Gotas de lluvia

El tono de espera en las llamadas telefónicas era algo que solía ponerlo nervioso. No estaba seguro del motivo, no se escuchaba como el cronómetro de la cuenta atrás para una bomba o un concurso de preguntas que le podría dar dinero suficiente para vivir sin trabajar el resto de su vida.

Tal vez era solo la espera en sí.

O el miedo de que no le quisieran responder.

O que lo hicieran, pero apenas dijera algo, le cortaran.

La llamada finalmente entró, y al escuchar la voz al otro lado de la línea, un pánico insoportable se apoderó de él, por lo que acabó colgando la bocina.

El timbre de la puerta lo sobresaltó, incluso estuvo seguro de que contuvo el aliento por un tiempo que le pareció excesivamente largo.

Para cuando Hermione se anunció, comprendió que tenía los nervios destrozados, que era ridículo vivir de esa manera y si no se calmaba, aunque no cambiara de forma, el episodio del cordero se iba a repetir, de peor forma, teniendo en consideración que esa vez estaba completamente calmado, intentando disfrutar de una de esas cervezas dulzonas.

—¡Un momento!

Se puso una camiseta ya que se había dado una ducha y no acababa de vestirse aun cuando se armó de valor para hacer la llamada. Si bien ese valor no había durado lo suficiente como para decir una sola palabra.

Bajó las escaleras saltando los escalones de dos en dos para alcanzar la puerta.

Hermione, que siempre tenía que levantar levemente el rostro para poder mirarlo a los ojos, tenía una expresión enfadada, lo que le hizo preguntarse si siempre sería así, o solo le enfadaba hacerse cargo de él.

—¿Vamos tarde? —preguntó.

Ella movió la cabeza de un lado a otro.

—Es solo que la gente suele ser muy poco empática.

—Me imagino que es difícil sentir empatía por algo que puede darte una muerte muy desagradable.

Alguien —corrigió Hermione —. Sigues siendo alguien.

Sasha aseguró bien la puerta con la llave, aunque la bruja sacó su varita e hizo un movimiento mientras susurraba algo.

—Entonces, ¿cuál es plan? —se animó a preguntar.

—Quebrantar la ley —le respondió.

Sasha se rio. Le habría recordado a la caricatura de los ratones blancos, cuando le preguntaban al cabezón qué harían esa noche, y este respondía: "Tratar de conquistar el mundo". Sin embargo, ella seguía con el ceño fruncido, el aire meditabundo junto con un silencio que se estaba pronunciando más de lo necesario.

Tragó saliva preguntándose de qué manera tenía planeado hacerlo cuando le extendió la mano, algo que ya había hecho antes, cuando hacía el truco de teletransportarse, algo que no le gustaba porque le revolvía el estómago.

Abrió los ojos solo hasta que volvió a sentir el piso bajo sus pies. El desconcierto solo fue en aumento cuando se percató de que estaban en una cómoda y amplia habitación, de un barrio perfectamente normal, según miró por la ventana.

—Bien —dijo de pronto, apartando un mechón de cabello que había quedado en su cara —. Esta es la casa de mis papás, ambos son personas sin magia; muggles, pero por obvias razones comprenden ciertas cosas del mundo mágico, y me van a ayudar con lo que pretendo.

Sasha asintió, y cuando le indicó que tenían que bajar, se sintió como un adolescente de nuevo. No tenía manera de explicar el sentimiento de nerviosismo que le daba conocer a los padres de una chica, aun cuando la chica en cuestión no tenía ninguna relación con él.

—Papá, mamá. Él es Aleksandr Mijáilovich Kuznetsov.

El chico se sintió auténticamente impresionado de la forma tan correcta en que había recordado y pronunciado su nombre.

—Pueden llamarme solo Sasha —agregó, inclinando la cabeza levemente.

—Es el chico del que les hable.

El matrimonio estaba perplejo, intercambiaron miradas un momento, lo que hizo que Sasha bajara la cabeza, concentrándose en el piso. Hermione, por su parte hizo una mueca para reprenderlos. Les había dicho desde el principio las circunstancias por las que pasaba, pero no habían sido capaces de controlar su reacción.

—Buenas tardes —consiguió decir la señora Granger —. Perdona, es que Hermione no dijo que eras tan guapo.

—Sobre todo, comparado con su novio.

—¡Papá! —chilló Hermione, completamente escandalizada. El hombre se encogió de hombros, con una sonrisa burlona, y su hija se cubrió la cara con ambas manos —. Solo vámonos, tenemos poco tiempo.

Los cuatro subieron al auto familiar, con el señor Granger al volante y el resto en silencio.

—Estaremos en el café —dijo la señora Granger, tomando su bolso. Su hija asintió e instó a su compañero a salir.

—Estamos en la ciudad —observó Sasha, poniéndose tenso.

—Lo sé —le dijo.

—Pero no puedo estar cerca de un muggle a menos de 250 metros —dijo entre dientes.

Hermione lo tomó de la mano con firmeza para hacerle avanzar.

—Te dije íbamos a quebrantar la ley.

El lugar era una plaza comercial bastante sencilla, de hecho, estaba casi al aire libre. Una veintena de locales se distribuían en una media luna en dos niveles. Al medio, estaba una fuente más o menos grande, de tres esferas de piedra, y unas escaleras en cada costado.

Los señores Granger, como habían dicho, se separaron de ellos y se metieron en un bonito café con el título de "Bistró" en el techo desplegado que cobijaba un par de mesas en el exterior.

Ellos, por su parte, siguieron hacia la planta alta, más o menos al medio en un local bastante grande que se anunciaba como una consulta de especialistas en rendimiento deportivo.

Un timbre anunció la entrada y una muchacha de recepción, les pidió que aguardaran en la sala y cambió el letrero de "abierto" a "cerrado". Enseguida salió a su encuentro un hombre maduro que vestía una bata bajo la que se notaba un atuendo deportivo.

—Gracias Betty —le dijo a la recepcionista —. Ya puedes irte, me quedo con ellos.

La muchacha, que ya tenía su bolsa en la mano, asintió y sin decir nada más, salió casi corriendo.

—Señorita Granger —continuó, mirando a la bruja, tendiéndole la mano. Hermione la estrechó con entusiasmo y luego pasó a Sasha, haciendo lo mismo, aunque él dudó en aceptar.

—Él será parte de nuestro proyecto —dijo Hermione —. No vas a contagiarlo.

Tímidamente, Sasha correspondió el saludo, aunque lo hizo brevemente

—¿Están todos?

El hombre asintió y luego de corroborar que estaba bien cerrado, los condujo a lo que parecía ser la consulta. Ahí estaba otro hombre, considerablemente mayor que todos, y una muchacha rubia con unas gafas de sol rosa brillante.

Todos se pusieron de pie, y Hermione se adelantó para presentarlos debidamente.

—Él es Aleksandr Mijáilovich Kuznetsov, Sasha.

Él asintió a modo de saludo.

—Y yo Hermione Jean Granger, trabajo en el Departamento de regulación y control de Criaturas Mágicas, y fui asignada para asistir a Sasha en su reinserción social.

Hermione continuó, empezando por el hombre que les había recibido.

—El doctor Scott Hirvonen es especialista en nutrición deportiva y medicina del deporte. Su madre es una bruja, su padre es médico traumatólogo. Va a asistirnos en unas dudas que tengo al respecto de las necesidades nutrimentales y energéticas de Sasha, así como su rendimiento.

Pasó al siguiente, al hombre mayor de semblante duro.

—El doctor Michael Ogier, es psiquiatra, y tratará el estrés postraumático, además de averiguar si es posible la teoría de que el lobo sea una entidad independiente, o es parte del trauma. Él no tiene ningún vínculo con el mundo mágico, ha sido recomendado por mi padre por su excelente trayectoria.

El doctor levantó una ceja, y ella lo notó, su padre le había advertido de lo escéptico que se encontraba en el asunto, y que quizás solamente había acudido para valorar si no tenía que intervenirla a ella, que, para los parámetros del Reino Unido, era menor de edad todavía, y temía que sus padres negligentes alentaran sus fantasías de ser una bruja.

Tan solo esperaba que no le diera un infarto.

—La señorita Luna Lovegood es colega mía en el Departamento de regulación y control de Criaturas Mágicas.

—Hola —saludó la joven con la voz más dulce que Sasha había escuchado en toda su vida, tanto que no pudo evitar el sonreírle.

—Bien, ahora que todos nos conocemos. Tenemos que empezar. Le entregué un informe a cada uno esta mañana sobre lo que me parecieron los pasos más lógicos, y quisiera saber su opinión al respecto.

El doctor Scott Hirvonen se adelantó

—A mi me parece todo correcto. Y con los informes que me facilitaste sobre su condición anterior al evento, creo que puedo hacer un estudio muy interesante de su evolución.

Sasha lo miró, y comprendió entonces por qué, hacía unos días, le había pedido su historial médico y cualquier documento donde registrara su progreso en fuerza, velocidad y resistencia. Él los tenía porque su último instructor le había dejado la costumbre, pero no esperaba que tuvieran alguna validez al no tener quién los corroborara.

—Excelente, ¿entonces haremos las mediciones?

El psiquiatra intervino, había carraspeado para llamar la atención y entonces Hermione se acercó a él.

—Antes de que diga nada, doctor.

Le apuntó con la varita y sin más, lo convirtió en un gato.

Sasha arqueó una ceja. No podía decir que era lo más raro que había visto, y ya le habían explicado la diferencia entre una transformación mediante encantamiento, los animagos y su caso particular.

La buja se giró hacia el otro doctor.

—Mientras el doctor Ogier asimila lo que sucede, hagamos las mediciones.

Luna se levantó de su sitio, recogió al gato, y dando saltitos fue detrás de los demás.

"Es como una niña", pensó Sasha, consiente de que en realidad debería tener la edad de Hermione.

Sasha se sintió tan extraño de hacer algo familiar, pero a medida que le hacían las pruebas, parecía recobrar el ritmo.

—Es fuerte —dijo Luna cuando hizo el levantamiento de pesas —. Es como en los cuentos griegos.

—Lo era más —respondió el doctor revisando sus notas.

—Lo siento —se disculpó Sasha —. Creo que es porque he descansado varios días, perdí el ritmo.

Luna hizo un mohín y anotó algo en su cuaderno.

—La luna llena será en tres días —dijo, mientras acomodaba al gato que se había deslizado por su regazo—. ¿Los hombres lobo no experimentan una decaída en su salud antes de eso? ¿O solo le pasaba al profesor Lupin?

Nadie le pudo responder, aunque el doctor hizo un movimiento con el dedo, como si le estuviera dando la razón.

—Tenemos que repetir esta rutina después de la transformación, y en algún punto medio, ¿luna nueva sería útil? —dijo, también tomando notas, pero él en la computadora — ¡No! ¡Esperen! Si está sujeto a la luna, tendríamos que vigilar su relación en las demás fases, que incluiría cuarto creciente y cuarto menguante.

—Esta parece la mejor opción. Así podríamos sustentar mejor la idea de que, fuera del plenilunio, son personas completamente normales —dijo Hermione.

—O no —secundó el doctor.

La bruja la miró con el ceño fruncido.

—Señorita Granger, una parte fundamental de la investigación, es que los resultados no necesariamente son como los deseamos. Son lo que deben de ser. Y esto es una investigación formal a un hombre lobo. Nuestro propósito es dignificar su posición en la sociedad, es verdad, pero es incluso más importante comprender los peores aspectos, para que estos no sean un problema.

Hermione no podía discutir eso.

—Tenemos que reorganizar la agenda —dijo Luna —, no puedo solo desaparecerme del Ministerio, mi jefa empezaría a hacer preguntas, es estupenda, pero no le gustan los hombres lobo.

—Y hay que hablar con George—repuso Hermione —, para salir al menos un par de horas por las tardes.

El doctor se llevó la mano al mentón.

—¿Y si hay diferencia entre el día y la noche?

Los cuatro se miraron.

—Señorita Granger —dijo después el doctor—, por favor devuelva al doctor Ogier a la normalidad, su cara de gato consternado es aterradora.


Comentarios y aclaraciones:

Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.

¡Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.

Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!

Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

¡Gracias por leer!