A-Z Saint Seiya
BORDE.
En algún punto la convivencia se había vuelto insoportable para los dos. Aunque ninguno sospechaba que el otro se sentía igual. Estar en la misma habitación sólo los hacía mirarse de esa forma que dolía, que quemaba. Y era más visible, para todos.
Últimamente volvían a pelear como cuando de chicos por cosas sin razón, sulfurándose, haciendo que su pecho doliera al escucharse hablar… suave, fuerte… de cualquier forma el corazón y la adrenalina los asaltaba.
La noche era calurosa y eso, aunado a la maraña que era su cabeza, hizo que Saori se levantara de su cama. Con sigilo, atravesó la casa y bajó por las escaleras rumbo al jardín. Afuera el viento soplaba fresco y su piel se erizó al contacto para después llenarla de calidez.
La chica dejó caer las lágrimas que se había guardado desde hacía mucho; Lo sabía, su cuerpo temblaba por él, su corazón latía porque él estaba vivo… porque la hacía sentir así.
Así que se entregó al sollozo, tapándose la cara con sus manos.
— N-No llores, por favor… —susurró la voz de Seiya detrás de ella. Saori se giró para encontrarse con el autor de todas sus noches en vela. Al parecer ella no era la única que no podía dormir— no lo soporto —confesó él, acercándose.
— S-Seiya —balbuceó entre el llanto y la sorpresa de verlo ahí, de pie. Tan bello como siempre, tan dulce. Sin embargo no pudo contenerse y nuevamente comenzó a llorar. Aquello la rebasaba… su amor estaba en el borde. Estaba plenamente consiente de lo que sentía y de lo fuerte que era. Le atraía como un imán. La arrastraba y arrasaba con ella… explotaba, moría y volvía a nacer una y otra vez, todos los días. Saori sabía que ya no podría contenerse.
Seiya la observó. Su cuerpo estaba iluminado por el halo de la luna y lo hizo temblar. Cuán hermosa era y cuán perfecta a sus ojos. Se sentía desarmado, expuesto, desnudo. Con ella podía ser él, un simple chico bromista y aunque sus posiciones eran diferentes, ella tenía la capacidad de hacerlo olvidar tal cosa. De forma instintiva, el castaño se acercó un poco más a ella y colocó una mano en la mejilla de la chica. Saori cerró los ojos, dejándose llevar. La observó así, pasiva, en silencio y supo que las palabras iban a desbordarse:
— Te amo —confesó—. Y ya no lo soporto y ya no puedo —dijo con voz cortada, permitiendo al llanto escapar, ese que era el mismo que a ella le adolecía, porque padecían de lo mismo.
— Y yo te amo a ti —susurró al mismo tiempo en que sus bellos ojos azules se abrían de par en par y el rostro se le enmarcaba con una sonrisa que lo contagió.
No hubo necesidad de más. Se miraron un tanto temerosos pero decididos. Esta vez Saori tomó la iniciativa, incapaz de soportarlo por más tiempo y guió el rostro de Seiya al suyo para sellar el destino con un apasionado beso.
Después, los dos se vieron envueltos en un abrazo tan fuerte que les reconfortó el alma.
Espero que les guste. Tengo trabajo, pero la inspiración llega y ya. Y en parte todo se debe a una canción... escuchen Gravity, de Coldplay. Enserio... ENSERIO.
