Los personajes de Sakura Card Captor no me pertenecen, son una idea original de Clamp.


El Cascanueces

Pequeños y brillantes copos de nieve, caían cadenciosamente en el alféizar de la ventana del salón principal de la familia Kinomoto. El frío afuera era evidente, sin embargo, dentro de la estancia el calor se apreciaba muy agradable.

Los presentes miraban embelesados la hermosa decoración del árbol navideño, con sus esferas doradas, listones carmesíes y luces parpadeantes; mientras que la fragancia deliciosa del pino, entremezclada con la infusión de manzana con canela y algunos frutos secos, que hervían en una cacerola en la cocina, los envolvía agradablemente.

Departiendo con alegría se encontraba la familia Kinomoto, que constaba de tres integrantes: Fujitaka que era el padre de los otros dos, Touya el hermano mayor y Sakura la más pequeña de la familia con apenas ocho años, una niña muy alegre e imaginativa, que siempre estaba dispuesta a hacer amigos.

En esa ocasión el padre de Sakura había invitado a su buen amigo Clow, originario de Hong Kong. El hombre estaba pasando un tiempo en Japón buscando la respuesta a una encrucijada y tenía la sospecha que la encontraría en Tomoeda, el pequeño pueblo donde vivía su amigo de la infancia.

Sakura conocía a Clow desde que tenía memoria, siempre que el hombre visitaba el país del sol naciente pasaba a la casa amarilla de la familia Kinomoto, y aprovechaba para contarle historias fantásticas a los hijos de su amigo. Sakura consideraba que el hombre de larga cabellera negra, era como un mago, estaba envuelto en un aura mística que invitaba a escuchar sus increíbles relatos.

La hora de los regalos llegó, la familia acostumbraba realizar algún detalle hecho a mano, como una bufanda o un gorro, y esa noche cada uno obsequió al otro un lindo detalle. Pero cuando llegó el turno de Clow, el hombre sacó de su abrigo un muñeco de madera, que entregó a Sakura.

Cuando la niña lo vio, le pareció impresionante, los detalles del personaje eran increíbles, pasó las yemas de sus dedos sintiendo la rugosidad de la madera, y qué decir de su atuendo, era precioso, vestía un hanfu verde con blanco, la tela era increíblemente suave y vaporosa, lo relieves que formaban los hilos dorados del bordado dibujaban la silueta de un lobo. Además, tenía una espada en su espalda, la vaina era lisa y tan verde como el jade, con ornamentos en metal del color del oro. La empuñadura exhibía un bello trenzado, y era coronada por un fleco realizado con hebras finas, en color carmín, que se entretejían con una joya negra pero brillante. Aquella figurilla era como un guerrero chino, pero no cualquier soldado, quizás el guardia principal del emperador o el mismo monarca, preparado para luchar.

Pero lo que más le llamó la atención a la pequeña fue el rostro del muñeco, sus ojos eran de un color muy bello, como la miel que colocaba en los deliciosos hot cakes que preparaba su papá, pero se notaban algo tristes o preocupados, no podía definir el sentimiento. Sakura sintió una ligera opresión en su pecho al conectar con esa mirada afligida, preguntándose cómo algo tan dulce podría reflejar tal emoción.

La boca del muñeco se podía abrir, al parecer no era solo un juguete, también servía para quitar la cáscara de las nueces o eso le explicó su hermano, pero Sakura no quería utilizarlo para ello, porque seguramente la cubierta dura de esos frutos podría lastimarlo, quizás por ello la emoción en su rostro de madera.

―No permitiré que nadie te haga daño, te cuidaré ―prometió la niña, mirando al muñeco y abrazándolo con cariño.

―Él es muy especial y muy valioso, Sakura, y necesitas hacérselo saber. Cuídalo mucho, por favor ―pidió Clow, mirando a los ojos a la pequeña, mientras le regalaba una cálida sonrisa.

Sakura asintió sin desviar la mirada del amigo de su padre, en los ojos esmeralda de la niña se podía apreciar mucha determinación, incluso en la manera que sostenía al muñeco, y en cómo lo acunaba entre sus brazos con ternura.

―Es tiempo de que me retire y los deje descansar ―dijo Clow, levantándose del sofá y dando el último sorbo a la infusión frutal―. Agradezco todas tus atenciones, Fujitaka, como siempre es un gusto compartir con la familia Kinomoto.

―¿Vendrás mañana a desayunar? ―cuestionó Fujitaka mientras lo acompañaba a la puerta.

―Por supuesto, nunca me perdería un delicioso desayuno preparado por ti, hot cakes con miel ―rio jocoso el hombre y volteó en dirección a la niña, dirigiendole una mirada misteriosa, indicó―: Confío en tu gran corazón, pequeña Sakura.

La niña no respondió ni tampoco supo a qué se refería el amigo de su papá, sin embargo, instintivamente abrazó con más fuerza al juguete de madera.

Todos se despidieron del señor Clow y fue momento de dormir, Sakura le deseó buenas noches a su familia y subió hasta su habitación aún con el muñeco entre sus brazos, lo dejó con cuidado en su cama mientras cambiaba su ropa a un pijama rosa, fue a cepillar sus dientes y se alistó para descansar.

Estando nuevamente en su habitación, subió a su cama y tomó al muñeco entre sus brazos, lo detalló por completo pasando sus pequeñas manos por su rostro, su cabello y el atuendo, realmente era un trabajo muy bello.

―¿Cuál será tu nombre? Olvidé preguntarle al señor Clow ―expresó, mirando a los ojos casi dorados, del juguete―. Debe ser uno que vaya con tu personalidad, seguro estará en chino, espero saberlo pronunciar.

Pasó sus manos por las mejillas del juguete, sintiendo de nuevo esa extraña opresión en su corazón por aquella expresión de tristeza.

―No sé porque estas preocupado, pero solo quiero que sepas, que pase lo que pase todo estará bien, verás que lo resolveremos.

Dejó al muñeco sentado en la repisa junto a su cama, donde se encontraban sus peluches favoritos: un muñeco amarillo alado que llamaba Kero y una especie de gato azul marino con alas que había bautizado como Spi.

―Kero, Spi, cuiden de él ―indicó a los peluches.

Sakura entró en su cama y se acomodó para dormir, estaba tan calientita y cómoda que rápidamente ingresó al maravilloso y mágico mundo onírico, donde todo era posible…

Dentro de las fantasías de Sakura, se encontraba en su habitación y era de noche, lucía un lindo hanfu como el que utilizaba su muñeco, pero en color rosa. El atuendo era tan vaporoso que invitaba a dar vueltas para mirar la danza de la tela, Sakura no dudó en hacerlo y conforme iba dando vueltas iba haciéndose más y más pequeña, pero no le dio miedo, solo emoción.

De pronto Spi y Kero se movieron y comenzaron a pelear, la niña pensó que ese par no tenían remedio, mientras los veía divertida desde el suelo de la habitación y negaba con la cabeza.

―Nunca podrás superar mi marca en los video juegos ―comentaba orgulloso Kero mientras caminaba erguido en toda su altura por la cama de Sakura.

―¿Cómo pretendes que la supere si siempre tienes acaparada la consola? ―arremetió Spi, volando hasta posicionarse al frente del muñeco amarillo―. Además, rompiste el otro control.

―Yo no lo rompí, se resbaló por accidente ―se defendió Kero.

―¡Basta los dos! ―regañó Sakura caminando sobre su cama, había escalado hasta allí por los adornos de la estructura metálica―. Les he dicho mil veces que se turnen el uso de la consola o no les daré más dulces.

―¡No seas cruel, Sakura! ―chillaron al unísono los peluches, lo que provocó risa en la niña.

Mientras reía se percató que todos sus juguetes estaban moviéndose: sus muñecas conversaban felices, la bella bailarina que estaba sobre su cajita de música danzaba de manera maravillosa, dos carritos tenían una carrera muy reñida por la habitación, su trenecito iba y venía por las vías, mientras dejaba salir un poco de humo, y la pareja de ositos rosa y verde que se encontraban sobre la cómoda, parecían felices al poder tomar sus manos; todo aquel espectáculo era increíble.

Pero al dirigir la mirada hacia una esquina de su escritorio, su sonrisa se borró porque allí, apartado de todos, estaba el nuevo de madera, mirando hacia la ventana, donde se apreciaba la luna y las estrellas. De vez en cuando daba un largo suspiro.

―Kero, llévame al escritorio por favor ―pidió la niña al muñeco amarillo, quien se acercó para que ella pudiera subir en su lomo y volaron hasta el lugar solicitado.

―Hola, me llamo Sakura ―dijo la niña extendiendo su manita hacia el muñeco, quien solo volteó y le dio un asentimiento de cabeza―. ¿No me dirás tu nombre?

Sakura recogió su mano y se sentó junto al muñeco.

―¿Cómo es posible que te encuentres aquí y no parezcas sorprendida? ―preguntó el cascanueces, girando un poco su cabeza en dirección a la niña.

Sakura no entendió la pregunta, así que respondió con total sinceridad:

―Pues es un sueño, ¿no?, todo es posible en los sueños ―explicó convencida, dedicándole una cálida sonrisa.

El juguete frunció el ceño no muy convencido de la respuesta, y regresó su mirada a la ventana.

―¿Ahora sí me dirás tu nombre? ―insistió la chica, mirándolo expectante.

―¿Para qué lo quieres saber? Soy solo un simple juguete de madera ―respondió resignado el cascanueces, sin mirar a la niña.

―Lo quiero saber porque deseo que nos llevemos bien y vayamos a jugar con los demás ―expresó Sakura con un brillo de ilusión, señalando a sus juguetes que convivían alegres. El cascanueces giró su cabeza y pudo apreciar todo el movimiento en la recámara de la pequeña y a ella emocionada por la situación, su sonrisa era radiante.

―Así estoy bien, muchas gracias, no me interesa jugar con nadie ―respondió el aludido en tono serio, y volvió su mirada al oscuro cielo.

―Es navidad y deberías divertirte, aunque sea un... ¡Ya sé! ―Se levantó emocionada y se dirigió a su cajita de música, que justo estaba en el escritorio.

Saludó a la bailarina, quien le regresó una bella sonrisa, y le pidió una linda pieza musical, la esbelta figurilla accedió, entonces en la habitación se comenzó a escuchar el vals de las flores, que era de las melodías favoritas de la esmeralda.

La niña corrió hasta donde se encontraba el muñeco y lo tomó de ambas manos.

―Vamos a bailar ―pidió, esbozando una brillante sonrisa.

―No bailo, aunque reconozco que la melodía es muy hermosa. ―Miró a la niña y pudo observar que el brillo en sus ojos verdes disminuyó y su sonrisa se hizo más pequeña.

―Está bien, si no quieres bailar entonces escuchemosla ―aceptó Sakura con un tono de voz menos animado que en un principio.

La pequeña se sentó nuevamente junto al muñeco. La cabeza de madera del juguete se movió en dirección a su acompañante, quien movía sus manos al ritmo de la música, al muñeco no le gustó el cambio en la expresión de la pequeña, pues era evidente que se desanimó por la negativa: aunque estaba concentrada tratando de disfrutar la música, ya no hablaba, miraba el piso y suspiraba de vez en cuando, además las comisuras de sus labios dibujaban el intento de una sonrisa que no lograba llegar a sus ojos, después de que había llegado muy parlanchina y resplandeciente.

El muñeco dio un largo suspiro, se incorporó y ofreció una de sus manos a la pequeña castaña.

―¿Sigue en pie la oferta de bailar? ―preguntó, mirándola directamente a los ojos y se percató que el brillo regresó a ellos, las comisuras de sus lindos labios rosa tiraron para arriba, mostrando una sonrisa luminosa.

―Claro que sí, es mi melodía favorita. ―Tomó la mano del muñeco y también se incorporó.

Estando uno frente al otro, el muñeco de madera sujetó con la izquierda la cintura de la pequeña, mientras la otra la colocó atrás de su espalda por encima de la vaina de su espada y comenzaron a balancearse poco a poco.

Con un pequeño y cuidadoso impulso el muñeco logró que Sakura diera un delicado giro, para quedar uno a un lado de otro, mientras el cascanueces con la mano derecha ahora estirada volvía a atraer a la niña para estar nuevamente uno frente al otro, sin dejar de balancearse.

El cascanueces colocó su izquierda por debajo de la mano derecha de Sakura, y la subió hasta la altura de su hombro con un movimiento ligero como el aleteo de una mariposa, y nuevamente la bajó y volvió a subir por arriba de su cabeza, invitándola a girar, el hanfu rosa danzaba con ella como pétalos de cerezo al viento.

La tomó de la mano; y sin soltarla la separó de él, posteriormente la jaló con elegancia subiendo ambas manos a la altura de sus cabezas. La sonrisa de Sakura ante tales movimientos expresaba gran gozo, nunca había bailado con tanta soltura.

El cascanueces al mirar la expresión radiante de la niña inconscientemente sonrió, el lindo gesto no pasó desapercibido para Sakura y el brillo en sus ojos no se hizo esperar.

Tomaron la posición acostumbrada para un vals, dieron vueltas por todo el escritorio, siguiendo el suave compás. El hanfu de ambos revoloteaba libre al ritmo de la música, las largas mangas de este tipo de atuendo ondeaban como suaves olas en un mar en calma.

Conforme la melodía iba avanzando y ellos seguían en su balanceo, el muñeco de madera comenzó a cambiar, primero sus manos dejaron de ser de palo para tomar forma humana y así fue con todo su cuerpo, transformándose en medio de las vueltas que daban por la improvisada pista de baile, hasta que su cabeza no fue mas de madera. Sus ojos ámbares y profundos, gozaban de un fulgor precioso, transmitían la calidez de los rayos de sol; y su cabello era color chocolate, como si no fuera suficiente dulce con la miel en sus ojos, esas desordenadas ondas le daban un aire relajado. Las comisuras de sus labios se encontraban hacia arriba, mostrando una linda sonrisa, puesto que el muñeco sin darse cuenta, se había olvidado de todo aquello que le preocupaba gracias a ese pequeño baile, disfrutando de un momento de paz y genuina felicidad.

La pequeña se asombró al mirar la transformación y una bella calidez se instaló en su corazón, el muñeco no se había percatado de su cambio, pero si notó que la niña no dejaba de observarlo y al verse reflejado en sus ojos verdes, pudo darse cuenta de que ya no era de madera.

El asombro al descubrirse humano solo logró que el baile se detuviera, sin embargo, la música seguía. Él volteó en dirección de sus manos, y con ellas tocó su rostro, estaba cálido y suave.

―Es imposible, dime ¿eres una hechicera? ―preguntó el ahora chico.

―No, yo no sé de magia ―aseguró la pequeña mientras veía al chico totalmente desconcertado―. Quizás es porque hoy es navidad ―trató de explicar la pequeña.

El niño no respondió, no podía salir de su asombro, y seguía mirando sus manos.

―¿Ahora sí me dirás como te llamas? ―preguntó expectante la pequeña.

―Xiao Lang ―respondió el chico, mirando nuevamente a la niña.

―Shiao… Shao… Xia ―trataba de pronunciar la niña, el chino era un idioma muy diferente.

―Si se te complica la pronunciación puedes decirme Shaoran ―dijo con una ligera sonrisa divertida al verla intentando pronunciar su nombre.

―Shaoran, es un bonito nombre, prometo que practicaré para poder decirlo correctamente ―aseguró la niña, mirándolo a los ojos―. Me alegra que ya te sientas mejor.

―¿Cómo sabes eso? ―preguntó el chico, confundido. Al parecer la niña podía leer sus sentimientos aun siendo de madera.

―Tu expresión cambió, ahora estás más relajado, te veías muy preocupado y triste ―confesó la castaña.

―Mejor dicho, estoy frustrado, me encuentro atado de manos, mientras mi pueblo sufre ―apretó sus puños, confesando aquello.

Sakura aun cuando no comprendía lo que él decía, quería eliminar la congoja de aquellos ojos, así que colocó su mano sobre el brazo del chico y le sonrió, diciendo:

―Me gustaría poder ayudarte.

El niño la miró enseguida, con clara sorpresa, pero volvió a su expresión original.

―Nadie puede ayudarme ―negó con la cabeza y dio un gran suspiro.

―Pues cuéntame, a lo mejor podríamos llegar a una solución, además, acuérdate que en navidad todo es posible, ¡Ya viste lo que pasó!, ¡Ya no eres de madera! Tal vez tu otro problema también se pueda resolver, ¡ten esperanza Shaoran! ―Sakura tomó ambas manos del muchacho y le dedicó la más radiante y esperanzadora de las sonrisas, ámbar y esmeralda conectaron, llenando de calidez a ambos niños.

Shaoran dio otro gran suspiro y decidió contarle lo que sucedía, no perdía nada y le serviría para desahogarse un poco.

Entonces se sentaron nuevamente en el escritorio de Sakura y Shaoran comenzó a relatarle su historia. Él era un príncipe de una nación mágica y próspera, donde las calles estaban llenas de vida, se podían apreciar puestos con deliciosas frutas y verduras, faroles, adornos para el cabello y zapatos bordados. Las casas eran de madera, con techos altos en voladizo, hechos con tejas de cerámica en color gris, los cuales proporcionaban una agradable sombra en verano, y en invierno, la luz, lograba calentar los edificios de forma acogedora.

Los niños solían jugar con cometas fabricados de papel de colores, mientras corrían por las veredas, cruzando los puentes de madera, que atravesaban los riachuelos, por todo el reino. En las noches las casas estaban iluminadas por bellos faroles, que brillaban como estrellas en el firmamento. Todos vivían en paz allí, hasta que un hechicero poderoso ayudó a un rey malvado a robarle su reino, convirtiéndolo a él en un cascanueces porque al ser de madera, ya no podía usar su magia.

El rey odiaba la luz del sol, por lo que construyó una fábrica de humo para esconder toda la luminosidad que se colara por el cielo. En ella quemaba los juguetes de los niños del pueblo y quien se negara a obedecer lo amenazaba con convertirlo en madera y arrojarlo al horno.

Shaoran mismo estuvo a punto de ser arrojado allí, pero logró escapar, huyó utilizando la magia que aún quedaba en su espada llegando a este mundo y había permanecido como un juguete desde entonces, no podía regresar a su reino porque no tenía magia y en caso de que encontrara la manera de regresar tampoco podía destruir la fábrica de humo del rey, debido a que corría el riesgo de quemarse al estar hecho de madera.

Sakura escuchó toda la historia atentamente; ahora lograba entender la expresión que vio en el muñeco. La pequeña castaña se puso de pie, en sus ojos brillaba la esperanza: iba a ayudar a Shaoran a recuperar su reino y su magia.

―Ahora que eres humano, ¿crees que tu magia haya regresado? ¿Por qué no intentas entrar a tu reino? Quizás juntos podríamos derrotar al rey ―indicó la castaña con decisión en su voz y una expresión de total seguridad en su rostro.

―Tienes razón, nada pierdo con intentar ―El muchacho se incorporó también y desenvainó su espada, la tomó con fuerza de la empuñadura y se concentró, en sus pies apareció un símbolo mágico, una estrella de ocho picos, ornamentada con varios caracteres chinos, las fases de la luna y en el centro el símbolo del Yin Yang―. Está funcionando.

―Vamos, ¡tú puedes Shaoran! ―animó Sakura, mirando el despliegue de magia―. ¡Que increíble, tiene tanto brillo!

Al escuchar aquello una calidez se instaló en el pecho del niño, Shaoran le tendió la mano a Sakura quien la tomó con firmeza.

―¿Estás lista? ―cuestionó el chino, Sakura asintió muy segura, recordando que cuando era de madera le prometió que lo protegería y que juntos resolverían lo que le preocupaba.

Entonces una luz dorada los envolvió. Sakura podía ver el brillo de aquel poder, pero en ocasiones, esa luminiscencia bajaba ligeramente su intensidad.

Cuando la luz se dispersó, se vieron en las calles de un pueblo que parecía sacado de los cuentos de fantasía que le contaba el señor Clow. Era como la antigua China, calles que invitaban a caminar por ellas, rodeadas de hermosas casas de madera con tejados en dos aguas y tejas rematadas por cilindros cerámicos labrados en color oscuro, en las esquinas tenían figuras de dragones.

Aunque el cielo estaba gris Sakura pudo notar una inmensa chimenea que salía de una pagoda en lo que parecía ser el centro del pueblo, la niña dedujo que esa debía ser la fábrica de humo que le había comentado el príncipe.

Sakura estaba asombrada mirando la arquitectura de todo el pueblo, incluso de la pagoda. Era como estar dentro de un cuento chino tradicional, y por estar mirando por ahí y por allá no se percató de que los guardias del rey estaban cerca, pero afortunadamente Shaoran los vio a tiempo.

Alguna vez esas personas fueron parte de su ejército, pero al ser hechizado Shaoran, ellos también cayeron en la magia. Ahora solo servían a las órdenes del gobernante y dejaron de reconocer al chico como su soberano. Recordar aquello lo hizo sentirse inseguro.

Shaoran tomó su espada, la colocó frente a su rostro, e invocó al dios del viento, con la intención de dispersarlos, pero lo que obtuvo fue una pequeña ráfaga; su magia era débil, pero no se rindió. Volvió a intentarlo, obteniendo el mismo resultado.

El chico al no tener la respuesta que necesitaba de su magia pensó que no iba a poder protegerlos a los dos, así que, en un movimiento rápido abrió la puerta de madera de la casa más próxima y arrojó a Sakura dentro de ella, trató de ser cuidadoso, pero también tenía que ser rápido. La niña no tenía que verse involucrada; aunque ofreció su ayuda, ella ni siquiera era de su reino, esa batalla solo le pertenecía a él, además no quería que ella saliera lastimada. Utilizó un sello mágico para que Sakura no pudiera salir de la casa, colocando un pergamino con varios caracteres chinos que simbolizaban protección.

Shaoran trató de usar su magia nuevamente, contra los guardias del rey, pero por alguna razón esta no fluía como antes de llegar a su reino, el sentimiento del príncipe fue angustia, sentía su corazón latir muy rápido y sus manos comenzaron a sudar. Los hombres eran demasiados y ya lo habían reconocido, intentó llamar al dios del trueno usando su espada, pero solo logró un pequeño rayo casi imperceptible en aquel cielo gris.

Al parecer seguía sin recuperar del todo su poder, la esperanza desapareció tal como llegó y lo volvió a invadir la frustración, trataba sin éxito de llamar a sus dioses, pero por más que se esforzaba no lo lograba, no sabía porque en la habitación de la niña había fluido casi sin obstáculos.

Sakura por su parte intentaba sin éxito abrir la puerta, escuchaba el alboroto en la calle y quería ayudar a Shaoran. Si ella le había dicho que lo ayudaría, ¿Por qué la había dejado a un lado? La castaña seguía forcejeando con la puerta.

Mientras, afuera los guardias tenían rodeado al castaño, quien trataba de mantener firme el agarre de la espada, pero no podía evitar los temblores en su cuerpo.

Eran demasiados, trataba de luchar con ellos con todas sus fuerzas, pero cada vez llegaban más, el cansancio lo estaba sobrepasando. La espada pesaba tanto como su desesperación, comenzó a dudar si podía seguir luchando, quizás solo era un sueño inútil recuperar su reino.

La desconfianza comenzó a invadirlo, hasta que de pronto su cuerpo empezó a cambiar, volvió a transformarse poco a poco en madera, sus manos dejaron de ser humanas, sus movimientos eran torpes y los guardias lo tenían rodeado, hasta que por fin lo apresaron y se lo llevaron de ahí, gritando a los cuatro vientos que tenían al príncipe, que ahora no era más que un simple muñeco de madera.

Cuando se llevaron al cascanueces el sello que mantenía la puerta cerrada se rompió y Sakura pudo salir, pero ya era muy tarde, Shaoran no estaba. La niña lo buscó con la mirada, sus esmeraldas estaban inundadas por lágrimas, tuvo un instante de miedo al descubrirse sola en aquel lugar gris, pero algo dentro de ella le decía, que no perdiera la fe, necesitaba encontrarlo.

De pronto de la casa donde estuvo encerrada apareció una silueta conocida, ¿podría ser él? El hombre se acercaba cada vez más, revelando su identidad, era el Señor Clow, el amigo de su papá quien vestía también a la usanza china tradicional, su hanfu era color azul marino y tenía pequeños bordados del sol y la luna.

―Señor Clow, ayúdeme se han llevado a Shaoran ―pidió la pequeña mientras se apresuraba hasta el hombre y lo miraba desesperada.

―Sakura, ¿estás dispuesta a ayudarlo hasta recuperar su reino? ―cuestionó el hombre, mirando en la profundidad de los ojos de la niña, esas esmeraldas solo le mostraban decisión y fe.

―Por supuesto que sí Señor Clow, debemos apresurarnos, escuché que se había convertido nuevamente en madera, si es así, ¡lo quemarán en la fábrica de humo, no puedo permitirlo! ―la voz de Sakura se entrecortó un poco, pero aclaró su garganta, no era momento de estar triste, si quería ayudar a Shaoran se debía concentrar, ella se lo había prometido.

El hombre al ver la determinación en los ojos de la pequeña asintió, ahí estaba la luz de esperanza que Shaoran necesitaba, para romper el hechizo.

Clow dirigió a la niña a paso apresurado por las calles de aquel pueblo místico de la antigua China, hasta la fábrica de humo, la mayoría de las casas se encontraban trancadas, al parecer la población tenía miedo. El señor Clow llevaba a Sakura entre callejones, utilizando las sombras como refugio, para evitar ser detectados por los guardias que estaban apostados en varios puntos del camino.

Al llegar a la fábrica de humo, bordearon hasta una pequeña puerta, atrás de la entrada principal de la pagoda.

―Hasta aquí puedo acompañarte, Sakura. Ayúdalo a recuperar la esperanza, pequeña ―pidió Clow mirando a los ojos expresivos de Sakura, que le regresaban una mirada decidida―. Él ha pasado por mucho, hazle ver que solo es cuestión de creer en sí mismo y dejar fluir lo que siente.

Sakura asintió, no sabía a lo que se iba a enfrentar, ni cómo ayudaría a Shaoran, pero su reino era muy hermoso y no merecía tener esa aura gris.

Clow abrió la puerta y dejó entrar a la niña por ella. Sakura ingresó al recinto, estaba oscuro y ceniciento, el calor que se percibía era abrasador y desagradable, y el olor a madera quemada no evocaba para nada a las chimeneas que brindan calidez. Ese ambiente traía consigo sensaciones de desasosiego, como si todo lo que allí se estaba incendiando tuviera sentimientos y su último alimento fuera un instante de tristeza.

Sakura percibía todo aquello, y su corazón se oprimía al detallar aquel lugar, le causaba temor, estaba sola en un lugar desconocido y tétrico, con sus bracitos se envolvía a ella misma, mientras seguía avanzando.

Caminó despacio por los oscuros pasillos de la fábrica, que solo eran alumbrados por pequeñas antorchas que carecían del brillo magnífico que siempre mostraban las llamas danzantes del fuego, ahora solo era un destello opaco, hasta el fuego mismo se notaba desamparado.

Llegó hasta lo que parecía la parte principal del horno, donde por medio de una banda transportadora iban llegando los juguetes para ser quemados en aquella boca de carbón incandescente.

Escuchó muchos pasos que se aproximaban y se percató que se trataba de varios guardias que llevaban consigo a Shaoran quien intentaba liberarse sin éxito. La niña se escondió tras unas cajas para no ser detectada.

Atrás de la comitiva llegaba el monarca, un hombre de cabello desordenado color negro, y ojos que parecían un par de obsidianas. Su hanfu era como la más oscura de las noches, su boca esbozaba una sonrisa confiada.

―Por fin te tengo, príncipe. Debiste quedarte en donde estabas, nunca podrás velar por tu pueblo, no eres lo suficientemente fuerte ―expresó con desdén, mirando al ambarino.

Con una señal de su mano llamó a uno de los militares quien traía consigo un canasto lleno de nueces, pidió a los guardias que acercaran a Shaoran y se posicionó frente a él. El rey quitó la mordaza de la boca del juguete.

―Hoy todo terminará, príncipe. Por fin estarás libre de responsabilidades, yo me haré cargo de tu pueblo y tú podrás desaparecer entre las cenizas ―expresó el rey mirando directamente a Shaoran.

Abrió la boca del muñeco y colocó más nueces de las que entraban dentro de la cavidad y cerró bruscamente la boca de Shaoran. Se escucharon crujidos y gritos sofocados por las nueces, hasta que la mandíbula se le desencajó y finalmente se rompió, el cruel dolor llevó a Shaoran a la inconsciencia

―Tu final no fue tan cruel príncipe, estarás inconsciente mientras las llamas te abrazan ―señaló el rey con una pequeña risa en la que se denotaba triunfo, por fin se estaba deshaciendo de alguien que solo era un estorbo inútil.

El rey pidió que arrojaran a Shaoran a la banda transportadora que llevaba justo a la gran caldera humeante, posteriormente el monarca se retiró junto con su séquito.

Sakura salió de su escondite con lágrimas en los ojos al presenciar todo aquello, sintió mucha angustia. Sus pies la llevaron apresuradamente hasta la banda transportadora y justo cuando iba a subir, sintió en su piel el calor abrasador. Shaoran estaba siendo llevado directo a la hoguera, las pequeñas manos de la esmeralda se cerraron en puños, quería ayudarlo, su corazón le decía que lo ayudara. Pero tenía miedo de las llamas hambrientas frente a sus ojos.

La pequeña estaba en medio de una situación muy peligrosa, desvío su mirada del fuego hacia el rostro del cascanueces, miró su mandíbula desencajada, y sus ojos cerrados, entonces recordó al niño sonriente de ojos dulces. Una lágrima rodo por su mejilla, pero la limpió en el acto, respiró profundamente e ignorando el peligro que representaba el horno ardiendo, subió hasta la banda transportadora y corrió en dirección a Shaoran, cuando llegó a él, lo intentó mover, pero era demasiado pesado para ella sola, intentó despertarlo, pero el príncipe seguía inconsciente.

―¡Despierta, Shaoran. Despierta por favor! ―pedía la niña mientras ambos eran casi tragados por aquella mole en llamas―. Te dije que lo resolveríamos y lo resolveremos, necesito que despiertes.

Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la pequeña, intentaba arrastrarlo con todas sus fuerzas, pero solo lograba moverlo pocos centímetros, estaban tan cerca del horno ardiente, que Sakura podía sentir su piel doler. Una lágrima cayó justo en la cara del muñeco.

―Solo tú puedes salvarnos, Shaoran, tengo toda mi fe puesta en ti, despierta por favor, eres muy valioso, no te dejes vencer ―decía la niña una y otra vez entre sollozos.

Sakura no tenía magia, pero las palabras tuvieron un efecto fantástico para el muñeco, la lágrima que había caído en su rostro comenzó a brillar inundándolo de un aura resplandeciente, que después reconoció como su propia confianza. La figura de madera comenzó a tomar forma humana nuevamente y Shaoran salió de su letargo, percatándose de donde estaban y con un rápido giro llevó a Sakura consigo fuera de la banda transportadora pocos centímetros antes de ingresar al horno.

―¿Estás loca, Sakura?, pudiste quemarte ¿Por qué te mantuviste conmigo? ―cuestionó el niño preocupado por la osadía de la pequeña.

―Porque tengo fe en ti, sabía que despertarías, sé que no te rendirás tan fácilmente, te prometí que juntos lo resolveríamos y así será, Shaoran.

Ante las palabras de Sakura la calidez y la confianza envolvieron el corazón del niño, ella no lo conocía, solo lo vio un pequeño instante y pudo depositar toda su confianza en él, al grado de arriesgar su vida porque sabía que él regresaría, si ella confiaba en él de aquella manera no la defraudaría, ahora estaba seguro de que tenía posibilidades de recuperar su reino y vencer al rey malvado.

Shaoran podía sentir como esa confianza renovada envolvía su ser, sus terminaciones nerviosas estaban reaccionando, la magia estaba regresando tan natural como respirar y fluía como una corriente a punto de llegar a una cascada, fuerte, voluntariosa, pero enfocada.

―Vamos, Shaoran. Sé que puedes destruir el horno, lo veo en tus ojos ―animó Sakura mirándolo directo a sus irises ámbar, el príncipe asintió ante tal petición.

Con decisión, el niño tomó la empuñadura de la espada, podía sentir todo ese poder mágico recorrer cada una de las células de su cuerpo. En sus pies apareció el símbolo mágico del clan Li, y mostró una luz dorada que podía competir con los rayos del sol.

―¡Dios del agua, ven! ―invocó el mago, y una ola enorme surgió de la hoja de su jian como si el mismo mar viviera dentro de la espada. El horno se inundó por el poderoso torrente, logrando que las intensas llamas fueran sofocadas y que la estructura del artefacto fuera destruida por completo.

Los castaños veían todo de cerca, la ola era colérica, sin embargo, el agua que sentía Sakura cerca de su cuerpo era juguetona y no hacía ningún tipo de daño, la magia de Shaoran estaba enfocada solo en lo que tenía que destruir sin hacer ningún agravio a nada más.

Los niños salieron de la enorme pagoda para darse cuenta de que una lluvia intensa caía sobre todo el pueblo disipando el humo que cubría el cielo; no tardó mucho en cesar, permitiendo observar un resplandeciente cielo azul y el sol brillando en toda su magnificencia, aquellos rayos dorados se reflejaban en los ojos ambarinos de Shaoran, entonces Sakura pudo ver ese color tan bello que transmitía tanta calidez y dulzura, el mismo color de la miel.

Los habitantes comenzaron a salir de sus casas asombrados por lo que estaba sucediendo, la nube gris se había disipado, había sido su príncipe quien era el responsable de ello, el cielo azul que tanto tiempo había permanecido oculto era tan bello y brillante, que la esperanza volvió a instalarse en los corazones de las personas.

Los guardias comenzaron a salir de su aturdimiento, mirando nuevamente a su príncipe aparecer, el aura mágica y dorada que rodeaba a Shaoran estaba logrando despertar a todos del hechizo.

―Vamos, Sakura. Derrotemos al rey ―dijo Shaoran confiado al ver todo lo que estaba sucediendo, y tendió su mano hacia la pequeña niña castaña quien la tomó con fuerza.

Shaoran guiaba a Sakura por las bellas calles del pueblo, al verlos pasar las personas salían de sus casas y le expresaban que las esperanzas estaban puestas en él, le decían que el destino del reino dependía de ese enfrentamiento.

El castaño seguía corriendo de la mano de Sakura, mientras pensaba en las palabras dichas por la gente, era demasiada responsabilidad la que colocaban sobre sus hombros, de verdad que quería ayudarlos, ser un buen líder y dar lo mejor de sí, pero algo dentro de él lo hacía dudar de su propia determinación: si ya lo habían derrotado una vez, qué impedía que lo hicieran nuevamente.

La duda logró que la mano del príncipe aflojara el agarre de la niña, pero ella instintivamente no permitió que el contacto se deshiciera, en cambio, lo sostuvo con mayor fuerza y le dedicó una linda sonrisa.

Por fin llegaron a las puertas de la fortaleza que era un palacio chino en toda su magnificencia, subieron las extensas escaleras hasta el complejo que estaba rodeado de una pared de diez metros de altura en color rojo. Cruzaron por las puertas principales, los guardias les brindaron una reverencia y una sonrisa al ver de nuevo al príncipe, los edificios dentro del palacio eran rojos con techos en voladizo color amarillo, que contrastaban con las grises casas de la ciudad.

Todos los dragones de piedra que resguardaban la entrada y los patios de la fortaleza tenían cinco garras, símbolo del poderío que ostentaba aquel palacio.

Sakura y Shaoran cruzaron las puertas principales de la fortificación, seguidos de algunos vigías que estaban dispuestos a luchar con su príncipe. Cruzaron un puente que permitía el paso de un pequeño riachuelo, hasta llegar a un patio más amplio, donde se encontraba el salón principal del palacio, las enormes puertas de madera estaban flanqueadas por militares que seguían en trance, los cuales fueron enfrentados por los hombres que acompañaban a Shaoran.

El chico aprovechó el momento para empujar la enorme puerta que era adornada con un elegante lacado con el emblema de la familia Li, el mismo que reconoció Sakura como el símbolo mágico que se mostraba en los pies del castaño.

En el trono dorado del gran salón se encontraba el rey malvado esperando la llegada del príncipe, al percatarse de la destrucción de su fábrica de humo, se preparó para la batalla, sabía que tarde o temprano aquel niño llegaría ante él y su deber sería destruirlo.

Los niños irrumpieron en el salón del trono, al verlos el monarca esbozó una sonrisa ladeada que derrochaba confianza, y miró al príncipe.

―Por fin estás aquí. ―Se levantó de su trono y caminando con paso confiado desenvainó su espada.

Shaoran hizo lo mismo y se posicionó en guardia, estaba decidido a recuperar lo que le habían arrebatado. Le indicó a Sakura que se hiciera a un lado y tratara de resguardarse, la castaña asintió, no sin antes darle un ligero apretón en su mano en señal de apoyo, Shaoran solo inclinó un poco su cabeza en respuesta, pero sin dejar de observar a su oponente.

―Yo quise ser piadoso contigo, príncipe, pero ahora tendré que destruirte ―dijo firme el monarca de ojos negros.

Sakura se posicionó lejos de la batalla y detalló al rey; le parecía conocido, pero no sabía de dónde. Ese cabello desordenado y ese porte eran de alguien más que ya tenía el privilegio de conocer, sin embargo, no recordaba de quien, incluso la voz, le parecía familiar.

―Xiao Lang Li, debes reconocer que tú nunca podrás ser líder, siempre tus esfuerzos serán insuficientes ―expresó el monarca, mientras sostenía un duelo de miradas con el miel.

Shaoran entró en acción y cerró más sus manos en torno a su empuñadura dirigiendo su estoque hacia el rey, quien reaccionó en el acto y sus espadas chocaron con un golpe metálico.

―No puedes asegurar tal cosa porque no sabes nada de mi ―arremetió el castaño mientras hacía presión con la hoja de su sable.

El gobernante no había cambiado su sonrisa confiada y expresó una leve risa burlona, ante los comentarios del castaño

―¿Qué no se nada de ti?. Haz memoria Xiao Lang. Tú eres parte de mí, así como yo soy parte de ti, somos iguales ―explicó tranquilamente el rey, retando con la mirada al ambarino.

En un movimiento intenso hacia la izquierda el rey desvió la presión de la espada de Shaoran, logrando inclinar todo su cuerpo, pero el príncipe no perdió el equilibrio, solo marcó distancia del monarca para incorporarse nuevamente.

―Nunca sería un ser tan despreciable como tú ―contestó el aludido, sin embargo, la cólera lo estaba invadiendo, intentó usar su magia nuevamente, pero las palabras del rey hicieron mella en él, ¿realmente eran iguales?

―Eso dices ahora, pero siempre lo has sido, ¿qué no te das cuenta?, solo eres un niño caprichoso y llorón que se la pasa lamentándose.

El rey logró desesperar a Shaoran quien arremetió contra él con todas sus fuerzas y sin pensar claramente en el ataque, las espadas chocaban, pero el niño no representaba un enemigo digno para el rey.

―Tu no me conoces, no sabes por lo que he pasado ―espetó el príncipe mientras movía su espada con desespero, sin calcular debidamente las estocadas.

―Te conozco más de lo que crees, sé que eres tan débil que ni siquiera sabes controlar tus emociones y en consecuencia tampoco tu magia y mira eso a donde nos trajo, y así osas decir que puedes ser un buen líder. No sabes cómo controlarte a ti mismo y justo ahora lo estás demostrando. ―Una risa malvada salió del fondo de la garganta del monarca pelinegro.

Shaoran paró un poco su ataque posicionándose lejos del gobernante, pero sin bajar la guardia, intentó utilizar su magia, pero nada pasó, ni el dios del trueno, ni el del agua respondieron, sentía como ese flujo de energía que lo ayudó a destruir la fábrica de humo, desapareció sin dejar rastro, todo lo que el rey estaba diciendo era verdad, no sabía controlarse, no sabía controlar sus emociones y a causa de eso su magia no le respondía.

Las lágrimas de desesperación comenzaron a brotar de esos ojos ambarinos.

―¡Soy solo un niño, como pretendes que sepa manejar y tener perfecto control de todo! ―expresó sincero, el monarca había logrado romper la voluntad con la que apareció en el salón del trono, aunque él quisiera ser responsable por todo el pueblo solo era un pequeño, que caminaba sin dirección.

―Independientemente de tu edad se espera todo de ti, alguien que sea un líder fuerte, nato, poderoso, que sea capaz de guiar a la gente y ¿que tenemos en cambio? un simple niño llorón, ¿eso es el nuevo líder? me das lástima ―arremetió el rey sin tacto alguno mirando a los ojos de Shaoran, retándolo y menospreciándolo.

Shaoran cayó de rodillas, dejando caer su espada, la cual hizo un fuerte ruido metálico, todo lo que decía aquel hombre era verdad, jamás podría hacerse cargo de un pueblo, solo era un niño débil, cuando debía ser un gran líder, no era digno de su herencia mágica, no era digno de nada, el príncipe comenzó a volverse de madera nuevamente.

Sakura observaba aquel enfrentamiento, la forma en la que el rey se dirigía al chico, le parecía muy cruel. Sintió de nuevo la opresión en su corazón, y llevó las manos a su pecho al mismo tiempo que miraba los ojos tristes del muñeco de madera.

La niña estaba atenta a la escena, su mirada iba de Shaoran al rey, la hoja en el arma del soberano se notaba muy afilada, no quería permitir que el temor la dominara, pero las lágrimas nuevamente amenazaban con escapar de sus ojos.

Sin despegar la vista del cascanueces, se incorporó del lugar donde estaba resguardada, apretó la tela de su hanfu con sus puños y confió en que todo saldría bien, caminó decidida, no le importó que el rey tuviera la espada desenvainada y estuviera listo para atacar, se acercó al niño y se arrodilló junto a él.

―No lo escuches, Shaoran, no sé por lo que has pasado, pero vi la tristeza y la preocupación en tus ojos, sé que a pesar de las circunstancias te esfuerzas para dar lo mejor de ti a cada instante, y sí somos solo niños, nos falta crecer y madurar... yo... ahora mismo tengo miedo… ―La niña apretó más sus puños y miró fijamente al cascanueces― pero recuerdo como destruiste la fábrica de humo, como nos trasladaste hasta acá; eres poderoso y lo sabes, tu magia es resplandeciente te lo digo porque la he visto. ―El muñeco trataba de agachar la mirada ante las palabras de Sakura, de verdad quería creerlas pero algo dentro de él no se lo permitía―. Las personas lo saben, Shaoran, mírate y refléjate en mis ojos, dime lo que ves. ―Sakura tomó las mejillas de madera de Shaoran y lo obligó a mirarla directo a sus esmeraldas.

―Un muñeco de madera inservible ―dijo con desánimo y en un susurro casi imperceptible.

―Mira bien, concéntrate, mira lo que ven mis ojos cuando te observan ―dijo Sakura sin permitir que el muñeco desviara la mirada de sus ojos.

Shaoran se perdió en su reflejo en las esmeraldas de Sakura, nuevamente vio al juguete de madera con la mandíbula desecha, pero el brillo en los ojos de la castaña comenzó a darle confianza y sintió esa calidez que emanaba de la esperanza de la niña, poco a poco comenzó a retomar su forma humana, Shaoran sentía como Sakura le regresaba la esperanza.

No sabía que estaba haciendo Sakura, pero esa mirada, ese brillo que le estaba mostrando lo llenaba de confianza, de tranquilidad, de paz.

Aún cuando las palabras del rey daban vueltas en su cabeza, los recuerdos regresaron a él.

Era una tarde gris y lluviosa en la mansión Li, las estatuas estaban cubiertas y no había ni un solo espejo, un lienzo blanco ondeaba pesadamente en la entrada principal de la residencia, y un par de gongs, uno a la derecha y otro a la izquierda, flanqueaban la puerta principal.

El jardín, estaba cubierto con una gran lona, dentro dos féretros y las fotografías de los líderes del clan, Hien e Ieran, habían tenido un accidente y fallecido casi al instante, Shaoran no los había acompañado en esa ocasión, se había quedado practicando magia con su tío Clow.

El niño de seis años veía desde una esquina alejada lo que sucedía sin entenderlo del todo, apenas en la mañana desayunó alegremente con ellos; lágrimas silenciosas recorrían sus mejillas.

El unigénito aún era muy pequeño para tomar las riendas del clan, así que designaron a su tío para encargarse de todo mientras el heredero tomaba su lugar, Shaoran debía estudiar noche y día para estar preparado, para asumir todas las responsabilidades en un futuro no tan lejano, además debía ser un prominente mago.

El pequeño estaba agotado, física, mental y emocionalmente; extrañaba demasiado a sus padres aun cuando su tío velaba siempre por su bienestar. Así pasaron dos años, el joven Li estudiaba sin parar, pero su magia no se desarrollaba como debería, sus emociones la bloqueaban, se sentía frustrado, el brillo dorado que alguna vez tuvo, su aura, ahora era opaco y triste, no se sentía capaz de llevar en un futuro su clan y ya ni siquiera tenía tiempo para jugar, todos sus juguetes estaban arrumbados en una esquina de la habitación.

Un día después de un entrenamiento en el que no logró ningún progreso y se sentía totalmente frustrado, llegó a su habitación. Sus pies lo llevaron a aquella repisa olvidada donde tenía algunos muñecos, tomó un cascanueces de madera, que había sido regalo de sus padres y comenzó a jugar con él.

Inventó toda una historia en la que el muñeco era el soberano de una nación mágica, pero un rey malvado había robado su reino, se vio reflejado en la historia que contaba para él mismo, pero sorpresivamente comenzó a tomarle más importancia a las actitudes del rey malo que representaba con otro muñeco de cabello negro, le hacía ver al cascanueces todas sus fallas, lo mal que lo estaba haciendo, y hasta le llegó a decir que no merecía su reino, sus miedos se reflejaban en esas palabras afiladas, pero también sentía en su pecho el dolor del cascanueces.

Tantos eran los sentimientos naciendo en su corazón y lo concentrado que estaba en su propio relato que sin darse cuenta el círculo mágico del clan Li apareció bajo sus pies.

El descontrol de magia se dio por tan apasionado e intenso juego que estaba mostrando todos los sentimientos que trataba de ocultar, que el yin yang de su círculo mágico comenzó a brillar sin control, el rey malvado estaba ganando la batalla, mientras la luz dorada envolvía al niño hasta quedar totalmente cubierto, de un momento a otro el rey ganó y Shaoran cayó en el suelo de la habitación transformado en un juguete, un cascanueces de madera.

Tuvo conciencia solo un poco, pudo ver como su tío Clow, entraba corriendo a su habitación, lo tomaba con cariño entre sus manos y le prometía que lo ayudaría, encontraría a la persona que le regresará la esperanza…

Lo siguiente que recordaba Shaoran era haber despertado en la habitación de Sakura, ahora lo tenía claro.

―¿Cómo es posible que le creas a esa mocosa?, tu bien sabes que las personas que te rodean y que dependen de ti te miran con inseguridad, porque saben que no eres suficiente, ni tú mismo tío confía en ti, él solo te ve como una carga. No eres más que un estorbo, sabes que estarían mucho mejor sin ti, yo te estaba haciendo un favor al terminar con tu miserable vida ―escuchó que el rey afirmaba con seguridad.

―Eso no es cierto, Shaoran. El señor Clow se preocupa por ti, recuerda, él te llevó a mí y me dijo lo especial y valioso que eres, ¡confía en ti, porque todos confiamos en ti!, todos te queremos, Shaoran ―dijo Sakura regresando sus ojos a la mirada ámbar del niño en la cual volvía brillar la esperanza.

El príncipe la miró fijamente a los ojos, agradeciendo desde lo más profundo de su alma. Entendía todo, ahora sabía cómo derrotar al rey y romper el hechizo.

―Tiene razón, majestad ―expresó Shaoran con seguridad y se levantó empuñando nuevamente su espada―. Soy un niño y tengo miedo…¡Tengo miedo de no lograr todo lo que se espera de mí! Pero no puedo dejar que mis temores y mis inseguridades me venzan. Ya no más ―El niño dio un paso al frente con aplomo―. Seguiré adelante con mi vida para que mis padres estén orgullosos de mí, pero lo haré a mi ritmo. No me encerraré nuevamente en mí mismo, no me presionaré en avanzar más rápido de lo que mi cuerpo y mi mente me lo permiten. Pero sobre todo ¡No volveré a juzgarme, porque de ahora en adelante me aceptaré tal cual soy, y la magia me responderá en consecuencia!

Caminó con decisión hasta donde estaba el rey, el círculo mágico del clan Li apareció bajo sus pies.

―Tú eres yo y yo soy tú. Te creé en mi desesperanza, así que seré yo quien te de fin para que seas libre. ―Shaoran volvió a envainar su espada, el rey se desconcertó.

Shaoran tomó la mano de Sakura, ella lo llenaba de esa paz que necesitaba transmitirle a ese rey y la mano libre la tendió hacia su adversario, mientras lo miraba fijamente a los ojos, el círculo mágico se hacía cada vez más grande y más brillante, mientras la mirada de Shaoran reflejaba completa serenidad.

―Mírese en mis ojos, majestad ―dijo el chico de ojos dorados.

El rey no pudo desviar su mirada de los ojos destellantes de Shaoran y Sakura pudo constatar que los orbes del rey comenzaron a cambiar de color, poco a poco se iban transformando en color ámbar, ese dulce color de la miel y el cabello no era más negro ahora era castaño oscuro, como el chocolate, el rey malvado se había vuelto idéntico a Shaoran.

―Prometo nunca más dejar que las emociones negativas te consuman, está bien tener miedo, está bien estar triste, está bien sentirte abrumado, está bien no estar bien. No te encierres en ti mismo, trata de buscar a alguien, siempre habrá alguien de corazón dulce que te ayude a ver la luz dentro de tu oscuridad. Ven Xiao Lang, ahora todo terminó, todo estará bien ―expresó la voz tranquila del príncipe.

El rey no era más un adulto eran dos niños idénticos, se abrazaron y Sakura no pudo hacer otra cosa que abrazarlos también, de pronto el rey desapareció y solo estaban abrazados los dos castaños, en los ojos de ambos se agolpaban las lágrimas, pero no eran de tristeza, eran de alivio, y de esperanza.

―¡Gracias por devolverme la fe en mí mismo, Sakura!

La sonrisa de Sakura era tan hermosa y sincera que Shaoran no pudo hacer otra cosa que imitarla, de pronto todo el reino comenzó a desaparecer, y una sensación cálida se instaló en el pecho de ambos niños.

Sakura despertó en su habitación, los rayos de un hermoso día se colaban por su ventana, pero recordaba perfectamente su sueño, había sido un sube y baja de emociones, y estaba feliz porque el cascanueces recobró su fe y su magia.

Se incorporó para buscar a su muñeco, esperaba que la expresión de su rostro hubiera cambiado a esa sonrisa tan linda que le mostró al final de su sueño, miró en la repisa donde lo había dejado, pero no había nada. En el escritorio tampoco, en el piso, debajo de la cama, el muñeco no estaba.

Su corazón dio un vuelco triste, el Señor Clow se lo había encargado depositando su confianza en ella y no estaba más, Sakura pensó que quizás se estaba escondiendo, así que lo buscaría por todas partes, debía estar en su habitación.

―Sakura, baja a desayunar. ―La niña escuchó el llamado de su padre y como acto reflejo su estómago pidió comida con el gruñido característico.

―No sé dónde te metiste, pero te encontraré, Shaoran, tengo que ver la sonrisa en tu rostro, voy a desayunar y regreso a buscarte.

Sakura cambió su ropa y bajó al comedor, donde ya se encontraba la mesa dispuesta con unos deliciosos y humeantes hot cakes, la miel estaba en una pequeña jarrita en la mesa, ese lindo color le recordó los ojos del príncipe y una sonrisa apareció en la pequeña.

El padre de Sakura salía de la cocina, acompañado de su buen amigo Clow, y atrás de ellos un par de niños, el hermano de Sakura y otro niño de cabello color chocolate que Sakura no alcanzaba a detallar bien, porque el cuerpo de su padre y el señor Clow lo dejaban fuera de su vista.

Clow se detuvo frente a Sakura y realizó una respetuosa reverencia, juntando ambas manos al frente como lo hacían en la antigua China.

―Gracias, Sakura por traerlo de vuelta sano y salvo. ―La niña no entendió y el señor Clow se hizo a un lado para revelar al niño de cabello chocolate―. Te presento a mi sobrino Xiao Lang.

―Qué alegría verte, Sakura. ―El ambarino se acercó hasta quedar en frente de la niña y le dedicó una linda sonrisa que subió hasta sus bellos ojos tan dulces como la miel.

―¡Shaoran! ―La pequeña se lanzó en un abrazo hacia el chico que le correspondió de inmediato.

FIN


Notas de la autora:

¡Feliz Navidad, bellos lectores!

Antes que nada, quiero agradecer sus lecturas y todo el apoyo que he recibido durante este tiempo, ha sido maravilloso compartir con ustedes las locuras de mi cabeza, y todo un honor que me dediquen su valioso tiempo, es el mejor de los regalos.

Hoy tenemos una historia de esperanza y fe, algo que no solo debe estar presente en Navidad. En muchas ocasiones la vida nos enfrenta a situaciones traumáticas, que nos llevan a perder mucho en un solo instante, y se vale estar triste, se vale enojarse, se vale no estar bien. Pero yo creo que es importante dejar fluir el sentimiento, eso que está ahí atorado en el corazón, dejar salir eso que nos está consumiendo, para poder resurgir como el ave fénix, mas fuerte y mas brillante.

Les deseo una Navidad muy bella, será muy diferente en comparación a los años anteriores, pero eso no quiere decir que no pueda ser espectacular, disfruten a sus seres queridos, no solo hoy todos y cada uno de los días, y recuerden con amor a los que ya no están con nosotros, les mando un abrazo.

También quiero agradecer a tres personas geniales, que sin ellos este Shot no hubiera sido posible, Wonder Grinch mil gracias por la invitación y por todo el apoyo. Y a mis dos espectaculares maestros, CherryLeeUp y Pepsipez les agradezco cada uno de sus consejos, sus observaciones, correcciones y todo el acompañamiento durante este maravilloso proyecto. Me llevo muchos aprendizajes, mucha motivación y mucha energía para seguir esforzándome, un abrazo de oso a los tres.

Sin mas que decir, les deseo mucho éxito en todo lo que se propongan, cuídense mucho y aún nos falta otro regalito, así que nos leemos muy pronto, un beso enorme y un abrazo más grande.

Rozyoh