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Capítulo XVI
El ejército del Rey
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A Albus le avergonzaba admitir que le daba miedo montar en escoba. La sensación de que su estómago se comprimía y se quedaba en tierra mientras se elevaba el resto de su cuerpo, el ligero mareo cuando miraba hacia abajo, la sensación de cosquilleo en las manos que parecían aferrarse a la escoba hasta fusionarse con ella… todo eso le aterraba.
Descendía de familias con historia solemne en el quidditch, y una buena parte de sus parientes habían jugado en el equipo de Gryffindor. Remontándose a la historia cercana, sabía que sus tíos George y Fred fueron golpeadores de cuidado, su tío Ron había sido guardián, su abuelo James Potter había sido cazador, justo como su hermano James, su padre fue el buscador más joven de Gryffindor después de cien años ¡Su madre jugó profesionalmente con las Arpías de Holyhead!
Había mantenido el secreto de su miedo aun cuando Jareth dijo que usarían las escobas para emprender la huida del castillo, luego de la revuelta con los profesores. Los goblins ya estaban en el patio principal con las escobas listas, los tres montaron apenas a tiempo mientras que, por la puerta salía corriendo el mayor de los hermanos Potter llamándolos a gritos. Sin prestarle atención, emprendieron el vuelo detrás de Jareth que se había transformado en una lechuza blanca.
James había hecho un encantamiento convocador, un accio que le llevó su escoba en unos segundos. Albus entró en pánico, James era el mejor hechicero de su generación, todos lo decían, y por contexto, sin duda era mejor que él, que tan solo era un estudiante de segundo año. Pero cuando su hermano mayor tenía, además, una escoba en su poder, automáticamente quedaba puesto en otro nivel, uno ante el que era absolutamente imposible escapar.
La poca ventaja que tuvieron pronto se desvaneció ante la inverosímil velocidad que había alcanzado James en tan corta distancia. Albus chilló y eso alertó a Scorpius, que sacó su varita tratando de hacer caer al otro muchacho de la escoba.
—¡¿Qué haces?! ¡Es mi hermano!
—¡Ya lo sé! ¡Pero si nos alcanza, todo se echará a perder!
James evadía los hechizos con agilidad y en cuestión de segundos ya estaba prácticamente sobre ellos.
—¡¿Qué diablos haces, Albus?!
En ese instante, la lechuza blanca giró abruptamente casi chocando contra el muchacho. Aunque no hizo contacto realmente, la impresión le hizo perder control de la escoba por unos segundos. Pero antes de reponerse, una colmena de doxys lo envolvió por completo obligándolo a bajar antes de que cayera de la escoba.
De eso no había pasado más de media hora.
Albus pensó qué, con toda seguridad, su padre había movido a todo su departamento para buscarlo, por no hablar de lo que era capaz de hacer la madre de Hugo, a quien habían dejado aturdida, pero definitivamente mucho más furiosa de lo que había estado cuando descubrió su engaño con los goblins.
Respiró profundo mientras la lechuza blanca que iba al frente de ellos se desviaba silenciosamente en la trayectoria recta que habían estado siguiendo, e inclinó la dirección de la escoba cerrando las piernas con más fuerza.
—¿Estas bien? —preguntó Scorpius acercándose a él.
—Sí —mintió aumentando la velocidad un poco, cosa de la que se arrepintió casi enseguida —¡No te retrases, Hugo! —gritó después, solo por decir algo y tener pretexto para tomar aire por la boca.
Hugo iba casi a su lado, miraba detrás de si cada tanto, como si fuese a aparecer su madre en algún momento.
—¿Crees que me saque de la escuela después de esto? —preguntó el pequeño pelirrojo a Albus cuando se acercó a él.
—Tal vez… o tal vez al final entienda porqué lo estamos haciendo.
Hugo asintió y pareció más tranquilo. Su madre no siempre estaba malhumorada, era solo que no soportaba perder el control de las situaciones, especialmente las que consideraba peligrosas para sus hijos, lo que eran muchas cosas en realidad.
Cuando la veía mirando con reprobación alguna actividad, le parecía completamente imposible encajarla en las leyendas de Harry Potter, donde todo era potencialmente peligroso, en medio de una guerra y siendo de los principales indeseables de la comunidad mágica controlada por mortífagos.
Tal vez por eso era así, porque ella había vivido todos esos peligros y se había determinado a no dejar que Rose o él pasaran por ellos.
Pero si, en su momento, ella decidió tomar parte activa de la lucha contra los magos tenebrosos, él lo decidía también para evitar que todos esos horrores que su madre había enfrentado, regresaran de nuevo. Iba a proteger a su familia, incluso a su madre, que estaba mejor preparada que él para enfrentar cualquier cosa.
Sintió un escozor en los ojos.
Hacía unos años, cuando era más pequeño, pero su capacidad de recordar se hallaba bien desarrollada, estaban en casa arreglando el jardín. Su padre se hacía cargo de los gnomos y su madre estaba con Rose decidiendo las hortalizas que iban a sembrar, escogiéndolas de entre una enorme canasta con sobres de semillas.
Rose ya sabía leer perfectamente, pero él apenas empezaba a distinguir palabras completas. Su hermana tomó el sobre de las calabazas y lo llevó hasta un balde de agua para humedecerlas como su madre había indicado.
Hermione usaba ropas muggles cuando estaba en casa, y en ese momento llevaba una camisa sin mangas y pantalones que solía llamar "vaqueros", aunque él no comprendía cómo se había sacado eso de una vaca. Se quitó los largos guantes de jardinería para recogerse el pelo que cubría toda su espalda y caía sobre sus hombros.
—Saaaangre su-sucia —leyó en una marca rojiza que estaba en el blanco antebrazo de la mujer.
Su madre, espantada, giró la vista hacia él.
—¿Qué es eso? —preguntó él, señalando la marca.
Ella volvió a ponerse los guantes con cierta desesperación y le miró con una media sonrisa forzada.
—Se le llama así a los magos o brujas que uno de sus padres, o ambos, no son magos.
—¿Molly y Lucy son sangre sucia? —preguntó.
Sus primas, por parte de su tío Percy habían dicho que su madre no era una bruja, pero tenía un trabajo muy interesante que casi la hacía pasar por pocionera: se dedicaba a desarrollar fórmulas para medicamentos.
—Nunca —dijo su madre seriamente, pero sin levantar la voz —. Nunca, Hugo, nunca llames a alguien así.
—¿Es una mala palabra?
La vio tomar aire, ponerse nerviosa, se revolvió el cabello olvidando que lo quería recoger en una coleta.
—No… no realmente. Hugo, ninguna palabra es mala por sí misma, pero cuando las usa una persona, en cierto contexto, puede volverse cruel. Estas palabras han sido usadas por muchos años por magos que creen que existe tal cosa como la sangre pura para intentar avergonzar a los magos que no nacimos en una familia mágica.
Hermione relajó los brazos y volvió a quitarse el guante, dejándolo ver la marca de letras pequeñas y apretadas, sin entender cómo aun sabiendo leer tan poco, había podido reconocer los caracteres torcidos de Bellatrix Lestrange.
—¿Por qué la escribiste entonces?
Titubeó un poco, pero ella nunca mentía, siempre les contaba la verdad por incómoda que fuera, porque tenía la convicción de que los niños eran capaces de entender perfectamente todo.
—Yo no la puse… yo…— resopló mientras sus ojos se volvían más brillantes.
Hugo soltó un chillido cuando de pronto se vio en el aire. Su padre había llegado por detrás levantándolo sin aviso para darle un par de vueltas.
—¡Este gnomo de jardín es enorme! —dijo.
—¡Papá! ¡No soy un gnomo! —gritó sin contener la risa.
—¡¿No?! ¡Me habré confundido?!
—¡Soy Hugo! ¡Soy Hugo!
—¡Ah! ¡Eres Hugo!
Volvió a bajarlo y sintió que el suelo se movía por todas las vueltas que le había dado.
—¡Pero si te tambaleas como un gnomo!
Cayó casi sobre el regazo de su madre, mirándola a los ojos con dificultad debido a su mareo.
—Vuelve a preguntar eso cuando tengas quince años, o mejor diecisiete —le dijo su padre incorporándolo de nuevo y revolviendo su cabello —. Ahora, ve con Rose y traigan las escobas, hoy es mi turno de demostrarle a tu madre que les puedo enseñar algo útil a mis hijos.
—Yo nunca he dicho lo contrario, Ronald —se defendió ella.
Fue por su hermana, que se había distraído de la labor con las semillas al encontrar un camino de hormigas. Rose sentía una extraña fascinación por las criaturas no mágicas. Pero algo le hizo girar el rostro y vio que su madre se pasaba una mano por los ojos mientras su padre la abrazaba.
—Esta marca no significaría nada… pero cada que reaparece, es como si la escuchara reírse.
—Está bien, Hermione, está muerta.
—Lo sé, Ron.
No insistió en preguntar, pero cuando aprendió a leer con mayor fluidez, se entretenía con los libros de la biblioteca de su madre, tomándolos aleatoriamente, así encontró algunos concernientes a la guerra mágica. Para ese entonces tenía edad para aprender a sumar hechos y sacar conclusiones, invariablemente apuntaba al hecho de que su madre tenía una muy mala posición a miras de los partidarios de Lord Voldemort, y que claramente ella no se había puesto la marca por voluntad.
Pero la verdad exacta detrás de lo que debió vivir cuando se la pusieron, era algo que solo podía imaginar, una mezcla de verdades y mentiras circulaba con las leyendas de Harry Potter.
Una vez, en El Profeta, habían hecho un artículo sobre Hermione Jean Granger cuando se conmemoró el aniversario de la segunda -y definitiva- caída del Señor Tenebroso, que era como lo llamaban en los medios. Ahí, Rita Skeeter alababa su intelecto y valor al enfrentarse a "los horrores" de los mortífagos sin amedrentarse.
"Los horrores" era la expresión más vaga que había escuchado para intentar describir el trasfondo de esa marca que a veces estaba, y a veces no, en el brazo de su madre.
Hugo decidió no considerar que la reportera decía completamente la verdad, pues también le atribuía a su ingenio, la facilidad para seducir magos famosos como Viktor Krum y Harry Potter, más aún luego de un desagradable comentario hacia su tía Ginny, a quien calificó como una astuta Weasley caza fortunas, decidió que no seguiría leyendo.
En todo caso, el concepto continuaba latente en su memoria, con sus trazos rojizos sobre la piel blanca, casi obsesionándolo: Sangre sucia.
Jareth había dicho que realmente no existía la sangre pura en la comunidad mágica, reafirmando la teoría de su madre en ese punto, y que, aunque los magos se habían empeñado en la endogamia para mantener la magia dentro de la propia comunidad, resultaba innecesario.
Había poderosos magos en familias que no habían conocido la magia en alguna de sus muchas ramificaciones, y había hijos de magos que no eran capaces de ni siquiera lograr el más sencillo hechizo.
Hugo miró la lechuza blanca que volaba al frente de ellos guiándolos a lo que había llamado "el origen" de la magia moderna.
Jareth era un personaje inquietante, un mago como no había conocido a ningún otro. Ciertamente poderoso e impresionante en todas sus maneras, incluso las que no contenían la mínima necesidad de magia como caminar o jugar con la esfera de cristal entre sus dedos. Tanto Albus como él confiaban en Jareth de una manera casi absurda, aunque su primo había llegado a cuestionar sus verdaderas intenciones, aceptaron su propuesta, accedieron a ayudarle, aunque ello implicaba la necesidad de apartar a sus padres un instante, marchando de frente a una batalla que no era un juego.
De Scorpius no estaba seguro, si ellos dos confiaban, el joven rubio prácticamente se bebía los aires por el profesor
A sus once años, Hugo Weasley ya tenía la certeza de que esa decisión podía cambiar todo lo que conocía hasta el momento: el ministerio, el colegio, el mundo mágico que se recuperaba torpemente del miedo a las artes oscuras.
La lechuza ululó y bajó en picada, seguida por los tres magos hasta una planicie donde había un conjunto de piedras monumentales. Jareth recobró su aspecto humano tocando el suelo con cierta gracia teatral y ondeando la capa. Esperó a que los otros desmontaran de las escobas y solo apareció una de sus esferas de cristal que miró detenidamente unos instantes.
—Tenemos muy poco tiempo, Harry ha movilizado a todos los aurores a su cargo y Ron a pedido ayuda a sus hermanos —dijo desvaneciendo el cristal —. Hugo, el pilar de ahí, Albus, el de allá y Scorpius, tú te quedas aquí.
Habiendo conformado un triángulo con los muchachos, Jareth empezó a caminar entre ellos, dejando con la punta de su varita una línea de luz dorada.
Murmuraba algo, Hugo podía escucharlo claramente pero no entenderlo, así que pensó que estaba en otro idioma, le sonaba parecido al gaélico escocés que su padre había aprendido durante su periodo de entrenamiento para auror, y que usaba para molestar a su madre que no lo entendía.
Finalmente, Jareth terminó justo donde había empezado después de hacer tres óvalos con los extremos en punta, unidos por uno de estos extremos y rodeado por un círculo cerrado. Levantó el brazo haciendo que todo su trazo se elevara sobre sus cabezas, así que Hugo pudo reconocerlo, estaba en uno de los libros de runas de su madre; un nudo de triqueta, un nudo de la eternidad.
—¡Scorpius, empieza! —gritó Jareth recobrando la atención de los tres muchachos que se habían quedado absortos en la figura.
El chico levantó su varita apuntando al extremo que le correspondía.
—Vida, mente, doncella ¡Agua!
Enseguida Albus hizo lo mismo en su extremo.
—Muerte, espíritu, madre ¡Fuego!
Hugo sabía que no tenía parte en ese ritual, más que el marcar la tercera punta que en realidad era el lugar de Jareth, pero como él no sabía trazar el nudo, solo se mantuvo marcando el sitio. El mago se puso detrás de él, tomándolo por un hombro y levantó la fusta de cuero.
—Reencarnación, cuerpo, anciana ¡Tierra!
Las delgadas líneas del trazo emitieron una luz casi segadora, Hugo sintió un poderoso estremecimiento y solo pudo sostenerse en pie porque Jareth no lo había soltado.
La luz se desvaneció y Jareth chocó las palmas fuertemente.
—Nos vieron, no tenemos más que unos minutos —dijo señalando el césped quemado que había impregnado el trazo, dejando en el centro un agujero. Jareth apuntó su varita a ese lugar y dejó ir tres luces, tres hechizos que los chicos no habían escuchado antes.
Después, solo hubo silencio.
—No sucede nada —susurró Albus.
—Solo espera.
El silencio pronto se vio interrumpido por un silbido lejano que poco a poco comenzó a intensificarse. Del agujero súbitamente salió una bola de fuego y humo, seguida de otras cinco.
Los seis magos que habían emergido quedaron frente a Jareth.
El grupo era variopinto, claramente diferentes del resto de los magos que conocían.
—Es curioso —dijo uno de ellos mirando a su alrededor—. No parece impresionante.
—No hay tiempo para decidir si te gusta o no —dijo Jareth —. Tenemos que movernos rápido, en cuanto el pequeño Charlie llegue aquí, este pasadizo quedará inutilizable. Tenemos trece horas para resolver el hechizo del espacio-tiempo de Underground, transmutarlo y cerrarlo. Al cumplirse el plazo nos veremos en el camino de Ávalon. Si no conseguimos nuestro objetivo, con mayor razón habremos de reunirnos, regresaremos a Underground y se convocará al resto de las coronas.
Los seis magos asintieron mientras atrapaban al vuelo una esfera de cristal para cada uno de ellos.
—Cuando dijo, "el pequeño Charlie" ¿se refiere a mi tío Charlie? —preguntó Hugo. Pero no hubo necesidad de responder a ello, un hechizo de desarme cayó sobre Jareth, pero este logró desviarlo haciéndolo estallar en una de las rocas del monumento megalítico que apenas mostró una mancha oscura en su superficie.
—¡Albus! ¡Hugo! ¡Scorpius! ¡Corran! —gritó Charlie volviendo a atacar.
Uno de los seis magos saltó cubriendo a Jareth y a los niños convirtiéndose enseguida en un inmenso dragón negro que trató de atrapar al mago intruso de un mordisco.
—Creo que ese tipo no tiene oportunidad, el tío Charlie es especialista en dragones —dijo Hugo.
—Entonces aprovechemos el tiempo, aquí ya puedo aparecerme.
Jareth atrajo hacia él a los niños cubriéndolos con la capa y desapareciendo de ese lugar en un instante. Los cinco magos restantes también desaparecieron, y para cuando llegaron Bill y Fleur Weasley, Charlie ya tenía sometido al dragón, aunque había perdido a sus sobrinos.
Comentarios y aclaraciones:
*No me consta, pero en esta historia Audrey será muggle y será químico farmacéutico.
**Advertí que sí tomaba escenas de la película, y aunque en el libro no sucedió, para los fines de mi trama era necesaria específicamente esa escena de la marca en el brazo.
¡Gracias por leer!
