Holaaa ¿Qué hay? ¿Cómo están? ¿Qué es de su vida? Espero que les haya gustado mucho el capítulo anterior y espero que les guste este. Y comenten que tal. Besos :*
Rt: "M"
Pareja: YuixShu
Advertencia: Masturbación
Capítulo XIII
Muslos temblando.
Por el siguiente par de horas, miré el culo de Yui… eh, quiero decir, la observé trabajar y conversé con ella cuando tenía unos segundos.
También me convertí en un orgulloso miembro del equipo P.O.R.N.O cuando me las arreglé para tirar una pelota de ping pong que rebotó en la cabeza de T.J. y golpeó a Yui en las tetas. Se habló de hacerme el capitán del equipo después de me dijo que sabía muy bien cómo manejar mis bolas, y comencé a preguntarme si me convertía en más que un pequeño pervertido por el hecho de que me encendí cuando dijo "bolas".
Me pregunto, ¿qué haría falta para que diga "polla"? En ese momento T.J. caminaba por ahí, desatando su delantal y guardándolo debajo de la barra. Probablemente debería haber sentido un poco de celos por el hecho de que era un hombre bien parecido y llegaba a estar muy cerca de Yui todo el tiempo, pero verlos interactuar sólo me hizo reír. Eran como hermanos con la manera en que se empujaban, lanzaban insultos de ida y vuelta, y parloteaban con cualquiera que quisiera escucharlos. Como resultado de ello, decidí que me gustaba T.J. y no tenía que matarlo.
—Oye, T.J., hazme un favor. Consigue que Yui diga "polla" y te daré veinte dólares.
—Trato —dijo automáticamente antes de alejarse de mí.
Todos los clientes se habían ido, Yui acababa de girar el cartel de "cerrado" y estaba en el proceso de regresar de la puerta principal.
—Oye, Yui, ¿recuerdas cuándo vino un tipo aquí hace unos meses, golpeó tu culo y te llamó "Linda Yui"? ¿Cómo fue que lo llamaste?
—Un chupa pollas —respondió distraídamente mientras llegaba detrás de la barra y comenzaba a organizar las botellas.
Con una sonrisa soñadora en mi cara, deslicé un billete de veinte a través de la barra hacia T.J. y él se alejó. Esta iba a ser una hermosa amistad. Si él pudiera conseguir que llegara a decir "fóllame duro,Shu" podría comprarle un pony.
T.J. se despidió y salió por la puerta mientras Yui terminó de incorporarse. Después de unos minutos, dobló la esquina de la barra y se sentó en un taburete a mi lado.
—Te ves cansada —le dije mientras ella descansaba su barbilla en la mano y dejaba escapar un suspiro.
—¿Es una linda manera de decirme que me veo como una mierda? —bromeó.
—Por supuesto que no. Si lucieras como la mierda, te lo diría. También te diría si los vaqueros que usas hacen que tu culo se vea grande, si algo que cocinaste sabía cómo si viniera de la suela de mi zapato o si una broma que hiciste no era divertida en absoluto.
—Guau, eso es muy amable de tu parte —dijo con una risa.
—Es lo que hago.
Nos sentamos allí durante varios minutos, mirándonos. Nada de esto parecía real todavía. No podía creer que estuviera aquí sentada frente a mí. No podía creer que todavía era tan notable, divertida y hermosa, y no podía creer que tuviera un hijo. Mi hijo.
—De alguna manera me sorprendes, ¿lo sabías? —le dije, rompiendo el silencio.
Vi el rubor iluminar sus mejillas y miró hacia otro lado, con la mirada fija en una servilleta para bebida que comenzó a triturar.
—No soy tan buena, créeme.
Sacudí la cabeza con incredulidad de como claramente no se veía a sí misma muy bien.
—¿Estás bromeando? Te enganchaste con un perdedor total en la noche de una fiesta universitaria, quedaste embarazada, tuviste que renunciar a tus sueños y abandonar la escuela, trabajaste hasta tu culo, criaste a un niño increíble y ahora vas a abrir tu propio negocio. Si eso no es increíble, no sé lo que lo es.
Siguió rasgando la servilleta a un ritmo aún más rápido, mientras yo continuaba.
—Eres fuerte, segura, hermosa y haces que todo parezca tan condenadamente fácil. Estoy muy agradecido de haberte encontrado de nuevo. Siempre estaré en deuda contigo por el cuidado de… de nuestro hijo. Has hecho un trabajo increíble con él y eres tan generosa que estoy atemorizado.
Uf, lo dije. Mi hijo. Takumi es mi hijo. Por raro que parezca, no me dan ganas de arrojarme en un clavo oxidado.
Sin embargo, ella todavía no me miraba, y comenzaba a ponerme nervioso. Me sentí muy mal por la servilleta para bebida que ahora parecía un pequeño montón de nieve. Me acerqué y puse mi mano sobre la suya para hacer que parara de juguetear con el desorden.
—Oye, ¿qué está mal? —le pregunté.
Por fin volvió el rostro hacia el mío y no voy a mentir, me asusté mucho al ver lágrimas en sus ojos. No quería hacerla llorar. En absoluto. Si me pedía ponerme en el fuego ahora mismo, lo haría para no tener que verla llorar.
—Takumi es maravilloso. Es inteligente y perfecto, es gracioso y es el mejor niño del mundo. Tiene sus momentos, pero está muy bien educado y es simplemente perfecto. ¡Perfecto! Cada persona que lo conoce, lo adora y a cada segundo amo ser su madre… —se fue apagando.
Sabía que recubría de azúcar las cosas. Si decía la palabra "perfecto" una vez más iba a empezar a llorar yo. No quería la versión suavizada. Quería saber todo, todo lo que me perdí. Lo bueno, lo malo y lo feo. Su pie golpeaba nerviosamente el peldaño del taburete de la barra, y se veía como si estuviera a punto de explotar. Sabía que con todo lo que pasaba en este momento, tenía que estar bajo mucho estrés. Era una madre soltera con un montón en el plato y sabía a ciencia cierta que Takumi no era impecable. ¿Qué niño lo era? Pero ella definitivamente quería que lo creyera. ¿De verdad le asustaba que cambiara de opinión si conocía los horrores de ser padre? Siempre había querido tener hijos algún día. Era uno de los mayores problemas entre Tasha y yo. Sabía que no era todo arco iris y gatitos. Sabía que podía absorberte la vida y hacerte perder la cordura.
—Está bien si quieres quejarte. Sólo puedo imaginar cuán difícil es para ti.
—Amo a Takumi —repitió con convicción.
Me reí un poco de cómo se veía entrando en pánico.
—Nadie lo cuestiona. Pero no tienes que actuar como si tuvieras todo bajo control el cien por ciento de las veces. No voy a pensar mal de ti o Takumi si necesitas desahogarte, créeme. Quiero saberlo todo. No mentí cuando te lo dije.
Ella se ablandó un poco. La servilleta finalmente quedó libre de su abuso y su pie ya no golpeaba locamente. Sin embargo, todavía me miraba con cautela. Sabía de una manera que podría conseguir que se calmara y se abriera. Me puse de pie y me incliné sobre la parte superior de la barra, estirando los brazos lo más lejos que pude, y envolviendo mi mano alrededor de lo que necesitaba.
Me senté, agarré un vaso que descansaba boca abajo sobre la barra y lo llené con Three Olive Vodka de uva, que ahora sabía que era su favorito. Dejé la botella en la barra y la deslicé fuera del camino.
—Sé sincera —le dije mientras empujaba el vaso frente a ella.
Se mordió el labio, miró el vaso y luego a mí. Era como un libro abierto y pude ver todas las emociones conflictivas mientras corrían por su rostro hasta que finalmente lo dejó ir.
—¡AmoTakumihastalamuerteperomevuelvemalditamenteloca! —dijo lo más rápido que pudo y cerró la boca de inmediato.
—Toma un trago —le dije, señalando el vaso en estí dudarlo, agarró el vaso y se inclinó hacia atrás, golpeándolo en la barra cuando terminó.
—Sigue adelante —le dije mientras me inclinaba más cerca de ella y le servía más vodka en el vaso.
—La primera vez que dijo "mami", mi corazón se derritió por completo. Pero ese niño nunca se calla. Nunca. Incluso habla en sus sueños. Una vez, cuando íbamos en auto, iba hablando sin cesar sobre las ovejas, papas a la francesa, su salchicha y la cortadora de césped, paré el coche en medio de la calle y salí. Cuando caminé alrededor del auto y regresé, seguía hablando, preguntándome si las cortadoras de césped tienen salchichas. Nunca. Para. De. Hablar.
—Toma un trago —le dije de nuevo con una sonrisa.
Se lo bebió, golpeando el vaso delante de mí esta vez, así podría volver a llenarlo. Lo hice, empujándolo hacia ella.
—Gané veinticinco kilos cuando estaba embarazada. ¿Tienes alguna idea de lo que se siente mirar hacia abajo y no ser capaz de ver tu vagina?
—Uh, no —murmuré.
—Mi culo tenía su propio código postal.
—Si te hace sentir mejor, es un culo increíble.
—Gracias.
Le serví otro y ni siquiera tuve que pedir que lo bebiera.
—Sus abrazos son la cura mágica para todo. Pero ¿tienes alguna idea de lo mucho que caga, vomita y llora un bebé? Él vomitaba como proyectil cada botella que bebía. Beber, eructar, escupir. Enjabonar, enjuagar, repetir.
El trago desapareció.
—No pudo dormir toda la noche hasta que tuvo tres años y medio. Me harté tanto que le dije que Shasta el Monstruo del Sueño vivía debajo de su cama y mordería sus pies si salía de ella en medio de la noche por algo que no fuera que la casa estuviera en llamas.
Echó la cabeza hacia atrás y terminó otro trago.
—No puedo creer que no me odies ahora mismo —dijo.
—¿Por qué te odiaría?
—Porque básicamente te usé por sexo y nunca te hablé de nuevo —explicó.
—Cariño, de donde vengo, eso es como Navidad para un hombre —le dije con una sonrisa, tratando de aligerar su humor—. Debería ser el único en pedirte disculpas. —Acerqué mi mano y giré su rostro hacia mí.
Dios, era tan hermosa. Y yo era un completo idiota por querer tomar ventaja de que estuviera un poco achispada. Pero, joder, necesitaba besarla. He esperado cinco años para probarla de nuevo.
Inclinó su cabeza para poder rozar su mejilla contra la palma de mi mano, y casi olvido lo que había estado tratando de decirle.
—Lo acepto, los dos estábamos bastante fuera de sí esa noche, pero si hubiera sabido que nunca habías… que tú… que yo era el primero, habría hecho un montón de cosas diferentes —admití.
Como mirar tu cuerpo desnudo y memorizar cada centímetro de él, arremolinar mi lengua alrededor de tus pezones y chuparlos dentro de mi boca hasta que gimieras mi nombre. Probaría tu piel y hundiría mi cara entre tus piernas y haría que te vinieras tan fuerte que olvidarías tu nombre.
—Santa mierda —murmuró, con una mirada vidriosa en su rostro.
Acabo de decir todo eso en voz alta, ¿no? Se sentó allí, mirándome con la boca abierta, y me preocupé de que lo jodiera regiamente. Era demasiado pronto para que yo hablara de su vagina y lo mucho que quería llegar a ser su Mejor Amigo por Siempre. Claro, he pasado los últimos cinco años glorificando cada cosa que podía recodar de ella, y durante la semana pasada me preocupaba de que tal vez mis recuerdos eran mejores que la realidad, pero eso fue una estupidez. Era tan increíble sentada aquí, frente a mí, como lo fue en mis sueños, y necesitaba que lo supiera. Abrí la boca, pero antes de que pudiera pronunciar las palabras, saltó del taburete, murmurando algo sobre una reserva de cervezas en el refrigerador en la parte de atrás. Pasó junto a mí y me quedé sentado en el taburete con una botella de vodka y el olor a chocolate flotando en el aire.
Oh Dios mío. Oh santa mierda.
Era una maldita cobarde. Huí de él tan rápido como pude y ahora me encontraba en el cuarto de almacenamiento pretendiendo guardar la cerveza.
Probaría tu piel y hundiría mi cara entre tus piernas y haría que te vinieras tan fuerte que olvidarías tu nombre.
Jesucristo en una galleta. No tenía experiencia con esta mierda. Quería montarme a su pierna tan pronto como esas palabras salieron de su boca. Claramente no las quería decir en voz alta, teniendo la expresión de sorpresa en su rostro.
—¡Mierda! —murmuré en voz alta, golpeando una caja vacía de cerveza.
Excepto que no estaba vacía y mi puño se conectó con latas llenas de cerveza.
—¡Hijo de una maldita puta! —maldije mientras sacudía mi mano magullada, pateando con el pie y conectándolo con una botella de tequila que fue rodando por el suelo.
—Espero que este abuso de alcohol no sea por algo que dije.
Me di la vuelta para encontrar a Shu apoyado contra el marco de la puerta. ¿Por qué siempre tenía que ser testigo de mi estupidez mortificante?
—Quiero decir, en serio, ¿qué te ha hecho esa botella de tequila? —me preguntó mientras comenzaba a caminar hacia mí.
—¿Quieres decir, a parte del hecho de perjudicar mi juicio por lo que perdí mi virginidad con un chico realmente sexy que conocí en una fiesta universitaria, quedé embarazada y nunca supe el nombre del chico porque soy una completa y total perra y ahora que está aquí,siento que estoy tan fuera de mi liga cuando está cerca porque tengo cero experiencia con esta mierda? —divagué.
Shu se detuvo frente a mí y me dio una sonrisa torcida.
—¿Crees que soy sexy?
Rodé los ojos ante su intento de aligerar el ambiente y completamente tapar mi admisión nerviosa.
—Sabes, tienes toda la razón. Ese tequila es un verdadero idiota. Adelante, patéalo hasta la mierda. Podrías también acabar con la cerveza. La vi mirándote gracioso.
Me reí ante lo ridículo de esta conversación. No estaba ebria pero estaba placenteramente tomada por nuestro juego de antes de Verdad o Verdad como para ser capaz de ver el humor en esta situación. Cuando dejé de reír, él extendió la mano y apartó un mechón de cabello de mi mejilla que había escapado de mi cola de caballo y eso me recordó mucho a la noche que nos conocimos y dejé escapar un pequeño suspiro.
—Vamos a dejar algo claro. No eres una perra. No te culpo por nada de lo que hiciste. No te voy a mentir y decir que no apestó totalmente despertar a la mañana siguiente y no tenerte allí conmigo y luego pasar cinco años preguntándome si te había imaginado. Pero nunca pensaría que eras una perra por hacer lo que hiciste —dijo mientras se acercaba un poco más—. No te mentí cuando dije que habría hecho las cosas muy diferentes contigo esa noche —dijo en voz baja mientras se movía tan cerca de mí que nuestros pechos y muslos se tocaban. Tragué cuando levantó la mano y la puso en mi cadera.
—Te habría besado más —dijo, inclinándose y colocando un suave beso en la esquina de mi boca.
—Habría sostenido tu cuerpo contra el mío por más tiempo así podría sentir cada centímetro de ti —susurró contra mi mejilla mientras envolvía el brazo alrededor de mi cintura y me jalaba con fuerza hacia él.
La mano que descansaba en mi cadera se deslizó hacia arriba por el costado de mi cuerpo. Rozó mis costillas y contra el lado de mis pechos hasta que su palma estuvo encima de mi corazón.
—Te habría tocado por todas partes y habría tomado el tiempo de sentir el latido de tu corazón contra mi mano.
Lamí mis labios y traté de controlar mi respiración. Dios, me encantaba su olor, la manera en que hablaba y sus manos en mí.
¿Cómo he vivido por tanto tiempo sin estas cosas?
—Más que todo, nunca habría tomado ni siquiera un sorbo de alcohol esa noche, para que cada momento contigo hubiera sido grabado en mi memoria y que el recuerdo de cómo se sentía tu piel contra mis manos estuviera tan claro como el agua.
Estaba segura de que él podía escuchar los latidos de mi corazón haciendo eco a través del cuarto. Sabía que podía sentir lo rápido que latía con cada palabra que decía.
—Mierda,Yui —murmuró—. Sólo estar cerca de ti me vuelve loco.
Dobló las rodillas ligeramente y luego empujó contra mí para que pudiera sentir exactamente de lo que hablaba. Mis manos volaron hasta sus hombros en un esfuerzo por sostenerme y acercarlo más. Una de mis piernas automáticamente se levantó para envolverse alrededor de su cintura y traerlo más cerca de mí. Sus labios fueron hasta mi cuello, y estoy muy segura de que gemí. Cuando volvió hasta mi oreja,susurró—: Si esto es demasiado, muy pronto, sólo dime que me detenga y lo haré.
¿Era muy pronto? ¿Actuaba como una puta completa justo ahora frotándome sobre él? Era una madre por el amor de madre que nunca se había acostado apropiadamente y que estaba excitada como la mierda.
—Si te detienes, asesinaré directamente a tu culo —susurré mientras sus labios se abrieron paso hacia los míos y se conectaron.
Nuestras bocas apenas habían chocado cuando sentí su lengua empujando suavemente más allá de mis labios. Deslicé mi lengua contra la suya, y gimió en mi boca, empujando sus caderas más duro contra mí. Tenía una sensación de hormigueo por todas partes como en una novela romántica y cursi. Mis pechos palpitaban y mis muslos se estremecían.
¡TENÍA MUSLOS QUE SE ESTREMECÍAN!
Sentí como si fuera a explotar si no me tocaba. Quería tanto que me tocara que casi dolía. Soy tan mala en hablar sucio. Sólo la idea de decir "toca mi coño" me hacía querer abochornarme. Podía tratar "deja que tus dedos hagan la caminata". O tal vez "pon tus huellas digitales en mis chuletas."
¡Concéntrate, Yui!
Oh Dios mío, su lengua era mágica. ¿Dónde diablos aprendió a besar? Apuesto a que su papá le enseñó.
Espera no. Eso sonó asqueroso.
Jesús, me convertía en un charco de baba al igual que mi ropa interior.
¡TOCA MI VAGINA!
Si gritaba en mi cabeza, tal vez se daría cuenta. Su lengua rodeó la mía y su mano fue hacia mi trasero para deslizarme hacia arriba y abajo en contra de su dureza.
¡PON TU MANO EN MI VAGINA!
Mi pierna se deslizó hacia abajo por su cadera y la sensación de la mezclilla áspera de sus vaqueros contra mi muslo desnudo me hizo gemir. Nos llevó hacia atrás y me empujó contra la pared del cuarto de almacenamiento, profundizando el beso y haciéndolo más lento al mismo tiempo. Mis manos agarraban el cabello de su nuca tan fuerte que creo que arranqué algunos desde la raíz.
Su mano que tocaba mi culo, se alejó y casi grité con frustración hasta que lo sentí deslizarse alrededor de la parte delantera de mi muslo y lentamente se acercó hacia el dobladillo de mis pantalones cortos.
¡OH DIOS MÍO, VA A TOCAR MI VAGINA!
¿Recordé ponerme ropa interior sexy y no pantaletas de periodo? Ya sabes de lo que hablo. Las enormes pantaletas de abuelita que sólo usas cuando la marea carmesí está fluyendo. Las que nunca permites que vean un hombre o bestia.
Rompió el beso mientras sus dedos se colaron por debajo de la pierna de mis pantalones cortos y… Oh gracias niñito Jesús y los sabelotodo, recordé que me puse una tanga de Victoria's Secret cuando me vestí temprano.
—Sé que esto no compensa la mierda de esa noche, pero quiero hacerte sentir bien, Claire. ¿Puedo tocarte? —preguntó suavemente contra mis labios mientras me miraba a los ojos.
¿No podía sentir mis muslos palpitantes y mis gritos cerebrales? ¡Necesito tus dedos dentro de mí! Síp, lo adivinaste.
—Mierda. Esa es la cosa más caliente que he escuchado.
No tuve tiempo para estar mortificada de que lo había dicho en voz alta. Él hacía lo que le pedí y su mano se deslizó hasta el borde de mis pantalones hasta que sus dedos se deslizaron por la parte delantera de mi ropa interior.
—Mierda —murmuré y tiré de mis caderas contra su mano.
Nunca nadie me había tocado así. Pensaba que ser tocada era todo lo mismo, y llevado por los mismos sentimientos, tanto si era un hombre o yo misma yendo a tientas por allí.
Evidentemente me equivocaba.
Los dedos de Shu moviéndose arriba y abajo, muy lentamente contra el trozo delgado de satén, me dieron ganas de gritar como loca de placer.
—Puedo sentir lo mojada que estás —susurró mientras sus dedos se movían a un lado y jugaban con el borde de mi ropa interior.
Siempre me sonrojaba cuando escuchaba a otras personas hablar sucio, y me avergonzaba por ellos y las cosas raras que salían de sus bocas. Quiero decir, realmente, ¿podían oírse? Era cursi y todo "fóllame más duro" y "Oh, estás tan apretada, nena". ¿Quién decía esa basura? Obviamente, me había estado perdiendo a Shu hablando sucio. Era caliente. Y no quería que se detuviera. Podía hablar toda la noche acerca de cuán apretada, húmeda y jodidamente fantástica era. Colocó varios besos pequeños en mis labios mientras se tomaba un dulce tiempo trabajando con sus dedos debajo de mi ropa interior.
Utilizando el dorso de su mano, empujó la pierna de mis pantalones cortos, abriéndolas para darse mejor acceso. Contuve la respiración y traté de no pensar en el hecho de que un chico nunca me había tocado de esa manera. Era muy triste, la verdad. Y aún más deprimente era el hecho de que sentía lástima por mí misma cuando sus dedos se preparaban para ir a darse un baño en la Y.
Rompí la fiesta de compasión cuando sentí dos de sus dedos entrando en contacto con mi piel desnuda, mojada.
—Oh, Dios mío —murmuré, dejando caer la cabeza contra la pared con un ruido sordo.
Sí, mucho mejor que mis propios dedos. Mis propios dedos ahora iban a sentirse como las manos de Sinbad en la película "Houseguest", cuando se pone el polvo blanco derivado de la cocaína y quedan sueltos como peces muertos, golpeando a la mesa. Sus dedos eran lisos y suaves, y santa mierda, me tocaban y sentían lo mucho que quería esto y el hecho de que Liz me obligaba a depilarme regularmente.
Nota mental: pedirle perdón a Liz por llamarla Sádica Perra Vagina cada vez que hacía una cita de depilación brasileña para mí.
Debido a su dedicación por mi "amiguita", Shu no tuvo que descubrir un ñu en mis pantalones en esos momentos, y dejar de hacer lo que hacía para ir en busca de una podadora.
Él se abalanzó, colocó un beso con la boca abierta en mi cuello y empujó lentamente un dedo dentro de mí, dejando que el pulgar se apoyara contra mi clítoris mientras me daba tiempo para adaptarme a lo que hacía.
Mantuvo el dedo inmóvil dentro de mí, me agarró más fuerte en la nuca y empujó las caderas hacia delante, haciendo que el dedo vaya más profundo y su pulgar se deslizara contra mí.
Eso fue demasiado, y a la vez no lo suficiente. Sentí que iba a terminar mucho antes de lo que quería que terminara, porque la forma en que movía sus dedos era puro genio. Y eso era sorprendente en sí mismo. Siempre había necesitado un carrete lleno de películas porno enmi mente para poder acabar. Ahora, no podía pensar en otra cosa que lo que me hacía en ese momento. Vecinos Traviesos, Madres Sexys y Alocadas, ninguna de ellas era necesaria.
Empezó a empujar y a tirar con el dedo dentro y fuera de mí, poco a poco, e hizo una maniobra gloriosa donde curvó el dedo antes de empezar a sacarlo, haciéndome querer jadear como un perro y lamer un lado de su cara. Sus labios y su lengua encontraron cada centímetro de mi cuello, y su pulgar hizo círculos más rápido hasta que balanceé mis caderas contra su mano casi con fuerza.
Gemía y gemía, y no tenía tiempo de estar avergonzada porque sonaba como una puta sucia o de que hubiera un verdadero hombre vivo realmente tocando mi vagina, porque me encontraba de verdad a un segundo de explotar.
De verdad.
Sacó su dedo de mí, y utilizó las yemas para rodear mi clítoris hasta que me vine contra su mano.
—¡Ohhh, oh, Dios! ¡Joder! ¡Shu!
Sus dedos no se detuvieron y se tragó mis gritos con su boca mientras me empujaba contra su mano, sin querer dejar ese sentimiento. Hice todo tipo de ruidos en su boca mientras seguía besándome, y saqué cada pizca de mi orgasmo hasta que mis piernas temblaron y apenas podía mantenerme de pie. Cuando dejé de mover mis caderas, y lo último de mi liberación se desvaneció, él sacó su mano de mis pantalones cortos y envolvió el brazo alrededor de mí, besándome lentamente, dejando que su lengua se deslizara perezosamente contra la mía. No sabía cuánto tiempo nos quedaríamos allí en el almacén, envueltos en los brazos del otro, besándonos. Me podría haber pasado horas besándolo y nunca tomar aire.
Finalmente nos detuvimos, nuestras bocas se separaron y nos quedamos mirando el uno al otro.
—Fue lo más caliente que he visto en mi vida. Debería haberlo hecho hace cinco años —dijo Shu con una sonrisa.
—Bebé, si hubieras hecho eso hace cinco años, habría esposado tu brazo a mi vagina y te hubiera obligado a hacerlo todos los días.
Shu se echó a reír y luego su rostro se puso serio de inmediato.
—Yui, tengo que preguntarte algo. Y es muy importante.
Oh, Dios mío, iba a pedirme tener un trío. O a decirme que en realidad era de Canadá, que necesitaba una tarjeta verde, y que esa era la única razón por la que se encontraba aquí. Oh mierda, ¿y si no le gustaba mi vagina? ¿Qué si se sentía rara? Me he sentido cerca de eso a menudo. Mi ginecólogo nunca se quejó. De hecho, me dijo que tenía un muy buen útero. ¿Por qué demonios a Shu no le gustaba mi vagina? Mierda, ¿y si era dendrófilo y le gusta tener sexo con los árboles?
—Me gustaría pasar algún tiempo con Takumi.
Sabía que iba a decir eso.
—Está bien si no te sientes cómoda con que esté a solas con él por el momento, ya que realmente no me conoces. Pero me gustaría verlo.
No pude detener la sonrisa que se hizo cargo de mi cara. No sólo sus dedos se merecen un premio importante, como una lámpara de pie, o un monumento nacional erigido en su nombre (¡je, je, erigido!), él en realidad había tomado la iniciativa y me pidió pasar tiempo con Takumi, incluso después de ser golpeado en las nueces y amenazado con la señal visual de dos dedos.
Takumi finalmente iba a estar cerca de un hombre que no fuera mi padre o Jim.
Y yo podría tener pronto a Shu de puntillas en mis tulipanes.
