Hola ¿cómo están? Espero que muy bien. Yo me encuentro bien, si se lo preguntan. Con amor les dejo este capítulo.
Pareja:YuixShu
Rt:"M"
Capítulo XIV
Capitán Narcolepsia
—Entonces, lo que me dices es que nuestra pequeña Yui tiene un coño limpio, una vagina asiática, una cartera lisa para tu salchicha, un coño sin pelo —gritó Drew sobre el ruido de la línea de montaje.
—Guau, estoy arrepentido de haberte dicho algo sobre anoche —le grité.
Alcancé sobre mí el taladro hidráulico conectado al equipo de perforación en el techo y lo tiré para sujetar la puerta del auto al cuerpo del vehículo. Tenía tres minutos antes de que el siguiente auto bajara a la línea y tener que lidiar con Drew siendo un idiota, iba a hacerme arruinar todo y forzar la línea a cerrarse.
Eso y el hecho de que no podía dejar de pensar en lo que había pasado con Yui y yo anoche en el cuarto detrás de la barra. Dulce Jesús, era hermosa cuando se vino. Y los pequeños sonidos que hacía… mierda, sólo pensar en ellos hacían que Shu Junior se levantara y comenzara a rogar por ella. Espero que no piense que las cosas iban muy rápido porque de verdad quería una repetición. Y ni siquiera me importaba no venirme. Mirarla y sentirla venirse en mis manos era suficiente satisfacción para mí.
—Amigo, sabes que tu secreto está a salvo conmigo. Nunca le diré a un alma que llegaste a tercera base con la mami de tu bebé anoche y que Chewbacca no vive en su ropa interior. Al menos ya no tengo que preocuparme por ti.
Apagué el taladro y miré a través del auto a Drew, que montabala manija de la puerta delantera.
—¿Por qué estabas preocupado por mí?
—Ah, hermano, vamos. Estaban a un paso de enjabonar tu pene con ganache* de chocolate y tratar de darte una mamada —dijo.
—¿Acabas de decir ganache?
Drew se encogió de hombros. —Sí. Jenny ahora me hace ver la cadena de comida todo el tiempo. Desde que comenzó a diseñar los volantes para Yui, ha decidido que quiere aprender a cocinar. Pasó veinte minutos el otro día buscando una receta en línea para glaseado hecho con azúcar confederada.
La risa burbujeó de mí y volví a trabajar en el auto.
—¿Le dijiste que tratara de buscar en el Sur Profundo por ese azúcar? También podrías advertirle sobre el Azúcar Rebelde —me reí.
—Vamos, hombre. No seas un idiota. No tuve el corazón para decirle que se llama azúcar glasé.
Nop, no voy a tocar eso.
—Entonces, ¿Jenny y tú van a ir donde Yui esta noche? —pregunté, cambiando el tema.
Yui definitivamente estuvo de acuerdo con dejarme ver a Takumi. Se le ocurrió que comenzar en grupo sería la mejor manera así que invitó a todos a su casa esta noche a cenar.
—No me lo perdería por nada del mundo. Incluso conseguí una nueva camiseta para la ocasión —dijo Drew con una sonrisa.
A las seis en punto llamé a la puerta de Yui. Escuché pasos golpeando contra el suelo y de repente la puerta se abrió de golpe.
Miré al pequeño hombrecito que se encontraba de pie allí,mirándome y no pude evitar sonreír. Jesús, se parecía mucho a Yui. Pero sus ojos… guau, eran exactamente los mismos que los míos.
—Hola, Takumi —le dije mientras saqué un regalo envuelto por detrás de mi espalda y se lo di—. Te traje esto.
Takumi me lo arrebató de la mano, se dio la vuelta y salió corriendo lejos de la puerta, gritándole a Yui.
—¡MAMAAAÁ! ¡Ese tipo me compró aldo!
Me reí y entré a la casa, cerrando la puerta detrás de mí.
Yui vivía en una casa de un solo piso, tipo casa originaria de Inglaterra, y lo primero que noté cuando entré a la sala de estar fue cuán hogareña era. Había velas encendidas en la mesa de café y un manto sobre la chimenea y el olor de la cena viniendo de la cocina era muy apetitoso. Caminé alrededor de la habitación mirando todas las fotos que tenía en prácticamente cada superficie: fotos de cuando era pequeña, fotos con su papá, fotos de sus amigos y de Takumi. Mi corazón se encogió cuando vi una foto de Yui, su vientre redondo con nuestro hijo. Se veía tan joven. Levanté la foto del manto para mirar mejor. Así era como lucía cuando la conocí, menos el vientre de embarazada. Ver esta foto me puso triste y enojado, no con ella. Nunca podría estar enojado con ella por nada. Los dos éramos jóvenes y estúpidos y ninguno de los dos usó el cerebro esa noche. Me enojaba haberme perdido eso. Me perdí ver su estómago crecer, me perdí la posibilidad de poner mi mano sobre ella y sentirlo patear.
—¡Ay! —grité cuando sentí un pie conectarse con mi espinilla.
Miré hacia abajo para ver a Takumi mirándome. Tanto para perderse en la sensación de su patada. Creo que mi espinilla recordará eso por siempre.
—Oye, olvidé tu nombre. ¿Puedo llamarte caca de perro?
Antes de que pudiera formular algún tipo de respuesta a esa solicitud, escuché la voz de Yui detrás de mí.
—¡Takumi!
—¡No lo hice! —juró, con una mirada de pánico en su cara.
—Sí, claro —dijo ella sin expresión—. El nombre de este buen hombre es Shu, ¿recuerdas? Deja de tratar de llamar a todo caca de perro.
Me di la vuelta para encontrarla apoyada en el marco de la puerta que conducía a la cocina, dándole una mirada de enojo a Takumi.
—No te ofendas —dijo, volviendo su mirada hacia mí—. La semana pasada, cada vez que le hacías una pregunta, él contestaba "las vacas gordas estúpidas son estúpidas", sin importar cuál era la pregunta.
Me reí, agradecido de que toda la cosa de caca de perro no era porque ya decidió odiarme. Yui se abrió paso a través de la habitación hacia donde me encontraba y miró hacia la foto que seguía en mi mano.
—Oh Dios mío, por favor no mires esa foto. Parece que tengo un tumor gigante. Un tumor que me pateaba la vagina y me hacía orinarme cuando estornudaba —dijo con un gruñido—. Te acabo de decir que me orinaba en los pantalones, ¿no? —preguntó.
—Sí, algo así. Está bien, sólo le mandaré un mensaje de texto a cuatro de mis contactos sobre ello en vez de mandárselo a mi agenda entera.
De repente me di cuenta de que nos hallábamos cara a cara y estaba lo suficientemente cerca para besarla. Me incliné hacia delante para hacer justo eso, olvidándome completamente de que no estábamos solos en la habitación.
—Ma-má, ¿puedo abrir mi regado ahora?
Nos detuvimos a unos centímetros de la boca del otro y bajamos la mirada hacia al lado de nosotros.
Yui suspiró y se alejó de mí.
—Sí, puedes abrir tu regalo ahora —respondió.
Se dejó caer al piso justo donde había estado y comenzó a rasgar el papel, pedazos de él volaban en todas direcciones.
—No tenías que darle nada —me dijo suavemente.
Me encogí de hombros. —No es gran cosa, es poco.
—Mamá, ¡Mira! Son crayones y marcadores y pintura y guau, puedo colorear cosas y hacer dibujos —dijo Takumi, emocionado, levantando todo para queYui viera.
—Es genial, cariño. ¿Puedes ponerlos en el cuarto de mami, en mi cama y luego jugamos con ellos?
—Pero quiero jugar ahora —se quejó Takumi, dejando caer la caja de crayones a sus pies—. ¡Mierda!
—¡Takumi Komori! —gritó Yui.
Sabía que no debía reírme, así que desvié la mirada y comencé a pensar en cachorros muertos y esa escena de "Field of Dreams", donde el personaje de Kevin Costner va a jugar con su papá. Dios, esa escena me dominaba todo el tiempo.
—La siguiente mala palabra que salga de tu boca va a merecer una nalgada, ¿me entiendes? Dile a Shu gracias por el regalo y ve a tu habitación hasta que sea hora de la cena.
—Gracias, Shu —murmuró Takumi mientras caminaba por el pasillo.
Cuando se fue, comencé a reír y Yui me golpeó en el brazo.
—Lo siento, pero fue muy divertido.
Rodó los ojos y caminó a la cocina, conmigo detrás de ella.
—Sí, es un vacilón. Vuelve a mí después de que estés en público con él. Como, digamos, en la iglesia. Y cuando llega a una zona muy tranquila y todo lo que se pueda escuchar sea la fuente en la parte posterior de la iglesia y luego la voz de Takumi se escuche muy fuerte,diciendo: "¡Mamá! ¡Oigo a Jesús orinando!" No es tan gracioso entonces.
Miré hacia el mostrador detrás de ella y mi mandíbula cayó.
Cubriendo cada superficie disponible, había chocolate, galletas y dulces —todo tipo imaginable.
—¿Estoy en el taller de Willy Wonka?
Ella se rió y abrió la tapa de una gran olla en la estufa y agitó el contenido.
—Bueno, esta noche decidí hacerles mis conejillos de Indias. Y Jenny va a tomar unas cuantas fotos de algunos de los artículos para mis anuncios, ya que no tengo nada mejor que mi celular como cámara.
Me quedé en un trance. Puede que tenga una debilidad leve por los dulces.
—Santo infierno, ¿qué son todas esas cosas? —pregunté, apuntando a una fila de chocolate blanco del tamaño de mi puño con caramelo en la parte superior.
—Oh, son algo nuevo, con lo que estoy experimentando. Derretí un tazón de chocolate blanco, agregué pretzels triturados y patatas fritas y luego una vez solidificados, los rocío de caramelo en la parte superior. Puede que haya exagerado con el tamaño. Ahora se llaman Gotita.
Dulce María en el cielo. Quería pedirle a esta mujer que tuviera mis bebés.
Oh, espera…
Sonó un golpe en la puerta principal y Yui me pidió que fuera a abrir mientras ella ponía la mesa y terminaba.
Jenny y Drew fueron los siguientes en llegar. Mantuve la puerta abierta para ellos y sacudí la cabeza hacia Drew mientras Jenny entraba y se dirigía a la cocina para hablar con Yui.
—¿En serio, Drew? —le pregunté, mirando su camisa.
Había una foto de un niño pequeño disparando una pistola sobre su cabeza. La camisa decía: "No golpees a los niños. No, en serio. Ahora tienen armas".
—¿Qué? Hoy en día, los niños son el diablo. Esta camiseta es un servicio de anuncio para ti. Algún día me lo agradecerás. Entonces, ¿dónde está el pequeñín? ¿Necesita que le cambien su pañal o algo? Tal vez puedo mostrarle mi coche o darle un poco de caramelo —dijo mientras miraba a mí alrededor y frotaba sus manos.
—Tiene cuatro años, Drew. No usa pañales. Y tal vez quieras bajarle a tu espeluznante actuación de secuestrador de quinta.
—Lo que sea. Llévame a tu semilla del demonio —dijo Drew.
Caminamos más allá de la cocina y asomé mi cabeza y le pregunté a Yui si podíamos ir a la habitación de Takumi. Me dijo dónde era, caminamos por el pasillo y lo encontré sentado en el suelo en medio de su cuarto, chorreando un tubo de pasta de dientes en la alfombra.
—Vaya, hola, niño grande. ¿Qué estás haciendo? —le preguntémientras rápidamente me acercaba a él y tomaba el tubo ahora vacío de su mano.
Él simplemente se encogió de hombros. —No sé.
Mierda. ¿Qué hago? ¿Debo ir por Yui? Aunque no quería que el niño pensara que soy un traidor. Se enfadaría conmigo por acusarlo.
Espera, yo era el adulto. No puedo dejar que pase sobre mí. Tenía que hacerle saber quién era el jefe. Y justo ahora, no era Tony Danza.
—Estoy seguro de que no debes poner pasta de dientes en el suelo, ¿cierto? —le pregunté.
—Eso es una pregunta tonta, Shu. Por supuesto que no debeponer pasta de dientes en el suelo —dijo Drew seriamente.
Lo miré sobre el hombro y le di una mirada sucia.
—Lo sé. Estoy tratando de lograr que admita que lo que hizo estaba mal —le dije entre dientes.
—Está bien, Dr. Phil. Estoy muy seguro de que sabe qué está mal, de lo contrario, no lo habría hecho. Los niños son tontos. Todo el tiempo hacen cosas que no deben porque pueden. Ser un adulto es una mierda. No puedo salirme con la mía poniendo pasta de dientes en mi suelo.
Era como tratar con dos niños.
—¿Por qué harías…? ¿Sabes qué? No importa —dije, volviéndome hacia Takumi.
—Tu mamá no estará muy feliz contigo por hacer este lío. ¿Por qué no me muestras donde están las toallas y lo limpiamos antes de que lo vea?
Listo. No me odiará por acusarlo y aun así le hice saber que era algo malo. Soy un padre maravilloso.
Obviamente a Takumi le emocionaba mucho limpiar si eso significaba que no le diríamos a Yui lo que hizo. Brevemente me pregunté si ella iba a averiguarlo y posiblemente cortar mi pene o ahogarme mientras dormía. Y entonces, me pregunté si le dijera, ¿Takumi me pegaría en las pelotas de nuevo o tal vez va por la garganta esta vez? No sé si temer a mi hijo o a su madre.
Veinte minutos después, la alfombra se hallaba como nueva y Drew y yo nos sentados estilo indio en el centro de la habitación de Takumi, rogándole a todos los altos poderes que conocíamos, que las chicas no entraran en la habitación en este mismo minuto.
Takumi decidió que debíamos jugar a los disfraces. Tratamos de conseguir que jugara a algo varonil, como policías y ladrones, o encender mierda en el fuego, cualquier cosa menos esto.
Desafortunadamente, no podías ganar una discusión con un niño de cuatro años, sin importar lo mucho que trates. Ambos, Drew y yo,estábamos actualmente vestidos como bebés, con chupetes en las bocas y apretando a los animales de peluche. Nos puso a cada uno estos gigantes sombreros de sol de Yui que se caían sobre nuestros rostros. El de Drew era rosa y el mío blanco. Tracé la línea cuando quiso ponerme unos de sus viejos pañales sin usar que encontró en un cajón de su armario desde antes de que él entrenara para ir al baño.
—Oye, tío Drew, tengo un secreto que contarte —dijo Takumi.
Drew se sacó el chupete de la boca.
—Dámelo.
Takumi se inclinó junto a su oreja y le susurró lo suficientemente alto para que yo pudiera oírlo.
—Hueles a carne y queso.
Takumi se alejó de la oreja de Drew y éste puso los ojos en blanco.
—Amigo, tu secreto apesta —dijo él.
—¡TÚ APESTAS!
—Chicos, la cena está lista, así que deberían…
Las palabras de Yui se cortaron cuando dobló la esquina de la habitación y nos pilló. El abrupto detenimiento de sus pies causó que Jenny, quien la había estado siguiendo muy de cerca, chocara contra su espalda. Yui puso la mano sobre su boca para ocultar sus risitas. A Jenny no podría haberle importado menos esconder su placer de la situación. Se inclinó sobre la cintura mientras se mataba de risa y señalaba.
—Oh mi Dios, que alguien me diga que tienen un cámara —dijo Jenny entre risas.
—¿Quieres que lo escupa? Porque no me asusta ir allá —amenazó Drew.
Nos arrancamos nuestra mierda de bebé mientras que las chicas se reían y Takumi chocaba los cinco. Drew y yo nos quedamos de pie mientras que Jenny levantaba a Takumi en sus brazos y le decía lo impresionante que era y lo arrullaba por todas partes. Él devoró cada palabra y juro que ese niño nos sonrió con suficiencia mientras ponía su cabeza sobre el pecho de Jenny, el cual se encontraba actualmente en plena exhibición debido a su remera escotada y su sostén de realce.
—Oh mi dios, estoy tan celoso de ese niño. Me gustaría estar acunado en sus tetas. Acunado como un bebé —susurró Drew.
—¿Te oyes a ti mismo? —pregunté mientras todos salíamos de la habitación de Takumi y caminábamos hacia el comedor, donde fuimos recibidos por Liz y Jim que ya estaban sentados.
Después de una extremadamente deliciosa cena, donde sólo hubo un mínimo de peleas entre los dos niños, y por niños me refiero a Drew y Takumi, Yui comenzó a sacar bandeja tras bandeja de sus dulces golosinas.
Ahora todo lo que podía pensar eran en las dulces golosinas de Yui sobre una bandeja, sus deliciosas tetas sobre una bandeja de plata. Me encantaría comerla de una bandeja. Quiero lamer sus globos.
—Shu, ¿quieres un poco?
—Joder, sí.
—Ahhh, Shu dijo la palabra t-o-d-e-r mamá —acusó Takumi.
Ups.
—¿Quién te enseñó a deletrear? —preguntó Drew con una sonrisa burlona.
—Amigo, tengo cuatro —respondió Takumi.
Me excusé para ir al baño antes de que hiciera algo todavía más vergonzoso. Me quedé allí, orinando y tratando de no pensar en Yui estando desnuda en una bandeja, cuando la puerta del baño se abrió repentinamente y Takumi entró.
—Oh, oye, Takumi —dije nerviosamente mientras trataba de girar mi cuerpo de él sin tener que interrumpir el flujo—. Uh, estoy usando el baño, amigo. ¿Puedes cerrar la puerta?
Hizo lo que le pedí, sin embargo, no salió de la habitación antes de que cerrara la puerta. Ahora se encontraba encerrado en un espacio pequeño y cerrado mientras yo trataba de hacer pis. Y ahora miraba fijamente mi pene. Bien, esto no era para nada incómodo. —Um, Takumi, ¿Puedes mirar a otra parte? Oh, oye, mira ese pato en la bañera. Eso es bastante genial.
Seguía mirando. ¿Era algo con lo que debería estar preocupado?
—Guau, Shu, tienes una salchicha ENORME.
De pronto, que Takumi esté conmigo en el baño no parecía tan malo. Si pudiera haber estado conmigo en el baño en octavo grado y distribuido ese pequeño chisme para que lo escuchara Penny Frankles, quizá no hubiera ido solo al baile de graduación de octavo grado.
Terminé de orinar, subí el cierre de mis pantalones y tiré de la cadena, al mismo tiempo traté de no darme una palmada a mí mismo.
Sí, tenía una salchicha enorme. Puedes apostar tu dulce culo que era así. Casi necesitaba una carretilla para llevarla a todas partes. Y como lo dijo un niño, debe ser cierto.
Regresamos a la mesa y no podía quitar la sonrisa arrogante de mi cara.
—¿De qué te ríes? ¿Tienes gases? —bromeó Drew.
—Oye, mami, Shu tiene una salchicha ENORME —dijo Takumi con la boca llena de galletas, levantando las manos en el aire a casi un metro de distancia, como cuando le dices a alguien lo grande que es el pez que acabas de atrapar.
Yui rápidamente se estiró y bajó los brazos de Takumi mientras todos los demás en la mesa se echaron a reír. Me senté de nuevo y sonreí, tratando de mantener mi pene anaconda debajo de la mesa para no asustar a nadie.
—Oye, tío Drew, ¿quieres escuchar un chiste sucio? —preguntó Takumi, emocionado.
—No sé, ¿te golpearan por eso? —respondió Drew seriamente. Era casi emocionante que a Drew le preocupara que Takumi se metiera problemas.
—¡El cerdo se cayó en el lodo y caminó al otro lado de la calle a la suciedad y luego subió al techo! —gritó Takumi, cayendo inmediatamente en una ataque de risas por su "broma sucia".
Todo el mundo se rió del intento de humor deTakumi —excepto Drew.
—Amigo, eso no fue para nada gracioso —dijo Drew con una cara seria.
—¿Quieres un pedazo de mí? —gritó Takumi, levantando su puñito en el aire.
—Bien, suficiente. Takumi ve a ponerte tu pijama y voy enseguidapara leerte una historia —dijo Yui.
Takumi correteó de la silla, dando una última mirada amenazadora a Drew antes de correr a su habitación. Cinco pares de ojos volvieron su atención a Drew.
—¿Qué? —preguntó—. No fue divertido y no lo entendí.
—Está bien, Yui —dijo Liz, apartando su atención de Drew, probablemente para que no sintiera la necesidad de estrangularlo—. Tiempo del verdadero espectáculo. Cuéntanos que tienes aquí —dijo, apuntando a todas las bandejas en la mesa.
Yui rodeó la mesa, señalando qué era cada artículo. Galletas Snicker con relleno de chocolate, nueces cubiertas de chocolate en forma de tortuga, bocadillos de chocolate y nueces, dulces de mantequilla, papas fritas cubiertas con chocolate, Pretzels, frutos secos, cacahuates, pasas, barras de aros inflados con miel, tocino y una galleta llamada Cranberry Hootycreek, galleta horneada con relleno de arándanos, que Drew insistió en llamar Hooterpeep.
Todo era increíble y creo que todos estábamos en un coma de azúcar para el momento en que probamos todo. Jenny rodeó la mesa y tomó unas cuantas fotos de todo para los anuncios antes de que inhaláramos las cosas y Yui se sonrojó, una sombra brillante de color rojo por todos los cumplidos que le lanzamos.
—Definitivamente conseguí algunas buenas fotos, Yui. Creo que para la portada de los folletos deberíamos pacíficamente centrarnos en las cosas cubiertas de chocolate —explicó Jenny.
—¿Quieres decir específicamente? —preguntó Jim.
—Eso es lo que dije —replicó ella—. Pacíficamente.
—Oye, Yui, ¿puedo ir contigo para meter a Takumi en la cama?—pregunté, esperanzado de desviar la atención del extraño uso de Jenny del idioma Inglés.
Su rostro se iluminó con mi pregunta, que al instante agradecí que tuviera la previsión de preguntar.
Fuimos todos a limpiar la mesa del comedor y nos dirigimos a la habitación de Takumi para encontrarlo dormido sobre su caja de juguetes. Me reí tan pronto lo vi.
—No te rías —susurró ella con una sonrisa en su rostro—. Ese no es el lugar más divertido en el que lo he visto dormirse. Tengo un álbum completo de fotos dedicado a sus hábitos de dormir. Atrás del sofá como un gato, sentado en la mesa del comedor, boca abajo en la mesa del comedor, bajo el árbol de Navidad sobre un motón de juguetes, en su armario, en el inodoro… lo que menciones, ha dormido en ello. Es como un caballo. Prácticamente puede dormir de pie. Jim le dio el nombre indio de Jefe "Dormirencualquierlugar" y Liz lo cambiórecientemente a Capitán Narcolepsia.
Ella se movió silenciosamente dentro de la habitación y alzó su pequeño cuerpo fácilmente, dándole un beso a su cabeza mientras se acercaba a su cama. Me apoyé en el marco de la puerta, tratando de no ponerme demasiado sentimental y femenino sólo de ver lo dulce que era verla cuidándolo. Lo cubrió con una manta, alisó su cabello y lo besó de nuevo antes de darse la vuelta y caminar hacia mí.
—Así que, señor Ellis, ¿qué tan asustado está ahora por esta mierda de crianza hogareña? —preguntó.
Había una sonrisa en su rostro mientras permanecía justo enfrentede mí, pero podría decir que seguía allí para aparentar. Ella estaba muy nerviosa por cómo manejaba todo esto. Miré por encima de su hombro al pequeño niño que dormía profundamente en su cama y mi corazón empezó a latir más rápido. Tuve una innegable urgencia de aferrarme a él y nunca dejarlo ir, para protegerlo de cualquier cosa mala que pudiera ponerse en su camino y para defenderlo de cosas que dan miedo como el legendario asustador de niños, Boogey, y payasos.
Cállate, los payasos asustan como la mierda.
Volví a mirar a la increíble mujer de pie delante de mí y sabía que sentía lo mismo por ella.
—No quiero que el hombre Boogey te atrape y odio a los payasos —solté sin pensar.
Se echó a reír y palmeó mi mejilla en simpatía. Era horrible en esto.
No reaccionaba bien bajo presión. Me preocupaba por ella y Takumi y quería que supiera que no iba a ninguna parte. ¿Cuán jodidamente difícil era decir eso?
—Eso no es lo que quiero decir. Quiero decir, sí, odio a los payasos. Son tontos y espeluznantes y hombres adultos no deberían llevar nunca nada con lunares o zapatos gigantes.
¡Maldita sea, detén el vómito de palabras!
Antes de que pudiera abrir la boca y sacar un zapato gigante de payaso,Yui tapó mi boca con su mano.
—Está bien si estás asustado. No te culparía, créeme. Esto es mucho para asimilar —dijo suavemente—. Repentinamente vas de solo y libre a una familia integrada.
Respiré hondo y traté de nuevo, levantando y quitando su mano de mi boca, apoyándola completamente sobre mi pecho.
—Déjame comenzar diciendo que soy muy, muy malo en hacer todas estas cosas "sensiblera y hablar sobre mis sentimientos". Aunque si le preguntas a Drew, seguramente no estaría de acuerdo puesto que pasó cinco años escuchándome lloriquear como un bebé de lo mucho que quería encontrarte. Después de todo este tiempo de pasar años volviendo loco a todo el mundo al tratar de volver a encontrar tu olor, no voy a joder esto completamente y correr asustado hacia la noche.
Su pulgar se movió hacia atrás y adelante sobre mi pecho, llevando su otra mano hasta mi mejilla antes de inclinarse hacia adelante y colocar un suave beso en mis labios. Cuando tiró su cabeza hacia atrás, envolví los brazos alrededor de su pequeña cintura y descansé mi frente contra la suya.
—Sé que después de que me enteré, huí de la escena como un conductor de "Hit and Run", pero te prometo Yui, nunca me asustaréde nuevo.
Se apartó y me miró a los ojos mientras las comisuras de su boca se tornaban en una sonrisa.
—¿De verdad acabas de citarme a "Cocktail"?
—Sí, sí, lo hice. Si quieres que me ponga loco a lo Tom Cruise y que salte en un sofá por ti, puedo hacerlo totalmente.
—¿ME ESTÁS TOMANDO EL PELO? ¡MÁS BIEN, QUISIERA QUE METOMARAS EL CULO!
La voz retumbante de Drew desde la sala de estar llamó nuestra atención. Dimos una última mirada a Takumi antes de cerrar su puerta, y luego caminamos de la mano por el pasillo hasta encontrar a todos sentados alrededor de la sala de estar, jugando un juego perverso de "¿Qué prefieres?", que consistía en decir dos cosas muy locas y elegir una.
Yui y yo nos sentamos uno al lado del otro en el sofá. Puse el brazo alrededor de sus hombros y se acurrucó a mi lado. Nada se había sentido tan perfecto en un largo tiempo.
—Muy bien, mi turno —dijo Drew—. Jim, ¿qué prefieres, que tu nombre porno sea Hugh G. Rection o Mike Unstinks?
Espero que les gustara. Perdonen por no subir capítulo, empecé el semestre y bueno ya se que no debo poner excusas y eso, en serio lo siento. Por cierto no tengo internet y se lo estoy robando a mi vecino por ahora.
Los quiero mucho. Por cierto, Alba leí tu comentario, espero que te guste este capítulo.
Besos :*
