo de las sábanas significaba que en realidad no sucedía. ¡No puedes verme! ¡Mis sábanas son mágicas y hacen desaparecer mi vagina!

Curiosamente, las vibraciones de esta cosa contra mi estómago se sentían bien. Algo así como un masaje leve que me daba algo de calma. La calma es buena. La necesito. Tomé una respiración profunda y una vez más me relajé sobre el colchón, cerrando los ojos, evocando las imágenes de Shu de esta mañana, sus ojos, su boca, la lengua húmeda y caliente de Shu inmersa entre mis pechos. Bueno, eso no sucedió. Pero esto era una ilusión y podía soñar despierta, incluso con Shu lamiéndome si así lo quería. Y lo quería. Quería que lamiera y chupara mi cuello. Quería que lamiera y chupara mis pezones. Quería que lamiera y chupara un sendero que bajara por mi estómago hasta hundir su boca entre mis piernas. Mi mano que sostenía el vibrador, siguió el mismo camino que la boca de Shu hizo en mi mente, hasta hacer descansar el pequeño tubo vibrante justo por encima de mi ropa interior.

Guau. Bien, esto era bueno.

Empujé la bala un poco más fuerte contra mí y mis caderas se sacudieron hacia adelante cuando pequeñas punzadas de placer me atravesaron.

—Jesús, Dios... —murmuré, así como algunas otras palabras incoherentes de conmoción y pavor.

Mis caderas se sacudieron contra el vibrador y solté un pequeño gemido de placer, por lo bien que se sentía. Esto era una locura. No iba a durar más de un minuto con esta cosa. Podía sentir la humedad en mi ropa interior y las palpitaciones a través de todo mi sexo, y de repente quería más que nada sentir ese frío, metálico y liso juguete directamente contra mi piel desnuda. Más rápido de lo que antes me había movido, deslicé la bala hacia mi estómago y lo empujé y a mi mano debajo de mi ropa interior, rápidamente presionando en el lugar que le pertenecía.

Tan pronto como las vibraciones y el metal liso entró en contacto directo con la desnudez entre mis piernas, un fuerte gemido se escapó de mis labios, mi cabeza voló hacia atrás y los ojos se cerraron fuertemente. Con esta cosa palpitando entre mis piernas, no necesitaba imágenes de Shu, pero todavía las quería. Imaginé sus suaves dedos empujando dentro de mí, sus labios jalando mi pezón en su boca y su pulgar frotando en círculos alrededor de la zona tan sensible que la bala tocaba. Las sensaciones eran increíbles y grité en sorpresa, arqueando mi espalda con la primera ola del orgasmo que sacudió mi núcleo mientras

frotaba la bala rápidamente dentro de mí.

—Santo infierno —gemí mientras cabalgaba ola tras ola de placer que hizo que doblara los dedos de los pies. Jadeaba por mi liberación y por la energía lentamente drenada de mí, pero mis manos todavía deslizaban la bala a través de mi humedad y la froté rápidamente contra mi muy sensible clítoris fuera de toda razón. Antes de que pudiera formar un pensamiento coherente, otro orgasmo, algo menos intenso que el primero, me atravesó y puso fin a todos mis movimientos. Tenía la boca abierta, pero no salía ningún sonido mientras contenía el aliento y sentía el latido intenso de mi liberación, palpitando a través de mí. Varios minutos pasaron antes de que mi cerebro empezara a funcionar de nuevo. Saqué la bala de mi ropa interior antes de que tuviera la oportunidad de continuar y convertirme en uno de los anfitriones locos del programa "My Strange Addiction", que se encerró en su habitación y no hacía más que masturbarse y ver el canal Food Network todos los días. Rápidamente apagué el vibrador; la culparepentina de un zumbido en la habitación hacía que esta se sintiera inquietantemente tranquila.

Me quedé allí en la cama como un palo, incapaz de levantar cualquiera de mis extremidades durante varios minutos, mientras mis párpados se cerraban por el cansancio. Cuando por fin recuperé el uso de mis brazos, me acerqué a la mesita de noche, sin sentarme y tomé mi celular para comenzar un nuevo mensaje de texto.

Perra Bala: Tarea asignada completada. Mi vagina nunca será la misma. ~ Yui

Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos. Bueno, quizáno de mis pensamientos, del estado catatónico podía haber sido más preciso. Durante dos días, no había hecho nada más que ir a trabajar y quedarme mirando las paredes vacías de mi casa, desde que Yui soltó la bomba sobre mí. Me arrastré malhumorado hacia la puerta y la abrí. Encontré a Drew con una camisa negra que decía "Alice in Chains" con una foto de Alice de "Brady Bunch" que llevaba una mordaza de bola, esposas y cadenas. Sonrió y levantó un paquete de seis de cerveza.

—Hombre sobrio entra, hombre borracho sale.

Cerré la puerta en sus narices y me dirigí de nuevo hacia mi lugar en el sofá. Volvió a abrir la puerta y entró.

—Está bien, Mary, no hay necesidad de actuar como un bebé —dijo mientras ponía las cervezas sobre la mesa y se dejaba caer en el sofá junto a mí. Mi nariz se arrugó en disgusto por el olor que provenía de él.

—Jesús, Drew, ¿qué mierda es ese olor? —gemí mientras me tapaba la nariz con la mano.

—No seas enemigo. La recogí hoy. Es la colonia Tim McGraw.

—Querrás decir que son las bolas de Tim McGraw. Eso huele a puro orín de gato, amigo.

—Jódete —se quejó Drew.

—No, gracias. El olor a orín no hace nada por mí.

Drew resopló y cruzó los brazos sobre el pecho y se quedó mirándome.

—Muy bien, sácalo. Antes de que corra a la tienda y te compre medicina para los cólicos y tampones.

Mi cabeza cayó hacia atrás del sofá. Sabía que estaba siendo un maldito, pero no podía evitarlo. Mi mundo acababa de estallar en mi cara.

—Ella tiene un hijo. Soy padre —murmuré.

—Sí, lo entendí del correo de voz que me dejaste anoche. Aunque, tengo que decir que tratar de descifrar "Bruce Willis la dejó embarazada con mis bolas peludas de chocolate en la fiesta de fraternidad" me tomó un tiempo para aclarar. Por fortuna, tuve la versión de Jim y Liz, ya que no respondías a mis llamadas.

—¿Qué diablos voy a hacer? —le pregunté mientras levantaba lacabeza para mirarlo.

—Primero, vas a hablar con ella y obtener la historia completa. Sé que estás en estado de shock, pero sentarte aquí todo el día tocando tu vagina, no va a mejorar las cosas. Así que levántate, hombre. Ve a hablar con ella. Te pasaste todos estos años tratando de encontrarla y aquí está, justo en frente de ti. Tiene un poco de equipaje. ¿Quién no lo tiene?

—¿Un poco de equipaje? Drew, tiene un hijo. Eso es más que un poco de equipaje —me quejé.

—Despierta y mira el espejo, papá. También es tu hijo. Y has pasado los últimos años tratando de sacarla de tu sistema con cualquier chica que apenas soportas. Eso no es sólo equipaje, eso es bolsas,maletas, maletines, mochilas y bolsas de maquillaje Clinique.

Le di una mirada inquisitiva.

—¿Qué? Me gusta estar hidratado. Una piel sana es el signo de una vida saludable. Necesito una bolsa de maquillaje para mis exfoliantes, limpiadores de poro y loción reafirmante de piel.

Drew se puso de pie y se volvió hacia mí.

—En las palabras del gran presentador Maury Povich, tú ERES el padre.

Le di las gracias por las cervezas y la charla y le vi salir a su cita con Jenny. No era una sorpresa, teniendo en cuenta la forma en que casi le folló la pierna en la cena la noche que se conocieron. Según Drew, habían pasado todo su tiempo juntos desde entonces. La gente salía, se enamoraba, vivía sus vidas y yo me hallaba aquí atrapado con mi cabeza en el culo, gogleando demandas contra las empresas de condones y dándome cuenta de que NO PODIA ASIMILAR LA VERDAD.

¿Podía hacer esto? ¿Podía ser el padre de alguien? Supongo que sólo había una manera de averiguarlo.


Mis amores, trataré de subir un capítulo mañana por año nuevo \'.'/ gracias por leer .

Alba Salvatore: Espero que te haya gustado el capítulo de hoy. Me alegro que te guste la historia hasta ahora, muchos besos :*

Lady in red: Jajajaja. Y todavía falta aún más drama, espero que te haya gustado este capítulo. Muchos besos :*