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Capítulo XV
Crisis en el Ministerio
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La Madriguera
La señora Weasley, Molly, como cada año, había organizado una cena en honor a la noche de brujas, entre calabazas y velas, el clima había resultado perfecto para que la reunión fuera en el jardín.
La señora Weasley, Fleur, se había ofrecido para hacer las decoraciones, y aunque su talento para encantamientos era ciertamente indiscutible, tanto como su animosidad para ayudar a su suegra, poco había podido hacerse para que no demostrara abiertamente lo horroroso que le parecía el conjunto de ollas y sartenes abollados, que no combinaban entre sí y que estaban dispuestos sobre la impecable y elegante mesa en la que había trabajado buena parte de la tarde para un servicio tipo buffet.
La señora Weasley, Audrey, extrañamente se encontraba de buen humor, lo que la hacía soportable para el resto de los invitados y se había ofrecido para hacer un postre "adecuado y saludable", ya que por mucho que la familia elogiara las habilidades de cocina de la matriarca, ella consideraba que no era especialmente "saludable". El régimen alimenticio con el que cuidaba a su esposo e hijas era minucioso, pero dadas las circunstancias, no le quedaba más que resignarse a trabajar con lo que había. Después de todo, ella había accedido a asistir con la infinidad de parientes a la cena de noche de brujas, solo porque su marido le había asegurado que en Navidad estarían con su familia.
La señora Weasley, Angelina, ni siquiera había intentado ofrecerse voluntaria para la cocina, era una regla inquebrantable que había establecido su esposo para salvaguardar la vida de todos luego de conocer su nulo talento para cuando menos encender una estufa. Así que, en un intento por mostrarse tan servicial como el resto de las nueras, se había dedicado a ayudar a lavar los trastos que iban desocupándose conforme el laborioso proceso de cocina iba progresando.
La señora Potter, Ginny, era la única que ayudaba directamente a su madre. Parecía una tarea sencilla alimentar a tantas personas en una sola noche, pero la cocina tenía su grado de dificultad, y la edad de la señora Weasley, Molly, ya no era la misma que veinte años atrás cuando solo cocinaba para sus hijos.
A través de la ventana se podía ver el jardín, y en una mesa a todos los hombres riendo animosamente de algún chiste que contaba George. Ginny tenía el ceño fruncido y los miraba con recelo.
—Ellos también deberían ayudar —se quejó.
Pero su madre no le dio importancia al asunto y la apresuró para que pudieran cenar cuanto antes. Resultaba que Charles estaba de visita, aunque en realidad era más como una incapacidad médica tras un incidente con un dragón, y se quedaría hasta pasado Año Nuevo, y aquello era para su madre, la más extraordinaria de las noticias, no por el accidente claramente, sino por su mera presencia, por lo que no le pediría que siquiera recogiera el plato con el que comía.
Malcriar a los hijos era una tarea fácil, y en el caso de Ginny, Kreacher hacía una buena parte del trabajo obedeciendo sin chistar. Aunque ella había firmado la iniciativa de Hermione sobre el P.E.D.D.O. desde que estaban en el colegio, ofreciéndose ella misma junto con Harry, a hacer la liberación pública de Kreacher para campaña de reformas legislativas, resultó que tan solo de escuchar la idea, el elfo había tenido un ataque nervioso.
El único mago con conocimientos del tema que accedió a tratar al elfo como un paciente, ofreció una solución que, aunque indignó a Hermione, fue lo mejor que pudieron hacer por él: no liberarlo.
En ese momento, fue cuando Hermione comprendió que su estrategia estaba mal encausada, ella pretendía hacer cambiar a los magos, pero aun siendo evidente desde el colegio cuando ofendió a los elfos de Hogwarts dejando las prendas tejidas, no había comprendido el verdadero problema que representaba el quitarles el único propósito de sus vidas. La esclavitud, al nivel en que se encontraban, no era únicamente de los magos a los elfos, sino de los elfos a sí mismos.
Al menos ella tenía limpio a Kreacher y le daba un salario que el elfo aceptaba solo porque se le ordenaba, también tenía limitadas sus actividades en la casa y aunque en teoría podía entrar y salir cuando quisiera, generalmente estaba en el ático con Harry, ayudándolo en su trabajo como jefe de departamento, como un no oficial secretario y asistente.
—¡Ya está listo todo! —anunció finalmente la señora Weasley, Molly.
Hubo un momento en que todo mundo pareció dejar de hacer lo que estaba haciendo, reacomodándose para que empezaran a ocupar sus respectivos lugares en la mesa.
Sin embargo, en medio de una llamarada, de la chimenea emergió una joven bruja de túnica rosa.
—¿El señor Potter está aquí? preguntó en un grito mirando a todos lados con tal desesperación que parecía que iba a soltarse a llorar en cualquier momento.
—¿Señorita Cattermole? —preguntó Ginny mirándola sin soltar el pastel que llevaba en manos.
—¡Señora! ¡Es urgente que el señor Potter venga al ministerio ahora mismo! ¡Y el señor Weasley también!
Ginny corrió hacia el jardín a buscar a su marido, y supuso que el señor Weasley sería Ron, ya que no se le ocurría otro Weasley que pudiera requerir el departamento de aurores.
Los dos magos entraron apresuradamente, Harry reconoció enseguida a su secretaria que corrió para tomarlo por la túnica y arrastrarlo a la chimenea ante la atónita mirada del resto de los presentes, que se habían arremolinado para enterarse de lo sucedido, sin éxito en ello.
Ante la incertidumbre, ninguno realmente sintió mucha prisa en comer, Harry no era jefe de cualquier departamento, y si lo requerían a él precisamente con tanta desesperación solo podía indicar un mal presagio.
No obstante, no fue sino hasta veinte minutos después, cuando una lechuza al borde del desfallecimiento por lo agotadora de su travesía, llegaba con una carta de James explicando lo sucedido.
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Sede del Ministerio Británico de Magia
Harry fue arrastrado por su secretaria, no iban en dirección a su oficina, sino a un salón que denominaban de "asuntos especiales". Al abrir la puerta se encontró con el ministro de magia mismo y su personal de apoyo, a prácticamente todo el Departamento de Seguridad Mágica y a todos los jefes de los otros departamentos, excepto el de deportes, pero descartó eso enseguida porque también estaban Lucius y Draco Malfoy, quien solo tomaba por el hombro a su desconsolada esposa, que yacía en una silla llorando tan silenciosamente como podía, pero no lo suficiente como para pasar desapercibida.
—No le he podido explicar nada —se excusó la señorita Cattermole.
—Explicar, ¿qué? —preguntó Harry poniéndose tenso.
El ministro, aunque anciano, no había desaparecido de su mirada la fuerza del auror que fue tiempo atrás. Su voz era áspera y poderosa, aunque hablara en voz baja, y fue lo único que pudo sobreponerse a los sollozos de la señora Malfoy.
—Scorpius Malfoy, Hugo Weasley y tu hijo, Albus, fueron secuestrados por un mago insurrecto. Ya hemos desplegado varios equipos de búsqueda y nos mantenemos atentos para interceptar cualquier tipo de comunicación.
Ron emitió un gemido y poco le faltó para sentarse a llorar al lado de la señora Malfoy, en cambio, Harry solo apretó mucho los puños exigiendo que le explicaran punto por punto, para saber a quién tenía que buscar.
—De acuerdo al informe, todo tiene su origen desde hace un mes, Jareth apartó a los muchachos del resto de sus compañeros con pretexto de darles clases privadas. Esta noche, tras un atentado contra los docentes de Hogwarts, sacó a los chicos del colegio.
—¡¿Un atentado?! ¡Hermione! —chilló Ron.
—Tanto ella como el resto de los profesores ya están siendo atendidos.
—¿Podemos verla? —preguntaron al mismo tiempo Harry y Ron.
—Sé breve, Harry, te necesitamos aquí cuando llegue toda la información.
Con un movimiento de cabeza, el ministro de magia indicó a su asistente que los acompañara, sin embargo, a los tres magos se unió Draco, que no había pronunciado palabra y mantenía su expresión enfadada más arrogante. Harry apenas lo miró de soslayo, los Malfoy habían perdido todas sus influencias en el Ministerio desde hacía mucho tiempo, pero seguían siendo absurdamente ricos. Realmente no creía que el dinero fuese el objetivo, porque entonces Hugo no pintaba nada ahí, a menos que el más pequeño fuera el anzuelo para pescar a los otros dos.
Hermione no se encontraba en San Mungo como inicialmente creyeron, contra consejo de los sanadores, se había marchado directo a su oficina, dispuesta a buscar cualquier información que pudiese resultar de utilidad. Luego de un rato, finalmente había conseguido que le entregaran el expediente que concernía a la audiencia de Jareth y sentada en su escritorio, leía con el ceño muy fruncido. Apenas levantó la mirada cuando los cuatro magos llegaron, el asistente del ministro se retiró casi enseguida.
Ron caminó hacia su esposa, obligándola a levantar la mirada.
—Estoy bien, de verdad —dijo ella —. James los pudo seguir, pero dijo que les perdió en el Bosque Prohibido cuando una colmena de doxys no le permitió seguir.
—¿Y cómo está él? —preguntó Harry, ir al rescate de su hermano era algo en lo que sí podía imaginar a su hijo mayor.
—Lo mordieron un poco pero ya se tomó el antídoto y debería estar en la enfermería —dijo cansadamente, pero luego se giró hacia su marido señalando acusadoramente —. Te dije que no confiaba en él.
Ron desvió la mirada, ligeramente colorado, ya se había tardado en decir "te lo dije".
Harry se sentó en la silla de visitas tratando de ignorar, como todos, a Draco que se había cruzado de brazos detrás del jefe de aurores.
—¿Qué es lo que estás buscando, Hermione? —preguntó Harry remangándose la túnica para saber en qué podía ayudar. No desconfiaba del Ministerio, pero estaba más seguro de que Hermione organizaría más rápido la información para empezar la búsqueda.
—Primero, trato de entender qué hacía aquí como para recurrir a llevarse a mi hijo.
—Nuestros hijos.
Por primera vez en la noche, Draco había pronunciado palabra, y la frialdad de su voz obligó a los tres a mirarle.
—Los Malfoy, y los Weasley, al menos hasta él — dijo señalando con la mirada a Ron —. Han sido familias de sangre pura.
—¡No vamos a empezar con esas estupideces de la sangre pura! —chilló Hermione.
—Cállate Granger, trato de evitarte horas de papeleo innecesario.
La bruja guardó silencio, pese a que quería seguir gritándole.
—También los Potter, que descienden de los Peverell, hasta que James Potter se casó con Lily Evans. De acuerdo a mi padre, quienes realizaron el primer pacto con Undergroundfueron, naturalmente, familias de sangre pura. Desde que me fue informado el incidente, he estado pensando en muchas cosas y lo único que se me ocurre es que trata de usar a los muchachos para invalidar el pacto, después de todo, mestizos o no, son descendientes de las familias principales.
Hermione se sentó lentamente en su silla, recordaba haberlo visto buscando en un Directorio de sangre pura.
—Era para eso —susurró.
Ron miraba a Draco con desconfianza, pero dadas las circunstancias en las que su propio hijo también se encontraba en una situación comprometida, se enfocó solo en sus palabras y no la forma en la que las había dicho.
—¿Qué, exactamente, quiere hacer con los niños?
Draco se encogió de hombros.
—No hay ni un solo documento escrito sobre cómo se hizo en primer lugar ese pacto, pero hablamos de un hechizo lo suficientemente poderoso como para crear un tiempo y espacio. Lo único que sé, es que, si derrama una sola gota de la sangre de Scorpius, lo más seguro es que voy a terminar en Azkaban.
Hermione trató de calmarse, porque con toda la furia que bullía en ella, seguramente acabaría como compañera de Malfoy.
—¿Sabes cómo salió Jareth? — preguntó—. Si podemos encontrar la entrada, seguramente es ahí a donde los va a llevar, tiene que funcionar como puerta. O tal vez…
—Tal vez, antes de llegar a eso, está buscando a otros descendientes de las familias de sangre pura — sugirió Harry, el resto solo asintió —. Debo avisar al colegio, aunque estando ahí me parece extraño que no haya tomado a nadie más, hay varios chicos de las familias antiguas en curso. No creo que pueda acercarse de nuevo a la escuela después de lo que hizo con los profesores, pero enviaré a algunos aurores a que aseguren la zona.
—Debe de haber una manera de saber en dónde está justo ahora —repuso Ron, cuya expresión de angustia se mantenía persistente en su rostro pecoso.
—Voy a llevar a mi padre y a Astoria de regreso a la casa y veré si puedo encontrar algo que haya dejado algún antepasado, o quizás en la bóveda de Gringotts.
—Ron, quédate con Harry, yo iré con Draco para revisar más rápido, no creo que haya algo aquí que pueda servirnos.
Los tres magos se mostraron sorprendidos por la forma voluntariosa en que Hermione había dividido los equipos de trabajo, pero nadie replicó y el movimiento regresó en cuanto los cuatro entraron de vuelta a la oficina donde se encontraba reunido el ministro de Magia y el resto de jefes.
—Necesito contactar con todos los aurores disponibles —dijo Harry apenas terminó de exponerse la teoría de los chicos de sangre pura.
—No sé si haya suficientes, Harry. También me comunicaré con otros ministros de magia, esto es delicado, en referencia al primer pacto, hubo cooperación mágica de distintos países.
—Harry —susurró Ron —. Yo tengo un montón de hermanos en casa.
Harry recordó que, de hecho, él no había tenido la delicadeza de informar a su esposa de algo tan grave, así que le pidió a Ron que regresara e informara lo estrictamente necesario, con cuidado de no hablar de más. Luego miró a los Malfoy y a Hermione salir de la habitación, resistiendo el impulso de tomar su escoba y recorrer él mismo todo el país.
Comentarios y aclaraciones:
Me siento como el sombrero seleccionador "¿Otro Weasley?", las reuniones con todos casados deben ser épicas.
Bueno, no sé si podré publicar antes de fin de año, de cualquier forma, me adelantaré un poco por si no ¡Felices fiestas!
¡Gracias por leer!
