¡Hola, sempais! OK, soy totalmente nueva en la pareja. Me obsesioné un poco con ellos este año y he estado luchando sobre si publicar o no algo de ellos. Vengo realmente tarde, como siempre, a ofrecerles algo, pero quién sabe, igual y es mi nuevo ItaSaso.

En fin, si hay alguien aquí: ¡espero que disfruten la historia y tengan felices fiestas!

Advertencias. 1) Yaoi, shonen-ai 2) Tremendo, montón de OoC. 3) Un poco extraño. Pero en mi cabeza no fue un amor unilateral, es sólo que todavía siento como que le soy infiel al SasuGaa 4) Disculpen los errores. Además de este drabble quería preparar otros y los hice ayer con pocas facultades mentales, jajaja. 5) Pienso publicar esto en mi cuenta de Ao3 Whispers_of_the_wind

Disclaimer. Naruto le pertenece a Kishimoto. Al final, yo no gano nada al escribir esto, excepto sus favoritos y reviews.

Sin más qué decir, ¡les deseo buena lectura!


{.ͼͽ.} * [Ship it for Christmas] * {.ͼͽ.}

{℘} Capítulo 3 {℘}

Confianza

Tu eres amada, más amada de lo que sabes.

Sleeping at last, Light.

Tenten hizo lo mismo cuando le enseñó: sonriendo ligeramente, le extendió la mano y lo invitó a acercarse. Ella siempre veía sus peores momentos y, no obstante, se sentía relajado. Neji deseaba tener el mismo efecto con Gaara, quien se tambaleaba debido a las cuchillas de los patines.

Sabaku observaba los dedos del Hyuga, blancos y largos, pero no intentó tomarlos ni dio muestras de entrar a la pista por su cuenta. Sus —hermosos— ojos verdes se entrecerraron hasta volverse dos rendijas y contrajo la boca en una fina línea. No iba a tomar su mano, pensó el castaño con un sabor agrio inundándole de repente; sin embargo, en ningún momento hizo ademán de quitar su ofrecimiento.

El corazón del Hyuga latía alocadamente, aunque su expresión nunca lo traicionó. A diferencia de su prima Hinata, quien pecaba de obvia cuando se acercaba el rubio Uzumaki, él sabía ocultar todos sus sentimientos hacia el taheño.

Ignoraba cuándo empezó y, en el fondo, sabía que no importaba. ¿Quién necesitaba darle fecha al amor?

Obviamente, Neji siempre había reconocido las fortalezas y debilidades del taheño: recordaba a Gaara en el jardín, dibujando lo que parecía un oso sobre la tierra; lo vio asegurarse de que Lee, su mejor amigo (aun si el Hyuga trataba de negarlo), no fuera penosamente golpeado hasta la muerte; le había resultado adorable cuando se sentó junto a Tenten, debatiéndose seriamente para decidir el mejor regalo de Naruto; le había puesto uno de los más raros especímenes de cactus junto a su cama de hospital la vez que fue acuchillado en un callejón, dejado por muerto.

Tenía una sonrisa encantadora y su rostro nervioso, triste, pensativo o franco eran toda una maravilla de contemplar.

Le gustaba evocar esa mañana al despertar en el hospital mientras Gaara acomodaba su almohada. El pelirrojo se sintió culpable tras interrumpir su sueño, obviando que el castaño se había deleitado con el perfume terroso-floral que impregnaba al muchacho con afición por la jardinería.

Le rompió el corazón oír la historia de su niñez y deseó golpear a Naruto cuando éste le habló a Gaara sobre sus sentimientos por Haruno. A Neji le hubiera gustado ser Tenten para abrazarlo esa noche, después de que Sabaku se diera cuenta de su propio amor por Naruto y la razón de que doliera tanto.

(Había muchas historias de amor morían antes de empezar.)

El ojiverde no se negó a acompañarlo cuando le dijo que podían ir a la pista de hielo del centro comercial, pero cuando llegaron ahí y el Hyuga encargó unos patines para el taheño, Sabaku rechazó la invitación.

—¿Te quedarás mirando a los demás? —Le preguntó, arqueando una ceja.

—¿Qué tiene eso de malo?

Nada, estrictamente hablando. Neji podía dejarlo pasar y meterse un rato. Resulta que él lo disfrutaba mucho: era ligeramente parecido a volar.

—Vamos —le insistió, esbozando una de esas leves sonrisas que no eran tan difíciles de dibujar cuando se trataba de Gaara—. Mañana sabrás algo nuevo.

—¿Es otra vez ese lema sobre ser mejor mañana gracias al esfuerzo de hoy?

—La filosofía de Lee.

Gaara, haciendo una mueca, estiró el brazo. Todavía ni siquiera sacaba un pie a la pista y ya parecía resistirse. Le pareció adorable, aunque él no era bueno diciéndolo.

—¿Prometes que no me caeré?

Neji le apretó firmemente los dedos.

—Estaré ahí para atraparte cada vez.

FIN.