Hello, bellas y bellos. ¿Cómo la están pasando? ¿Cómo está ese fin de semana? Bueno pues acá les traigo el siguiente capítulo, disfrutenlo.
Pareja:YuixShu
Rt:"M"
Capítulo XVI
Se llaman pezones.
El cuerpo de Yui se deslizó hacia abajo frente a mí y se puso de rodillas, desabotonando mis jeans en un movimiento rápido. El sonido del cierre, deslizándose hacia abajo, llenó el cuarto en silencio. Bajé la mirada hacia ella estando en sus rodillas y traté de forzarme para no agarrar su cabello rudamente y empujarla hacia donde la quería. Sus suaves y delicadas manos alcanzaron el interior de mi pantalón y sacó mi erección, sosteniéndola firmemente con sus labios llenos. Me dio un vistazo a través de sus parpados caídos y sonrió antes de zambullir su cálida y húmeda boca en mí. Absorbió todo el largo e hizo rotar su lengua una y otra vez. Ahuecó sus mejillas, succionando tan fuerte como podía mientras movía su boja arriba y abajo. La punta tocó su garganta con cada succión causando que gimiera ruidosamente. Su mano bombeó rápidamente arriba y abajo por mi longitud, justo debajo de su boca y podía sentir mis bolas endurecerse con la fuerza de mi liberación. Pasó su lengua desde la base hasta la punta, girándola alrededor de la cabeza varias veces antes de alejarse y decir—: ¿Qué le sucede a tu salchicha?
Gemí de nuevo y traté de empujarla de nuevo para que me tomara con su boca.
—¿Qué le sucede a tu salchicha?
Me sacudí despierto y volví mi cabeza, gritando a todo pulmón cuando vi a Takumi parado a casi un metro del sillón, mirando fijamente entre mis piernas. Seguí su línea de visión y gemí cuando vi la enorme erección matutina que asomaba por debajo de la manta.
Me senté rápidamente y amontoné la sabana alrededor de mi regazo tanto como pude mientras Yui llegaba corriendo a la sala, con una mirada de pánico en su cara por mi grito de unos momentos atrás.
—¿Qué sucede? —preguntó con alarma mientras corría y se arrodillaba cerca de Takumi.
Para de pensar sobre Yui en sus rodillas. Para de pensar sobre Yui en sus rodillas. Piensa en esa vieja señora desnuda del Titanic.
Takumi me apuntó. —Shu tiene una gran salchicha, mamá. Aldo está mal con él. Hizo los mismos sonidos que hago cuando me duele la barriga.
Yui sofocó una risa y finalmente me miró a los ojos.
—¡Creo que no necesito preguntar si dormiste bien! —dijo brillante.
Sacudí la cabeza por lo animada que estaba tan temprano en la mañana después de anoche.
—¿Cómo es posible que estés funcionando esta mañana? —pregunté, mirándola. Aparte de mirarse un poco adormilada, todavía se veía increíble. Su cabello se hallaba desordenado, tenía una pequeña mancha de maquillaje debajo de un ojo y vestía una camiseta sin mangas y shorts que han visto mejores días, de todos modos era la mujer más hermosa que había visto.
Ella se río y apuntó a Takumi.
—Aprendes muy rápido como padre, no tienes tiempo para una resaca. El Tylenol extra fuerte y rápido y yo nos hemos hecho muy cercanos al pasar los años.
El teléfono sonó y ella se apuró saliendo de la sala para contestar, dejando aTakumi parado ahí mirándome fijamente.
—Entonces, ¿cómo fue la pijamada anoche con el abuelo? —pregunté mientras lanzaba lejos la cobija ahora que mi gloria mañanera estaba bajo control.
Se encogió de hombros.
—¿Tengo una vagina?
Lo miré sin expresión alguna, sin estar seguro si escuché correctamente.
—Uh, ¿qué? —pregunté, liberando mis piernas y poniendo mis pies en el suelo.
Resopló con irritación hacia mí.
—Dije, ¿tengo una vagina?
Me giré hacia la cocina para ver a Yui al teléfono, balanceándose de un lado al otro. Mierda, estaba solo en esto. ¿Cómo diablos sabía la palabra "vagina"? Espera, tal vez no lo sabe. Tiene cuatro, por Dios. Probablemente piense que Vagina significa Cleveland.
—Bueno, Takumi, um… ¿Sabes que significa esa palabra?
Por favor di Cleveland. Por favor di Cleveland.
—Papá vio una película anoche y el chico dijo que se sentía como si estuviera manejando en una vagina. ¿Puedo manejar una vagina? ¿Una vagina tiene ventanas y una bocina?
O madre mía de mierda.
—Mierda, ¡hijo de puta! —maldijo Yui mientras regresaba a la sala.
Takumi abrió su boca pero Yui lo calló al instante.
—No te atrevas a repetir lo que dije. Ve a tu habitación y encuentra ropa para ponerte. Hoy tienes que ir al trabajo con mami.
Takumi corrió deprisa y su comentario sobre la vagina quedó momentáneamente olvidado cuando vi la cara de preocupación de Yui.
—¿Qué está pasando? ¿Qué pasó?
Se desplomó cerca de mí en el sillón, descansando su cabeza en el respaldo y cerró los ojos.
—Se suponía que mi papá iba a cuidar a Takumi hoy así podría terminar algunas cosas en la tienda, pero le llamaron del trabajo —dijo con un suspiro.
Bombilla.
—Puedo cuidarlo por ti —dije inmediatamente.
Levantó la cabeza y se me quedó mirando con la boca abierta.
—De verdad, Yui, déjame hacer esto por ti. Estaré feliz de llevarlo hoy y pasar un poco de tiempo con él.
Después de cuarenta minutos en los que Yui alistó todas las pequeñas cosas que pudieron caber en su boca, haciéndome repetir ocho veces el número del Centro de Toxicología y dibujarme un diagrama con figuras en forma de palos en una servilleta de cómo hacer resucitación cardiopulmonar, Takumi y yo le dimos un beso de despedida a Yui, nos metimos al auto y nos dirigimos a la librería para el tiempo de una historia.
Era un lugar público, lleno de niños y padres que sabían cómo cuidar de niños en caso de que tenga algún problema o dudas. ¿Qué podría salir mal?
—¿…y el sexo? Oh puedes sólo despedirte de eso. Antes de tener a nuestro hijo, mi esposa era una zorrita sucia. Me daba sexo oral mientras conducía por la autopista, se vestía con un sucio uniforme de enfermera y me encontraba en la puerta cuando yo regresaba del trabajo y donde sea que fuéramos, siempre estacionábamos el auto en nuestro camino a casa y follábamos en el asiento delantero.
El hombre sentado a mi lado dejó salir un gran suspiro. Era otro padre que conocí cuando Takumi y yo llegamos a la librería. Se encontraba ahí con su hijo de tres años e hija de ocho años. Su hija era de una relación pasada y tuvo a su hijo con su esposa actual.
Comenzamos a platicar cuando me senté junto a él en uno de los sillones, mientras los chicos se sentaban en un círculo con un montón de niños, unos metros allá escuchando a la bibliotecaria leyéndoles un libro. Después de contarle la versión resumida de mi relación con Yui y Takumi, le pedí unos consejos sobre padres desde que él ha estado en esa cuadra por más tiempo que yo. Aunque sabía que se iba a convertir en un discurso de "cuántos hijos arruinaron mi vida".
—Pero luego de que nació nuestro hijo, mi pene se fue a la lista de "no llamar". A veces, si es que escuchaba con atención, podía escuchar un tamborileo continuo hecho por mis bolas solitarias —me susurró mientras saludaba y sonreía a su hijo.
Jesú y yo todavía no hemos tenido la parte del sexo. ¿Será así? Antes de exigirle a este hombre que me dijera algo bueno así no tendría pesadillas esta noche, su hija, Finley, corrió hacia él con un libro en sus manos
—Papi, ¿puedes leerme este libro sobre caballos? —preguntó dulcemente mientras escalaba en su regazo.
—Claro, pequeña —le contestó, envolviendo un brazo alrededor de su hija y tomando el libro de su mano.
¿Ves? Mira qué dulces pueden ser los niños. Pueden ser un poco desastrosos a veces pero definitivamente tienen corazones de oro. Y no había nada más dulce que ver a un padre con su hija.
—Oh Jesús, María y José… ¿Dónde conseguiste este libro? —preguntó el hombre mientras unos cuantos padres miraban en su dirección y le lanzaban miradas sucias.
Me incliné para ver cuál era el problema y me di cuenta que el libro en su mano era "El gran libro de historias lésbicas con caballos". Mi boca se abrió con horror y miré alrededor para ver si alguien había notado que había porno en la sección de niños en la librería.
—Cariño, ve por otro libro —le dijo calmadamente mientras escondía el libro tras su espalda
—Pero quiero ese, tiene caballos —discutió ella.
—Bueno, no puedes leer este. Es un libro para grandes. No es para niños.
Finley rodó los ojos y resopló, entregándole el otro libro que había traído con ella. —"Comedores de popo".
Esta vez, su padre fue el que rodó los ojos. —¿"Comedores de popo"? ¿Otra vez? De verdad, Finley. Necesitas encontrar otro pasatiempo. Tiene esta cosa sobre el popo —me dijo, tomando el libro—. Cuando era pequeña, solía pintar, con su dedo, su cuarto con el popo de su pañal.
Él lanzó una risita al recordar y cubrí mi boca con la mano para dejar el vómito dentro. Me quedé mirando las manos de la niña esperando verlas cubiertas de mierda.
—Algunas veces cuando estábamos en el parque, corría hacia mí y me decía que tenía un regalo para mí. Me mostraba su mano que estaba cubierta de popo de gato que encontraba en la caja de arena. Ahhhh, buenos tiempos —dijo con una inclinación de su cabeza.
¿Algunas veces? ¿Eso sucedió más de una vez? ¿Pintura de popo? ¿Regalos de popo? ¿No deberían, los niños, nacer con el conocimiento de que no debes tocar el popo? ¿Takumi está al tanto de que esa es una regla que nadie debe romper?
Lo miré, rebuscando en una caja de libros que alguien había puesto junto al círculo de lectura y preguntándome si encontraría popo ahí y me la traería. ¿Qué si trataba de pintarme con eso?
Probablemente gritaría. Y no puedes gritar en la librería. ¿Qué haré?
¿QUÉ HARÉ?
—Así que sí, buena suerte con toda esa cosa de ser padre, amigo —me dijo el hombre, parándose para irse.
Me senté ahí, en el sillón, tratando de parar el ataque de pánico que estaba casi seguro que tenía. Necesitaba una bolsa de papel para respirar en ella. ¿Por qué jodidos no traje una bolsa de papel? Oh Jesús.
Manos de popo. ¡MANOS DE POPO!
—¡Shu! ¡Oye, Shu! —gritó Takumi mientras corría hacia mí y muchos otros adultos lo callaban.
Me quedé mirando a sus manos, orándole a Dios que no hubiera mierda en ellas. ¿Cómo le explicaría a Yui que hice a nuestro hijo caminar hasta casa desde la librería porque no quería huellas de mierda dentro de mi auto? Hice una mueca mientras él corría hacia mí, preparándome para un pastel de mierda en la cara o una bola de mierda en el brazo. Corría tan rápido que no pudo pararse a tiempo por lo que se estrelló entre mis piernas.
Oh mierda, por favor no dejes que haya mierda en mis piernas.
Tan pronto como golpeó mis piernas, escaló a mi regazo. Apreté tanto los ojos que me dio dolor de cabeza.
Oh dulce Jesús. Aquí viene. Un sándwich de mierda. Hará que pretenda que me lo coma como los niños que te hacen una galleta con plastilina Play-Doh. El término "Sonrisa de mierda" tendrá al fin un significado en mi vida.
—Te tengo algo, Shu. Adivina qué mano —dijo emocionado.
Oh, Dios, por favor no me hagas elegir. Será siempre la mano sin mierda en ella.
La impaciencia de Takumi creció con mi silencio. —Anda, Shu, abre los ojos. No seas una gallina.
Tragué nerviosamente, tratando de pensar en todas las formas para desinfectar la mierda de la piel.
¿El blanqueador quema? Probablemente después de que quite una capa de piel con una lija, quemará. Abrí los ojos lentamente hasta que pude ver a Takumi tener sus brazos detrás de su espalda.
—Vamos, elige uno de mis brazos y ve qué conseguí —dijo emocionado.
—Vaya, creo que elegiré esa mano —dije sin entusiasmo cuando golpeé su brazo derecho.
Adiós limpieza, piel sin mierda. Te recordaré con cariño.
Takumi rebotó arriba y abajo en mis muslos y balanceó su brazo derecho enfrente de mí.
—¡Elegiste la correcta! ¡Aquí vamos! —dijo muy emocionado.
Miré hacia abajo nervioso y respiré un profundo suspiro de alivio cuando vi lo que había en su mano.
Un libro. Un hermoso, crujiente, nuevo libro de librería. No un libro cubierto de mierda, o un libro hecho de mierda. Sólo un libro. El título decía: "¡Vamos, sé feliz!".
Lo tomé de su manito y lo sostuve en el aire para ver las imágenes de la portada de cachorros jugueteando en un campo.
—Este es un libro genial. ¿Cómo lo elegiste? —le pregunté mientras ponía la mano que sostenía el libro en mi hombro y me miró a los ojos.
—Porque me gustas. Y mami dice que es lindo hacer cosas para hacer feliz a la gente. Quiero que seas feliz.
Todo lo que podía hacer era sentarme ahí y mirarlo fijamente. Ahora lo entendía. Entendía porque Yui no se desmoronó desde que supo que estaba embarazada, porque desistió de la escuela y renunció a todo por este pequeño niño. De repente me di cuenta que mi corazón estaba sentado ahí en mi regazo y aunque no estuve aquí los primeros cuatro años de su vida, lo amé incondicionalmente simplemente porque era mío. Era una parte de mí. Lo supe sin una duda, podría dar mi vida por asegurarme de que él estuviera a salvo. Envolví los brazos alrededor de su cuerpito, esperando que no piense más en mí como un extraño y me deje abrazarlo.
Se inclinó contra mí sin duda y descansé mi frente contra la de él.
—Amigo, ya soy el chico más feliz del mundo —le dije suavemente.
Takumi se me quedó mirando por un par de minutos y sacó su otro brazo desde detrás de la espalda. —Bien, entonces luego de que leas ese, puedes leer este.
Me alejé de él y miré hacia abajo a su mano un libro titulado: "Los monólogos de la vagina".
Después de dejar la librería, llevé a Takumi por helado y luego fuimos a la casa de Yui. Fiel a su estilo, Takumi habló todo el camino a casa y comencé a preguntarme si era como una grabadora de cuerda y probablemente necesitaría golpear un lado de él para hacerlo parar.
Resistí la urgencia. A penas.
Cuando llegamos a la casa, me senté en el sofá y Takumi tomó un álbum de fotos de una de las mesas y trepó en mi regazo con él. Dio la vuelta a todas las hojas, explicándome cada foto. Vi cada cumpleaños, navidad, Halloween y todo lo demás que me perdí, y con el comentario de Takumi en cada evento, casi me sentí como si estuviera ahí.
También aprendí unas cuantas cosas acerca de Yui. Como el hecho de que tiene una prima que no puede soportar.
—Esa es Yuno. Es la prima de mi mami. Mami dice que es una zorra —dijo Takumi, apuntando al grupo en la foto que fue tomada en una reunión familiar.
También aprendí que Takumi parecía tener una afición por rociar cosas por toda la casa, mostradas por, al menos, cinco páginas del álbum. Creo que debería de haberle tomado una foto al accidente de la pasta unas semanas atrás.
—¿Cómo es que hay tantas foto de ti haciendo desastres, Takumi? —pregunté mientras daba la vuelta a la siguiente página que mostraba una foto de él sentado en el suelo de la cocina en una pila de granos de café, cereal, avena y algo que parecía a jarabe—. Espero que hayas limpiado todo eso por mami.
—Limpiar es ridículo —contestó.
Considerando el actual estado de mi propia casa, no pude discutir ese hecho.
Continuamos mirando el resto de las fotos en ese álbum y otros cuatro antes de notar que Takumi se hallaba inusualmente tranquilo en mi regazo. Miré hacia abajo y vi que se había dormido sentado.
Torpemente recogí mis manos bajo sus piernas y lo llevé a su habitación exactamente como se durmió —con su espalda contra mi pecho y sus piernas colgando fuera de mis manos. Sabía que había algún tipo de regla sobre "nunca despertar a un bebé dormido" y pensé que también debía aplicarse a los niños ya que podrían entrar en muchos más problemas que un bebé. Después de conseguir meterlo en la cama, regresé a la sala y me relajé en el sofá. Encendí la televisión, hojeando los canales hasta encontrar algo que ver. Una hora más tarde justo cuando empecé a dormitar, mi teléfono sonó por probablemente la décima vez desde que dejé la casa más temprano con Takumi. Sonreí mientras sacaba mi teléfono de mi bolsillo, sabiendo que sería Yui de nuevo.
¿Cómo va todo? ¿Está todo bien? ~ Yui.
Ni siquiera podía estar ofendido de que esté tan preocupada. Era comprensible. Sorprendentemente, estar a solas con Takumi no estaba nada mal. Él era muy bien educado, mejor que cualquier niño con el que haya estado.
Perfecto. Takumi acaba de recibir su primer baile privado. En este momento está colocado con Red Bull y crack y me enteré que no le gusta el whisky. ~ Shu.
Me reí y pulsé enviar. Mi teléfono sonó inmediatamente con su respuesta, como sabía que lo haría.
Espero que al menos surgiera de la chica caliente y no de alguna cara de mantequilla con enfermedades venéreas.Y tu hijo prefiere vodka, como su madre. ~ Yui.
Mi risa a su respuesta era tan fuerte que miré por el pasillo para asegurarme de no despertar a Takumi. Rápidamente le escribí una respuesta. A pesar de que me hizo una broma, sabía sin duda que enmascaraba un poco de miedo.
Todo está bien, mamá. Lo mismo que hace cinco minutos cuando preguntaste :) ~ Shu.
Mi teléfono sonó no menos de cinco segundos después.
¡Oh, cállate! No es él el que me preocupa. Tenía miedo de que te hubieran atado con cinta aislante a una silla o que ahora tengas tu cabeza rapada. ~ Yui.
El timbre de la puerta sonó y mientras me levantaba para averiguar quién era, rápidamente envié otro texto dejándole saber que nuestro hijo no era capaz de dominarme.
Todaví í la puerta para encontrar a Drew de pie ahí con una caja en sus manos.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté.
Drew pasó junto a mí entrando a la casa.
—Encantado de verte también, jodido cerdo. Tengo todos los volantes, folletos de Yui y toda la demás mierda que Jenny hizo por ella. Me pidió que los dejara aquí. ¿Qué estás haciendo aquí? Y ¿por qué sigues con la misma ropa que anoche? ¿Por fin tuviste sexo con la mamá sexy?
Tomé la caja de sus manos y rodé los ojos.
—¿Vas a callarte ya, idiota? Takumi está durmiendo.
Drew miró más allá de mí hacia la habitación de Takumi.
—Bueno, tengo un regalo para el pequeño engendro —dijo con una sonrisa mientras sacaba una camisa de su bolsillo trasero. La levantó frente a mí y todo lo que pude hacer fue sacudir la cabeza.
—No lo hiciste. Oh Dios mío, Yui va a matarte —le dije.
Miré mi reloj, dándome cuenta de que Takumi estuvo inconscientepor bastante tiempo.
—Oye, ¿cuánto tiempo duermen los niños? —le pregunté.
—¿Me estás preguntando? ¿Cómo diablos voy a saberlo? ¿Cuándo fue la última vez que lo chequeaste?
Lo miré sin comprender.
Mierda, ¿tenía que ver cómo estaba? Se quedó dormido. ¿Qué demonios podía pasar mientras dormía?
Me di la vuelta y corrí por el pasillo hasta la habitación de Takumi con Drew justo en mis talones.
—¡Mierda! Oh mierda.
La cama de Gavin se hallaba vacía, las cubiertas tiradas como si se despertó y las arrojó.
Ataqué el cuarto de Takumi,mirando detrás de la puerta, debajo de la cama y en el armario.
—Oh, Jesús. Lo perdí. Ya lo jodidamente perdí —grité en pánico mientras revolvía su armario y saqué un payaso de peluche del fondo de la pila.
¿Ese chico de Poltergeist no dejó que lo atrapen en su armario por un payaso malo? ¡Mierda!
—No lo perdiste. No es como si pudo haber ido lejos. Sólo hay una manera de salir de esta casa y él habría tenido que pasar por delante de ti para llegar a ella.
Drew salió de la habitación mientras me quedaba allí tratando de no llorar mientras ahogaba la mierda del estúpido payaso que se llevó a mi hijo.
Yui iba a odiarme. Nuestro hijo fue absorbido en los abismos del infierno, mientras yo veía "General Hospital". Dios las maldiga, Brenda y Sonny por hacerme perder el foco.
¿Y si se metió en la ventilación y se desmayó en algún lugar de las paredes? Oh mi Dios, pudo haberse metido en la nevera y asfixiado.
¿No te dicen que pongas una soga alrededor de tu refrigerador? O espera, eso era sólo cuando lo pones a la acera, ¿no?
¡Mierda! No sabía nada.
—¡Shu, lo encontré! —gritó Drew desde el pasillo.
Salí corriendo de la habitación de Takumi y al final del pasillo, encontré a Drew en la puerta del baño muriéndose de la risa.
—¿De qué demonios te ríes? —le pregunté furioso mientras lo empujaba para pasarlo. Y entonces lo vi.
Takumi, sentado en el borde del fregadero con alguna mierda blanca en su rostro.
—Takumi, ¿qué tienes en tu cara? ¿Es ese el maquillaje de mamá?
Negó con la cabeza.
—Nop, es esto —dijo, y me entregó el tubo vacío.
Lo tomé y miré hacia abajo. Crema para la dermatitis del pañal.
Mi hijo se puso crema para la dermatitis del pañal en todo su rostro. Y cuando digo todo su rostro, lo digo en serio. Prácticamente cada superficie estaba cubierta, incluyendo los labios.
Drew vino detrás de mí y miró por encima de mi hombro.
—Amigo, puso crema de culo en su cara. Sabes, voy a tener que empezar a llamar a tu hijo cara de culo, ¿no? —rió Drew.
—Cállate, idiota —le dijo Takumi.
—Cállate. Tú eres el que tiene la cara de culo —replicó Drew.
Tomé una toalla del armario de la ropa y corrí bajo el fregadero.
—Ambos cállense y dejen de discutir —les dije mientras empezaba a fregar la mierda blanca de la cara deTakumi ¿De qué diablos hacen estas cosas, cemento? Es como si hubiera sido rociado sucesivamente.
¿Y por qué esta toalla huele a menta?
La sustancia blanca empezaba a salir, pero en su lugar ahora era sustancia azul. ¿Qué dem…?Levanté la toalla y me di cuenta que se encontraba lleno de lo que sea que era esta cosa azul. Lo traje hasta la nariz y lo olí.
—Hay pasta de dientes en la toalla —murmuré.
Drew metió la mano en el armario de la ropa, agarrándome otra.
—Eh, ¿qué coño? —dijo, dejando caer la toalla en el suelo.
Miré sus manos y estaban cubiertas con pasta de dientes. Regresé al armario y recogí algunas de las toallas. Cada una estaba manchada con pasta de dientes. Y pegado en la esquina trasera de uno de los estantes se hallaba el tubo vacío.
Me di la vuelta para mirar a Takumi.
—¿Por qué pusiste pasta de dientes sobre todo?
Se encogió de hombros. —No sé.
Me las arreglé para encontrar una toalla limpia en el fondo de la pila en una de las estanterías y conseguí limpiar a Takumi. Drew lo llevó a jugar en su habitación mientras yo limpiaba la pasta de dientes y el lío de la crema para la dermatitis del pañal y puse todas las toallas de menta fresca en el lavado. Iba caminando delante de la puerta después de que comenzara la lavadora cuando Yui entró.
—Cariño, estás en casa —le dije con una sonrisa.
Se rió y se acercó a mí, serpenteando sus brazos alrededor de mi cintura.
—¿Sonaría muy cursi si te digo lo maravilloso que es entrar y verte aquí? —preguntó.
Le besé la punta de su nariz.
—Sí, sonarías como una chica necesitada. Simplemente no comiences a ponerte pegajosa de lo contrario se va a poner muy tonto.
Golpeó mi pecho y me rodó los ojos.
—Estoy bastante segura de que te gustaría que esté un poco pegajosa —dijo con una sonrisa mientras traía sus caderas contra las mías. Puse las manos en su cintura y la froté contra la erección que tenía desde que entró por la puerta.
—Creo que tiene razón, señorita Komori —dije, mientras me inclinaba para besarla.
—¡Quita tus manos de mi mujer!
Aparté los labios deYui y los dos nos reímos al escuchar la diatriba furiosa de Takumi.
—Takumi, ¿qué estás usando? —preguntó Yui mientras se salía de mis brazos y caminaba hacia él.
Drew se acercó por detrás y sonrió.
—Hola, guapa. ¿Te gusta la camisa que le conseguí?
Takumi se paró ahí con orgullo, tirando del dobladillo de la camisa hacia abajo de manera que Yui pueda leerlo.
—¿Dotado como un niño de cinco años? —leyó, dándole a Drew el mal de ojo.
—Podría conseguirle una como la mía. Tienen de su tamaño —dijo Drew.
Creo que todos podemos decir que la camisa que Takumi llevaba era mucho mejor que tener una que diga: "Mírame con disgusto si quieres hacerme volar".
Yui pateó a Drew después de darle las gracias por dejar sus cosas de Jenny, y decidió dejar que Takumi mantenga la camisa porque, seamos honestos, era demasiado divertido para sacársela. Todavía no estaba listo para dejar a Yui y Takumi, pero necesitaba una ducha y algo de ropa limpia. Ya que Yui trabajó todo el día, la invité a ella y Takumi a mi casa para la cena. Y le dije que empacara una bolsa para los dos.
Corría frenéticamente alrededor de mi habitación tratando de encontrar algo de ropa que diga: "Quiero volverte loco después de que nuestro hijo vaya a dormir, pero no quiero parecer demasiado cachonda o desesperada". Lavé y acondicioné mi cabello tres veces, me afeité las piernas dos veces y me puse suficiente loción que Shu podría ser capaz de simplemente pedir prestado mis piernas la próxima vez que quiera masturbarse. Apoyada en mi tocador, sostenía un par de tangas de encaje blanco mientras trataba de mantener mi toalla envuelta a mí alrededor apretando los brazos contra los costados de mis pechos. Tiré la ropa interior blanca de nuevo en el cajón. Blanco era para vírgenes. No quería ser una virgen. Quería ser una chica jodidamente caliente que usa ropa interior roja y cachonda. Pero no tan cachonda.
Mi celular sonó y luché con la toalla mientras pateaba en mi armario y alcanzaba el teléfono. Respondí y lo sostuve contra mi oreja con mi hombro.
—Usa el culotte de encaje rojo de cadera baja a juego con el sujetador de realce.
—Liz, ¿qué coño? ¿Cómo...? Yo no... —balbuceé en el teléfono.
Dejó escapar un suspiro dramático.
—Bueno, trasero apestoso, ya que no me ibas a decir que esta noche vas a montar el expreso de Shu, tuve que buscar en otra parte.
—Liz, me acabo de enterar hace treinta minutos. Iba a llamarte, te lo juro. ¿Cómo diablos sabes de todos modos?
—Oh, Jim encontró a Shu comprando condones extra pequeño en el supermercado. No me había dado cuenta que las hacían en tallas para niños.
—Ja, ja, muy gracioso, coño grande —le respondí con sarcasmo—. Hablando de vaginas gigantes, últimamente no he recibido ninguna llamada accidental. ¿Jim se ha tomado un descanso de explorar en tu pozo sin fondo?
Entonces Takumi entró en mi habitación con su mochila de Toy Story. Le emocionaba mucho la idea de tener una fiesta de pijamas en casa de Shu. Discutió conmigo que podía empacar su propia bolsa.
Tuve que echarle un vistazo mientras lo hacía. La última vez que fue con mi papá, empacó un calcetín sucio, ocho animales de peluche y un tenedor de plástico.
—Liz, me tengo que ir. Tu ahijado acaba de entrar y tengo que terminar de arreglarme —expliqué cuando Takumi trepó a mi cama y empezó a saltar.
Chasqueé los dedos y apunté a la cama. Inmediatamente puso sus piernas delante de su cuerpo y cayó sobre su trasero.
—Asegúrate de empacar jarabe antihistamínico y cinta adhesiva. No necesitas que nadie grite "mami", cuando hay un pene dentro de ti. Y no importa si Shu trata de decirte lo contrario, nunca es caliente si lo dice. Nunca. Confía en mí.
No necesitaba la imagen mental de Jim gritando, "mami", mientras arremetía contra Liz. Rápidamente terminé la llamada y agarré el sujetador rojo y la ropa interior de mi segundo cajón. Liz me lo compró hace dos años antes de llevarme en una cita a ciegas que me había arreglado. El chico se presentó una hora antes, preguntando si podíamos follar para que pudiera irse. Al parecer, su madre necesitaba recuperar su coche y quería que limpie su habitación antes de que ella llegara a casa. No era necesario decir que las etiquetas nunca se retiraron de la ropa interior de encaje rojo.
Me puse el sujetador mientras Takumi se sentó mirándome por el espejo. Aprendí desde el principio que era imposible hacer algo sola cuando tienes un niño pequeño. Cubrirme y correr a esconderme detrás de una puerta, si él entraba cuando me vestía sólo lo hacía más curioso e inquisitivo. Y por curiosidad, me refiero a molesto. Era mejor seguir con mis asuntos y si surgían preguntas, podía manejarlos de una manera competente y madura. En teoría.
—¿Estás podiéndote los pechos, mamá? —preguntó Takumi.
Me reí y sacudí la cabeza ante su pregunta.
—Bueno, este sujetador es bastante acolchado, así que supongo que sí. —Me di la vuelta para mirarlo mientras terminaba de tirar las correas y alcancé mis vaqueros que dejé al pie de la cama.
—Oye, mamá, ¿qué son esas coshitas rojas? —preguntó.
—¿Qué cosas rojas? —le respondí distraídamente mientras me ponía mis vaqueros y miraba las cuatro camisas diferentes que preparé.
—Las coshitas rojas en tus pechos.
Cerré los ojos e incliné la cabeza. Bueno, esta era mi oportunidad de ser un adulto. Hizo una pregunta razonable, por lo que debo darle una respuesta razonable. ¿Cierto? Pero tiene sólo cuatro. ¿Cuál es la edad adecuada para aprender la palabra "pezones"? ¿Debería ser honesta con él o inventar algo? Iba a ir a la guardería en pocos meses.
¿Qué si hablaban de biberones o veían a un gatito bebiendo leche de su madre? Si inventaba algo, mi hijo saldría con: "No, profesor. Mi mami dijo que esos se llaman "nu-nu de vacas" y están allí sólo para decorar".Mi hijo crecería marcado de por vida cuando todos se burlen de él por poner un "nu-nu de vacas" en un biberón. Podía oír la voz de Robert Dinero en mi cabeza: "Tengo "nu-nu de vacas", Greg, ¿puedes ordeñarme?"
—Se llaman pezones, Takumi.
La honestidad es la mejor política. Vamos a ir con eso.
Se sentó allí durante unos minutos sin decir nada. Mentalmenteme daba palmaditas en la espalda por ser una buena madre y ser capaz de ser veraz con mi hijo.
—Pezones —dijo en voz baja.
Asentí, orgullosa de que él no tenía ningún problema con la palabra de gente grande y no algo tonto. Todavía tenía pesadillas sobre el hecho de que mi padre llamó "chu-chu laney" a una vagina cuando yo crecía.
—Pezones, pezones, pezones. Es divertido de decir.
Mierda. Pude haber hablado demasiado pronto.
Saltó de la cama y salió corriendo de mi habitación, cantando
"Brilla, brilla estrellita" pero sustituyendo cada palabra con "pezón".
Espero que les haya gustado, perdonen la tardanza. Pero bueno, yo soy muy, muuuy tardía pero siempre segura. Los quiero mucho, gracias por leer.
Gracias a Alba Salvatore por comentar
Besos :*
