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Capítulo IV

El primer día de clases

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Aula de encantamientos

—Soy la profesora Hermione Weasley.

El anuncio fue recibido en silencio. El grupo de primer año siempre se mostraba prácticamente pasmado el primer día de clases, inmóviles, completamente atentos, la mayoría no se conocían entre ellos así que aún no había grupos de amigos formados para hacer desastres, el problema sería en su opinión, con séptimo año, donde retener su atención por más de quince minutos sería un reto monumental.

Con los dieciséis pares de pequeños ojos expectantes sobre ella, lamentó realmente no haber podido hacer una asombrosa entrada como la de la profesora McGonagall cuando ella era quien ocupaba banco, aunque para Transformaciones.

—Y esta es la clase de Encantamientos. Lo primordial, es que primero dominen los movimientos de varita. ¿Todos la tienen? —sentía que la pregunta estaba de más, pero podría suceder que alguno la hubiera olvidado en los dormitorios.

Los chicos levantaron la varita, y desde su sitio al frente, vio sin ningún problema el movimiento frenético de la varita de Lily. Por un instante le recordó a sí misma y se aclaró la garganta no queriendo hacer comentarios al respecto.

—Primeramente, un poco de teoría, siempre he sostenido que quien no conoce su propia varita no puede dominarla completamente, así que quisiera que uno a uno, se pongan de pie, me digan de qué es la madera y cuál es el núcleo de su varita, ¿entendido?

—¡Sí, profesora Weasley! —corearon todos.

La primera fue Lily que ya prácticamente estaba de pie.

—Mi varita es de fresno con núcleo de nervio de dragón.

—Gracias.

La estrategia resultó realmente interesante -al menos para ella-, tomaba notas, no quería perder de vista ese detalle para organizar el programa de estudio. No era especialista en Varitología, pero conocía muy bien los conceptos básicos e investigando un poco más, estaba completamente segura de que los estudiantes podrían explotar todo su potencial.

—Yo soy Pansy Zabini, mi varita es de cerezo y nervio de dragón.

—Muy bien.

Hermione se extrañó, tanto por la niña misma, cuya procedencia le fue obvia, como por la varita. En occidente ese tipo de madera resultaba demasiado rara, así que posiblemente sería heredada. Ya para ese momento, la clase entera se había distraído, cuchicheaban mientras llegaba su turno, pero la profesora no hizo nada al respecto, siguiendo el pase de lista completamente concentrada, ya había hecho un análisis la noche anterior, decidiendo si los agruparía por maderas o núcleos, y debido principalmente a que la madera tenía que ver más con la personalidad, optó por guiarse según el núcleo.

—Yo… yo soy Hugo Weasley… mi varita es de espino… y pluma de fénix.

—Gracias.

—Eldred Goyle, ébano y nervio de dragón.

Hermione levantó la vista, durante la ceremonia de selección estaba demasiado distraída y no había notado a muchos de los chicos.

—Gracias —respondió regresando la vista a sus apuntes, pensando que era tal vez como una mala broma que aquél se pareciera exageradamente tanto a Gregory, y peor aún, que fuera el compañero de mesa de Hugo. Definitivamente Ron iba a tener un ataque o algo, aún no le había escrito, aunque ella recibió una carta suya durante el desayuno en la que su marido se quejaba principalmente de lo mucho que ya se sentía solo y que tal vez le terminaría enviando en una caja muy pequeña y sin ventilación a Crookshanks. Hermione se lo había dejado para que no se sintiera tan solo, había creído que su relación había mejorado con los años, pero era evidente que sin ella cerca, el gato-kneazle no tenía interés alguno en Ron y viceversa.

—Bien, creo que ya tengo un programa armado, tendré que cambiar a algunos de lugar para optimizar las enseñanzas, así que, por favor, pongan atención ¡Pongan atención! —y lo había gritado porque ya nadie le hacía caso, la timidez inicial se había disipado y el barbullo se había vuelto general.

En un segundo intento fallido terminó por lanzar al aire un encantamiento que generó un estruendo completamente inofensivo, pero altamente llamativo. Y el silencio finalmente se hizo presente.

—Repito, que los cambiaré de lugar, todos de pie, por favor.

Con algo de desorden, los chicos finalmente accedieron, haciendo muecas porque los había acomodado indistintamente de la casa, alumnos de Gryffindor y Slytherin alternados. Solo veía un ligero inconveniente con una niña que tenía núcleo de thestral y era la única con esa característica, pero al final decidió dejarla sola, aunque cerca de los que tenían pelo de unicornio para no excluirla, así como al propio Hugo, que resultó ser el único con pluma de fénix.

—Muy bien, estos serán sus nuevos sitios. De acuerdo a sus maderas puedo asignarles una pareja de trabajo cuando empecemos a practicar. Debido a que nuestras clases son pocas, necesitaré que se esfuercen con los deberes para que aquí no concentremos especialmente la práctica. Quiero para el viernes un ensayo sobre las propiedades de la madera de sus varitas y de su núcleo, así como que lean y resuman los primeros dos capítulos del libro para que tengan presentes los conceptos básicos y harán unos ejercicios de caligrafía para darle soltura a sus muñecas...

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Mazmorras

—Ya saben quién soy, y qué les voy a dar, el director ha sido muy explícito calificándome como "muy capaz" sin mencionar por supuesto, que soy tan solo un reemplazo.

Los niños apenas se habían acomodado en sus sitios cuando irrumpió en el oscuro salón un hombre alto de largo cabello rubio cuya capa negra ondeaba a su paso con dramatismo exagerado. En cuanto quedó de frente, el mal humor se hizo completamente obvio para todos y la relación directa a la presentación citada del director, figuró para más de uno que eso particularmente le había ofendido, aunque el hecho había sido la noche anterior.

Debajo de la capa desabrochada del profesor, se alcanzaba a ver un chaleco gris plata y pantalón ajustado color malva con botas de cuero negro largas hasta la rodilla.

—Esta clase es demasiado sencilla, así que si no la aprueban estará más que comprobada su incompetencia. Las pociones pueden ser de gran utilidad, y si se ejecutan correctamente conseguirán todo lo que se les ocurra. Fin de la presentación —y dio un único aplauso con fuerza haciendo que todos dieran un salto en sus lugares. Hablaba con una voz firme y aunque lo hacía con soltura, parecía que no se trataba de su lengua natal, además se movía bastante frente a la pizarra, de un lado a otro, haciendo que la capa ondeara casi inverosímilmente en aquel espacio cerrado donde las corrientes de aire eran nulas.

—Les pedí un libro. ¿Alguien lo leyó en vacaciones?

Una pequeña pelirroja sentada al frente levantó la mano.

—Entonces ven aquí, Lily.

Él ya se había quitado la capa, dejándola sobre el escritorio quedando a la vista una chaqueta pequeña también de cuero a juego con los guantes y las botas.

—Para una poción, lo primero que muchos se imaginan es una serie interminable de recetas a memorizar, pero esos son solo protocolos inútiles, el secreto en el arte de una poción está en conocer las propiedades de cada ingrediente, si razonan los efectos pueden crear las combinaciones adecuadas sin tener el recetario a la mano.

Un niño levantó la mano.

—¿Por qué guiarnos en un libro muggle?

El profesor, después de indicarle a Lily que se sentara en un banco justo en medio de la plataforma que elevaba el escritorio por encima de las demás mesas, giró la vista y bajó el escalón, acercándose a la mesa del chico con un andar pausado, las manos en los bolsillos de la chaqueta y una sonrisa torcida en los labios delgados que tenían un ligero toque brillante.

—Define muggle.

—Persona sin magia —respondió el niño sin chistar.

Todos permanecieron en silencio, el profesor no doblegaba su estatura, por el contrario, parecía más imponente por lo recta que mantenía la espalda con el mentón en alto.

—Algo que tienen que tener muy presente en la magia, si es que de verdad son capaces de convertirse en hechiceros, es que las cosas nunca son lo que aparentan, no den nada por seguro. Nada.

El profesor se alejó de ahí y regresó con Lily.

—¿Qué se te ocurre que puede hacer una poción?

—Ah… cambiar la apariencia de una persona, mi tía me dijo que la poción multijugos…

—Tiene una complejidad ridícula y es fácil que salga mal, sin contar la absurda limitante de que solo sirve para transformaciones humanas —interrumpió él.

En algún momento apareció una esfera de cristal en la mano del profesor. Lily frunció el ceño.

—No existe poción registrada con mejor eficiencia en el cambio de apariencia.

Él la ignoró y paseo la esfera entre sus dedos captando en ese punto la atención de todos los niños que seguían al objeto apenas parpadeando.

—El problema de los magos modernos, es que se limitan a hacer justa y exclusivamente lo que los libros indican, se convencen de que ya no queda nada más por descubrir y el mundo se les acaba cuando se ven ante la necesidad de pensar por sí mismos en cómo resolver un problema no contemplado en la escuela. Ahora bien, Lily ¿sabes qué ingredientes se utilizan para la poción multijugos?

Lily volvió a torcer la boca, el entusiasmo se le había esfumado, pero hizo un esfuerzo por recordarlo con la mayor precisión posible. Listó los ingredientes en pequeñas pausas, pero consiguió mencionar todos incluso con cantidad. Enseguida, él rompió la esfera apretándola entre sus dedos arrojando luego el polvo sobre la mesa apareciendo una serie de elementos en frascos y tazones.

Hizo una señal con la mano y chasqueó los dedos, la mayoría entendió inmediatamente que debía acercarse, pero para otros más, no fue sino hasta que todos se conglomeraron alrededor que captaron la idea.

—Lily, ilústranos un poco, ¿qué es cada cosa y para qué sirve?

La pequeña infló las mejillas.

—¡La poción multijugos es muy avanzada! ¡Estamos en primer año! —reclamó, se cruzó de brazos y desvió la mirada, oficialmente no participaría más.

—Profesor Jareth —llamó tímidamente un pequeño pelirrojo rezagado en el ruedo de la mesa —. Esa de ahí es centunaida, mi abuela tiene una planta en su casa. Sirve para mantener frescas las pociones insolubles, que no se conviertan en sólidos.

—En realidad mantiene cualquier elemento orgánico en estado suspendido de descomposición hasta por un mes. Las personas sin magia la usaron mucho tiempo para embalsamar a sus muertos, combinada con otras hiervas, los efectos de preservación pueden durar por milenios.

De nuevo la expresión de sorpresa se hizo presente.

—¿Entonces los muggles pueden preparar pociones?

—Sí. No todas las que se conocen en el mundo mágico, pero tienen su propia gama, la mayoría son sencillas porque no pueden conseguir muchos ingredientes, y algunas requieren aplicación directa de magia, pero en esencia son perfectamente capaces de hacerlo. La pasta elimina moretones, por ejemplo, fue desarrollada por una persona sin magia.

El mismo niño que antes objetara por el uso de un libro muggle volvió a hablar.

—Eso es estúpido —dijo alejándose del círculo, tomando sus cosas y marchándose de la mazmorra.

Nuevamente Jareth le había restado importancia al asunto.

—El libro que les pedí tiene una compilación bastante sencilla de animales, plantas y rocas, nada en este mundo está de adorno, alguna propiedad tiene, y cuando lo dominen, serán capaces de hacer cualquier poción.

Por la hora que quedó, les explicó el resto de ingredientes que tenía sobre la mesa, como se veían antes de ser molidas o secadas y el listado de propiedades. Y hasta la hora del almuerzo consiguió que todos estuvieran atentos a cada una de sus palabras, incluso Lily, que seguía enfadada por lo que había considerado una humillación, prestaba atención. No obstante, aparentemente se había librado de la fuerza magnética que en general había aplicado el profesor con su voz bien modulada y ademanes llamativos.

—Así que, para el miércoles, de lo que lean del libro elegirán un animal, una planta y una roca, las que quieran, y harán una lista con todos sus usos. El bestiario es una síntesis, así que deberán complementar con otros libros de la biblioteca.

Los chicos recogieron sus cosas mientras él volvía a ponerse la capa, no le disgustaba enteramente, pero le resultaba inconveniente para dar clase. Dejó salir un suspiro cansado. Era el primer día, dos clases y estaba al borde de poner todo de cabeza, mucho se había contenido con la altivez de algunos niños y el desplante del director.

"Muy capaz" ¡¿Se había visto tan poca valoración para él?! ¡Él que era un rey! Llegaría el fin de año y no se lo perdonaría.

Lanzó una expresión despectiva a la nada y se encaminó a la salida, no le habían permitido cambiar el salón de pociones, pero al menos no le hicieron quedarse en la habitación contigua y pudo cambiar su despacho a una de las torres. Las mazmorras eran para prisioneros. Aunque tal vez era apropiado, considerando su situación.

Justo abría la puerta cuando intempestivamente entró una bruja haciéndole retroceder unos pasos para no verse arrollado.

—¿Qué clase de…? —pero se quedó con la pregunta a medio hacer.

—¡Pociones multijugos! ¡Son de primer año! ¡Tienen que aprender a reconocer el equipo! ¡Aprender los principios!

Jareth frunció el ceño y endureció la expresión de su rostro que había podido controlar para mantenerla relajada, o al menos para no estallar en gritos con uno o dos chiquillos, y con el dedo índice le levantó el mentón a la mujer, mirándola con cierto desagrado, encontrando en el brillo de sus ojos lo que le pareció una personalidad estrecha, cuadrada y rígida.

—Antes de gritarle a nadie hay que tener muy presente, en primer lugar, la posición que se tiene, el atrevimiento puede ser peligroso, Hermione.

—Profesora Weasley —corrigió con rudeza.

—Los nombres no marcan límites, las barreras se erigen con actos — y apartándola con la misma mano que le había sostenido el mentón alcanzó la puerta antes de que ella interfiriera.

—El cuestionamiento de métodos no te corresponde, si Filius tiene un inconveniente, que venga él a decírmelo, no aceptaré reprimendas de una madre histérica.


Comentarios y aclaraciones:

Jareth sabe el nombre de medio mundo y… bueno, seguimos adelante con las mil tareas de Hermione.

¡Gracias por leer!