Caso perdido
La casa medía cuatro metros de largo y seis de fondo, se dividía en dos plantas, o una y media, según se mirara.
Al abrir la puerta se llegaba a una minúscula sala en la que solo había entrado un sillón de dos plazas y uno individual que ya tenía en el departamento, la mesa de centro no era suya ni tampoco la mesa consola sobre la que estaban un montón de libros. Una desprolija chimenea lucía oscura y fría en una de las paredes con un par de leños a su lado para completar el cuadro. El comedor redondo con dos sillas, que tampoco recordaba que le perteneciera, estaba a un lado y descubrió que su propia mesa se había convertido en una encimera para la cocina a solo unos pasos, si es que se podía llamar cocina al conjunto de refrigerador, estufa y la mesa/encimera. La alacena había quedado bajo las escaleras que llevaban a la planta superior, que en realidad era un entresuelo, sobresalía como un balcón por lo que se podía ver desde la sala de estar la cama y el armario, así como la puerta al cuarto de baño que, por algún motivo, al entrar resultaba ser mucho más grande de lo que aparentaba, incluso había una bañera de latón en la que él, siendo un hombre bastante grande, alcanzaba perfectamente.
Pese a todo, la casa era más pequeña que su anterior departamento.
Lo deducía porque, aunque había algunos muebles nuevos, faltaban muchas de sus cosas, como sus aparatos de entrenamiento, que en el departamento tenían su propia habitación.
Justo al pensar en ello, un escalofrío le recorrió el cuerpo.
"No puedes conservarlos", le había dicho Hermione sin atreverse a mirarlo a los ojos, "se prestaría a malinterpretaciones".
No tuvo necesidad de preguntar a qué malinterpretaciones se prestaría su rutina de entrenamiento, solo tuvo que hilar algunos otros comentarios que habían hecho tanto ella como su jefe:
"Eres el hombre lobo más grande que haya visto en mi vida"
"De modo que estos aparatos te ayudan a ser tan fuerte"
A eso se resumía todo.
De forma general, le habían explicado la regla de proporciones que respetaba la transformación y mientras más grande y musculoso fuera como humano, la bestia lo sería igualmente.
No se podía hacer nada con respecto a su altura, pero la musculatura si sería un conflicto si la seguía trabajando.
¿Cómo no considerarlo peligroso si como humano era perfectamente capaz de levantar hasta 300 kg? ¿De qué sería capaz como lobo?
Hombre lobo.
El nombre se repetía en su mente con insistencia, como si una parte de su cabeza no terminara de creer que esa era su nueva realidad, mientras que la otra parecía divertirse con esa ingenuidad.
Se dio cuenta de que había estado dando vueltas en la minúscula planta baja hasta un punto en que era mareante, como si hubiese estado girando sobre sus talones.
Llegó a comprender entonces el verdadero significado de "bestia enjaulada".
Aún podía sentir su corazón palpitando con fuerza, como si estuviera en su cabeza. No necesitaba mirarse en el espejo para saber que las venas de sus sienes empezaban a notarse y su rostro aún tenía el color rojizo que había adquirido por las arcadas.
Pasaba de la media noche, le habían dejado libre el día siguiente luego de los reproches por haberle hecho trabajar inmediatamente tras su primera luna llena.
"Pero si fuiste tú la que lo trajo", se había quejado el señor Weasley con la chica, aunque ella lo ignoró.
Hermione había insistido en quedarse, pero él no aceptaba la idea de tenerla cerca en esas circunstancias.
¿Y si se alteraba demasiado?
Le había dicho que las películas exageraban, que él solo podría cambiar con la luna llena y no cada que sus emociones lo desbordaran, pero, aunque no le creciera el pelo y los colmillos, lo cierto era que se había lanzado contra un cordero cuando hacía años que había rechazado, por asco, la carne.
No estaba seguro de qué podría hacerle, y no quería lastimar a la única persona que se había preocupado tanto por él, desde que era un niño.
La sensación sanguinolenta de la carne en su boca persistía, atenuando el sabor del jugo gástrico.
Entre el ir y venir no podía evitar mirar el montón de libros que le había dejado Hermione para que se familiarizara con el mundo mágico, y entre ellos estaba un tomo que había descartado, pero que esa tarde se volvió fundamental: Anarquía lupina.
No era un volumen grueso, pero no era un lector ávido, y tan ansioso como estaba, le resultó imposible imaginarse abriéndolo para buscar alguna respuesta que calmara sus ánimos.
Se pasó una mano por el cabello, sintiéndolo húmedo y pegajoso por el sudor.
No lo soportó más, tenía que salir.
Tomó su rompevientos y abrió la puerta con más fuerza de la necesaria, de igual forma la cerró y emprendió la carrera, internándose en la arboleda que delimitaba el jardín de la casa. El paso tranquilo con el que solía empezar a correr quedó rápidamente descartado y en lugar de buscar un sendero empezó a moverse rápidamente entre los árboles, saltando las ramas, dejando que su cuerpo le diera una necesaria dosis de adrenalina y no se detuvo sino hasta que sintió que sus pulmones iban a reventar, casi cuando el sol despuntaba.
Jadeando, se dejó caer de rodillas.
"Eres un monstruo"
.
—Harry dice que fue escalofriante.
—Lo fue, es mucho más grande que el profesor Lupin, creo que, si lo enfrentáramos a otros hombres lobo, les ganaría a todos con mucha facilidad.
—¡No des ideas! —se quejó Ron reprimiendo un bostezo —¡Las peleas ilegales de crups ya son un fastidio! Antes muerto que andar controlando peleas de hombres lobo.
—No seas tonto, sería imposible organizar algo así, no se puede controlar a un hombre lobo.
Ron la miró con una ceja arqueada.
—La poción matalobos no evita la transformación —le dijo.
Hermione frunció el ceño al darse cuenda de que sí había una manera de dar un espectáculo grotesco que involucrara hombres lobo, y su mente voló enseguida a un montón de implicaciones en las que se dio cuenta que, de existir, no serían ilegales.
—¿Qué he hecho? —se lamentó Ron al darse una vaga idea del motivo por el que se había quedado callada.
El reloj marcó el medio día, y las campanadas trajeron de vuelta a Hermione.
—¿Crees que esté bien? —preguntó la bruja.
Ron se encogió de hombros. Decirle que sí, que lo iba a superar pronto, era una mentira monumental.
—No. Pero tampoco creo que lo mejor sea que estés sobre de él. Ni siquiera te conoce.
Hermione se mordió el labio. No estaba segura de ser capaz de ignorar todo el día a Sasha. Ni siquiera estaba segura de que había pasado la peor parte.
Pasó la noche leyendo Anarquía lupina. Emerett Picaerdy aseguraba bastantes cosas sin fundamentación, pero había podido rescatar algunas observaciones que había hecho tras vigilar a diferentes hombres lobo durante casi seis años, entre ellas, estaba la dieta, invariablemente ligada a la carne roja, pues, aunque había notado la caza de aves como habitual, citando masacres en gallineros, también había determinado que solo la carne roja causaba una sensación de saciedad que controlaba, por un par de horas, "el vigor" del licántropo.
"Quizás esté relacionado con la ansiedad", pensó en la madrugada, cuando tras un epílogo terriblemente prejuicioso que incitaba a "controlar" la población de hombres lobo, se dio cuenta de que necesitaban asegurar una dieta adecuada que evitara otro incidente como el del Caldero Chorreante.
—Debo hablar con mis padres —dijo poniéndose de pie —¿Quieres venir?
Ron negó con la cabeza, ella no se lo reprochó, se le notaba cansado, así que le dio un beso y desapareció, reapareciendo de nuevo en su habitación en casa de sus padres. Sacó el teléfono celular y mandó un mensaje avisándoles que había llegado, casi enseguida su madre respondió que estaban en la sala de estar, solos. Hacía eso porque, si había visitas, que bajara las escaleras cuando se supone no estaba, resultaría raro.
Bajó rápidamente, y luego de besarlos y contarles fugazmente cosas sin importancia, empezaron a preparar algo para almorzar.
—¿Conocen a un buen psicólogo? —preguntó.
—¿Para qué lo necesitas, nena? —preguntó su padre, terminando de preparar su emparedado.
—Es que necesito ayuda con un caso, y no hay una disciplina mágica que se parezca a lo que necesito.
Sus padres intercambiaron miradas, pero Hermione tenía la impresión de que no era porque habían recordado a alguien.
—¿Sucede algo?
—Bueno… es que tu padre y yo hemos hablado al respecto, es solo una idea, pero podría ayudarte ¿sabes?
—¿Sobre qué?
—Es que nos parece bien que tengas trabajo, te hace independiente y responsable, pero ¿no has considerado seguir estudiando? ¿Profesionalizarte?
—Estoy en eso, mi trabajo en el Ministerio es más parecido a una pasantía, hasta que el señor Diggory no me dé su autorización, no puedo considerarme calificada para el puesto.
—Lo sé, nena, nos lo explicaste, pero tenemos la impresión de que todo es más a prueba y error que un sistema confiable.
Hermione no pudo rechazar ese argumento porque era verdad. En su trabajo, no había nada escrito que fuera verdaderamente útil.
—Pero aún si yo misma decido estudiar Psicología —dijo tras pensarlo un rato y comprender el punto que sus padres querían tocar con ese comentario—, sigue sin ser muy útil, porque el problema tengo que resolverlo ahora, no en cinco años que obtenga el título.
—¿Eso significa que lo vas a pensar? —preguntó su padre sirviendo los tres vasos de jugo.
—Sí, supongo.
La mañana continuó, aunque los pensamientos de la bruja se encontraban apenas en la conversación de sus padres.
Cuando era una niña, mucho antes de recibir su carta de Hogwarts, no tenía claro lo que quería. Como la mayoría de los niños, un día decía que quería ser médico, luego maestra, abogada o cuando la desbordaba el amor a sus padres, dentista. Pero tras su tercer año en el colegio de magia, cuando se dio a la tarea de buscar las especialidades que había para dedicarse profesionalmente, tuvo más claro a dónde quería llegar.
Si bien con el tiempo empezó a considerar que tal vez no llegaría a adulta, debido a la odisea que tuvieron que realizar, no fue sino hasta que regresó a la escuela, después de la guerra, que eligió su vocación.
El señor Diggory la había aceptado con mucha emoción, aunque ella no estaba segura del todo por el motivo, y con él, estaba dando los pasos inseguros sobre lo que tenían que hacer para lograr un avance en su departamento, uno que estaba afectando a la comunidad mágica desde sus orígenes y lo tenía en la memoria por el profesor Lupin, sentía que se lo debía, porque nadie había luchado por él, cuando él murió por todos.
—Vamos al cine —dijo su madre de pronto —. Hay una película que quiero ver.
Hermione no se sentía con ánimos, pero su padre insistió, y ya que posiblemente no los vería por el resto de la semana, decidió que quizás podría aprovechar para pensar en otra cosa.
Aún tenía algo de ropa en su antigua habitación así que fue a cambiarse. Se estaba abotonando el abrigo cuando miró su teléfono. Le había dado el número a Sasha, si necesitaba algo le llamaría.
Suspiró.
A veces sentía que estaba perdiendo la cabeza por preocuparse de todo.
Comentarios y aclaraciones:
¿Creen que Hermione debería ir a visitarlo?
¡Gracias por leer!
