Hermosuras de Dios y de mi vida, me alegro mucho que les haya gustado el capítulo anterior y me disculpo por algunos errores que cometí a la hora de adaptar. Pero ya, vamos a leer.
Pareja:YuixShu
Rt:"M"
Advertencia: Masturbación, sexo oral, un hijo muy metido.
Capítulo XVIII
Papá del bebé.
No voy a mentir. En medio de la penetración, juré haber oído a alguien llamar a la puerta de mi dormitorio. No pude, por mi propia vida, pensar en quién llamaría. Especialmente a la una de la mañana, mientras mi pene estaba dentro de la chica de mis sueños. ¿Y si era un asesino en serie? Francamente, incluso si alguien hubiera pateado la puerta en ese momento, no me detendría. A menos que tuviera un arma. Podríamos posiblemente dejar atrás a alguien con un cuchillo. Sin embargo, un arma de fuego, no podríamos salir de eso. Quizás podría morir feliz y en el interior de Yui.
Entonces me pregunté brevemente, si Jim había entrado y se iba a quedar fuera de la puerta acosando y gritando cosas como: "Espero que sepas lo que estás haciendo con esa cosa" o "Yui es como una hermana para mí. Si no consigues que tenga seis orgasmos, voy a destriparte como a un pez."
Pensar en Jim durante este momento parecía mal y estuvo a punto de hacer que mi pene se pusiera blando.
Casi.
Yui hizo una maniobra de superpotencia con su vagina que hizo que se sintiera como si fuera un puño y apretaba a mi pene como una pelota anti-estrés. ¡Santa madre de las vaginas!Mi cabeza regresó al juego en ese punto —un poco demasiado.
Se sentía tan bien que no quería parar, pero su pequeña vagina se mantuvo apretada y quería llorar porque se sentía tan bien. Era cálida y apretada, y me encajaba a la perfección. Quería ser un total idiota y decirle que su vagina se sentía como un pastel de manzana caliente, al igual que en las películas. Pero no cualquier tarta de manzana, sino un pastel de manzana de McDonald. Del tipo que es tan cálido y delicioso que tienen que ponerla en el menú de un dólar por lo que podrías darte el lujo de comer once. Comería ciento once mil millones de vaginas de Yui. Los pequeños sonidos que hacía mientras se movía hicieron que mi orgasmo llegara más rápido de lo que quería. Al oírla decir que no quería que me detuviera y que quería sentirme llegar, casi hizo que me explotara la cabeza... las dos.
Besé a Yui en un esfuerzo por tratar de frenar mi orgasmo inminente, pero lo hizo peor. Su boca era lo más delicioso que he robado, y su lengua se deslizó contra la mía e hizo que aumentara el pulso de mi pene dentro de ella. Empujé en su calor acogedor tan profundamente como pude que mi orgasmo estalló y casi tuve un momento de pánico de que fuera a venirme con tanta fuerza que elcondón estallaría.
Todos sabíamos que tenía un esperma súper poderoso. Podría suceder. Una vez más. Esas pequeñas jodidas cabezas golpeaban contra el extremo del condón gritando en anarquía—: ¡El hombre está tratando de limitarnos! ¡Maldito sea hombre!
Tras el primer latido de mi orgasmo, una pequeña voz llegó a través de la puerta cerrada del dormitorio.
—Mami, tengo sed.
Me eché a reír en medio del disparo de miles de furiosos puñados de esperma, que se sacudían en mi condón. Las piernas y los brazos de Yui se hallaban bien envueltos alrededor de mí, y me dejé caer justo encima de ella, cuidando de no poner todo mi peso. Me gustaría que siguiera viva, así podríamos hacer esto otra vez. No me va mucho la necrofilia.
Nos quedamos allí respirando con dificultad por unos minutos yempecé a reírme de nuevo. ¿Cómo podía haber olvidado que había un niño en la casa? De hecho, pensé que un asesino en serie podría haber entrado y cortésmente llamó a mi puerta antes de irrumpir. Por alguna razón, parecía más lógico que recordar que tenía un hijo y estaba en la casa.
—¡Mami!
—¡Dame un minuto! —gritó Yui junto a mi oído.
Me esforcé por poder ver el rostro de Yui y preguntarle si la próxima vez que hiciéramos esto, podíamos atarlo con cinta adhesiva a la cama. No esperaba que su rostro se iluminara con tanta intensidad. Bromeaba acerca de la cinta adhesiva. Más o menos.
—Vamos a tener que inventarle algo sobre lo que estábamos haciendo —dijo.
—¿Tú…? mierda, mierda, mierda —farfullé, al tiempo que ponía cara de "o".
Ahí estaba de nuevo. Ese apretón de vagina. ¿Qué diablos fue eso?
—Está bien, ¿qué carajo acabas de hacer con tu vagina? Creo que acabo de venirme de nuevo.
Se rió y el movimiento empujó a mi pene de su vagina.
Quería hacer pucheros por la pérdida, pero luego me di cuenta de que Takumi seguía fuera de la puerta del dormitorio.
Vaya, somos horribles. Espero que no esté sangrando por la cabeza ni nada.
Lo siento, hijo, mamá y papá estaban ocupados jugando a ocultar el salami. ¿Cómo te hiciste la herida en la cabeza?
Me moví al lado de Yui y cogí algunos Kleenex de la mesita de noche para deshacerme del preservativo. Casi sonreí por el esperma en el interior y les di mi dedo medio. Ja, ja, pequeños hijos de puta. ¡Esta vez no!
—Kegel —dijo Yui, mientras rápidamente agarró su camisa y la lanzó por encima de su cabeza, y luego se puso la falda. No se me escapó el hecho de que no se puso su ropa interior.
—Espera, ¿qué? ¿Qué dijiste de Kegel? ¿Por qué hablamos sobre cereal?
En este punto, Takumi sacudía la manija de la puerta tan fuerte que no me sorprendería si la cosa se quedaba en su mano. Levanté las piernas a un lado de la cama y me puse mi bóxer, caminando hacia la puerta con Yui.
—No Kellogs, Jenny, los ejercicios de Kegel. —Yui se rió—. Y son la explicación a mi vagina impresionante.
Quería aplastar su pequeño lindo culo por el comentario de Jenny, pero no tuve tiempo. Abrió la puerta para encontrar a Takumi de pie con la cabeza contra el marco de la puerta con aire aburrido.
Yui se arrodilló y lo tomó en sus brazos.
—Oye, amigo, ¿estás bien? ¿Tuviste miedo o algo así? —le pregunté, revolviendo el pelo de la cima de su cabeza.
—¿Qué hacían aquí?
Caramba, no hay nada como ir derecho al grano.
Yui se apartó de él y me miró.—Uh... ummmm —tartamudeó.
—¿Jugaban a un juego? —preguntó.
Me reí por eso, preguntándome si Yui me golpearía si le hablaba de las reglas de ocultar el salami. La primera regla de ocultar el salami es nunca llamar a una puerta cerrada durante el juego, a menos que estés sangrando por los ojos o algo se esté quemando. Al igual que su cabello. Todo lo demás podía esperar hasta que el juego haya terminado.
—Bueno, hicimos una llamada telefónica. Una llamada telefónica muy importante —explicó Yui.
Takumi la miró como si no le creyera.
—Fue una llamada de larga distancia —le expliqué—. Y era muy grande e importante. No podíamos esperar ni un minuto más para hacer la llamada y una vez realizada, no pudimos detenerla o hubiera sido... doloroso. Así que por eso no respondimos a la puerta cuando llamaste. Sí, una llamada telefónica muy grande. Tu madre gritó al ver lo grande que era.
Yui se acercó y me pellizcó el muslo por eso, pero no pude evitarlo.
—Tu padre está exagerando —dijo secamente. Mi boca se abrió y Takumi me miró divertido. Yui sólo se arrodilló y me dio una mirada molesta, sin siquiera darse cuenta de lo que acaba de dejar caer.
Un enjambre de mariposas comenzó a aletear en mi estómago, y quería agacharme, alzarlos a los dos y saltar por la habitación. Todavía no habíamos hablado sobre decirle a Takumi quién era yo. Quería más que nada que me llamara "papá", pero no quería apresurar las cosas con Yui. Había hecho todo esto sola durante tanto tiempo, que no quería invadir su terreno. Quería que ella tomara esta decisión, sabiendo que confiaba en mí.
Pude ver cuando se dio cuenta. Su cara se puso terriblemente pálida y por un segundo me preocupó un poco que pudiera vomitar en mis pies descalzos. Miró hacia atrás y adelante entre Takumi y yo, varias veces antes de que sus ojos se posaran en los míos y rápidamente se puso de pie.
—Oh, Dios mío. Lo siento. No tengo ni idea de por qué solté eso —susurró, mirando a Takumi para ver si podía oírla. Él se quedó mirándonos como si fuéramos idiotas.
—Mierda. ¡Lo siento! Le diré que era una broma. Le diré que hablaba de la llamada telefónica o algo así. Oh, Dios mío, soy una idiota —murmuró.
Froté sus brazos de arriba y abajo para calmarla.
—Oye, escúchame. Está bien. En realidad, está más que bien. Quería preguntarte sobre esto, pero me daba miedo que creyeras que era demasiado pronto —le expliqué.
Dejó escapar un suspiro de alivio.
—¿Estás seguro? No quiero que hagas algo de lo que no estés listo.
—Nena, estuve listo para esto tan pronto como dejé de ser un estúpido y fui a hablar contigo después de esa primera semana.
Se inclinó y me dio un beso rápido antes de darse la vuelta para recoger a Takumi.
—Por lo tanto, Takumi. ¿Sabes lo que es un papá? —le preguntó.
Me miró y pensó por unos minutos. Empecé a preocuparme. ¿Y si no soy como quería que fuera su padre? ¿Y si pensaba que yo era demasiado estricto o demasiado estúpido? Mierda, no hice que limpiara la pasta de dientes del suelo. Los papás no dejan que sus hijos hagan cosas así. Los súper papás llevan a sus hijos a clubs de striptease y hacen grandes fiestas en sus casas y fuman marihuana con ellos en las tardes de domingo mientras recogen sus equipos de fútbol de fantasía.
—¿Papá es tu papi? —preguntó.
Yui asintió. —¡Eres muy listo, hombrecito! Sí, papá es mi papá. Y Shu es tu papá.
Los dos nos quedamos en silencio mientras Takumi miró hacia atrás y adelante entre nosotros.
Me está midiendo en estos momentos.
—Te llevaré para que tengas un baile privado y fumaré marihuana contigo durante tu equipo de fantasía de la semana —le espeté.
Yui me miró como si hubiera perdido la cabeza.
—¿Puedo llamarte papá tonto? —preguntó finalmente Takumi con indiferencia, ignorando mi arrebato.
Takumi pidió un padre y vio que él era bueno.
Sí, cité la Biblia y comparé a mi hijo con Dios. Cállate.
Yui se echó a reír, por la petición de Takumi.
—¿Qué tal si sólo lo llamas "papi"? —preguntó ella.
—¿Qué tal si lo llamo "cara de papi"? —respondió Takumi.
Este chico hacía sobre cómo llamarme. Era un genio. Y me preocupé por ninguna razón. Me acerqué y tomé a Takumi de los brazos de Yui.
—¿Qué tal si dejamos que mamá se vaya a dormir, y tú y yo hablamos de mi nuevo nombre, mientras que regresamos a la cama? —le pregunté.
Yui se puso de puntillas para besar la mejilla de Takumi y luego se inclinó para hacer lo mismo con la mía. Takumi puso su cabeza en mi hombro y envolvió los brazos alrededor de mi cuello.
—Está bien, papá del bebé.
Yui y yo nos echemos a reír ante eso. Mientras caminaba por el pasillo, volví la cabeza y le murmuré las palabras "gracias", antes de llevar a Takumi a su habitación.
No sabía por qué me preocupaba tanto que Shu enloqueciera cuando le dije aTakumi que él era su padre. Esto me demostró una vez más lo maravilloso que era.
Mientras que Shu ponía a Takumi en la cama, metí la mano en mi bolsa de viaje y saqué la camiseta sin mangas y pantalones cortos de mi traje de pijama, y me cambié. Me lavé los dientes y luego regresé a la cama para acurrucarme bajo las mantas, y esperé a queShu volviera. Empezaba a dormitar cuando sentí la cama hundirse y unos brazos alrededor de mi cintura. Sonreí y me acurruqué de nuevo en su cuerpo caliente.
—¿Todo va bien? —murmuré adormilada.
—Sí, decidió que no tenía más sed pero me hizo leerle una historia. Y nos comprometimos a ser "papito" por ahora —dijo con una sonrisa.
—Se te está haciendo fácil. Hace dos semanas seguía refiriéndose a mí como "vieja".
Me quedé allí rodeada por los brazos de Shu y era lo más cómodo.
Durante unos cinco minutos.
Esto sólo demostraba que todo lo que hacían en las películas era un montón de mierda. Su brazo estaba bajo mi cuello en la almohada, lo cual me inclinaba la cabeza en un ángulo incómodo. Ya podía sentir el comienzo de un calambre. Empecé a sudar como una puta en la iglesia con el otro brazo fuertemente cubierto sobre mi cintura y sus piernas enredadas con las mías. Con mi culo sudoroso y el picor del pelo de su pierna, se sentía como si tuviera cien picaduras de mosquitos en las piernas.
Sería un error darle una patada, ¿no?
Moví un poquito mi cuerpo. No quería que piense que no quería abrazarlo, pero me volvía loca tratando de permanecer inmóvil. Tal vez si esperaba lo suficiente, me quedaría dormida y lo podría quitar de encima. Los Cunningham tenían razón al dormir en camas separadas en "Happy Days". Es por eso que todas las personas en ese entonces se veían tan bien descansadas y felices. Howard no frotaba las piernas peludas de sobre las de Marion.
—Suéltalo, Yui —murmuró Shu en mi oído.
Mierda. Ahora se iba a poner incómodo. Acabábamos de tener sexo por primera vez en años, e iba a decirle que se alejara de mí para que pudiera dormir. Soy la persona menos romántica del mundo.
—¿Qué?
—Has estado inquieta y suspirando por los últimos diez minutos —contestó.
Tengo tourette, síndrome de piernas inquietas o un corazón de babuino que se sacude y me hace suspirar cada vez que la cosa late.
Mierda, ¿no le enseñaba siempre a Takumi a ser honesto? Y ahora trataba de encontrar una manera de decirle a Shu que tenía órganos de mono en lugar de decirle la verdad.
—Puessss, nunca he pasado la noche con nadie. Bueno, excepto con Liz, pero siempre he estado borracha.
Shu hizo un sonido parecido a un de tos para cubrir un ahogo.
—¿Puedes repetirlo? Poco a poco, y con más detalles —murmuró.
Me reí y le di un golpe al brazo en mi cintura.
—Lo digo en serio.
—Yo también. ¿Estabas desnuda cuando lo hiciste? Dime que sí —respondió.
Corazón de babuino, verdad. Corazón de babuino, verdad...
—Mi cuello me está matando y estoy tan caliente que mi piel podría provocar que la manta se incendiara —divagué.
Shu permaneció en silencio. Demasiado tranquilo.
Mierda, herí sus sentimientos.
—Oh, gracias a Dios —dijo, mientras alejaba sus dos brazos—. Mi brazo se quedó dormido y mis piernas tenían un calambre.
—Los bichos consiguieron una loción cuando el perro les hizo cosquillas. ¡Ja, ja, granjero!
Permanecí acostada en la cama durante unos minutos, viendo la primera luz del alba deslizarse a través de las cortinas. Tuve que golpear mi mano sobre mi boca, cuando Shu empezó a hablar en sueños.
Jesús, hablando de "de tal palo, tal astilla". Obviamente nadie tiene idea los hábitos de sueño de Shu. Sólo pensar en alguna otra mujer durmiendo en la misma cama que él me hizo sentir herida, así que empujé esos pensamientos por el momento.
Estaba tumbado boca arriba, con un brazo sobre su cabeza en la almohada y la otra apoyada en la cima de su estómago. Si estuviera en una película porno, él estaría desnudo bajo la sábana con su pene de tamaño olímpico sobresaliendo, y yo estaría cachonda y tiraría de la sabana para mamarlo.
No estaba cachonda, y esto no era un porno. Pero había visto las suficientes para más o menos saber qué hacer. Eché un vistazo al reloj de la mesita de noche y deduje que tenía por lo menos una hora antes de que Takumi despertara. Volví a mirar la cara pacífica de Shu y recordé cómo se sentió tener su boca entre mis piernas anoche.
Bueno, podría hacer esto. Me dio dos orgasmos alucinantes desde que lo conocí. En este momento, estoy a la cabeza. Tiempo para nivelar un poco las cosas, así no me sentiría tan egoísta.
Poco a poco me acerqué y tiré las sabanas por su cuerpo hasta que se agruparon alrededor de sus tobillos. Apoyada en mi codo, usé la punta de los dedos para jalar suavemente de su piel la banda de su bóxer para que pudiera mirar.
Bueno, hola, grandote.
Vaya, me sentía muy zorra. Quería lamer su pene. Je, je. Eso rimaba…
¡Enfócate!
Deslicé mi cuerpo más cerca del suyo y luego me incliné hacia abajo, hasta que mi cara se hallaba a la par con su cintura. Mi codo resbaló un poco en la sabana, haciendo que mis dedos se alejaran de su ropa interior, por lo que pude apoyarme y no caer encima de él. El elástico chasqueó contra su piel y detuve todo movimiento y respiración, mirando su cara por cualquier señal de despertar.
—Panecillos en el sótano —murmuró Shu en su sueño.
Miré entre sus piernas y me di cuenta de que Señor Muchos Orgasmos se despertaba. Eh, ¿quién lo hubiera imaginado? Soñar conpanecillos lo excitaba. Debo hacer panecillos para el desayuno. Me pregunté si Shu tenía arándanos. No se puede superar los panecillos de arándanos frescos, pero supongo que si yo…
¡Maldita sea! ¿Por qué era tan difícil centrarme en el pene? Sobre todo uno muy bueno como el de Shu.
¡Eh, pene duro!
Cerré los ojos y canalicé a Jenna Jameson, pero sin las desagradables inyecciones labiales y el ojo negro de Tito. Tan lentamente como pude, me puse a cuatro patas y me monté a horcajadas en las piernas de Shu. Sin darme más tiempo para pensar en panecillos o estrellas porno, sumergí la cabeza y acaricié mi nariz contra su longitud.
Vaya, se puso más duro cuando lo hice. ¡Fantástico! Quería verlo crecer.
¡Cha-cha-cha-chia!
Mierda, no el tema musical de Chia Pet justo antes de lamer un pene.
Apoyé los codos en la cama a cada lado de las caderas de Shu, y levanté mi culo en el aire para no tocar sus piernas y molestarlo. Muy cuidadosamente, alejé el elástico de su piel y lo bajésobre su erección.
Eché un vistazo rápido a su cara, satisfecha porque seguía dormido. Dejé escapar el aliento que había estado conteniendo, y se deslizó sobre su pene ya que en este punto mi boca se encontraba alrededor de una pulgada de distancia. Lo vi ponerse increíblemente duro y más largo.
¿En serio? ¿Mi aliento le hizo eso? ¿O es que todavía sueña con panecillos?
Me encogí de hombros. No iba a cuestionar al grande y poderoso, como el Mago de Oz. Y ahora, el Mago quería que lamiera su pene de ladrillos amarillos. Incliné mi barbilla hacia adelante y puse mi lengua sobre la base, justo por encima del borde de su ropa interior, que todavía conservaba. Deslicé mi lengua a lo largo de él, completamente sorprendida por la piel suave y tersa. Mi lengua se sumergió en el pequeño valle justo debajo de la cabeza de su pene y añadí algo de presión con la punta de mi lengua como vi en un programa muy excitante.
Shu dejó escapar un pequeño gemido mientras dormía y sonreí.
Acerqué mi cuerpo un poco más, dejando que mi lengua se deslizara hacia arriba y sobre la cabeza de su pene. Giré alrededor de la punta un par de veces y luego llevé mis labios alrededor de la cabeza y la chupé en mi boca.
Shu gimió esta vez y miré para ver que todavía tenía los ojos cerrados.
Bueno, esto no estaba tan mal. Podía hacerlo. ¡Era una sucia chupa pene! Liz estaría muy orgullosa.
Eso me recordó que tenía que llamar a Liz más tarde y ver si quería ayudarme a hacer trescientos penes de chocolate para una de sus fiestas este fin de semana.
Metí la cabeza un poco más bajo y tomé más de Shu en la boca, dejando que mi lengua siguiera girando en torno a la cabeza.
Probé un poco la humedad que se filtró y fue mágicamente deliciosa, como los cereales Lucky Charms. Pero más salado. Y sin el duende.
¡Tréboles verdes, herraduras amarillos, penes rosas!
Me reí un poco cuando pensé eso. Me reía con el pene de Shu en la boca. Gracias a Dios que seguía durmiendo. No creo que reírse del pene de un hombre lo haría sentirse bien.
Chupé más duro y lo llevé tan lejos en mi boca como pude sin atragantarme. Vomitar en su pene no sería una buena introducción al mundo de las mamadas.
Era grande y completo en mi boca, y de verdad no podía creer lo que sucedía en este momento y nadie lo presenciaba.
Yo, Yui Komori, tenía un pene en mi boca. Debería haber aplausos o palmadas en la espalda. Tal vez debería haber esperado hasta que Shu estuviera despierto para esto. Apuesto a que me daría una de esas palmadas lentas de golf como en las películas. O por lo menos diría: "Así me gusta".
Poco a poco fui arriba y abajo de su longitud, dejando que mis labios húmedos se deslizaran sobre su piel suave.
Las caderas de Shu se sacudieron un poco hacia adelante ygimió de nuevo, mareándome totalmente por el poder. Hasta que una vez más, pasé su longitud con mi Boca Aspiradora (Sí, cambié su nombre por el de una aspiradora. No me juzgues.) Y levanté la vista para ver sus ojos moviéndose hasta abrirse y su cuerpo se congeló por completo.
Mis labios se hallaban apretados alrededor de la cabeza de su pene cuando dejó escapar un grito.
—¡NO HAY NADA MALO CON MI SALCHICHA! ¡LE PASA A TODOS LOS HOMBRES!
Sus piernas se sacudieron debajo de mí, enviándome hacia atrás, hacia el pie de la cama mientras lo vi trepar a la cabecera de la cama, cubriendo con las dos manos la parte del pene que sobresalía de su ropa interior.
—¿Dónde está Takumi? —preguntó, mientras sus ojos buscaban frenéticamente por la habitación—. No tiene una vagina.
Me quedé allí sobre mi espalda al final de la cama, apoyada en los codos, preguntándome qué diablos acababa de suceder.
—Um, supongo que todavía duerme. Y supongo que tú también —contesté.
—¿Dónde está el productor de panecillos?
Extendí una de mis piernas y empujé su muslo con el pie.
—¡Shu! —grité—. ¡Despierta!
Finalmente me miró y su rostro se arrugó por la confusión.
Parpadeó y sacudió la cabeza rápidamente como si estuviera tratando de poner las cosas en su lugar.
—Tuve otro sueño en el que me dabas una mamada, al igual que la otra mañana, cuando Takumi se encontraba en la sala de estarviéndome dormir. Maldita sea, este parecía tan jodidamente real —murmuró.
No tenía ni idea de lo que hablaba en estos momentos.
Sus ojos todavía miraban con preocupación la habitación, como si esperara que Takumi saltara de debajo de la cama o algo, y gritara—: ¡Sorpresa! ¡Vi a mami mamándotela!
Me miró de nuevo. —¿Por qué estás sentada en el borde de la cama?
Suspiré y luego volví a la parte superior de la cama, a su lado.
Cuando llegué allí, apoyé la espalda contra la cabecera de la cama y bajé la mirada hacia su regazo donde sus manos todavía se cruzaban por encima de su pene que sobresalía de la parte superior de su ropa interior. Siguió mi línea de visión, movió las manos rápidamente y tiró de su ropa interior hasta cubrirse.
Qué lástima.
—Bueno, Shu, esta vez no soñabas. Mi boca estaba en tu pene cuando decidiste empezar a agitarte y gritar sobre tu salchicha y nuestro hijo con una vagina.
La expresión de su rostro habría sido divertida si mi boca no estuviera deprimida por la pérdida de su pene. A su pene se le debe permitir tener el lema de Twizzler: "Hace felices a las bocas."
—Oh, Dios mío. Dime que no interrumpí una mamada. Di que no es así y podemos fingir que no acabo de patearte de mi pene. No creo que mi ego se recupere de algo así.
Extendí la mano y le acaricié la mejilla.
—Lo siento, cariño, mi boca y labios estaban, de hecho, en todo tu pene mientras dormías —le susurré.
Gimió.
—Tengo que decir, sin embargo, que estoy un poco sorprendida porque nunca supe que las mamadas incluían patadas de burro al esternón.
Gimió de nuevo, pero esta vez en irritación.
—¡Mierda! No es mi culpa. Siempre que estoy cerca de ti, incluso si es inconsciente, mi pene se pone duro, y tengo sueños sucios sobre ti.
Pensé que tenía una repetición de la otra mañana y me asusté.
Me miró e hizo puchero.
—¿Hazlo de nuevo? Porfi —suplicó.
Me reí de lo mucho que se parecía a un niño.
La puerta del dormitorio se abrió de repente y Takumi entró corriendo en la habitación y se subió a la cama en medio de los dos.
—Buenos días, mami —dijo Takumi, mientras se acurrucaba a mi lado.
Shu suspiró, sabiendo que ya no serviría la súplica. Sonrió cuando me vio envolver a Takumi en mis brazos y deslizarme por la cabecera para meterme bajo las sábanas.
Una vez que nos encontrábamos situados, Takumi miró por encima del hombro a Shu.
—Buenos días, papá malhumorado —dijo, antes de volver a mirarme a la cara y jugar con mi pelo.
Me reí de eso. Shu se veía un poco malhumorado.
Sacudió la cabeza y se rió junto a mí.
La mano de Takumi tomó mi mejilla y me miró seriamente a los ojos.
—Oye, mamá —dijo.
Lo apreté más fuerte y sonreí.
—Sí, cariño.
—Déjame ver tus tetas —dijo.
JAJAJAJJAJAJA. Estos niños de hoy en día, son un caso muy serio. Entonces hermosas y hermosos, bellas y bellos, niñas y niños, damas y damos, caballeras y caballeros; espero que les haya gustado muchísimo el capítulo como me gusto a mi.
Pobre Shu, ya esta traumado por Takumi. Gracias a:
Zayra.z
Alba Salvatore
Por comentar les mando muchos,muchos besitos y me alegra que les haya gustado :3
