Hola, tiempo sin saber de ustedes ¿cómo están? Feliz casi fin de semana por cierto, esperó que lo pasen muy bien. Acá les dejo el siguiente capítulo.
Pareja: YuixShu
Rt:"M"
Capítulo XV
Soy una zorra muy sucia
—Las cadenas y los látigos me excitan... v-v-v-vamos, vamos… S-S S-S-M-M-M…
—Takumi Komori, si no dejas de cantar esa canción te voy a poner en la acera para que los recolectores de basura te recojan —le grité por décima vez hoy, mientras terminaba de limpiar la cocina después del almuerzo.
—Eso es aburrido —murmuró Takumi antes de pisotear hacia su cuarto.
—Hablando de basura, ¿cuándo va a estar aquí este tipo, Shanin? —preguntó papá desde su asiento en la mesa de la cocina.
¿Por qué todo el mundo hoy se decidió a ponerme nerviosa?
—Es Shu, papá. Deja de ser un idiota. Estará aquí cuando despierte.
Mi papá hizo una producción de mirar hacia abajo, a su muñeca, donde no había ni siquiera un reloj.
—Son las 12:48. ¿Qué clase de vago es este tipo?
Tiré el repasador en la mesa y me volví para darle a mi padre una mirada asesina.
—Trabaja de noche, papá. Ya hemos hablado de esto. Un comentario más viniendo de ti y voy a cambiar tu estado de Facebook a "Me encanta el pene".
Me acerqué a la nevera para agregar algunas cosas a mi lista de compras que colgaba del congelador, y traté de no mirar el reloj. Definitivamente me sentía ansiosa por ver a Shu.
Me encontraba hasta los ojos de cosas para la gran inauguración, y Shu trabajaba muchas horas extras, así que no lo había visto desde la cena de la semana anterior. Pero hablábamos por teléfono, y también llamó un par de veces sólo para hablar con Takumi, lo que totalmente hizo que mi corazón se derritiera.
Pensar en nuestro tiempo en la despensa me hizo ganar crédito extra en la tarea de Liz sobre hacer mi camino a través de la maleta de productos "quién necesita a un hombre", por segunda vez. Liz tuvo un gran nudo en la garganta cuando se lo dije por teléfono. Fue un momento hermoso para las dos.
Esta noche trabajaba en el bar, así que Shu me iba a llevar hasta allí. Llamé a Liz y le dije que ella y Jim deberían ir, así Shu no se aburriría.
—Creo que tal vez voy a esconderme detrás del sofá y saltar cuando él llegue aquí. Poner todo el temor de Seiji sobre él —dijo mi padre con un gesto de cabeza.
—No es gracioso. ¿Y no querrás decir el "temor de Dios"?
Se encogió de hombros. —Es lo mismo.
Dios dijo: "Hágase la luz" y Seiji Komori accionó el interruptor.
Aquello era lo más que mi padre había hablado de Shu desde que se conocieron. Por supuesto, no era muy halagador, pero bueno, era un progreso. Por lo menos, reconocía su existencia y no pensaba en nuevas maneras de matarlo. Papá había estado bajando el alfabeto desde hace una semana y finalmente se detuvo en la letra S.
Muerte por asfixia* con una cesta de compras, en caso de que se lo pregunten.
El timbre sonó y me apresuré a contestar. Me limpié las manos en la parte delantera de mis pantalones vaqueros, me alisé el cabello y me incliné hacia adelante para alcanzar el frente de mi camisa con la mano, y tirar de cada una de mis niñas hasta que su excelente calidad estuviera en plena exhibición. Me levanté de nuevo, respirando hondo, y abrí la puerta. El corazón me dio un vuelco cuando vi a Shu de pie allí.
—Sabes que hay ventanas en ambos lados de la puerta, ¿cierto? ¿Y que tus cortinas dejan ver todo? —dijo Shu con una sonrisa.
¿Por qué? ¿POR QUE? ¡Por el amor de Dios!
—Te daría mi sueldo completo de un mes si te agacharas delante de mí y ahuecaras tus pechos otra vez —dijo al tiempo que entrábamos por la puerta y la cerraba detrás de él.
Cerré los ojos, totalmente preparada para estar mortificada y no hacer contacto visual, pero antes de que pudiera desear un gigantesco agujero en el suelo que me tragara, los labios de Shu se hallaban en los míos. Deslizó el brazo alrededor de mi cintura y me levantó contra él, ahuecando mi mejilla con su mano mientras deslizaba su lengua más allá de mis labios y la introducía lentamente en mi boca. Podía besar a ese hombre por días, y nunca tener suficiente. Sus labios se movían contra los míos, suaves y sensualmente, mientras su mano se deslizaba por mi mejilla, mi cuello y se detenía sobre la piel desnuda justo encima de mi corazón. Quería empujar su mano dentro de mi sujetador. Mis puños se aferraron a la parte delantera de su camisa y se me escapó un gemido cuando su mano avanzó sólo un poco más abajo. Si mi boca no hubiera estado fusionada con la suya, podría haberle preguntado si había dicho esa última parte en voz alta. O tal vez él podía leer mi mente.
Toca mis pechos. Hazlo. El poder de mi mente te lo ordena.
Su mano detuvo su descenso y quise gritar. Su lengua continuó deslizándose contra la mía, muy lentamente y me hubiera gustado tener una de esas banderas verdes de las carreras de NASCAR. Hubiera sacudido esa cosa por todas partes. La hubiera sacudido en el aire como si simplemente no me importara.
¡Shu, arranca el motor! Se te ha entregado la bandera verde. Todos los sistemas listos. Pisa el acelerador y deja que tu mano agarre ese pecho.
—Si tocas las tetas de mi hija mientras estoy parado aquí, voy a tener que poner caramelo en tu tráquea hasta que mueras.
Shu y yo nos separamos tan rápido que podrías haber pensado que éramos adolescentes que acababan de ser atrapados teniendo relaciones sexuales, en lugar de dos adultos maduros que tenían un hijo.
—¿Tu padre acaba de decirme que iba a ahogarme con caramelo? —susurró Shu.
—Sí. Está en la letra C. Compórtate o veo un paraguas en tu trasero en el futuro —susurré de regreso.
Mi padre se acercó a nosotros y miró a Shu de arriba a abajo.
—¿Tienes algún tatuaje, hijo?
Shu me miró con confusión y me encogí de hombros. Nunca se sabía lo que iba a salir de la boca de mi padre.
—Uh, no. No, señor. No tengo —respondió Shu.
—¿Tienes una motocicleta?
—Bueno, tengo una bicicleta de montaña muy bonita que aún está en almacenamiento, porque no he tenido tiempo de sacar una…
—Motocicleta, Sheila—interrumpió mi padre con un suspiro de fastidio—. ¿Tienes una motocicleta?
Shu negó con la cabeza. —No, y mi nombre es Sh…
—¿Alguna vez has sido arrestado o estado en una pelea de bar? —lo interrumpió una vez más.
—No, nunca he sido arrestado o me he metido en algún tipo de pelea, señor Komori —dijo Shu con una sonrisa confiada.
Mi padre se inclinó hacia mí.
—Yui, ¿estás segura de que este chico no es gay? —me susurró.
—¡Jesús, papá! No, no es gay —le grité en respuesta.
—Oiga… —dijo Shu, insultado por la pregunta de mi padre.
Mi padre se volvió hacia Shu y suspiró.
—Está bien, puedes salir con mi hija y conocer a su hijo. Pero si la embarazas de nuevo…
—¡PAPÁ!
Mi padre me miró con las manos en sus caderas, el humo prácticamente saliendo de mis orejas y luego continuó con su advertencia como si yo no estuviera allí.
—… Voy a rastrear la faz de la tierra, cazarte como a un perro y dejar su malhumorado culo fuera de tu puerta. No voy a tratar con otros nueve meses de la Señorita Pantalones Molestos.
Oh, por el amor de Dios.
Miré hacia atrás y hacia adelante entre ellos mientras se miraban. Shu asintió y le tendió la mano a mi padre, temblando.
—Trato —dijo Shu mientras se estrechaban las manos.
Maravilloso. Una gran, feliz y loca familia.
Justo en ese momento, Takumi voló a través de la sala de estar, sosteniendo algo por encima de su cabeza.
—¡Shu! ¡Mira la nueva espada que tengo!
¡Dios santo!
Mi hijo entró corriendo a la habitación con mi Jack Rabbit sobre su cabeza como si fuera un gladiador a punto de entrar en batalla. Un gladiador con una "espada" color púrpura que tenía cinco velocidades.
—Oooh, ¿qué hace este botón? —preguntó Takumi, deteniéndose y apretando el botón que hacía que el remolino de perlas girara.
Volé hacia él y traté de arrebatarlo de su mano, pero no la soltó.
Frenéticamente, presioné todos los botones para conseguir que se detuviera mientras jugaba al tira y afloja con Takumi. De repente golpeé uno de los botones que cambió a velocidad "encorvar" e hizo que la parte superior comenzara a girar y vibrar tan duro que los brazos de Takumi se sacudieron.
—Mmmmmaaaammmáaaaa essss-tooo haccccee cosssquillassss.
Joder. ¿Cuándo este chico comenzó a ser tan fuerte?
—Takumi, ya basta. Esto no es un juguete —le dije con los dientes apretados.
Jugaba un tira y afloja con un pene de goma y mi hijo. ¡Eso no está bien, gente!
—Sí que es un juguete. ¿Por qué consigues todos los buenos juguetes? —Takumi resopló mientras ponía todo su peso para tirar la cosa de mi mano, y me tambaleé hacia delante.
—No, en serio chicos, no se preocupen. Lo tengo bajo control —dije sarcásticamente a mi padre y Shu. Se encontraban de pie hombro con hombro, a pocos metros de distancia, viendo el espectáculo. Se miraron el uno al otro y se echaron a reír.
Por supuesto. AHORA están unidos, cuando trataba de luchar con un juguete sexual en las manos de mi hijo.
—¡Takumi, suéltalo AHORA! —le grité.
—Es mejor hacer lo que dice tu madre, Takumi. Se pone de mal humor cuando no puede jugar con su juguete —se rió mi papá.
Shu se echó a reír junto con él hasta que le lancé una mirada que claramente decía: "Si no cierras la maldita boca y me ayudas, nunca te dejaré entrar en mis pantalones de nuevo".
Su boca se cerró rápidamente y finalmente se movió.
—Oye, Takumi, tengo algo para ti en el porche delantero. Y es un juguete mucho mejor que el de tu madre. ¿Por qué no sales corriendo a buscarlo? —sugirió Shu.
Takumi soltó el vibrador sin decir una palabra y salió corriendo por la puerta principal.
—Eres muy afortunado de haberme ayudado cuando lo hiciste, o habría habido consecuencias graves —le dije a Shu con enojo.
Obviamente, él no entendía la gravedad de la situación, ya que ahora se reía mucho más. Mi papá se limpiaba las lágrimas de sus ojos. Entonces miré y me di cuenta de que había estado pronunciando mi punto, agitando el vibrador en el rostro de Shu.
Rápidamente bajé el brazo, abrí uno de los cajones del extremo de la mesa, y empujé la maldita cosa en el interior, justo cuando Takumi volvía corriendo a la casa con una pistola de juguete, un sombrero vaquero y la insignia de sheriff pegada a su camisa.
—Chicos malos, chicos malos, ¿qué van a hacer, que van a hacer cuando corte su salchicha? —cantó Takumi mientras apuntaba con su arma a objetos al azar.
—Guau, los policías se han vuelto muy duros últimamente —murmuró Shu.
Perdoné a Shu en nuestro viaje al bar porque, vamos, mírenlo. No podía guardarle rencor y fantasear acerca de su pene. Era un gran conflicto de intereses.
Los negocios empezaban a mejorar en el bar mientras la multitud después del trabajo comenzaba a aparecer alrededor de las siete. Liz y Jim cenaron con Shu en una de las cabinas, y los tres se acercaron a la barra después de terminar. En uno de mis muchos viajes a pie junto a ellos, Shu se acercó y me agarró del brazo. Hizo girar su silla hacia un lado para que pudiera jalarme entre sus piernas. Puse mi bandeja vacía en la parte superior de la barra junto a él, y puso las manos en mis caderas.
—¿Recuerdas cuando te dije que siempre te diría si tu culo se veía gordo? —preguntó.
Oh hombre, sabía que no debería haber lamido el plato de chocolate con leche anoche después de que terminé de hacer las tortugas. Podía sentir mis piernas cada vez más grandes mientras estaba allí. ¿Se frotaban juntas cuando caminaba? Apuesto a que a él le preocupaba que mis muslos fueran a iniciar una chispa.
Sólo tú puedes prevenir los incendios de muslos. Ese Smokey, el oso idiota, sólo se preocupaba por el bosque. A la mierda con el bosque. Mi vagina podía prenderse en fuego porque Shu pensaba que yo estaba gorda.
—Cierra tu cerebro. No iba a decirte que te ves gorda —regañó.
Ya lo sabía.
—Iba a decir que me olvidé de mencionar, también, que siempre voy a decirte cuando tu culo se vea tan jodidamente increíble que quiero envolver mis manos alrededor de él cada vez que pasas por ahí.
Me mordí el labio inferior y sonreí.
—¿Algo más?
Sí, otra vez buscaba piropos. Acababa de tener un colapso de muslo infernal. Obtendría eso.
—Sí —respondió Shu después de besarme suavemente—. También voy a decirte siempre que tus piernas se vean tan largas y sexys que en lo único que puedo pensar es en tenerlas alrededor de mi cintura.
Besó mis labios otra vez.
—Y siempre te diré cuándo estés tan hermosa que mejor que alguien llame a Dios, porque se está perdiendo un ángel.
—Ahh, ¿acabas de usar una línea cursi para mí? —pregunté.
—He estado esperando para usarla desde que tenía quince años —dijo Shu con una sonrisa.
—¿Todavía no terminaron, chicos? Acabo de vomitar en mi boca un poco escuchando esta mierda —murmuró Liz desde su asiento, al otro lado de Shu.
—Bueno, ¿no es el par más lindo?
Me aparté de Shu cuando oí la voz femenina detrás de mí, chorreando sarcasmo.
—Tasha, ¿qué diablos estás haciendo aquí? —preguntó Shu mientras se levantaba.
Espera, espera, ¡mierda! ¿Tasha? ¿Su ex? ¿La que estuvo saliendo con Shu antes de que él viniera aquí? ¿No es esto un pepinillo en el sándwich de mierda que es mi vida? Por supuesto que tenía que parecerse a una estrella porno. Cabello largo y rubio, ojos azules y una piel perfecta. Por no hablar de la más diminuta cintura conocida por el hombre y el mejor par de tetas que he visto. Tenían que ser falsas. Las tetas reales no eran tan perfectamente redondas. Si no la hubiera odiado a primera vista, podría haberle preguntado si me dejaba tocar. Me resultaba familiar. Se apartó el cabello detrás de uno de sus hombros y de repente recordé de dónde la conocía.
—Oye, estuviste en la fiesta de juguetes sexuales de Jenny, hace unas semanas.
Sentí a Liz caminar a mi lado.
—Oh sí, me acuerdo de ella. Tasha Cara de Vagina —dijo Liz con una sonrisa mientras se cruzaba de brazos frente a ella.
Ella resopló con irritación. —Es Tasha Tentadora.
—No, estoy bastante segura de que era Cara de Vagina —dijo Liz, mirándome para que lo confirmara.
Asentí en acuerdo.
—Oh, definitivamente lo es. Probablemente no recuerda porque hablamos de eso a sus espaldas —le dije con un encogimiento de hombros.
Antes de darme cuenta, la vulgaridad se hallaba en mi rostro.
—Escucha, puta, sólo porque eres el nuevo sabor de la semana de Shu, eso no te hace nada especial.
Entonces se desató todo el infierno. Shu comenzó a gritarle a Tasha, Tasha nos gritaba a todos nosotros, y Liz la empujó lejos de mí. Yo me quedé allí, en medio de la conmoción, en estado de shock.
—Eso es suficiente, Tasha —dijo Shu con enojo—. Dime lo que quieres, o vete. No puedes aparecer aquí de la nada e insultar a Yui.
Ella me dio otra mirada punzante antes de volver sus ojos a Shu.
—Guau, seguro que no te tomó mucho tiempo encontrar una putita para sumergir tu mecha, ¿cierto? —preguntó Tasha sarcásticamente.
¡Oh, infiernos no! No acababa de llamarme puta.
Di un paso hacia ella, con las manos temblando por la necesidad de perforar esa petulante mirada de su cara.
—Eso es muy gracioso, considerando que he oído que jodiste a toda la guía telefónica cuando salías con Shu. Tu vagina es un gigantesco agujero como el que el iceberg dejó en el Titanic. Es una escena del crimen en tus pantalones, con cientos de personas gritando con horror y tratando desesperadamente de saltar.
Ni siquiera sabía lo que decía en ese momento. Soltaba tonterías porque me enojé. Y parecía que le había puesto el dedo en la cabeza, o la vagina. Tasha se me echó encima como un toro. Todo el mundo se movió a la vez. Me corrí a un lado,Shu, Liz y Jim se pusieron delante de mí, y agarraron a Tasha mientras ella amenazaba con matarme.
Resulta que las estrellas de porno-putas-ex-novias no son tan bonitas cuando tienen el rostro rojo tomate, saliva volando de su boca y sus miembros se agitan por todo el lugar. Shu finalmente consiguió hacerse con el codo de Tasha y empezó a llevarla hasta la puerta principal, mientras continuaba gritando insultos y amenazas de muerte contra mí. Shu hizo contacto visual conmigo y articuló "Lo siento" antes de desaparecer por la puerta principal junto con la loca.
No voy a mentir, me sentía un poco asustada. Se sentía como si todo el mundo en el lugar estuviera mirándome. Estaba muy ruidoso, nadie tenía ni idea de lo que acababa de suceder, pero todavía me ponía nerviosa. Odiaba ser el centro de atención. Y odiaba sentirme insegura porque, en ese momento, Shu salió, solo, con su ex-novia.
Por supuesto, ella se hallaba obviamente a una lamida de ventana de viajar en el autobús corto, pero ese conocimiento no hacía nada para aliviar mi mente.
Le hice saber a una de las otras camareras que se acercó, que me iba a tomar un descanso de minutos. Liz me empujó hacia abajo sobre su taburete y Jim se puso detrás de mí, frotando mis hombros para tratar de aliviar la tensión. Ninguno de los dos dijo mucho. Creo que esperando que tuviera un colapso mental, o que me acurrucara en posición fetal y me chupara el pulgar. Nunca antes había estado en ningún tipo de pelea. Hablaba de un buen partido, pero la primera vez que alguien había venido a mí, corrí hacia otro lado. Una vez en la escuela secundaria, Liz y yo caminábamos por el centro comercial y una loca chica emo nos pasó y golpeó su hombro contra el mío. Sin pensarlo, me di vuelta y grité—: ¡Deja de escribir poesía y llorar, y mira por dónde vas!
Ella se detuvo en seco y se dio la vuelta, junto con el resto de su depresión, ojo negro incluido y mucho maquillaje. Rápidamente, me clavé la pajita de mi granizado de cereza en la boca y señalé con mi pulgar a Liz.
—¿Qué nos hemos perdido, chicos? —preguntó Drew, viniendo detrás de nosotros unos minutos más tarde, con su brazo alrededor de Jenny mientras el resto nos quedábamos allí, mirando hacia la puerta donde Shu había desaparecido.
Me di la vuelta para mirarlo de frente y a la camisa que decía: "¿Me afeité mis bolas para esto?"
—Alguien acaba de intentar matarme —le dije con voz horrorizada.
—¿Qué? ¿Quién? —preguntó Drew.
—Tasha —dijo Liz con disgusto.
Jenny se vio inmediatamente culpable.
—¡Oh, mierda! ¿Ya estaba aquí? Yui, lo siento mucho. Tasha es toda mi culpa.
—¿De qué diablos estás hablando? ¿Conoces a esa perra loca? —le preguntó Liz.
—Fuimos juntas a la universidad. Me llamó hace unas semanas y me dijo que estaría en la ciudad, que quería reunirse. Es por eso que estaba en la fiesta de juguetes sexuales. Se suponía que sólo pasaría el fin de semana, pero decidió quedarse más tiempo. No tenía idea de que conocía Shu hasta hace poco. Ella me preguntó si lo conocía, y dijo que era un viejo amigo al quería saludar. No fue sino hasta después de que le dije que ustedes iban a estar aquí esta noche, que me acordé que ella salía con un tipo llamado Shu. Es por eso que vine aquí. Pensé que llegaríamos antes que ella, y así poder solucionar este problema.
Drew quitó su brazo de Jenny y se volvió hacia mí, saltando a la acción.
—Está bien, Yui, esto es lo que tenemos que hacer primero. ¿Sabes cómo golpear? —preguntó Drew mientras tomaba mis brazos y miraba seriamente a mis ojos.
—¿Qué? No. ¿De qué estás hablando? No voy a pelear con ella—le dije, rodando los ojos.
—No entiendes. He conocido a este fenómeno durante años. ¿Te ha amenazado? —preguntó Drew.
—Sí, ese contenedor de semen dijo que iba a patear el culo de Yui —le dijo Liz.
—¡Oh, es el momento! ¡Está encendido como el videojuego de Frogger! —gritó Drew de emoción.
—¿No querrás decir como Donkey Kong? —le preguntó Jim mientras se levantaba detrás de Liz y deslizaba los brazos alrededor de su cintura.
—Nunca me gustó Donkey Kong. Así que no estaba encendido. Frogger simplemente funciona mejor para mí.
—Drew, nada va a estar encendido. Nunca he estado en una pelea y no voy a empezar ahora. Shu la llevó afuera y espero que la mande al infierno. Problema resuelto —le dije.
Drew me miró con horror. Yui, no creo que entiendas la gravedad de esta situación. Ahora, tanto como odio a Tasha como una erupción de fuego ardiente en mi polla, todavía está caliente. Y Yui, eres totalmente una mamá que me follaría.
Lo miré con confusión. —Drew, ¿qué diablos tiene eso que ver con esto?
—Es como si ni siquiera me conocieras Yui —dijo Drew tristemente con un movimiento de cabeza.
Soltó mis brazos y dio un paso atrás, secándose una lágrima imaginaria debajo de su ojo.
—Jim, ayúdame por aquí, hombre. Estoy demasiado enfadado para continuar.
Jim desenredó sus brazos de Liz y dio un paso hacia delante para acariciar a Drew en la espalda.
—Como Drew ha señalado, Yui, eres caliente. Y si bien todos estamos de acuerdo en que a la loca hay que ponerla en su lugar, por desgracia, también está buena. Y las dos son chicas con el pelo largo. Y estamos en un restaurante que tiene aproximadamente cuatro diferentes sabores de Jell-O en el cuarto de atrás —explicó Jim, serio.
—Oh, Dios mío, ¿me estás jodiendo? —preguntó Liz—. ¿Se trata de querer ver a dos chicas pelear en un charco de Jell-O?
—Liz. SIEMPRE se trata de querer ver a dos chicas pelear en un charco de Jell-O. Nunca, nunca hay que olvidarlo —dijo Drew, sin rastro de humor en su voz—. Jell-O es deliciosa.
Liz me miró. —Sabes, a pesar de que estos dos idiotas hablan con sus pollas en este momento, probablemente deberías aprender cómo golpear algo. Ya sabes, por si acaso Shu no puede hacerla entrar en razón. Si ella vuelve aquí, obviamente, todos te defenderemos, pero ¿que sí que te acecha cuando descargas comestibles de tu coche? ¿O salta a tu asiento trasero mientras conduces por la carretera? —preguntó.
—Oh Dios mío, ¡¿qué te sucede?! ¡Esto no me ayuda en ABSOLUTO! —grité.
—Muy bien, eso fue probablemente una exageración. Además, sus pechos son demasiado grandes para saltar en el asiento trasero de un coche. Será totalmente la primera vez —respondió Liz con un encogimiento de hombros—. Y ahora, puedes aprender cómo hacer estallar uno de esos implantes sin romperte una uña.
¿Esto de verdad está ocurriendo? No quería aprender a pelear.
Debería haber mantenido la boca cerrada con los comentarios hacia la cara de genitales femeninos gigantes.
Drew se volvió hacia mí y puso las dos manos en el aire con las palmas hacia afuera.
—Muy bien, ajusta tus bolas de metal y golpéame —dijo Drew, ensanchando su postura.
Me quedé allí con las manos en las caderas mirando a todo el mundo. Todos seguían allí, esperando a que golpeara la mano de Drew.
—Esta es la idea más estúpida jamás dicha —me quejé.
—Vamos, Yui, déjalo ir. Luego puedes salir y arrancar su mierda como un ciclope —dijo Jenny.
—¿Cíclope? —preguntó Jim.
—Ya sabes, este otro nombre para como, un huracán o un tornado. Cíclope.
Todos ladeamos la cabeza con confusión.
Drew suspiró. —Es ciclón, bebé.
Tomé ese momento para respirar y golpear la mano de Drew para que pudiera tomarlo por sorpresa. Drew me miró con confusión mientras saltaba hacia atrás y adelante en mi pose de boxeador. Eso se sintió bien. Eso me hizo sentir muy bien. Golpeé la mierda de su mano. ¡Vamos perra!
—Yui, ¿qué diablos fue eso? —preguntó Drew.
—¿Asustado? Ese fue mi puño de furia. ¡PERRA! —le grité.
Drew puso las manos en sus caderas y me miró fijamente.
—Golpeas como un bebé borracho. Espero que tenses tu vagina más que eso. De lo contrario, me siento mal por el pene de Shu.
—¿Por qué nos sentimos mal por mi pene?
Shu se acercó detrás de mí antes de que pudiera decirle a Drew que mi vagina y el pene de Shu no eran de su incumbencia.
—Entonces, ¿qué tal, hombre? ¿Qué demonios quería la puta coge palos? —preguntó Drew.
Shu suspiró. —Oh, sólo decirme el gran error que cometió al convertir su vagina en una tienda abierta las veinticuatro horas. Y cómo entendió eso de "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes".
—Guau, citó una canción de Cinderella. ¿No tiene miedo de sacar la artillería pesada? —preguntó Liz.
Todo el mundo se reía y hacía una gran broma sobre esto, pero no era gracioso. No era divertido. Esa perra quería matarme. O por lo menos darme un puñetazo en el rostro. ¿Todo el mundo ya se olvidó de ese hecho? Quería darme un puñetazo. En el rostro. Con el puño.
—Odio tener que arruinar la diversión, pero la puta quiere darme una paliza, en el rostro.
Liz me dio una mirada tranquilizadora.
—Cálmate, Long Duk Dong*, puedes golpear como una abuela después de beberte una botella de cerveza, pero recuerda Yui: sabes cómo dar un golpe que es lo más importante en este momento —dijo Liz con una palmadita en mi espalda.
La miré confundida durante unos segundos antes de recordar que hablaba acerca del Club de Lucha de borrachos del año pasado.
—Lo siento, pero ¿por qué Yui sabe cómo dar un golpe? No sé si me gusta a dónde va esto —dijo Carter, nervioso.
—Bueno, el año pasado Jim nos hizo observar diez mil veces un Club de Lucha. Y mientras estoy a favor de un poco de acción sin camisa, como Brad Pitt, Yui y yo decidimos tomar un trago cada vez que Edward Norton hablaba en tercera persona. Cerca de veinte minutos después, éramos basura. No sé de quién fue la idea, pero Yui y yo empezamos nuestro propio Club de Lucha en la sala de estar —explicó Liz.
—Fue tu idea, Liz. Te pusiste de pie frente a mí, levantaste tu camisa y dijiste: dame un puñetazo en el estómago tan duro como puedas, hija de puta.
Jim se echó a reír al recordar de nuevo esa noche. No fue mi mejor momento. Golpeé incluso peor que cuando estaba borracha, ya que apenas rasguñé a Liz. Ella, sin embargo, podía golpear como un luchador de la Federación Mundial de Lucha Libre con esteroides.
—Ah, sí, ¡eso es correcto! Esa fue una de las mejores ideas que he tenido cuando he bebido. Nos golpeamos entre nosotras una y otra vez hasta que empezaste a silbar y gritar: "¡Soy la hemorragia interna de Yui y necesitas cortar esta mierda!"
Shu miró hacia atrás y adelante entre nosotras, simplemente moviendo la cabeza con incredulidad.
—No te preocupes por nuestra chica, Shu. Estuvo en unos diez rounds antes de rendirse —dijo Jim con una sonrisa—. Y te alegrará saber que tengo todo en video.
—¿Hubo Jell-O? Dime que había Jell-O —pidió Drew emocionado.
Mi turno terminó un par de horas después de eso y necesitaba desesperadamente una copa después de los acontecimientos de esta noche. Tiré mi delantal detrás de la barra y todo el mundo se mudó a una gran mesa para que pudiéramos sentarnos juntos. Después de sentarnos,Shu nos dijo lo que sucedió afuera. Tasha afirmó que cometió un gran error y que quería volver con Shu. Él se rió en su cara y le dijo que llevara su cachonda e infestada vagina de regreso a Toledo. También le informó que siempre me había querido, incluso cuando estaba con ella, y ahora que me encontró, nunca me dejaría ir.
Aplausos.
Perdí la cuenta de cuántas bebidas consumí el resto de la noche. Cada vez que ponía mi vaso vacío, se rellenaba por arte de magia.
Creo que Shu sabía que me estresé por la situación de Tasha y quería que me relajara y tuviera una buena noche.O quería emborracharme y aprovecharse de mí.Mis pechos empezaron a saltar arriba y abajo, aplaudiendo y gritando—: ¡Sí, por favor!
Seguí mirando hacia la puerta, esperando a que regresara Tasha.
Después de un tiempo, sin embargo, no sabía por qué puerta iba a venir, ya que había al menos treinta cuando miré en esa dirección.
Miré hacia abajo en mi vaso, tratando de contar los cubos de hielo y perdí la pista después de una.
Vaya, ¿qué pusieron en este vodka?
Shu se me quedó mirando, sonriendo y me llevó a horcajadas a su regazo. Tenía muchas ganas de hacer algún tipo de movimiento, pero no sabía nada acerca de esa mierda. Tenía la mano en su muslo y la moví lentamente hacia arriba. Me detuve a pocos centímetros por debajo de la protuberancia que no podía dejar de mirar. Quería frotar mi vagina sobre esa mierda.
Sí, era consciente de que estaba sentada, en una mesa llena de gente, con la mirada fija en el regazo de Shu como si fuera un oasis en el desierto y no hubiera tenido un trago de agua en é en cosas que podría susurrarle al oído que podrían encenderlo.
—Deberíamos tener sexo.
Shu se rió y me besó en la mejilla.
—Pensé en voz alta ¿no?
—Sí, definitivamente pensaste en voz alta —dijo con una sonrisa.
Me aparté de él y agarré el brazo de Liz, llevándola conmigo.
—Vuelvo enseguida —murmuré a la mesa en general.
Saqué a Liz del bar, a unos tres metros de distancia de la mesa.
—No sé cómo sexo —me quejé.
—Uhm, ¿qué? —preguntó Liz.
—Quiero decir, sexy. No sé cómo sexy.
Liz se rió.
—¿Quieres decir que no sabes cómo ser sexy?
Me limité a asentir. Liz me tenía. Mi mejor amiga era la mejor de todas. Ella era tan bonita, agradable y bonita.
—Cariño, lo estás haciendo muy bien. En caso de que no lo hayas notado, Shu no ha sido capaz de apartar las manos de ti en toda la noche. Y no pudiste verlo, pero cuando pusiste tu mano en su pierna, él sólo tragó saliva con fuerza y mantuvo la mirada perdida en el espacio, como si estuviera intentando no correrse en sus pantalones.
Empecé a entrar en pánico. Lo que era probablemente debido al alcohol, pero ¿y qué? No sé nada acerca de seducir a un hombre. Iba a hacer el ridículo.
—¿Estás seriamente asustada de esto? —preguntó Liz, todo rastro de humor desapareciendo de su rostro cuando vio lo preocupada que estaba.
—Siento que voy a vomitar. Estoy muy nerviosa.
Liz suspiró. —Yui, eres una perra caliente. Podrías estar allí y no hacer nada y todavía tendría esa protuberancia en su entrepierna. Sólo necesitas un poco de confianza. Repite conmigo: Soy una zorra muy sucia.
Liz se quedó con las manos en las caderas, esperando a que lorepitiera. Volví a mirar nerviosamente a Shu, pero se encontraba en una profunda conversación con Drew.
—Esto es ridículo —me quejé.
—Lo que es ridículo es que no creas que puedes ser caliente. ¿De verdad piensas que me gustaría ser tu amiga si pensara que no eras una puta sucia que está al acecho en alguna parte? Dame un poco de crédito, por favor. Eres la señorita por excelencia en las calles y una loca en las sábanas.
—Tienes que dejar de citar el diccionario urbano —le dije.
Shu probablemente había estado con muchas mujeres.
Mujeres que podrían chupar una pelota de golf a través de una manguera de jardín y bailar en un poste. Liz tenía buenas intenciones, pero no sabía si podía sacar esto adelante.
—Estás empezando a molestarme. Así que di: soy una zorra muy sucia.
Puse los ojos. Podía hacer lo que dijera o nunca iba a dejarlo pasar.
—Soy una zorra sucia —murmuré en voz baja.
Bueno, se sentía un poco de bien decirlo en voz alta. Tal vez Liz tenía razón.
—Vamos chica mala, puedes hacer algo mejor que eso. Hazlo de nuevo, y pon tu vagina en ello —animó Liz.
Tomé una respiración profunda y lo dije un poco más fuerte.
Gracias a Dios había música sonando y gente hablando.
—Guau, ¿has visto eso? —preguntó Liz—. El palo de Shu se marchitó y murió. Tienes que chupar eso, y no en el buen sentido. ¡Otra vez!
Apreté los puños a mis costados y mi respiración se aceleró. Podría ser una zorra sucia, podría ser más sucia que una prostituta en una orgía.
Tomé una gran bocanada de aire y solté todos mis nervios, toda mi ansiedad y todos mis miedos irracionales con una sola frase.
—¡SOY UNA ZORRA MUY SUCIA!
Por desgracia, la máquina de discos decidió cambiar a una nueva canción en ese momento, por lo que el nivel de decibeles de la barra se había reducido considerablemente. Estaba demasiado ocupada en mi facultad de zorra para darme cuenta. Era una lástima para mí que nadie más se hubiera preocupado de nada más que de mi grito de confirmación.
Todo el mundo comenzó a vitorear y aplaudir de inmediato. Hubo algunos chiflidos y silbidos y una persona demasiado celosa, que gritó—:¡Guarda los tambores, zorra sucia!
Todo el mundo se sentía tan mal por mí que me enviaron bebidas gratis durante la próxima hora. Y no podía ser grosera. Tuve que tomarlas todas. Razón por la cual Shu ahora me ayudaba a entrar en mi casa porque mis pies no querían cooperar y ¡oh mira, pizza!
Tropecé lejos de Shu y abrí la caja de cartón que mi padre dejó sobre el mostrador, y me metí toda una pieza en la boca.
—Mfmmff, taaaan jodidamente bueno —murmuré entremordidas.
Shu se puso detrás de mí, sosteniendo mis caderas para mantener el equilibrio mientras yo devoraba dos trozos más y bebía dos vasos de agua.
—Joder, esta pizza es como… jodidamente buena —le dije, limpiándome las manos grasientas en una toalla al lado de la caja.
Muy bien, basta de postergarlo. Es hora de hacer esta mierda.
Me volví en los brazos de Shu y le di mi mejor mirada sensual, cantando mi mantra una y otra vez.
Soy una zorra sucia. Soy una zorra sucia.
—¿Estás bien, Yui? ¿Tienes algo en el ojo?
Shu tomó mis mejillas e inclinó la cabeza hacia atrás para poder mirar mi ojo, que NO tenía nada, sólo atractivo sexual.
Soy una zorra sucia y borracha. Soy una zorra sucia y borracha.
Arranqué mi rostro lejos de sus manos y decidí seguir con una sonrisa. Era más seguro.
Podía hacer esto, podía hacer esto completamente.
Levanté el dobladillo de mi camisa sobre mi estómago, mi sujetador de encaje negro, y mi cabeza.
Excepto que, mi camisa quedó atrapada en las horquillas en la cima de mi cabeza. Me hallaba parada aquí, frente a Shu con mi camisa pegada alrededor de mi cabeza y la barbilla y los brazos pegados al frente de mi rostro.
Soy el gran Dios Cornholio. Soy el gran Cornholio. Necesito gotitas para mi ojo.
Empecé a bufar y Shu se inclinó sobre sus rodillas para poder alcanzar la apertura de mi camisa.
—Cariño, ¿qué estás haciendo? —me preguntó con una sonrisa.
—Puede ser que necesite algo de ayuda para desnudarme —le dije entre bufidos de risa.
—¿Dijiste castrado?*
La pregunta de Shu me hizo reír aún más, lo que me hizo llorar aún más, lanzando sollozos con mocos corriendo por mi nariz.
Señoras y señores, ahora han entrado a la parte de la noche de llorar con un borracho. Por favor, pongan sus respaldos en posición vertical y traten de no mirar el choque de trenes a su izquierda.
Shu me ayudó a ponerme mi camisa de nuevo y puso las manos de nuevo en mi rostro, secándome las lágrimas con los pulgares.
—Oye, ¿por qué las lágrimas? ¿Qué sucede? —me preguntó en voz baja.
Eso me hizo llorar más fuerte. Él era tan agradable, bonito y…dulce. Sollocé en voz alta.
—Sólo quería ser una zorra para gustarte, no quería que tu pene estuviese decepcionado y Cara de Vagina va a darme una paliza porque le dije que su vagina era un coche payaso.
Shu se rió de mis divagaciones, se agachó y me cogió en brazos al estilo nupcial. Caminó por el pasillo hacia mi cuarto, y puso mi cabeza en su pecho.
—En primer lugar, nunca dejaré que Tasha te dé una paliza, así que ni siquiera pienses en eso —me aseguró y me puso suavemente sobre mi cama. Agarró un par de pañuelos de mi mesita de noche y me los entregó, se puso de rodillas al lado de mi cama.
—En segundo lugar —dijo en voz baja cuando me soné la nariz mientras él levantaba las cobijas para que pudiera meterme debajo—. No tienes que hacer nada para ser sucia o sexy. Ya eres todas esas cosas con sólo respirar. Estoy en un constante estado de calentura cuando estoy cerca de ti o cuando pienso en ti. No quiero que estés nerviosa o preocupada con algo relacionado conmigo y sexo. Eres todo lo que siempre he querido, Yui. Nunca dudes de eso.
Me hubiese gustado no estar borracha. Pondría su pene en mi boca ahora.
Shu gimió y estaba demasiado borracha para preocuparme de lo que acababa de decir en voz alta. Me acurruqué en las cobijas.
—Si sigues diciendo cosas así, voy romper la regla que me puse a cuando te volví a encontrar —dijo Shu con un movimiento de cabeza mientras ponía las cobijas sobre mis hombros y me alisaba el pelo fuera de mi mejilla.
—¿Qué regla? —susurré, incapaz de mantener los ojos abiertos por más tiempo.
Shu se inclinó hacia adelante y puso los labios en mi oído.
—La regla de que la próxima vez que esté dentro de ti, recordarás y disfrutarás cada segundo.
Asfixia* en inglés „suffocation‟. Por eso es que dice que se detuvo en la letra
Long Duk Dong*Estudiante extranjero de intercambio en "Dieciséis velas".
Juego de palabras con Nuded, desnudarme y Neutered, castrado.*
Alba S: Gracias por comentar, con amor te dedico este capítulo. Espero que te guste.
