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Capítulo III
Inician las clases en Hogwarts
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Estación de King's Cross, andén 9 ¾
Rose besó a su padre en ambas mejillas, le abrazó con fuerza durante unos segundos y abordó el tren tan rápido como le fue posible, procurando perderse entre los chicos que se disponían a buscar vagón libre.
—¡Rose!
Hermione se levantó sobre las puntas de sus pies, pero su hija increíblemente había conseguido escaparse de su vista. Ron jaló de su mano libre, la que no tenía a Hugo bien sujeto.
—Dale un respiro —dijo.
—Pero…
—Tranquila, ya se acostumbrará a que sus compañeros le hagan burlas porque su madre ¡Auch!
Hermione se había soltado para pellizcarlo en el brazo.
—¿Por qué hiciste eso?
—El que vaya a ser su profesora no la hará de ninguna manera mi favorita en clase, tendrá que trabajar igual o más que sus compañeros. Lo mismo para Hugo.
El niño, por su parte, solo agachó la cabeza pasando saliva, su padre se compadeció de él y se arrodilló para mirarle a los ojos.
—Te prometo que solo será un año —le susurró mientras lo abrazaba.
Harry y Ginny ya se habían separado de sus hijos, Lily apenas se había despedido en su urgencia por entrar, pese a que su padre le explicó que aún estaban a tiempo, que no iba a perder el tren. Ella, sin embargo, decidió mejor asegurarse de no quedarse estando ya en un vagón con su hermano Albus. James, en cuanto encontró a sus amigos, se desentendió totalmente, aunque tuvo la delicadeza de prometerle a su madre, sin que ella se lo pidiera, que no causaría conflictos que dieran pie a una intervención de su tía ante la dirección.
El silbato hizo un pitido largo y agudo, el tren partiría así que los que aún no subían debían darse prisa, eso incluía a la nueva profesora y su hijo de primer año.
—Nos veremos el fin de semana en Hogsmeade —aseguró la bruja a su marido una vez dentro del vagón, pero antes de recibir respuesta, la puerta se cerró, el silbato volvió a sonar y finalmente se pusieron en marcha.
Hugo no conocía a nadie más que a Lily, y ella aprovechando eso, le tomó de la mano para conducirlo hasta el vagón que había apartado junto con Albus, de tal manera que aún pudiera despedirse de su padre desde la ventana.
Lily saltaba en el sillón asomando la cabeza y agitando la mano con fuerza.
Harry sonrió ampliamente, se sentía triste porque la casa estaría muy sola, pero él mismo sabía cuán especial era asistir a Hogwarts. Por un instante, se distrajo de los gritos de su hija, una lechuza blanca pasó volando a su lado, parpadeó, solo por unos instantes quiso creer que era Hedwig, aunque nunca la sacó de su jaula al abordar, sino hasta que llegaban al colegio donde era libre de volar a sus anchas.
—¡Adiós papá! ¡Adiós mamá! ¡Les escribiré en cuanto llegue! ¡Y entraré a Gryffindor, lo prometo!
Albus, que también había estado pegado a la ventana, de repente se retiró desviando la vista hacia la puerta que los separaba del pasillo. La pequeña seguía gritando todo lo que había estado repitiendo desde temprano, aunque con toda seguridad ya no era posible que la escucharan en el andén. Hermione, que había notado la brusca reacción del niño pasó su mano por el cabello negro de su sobrino, revolviéndolo más.
—Harry dice que la sala común de Slytherin es muy bonita, que refleja el lago negro. ¿Es cierto?
Albus levantó la mirada con los ojos muy abiertos.
—Creí que no se podía entrar a los dormitorios de otras casas.
—Y no se puede — Hermione se inclinó hacia él para susurrar —. Harry entró en su segundo año haciéndose pasar por un estudiante de Slytherin.
Como si fuera posible, Albus trató de abrir más los ojos.
—¡Pero eso… eso!
La bruja le puso el dedo índice sobre los labios.
—¿No te lo ha contado?
—No.
—Bueno, nosotros tres, Harry, Ron y yo, no fuimos precisamente estudiantes muy apegados a las reglas, pero que sea un secreto, ¿sí?
Lily finalmente se había cansado y se acomodaba en su asiento meciendo los pies ya que no alcanzaba a tocar el suelo. Hugo, hasta el momento, había permanecido quieto y callado, abrazando una pequeña maleta de mano mirando nada en especial.
—¿No estás contento, amor? —preguntó Hermione cariñosamente, pero su semblante cambió a la preocupación cuando notó lo pálido que estaba, incluso las pecas que salpicaban su cara se habían atenuado.
—¿Hugo?
Hermione soltó su portafolios y se arrodilló frente a su hijo tomándolo por los hombros, pues el muchacho aparentemente se había pasmado con la expresión neutra en el rostro, en trance.
—Al hechicero le quedan solo fragmentos de imaginación, ecos de un grito silencioso, recuerdos de una vida que nunca ocurrió, todo lo que fue no significa nada, todo lo que quiso se escapó, todo ruinas, todo cae, ser rey es perder el ser… deja el trono sin rey… un hacedor de caminos llegará con él…
Hugo empezó a toser, reaccionando. Hermione estaba impresionada, sabía lo que aquello significaba y la amargura que la embriagaba era la de su propio escepticismo, así como su actitud arisca al tema, nunca había tratado de disimular su desprecio hacia las prácticas de adivinación porque era "perder el tiempo". Y ahora tenía que cambiar todo, pero ¿cómo? ella era de familia no mágica y ningún Weasley que se supiera había tenido aquella capacidad.
¿Era un inconveniente? ¿Le causaría problemas con sus compañeros? Ella no sabía nada del tema, nunca le interesó.
Albus y Lily enmudecidos, intercambiaron miradas haciéndose para atrás decididos a no hacer absolutamente nada, porque, ¿qué era exactamente lo que había pasado?
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Gran comedor
Las exclamaciones de los nuevos estudiantes nunca faltaban. Nunca. Aún a sus noventa años, Rubeus Hagrid era más parecido a un roble nevado que a un dulce anciano, pues no estaba ni encorvado cuando menos, y llevando una enorme linterna en la mano llamaba con su vozarrón a los estudiantes de primer año.
Lily se había ofrecido para la misión de llevar a Hugo con bien hasta el castillo, auxiliándolo en todo lo que pudiera surgir, si bien, dentro de los conocimientos generales de Hermione estaba el hecho de que los trances no eran ni constantes ni largos. Ella no podría acompañarlo, pues como primer ingreso, debían ir con Hagrid en los botes por el lago.
Hermione, que tenía que ir en los carruajes, primero trató de alcanzar a su enorme amigo, no desconfiaba de la buena voluntad de su sobrina, pero tampoco era como si ella pudiese cargarlo en caso necesario.
—¡Hermione! —exclamó el hombretón cuando la pudo reconocer al tenerla a menos de un metro de distancia.
—¡Hagrid!
—Me dio tanto gusto saber que venías, Hogwarts regresará a ser la mejor escuela de magia y hechicería contigo aquí —y empezó a reír. La bruja lo abrazó, no tenía mucho que le habían visto, aunque fuera solo en vacaciones, procuraban no perder contacto.
—No digas esas cosas, hay excelentes profesores, Hagrid. ¿Podrías echarle un ojo a Hugo?
—¡Ah! ¡Ese muchachillo! ¡Claro que sí! ¡Ningún hijo de Hermione Weasley va a romper una regla en mis narices!
Hermione rIo, no le diría por ahora, tal vez fuera solo pasajero, alguna otra cosa sin importancia, lo discutiría con el profesor Flitwick después del banquete.
Albus esperaba por ella, ayudando mientras tanto, a un apresurado Neville a terminar de recoger las cosas que se habían caído de su maleta, abierta bajo circunstancias desconocidas, no descartándose algún embate del infaltable grupo de bravucones.
—Debo irme, nos veremos en el comedor.
Hermione corrió hacia ellos abordando el último carruaje. Neville se mostraba increíblemente feliz pese a que su ropa y libros acababan de quedar llenos de lodo.
—Va a ser divertido —dijo acomodándose la túnica —. Como en los viejos tiempos. ¿Eh?
Pero a la bruja apenas le quedaba atención suficiente para corresponder el ánimo que bajo otros contextos habría compartido con risas más sinceras que las que le daba a su amigo en esos momentos. Para cuando llegaron al castillo debieron despedirse de Albus, él se reuniría con los de su casa en el comedor y ellos entraban por otro lado junto con los demás profesores.
—¿Tan mal le va? —preguntó tras notar que Albus no tenía entusiasmo alguno por llegar al comedor.
Neville sonrió de medio lado.
—Los de Slytherin no lo quiere porque es hijo de padres Gryffindor, y los Gryffindor tampoco lo quieren por lo mismo y estar en Slytherin, para ellos es un traidor, no es ni de una casa ni de la otra, pero es increíblemente bueno para evitar confrontaciones, ya hubiera yo querido tener su fuerza para sobrevivir a los bravucones.
—Harry dijo que el primer año fue realmente difícil.
—Su hermano James casi siempre sale a defenderlo, pero ya sabes cómo son de diferentes, no pueden estar juntos mucho tiempo porque no llegan a un acuerdo sobre qué hacer. Pero estoy seguro de que irá todo bien, su familia le quiere, tiene amigos, bueno, muchos primos.
—Es la ventaja de una familia numerosa —comentó Hermione más animada, pues si lo de Hugo resultaba ser conflictivo para hacer amigos, siempre estarían sus primos.
Fueron los últimos profesores en llegar al comedor, los demás habían arribado unos días antes o en su defecto vivían ahí, Hermione se sintió más tranquila, estaba en un lugar conocido, era su hijo, no lo iba a querer menos por ello, así como Harry habló pársel -y Ron también, al menos por imitación-, Hugo sería un mago especial.
Respiró profundo, el profesor Flitwick la había presentado ante el alumnado y se puso de pie para saludarles.
Solo quedaba pues, buscar un buen profesor que sirviera de orientador, alguien ajeno totalmente a Sybill Trelawney, a quien por cierto no estaba segura de querer ver con solo girar la cabeza, pues estaba a dos asientos de su lugar.
—Por último —decía el director elevando su voz tanto como podía —. Quisiera hacer la presentación de otro muy capaz mago que estará reemplazando al profesor Theodore Nott, en la asignatura de Pociones, el profesor Jareth.
Un pequeño silencio se hizo presente en la sala, Hermione entonces regresó a la realidad actual que la ocupaba y al igual que toda la fila de profesores, dirigió la vista al extremo opuesto, con los brazos recargados en las coderas de la silla y las piernas cruzadas, estaba un mago luciendo túnica de gala en color verde esmeralda y negro. A todas luces no estaba poniendo atención, pero no tardo en percatarse que las miradas iban dirigidas a él, aunque tampoco hizo algo al respecto.
—¿Profesor Jareth? —preguntó el director esperando que reaccionara y se levantara, el mago giró el rostro para verle, pero fue lo único.
—¡El profesor Jareth! —exclamó finalmente el pequeño anciano aplaudiendo, ya comprendiendo que no se levantaría simplemente porque no quería, y los alumnos acabaron por aplaudir también.
—No puedo creerlo, ya no hay respeto aquí —se lamentaba la profesora Sinistra en cuanto la profesora Trelawney le susurró el detalle ya que ella no lo había podido ver bien.
—Ahora, el sombrero seleccionador —anunció con voz cansada la profesora Sprout, abandonando su lugar, Neville se apresuró a levantarse para servirle de apoyo y cargar por ella el banquillo que debía colocar frente a la mesa de profesores.
—Gracias, gracias, hijo, puedo yo sola con el resto —dijo la anciana sacando sus lentes de lectura y desenrollando el pergamino, entonces Neville regresó a su lugar junto a Hermione. Sin esperar presentación, el sombrero empezó a cantar, Hermione rio por la ocurrente canción, definitivamente aliviando sus nervios. Para cuando terminó y hubieron terminado también los aplausos, la bruja que había estado de pie a su lado, aún regordeta y algo desaliñada, empezó a hacer pase de lista. La mesa de los profesores se mantuvo en silencio, era el momento más importante de los muchachos, y muchos de ellos estaban ansiosos por ver cómo quedarían distribuidos.
—Finnigan, Amelia.
Una niña de cabello castaño, largo y suelto avanzó dando saltos alegres al banco.
—¿Finnigan? ¿Es la hija de Seamus? ¿No era más pequeña que Hugo? —preguntó Hermione a Neville en un susurro, este le respondió igual mirando de reojo precisamente a Seamus que le había hecho una seña a la pequeña en cuanto ella lo vio.
—No, es de su primo Fergus, solo tú tienes hijos en curso —le aseguró.
—¡Hufflepuff!
La mesa de Hufflepuff aplaudió dándole la bienvenida, especialmente dos muchachos probablemente del quinto año que Neville dijo, eran sus hermanos. Pasaron varios niños más, la nueva clase estaba conformada por una lista larga y Hermione sabía que quienes le interesaban iban últimos por el apellido, así que discretamente se dedicó a mirar la plantilla del profesorado, el primer motivo por el que solicitó el trabajo ahí. De izquierda a derecha estaban la profesora Aurora Sinistra, Sybill Trelawney, Neville, ella, Hagrid, Bathsheda Babbling, Séptima Vector, Seamus Finnigan, Ernie Macmillan, Rolanda Hooch, tres magos desconocidos y ¿Jareth?
Hizo una mueca de disgusto, seis de esos profesores le habían dado clases a ella y estaban pisando el siglo de vida, cuatro habían sido compañeros de su generación y a los otros cuatro no los conocía de nada.
—Potter, Lily Luna.
La pequeña pelirroja no deseaba verse menos entusiasta que Amelia Finnigan, que había sido la única que no se había mostrado nerviosa ni aterrada como el resto de sus compañeros, así que decidió lucir esa confianza ensanchando la sonrisa como si fuera a ganar un premio por ello.
El sombrero fue puesto en su cabeza hasta cubrirle los ojos.
—Otro Potter —bromeo la profesora Babbling con Hagrid que estaba a su lado—. Estaremos aquí toda la noche antes de que el sombrero decida.
Hermione miró a su antigua profesora de runas antiguas, ya le había saludado antes, pero solo hasta ese momento notó que llevaba la insignia de jefe de casa de Slytherin. Pasaron tal vez tres minutos antes del veredicto.
—¡Gryffindor!
La mesa de Gryffindor lanzó un exagerado vítor lanzando los sombreros al aire, pero aún entre el barbullo armado por el recibimiento de la niña que triunfante iba hacia ellos, fue perfectamente audible el comentario:
—¡Claro que solo podía ser uno el traidor!
James se tensó enseguida y giró violentamente con el puño cerrado directo a la cara del impertinente, la profesora Sprout lanzó un grito, pero fue Rose quien le detuvo afianzándose completamente a su brazo.
Hermione había saltado de su silla, suspirando aliviada ante la oportuna reacción de su hija. La situación se calmó rápidamente sin mayores percances una vez que el director ordenó a los prefectos de la casa calmar al muchacho.
Los siguientes niños fueron electos entre ánimos más tensos.
—Weasley, Hugo.
—¡Por dios, niño! ¿Cuántos parientes te quedan? ¡Bah! Seleccionaré Weasleys hasta que el polvo me carcoma —fue lo único que dijo en voz alta el sombrero, pero la larga espera volvió a hacer que todos guardaran silencio. Solo había murmullos de Hugo porque el sombrero hablaba desde dentro y nadie más podía oírle. Tras un rato largo, Hermione se preguntó por qué tardaba tanto.
—¡Slytherin!
—¡Oh por Dios! —dijo la misma profesora Babbling con asombro y Hagrid también mirando inmediatamente a Hermione. La bruja tardó un poco en reaccionar.
—Bueno, creo que ya no estamos para diferencias de este tipo —dijo cambiando la postura en la que estaba sentada por una más rígida —. Hugo será igual de bueno en cualquiera de las casas.
La expresión asustada de Hugo se incrementó, abrió un poco los labios que empezaban a ponérsele blancos de nuevo, pero se puso de pie sin pronunciar palabra, dejó que le quitaran el sombrero y en medio del incómodo silencio que se había formado, caminó a la mesa de su primo, él único que se puso de pie para recibirlo. Una vez que se hubo sentado, en la mesa de Gryffindor empezaron los murmullos. En Slytherin, nadie decía nada.
—Un Weasley en Slytherin, mi abuelo se va a morir —susurró Scorpius Malfoy.
—Weasley, Louis.
El niño se dirigió hasta el taburete con un porte raro de ver en un niño de su edad, no estaba asustado o nervioso, pero tampoco desbordaba el entusiasmo de las chicas anteriores a él. Él sencillamente sabía a qué casa iría y lo más particular fue que mostró cierto recelo para cuando le colocaron el sombrero, puso las manos para detenerlo, como si no quisiera que le tocase el cabello rubio dorado, el sombrero preguntó en voz alta si de verdad era un Weasley.
—¡Ravenclaw!
La decisión fue casi instantánea, Louis bajó del banquillo, dirigió la mirada a la mesa de maestros e inclinó la cabeza con reverencia, haciendo gesto enfatizado hacia su tía Hermione, que no la había visto en la estación ya que él y sus hermanas llegaron demasiado temprano mientras que sus primos lo hicieron a última hora. La bruja, sin embargo, apenas pudo responderle con una sonrisa.
—Pero hay que ver lo mucho que se parece a su madre —comentó Hagrid, riendo nervioso para desviar un poco el tema.
—Un niño encantador —puntualizó la profesora Babbling, comprendiendo el objetivo de aquella línea, y después de ello, no volvieron a hablar.
Comentarios y aclaraciones:
Creo que mi cerebro se fundió después de esto, pero estoy satisfecha con el resultado. Espero les guste tanto como a mí.
¡Gracias por leer!
