A-Z Saint Seiya
ESPERANZA
— Adelante, querido Aioria —indicó Saori a su fiel caballero de Leo que había pedido una audiencia con ella a primera hora del día—. Dime, ¿qué es eso tan importante que quieres comunicarme?
El castaño llegó hasta su diosa y se hincó en una pierna frente a ella que se encontraba sentada en su trono. Había meditado mucho el hecho de ir a verla para hablar de algo tan delicado. Sabía que iba a inmiscuirse en algo prohibido por el santuario, que tendría repercusiones en todos de hacerse público, pero si había una posibilidad de que las cosas salieran bien, entonces él quería intentarlo.
— Mi señora, he venido aquí para hablar de algo que inquieta mi corazón —Saori pudo ver en los ojos de su caballero la duda e incertidumbre y una extraña sensación la invadió. Ella asintió con la cabeza indicándole que podía continuar—. No quiero darle muchas vueltas a esto, pero… —alzó la vista y clavó su mirada en la de su amada Diosa—. La otra noche la vi con Seiya en el bosque que rodea el santuario y… los vi besándose —él desvió enseguida la mirada totalmente apenado de lo que estaba diciendo y Saori pegó un brinco poniéndose de pie y dándole la espalda tratando de ocultar su sorpresa y su vergüenza.
Hacía dos noches, ella y Seiya habían dado un paseo nocturno, aprovechando que el chico se encontraba en el santuario y que ella no podía dormir. Se habían alejado un poco de sus aposentos y las 12 casas y en un arranque Seiya la había confrontado con sus sentimientos confesando que la amaba con locura. Al principio ella se había resistido, pero cuando él le demandó por una respuesta, esta misma llegó en forma de un beso. Nunca vieron que alguien los siguiera ni escucharon nada por lo cual había pensado que estaban fuera de peligro y que podrían mantener aquello en secreto. Nunca se hubiera imaginado que Aioria de Leo había sido testigo de la aceptación del amor que ambos se profesaban, así que en ese momento solo le quedaba clamar por que él guardara su secreto.
— Eso que viste fue un error, Aioria, uno muy grande —se dio vuelta y lo miró con profunda pena—. Nunca debí… yo… no tengo una justificación que darte, no la tengo…
— Tú lo amas —aseguró el dorado con serenidad. Sólo quería saberlo de su propia voz. Ella escudriñó sus ojos y pudo sentir la confianza de confesarlo:
— Si, lo amo.
— Él también te ama, lo sé… lo veo en sus ojos —ella se permitió sonreir por un breve segundo.
— Estoy consciente de nuestra situación. Mi vida no es la que me preocupa, es él quién corre un gran peligro. Si todos se enteraran Seiya perdería todo y lo único que tiene es su armadura, el santuario, sus amigos, ustedes sus compañeros… por favor Aioria, te hablo como Saori y no como Athena, porque soy yo, la mujer y no la diosa la que a ama a Seiya como hombre no como pegaso, por favor, guarda este secreto, te lo pido con el alma —se acercó a él y cayó de rodillas frente al caballero león tomándole las manos con fuerza y derramando lágrimas de dolor.
— Tu secreto estará a salvo conmigo Saori, nunca te traicionaría, ni como diosa, ni como amiga. Siento mucho que las cosas entre ustedes sean asi…
— Son imposibles, las cosas entre nosotros son prohibidas, son incorrectas y…
— Por favor no me digas eso, no me digas que son imposibles porque… si he venido aquí a decirte esto no es para juzgarte a ti y a Seiya, sino más bien porque tengo esperanza en mi corazón —fue el turno de él para que las lágrimas poblaran sus ojos verdes.
— Aioria… tú… —ella buscó en su mirada, tratando de entender porqué parecía que sufrían por lo mismo. No tardó mucho en enterarse porque ella también estaba al tanto—. Es por Marin ¿cierto?
— Lo sabes —exclamó, sorprendido.
— Lo veo en tus ojos… —sonrió ella, acunándole el rostro con sus blancas manos.
— Quisiera salir corriendo y besarla como Seiya lo ha hecho contigo. Quisiera decirle que todo esto que siento me quema por dentro desde hace años, bueno ya lo sabe, en parte, pero hay más, mucho más que quisiera decirle con libertad —Saori no pudo evitar sonreír al ver a su caballero hablar de esa forma de la mujer que amaba—. Con sólo mirarla o escucharla mi cuerpo tiembla… ella es demasiado recta si quiera para romper alguna regla y yo… al verlos a ustedes pensé que quizás podrías…
— Puedo ayudarte —comprendió enseguida. Lo que había movido el inmenso corazón de su caballero era la esperanza de poder estar con Marin como Seiya y ella lo estaban de cierta forma—. Yo no impuse estas reglas, se han seguido por generaciones y no puedo garantizar que salga bien o que ante los ojos de los demás sea correcto. Sé que lo que yo hago está mal, pero no puedo evitar amar a Seiya. Sin embargo lo de ustedes es un poco diferente… así que, tienen mi consentimiento.
— A-Athena… ¿D-De verdad?
— Así viniera otro caballero a hacerme la misma petición lo haría. Todos merecen amar y ser amados más allá de mí. Yo los amo a todos, pero nosotros los humanos necesitamos más que eso. Ve por ella y dile lo que sientes sin ataduras… sólo te pido que sean discretos.
— Gracias, gracias —dijo besándole las manos.
— Espera, voy a darte algo —Saori se volvió hacia una mesita que estaba detrás de su trono, tomó papel y lápiz y escribió algo en aquella hoja. Habiendo finalizado la dobló y se la extendió—. Dásela a Marin.
Aioria golpeó como loco la puerta de la cabaña de Marín. Eran las ocho de la mañana, sabía que la amazona ya estaría despierta y quizás en medio de su entrenamiento matutino, pero no lo importaba interrumpirla necesitaba hablar con ella con urgencia.
— ¡Hey! ¿Qué pasa? ¿Quién golpea mi puerta de esa forma…? —exclamó el águila abriendo la puerta y desconcertándose al encontrarse al caballero—. ¡Aioria! ¿Qué…?
— ¿Puedo pasar…? —pidió con urgencia.
— Sí, claro… —la chica se hizo a un lado y él entró a la chocita. Marin le echó un vistazo a los al rededores para asegurarse de que nadie los hubiera visto.
— ¿Qué tienes? ¿Por qué estás tan nervioso?
— Tienes que leer esto —el león le extendió un trozo de papel doblado y ella leyó:
"Siempre estaré a favor del amor. Sé que has cargado tu máscara desde hace mucho tiempo, pero por hoy, permítele al hombre que amas y que te ama, conocer tu hermoso rostro. Tienen mi apoyo como Saori y como Athena"
Marin terminó de leer y un temblor se apoderó de todo su cuerpo. ¿Significaba lo que creía?
— ¿Qué has hecho? ¿Qué le has dicho? Aioria, te dije que esto es…
— Imposible. Lo sé. Pero no lo es —rebatió tomándola por las manos—. Ha sido inevitable para mí enamorarme de cómo eres. Estoy loco por ti y quiero estar a tu lado. Sé que me dijiste que no podíamos hacer algo así y que eran las reglas del santuario, que corríamos peligro. Pero se lo he dicho y ella nos ha dado su bendición, su permiso y su apoyo, Marín...
— Aunque ella me lo pida, no voy a hacerlo —tajó la pelirroja. Aioria sabía muy bien que de no ser por la máscara, una mirada impenetrablemente seria y de reproche lo estaría encarando. Pero él no iba a desistir, no ahora que tenían el permiso, no ahora que la esperanza se había materializado. El león se hincó frente a ella y miró a los orificios de la máscara en dónde se hallaban escondidos los ojos de su amada—. Aioria… ¿qué…?
— Perdóname todo este atrevimiento, sé que esto es… un poco raro en mí, el ir en contra de lo que me has pedido, pero Marín, te juro por lo más sagrado que tengo en la vida, que eres tú, que no seguiría con esto sino supiera que todo va a estar bien —el corazón del águila dio un vuelco y un escalofrío nervioso la recorrió—. No nos pondría en peligro, no desobedecería a Athena si ella me lo hubiera prohibido, pero al contrario, ella ha bendecido nuestro amor. Ella se alegra de que nosotros podamos amarnos libremente y quiere que lo hagamos porque ella…
— Ella no puede —susurró Marin, sabiendo exactamente que se refería a Seiya. Aioria asintió.
— Sé que es una regla, pero ella nos ha dado permiso… además siempre he creído que el amor es lo que nos mueve a todos. Cuando comencé a amarte tuve miedo de perder tu amistad y perderte para siempre, pero cuando descubrí que me amabas igual supe que esto no podía ser una maldición y que no podía ser algo que estaba mal simplemente por lo que dice un tonto papel escrito hace siglos. Déjame ser más dichoso… déjame amarte y déjame sentir todo el amor que tienes para mí, por favor. Marín, sé que esto te quema tanto como a mí y que no seremos capaces de soportarlo por más tiempo —ella lo miraba detrás de su máscara, sonrojada, anonadada, feliz… con ganas de llorar, eufórica. Eso amaba de él, por eso estaba tan enamorada de Leo. Era todo un caballero. Impulsivo por supuesto, temperamental y muy fuerte, pero precisamente eso la volvía loca de él; sus dos facetas. Podía ser el hombre más caballeroso, respetuoso y gentil y a la vez el más bravo y tosco. Tenía razón. Su amor estaba bendecido, incluso antes de que Athena lo consintiera. Era bendito por el simple hecho de existir y ser mutuo.
— No creo que a los demás les parezca.
— ¡Pues al diablo con ellos! Voy a defender esto de quien sea, te lo juro —prometió con una chispa de determinación en los ojos que jamás le había conocido.
Marín se quedó en silencio, aun contemplando al hombre de su vida hincado a su merced y sopesando la situación. Sin embargo no tenía nada más que pensar o rebatir, lo deseaba tanto como él y estaba seguro que Aioria no dejaría que nadie se metieran con ellos. Así que se llevó una mano al rostro y pudo percibir cómo el cuerpo y el semblante de Aioria se tensaron.
— Cierra los ojos, por favor —le pidió ella. Él se puso de pie y obedeció. Marín se quitó la máscara y enseguida las lágrimas que había estado reprimiendo aparecieron en señal de rendición. Aquella chica fuerte y recta lloraba por sentirse la mujer más feliz del mundo en ese momento que jamás creyó posible. Se acercó un poco más a la cara del rubio y percibió su hermosa y fina piel como nunca antes. Puso atención a sus pestañas y cejas y descubrió que eran un tono más oscuras que su cabello rubio natural. Era más guapo de lo que la máscara le había permitido ver. Posó las yemas de sus dedos en las mejillas del Aioria y las acarició comprobando la suavidad de su cutis. Él comenzó a llorar, aún con los ojos cerrados.
— Te amo, Marin… te amo tanto —la joven maestra no pudo reprimirse más y se lanzó a sus labios. El beso fue correspondido de inmediato entre lágrimas y sonrisas. Aioria le tocó el rostro, erizándose al contacto de tan suave piel, aun sin atreverse a abrir los ojos. Le acarició el cabello de fuego y con una mano rodeó su delgada cintura para pegarla más a él. Quería amarla así por siempre y estaba seguro que así sería.
Cuando se separaron, él mantuvo los ojos cerrados, pero ya no quería postergar el momento:
— Quiero verte, por favor —rogó el caballero de oro.
— Hazlo —concedió ella, tomándole una palma y apretándosela muy fuerte. Cuando Aioria abrió los ojos, descubrió el bello rostro de su amada, aquel con el que fantaseaba todas las noches antes de ir a dormir: Los ojos de Marín eran marrones y hermosos, rodeados por una fila de pestañas muy tupidas. Sus cejas pelirrojas eran delgadas y definidas y enmarcaban perfectamente su rostro. Su nariz era delgada y respingada rematada con unas cuantas pequitas en la punta que se extendían en sus pómulos. Sus labios eran rosados carnosos y la sonrisa que se asomaba por ellos estaba a punto de hacerlo caer de rodillas.
— Eres más hermosa de lo que pensé. Me gustas, mucho… aún más de lo que ya me gustabas —Marin se sonrojó una vez más y soltó una carcajada. Él depositó un beso en su frente y ella provechó para mirar con detalle y muy de cerca los hermosos ojos verdes del león.
— Te amo, Aioria. Te amo, te amo… —repitió escuchando su propia voz y sintiendo algo en la boca del estómago. Él la abrazó con fuerza—. ¿Si sabes que esto es una locura? —le preguntó, aspirando el delicioso aroma de su cuello.
— Es una locura, pero mientras nos amemos como ya lo hacemos, habrá esperanza de que las cosas salgan bien.
Estoy volviendo a las andadas! Y espero fervientemente que esto sea el inicio del fin de este horrible bloqueo que traigo desde hace no sé cuanto tiempo. Bien aunque no en su totalidad este capítulo involucra a Seiya y Saori, si quise poner algo de ellos y hacer el cambio con mi otra pareja favorita y darle protagonismo.
Curiosamente esta historia se me ocurrió fuera del A-Z y la dejé inconclusa no sabía cómo seguir en un párrafo determinado y oh sorpresa, me puse a escuchar el OST de Saint Seiya mientras recortada unas cosas y voilà! Esto es mágico! Dije: "Tengo que terminar ese fic" y de pronto me di cuenta que le había dado el nombre de "Esperanza" y que justamente en mi auto reto del A-Z me había atorado en la letra "E" porque ningún titulo me convencía, nada que empezara con E me inspiraba a escribir algo y bueno... he aquí este capítulo. Espero que les guste y les agradezco por seguir aquí pese a que ya casi no actualizo. La verdad, a parte del bloqueo, no me encuentro en un buen momento de mi vida, quería como enfocar todo en escribir, pero la verdad es que no podía, ni tenía ganas ni nada, pero bueno hoy se pudo y espero que sea así en adelante!
Princesa Saiyajin.
