HELLO MOTOG. Nah, mentira hola hermosos, ¿qué es de su vida? ¿aún siguen vivos?espero que si porque se viene nuevo capitulo 😆 al fin deje lo floja.
Pareja: ShuxYui
Rt:"M"
Advertencia: LEMON
Capítulo XII
Cinta adhesiva para el triunfo
Trojan, Durex, Lifestyles, Trojan Magnum (oh sí, mi polla de casi un metro definitivamente encaja en esos), Contempo, Vivid y Rough Rider.
¿En serio? ¿Había una marca de preservativos llamada Rough Rider? ¿Por qué no ir con "Fóllatela Duro" y termina con esto?
Me quedé parado en el pasillo de "planificación familiar" de la tienda de comestibles, tratando de decidir qué marca de preservativos era más eficaz. Planificación familiar... hazme el favor.
¿Cuántas personas llegaron a este pasillo, porque planeaban una familia? Vinieron a este pasillo para EVITAR planificar una familia.
No podía comprar Trojan. Cada vez que abría la caja, escuchaba esa melodía del comercial, maldición de Dios, "¡Hombre Troyano!" y entonces pensaba en un hombre sobre un caballo. Durex me hacía pensar en Playtex lo que a su vez me hizo pensar en tampones, lo cual me hacía pensar en períodos, lo que hizo que me dieran arcadas. LifeStyles me hacía pensar en Robin Leach y caviar. Los huevos de peces no son sexy y tampoco lo era Robin Leach.
No iba a hacerme parecer un gran imbécil y comprar Trojan Magnum. Si compraba esas cosas, tendría que hablar como Harry el Sucio en el dormitorio. "¿Te sientes con suerte hoy, viendo mi pene gigante, zorra?"
Yui probablemente no tomaría demasiado amablemente que la llamara "zorra" antes de tener relaciones sexuales con ella.
Contempo sonaba aburrido, como ese músico contemporáneo, John Tesh o alguna mierda por el estilo. Aburrido. Si la gente se quedaba dormida mientras tenías relaciones sexuales con ellos, necesitabas concentrarte.
Rough Rider ya estaba descartado, así que eso me dejaba con Vivid. El video de Vivid era de una compañía que hace porno. Y las cosas que quería hacerle a Yui podrían definitivamente ser pornográficas. Sin embargo creo que vestirse como un chico FedEx para poder entregar mi gran paquete al ama de casa cachonda, mientras ella se inclinaba sobre el fregadero de la cocina, puede tener que esperar por lo menos un par de semanas.
Cogí la caja grande de cuarenta y ocho que venía con una botella gratis de gel lubricante y un anillo vibrador para el pene y los tiré en el carrito. El anillo de pene me asustó un poco. La idea de algo vibrando por mis bolas me puso nervioso. ¿Y si se produce un cortocircuito? Grandes bolas de fuego no deberían ocurrir en el dormitorio. Y estaba seguro que el olor a pelo de bola quemado mataba el estado de ánimo.
—Deja de preocuparte. Estoy seguro de que Yui ni siquiera va a darse cuenta de que tienes un pajarito.
Me di la vuelta para ver a Jim de pie en el pasillo con una sonrisa y una caja de tampones en la mano.
—Muy gracioso, imbécil. Parece como si esta semana estuvieras en el periodo. Asegúrate de conseguir un poco de Midol y una copia de "La fuerza del Cariño" para que puedas desatar un buen llanto —bromeé.
—Oye, "La fuerza del Cariño" es una conmovedora y hermosa historia sobre la dinámica de una relación madre e hija. Muestra un poco de respeto por Shirley McClain y Debra Winger, por el amor de Dios. Esa película ganó cinco Oscar por...
—Jesús, cálmate, Nancy, ¿Liz sabe que hoy vas a utilizar su vagina? —pregunté con fingido horror.
Jim sonrió. —Voy a fingir que no has dicho eso porque si le digo a Liz, te sacaría tu escroto, amigo.
Él tenía razón en eso. Liz era un bulldog con rabia y la enfermedad de las vacas locas. Me jodería si la molestaba.
—Puesto que acabo de atraparte comprando condones, y Yui es como una hermana para mí, siento que debo decir unas palabras en este momento —explicó, apartando algunas botellas de lubricante en un estante junto a él para poder poner la caja de tampones y cruzar los brazos frente a él.
Asentí. —Por supuesto.
—Me agradas Shu, pero primero conocí a Yui y estoy comprometido con su mejor amiga, lo que significa, por las leyes de las chicas, que ella tiene que gustarme aún más. Siento que es necesario que use las palabras de algunos de los grandes de la historia para establecer la sinceridad de la situación en la que nos encontramos.
Hizo una pausa y esperé a que continuara, apoyando el codo en el mango de mi carro.
—Si te metes con el toro, consigues los cuernos.
»Si quieres lanzar puñetazos, tengo a Jack Johnson y Tom O'Leary esperándote, aquí mismo.
»Te lanzaré a mi nena y también a su pequeño perro.
»Voy a sacarte los ojos y joder tu cráneo.
Asentí impresionado. —¿"Full Metal Jacket"? —pregunté.
—Sip.
—Muy bonito —contesté.
Jim se dio la vuelta y cogió sus tampones de las estanterías.
—Bueno, está bien entonces. Mi trabajo aquí ha terminado. Tengo unas cuantas cosas más para recoger así que voy a hablar contigo más tarde.
Una hora y media más tarde, me las arreglé para limpiar la casa, cambiar las sábanas en la cama, hacer la cama extra en la habitación de invitados para Takumi y colocar un par de cosas que compré para él durante la semana pasada. Tal vez fue un poco exagerado, pero bueno. Me perdí cuatro años de cumpleaños, navidades, días de San Valentín, Días del Árbol, domingos y cualquier otro día que podría haberle comprado algo. Tenía un montón de tiempo para compensar.
Mi hijo iba a pasar la noche en mi casa.
Quería saltar y aplaudir como una niña. Tenía ganas de acurrucarme con él en el sofá en su pijama y ver la nueva película que busqué. No podía esperar para meterlo en la cama y despertarme con él mañana en la mañana y hacerle el desayuno. Quería experimentar todas las cosas que hacían su día.
Quería oírle reír, escucharlo hablar y verlo interactuar con Yui.
Yui.
Hermosa, inteligente, divertida y sexy Yui, quien también iba a pasar la noche en mi casa. No podía esperar a despertar en la mañana con ella a mi lado. Me lo perdí hace cinco años, y no iba a pasar sin ese momento. Quería que su cara fuera lo primero que viera cuando saliera el sol y su cuerpo acurrucado junto al mío fuera lo primero que sintiera. Pero, sobre todo, quería ser consciente de cada segundo. No quería que la neblina del alcohol nos quitara nada esta noche.
Esperaba que ella no creyera que era demasiado atrevido por mi parte comprar condones. Si no quería hacer nada, no había manera de que la presionara. Pero si pedía que mi palpitante pitón del amor saliera y jugara, no iba a quejarme.
Lancé una caja de fideos en una olla de agua hirviendo cuando sonó el timbre. Puse el temporizador en la cocina y rápidamente atravesé la sala y abrí la puerta. Tan pronto como se abrió, Takumi irrumpió junto a mí y hacia la sala de estar.
—¡Hola, Shu! ¡Mami tiene pezones! ¿Tú tienes pezones? —preguntó mientras se quitaba la mochila y vaciaba el contenido en el medio del piso.
—Oh Dios mío, Takumi ¡el filtro! —lo regañó Yui mientras entraba por la puerta, poniendo los ojos en mí. Me reí mientras cerraba la puerta detrás de ella y traté de no agarrar su culo u olisquear su pelo.
Jesús, tenía un muy buen culo.
—¿Cuál es el problema con la pregunta de los pezones? —pregunté mientras ambos nos parábamos en la entrada de la sala de estar, mirando a Takumi revisar las cosas que había traído.
—Él entró a mi habitación cuando me vestía y me preguntó qué eran. Pensé que debía ser honesta y ahora me doy cuenta de que fue un gran error. Pasó todo el camino hasta aquí cantando "Todo lo que quiero para Navidad son mis dos pezones delanteros." Casi abrí la puerta y lo empujé hacia el tráfico que se acercaba —dijo Yui con una sonrisa.
—Mami detuvo el auto, abrió la puerta y me dijo que saliera y caminara —me informó Takumi.
—Está bien, "casi" no es exactamente preciso —dijo encogiéndose de hombros—. En mi defensa, le dije que si decía la palabra "pezones" una vez más, iba a parar el coche y hacerlo caminar. De acuerdo con su pediatra, es importante seguir siempre adelante con tus amenazas.
Ayudé a Yui a quitarse el abrigo y cogí el de Takumi,que había tirado en el suelo y colgué los dos en el armario.
—Tal vez ahora no es el mejor momento para decirte que esta mañana me preguntó si tenía una vagina y luego me pidió que le leyera "Los monólogos de la vagina" en la biblioteca.
Yui gimió y sacudió la cabeza.
—¿Qué diablos voy a hacer cuando comience preescolar en unos meses? Va a ser como ese chico en la película "Un policía en el Kindergarten" con la excepción de que va a anunciar que "¡los muchachos tienen un pene y las niñas tienen vagina y mi mamá tiene pezones!" —Envolví los brazos alrededor de su cintura y la atraje contra mi lado, observando de nuevo lo bueno que se sentía su cuerpo junto al mío.
—¿Te refieres a qué diablos vamos a hacer? —corregí. Tenía que asegurarme de que entendía que no iba a cambiar de opinión acerca de todo esto.
—No olvides, que también va a decirle a todos cuán grande es mi salchicha. Al menos espero que lo haga. Tal vez debería recordarle la maravilla que es mi salchicha.
Yui levantó sus cejas hacia mí y me di cuenta de que eso no salió bien en absoluto.
—Eso también sonó mucho más vulgar de lo que quise decir.
Yui giró su cuerpo hacia el mío, así que nos encontrábamospecho a pecho y mi espalda quedó hacia Takumi. Ella apoyó los brazos sobre mis hombros, dejando que sus dedos jugaran con el pelo en mi nuca. Me puso la piel de gallina en los brazos y el Sr. Feliz acababa de despertar de su siesta de la tarde y empezó a babear.
—¿Podemos prohibir la palabra salchicha? —preguntó con una sonrisa.
Miré por encima del hombro a Takumi. Se hallaba de espaldas a nosotros y ocupado hablando con su estatuilla de Batman, preguntándole si tenía pezones. Miré de nuevo a Yui y dejé que mis manos se deslizaran por sus caderas y alrededor de su culo para jalarla contra mí.
—Sólo si utilizas la palabra "polla" a partir de ahora —dije con una risa.
Empujó las caderas contra mí y dejé escapar un gemido cuando entró en contacto con mi furiosa erección.
—T.J. me dijo que le pagaste veinte dólares la otra noche para conseguir que dijera eso.
Mierda. T.J. iba a joderse la próxima vez que jugáramos P.O.R.N.O. Él iba a conseguir un balón directo a su garganta. Puse los labios en la comisura de sus labios y luego besé una ruta a través de su mejilla. Cuando llegué a la suave piel justo detrás de su oreja, dejé que mi lengua serpenteara para poder saborearla.
Dejó escapar un pequeño gemido y empujó las caderas de nuevo hacia mí. Volvió la cara para que sus labios se cernieran por mi oído.
—Polla, polla, po-lla —susurró, alargando las sílabas en la última.
—Maldito infierno… —murmuré, envolviendo los brazos alrededor de su cintura y abrazándola con fuerza para que sus caderas dejaran de moverse contra mí.
El temporizador de la cocina sonó y todos los pensamientos de los labios de Yui y la "polla" se pusieron a un lado. Me desenrollé de ella y todos nos dirigimos a la cocina para que yo pudiera terminar los espaguetis.
La cena fue muy bien, a pesar de que Yui tuvo que recordarle a Takumi cada diez segundos que dejara de hablar y comiera. Nunca he oído a un niño hablar tanto en mi vida sobre cualquier cosa y todo, y disfruté cada segundo de ello. Después de la cena, envié a Yui y Takumi a la habitación de invitados mientras yo limpiaba los platos.
Unos segundos después, oí el grito de Takumi.
Agarré la mano de Takumi, y fuimos hacia la parte de atrás de la casa donde Shu dijo que se encontraba la habitación de invitados.
Pensé que era muy dulce que Shu hubiera arreglado una habitación para Takumi.
Llegamos a la puerta y la abrí. Takumi dio un paso adentro y dejó escapar un grito.
—¿QUÉ DEMONIOS?
De inmediato corrió adentro de la habitación y me quedé ahí parada con la boca abierta, incapaz de reunir la capacidad de decirle que vigilara su boca.
Shu tenía una tienda de juguetes en la habitación de invitados. ¡Había una maldita casa de árbol en la esquina! ¡Una casa de árbol! ¿Cómo metió eso aquí?
Poco a poco reparé en cada rincón de la habitación y luego lo hice de nuevo sólo para asegurarme de que no alucinaba.
No, definitivamente había una pila de al menos un centenar de animales de peluche en la esquina, una litera con mantas de autos de carrera, tres pistas Hot Wheels que se cruzaban por toda la habitación, un montón de rompecabezas, una mesa de dibujo llena de libros para colorear y lápices de colores y un estante lleno de cubos multicolores que guardaban coches, camiones monstruos, hombres del ejército, legos y Dios sabe qué más.
Takumi recorrió toda la habitación, tocando todo.
—Santa mierda —murmuré.
Takumi detuvo su ascenso hacia la casa del árbol y me miró.
—Mamá, no puedes decir mierda —regañó.
Me eché a reír histéricamente.
—Oh, sí puedo. Puedo decir mierda. Soy un adulto, por el amor de mierda. Tú eres el que no puede decir mierda. ¡Mierda! ¡Saco de mierda!
Podía sentir la quemadura en la parte posterior de mi garganta y una picadura en mis ojos que indicaba que iba a llorar. ¡Mierda! Lo hizo. Ahora estaba enamorada del imbécil. Le compró a mi... a nuestro hijo una maldita tienda de juguetes. No habría hecho esto si no fuera en serio. Sé que me lo dijo, en varias ocasiones. Quería mucho creerle, pero no había pensado en esto. No podía seguir adelante y convertir esto en algo real hasta que estuviera cien por ciento segura de que él nunca dejaría a Takumi. Podría dejarme, podría cambiar de opinión acerca de nosotros y sabía que yo sobreviviría. Pero nunca, nunca dejaría que mi hijo fuera lastimado así. Mirando esta habitación, pensando en cuán fácilmente nos dejó tomar su vida y cambiar cuales fueran los planes que tenía para su futuro, sabía sin duda que quería que él fuera el padre de Takumi. Ya no era sólo un donante de esperma. Era un padre. Y supe que sería uno malditamente bueno.
Dejé que las lágrimas cayeran de mis ojos y corrieran por mis mejillas mientras le sonreía a nuestro hijo, revisando felizmente todos sus juguetes nuevos. Oí una garganta aclararse detrás de mí y me di media vuelta para ver a Shu de pie ahí, tímidamente, con las manos en los bolsillos.
—Así que, um, ¿en cuántos problemas estoy? No pensaba en conseguir tanto, pero una vez que llegué a la tienda, no pude evitarlo. ¡Ellos hacen Hot Wheels que cambian de color en el agua, Y un camión de basura llamado Stinky que se mueve sola, y recoge los juguetes, y luego eructa. ¿Sabías que había algo llamado MoonSand? Oh, oh y Aqua Sand que curiosamente parece un revestimiento aislante cuando lo pones en el agua, pero cuando lo sacas...
Me lancé hacia sus brazos y corté sus palabras con mis labios. Obviamente se sorprendió, pero me cogió con facilidad en sus brazos y me devolvió el beso. Vertí todo lo que tenía en ese beso, toda mi felicidad, toda mi confianza y todo mi amor. Le dejé saber con mislabios lo agradecida que me sentía por haber sido bendecida con un hombre como él en mi vida. Podría haberlo besado por días y nunca llegar a buscar aire. Lo único que me hizo parar fue el sonido del silencio absoluto en el cuarto detrás de nosotros.
Rompí el beso y Shu dejó escapar un gruñido de protesta que hizo que mis partes femeninas hormiguearan sabiendo que él no quería parar. Manteniendo los brazos a su alrededor, volví la cabeza.
—¿Dónde está Takumi?
—Oooh esto es caliente. Y hace que mis manos cosquilleen —escuchamos decir a Takumi desde otra habitación.
Suspiré. —Mierda, ¿en qué se metió ahora? —murmuré, mientras a regañadientes salía de los brazos de Shu.
Shu comenzó a sonreír, pero inmediatamente tuvo una mirada de horror en su rostro. Dio media vuelta y salió corriendo de la habitación antes de que pudiera preguntarle qué le pasaba. Seguí detrás de él y me encontraba justo en sus talones cuando dobló la esquina hacia su dormitorio. Era como algo salido de una película.
Shu saltó y se lanzó por el aire, con los brazos extendidos frente a él como Superman. Se desplazó a través del cuarto y aterrizó sobre su estómago en la cama junto a Takumi, pero no antes de quitarle algo de su mano. Me quedé parada ahí con la boca abierta, tratando de entender qué diablos pasaba.
—Oyeeeee —se quejó Takumi con el ceño fruncido.
Shu estaba boca abajo en la cama, sus hombros temblaban tan fuerte que el cuerpo de Takumi saltaba. ¿Lloraba? Oh Dios mío, ¿tenía un ataque de nervios?
—Shu ¿qué diablos? —pregunté
—¿Qué diablos, Shu? —repitió Takumi.
—¡Takumi! —lo regañé mientras Shu continuaba teniendo un ataque o lo que sea que hacía.
—Pero mamaaaaá, me quitó la loción. —Takumi hizo un puchero.
Me acerqué a la cama para ver lo que Takumi señalaba. Había un pequeño tubo de algo en la mano de Shu sobre la cama. Tan pronto como me acerqué lo suficiente para verlo, Shu lo agarró y se dio la vuelta sobre su espalda. Y ahora podía ver que él no se moría de un ataque de epilepsia, sino que se reía sin control.
—No es gracioso, Shu. Me quitaste mi loción —se quejó Takumi.
Esto sólo hizo que Shu se riera más fuerte hasta que jadeaba en busca de aire. Lo miré confusa. Sólo levantó el brazo y me dio el tubo de... ¿KY Warming Liquid?
Oh Jesús, maldito infierno. ¿Lubricante? Puso lubricante en sus manos. Sólo me tomó unos segundos el darme cuenta de que Takumi estaba rodeado de condones. Un par de ellos abiertos y fuera de sus envolturas.
—Tus globos apestan, Shu —se quejó Takumi.
Me desplomé en la cama junto a Shu y me reí con él.
A los veinte minutos de "Toy Story 2", Takumi se durmió profundamente con la cabeza en el regazo de Shu. Me levanté para ir al baño y cogí mi celular de la mesa de la cocina así podía tomar una foto a hurtadillas. Era demasiado lindo para no documentar.
Le di unos golpecitos a Shu en el hombro una vez que guardé mi teléfono y señalé a Takumi, luego hice un gesto hacia su habitación. Él torpemente intentó acomodar sus brazos alrededor de Takumi y noté que le asustaba despertarlo.
—Está bien —susurré—. No se va a despertar.
Shu sacudió la cabeza y murmuró algo que sonó como—: Sí, claro, hasta que de repente desaparece y te das cuenta de que ha sido devorado por un payaso.
Se movió rápidamente, acomodando a Takumi en sus brazos, como lo hizo mil veces antes y Takumi nunca movió una pestaña por el movimiento. Seguí detrás de Shu por el pasillo y sonreí al ver a Takumi con la cabeza ubicada en el hueco del cuello de Shu y sus brazos colgando inertes a los costados. Entramos en el dormitorio, pasando por encima de todos los juguetes así no tropezaríamos, y me quedé atrás mientras Shu ponía suavemente a Takumi en la litera de abajo y lo cubría. Me costó mucho no llorar cuando apartó el pelo de Takumi de su frente como yo solía hacer todas las noches.
—Mi lonchera tiene pezones de vaca —murmuró Takumi en su sueño antes de rodar para enfrentar la pared.
Shu volvió a mirarme.
—¿Qué demonios fue eso? —susurró él con una sonrisa.
Me acerqué para rodearlo, me incliné y besé la cabeza de Takumi.
—Tu hijo habla dormido —le informé a Shu mientras tomaba su mano y lo sacaba de la cama—. Esperaba de algún modo que fuera hereditario. No hablo dormida, y si tú tampoco, entonces tal vez tiene que ver con lo que come antes de dormir.
Shu se aferró a mi mano mientras caminábamos por la habitación. —Lamento decir que no hablo dormido. ¿Qué come antes de dormir?
—Dietilamida de ácido lisérgico, hongos, la merienda habitual para los niños antes de acostarse.
Antes de llegar a la puerta, Shu me soltó la mano, se acercó a la pared y prendió una luz de noche que tenía la forma de un coche de carreras. Me acompañó a la puerta y me cogió la mano de nuevo.
—¿Ves? Esto es lo que le pasa a la juventud americana —susurró—. Muchas galletas de chocolate sin suficiente ácido.
Me quedé parada ahí mirándolo. ¿Un cuarto lleno de juguetes y una luz de noche? Este hombre había pensado en todo.
—¿Qué? —preguntó, cuando no me moví.
—Sólo me sorprendes, eso es todo —dije con una sonrisa mientras lo sacaba al pasillo, y cerraba la puerta del cuarto de Takumi detrás de mí.
Caminamos en silencio por el pasillo hasta el dormitorio de Shu, los dos sabíamos que sin lugar a dudas este era el siguiente paso. Quería volver a acostarme con él desde el primer momento que lo vi en el bar. Parecía que hubiera pasado mucho tiempo, pero aquí, en este momento, por fin se sentía bien.
Shu cerró la puerta de su habitación y me acerqué para bloquearla por si acaso. Takumi dormía como un tronco, pero estaba en un lugar extraño, así que no sé qué tan bien lo iba a hacer. Tal vez eso era egoísta por mi parte, pero después de cinco largos años y sin tiempo sola, creo que me merecía esto. Además, prefería mucho más que nos golpeara la puerta para alertarnos de que se despertó en lugar de simplemente irrumpir para preguntarnos por qué luchábamos desnudos.
La única luz en la habitación provenía de una pequeña lámpara en la mesilla de noche que arrojaba un brillo suave en la habitación.
Nos quedamos en la puerta mirándonos fijamente. Lo extraño era que no era para nada extraño. Quería disfrutarlo todo. Quería recordar cada segundo de este momento. No quería tener sólo fragmentos de una noche de borrachera en mi mente. Quería recordar cada caricia, cada mirada y cada sentimiento. Nunca lamentaré la primera vez que tuvimos sexo porque me trajo a Takumi. Pero esta vez significaría más, porque esta vez, amaba a este hombre con todo mi corazón.
En tan sólo unos minutos, iba a estar totalmente desnuda delante de él.
Oh Dios mío, en tan sólo unos minutos iba a estar desnuda. Delante de Shu.
Mierda, tengo estrías en mi culo. Está bien, sólo mantendré sus ojos lejos de mi culo desnudo.
Se agachó y tomó mi mano, atrayéndome a su pecho. No soltó mi mano mientras envolvía nuestros brazos detrás de la espalda,entrelazando los dedos. Su otra mano se acercó a descansar en mi mejilla mientras me miraba a los ojos.
—Antes de hacer esto, necesitas saber algo —susurró.
Va a decirme que es gay.
—Estoy un cien por ciento y absolutamente enamorado de ti y de Shu.
Mis labios temblaron y mi corazón dio un vuelco. Cerré los ojos y traté de contener las lágrimas mientras apoyé mi frente contra la suya.
Una vez que conseguí controlar mis emociones, me aparté para poder ver su rostro.
—Yo también te amo, Shu —susurré.
Una sonrisa iluminó su rostro y levanté la mano y dejé que mis dedos trazaran la forma de sus labios. Me besó los dedos y empezó a caminar hacia atrás, hacia la cama. Me encantó la forma en que me miraba como si yo fuera su mundo. Creo que nuestra primera vez juntos ni siquiera hicimos contacto visual.
Cuando la parte de atrás de mis rodillas golpeó el borde, me inclinó hacia atrás, abrazándome y bajándome poco a poco, hasta que sentí la suavidad de la cama contra mi espalda y el calor duro de Shu contra mi frente. Su brazo se sostuvo fuertemente alrededor de mi cintura y me levantó lo suficiente para que pudiera movernos más arriba en la cama. Levanté las piernas y las envolví alrededor de sus caderas. Puse las manos en sus mejillas y estiré el cuello hacia arriba para poder besarlo. El beso empezó suave y dulce, pero cambió rápidamente. Podía sentir su dureza justo en el vértice de los muslos y un estallido de calor se apoderó de mí y humedeció mi ropa interior. Shu movió las caderas un poco y gemí en su boca abierta. Ese sonido le debe haber dado la señal de "todos los sistemas activados" porque empujó su lengua en mi boca y trasladó la dureza de sus vaqueros contra mí. Moví las manos hacia abajo hasta el dobladillo de la camisa y los deslicé debajo. El calor de su piel suave al instante calentó mis manos frías mientras las llevé a la parte delantera de su estómago y el pecho. Empujé mis antebrazos más arriba para levantar su camisa en la parte delantera de su cuerpo. Él rompió el beso para llevar la mano detrás de sí y agarrar un puñado de su camisa, tirando hacia arriba sobre su cabeza y la arrojó a un lado.
Se levantó por encima de mí en un brazo, repitiendo los movimientos que acababa de realizar en él. Apoyó la mano en la parte baja de mi estómago y sus dedos se deslizaron bajo el dobladillo de mi camisa. Miró su mano, ya que poco a poco se trasladó hasta mi estómago y entre mis pechos. Agarré la parte inferior de la camisa y la tiré hacia arriba, arqueando la espalda para poder quitármela y tirarla en la misma dirección en que fue la camisa. Su palma que descansaba en mi pecho se deslizó hacia un lado, yendo a la parte superior de mi pecho y quitando la parte superior del sujetador rojo de encaje. Suspiré, cerrando los ojos e inclinando la cabeza hacia atrás mientras su mano se envolvió en mi pecho por encima de mi sujetador.
—Eres tan hermosa —susurró mientras acariciaba la suave curva,haciéndome gemir. Antes de que pudiera pensar en alguna idea coherente, sus dedos se deslizaron debajo del borde de mi sujetador y bajó la cabeza para sumergir sus cálidos labios húmedos para capturar mi pezón y halarlo con su boca.
En este punto ya estaba lista. Mis manos apretaban sus hombros y mis uñas se clavaban en su piel mientras su lengua arremolinaba de un lado para otro. ¿Cómo fue que nunca supe que había un nervio que conectaba desde mi pezón derecho a mi vagina? ¡Santo cielo! Cada vez que él chupaba, sentía un cosquilleo allí y me volvía loca.
—Tienes demasiada ropa —murmuré estirando el brazo entre nosotros para desabrochar sus vaqueros. Se apartó de mí y se puso de pie junto a la cama para bajarse los pantalones y bóxer mientras yo me desabrochaba mis vaqueros.
Mierda, allí está el pene —su poderoso, poderoso pene que iba a estar dentro de mí de un momento a otro. ¿Se ve más grande? Tal vez sea la iluminación. Espero que esta iluminación no sea como la del vestuario y haga que mi culo se vea más grande.
—Me estás haciendo autoconsciente al mirar fijamente mi pene. No hace ningún tipo de trucos, así que espero que no estés esperando a que haga malabares, ni nada —dijo Shu con una sonrisa mientras se inclinaba hacia abajo y enganchaba los dedos en la cinturilla de mis vaqueros y la ropa interior y empezó a deslizarlos por mis piernas.
No pienses en la cicatriz de la cesárea o las estrías alrededor. Si no piensas en ellas, no son reales.
Mierda, va a verme desnuda. Tal vez si mira hacia otro lado o cierra los ojos, vería mejor. Podría ser como el comercial de Old Spice.
Mira hacia abajo, hacia arriba, ahora mírame. Soy una modelo de Maxim.
—Me pregunto si tienes un permiso para eso y si va a caber en mí —bromeé astutamente, descansando las manos sobre la parte superior de la cicatriz situada encima del pequeño triángulo de vello púbico.
Bueno, no bromeaba. ¿Cómo diablos entró esa cosa la última vez, y por qué no caminé gracioso a la mañana siguiente?
Shu notó mis intenciones y de inmediato apartó mis manos y las sostuvo abajo a los lados.
Si intento aplanar el estómago con más fuerza, me voy a romper un músculo.
—No te cubras, por favor. Me encanta cada centímetro de tu cuerpo —dijo con sinceridad mientras descansaba una rodilla en la cama junto a mi muslo y dio un beso suave sobre la cicatriz de la cesárea. Amaba cada centímetro de mi cuerpo antes de que Takumi lo estirara como una bandita elástica en una resortera. Por supuesto, surecuerdo de mi cuerpo esa noche no era muy claro, pero estoy bastante segura de que recuerda que en ese entonces mi culo no tenía un mapa de estrías y que muy bien podría enseñar una clase de geografía si desnudarme delante de los estudiantes no estuviera mal visto.
Soltó una de mis manos y usó su brazo para sostenerse mientras se inclinaba sobre mí y miró mi cuerpo. Las puntas de sus dedos siguieronvarias veces la línea de mi cicatriz de un lado a otro. Por un momento tenía una mirada triste en sus ojos, y de ninguna manera lo permitiría cuando estábamos a unos segundos de tener un momento sexy. Agarré sus dedos y los moví, colocándolos sobre mi pecho.
Muy bien, estoy mejorando en esto. No era extraño en absoluto. Quería su mano en mi seno, así que puse la mano en mi seno. Listo. Levantó la vista y me sonrió y luego se arrodilló en el suelo junto a la cama. Le di una mirada inquisitiva mientras deslizaba las dos manos por mis caderas, a través de mis muslos y las deslizó por detrás de las rodillas. Empecé a decirle que volviera aquí cuando, de repente, me atrajo hacia sí hasta que mis rodillas se doblaron en el borde de la cama y mis piernas colgaban a cada lado de él. Antes de que pudiera pronunciar una protesta, se inclinó y besó el interior de mi muslo.
Oh, Jesús. Oh mierda santa, va a poner su boca sobre mí.
La punta de su lengua hizo un sendero desde el interior de mi muslo a mi hueso de la cadera, donde puso los labios y succionó con suavidad. Cerré los ojos y apreté las sábanas mientras besaba un camino desde la cadera a mi hueso púbico.
Oh mierda, él estaba allí. Estaba terriblemente mojada y probablemente ahora me podía oler. Debería haber comido fresas o melón o una docena de rosas o toda una planta de menta. ¿Eso funcionaba para las mujeres? Leí en un artículo que funcionaba para los hombres. Su esperma sabía a lo que comían. ¿Mi vagina sabía a espaguetis? ¡Maldita sea! No debería haber cenado.
Sus manos se deslizaron de nuevo por mis piernas a la parte superior de mis muslos, hasta que sus pulgares se deslizaron en los labios de mi sexo. Dejó de besar el área alrededor de mi triángulo de rizos, sacó un poco la cabeza y vio lo que hacía con los dedos. Tenía un ojo abierto en este momento para que pudiera ver cuál era su siguiente paso. A pesar de que me volvía loca por el hecho de que mi vagina podría saber a Chef Boyardee, era un poco caliente ver a Shu mirarme mientras sus manos descansaban sobre mis muslos y deslizaba su pulgar hacia arriba y abajo por mi humedad.
Sus pulgares se deslizaron una última vez, extendiendo mi apertura a su paso. Gimió, y antes de que pudiera disculparme por no dejar que mis partes femeninas hicieran gárgaras con enjuague bucal, bajó la cabeza y envolvió sus labios y su lengua a mí alrededor. Un grito ahogado salió de mi boca mientras arqueaba la espalda y golpeé mi mano sobre la cama.
Toda la vergüenza fue olvidada cuando su boca se puso en contacto conmigo.
Cada pensamiento voló de mi cabeza y lo único que podía hacer era sentir lo que me hacía. Pasó su lengua y succionó, dejando que sus labios y lengua se deslizaran hasta mi apertura y de regreso. Aplastó la lengua y lamió sobre la parte superior de mi clítoris arriba y abajo, una y otra vez. Su aspereza y su cálido aliento golpeando mi piel mojada, me hizo jadear y empezar a mover las caderas al ritmo de su lengua.
Separó los labios, usando la firme punta para golpetear contra el punto más sensible a un ritmo febril.
Ya podía sentir al acecho el hormigueo de mi orgasmo, justo fuera de mi alcance. Podía oír los sonidos de sus labios y lengua en mí, y ni siquiera me importaba una mierda que ahora mismo, una gran cantidad de esos sonidos hicieran eco por toda la habitación tranquila.
Shu iba a hacerme tener un orgasmo con su boca. Sólo pensarlo hacía que cada centímetro de mí latiera y mis caderas se empujaran más rápido en su contra. Su lengua se deslizó por mi apertura y se abrió camino dentro de mí. Mis piernas empezaron a temblar ante la necesidad de la liberación, y podía oírme jadeando de deseo. Empujó su lengua dentro y fuera de mí lentamente, una y otra vez, antes de volver a chupar. Besó mi clítoris cómo me había besado en la boca todas las veces anteriores —labios suaves, arremolinando la lengua,chupando la piel. Una de sus manos se alejó de mi muslo y sentí la punta de su dedo girando en contra de mi apertura. Su dedo se burlaba mientras su boca seguía devorándome.
En la bruma de placer, me oí gritar "sí, sí" una y otra vez, animándolo a empujar con el dedo en mi interior. Sus labios y su lengua nunca dejaron su asistencia en mí, mientras cumplía con mis deseos. Su dedo largo se deslizó lentamente hasta que estuvo tan profundo que pude sentir los nudillos apretados contra mi piel. Con una audacia que no sabía que poseía, lo agarré de la cima de la cabeza y lo sostuve contra mí, mis caderas empujaban erráticamente mientras que el dedo comenzaba a moverse dentro y fuera. Movió la cabeza de lado a lado de modo que su boca se deslizó hacia atrás y adelante por encima de mí, mientras seguía empujando su dedo. Antes de darme cuenta, mi orgasmo me invadió. Agarré su pelo con mis puños y lo mantuve en sulugar mientras resistía mis caderas y gritaba de placer.
—¡Oh, Dios! Ohhhhhh ¡SÍ!
Shu siguió lamiendo cada gota mientras yo jadeaba y gemía en mi liberación, y lentamente descendía de lo alto. Si no lo apartaba, probablemente no iba a parar nunca. Pero lo necesitaba. Solté mi agarre de muerte de su pelo, y llevé sus brazos hacia mi cuerpo. Se arrastró sobre mí, cerniéndose sobre mi parte superior, y me sonrió.
—Sabes tan jodidamente bien. Podría hacer eso toda la noche.
Una vez más, que Shu hablara sucio me encendiósorprendentemente. Estaba bastante segura de que dejé escapar un gruñido mientras deslizaba mi mano entre nuestros cuerpos y la envolvía alrededor de su dureza, que descansaba contra mi muslo. Canalicé mi zorra sucia, y bombeé mi mano arriba y abajo de su longitud lisa y dura. Froté el pulgar hacia atrás y adelante a través de la humedad que se filtraba por la punta, extendiéndola por todo.
—Joder, mierda necesito estar dentro de ti —balbuceó Shu, incoherentemente. Rápidamente, deslizó las manos alrededor de la parte superior de la cama y ciegamente tomó uno de los condones.
Cuando su mano finalmente lo consiguió, se puso de rodillas entre mis piernas y observé como quitaba el preservativo de la envoltura y luego lo colocaba en la punta de su pene, deslizándolo hacia abajo. Nunca pensé que algo así sería caliente, pero ¡hijo de puta! Verlo tocarse,incluso si era sólo para poner un condón, era malditamente impresionante. Tan pronto como se enfundó, volví a llevar la mano entre nosotros y la envolví alrededor de su longitud, con la necesidad de tocarlo. Se inclinó sobre la parte superior de mi cuerpo, envolviendo el brazo alrededor de mi cintura para atraerme a él y nos deslizamos hasta la mitad de la cama. Puse mi brazo libre alrededor de sus hombros y lo acerqué más para poder colocarlo justo en mi apertura. Doblé mis rodillas para que su cuerpo estuviese acunado entre mis piernas, y él empujó sus caderas hacia delante, lo suficiente para que su punta hinchada entrara.
Tan diferente de la primera vez y, sin embargo, exactamente igual. Su cuerpo todavía encajaba en el mío como si estuviera hecha para estar allí. Su piel contra la mía todavía lograba que mi cuerpo cosquilleara de expectación. Aparté la mano de él y la envolví alrededor de su espalda, aferrándome con fuerza.
Me miró a los ojos y solté un—: Te amo.
Dejó escapar un suspiro tembloroso. —Mucho —susurró en respuesta—. Nunca, nunca lamentaré nuestra primera vez, pero daría cualquier cosa para que hubiese sido un poco más de esta manera.
Lo acerqué incluso más, hasta que dobló los codos y apoyó los antebrazos a ambos lados de mi cabeza, inclinando las muñecas para que sus manos pudieran alisar el pelo de la frente.
—Lo único que importa ahora es que estoy aquí contigo —contesté en voz baja.
Me miró a los ojos mientras me daba un beso suave en los labios, y lentamente se empujó completamente dentro de mí.
Jeeeeeeesús.
Todo el aire abandonó mis pulmones y le di las gracias a los dioses de la vagina húmeda, de que hubiera suficiente lubricación por allí y que no tuviera que forzar para entrar. Él no se movió y me di cuenta de que contenía el aliento. Debo haber estado conteniendo el aliento.
Prácticamente acababa de poner una pelota roja y gigante de whiffleball dentro de una pajilla. Me sentí completa, y me sorprendiómucho cómo podía estirarme para adaptarme a él. Y aún más, lo bien que se sentía tenerlo dentro de mí esta vez. Empezó a respirar de nuevo mientras lentamente se retiraba, y tan suavemente empujaba de nuevo dentro.
—Joder, te sientes tan bien —gimió mientras continuaba moviéndose tranquilamente dentro y fuera de mí. Me di cuenta de que trataba de contener el miedo de hacerme daño. Sabía que lo mataba pensar en cómo dolió nuestra primera vez, pero era virgen entonces, el dolor era inevitable. No necesitaba que se controle de manera tan rígida. Ahora no. Quería sentir su pasión y la fuerza de su necesidad.
Deslicé audazmente mis manos por su espalda, agarrando su trasero y empujándolo más profundo dentro de mí.
—Más —gemí contra sus labios.
De inmediato, se retiró casi por completo, y luego empujó de nuevo, duro, golpeando su pelvis contra mí. Manteniéndose inmóvil, dejó escapar un suspiro tembloroso y apoyó la frente contra la mía.
—Mierda, lo siento. No quiero hacerte daño pero te quiero tanto—susurró.
—No me voy a romper, Shu. Por favor, no te detengas. Te necesito.
Apartó su cabeza de la mía para poder mirarme a los ojos, y traté de transmitirle, lo mejor que pude, que estaba bien. Debe haber visto la verdad. Su brazo se movió del lado de mi cabeza mientras que su mano se deslizaba por mi cuerpo hasta llegar a mi muslo. Envolvió su mano alrededor de mi pierna y la levantó en alto para que mi rodilla se apoyara en el costado de su cuerpo. Puso otro dulce beso en mis labios, alejó sus caderas y deslizó su longitud por mí. Apreté mi pierna contra su costado en la anticipación, y luego empujó de nuevo en mí con un movimiento rápido. Fue mucho más profundo esta vez y empujé las caderas hacia delante para encontrarme con su embestida. Gimió contra mis labios y tragué el sonido con la boca, besándolo con todo lo que tenía. Mis manos todavía agarraban su trasero y me empujaba con más fuerza contra él para que continuara. No dudó, estableciendo un ritmo con sus movimientos dentro y fuera de mí. Lo mantuvo constante, golpeando en mí tan profundo como pudo hasta que los dos estábamos cubiertos de una fina capa de sudor, jadeando y gimiendo entre besos.
—Mierda, nena, no voy a ser capaz de durar si sigo así —gruñó mientras trataba de frenar sus movimientos.
—No te detengas. Quiero sentirte —susurré contra sus labios.
No podía creer que esas palabras salieron de mi boca, pero eran ciertas. Quería sentir que perdía el control y obtener el placer para su cuerpo. Necesitaba saber que podía hacerle eso.
Él gruñó y atacó a mi boca con un profundo y alucinante beso mientras sus caderas se estrellaban contra mí a un ritmo aún más rápido. La cama crujía con cada embestida. Clavé mis uñas en la espalda y envolví las dos piernas alrededor de su cintura para sostenerme en el viaje. Su lengua empujó en mi boca al igual que su dura longitud empujaba en mí, y estaba tan caliente que podría haber tenido otro orgasmo si simplemente no hubiera oído un pequeño golpe en la puerta del dormitorio.
Shu no era consciente, así que cerré los ojos y esperé a que nuestro hijo no estuviera en la puerta escuchando, y siendo marcado de por vida.
Shu sacó su boca de mis labios y comenzó a empujar de forma errática. Sabía que él estaba cerca. Realmente no quería parar, pero sin duda no me imaginé el segundo golpe en la puerta.
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! Por el amor de Dios, Gavin, por favor no digas nada. Quiero que esto sea bueno para Shu, no arruinado por una vocecita que decía que tenía que hacer pis.
Soy una madre horrible.
—Oh mierda, Yui, oh mierda —gimió Shu. Oh Dios, ¿debo hacerlo callar? ¿Sutilmente poner mi mano sobre su boca?
Empujó con fuerza una vez más y lo sentí en mi interior, pulsando con su liberación.
Oh, gracias a Dios. Quiero decir, oh maldición, ¿ya terminó?
—Mami, tengo sed.
Shu se echó a reír en medio de su liberación, entrando y saliendo de mí un par de veces más antes de derrumbarse encima de mí. Nos quedamos allí durante unos segundos, tratando de recuperar el aliento.
Nunca va a querer tener sexo conmigo otra vez. Olvídate de asustar a nuestro hijo, sólo había asustado a su pene. Acabo de tener el mejor sexo de mi vida y nunca voy a tener una repetición, porque el pene de Shu acaba de morir.
Descanse en paz, mi amigo, descanse en paz. Aquí yace el pene de Shu. Miembro amado, trabajador y todo un buen chico.
—¡Mami! —gritó desde afuera, en el pasillo.
—¡Dame un minuto! —grité justo al lado de la oreja de Shu.
Shu se levantó y me miró con una sonrisa.
Aquí viene, la despedida del pene.
—Dame treinta minutos, y haremos esto otra vez. La próxima vez, sin embargo, lo pegaremos con cinta adhesiva a la cama
Espero que les gustara. Los quiero mucho, dejaré lo floja en serio. Mmm, quisiera pedir disculpas por durar mucho tiempo sin escribir °~° trataré de hacerlo más seguido. Pero, no prometo nada ×.× por cierto, quiero agradecer a:
Alba Salvatore.
Besos :*
