A-Z Saint Seiya

DIAMANTE

— Hoy es el día, Seiya. ¿Estás listo? —le preguntó Shiryu, mirando a su amigo arreglarse la pajarita frente al espejo.

— No lo estoy, pero lo haré —dijo el pegaso, evidentemente nervioso—. No sé porqué tanto alboroto de nuestra parte Shiryu… Saori sólo me pidió que la acompañara porque Tatsumi se rompió una pierna.

El mayordomo había rodado por las escaleras de la casa, caído estrepitosamente encima de su pierna izquierda y con ello arruinado la compañía de Saori para una cena de gala de caridad que tenía esa misma noche. Seiya había ayudado a subir al mayordomo a su cuarto, y cuando Saori y Tatsumi comenzaron a discutir sobre qué pasaría con la cena, la heredera le había dicho al viejo que no se preocupara:

Seiya podría acompañarme ¿Verdad? —le preguntó y el castaño podía jurar que se asomó un leve sonrojo en las mejillas de la chica.

Pues… sí claro —aceptó ante la mala gana del mayordomo que no tenía otra al estar derrotado y en cama con una pierna al aire.

Y ahí se encontraba Seiya, frente al espejo de su cuarto, terminando de acomodarse el smoking que Saori había rentado de ultimo momento para él.

— Sea como sea irás con ella Seiya, es la ocasión perfecta, tienes que decírselo —lo alentó.

— No sé si pueda Shiryu. Además yo preferiría un lugar diferente… a solas con ella, no sé… ahí habrá mucha gente importante y la ocasión no se me hace que lo amerite…

— ¿Entonces qué hago con el ramo de rosas que me encargaste? —exclamó el dragón exasperado—. ¡¿Quién te entiende?!

— ¿Las compraste? ¿En donde están? —exclamó emocionado.

— En el auto, en el asiento trasero —dijo, rodando los ojos. Seiya podía ser tan asfixiante si quería cuando estaba al borde del colapso.

— ¿Es un ramo bonito? ¿Es muy grande? Shiryu te dije que no quería nada ostentoso porque…

— Ya, ya ya. Nada ostentoso, sólo lo que me pediste. Hermoso, igual que ella.

Seiya sonrió ante el comentario. Se echó un último vistazo y bajó hasta la entrada de la mansión en donde lo aguardaba el auto que él conduciría. Había convencido a Saori de que no llegaran en limusina, pues quería conducir y tenía la esperanza de estar un poco más a solas con ella. La chica había aceptado.


Seiya subió al audi, ajustó los espejos conforme a su visión y se removió en el asiento de piel. Descubrió las llaves pegadas y no pudo resistirse a encender aquella máquina y escuchar su motor al acelerar.

— ¿Eres piloto de carreras o qué? —la voz de Saori en la ventana del copiloto lo sobresaltó.

— ¡Saori! —exclamó saliendo del auto de un brinco y llegando hasta ella para abrirle la puerta pero la visión de la chica con aquel vestido lo dejó paralizado. Saori llevaba puesto un vestido azul marino de gasa que tenia un bordado de flores y pequeñas perlitas sobre la parte del abdomen, pecho y caía de los hombros hasta los brazos. La chica llevaba además el cabello recogido en un chongo en la nuca y aretes de perlas en sus orejas. Se había delineado los ojos en negro y pintado los labios de rojo carmesí. Seiya sintió en ese momento que no sería capaz de conducir con ella al lado sin dejar de sentir nervios.

Dios —pensó para sí, sintiéndole las piernas temblar—. Te ves hermosa —exclamó en automático con los ojos en ella sin siquiera pensar en el peso de sus palabras. Estaba tan anonadado que ni siquiera se dio cuenta de que ella lo miraba igual. Saori admiró la figura atlética del muchacho enfundada en aquel smoking negro con moño y sintió que el piso se le iba a ir en cualquier momento. Agradeció mentalmente por que su mayordomo estuviera enyesado en algún cuarto de su mansión y subió al auto cuando Seiya pudo ser capaz de abrirle la puerta.

— B-Bien, a-andando —concedió él, nerviosísimo, encendiendo el carro—. ¿Quieres que ponga música o la radio? —le preguntó tratando de ser cortés y que no se creara un silencio incómodo entre ellos.

— No, me gusta así. El silencio no es incómodo entre nosotros —dijo ella con una tímida sonrisa y él asintió.

— ¿Sabes el camino? —le preguntó el chico tirando un poco de su cuello debido a los nervios.

— No te preocupes, te guiaré —sonrió ella.


Hacía cerca de veinte minutos en los que Seiya y Saori habían arribado a la cena de gala, oficiada en una enorme mansión tipo francesa. Apenas habían pisado los dos la entrada todas las miradas se fueron encima de ellos, y sobretodo de Saori que estaba deslumbrante. La chica saludaba a cada paso con un ademán a las personalidades ahí reunidas, y a otras tantas que se topaba de frente les regalaba una breve charla y presentaba a Seiya, lo cual lo hacia sentir un poco apenado pero agradecía que ella tuviera el detalle de presentarlo.

— Vaya, no tenía idea de que te conocerán tantas personas, Saori —comentó él observando a la gente a su alrededor mientras se dirigían a su mesa, atravesando el hermoso lugar.

— La mayoría son empresarios como lo era mi abuelo que se han dedicado a donar sus fortunas en pro de la caridad. He conocido a la mayoría porque la fundación Graude colabora con ellos en varios programas. A algunos otros los conozco desde pequeña, mi abuelo me traía a algunas fiestas.

— Mademoiselle Saori —pronunciaron su nombre detrás de su oreja, cosa que la sobresaltó y la hizo girar enseguida para descubrir el rostro que la llamaba.

— ¡Ah! ¡Pierre! —exclamó ella, sobresaltada—. Creí que habías vuelto a Francia.

— Nunca es tarde para venir a una cena de mi padre, más si vas a estar tú —Pierre, era un joven rubio de ojos azules y cuerpo delgado que sonreía socarronamente. Llevaba el cabello peinado hacia atrás e iba vestido con un elegante traje gris. Seiya no pasó por alto el ceño de sorpresa en la cara de Saori antes de recomponerse y sonreír. No se tenía que ser demasiado observador para darse cuenta de que aquel tipo estaba coqueteándole a Saori, cosa que le hizo hervir la sangre al caballero de pegaso.

— Disculpa, Seiya, no te he presentado, él es Pierre Lamarque, hijo de Monsieur Lamarque, anfitrión de la fiesta.

— Mucho gusto —el chico extendió la mano, misma que fue recibida con un intento de un apretón fuerte, sin embargo cuando Pierre vio que en la cara del joven no había ninguna mueca, desistió.

— Enchanté, Seiya. ¿Eres el novio de mademoiselle Saori? —se atrevió a preguntar sin miramientos, mientras los observaba. Había algo entre ellos dos que lo hacía sospechar que eran una pareja y si era así, su plan de esa noche se había arruinado.

Ambos se miraron de reojo con los corazones rebosantes.

— No —contestó Seiya con pesar, a sabiendas de que su respuesta le daría todo el pie a Pierre de lanzársele a Saori encima.

— Seiya es un amigo muy especial —acertó a decir ella, que hubiera dado lo que fuera porque el chico hubiera dicho que sí aunque fuera mentira—. Y si nos disculpas, morimos de hambre e iremos a ocupar nuestros lugares.

— Adelante, sean bienvenidos —dijo el rubio abriendo los brazos en señal de bienvenida.

Saori deslizó su brazo y lo colocó en el brazo del chico mientras avanzaban. Llegaron a una mesa para diez personas del otro lado del saloncito, misma que estaba vacía para su suerte.

Seiya estaba un poco distraído. Su mente vagaba por Pierre y Saori. ¿En dónde se habrían conocido? ¿A ella le gustaba él? ¿Él se le había declarado ya? Era evidente que no, sino no le hubiera hablado de esa forma tan insinuante sin siquiera molestarse en reparar que lo llevaba a él como acompañante. Las palabras de Saori, diciendo que era un amigo muy especial le daban vueltas una y otra vez. ¿Y si sólo significaba eso para ella? ¿Y si se había hecho las mas tontas ilusiones?

— Seiya… —lo sacudió Saori de un hombro.

— ¿Qué…?

— Ya han servido nuestra comida ¿no tienes hambre? —le dijo extrañada al ver que él ni siquiera había reparado en la comida.

— Sí, es sólo… —estuvo a punto de preguntarle por Pierre, cuando el mesero llegó con dos copas de lo que parecía era champaña.

— Gracias —dijo ella—. Y a ti también Seiya, por estar aquí conmigo. Seguramente tienes mejores cosas qué hacer y sin embargo te arrastré hasta aquí, espero que no te sientas incómodo.

Claro —pensó el chico—. Jugar poker con los chicos mientras vemos una película de esas que le gustan a Shun, no sabes de lo que me estoy perdiendo Saori—. Bueno, nunca antes había usado un traje tan costoso y no conozco a nadie, pero, estoy bien, me da gusto estar aquí contigo y eso merece un brindis —dijo, cambiando totalmente la atmósfera de su discurso que había comenzado tímido hasta tornarlo con su tan acostumbrado sentido del humor.

Ambos tomaron sus copas y las chocaron brevemente. Sonrieron ante el chasquido.

— Por esta velada —dijo Seiya con una amplia sonrisa.

— Por esta velada —repitió ella y ambos dieron un sorbo a sus bebidas.

Cenaron mientras platicaban y el salón iba llenándose. A su mesa arribaron algunos ministros y secretarios del gobierno, pero no les hicieron mucho caso porque ambos estaban divertidos platicando. Saori le describía a Seiya a cada uno de los invitados que conocía y algunas anécdotas chistosas de la persona en cuestión que le había tocado escuchar por ahí.

Al finalizar la cena, la música se hizo presente y Seiya se armó de valor para llevar a la chica a la pista.

— ¿Me concedería esta pieza, princesa? —preguntó con todo el valor que le fue posible, tratando de que no se notaran sus nervios en la voz.

— Sería un honor —respondió ella tomando la mano del moreno. Seiya pensó que se negaría porque jamás había sabido que ella bailara en sus reuniones o cenas.

En ese momento en la pista, bailaron de todo cuanto pusieron, sin pena ni tapujos. Eran sólo ellos dos, divertidos y acoplados, sin siquiera pretenderlo.

Saori se sentía como en un sueño, uno de esos que había tenido en varias ocasiones y sabía que nunca podría realizar. En realidad no le importaba mucho aquella cena y aquellas personalidades, lo único que quería era inmortalizar ese momento con Seiya y guardarlo para siempre en su corazón, pues sería lo más cercano que podrían llegar a estar. Que Tatsumi la perdonara, pero que se hubiera roto la pierna justamente ese día había sido una suerte.

Entonces la música cambió drásticamente y fue el turno de una canción lenta. Seiya estuvo a punto de retirarse de la pista cuando sintió que ella lo tomó de los hombros y recostó su cabeza en uno de ellos. Él, tragó saliva y colocó sus manos en la delgada cintura de la chica mientras no dejaban de dar vueltas lentamente.

Fue entonces cuando él supo que el momento había llegado. Su corazón latía de prisa, desbocado y pedía a gritos decírselo, fuera cual fuera la respuesta de la chica, aunque claro, esperaba que ella lo correspondiera.

— Debo ir un momento al tocador —lo sorprendió la voz de Saori en su cuello, aun sin despegarse de él.

— Creo que yo también… —mintió, aprovechando ese breve momento para poder ir por el ramo que Shiryu había preparado—. ¿Te parece si nos vemos en la mesa en unos minutos?

— Es buena idea —asintió ella y desapareció de entre la gente.

Seiya salió corriendo como loco del lugar y se dirigió al estacionamiento. Desactivó la alarma del carro y abrió una de las puertas traseras. En el asiento descansaba un pequeño ramo de astromelias blancas y moradas envueltas en celofán con un elegante moño morado. Seiya agradeció en silencio conocer bastante a la heredera para saber que sería de su agrado y regresó hecho un huracán hacia el salón.

Al acercarse a la mesa se dio cuenta de que no había rastro de Saori. Y pensó que tal vez seguía en el tocador. Esperó cinco minutos más con impaciencia en su asiento, mirando para todos lados.

Por impulso se levantó, teniendo una mala sensación. Decidió recorrer el lugar.


— Estás más hermosa que la última vez que te vi —dijo Pierre en tono seductor.

— Gracias —contestó ella que no sentía nada con el halago pero no quería ser grosera—. Pierre, no quiero ser grosera pero Seiya me está esperando —el muchacho la había llevado al salón de té con la excusa de que su padre quería hablar con ella, sin embargo al entrar a la habitación ella se dio cuenta de que se trataba de una mentira pues sólo se encontraban ellos dos

— Pues que espere. Yo he esperado más que él para este momento te lo aseguro —dijo indiferente.

— De verdad, debo regresar. Él va a preocuparse —sin embargo él no hizo caso a su comentario y se acercó a ella, tomándole ambas manos. Saori resistió el impulso de soltarse.

— Eres hermosa, tienes clase… me encantas Saori —confesó al fin sin miramientos—. Y creo que seríamos la pareja perfecta. Hemos sido amigos desde hace cinco años. Y desde ese día en que te conocí, no he dejado de pensar en ti. Es por eso en que he regresado, sólo por esta velada contigo…

Pierre se inclinó ante ella y sacó una cajita negra de su pantalón.

— Saori Kido, ¿quieres ser mi esposa? —abrió la caja y dejó entrever un enorme diamante sobre una base de plata.


Seiya veía la escena desde la puerta del salón de té. Desde ahí podía ver el enorme diamante de aquel anillo de compromiso, y se sintió miserable y tonto sosteniendo su sencillo ramito de flores. Él sólo era un amigo de Saori, un caballero que debía protegerla. Jamás estaría su altura. Jamás tendría el dinero para rentarse por sí solo un traje como el que portaba en esos momentos o comprarle un anillo de ese tamaño. Jamás sería tan importante para codearse con toda esa gente que ella frecuentaba… jamás podría alcanzarla.

— Pierre, ponte de pie por favor —pidió ella, incomodándose.

— No, hasta que me des la respuesta que quiero escuchar.

— Siento muchísimo no tener esa respuesta, pero no puedo casarme contigo. Mi corazón es de alguien más, desde hace muchos años —aseguró la jovencita con tal fervor que desencajó a Pierre.

— ¿Quién? —exclamó con enojo, totalmente fuera de sí al escuchar la respuesta en negativa.

— Eso no es de tu incumbencia. Si me disculpas, debo retirarme —dio media vuelta, dejando al chico aún hincado, con el anillo en la mano.

Cuando Saori llegó a la puerta encontró a Seiya acongojado.

— Vámonos —Saori lo tomó por una de sus muñecas y lo jaló hacia fuera ante las miradas y murmullos de todos en la fiesta.

El castaño reaccionó hasta que estuvieron dentro del auto.

— No era mi intención espiarte —se disculpó, aun con el ramo entre las manos, incapaz de dárselo—. Te estaba buscando por que… y llegué hasta ahí, perdón.

— No importa, vámonos —urgió Saori, que quería salir corriendo de ahí.

— Era un anillo enorme y precioso… seguramente era muy caro…

— ¿Qué tratas de decir? —preguntó extrañadísima del comentario de su acompañante.

— Y yo… tienes razón es hora de irnos…

— Espera, ¿y ese ramo?

— Es para ti. Perdona si es pequeño, es para lo que me alcanzó —confesó, escondiendo su cara al borde de las lágrimas manteniendo su cabeza gacha.

— Seiya, son hermosas, son mis favoritas —sonrió mientras las olía. Sin embargo al notar la expresión de chico la sonrisa desapareció y su semblante cambió a la preocupación—. ¿Qué sucede? ¿Qué tienes?

— Es todo lo que puedo… es decir yo, nunca podré estar a tu altura… ¿Qué cosas digo? Salgamos de aquí —encendió el carro pero ella lo detuvo posando su mano en la de él.

— Necesito saber que pasa, Seiya —exigió con dulzura, poniendo una mano sobre su mejilla, obligándola a mirarlo. Los castaños ojos del chico eran tristes y ella sentía desesperación de lo incierto de la situación— ¿Qué tratas de decirme?

— Quería darte ese ramo y… pues… —vaciló, pero en su mente escuchó la voz de Shiryu que le decía que le dijera—, he tratado toda la noche de decirte que te amo —a Saori le dio un vuelco el corazón y sus ojos se llenaron de lágrimas—. Quería que todo fuera perfecto pero estando aquí me di cuenta que no soy quién, yo no podré estar a tu altura nunca. Este es tu mundo, estas personas que te conocen por ser Saori Kido y dedicarte a los negocios de tu abuelo, y pues yo no soy más que un simple caballero y tu amigo…

Aquel necio discurso fue interrumpido por el beso repentino que Saori le plantó en los labios. Seiya, sorprendido tardó un segundo en darse cuenta de lo que pasaba pero correspondió enseguida rodeando el cuerpo de la chica con sus brazos. Se besaron con urgencia pero dulcemente, acompasados, disfrutando por primera vez los labios del otro.

— Jamás digas eso, jamás. No me importa un diamante, eso no me deslumbra ni me impresiona —dijo ella cuando se separaron—. Seiya he pasado la mejor noche de mi vida contigo, bailando como jamás lo había hecho, riendo… sintiéndome dichosa porque estás aquí conmigo. Por favor no pienses así —volvió a besarlo y él sintió que la cabeza le daba vueltas—. Te he amado desde hace tanto tiempo, con tanto miedo de esto por que no se detenía y crecía cada vez más, que ahora no me importa nada. Nunca me ha importado lo que tengas o no, te amo a ti. Te amo, Seiya —pronunció dulcemente mientras le acunaba su rostro.

— ¿Sabes? Estoy muy nervioso… toda la velada me la pasé temblando por que te ves realmente hermosa hoy, bueno todos los días —vaciló—, pero hoy muchísimo más, estoy deslumbrado. Ni siquiera sé que decir, aunque quisiera decir tantas cosas que tengo guardadas.

— No digas nada ahora —comentó ella acercándose a su rostro nuevamente—. Sólo bésame.


¿Ya ven? Les dije que no iba a tener fecha para actualizar y anoche mis musas hicieron de las suyas y termine dúrmiéndome 2:30 por escribir esto. Ya deberían visitarme en mis demás historias que tengo sin avanzar!

Pues ya vamos en la letra D, ¿que les pareció? En este caso quise mostrar ese lado que tiene Saori (que por supuesto ella no eligió pero tuvo la suerte de que un rico la hiciera su nieta) de señorita de sociedad con múltiples compromisos. Y pues Seiya al no ser de ese círculo se siente un tanto incómodo, aunque disfrutaron bastante el llega a la loca conclusión de que no está a la "altura de Saori" y pues a ella por supuesto eso no le interesa en lo más mínimo. También quise poner a Saori más lanzada, ella siempre es la tímida o la que se detiene a pensar las cosas antes de (virgo teníamos que ser), pero me agradó que ella lo callara con un beso :3

Gracias por leer, espero que les haya gustado. Si mis musas me vuelven a visitar, nos leemos pronto.

Princesa Saiyajin.