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Capítulo III

Con ustedes, su Real Majestad

El carruaje se había detenido hacía largo rato. Si fuesen otras las circunstancias, habría apurado el paso para llegar primero, pero, en su contexto actual prefería esperar un poco.

Desde que había aceptado la propuesta de su tía Mab para casarse con la Reina Blanca, Mirana de Marmórea, esta no había dejado de hablar y hablar sobre lo que se esperaba de un prospecto para matrimonio, como si ella fuese una experta en ello solo por arreglar un par de uniones de antiguos reyes británicos que, por cierto, acabaron muy mal.

Estaban frente a frente en el carruaje, a las orillas de un lago con una esfera de cristal que descansaba sobre un cojín de terciopelo rojo en un pedestal en medio de ambos. El coche era lo suficientemente grande para que el Rey pudiera tener los pies sobre un banquillo, con la postura desgarbada para irritación de la mujer. Tan solo miraba aquella esfera, en cuyos brillos aún era capaz de encontrar los hechos acontecidos muy lejos de ahí, ya que su magia todavía le permitía su poder de videncia, y por eso estaba agradecido.

La antigua reina de las hadas, Mab, había desistido de intentar obligarle a tomar una postura "digna".

—Te comportas como un chiquillo malcriado, querido. Ninguna mujer con carácter soporta a un hombre así.

—Si la Reina Roja le pudo quitar la corona en menos de una semana, no me parece que tenga mucho carácter —dijo distraídamente.

—Ha llegado el primero —anunció ella, que también era capaz de ver los reflejos del cristal —. Pon atención querido, ese de ahí es Julers de Narnia.

Jareth soltó un suspiro al ver al muchacho de cabello oscuro que era anunciado.

—Ese ni siquiera es hechicero —dijo a su tía—. Narnia perdió su magia desde la desaparición de los cuatro reyes y reinas— luego su sonrisa se volvió más sarcástica —. Su gran linaje es de escoria de piratas que escaparon por coincidencia de un comodoro de la armada real de Jorge VI.

—¿Jorge VI? —preguntó Mab arqueando una ceja.

—De la Casa de Windsor.

—¿Casa de Windsor? —repitió ella.

La perplejidad de la reina Mab era real y muy seria, lo que consiguió atraer la atención de Jareth, que estaba demasiado aburrido.

—Han pasado más de diez familias por el trono que intentaste conquistar con Mordred. De hecho, ya ni siquiera hay sangre británica en la línea real.

La mujer inclinó la cabeza con un dejo de tristeza en sus ojos al recordar al único niño por el que había sentido un real afecto.

—Ese maldito Merlín —susurró —, destruyó todo lo que fuimos. No descansó hasta desterrar cada criatura mágica.

Jareth se encogió de hombros.

—Creo que el destierro fue mejor que la aniquilación —dijo desganadamente, habiendo perdido el interés en el desconocimiento que tenía su tía sobre el destino de la corona de Gran Bretaña. Pensándolo detenidamente, el muchacho muerto llegaba a deprimir en demasía y se arrepentía de traerlo a discusión.

—Mira, ese es el tritón de Atlantica, ¿no?

Cambió el tema a la llegada del segundo pretendiente que tenía una ascendencia más digna al tratarse de un príncipe de uno de los reinos submarinos de más antigüedad. Lo importante, además, estaba en el hecho de que su sangre no se había mezclado todavía y existía la posibilidad de que heredara el tridente del Rey Tritón, porque era segundo en la línea de sucesión.

Era pelirrojo y un poco delgado, mucho más expresivo que Julers, justo lo que podría esperarse de un príncipe adolescente.

—Me agrada, pero no creo que dure —dijo Jareth.

—Solo falta Michael de Andalasia.

La reina Mab parecía satisfecha con la lista confirmada de candidatos. Había tenido que hacer demasiados arreglos para que no se presentara prácticamente un príncipe por cada uno de los reinos que conformaban la franja subsistente, aunque la mayoría no se había mostrado especialmente interesado en mandar a uno de sus descendientes a esa "tierra de locos" para emparentarse con la familia de la Reina de Corazones.

El caso de Narnia y Andalasia era comprensible, siendo los primeros descendientes de piratas, y los segundos el resultado de generaciones de matrimonios con plebeyos, era natural que en algún momento buscasen anexar a su genealogía una antigua familia real, lo que era la familia de la reina blanca.

Respecto a Aqquin de Atlantica, solo se debía a una extraña tendencia del actual gobernante para mantener buenas relaciones con los reinos de tierra. Hacía muchos años que el rey Tritón había casado a varias de sus hijas con príncipes de reinos costeros para formalizar alianzas de protección mutua; los humanos no cazarían sirenas y el rey aseguraría buenos viajes a los navíos mercantes. Por lo que no era de extrañar que siempre que hubiese un príncipe o princesa en edad casamentera, apareciera un tritón o sirena esperando concertar el matrimonio.

Michael de Andalasia llegó casi a la puesta del sol y la expresión de la reina Mab fue de extrañeza al vislumbrar los reflejos del cristal a un joven alto y bien parecido con un traje que no iba demasiado a juego con el resto, pero le daba una silueta estilizada.

—¿Qué es lo que tiene en la mano? —preguntó quedamente la mujer.

—Creo que un iPad.

—¿Un qué?

—Y soy yo el que no se entera de nada.

Su tía endureció la expresión del rostro, pero no dijo nada a él, solo se limitó a indicarle al cochero, un enano verrugoso, que debían partir. Llegarían al castillo blanco de Underland al tiempo en que empezaba el baile, pero si todo iba bien, Jareth se las arreglaría para hacer una entrada espectacular, como acostumbraba.


Comentarios y aclaraciones:

Quiero hacer una "pequeña" nota para los perdidos entre nombres y lugares, advierto que todos estos son OC, con un origen razonable (creo yo) dentro del canon:

Príncipe Julers de Narnia: lo considero descendiente del príncipe Caspian, pero no habrá personajes conocidos, solo un poco de referencias.

Príncipe Michael de Andalasia: de Encantada, sería hijo del príncipe Edward (ya rey a esta altura del tiempo) y Nancy Tremaine, una diseñadora de modas de NY. En realidad, lo importante es justificar que el chico ande por ahí con un iPad en un reino mágico-medieval.

Príncipe Aqquin de Atlantica: lo saco de La sirenita, descendiente de Tritón, pero no de Ariel (recordemos que tiene muchas hermanas).

Y Jareth de Underground, obvio, el rey del laberinto.

Quizás esto esté yendo de raro a más extraño, con tanto personaje original y mezcla de fantasía/medieval a mundo humano normal y actual, pero la verdad tengo mucho entusiasmo con esta historia (está bien, mis ausencias podrían decir lo contrario) que promete ser más extraña todavía.

Finalmente, solo para aclarar que solo Alicia llama Wonderland (País de las Maravillas) al sitio aquél, que su nombre formal de la película de Burton es Underland.

¡Gracias por leer!