He aquí la segunda parte, disfrutad, por favor.
.
LLEGARÁ
la navidad
O2
"Oh, my love, we've lived in troubled days.
Oh, my friend, we have the strangest ways
All my friends on this one day of days
Thank God it's Christmas. Yes it's Christmas.
Thank God it's Christmas, for one day".
El día viernes llegó, para Buttercup con un problema tremendo: se dio cuenta de que su hogar no estaba lo suficientemente adornado. No quiso preguntar nada a sus hermanas o a su padre, es decir, siempre una de ellas era la más entusiasmada con las fiestas, de hecho, era la que se encargaba de la decoración y ambientación según lo que se celebre o conmemore.
—Qué raro —murmuró para sí misma cuando bajó a las ocho de la mañana a hacerse desayuno—, solo tenemos el árbol, tía, ¿qué está pasando acá?
—Buenos días —miró hacia atrás de ella y vio a su padre hacer ingreso a la cocina—, te levantaste temprano. Hoy no tienes clases, ¿o sí?
—No, no las tengo. Ya aprobé francés.
—Tus hermanas tienes clases en la tarde, ¿estoy en lo correcto?
—Sí —asintió ella y rio con una burla juguetona—, porque no fueron tan listas como yo y tomaron otra clase para tener créditos extra —el Profesor negó con la cabeza, sin embargo, estaba sonriendo—. ¿Qué tal su noche?
El hombre suspiró y meneó su cabeza de lado a lado. Buttercup se fijó que ya le comenzaba a salir barba. Tomó una cucharada de su granola mientras su padre ponía agua a hervir para tomar su indispensable café matutino.
—Fue provechosa, pero todavía me queda trabajo por hacer —le sonrió con entusiasmo, a pesar de tener los ojos pequeños a causa del sueño—. Aunque, si continúo a este ritmo, podré terminar antes del veinte.
—Mola.
—Sí, mola mucho.
Se quedaron en silencio, sentados uno frente al otro en la mesa de la cocina. Lo genial de su relación familiar es que los silencios no son incómodos. Cada uno estaba pendientes de sus asuntos, venían despertando e incorporándose a la dinámica de la mañana. Pronto escucharían el ajetreo de las otras dos miembros de la familia y, con una de ellas, especialmente, despierta, el movimiento en el hogar se haría oficial. Fue ahí cuando a Buttercup se le ocurrió preguntarle:
—¿Por qué hay tan pocos adornos este año? Ni siquiera tenemos luces afuera, en el jardín, y aquí, dentro de la casa, todo está sobrio. ¿Qué ha pasado?
—Tu hermana dijo que quería darle más importancia a la comida que a los adornos —dio un sorbo a su café y arrugó un poco su expresión por lo caliente que todavía estaba—. ¿Por qué?
—¿No lo va a hacer? —ignoró por completo la pregunta.
—No lo creo.
Buttercup asintió, miró los restos de yogur que dejó en su bol y se puso a pensar.
—Venga —aclaró su garganta—, pues, si no lo hace ella, lo haré yo.
—¿Eh? ¿Estás hablando en serio? —se sorprendió su padre.
—Por supuesto. Pero compraré algunos nuevos.
Buttercup lavó su loza y, todavía en su abrigador pijama de panda, revisó las cajas con los restos de adornos que estaban en el sótano. Estaban, en su mayoría, buenos e impecables, pensó que podía ponerlos sin problemas. Probó las luces que caen como cascadas y se dio cuenta de que tres de los cinco juegos ya no funcionaban. Chasqueó la lengua. Las guirnaldas de colores que colocaban alrededor de los árboles afuera de su casa estaban algo desteñidas. Agradeció aquello, es que no le gustaban los colores que tenían.
"Vale, iré a la compra y, cuando llegue, pondré todos los adornos", pensó.
Usando su mascarilla y con su pequeña botella de alcohol gel, salió a hacer las compras. Agradeció su determinación de salir temprano, antes de las once de la mañana. El centro comercial estaba considerablemente vacío. Sí, había gente ya haciendo compras, pero las filas para entrar a los locales no era tan extensas como pensó que serían. Un alivio. Tuvo que soportar el olor de algunos tipos de desinfectantes que le rociaron en sus manos al hacer ingreso, pero no le importó, tenía claro lo que quería hacer: darle vida navideña a su hogar.
Una vez llegó a su hogar, ocultó los adornos de las preguntonas de sus hermanas pasando directamente al sótano. Se excusó con que eran regalos y que no podían ver nada. Aprovecharía cuando ellas se metieran en sus últimas clases para adornar toda la sala. Estaba ansiosa, la hora parecía no avanzar, y cuando quedaban dos minutos para las tres de la tarde, hora en la que sus hermanas debían ir a sus clases, se les ocurrió hacerse un té. No tenía intenciones de presionarlas, pero era exactamente lo que quería hacer. No fue necesario, después de todo, sus hermanas, a las tres en punto, ya estaban en sus habitaciones. Su padre estaba encerrado en el laboratorio y no saldría en, por lo menos, dos horas, sus hermanas, en una.
Ató su cabello y comenzó a limpiar. Estaba cómoda, jogger y un suéter de lana de color blanco. La sala no fue tan difícil de limpiar, de todos modos, solían mantener el área desinfectada todos los días para evitar brotes de virus indeseables. Sacó las cajas y comenzó a colocar los adornos. Desde manteles de color rojo y dorado sobre la mesita de café, en el rack, en el corte de la ventana, enrollar una guirnalda en la baranda. Había comprado unas mariposas doradas que colocó en la baranda para dar la sensación de que estaban revoloteando. Colgó unas botas, así como también los dos juegos de luces, en la baranda que daba la vista al primer piso desde el segundo. Le tomó una hora y cuarenta y siete minutos terminar de adornar todo, incluyendo las luces del jardín, las farolas que compró y las señaléticas para Papá Noel. Lo último que posicionó fueron cinco cascanueces en el corte de la ventana. Suspiró con alivio y miró, orgullosa, su trabajo. Para haberlo hecho ella sola, no tardó mucho. Se dejó caer en el sofá y echó su cabeza hacia atrás.
—Estuvo genial —suspiró y sonrió—. Estuvo divertido.
—¿Qué ha pasado aquí?
Miró hacia el segundo piso, Blossom había salido de su habitación, llevaba la taza donde se había preparado té, y miraba con asombro todo el espacio adornado. Luego, miró a su hermana.
—¿Has sido tú?
—Sí —afirmó Buttercup, orgullosa—, ¿te gusta?
—Me ha encantado —comenzó a bajar la escalera. Su mirada radiaba entusiasmo—. ¿De verdad lo hiciste tú sola?
—Sí, yo también me sorprendí a mí misma.
—Pensé que la Navidad no te entusiasmaba.
—Lo hace, es solo que yo nunca me he encargado de nada, solo de ayudarte a envolver los regalos.
—Claro. ¡Ay! ¡Mariposas! —Buttercup rio ante esa emoción de Blossom—. No te burles.
—Afuera también adorné.
—¿Y por qué? —Blossom terminó de bajar las escaleras y se quedó de pie frente a su hermana.
—Porque me di cuenta de que Bubbles no lo había hecho. Le pregunté a papá y dijo "que ella se encargaría de la cena" —hizo el gesto de las comillas cuando parafraseó al Profesor—. Sentí que no podíamos celebrar Navidad sin adornar —exhaló fuerte y sonrió—. No pensé que hacerlo me resultaría tan divertido.
—¿Te nació el espíritu navideño?
—Definitivamente sí.
Blossom fue hasta la cocina, Buttercup se sentó derecha en el sofá y miró a su alrededor. De verdad lo había hecho ella sola. Estaba orgullosa. Y ya más entrada la tarde, cuando todos los miembros de la familia había visto su trabajo, les aseguró que lo mejor sería en la noche. A las siete en punto, cuando Blossom iba a encender las luces del árbol, Buttercup encendió las otras que compró. Nadie se había dado cuenta de que también había adornado el jardín delantero. Salieron, con sus mascarillas, y observaron el nuevo juego de luces que había comprado. Blancas, pero con una terminación en estrella. Nadie lo decía, pero ella sabía que lo pensaban: la casa estaba bien iluminada, bien adornada, muy navideña.
Dentro de sí, sintió un cosquilleo, ese mismo que le afloraba cuando tenía muchos años menos y esperaba ansiosa la llegada de la Navidad por los regalos. Esta vez, estaba ansiosa por pasar una Navidad con su pequeña familia, la emoción no se había muerto ni con la pandemia. Estaba feliz, muy feliz, incluso quería ver las películas con Blossom. Se sentía diferente, pero se sentía bien. Una vez volvieron adentro de su hogar, resguardándose del frío, Buttercup les hizo una pregunta a su familia:
—¿Alguna vez os he dicho lo mucho que me gusta la Navidad?
"Oh, mi amor, hemos vivido en días difíciles.
Oh, amigo mío, tenemos las costumbres más extrañas.
Todos mis amigos en este día de días.
Gracias a Dios que es Navidad. Sí, es Navidad.
Gracias a Dios que es Navidad, por un día"
.
18 de diciembre, Buttercup
"Thank God it's Christmas"
Lenore's Tears, no sé si sea correcto decirlo, pero no puedo privártelo: grité de emoción cuando vi tu review. Gracias por leerme y por comentar, debo decir que estoy muy de acuerdo con las cosas que dijiste, sobre todo con el significado de la Navidad y las visitas, ¿no? ¡Yo sí pedí ese dato adicional! ¡Yo lo pedí, sí, sí! Jajaja. La gente ingrata siempre existe, y la detesto, pero si hace feliz a alguien, pues, vale, que seáis felices con las migajas (me puse odiosa). ¡No es necesario que leas a tiempo! Con que hayas leído la primera parte, me conformo. Muchas, muchas gracias por leerme, significa mucho para mí tener tu opinión. Pd: Aprovecho decirte que tu review en mi primera historia también me hizo llorar de emoción. Y gracias.
Sarai, ¡Viva la Navidad! Muy de acuerdo. Gracias por leer y comentar. Espero tú y tu familia tengáis unas excelentes fiestas.
Sript, sí, las rom-com en general son parecidas, las navideñas también, sin embargo, tienen cierto encanto. No mentiré, siempre es genial ver algo nuevo, jajaja. Perdona por hacerlos cortos, pero es que si me extiendo mucho, terminaré emocionándome demasiado y no, no, necesito llegar a un punto en específico, considerando que con capítulos diarios... lo siento... ¡Lo lograrás! Sé que puedes, estoy segura de que eres un tío grandioso. ¡Gracias por leer y comentar! (No te preocupes, Moratoria se actualizará pronto).
¡Hasta mañana! ¡Gracias por leer!
