MARTINI

— ¡Aioria! ¡Buenos días! —lo saludó Seiya animado mientras se acercaba a él junto con Shiryu, Hyoga y Shun que habían llegado al santuario.

— No son buenos chicos, créanme —dijo el León fastidiado.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó Shun, inocente.

— Athena tuvo un contratiempo con su vuelo de regreso, se sentía algo indispuesta así que llegará junto con Marin y Shaina mañana si tenemos suerte, el problema es que tenía una visita que llegaría el día de hoy y dada la situación me ha pedido que me encargue de él y oh… —el dorado detuvo su relato cuando el ruido del motor de un auto, zumbaba potente acercándose. Aioria suspiró—. Parece que ahí viene.

— ¿Quién es…? —preguntó Hyoga, sin embargo recibió la respuesta casi enseguida.

Un auto deportivo color rojo se detuvo frente a ellos haciendo que el polvo se levantase. La puerta del lujoso vehículo se abrió y de él bajó el mismísimo Julian Solo.

— Buenos días —saludó jovial, mientras se quitaba sus lentes de sol y los aventaba al asiento de piel de aquel Porsche. Aioria lo reverenció de mala gana y los bronceados hicieron lo mismo aún sin creer que fuera él.

— Athena… no, Saori —dijo sonriendo—, me comunicó acerca de su inconveniente para viajar, sin embargo, me dijo que su fiel Aioria de Leo me recibiría y haría de mi estancia algo muy placentero —Aioria tuvo que contener el impulso de poner en blanco los ojos. Aquella presunción con la que hablaba el tipo era un asco.

— Así es, mi señor —habló Aioria ahora viendo a Julián a los ojos—. Me encargaré de usted hasta que mi señora regrese y espero que sea pronto —la reencarnación de Poseidón alzó una ceja. El dorado le sostuvo una falsa sonrisa—, ya que no queremos hacerlo esperar tanto, ni aburrirlo en este lugar.

— Ah, lo sé el santuario puede ser un lugar demasiado tranquilo sin muchas cosas qué hacer y la verdad más que entrenar, pero, no me apetece, sin embargo… Saori me comentó que tenían una celebración esta noche por el cumpleaños de cierto caballero, emm ¿cuál es su nombre? —Aioria maldijo para sus adentros.

— Aldebarán de Tauro, señor.

— Exactamente… ¿Estoy invitado? —preguntó haciendo un ademán con las manos.

— P-Por supuesto… —el joven caballero sintió que la fiesta se había arruinado aun sin haber empezado.

— Muy bien, entonces creo que, iré a mis aposentos a descansar para esperar por ese festejo —se adelantó, hasta que paró en la presencia de los caballeros de bronce—. Ah, Pegaso ¿Estabas aquí? —Seiya lo miró, indignado. Por supuesto que los había notado pero aquel tipo era un mal educado—, y todo su séquito, vaya recibimiento, muchas gracias caballeros, son dignos representantes de su diosa.

— Bienvenido —dijo Shiryu tratando de ser amable.

— Sígame señor —anunció Aioria con un gesto.

— Nos veremos más tarde caballeros —dijo el joven Solo y les guiño un ojo.


Aioria suspiró cuando llegó a la puerta trasera de la casa de Tauro. Se detuvo y esperó a que Julián llegara hasta él. Después le pediría disculpas a su gran amigo por arruinarle la celebración con semejante presencia petulante. Sabía que no era culpa de Athena, sin embargo, aquel tipo le caía en la punta del pie y tenía que esforzarse demasiado para que no se notase y no fuera a hacerle algún desaire que lo metiera en problemas. En ese momento pensó en Marin y en que le hacía falta la prudencia de su amiga y amor secreto, para poder manejar ese tipo de situaciones y lamentó que no se encontrara ahí con ellos.

El bullicio y las risas se escuchaban desde afuera. Al parecer se habían reunido la mayoría de los caballeros.

— Bien, pues, después de ti Leo —dijo el invitado.

Aioria entró. Caminó unos cuantos metros hasta que llegó al corazón de la casa de Tauro en donde estaba dispuesta una larga mesa abarrotada de comida de absolutamente todo tipo. Aldebarán era conocido por su excelente gusto por los platillos de variedad en color y sabor, y en su fiesta de cumpleaños no se esperaba menos. Sus amigos dorados y los de bronce que también estaban ahí, se quedaron en silencio al verlo llegar con semejante compañía. Aioria estaba a punto de hablar cuando Julián Solo se tomó el atrevimiento.

— Buenas tardes a todos, caballeros. Soy Julián Solo, aunque ustedes ya me conocen ¿no es así? Lamento la interrupción tan abrupta en su fiesta. Mi querida amiga Saori ha tenido un retraso en su vuelo y lamentablemente me reuniré con ella hasta el día de mañana, sin embargo, me informó que tenían esta reunión el día de hoy y le pidió a su buen compañero Aioria de Leo que me trajera —el León pensó para sus adentros que más bien él se había invitado solo, para desgracia de todos—. No quisiera representar una incomodidad entre ustedes, así que quisiera pedirles que perdamos un poco la formalidad y nos tuteemos, sin importar nuestros rangos. Y no se preocupen por tal impertinencia, esto es algo que no me preocupa y no trascenderá a ser tomado como algún tipo de insolencia —Afrodita hizo una mueca con los ojos bien abiertos y Máscara mortal y Seiya lo pusieron en blanco—. Por favor, acéptenme en sus filas y prosigamos a pasar un rato agradable.

— Muy bien, Julián, sé bienvenido a esta celebración —Aldebarán se puso de pie y extendió sus enormes brazos en señal de bienvenida—. Siéntate a mi lado, por favor, serás mi invitado de honor.

— Perfecto, es estupendo —dijo Julián animado mientras se acercaba a la mesa. Pasaba frente a los caballeros sentados y los saludaba con un gesto con la cabeza. Saga lo miró con recelo. El recién llegado se sentó al lado de Aldebarán hacia su derecha y a su izquierda Aioria tomó asiento pues no podía dejarlo y desentenderse, ya que Saori se lo había encargado y quería vigilarlo. Frente a ellos estaban Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun. Al lado de Aioria estaba el tranquilo Shaka conversando con Camus y frente a ellos Milo y Shura. Del otro lado de la mesa, en la esquina, se encontraban Afrodita, Máscara y frente a ellos dos, Saga y finalmente Mu. Las conversaciones que se habían visto interrumpidas por la entrada de Aioria y Julián se reanudaron sin más. Parecía que nadie le prestaba mayor importancia a la presencia de Julián, cosa que incomodó a aquel magnate acostumbrado a ser el centro de atención. Sabía que estaba en desventaja con ellos, porque eran muchos, y no buscaba problemas pero, le encantaba hacerse notar, así que decidió tomar las riendas de la situación e hizo una pregunta crucial que cambiaría el rumbo de aquella tarde:

— ¿Me sirven un Martini? —el bullicio cesó nuevamente hasta que la risa estruendosa del cumpleañero la interrumpió.

— Te voy a decir una cosa Julián —lo señaló—, podrás ser toda una personalidad de dónde vienes y quizás tengas muchos lujos y gustos… "finos" —dijo haciendo comillas con los dedos, sus compañeros rieron—, pero aquí no tomamos ese tipo de cosas, aquí, todos somos hombres de honor y formados a lo, digamos, rudimentario. Así cómo lo ves de serio, hasta el mismísimo Shaka le entra sin discriminación alguna a nuestro ritmo —Julián se asomó a ver al rubio que tenía a unos metros de distancia quién se encogió de hombros—, y tú no vas a ser la excepción a la regla. Por favor Seiya, hazme el honor de servirle a nuestro invitado lo que vamos a tomar esta tarde, mientras yo le explico —Seiya miró al joven Solo con una sonrisa de superioridad marcada, se puso de pie y tomó un ánfora de barro que estaba frente a ellos en medio de la mesa. El castaño tomó la especie de copa con azas largas frente a Julián y le sirvió.

— Esta belleza es vino y va servido en esa copa curiosa que ves llamada kylix. Asi tomamos los griegos.

— ¿Vino? ¿Toman vino? —dijo el de cabellos azules, algo burlón.

— Oh, no, no es un simple "vino", este es Vino de Quíos, el mejor vino de Grecia, dulce pero cargado, ya sabes sólo es para gargantas rudas, así que, toma, te invito a que tomes algo que en tu vida vas a olvidar —le colocó el kylix frente a él.

— Bueno, pero no me dejen solo, es una descortesía que me vean tomar ¿Qué tal un brindis?

— Es una buena idea —se paró Seiya y todos lo imitaron—. Por Aldebarán y por nuestro invitado —exclamó el pegaso y todos alzaron sus copas para después tomarse todo el vino que contenían sus copas.

— ¿Qué te pareció, Julián? —preguntó el cisne al ver la cara de Poseidón un poco extraña por las muecas que estaba haciendo.

— Es… suave… digo no es la gran cosa, podría tomar esto toda la tarde… he probado cosas más fuertes —comentó él con fingido desinterés.

— Pero no las has tomado con nosotros —inquirió Milo desde su lugar.

— Y qué bueno que traes ánimos Julián, tenemos unas veinte ánforas más… a ver cuánto aguanta un hombre de gustos finos como tu frente a unos simples caballeros —habló Seiya, confiado.

— ¿Eso fue un reto, Pegaso? —contra restó Julián, con sarcasmo —¿Me estás retando en esto? ¿Crees tener mejor garganta que yo?

— En realidad cualquiera de nosotros la tiene —dijo Aioria, provocando.

— Bien, entonces veo que todos están en mi contra, pero no sería justo que 14 caballeros tomaran contra uno solo así que propongo que tomemos la misma cantidad y que los débiles se vayan retirando de esto, así será limpio. Todos contra todos ¿qué opinan?

— Creo que es justo y sensato —habló Mu, asintiendo.

— Chicos yo no creo que… —comenzó Shun pero Hyoga le dio un codazo.

—Shun, no nos puedes dejar en mal frente a este tipo, es hora de que entrenes tu garganta también.

— D-De acuerdo —asintió Andrómeda, nervioso. Presentía que sería el primero en caer.

— Bien caballeros, no me fallen —pidió Saga, comenzando a rellenar los kylix de sus compañeros.

— ¿Somos caballeros o bufones? No me dejen en mal —exclamó Máscara, ansioso.

— Qué comience el juego —replicó Shura en la esquina, pegándole a la mesa con su copa.


Y las rondas comenzaron. Los caballeros podían tomar comida y tener su trago, cosa que a todos les daba algo de ventaja, tener alimento en sus estómagos y no solo alcohol. El trago era primero saboreado hasta la mitad, mientras saboreaban alimentos y la otra mitad era hasta el fondo. Poco a poco, aquellos "serios" caballeros, comenzaron a desinhibirse más y las risas comenzaron a escucharse cada vez más.

Cada kylix contenía aproximadamente 250ml, lo cual podía parecer era una medida "leve" pero aquél vino estaba demasiado concentrado ya que era una reserva demasiado especial de Aldebarán para esa ocasión.

El primero en caer fue Shun que a la 9ª ronda se quedó viendo al vacío.

— N-No amigos yo…

— ¡Vamos Shun! ¡No puedes rendirte! —le alentó Shiryu, pero Andrómeda negpo con la cabeza.

— Si Ikki me viera…

— Seguro estaría decepcionado, muchachito… pero no me extraña, con razón tu armadura tiene pechos… —sentenció Aldebarán a carcajadas.

— Aguanta como lo hiciste en la casa de libra —lanzó Milo desde la esquina y le mostró una sonrisa. Shun escondió la cara entre las manos, todos rieron y Hyoga se sonrojó.

— ¿Qué paso en la casa de Libra? —preguntó Poseidón.

— Nada, nada, son leyendas urbanas —intervino Camus acalorado—. Sigamos señores, ¡Ronda número 10!

En la doceava ronda, Afrodita sacó su espejo y observó su apariencia. Decidió que era suficiente para él.

— Vean esta preciosa cara toda deforme por sus estúpidos juegos para probar hombría —sin importarle, sacó su labial rojo y se pintó la boca—. Aún te odio Aioria por robarte mi labial…

— ¡Yo no me robé nada! —se defendió el León—. Estaba tirado afuera de…

— Si claro, seguro se lo diste a esa amazona pelirroja para que cumpliera tus fantasías… —se estremeció—, eres un…

— Vaya, vaya… ¿Estamos hablando de Marin? Me asombras León, te gustan las serias —comentó con sorpresa Shaka.

— Virgo, no es momento para que saques ese sentido del humor tan sarcástico que tienes.

— Afrodita empezó, no lloriquees y éntrale, ¡treceava ronda! —anunció el Hindú.

Los caballeros y Julían habían estado aguantando bastante. Seiya y su archi rival, que tenía sentado en frente se desafiaban con miradas y gestos, pero para la ronda 20 todos estaban muy ebrios.

Afrodita y Shun ya se habían dormido en sus lugares con la cara apoyada en la mesa, los demás comenzaron con los lapsus de honestidad:

— Maldito Julián —reclamó Seiya, hipando—. T-Tengo que reconocer que… aguantas… —lo señaló con una sonrisa cómplice—. Pensé que… eras una nena…

— S-Soy el rey de los m-ares Pegasito, no pueden conmigo…

— Y ¿Se puede saber a qué veniste a buscar a Athena? Porque no entiendo por qué diablos te tenemos aquí de invitado —preguntó el cisne, tambaleándose en su lugar.

— No, no… y-yo no vine a buscar a Athena —Julián negó con un dedo y se puso de pie, en el intentó tiró su plato y un racimo de uvas—. Y-Yo caballeros vine a ver a Saori y vine a proponerle matrimonio —anunció.

— Uy… —exclamaron Milo, Shaka y Camus. Hyoga y Shiryu se alertaron y enseguida tomaron a Seiya por los hombros.

— ¿Otra vez? ¿Qué no con esta ya serían tres veces en que te va a rechazar? —gritó máscara.

— Cállate Cáncer, a mi nadie me va a rechazar… soy su mejor opción.

— ¡Claro que no! ¡Pegaso tiene las de ganar! —defendió Mu con una sonrisa. Estaba totalmente rojo de la cara y su expresión era como si estuviera demasiado feliz.

— Y-Yo… —comenzó Seiya

— ¡Ay vamos, Pegaso! TODOS lo sabemos, que nos hagamos los locos es diferente y mira muchacho, si no fuera por esa estúpida regla, estoy seguro que ya te hubieras casado y ya seríamos tíos todos —opinó el cumpleañero echándose otra copa de vino de full—. ¿O no camaradas? —los dorados asintieron.

— Tú siéntate Solo —lo jaló el León y lo sentó—. Te advierto que tienes las de perder con mi muchacho, porque es ¡mi muchacho! ¡El mío y el de Marín! Nosotros lo criamos y aunque no le llevo muchos años es mi hijo ¿oíste?

— ¿Entonces si tienes algo con Marin? —preguntó Milo, levantando las cejas.

— Pues si, si tenemos algo.

— Maldita sea, le debo dinero a Afrodita por esto, aposte a que no andabas con la pelirroja… y otra vez me ganó —anunció Máscara.

— A ver a ver, me estoy perdiendo de los chismes y como yo soy el cumpleañero, voy a moderar esto, vamos a empezar por la esquina… ¡Ey! A ver tú Camus ¿Amazona, mujer, hombre o que?

— Nada, tristemente…

— Bien, eso lo podemos arreglar después. Siguiente, rubio perfeccionista ¿Tú qué? —Shaka negó con la cabeza.

— ¡Ay no te hagas el seriecito! He visto a esa mujer de vestido negro rondar por las noches en tu casa eh… ¿Cómo se llama?

— Más respeto para ella Leo, es una Diosa, no una simple mujer… y mis asuntos amorosos no les incumben.

— Mira nada más, le apuestas a las grandes ligas, un mortal como tú, y nos quejamos de que Seiya le juega al vergas… y tú estás peor, pero bueno… —le dijo Aioria.

— Bueno tu ya dijiste que si Aioria ¿Cuánto llevan y hasta donde? —Leo escupió el vino y bañó al pobre del Dragón que estaba frente a él.

— N-No te pases, Tauro… —Todos se quedaron en silencio y lo miraron acusadoramente.

— Un año… y todo

— ¿Todo? —preguntó el dragón.

— Todo es todo, ¡ya! Sigues tú Aldebarán porque Julián ya hizo el ridículo contándonos el motivo de su visita y todos aquí sabemos que va a regresar con la cola de pez entre las patas de regreso al mar.

— ¡Oye! —exclamó ofendido el Rey del mar.

— Yo soy el cumpleañero, yo no cuento, pero si quieren saber, tengo una enfermera que suele venir a ayudarme con mis dolencias que… ¡Ufff! Bueno no es nadie del medio así que no les tiene que interesar mucho, el que sigue es Mü.

— A mi no me miren, yo soy el niñero de todos ustedes. Porque alguien tiene que ser el cuerdo.

— Si claro camarada. Te la voy a comprar por ahora… Saga ¿Qué dices tú? —el caballero había estado muy callado observando a sus compañeros, estaba igual de tomado que todos y había algo que quería sacar desde hacía mucho tiempo, lo tenía en la punta de la lengua y era el momento perfecto para hacerlo.

— A mí me gusta mucho una amazona… —comenzó, todos se sorprendieron por su honestidad.

— Yo sé quién es —lo interrumpió Milo, porque creo mi estimado Géminis que nos gusta la misma —El escorpión tomó su copa, se la llenó el mismo y le pegó un trago—. No te la voy a dejar fácil…

— Esto se va a poner bueno —comentó Máscara pegándole un codazo a Afrodita y a Shun que yacían cada uno a su lado, durmiendo.

— Creo que por tu misma estupidez la has perdido, eso pasa cuando juegas con las personas, pero no te preocupes, Shaina va a estar muy bien cuidada —Shura soltó la carcajada al lado de Milo y éste se molestó.

— ¡Cállate Capricornio! Que tu no vendes piñas, andas rondando a la amazonas de Shun

— ¿Qué? —exclamaron todos al unísono. Shun se despertó enseguida ante el alboroto y la mención de su nombre.

— Él tiene al cisne ¿Qué no ves?

— ¡No difames a mi alumno! —se metió Acuario.

— ¿D-Disculpa Shura? ¿Tienes algo con June? —Shun se levantó de su lugar y caminó tembloroso a encarar al santo dorado que lo miraba estupefacto.

— Déjala en paz, t-te lo advier… to —le dijo pegándole al pecho de su armadura. Como pudieron Seiya y Shiryu lo agarraron y lo regresaron a su lugar.

— Ella te sigue queriendo, pese a que tengas gustos… "peculiares" —replicó Shura, dirigiendo la mirada a Hyoga.

— Piensen lo que quieran de nosotros. Tengo dos mujeres que se pelearían entre ellas por mi —presumió el cisne.

— Le apuesto una estátera a Fhler —exclamó Camus, animado.

— Y yo una a la loca de Eris, es una diosa después de todo… le ganaría a Fhler —dijo Shiryu.

— Tengo mis dudas Dragón, no has visto lo que mi dama nórdica sabe hacer —inquirió alzando una ceja.

— Oye Dragón, y ¿Tú como para cuando ya nos haces tíos? —preguntó Aldebarán y ahora fue el turno de Shiryu de escupir el vino y bañar a Aioria que puso cara de asco.

— Y-Yo no…

— ¡Ay por favor, Shiryu! ¿Ya no? —dijo Seiya volteando los ojos—. Mira, ya sé que tú y Sunrei eran como hermanos, pero… a nosotros no nos vas a mentir, ya es hora de que den el siguiente paso ¿o esperas a que el maestro Dhoko se ponga las pilas antes que tú? —Aldebarán soltó una carcajada y Mü comenzó a toser, Saga le dio un golpe seco en la espalda.

— Seiya ¿qué estás diciendo? ¿El M-Maestro? P-Pero si él tiene…

— Un santo cuerpazo… —suspiró Afrodita que acababa de despertarse.

— Ese caballero tiene un punto —lo señaló Aldebarán—. ¡Sírvanle otra copa para que reviva! Y ahora si Seiya ¿Qué nos dices tú?

— Si, Seiya ¿Qué tienes con mi adorada Saori? —habló de nuevo Julián que había estado callado observando a los caballeros exponerse unos a otros.

— ¡Pues nada! ¡No tengo nada! ¡Está prohibido! —comenzó triste. Afrodita sacó un pañuelo de la bolsa del pantalón y se lo pasó, Seiya se sonó la nariz.

— ¡Pues aquí nadie te va a juzgar, Pegaso! —se levantó Aioria a darle ánimos al que consideraba su hijo—. ¿o qué opinan chicos?

— Oigan no… él es un caballero y yo soy un Dios, no lo estén…

— Tú siéntate Julián, tienes las de perder ya te dijimos, acá somos Team Seiya.

— Además él tiene a su sirena —anunció Saga mordaz.

— Ah mira, presumido e infiel aquí no toleramos eso eh —negó con la cabeza Shaka.

— ¡Saga eres un…!

— Touché —brindó Mu con géminis.

— Bueno muchachos, el vino se acabó por hoy, mi consejo para todos —anunció Aldebarán poniéndose de pie. Era el único que quedaba realmente cuerdo de todos—. Julián, mejor retírate con dignidad, mañana te van a rechazar por tercera vez. Mü, deja de ser nuestro niñero y consíguete una novia, antes de que Kiki te gane. Saga y Milo, que gane el mejor, esa amazona es ruda y tengo la ligera sospecha de que, los va a arrastrar a ambos dos. Afrodita tu… bueno tu, échale ganas estás muy guapo. Máscara… emm oye ¿por qué a ti no te pregunte?

— Porque no les importo —contestó aburrido.

— Es verdad, es que eres raro… bueno pues, deja de ser raro e intégrate. Shun, pues decídete hijo, o es la rubia o es el rubio no hay más. Hyoga, tú también decídete, pero yo le voy a Fhler, ella no alberga espíritus raros en su interior. Shiryu… queremos sobrinos pronto a menos que quieras que alguien más se ponga las pilas. Aioria… tú ya estás del otro lado, tú si entendiste. Shaka… ¡presenta a la Diosa!

— No son dignos, pero le voy a preguntar —dijo Virgo.

— Camus, Hilda de polaris es amiga mía ¿te la presento?

— Acepto —dijo de inmediato el maestro de Hyoga.

— Luego acordamos una cita —le guiñó el ojo—. Shura… triste tu caso mi estimado, pero eres bien parecido, igual y convences a June de olvidarse de don "casa de libra" y por último y no menos importante Seiya, ya plántale ese bendito beso a Saori que les robó Shaina. Y bueno, gracias por venir a mi festejo, creo que es hora de…

— ¿Qué? ¿Cuál beso? —Preguntó Seiya sintiendo que se le bajaba la borrachera.

— ¡Ay no! ¡Yo ya me quería ir a dormir! —resopló Afrodita, harto.

— Les voy a servir otra ronda a todos, esta historia es digna de contársela a Pegaso para que ya se decida de una vez por todas... —anunció Aldebarán tomando otra ánfora de vino.


Al día siguiente, Saori llegó al santuario flaqueada por Marin y Shaina. Las despidió agradeciéndoles aquella travesía en Japón con ellas y las dejó ir a sus habitaciones. Cuando ella llegó a sus aposentos, se encontró con Julian que bajaba las escaleras de piedra con una maleta en mano.

— ¿Ya te vas Julián? ¿Qué ha pasado? —Saori reparó en el aspecto desaliñado de su invitado, aunque no podía ver muy bien su cara por las gafas de sol que tenía puestas—. Pero, acabo de llegar ¿No me estabas esperando?

— En realidad solo quería venir a vacacionar, ya sabes, el mar me abruma, pero ayer tuve una grandiosa tarde con tus caballeros, maravillosos chicos eh…

— ¿Enserio? ¿Todo bien? —le preguntó intrigada.

— Si, si, ya sabes un par de martinis, nada más y cada quién a sus casas y bueno, yo ya me voy, hay una sirena que me anda esperando...

— Martini… —susurró Saori—. ¡Oye, Julián! ¡Espera! ¡Te acompaño hasta la casa de Tauro! Tengo que felicitar a Aldebarán por su cumpleaños de ayer, supongo que ya estará despierto.

— Yo te aconsejaría que lo fueras a ver más tarde quizás esté muy cansado —le dijo su invitado tratando de convencerla antes de que se encontrara con todos su caballeros durmiendo a sus anchas y borrachos, en la casa de tauro.


Necesitábamos la versión de los chicos. Fue algo complicado manejar a tanto dorado y la verdad nunca lo había hecho y no creo que suceda tan seguido.

Espero que les guste, es un poco diferente a la versión de las chicas por la manera en que se dio, el ambiente, la ocasión y los asistentes y espero no haber fallado en divertirlos, yo me reí en varias ocasiones imaginándolos.

Por cierto, el vino de Quío era de los mejores vinos de la antigua Grecia y de los más fuertes. La Estátera era la moneda de oro de grecia y equivaldría a unos 3250 dólares en la actualidad.

Dedicados a mis hermosas amigas que siempre me alientan a escribir: Andy Elric, Fuego Valcarengi, Sakura-Ofiuco y Suki90! Las amo y las admiro niñas!