QUEDARSE.

El sonido del suave oleaje del mar fue llegando poco a poco hasta sus oídos, haciendo que inevitablemente abriera sus ojos.

La luz de día que se colaba por la ventana abierta le dio en la cara y también se unió al reclamo para hacerla salir de las sábanas. Saori se estiró, desperezándose y por inercia deslizó su mano del otro lado solo para descubrir que él no se encontraba en su sitio.

La jovencita se incorporó y miró hacia el lado en el que su acompañante había ocupado desde su estadía en ese lugar. Sonrió al encontrar una pequeña nota sobre la almohada con la caligrafía angulada que le pertenecía.

"Buenos días guapa, estaré pescando en el muelle. Te veo ahí"

La de cabellos lilas apartó la sábana para descubrir su cuerpo desnudo y no pudo evitar que las sensaciones de una noche antes volvieran a su mente y que se le erizara la piel.

Se mordió el labio, recordando las manos del castaño que la recorrieron hasta el cansancio y que le hicieron sentir –como todas las veces en las que hacían el amor-, cosas que jamás en la vida pensó que podría experimentar.

A decir verdad, así había sido desde el día uno. Ella había tenido miedo de mostrarse tal cual era y de enamorarse y derrochar amor, pero al final eso era lo que había terminado haciendo, pese a su resistencia. Peor resultaba que él se había ganado su corazón con creces.

Saori fue hasta el pequeño armario de la habitación y tomó un vestido blanco y fresco que había llevado para lucirlo en ese clima cálido tan agradable y diferente que el de la gran ciudad.

Se metió a la ducha para darse un baño que la refrescara, tardándose ahí lo necesario.

Cuando estuvo bañada y cambiada, corrió el ventanal que separaba su cuarto del jardín del hotel y del caminito que guiaba a la playa. Comenzó a caminar sintiendo la arena debajo de las plantas de sus pies quemarle lo que hizo que apresurara el paso. Con forme fue bajando por el laberinto serpenteante, la espalda del castaño apareció. Portaba una playera de manga corta color rojo y short azul marino y sostenía su caña de pescar con la vista clavada en algún punto de las olas.

Una calidez comenzó a invadir el pecho de Saori, conforme fue acercando sus pasos a él.

A hurtadillas subió el muelle que la llevaría hasta donde se encontraba y trató de dar pasos silenciosos para sorprenderlo. Cuando llegó a su espalda, se inclinó y rodeó sus fornidos hombros con sus brazos. El joven volteó el rostro y se encontró con los labios de ella en un dulce y largo beso.

Una leve risa se escapó de la boca de él al apartarse y sus ojos verde cobalto, que resplandecían, recibieron a Saori.

— Hola, dormilona —susurró haciendo que le diera un vuelco al corazón de escucharlo en ese tono seductor.

Aioros se movió hacia un lado para hacerle un espacio y ella se sentó junto a él.

— Te ves hermosa —le dijo, depositando un beso en su hombro que el vestido dejaba descubierto.

— ¿Ya pescaste el desayuno? —le preguntó divertida al ver que el pobre no estaba teniendo suerte en su actividad. Aioros puso el semblante triste, pero segundos después lo cambió.

— Yo soy el desayuno —le dijo alzando las cejas.

— Eso me gusta —admitió ella acariciándole la línea de la mandíbula.

— ¿Quieres quedarte otro día? —le preguntó él, jalando la caña y comprobando para su mala suerte que el gusano que había colocado en el anzuelo ya no estaba.

— Quisiera, pero… ya habíamos avisado en la oficina que mañana nos presentaríamos y dudo mucho que al jefe le haga gracia que sus contadores se ausenten más tiempo.

— Pero estas eran nuestras vacaciones —rebatió el, tratando de convencerla.

— Si y ya se nos acabaron, así que debemos volver a la realidad.

— La realidad… —dijo él. Saori se lo quedó viendo con detenimiento. Sus ojos azules se abrieron de par en par y su pulso se aceleró al notar como Aioros se detenía en esa palabra—, la realidad es que quisiera pasar toda mi vida así contigo —la chica se relajó al escuchar la declaración y se acercó para besarlo de nuevo.

— Yo también, este lugar es precioso. Me gustó tu elección, así que creo que dejaré que decidas nuestras vacaciones de ahora en adelante y me sorprendas.

— De acuerdo, me gusta la idea de consentirte —Aioros dejó la caña a un lado, la tomó de la mano y juntos se pusieron de pie. En un movimiento sorpresivo él la agarró de la cintura y la alzó sobre su hombro. Comenzó a caminar de vuelta por donde ella había llegado breves minutos antes.

— ¡Espera! ¿Qué haces? ¡Aioros! —la risa se le escapó a Saori que le pegaba al castaño en la espalda sin poder hacerle daño alguno y sin que él se inmutara. Al contrario, le causaba gracia que ella, siendo 30 centímetros menor que él buscara zafarse de sus brazos con sus suaves golpes.

Saori había dejado la puerta corrediza abierta, así que él irrumpió en la alcoba depositándola en la cama. Cerró la puerta de vidrio y corrió la cortina. Se volteó y se tomó un momento para apreciar la figura de Saori en medio de la cama.

— Ven —le dijo ella, alargándole su blanca mano. Él se la tomó y puso las rodillas en la cama, avanzando poco a poco hacia ella. Se sostuvieron la mirada por un momento, observándose llenos de deseo y sintiendo eso que quemaba por dentro de ellos al estar juntos.

— Te amo, Saori… te amo demasiado —declaró en voz alta y ella sintió que aparte de verdad había otra cosa en su voz.

— Te amo, Aio… —correspondió después de escuchar su nombre en esos labios que la mataban y hundió los suyos en ellos, topándose con su suavidad y humedad.

Los gemidos aparecieron instantáneamente en cuanto sus lenguas comenzaron a rozarse y empezaron la pelea entre ellas.

Él metió la mano debajo del vestido blanco de ella y deslizó la prenda que guardaba su sexo por sus piernas para después tirarla al suelo. Enseguida fue el turno de ella que tiró de la playera roja que Aioros portaba. Él la ayudó en la labor y segundos después ella ya estaba admirando ese torso perfecto que le fascinaba.

Saori se despegó para admirar tal espectáculo y él aprovechó para quitarse los shorts y quedarse en boxers. La jovencita alzó una ceja, excitada por descubrir la potente erección de él sobre esa delgada tela que la separaba de su vista. Ella estaba guiando sus manos al elástico que apretaba la cadera del él cuando Aioros le negó con el dedo y le jaló el vestido que salió por debajo de ella , dejándola solo con el brassier puesto.

No se resistió más y buscó el broche en su espalda para liberar su voluptuoso pecho. Ella gimió audiblemente cuando Aioros depositó su boca en su pezón y comenzó a lamerlo suavemente y con su otra mano libre hundía sus dedos en su cavidad. El contacto caliente la volvió loca, haciendo que se arqueara hacia atrás y que ella hundiera las manos en los espesos rizos cafés de su novio.

Una vez saciado del sabor de sus dulces senos, él fue subiendo hasta la garganta de Saori depositando besos húmedos en ella, hasta que terminó por lamer su mentón. Fue el momento en que ella aprovechó para bajar la mano y jalar el bóxer del chico y poner la situación en calidad de igualdad.

El miembro erecto del moreno al fin estaba expuesto y ella lo tomó entre sus manos. El gimió ante ello, el placer acababa de golpearlo como un latigazo, aunque nada se comparó a cuando ella comenzó a frotar su glande en su entrada. Sentirla tan húmeda lo volvió loco.

De pronto, ella paró el roce, lo que hizo que él se tensara y buscara los ojos azules de su amada. Saori se separaba de él y se ponía de pie.

— En la esquina —le dijo señalándole el lugar de la cama. Él entendió completamente. Como cazador asechando su presa, np le quitó la vista de encima y fue deslizándose lentamente hasta que se ubicó donde ella señalaba.

La chica del cabello lila escudriñó el cuerpo que tenía a su merced antes de comenzarse a acercarse sensualmente. Subió primero una pierna doblándola en el espacio de la cama y luego la otra, quedando a horcajadas sobre él. Agarró su miembro y le indicó el camino hacia su entrada que ya lo esperaba. Aioros empujó con fuerza y la penetró dejando escapar un grito roncó que le llenó a ambos el cuerpo de electricidad.

Ella afianzó sus manos alrededor del cuello de él y luego comenzó a moverse. Sintió las manos de Aioros posarse en las curvas de sus caderas, ayudándola a mecerse, conduciendo el placer para ambos.

El castaño buscó su boca, besándola con pasión y mordiéndole suavemente el labio inferior. Él le marcó el ritmo y después de un poco ella se movía sola mientras él lamía su hombro y le apretaba las nalgas.

Saori se colgó hacia atrás y él pudo alcanzar de nuevo su pecho. Le mordió suavemente las puntas de ambos, tomándose el tiempo para lamer despacio y luego cambiando el ritmo a rápido, estimulando su zona.

— Aioros… —susurró ella entre gemidos, aferrándose ahora su amplia espalda y sintiendo que no iba a aguantar más.

— Lo sé… yo… —no pudo decir nada más. Saori gritó sin pudor y eso lo excitó aún más. Rodeó la delgada cintura de su chica y con su fuerza hizo que ambos rodaran. Ella quedó abajo y el encima. Puso sus manos sobre la cabeza de su hermosa novia y hundió los dedos en las sábanas. Acomodado en esa posición, sus embestidas comenzaron cada vez más fuertes, acompañados de los gemidos que lo estaban enloqueciendo. Ella comenzó a arañar su espalda, poseída por todo lo que estaba experimentando y eso no hizo más que aumentar el deseo del moreno. La penetró lo más rápido que pudo hasta que el orgasmo entre los dos apareció en un grito al unísono que fueron ahogando poco a poco.

Aioros se quedó sobre el cuerpo sudado de Saori por unos segundos, tratando de mediar su respiración. Ella se incorporó un poco y le dio un dulce beso. El moreno salió de ella y la abrazó pegándola a su pecho en donde su corazón latía con violencia.

— ¿Te gustó el desayuno? —le preguntó con la voz entre cortada.

— Estuvo delicioso, ojalá sirvan lo mismo en la cena —dijo ella.

— Deja que le pregunte al chef.


La pareja hizo las maletas, dejaron la habitación y fueron al restaurante del hotel para tomar el verdadero desayuno consistente en alimentos. Besos tiernos y caricias suaves se escapaban de ambos de tanto en tanto, desbordando todo lo que sentían por el otro.

Cuando terminaron sus alimentos, fueron hasta la recepción y dejaron la llave de la habitación para después cargar la camioneta de Aioros de sus equipaje.

— Se acabó la magia, princesa —declaró con cierto aire triste el joven.

— Lo sé, pero, tenemos la magia de la ciudad, la casa espera y pronto podremos tener otras vacaciones, de mientras, estas han sido maravillosas. Gracias por eso.

— Gracias a usted por dejarse raptar —le guiñó el ojo.

Ambos subieron a la camioneta, abrocharon sus cinturones y comenzaron el camino de regreso que, aunque se sentía algo triste por volver a la realidad también fue un momento lindo entre los dos.

Sus manos iban enlazadas sobre el reposa brazos mientras Aio conducía y Saori se encargaba de cambiar la música o tomar fotografías del paisaje. Platicaban de sus trabajos y compañeros y de lo bien que la habían pasado en su estadía en ese hotel y en las próximas vacaciones que les gustaría planear.

Pasadas unas horas de camino en carretera, la pareja sintió que necesitaba estirar un poco las piernas, así que Aioros se orilló en una gasolinera en donde había una tienda de conveniencia, para que pudieran bajar del auto y comprar algo para picar.

— ¿Quieres algo? —le preguntó desabrochándose el cinturón.

— Si, unas galletas de chocolate —dijo Saori—-, y un jugo de manzana.

— ¿No quieres venir?

— Voy a tomarle fotos a ese paisaje —le señaló a las montañas de enfrente. Él sonrió, Saori adoraba tomar fotografías y era algo que la hacía feliz y por consiguiente él lo era con eso.

— De acuerdo, ya regreso.

Saori se bajó del auto. Caminó unos metros admirando el área verde de ese lugar y sacó su celular. Nunca dejaba de maravillarse de la belleza de la tierra y ahora podía disfrutarla de otra forma, totalmente diferente a como lo había pensado.

La contadora, buscó el ángulo que le diera una buena foto de las montañas y los sembradíos que había y pulsó el clic varias veces. Inhaló el fresco aire y se sintió plena.

Regresó satisfecha al auto mientras observaba las imágenes y segundos después, Aioros se subía a la camioneta.

— Mira cielo, las fotos que tomé… —Saori lo miró y detuvo su comentario al notar la pálida expresión de su pareja y que no llevaba nada de lo que había dicho que compraría—. ¿Te sientes bien? ¿Pasó algo?

Él volteó a verla despacio y Saori temió eso que había estado pensando desde antes, quizás, el momento había llegado.

Sus labios se separaron para formular una pregunta, pero el sonido de una risa familiar la dejó helada en su asiento. Saori dirigió la vista a la ventana trasera, tratando de buscar a la persona que se había carcajeado. Aioros la miraba, aun asimilando su propio shock.

Segundos después, un corpulento rubio abrió la puerta de la tienda. Iba acompañado de una pelirroja y ambos abordaron el carro que estaba estacionado al lado de ellos.

Los ojos de Saori se abrieron, delatándola ante Aioros.

— Los reconociste… —susurró Aioros reclamando su atención.

— Aioros… yo… yo… iba a decírtelo, de verdad yo… es que, tenía miedo… déjame explicarte, por favor —soltó ella nerviosa, sin saber qué hacer. Si mirar a Aioria y Marin o a Aioros. Él negó con la cabeza mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

— Yo también te lo he estado ocultando todo este tiempo —confesó.

— T-Tú ¿Despertaste? ¿Recobraste tus recuerdos pasados?

— Si…

— ¿Desde hace cuánto?

— Desde que nos conocimos en el trabajo, hace tres años. Perdóname, yo… no quise aprovecharme es que…

El auto de al lado los sacó de su conversación cuando se encendió y Aioros vio de reojo cómo su hermano y la chica que lo acompañaba, se echaban de reversa y regresaron a la carretera tomando el mismo rumbo que ellos iba a seguir.

— Él no me reconoció. Pero necesito saber en dónde vive para que cuando recuerde pueda buscarlo —le comunicó a Saori. Ella asintió.

— Si, síguelo, vamos —le alentó.

Aioros encendió el motor de su camioneta y pisó el acelerador. Segundos después, ya estaba colocado detrás del carro en donde iba su hermano, quien fuera el gran caballero dorado de Leo.

No pudieron retomar la plática porque ambos estaban muy nerviosos y porque apremiaba no perder de vista a Aioria. Así que condujeron en silencio, siguiéndolos de cerca, hasta que llegaron a la ciudad vecina a la suya.

Se mezclaron entre el tráfico para que Aioria y Marin no se dieran cuenta que los seguían y ocasionaran un problema que después no les iban a saber explicar. Dos veces estuvieron cerca de perderlos, pero después de dos horas de seguirlos por el camino, se detuvieron en una zona residencial. Aioros detuvo su carro unas cuadras antes y apagó el motor. Vieron claramente cómo el coche en el que iban entró cuando la reja del fraccionamiento se deslizó. Después de eso, los perdieron de vista

— ¿Quieres que nos bajemos? —rompió el silencio la de tez blanca.

— No, ellos aún no han despertado, creo que debemos esperar, por lo menos ahora sé donde vive. Nunca pensé que iba a encontrarlo. Llevo buscándolo hace tiempo pero resulta que estaba en la ciudad vecina y por eso no lo había hallado… a ella no la conozco, pero se ven felices. Se estaban besando cuando los vi dentro de la tienda y, me sorprendí muchísimo —Saori sonrió al pensar que por lo menos ellos habían tenido justicia en esa realidad alterna.

— Es Marin, ella era la maestra de Seiya. Los dos siempre estuvieron enamorados, aunque en ese entonces no hubo nada entre ellos, ya sabes, las tontas reglas del santuario. Sin embargo, todos nos dábamos cuenta de lo que sentían por el otro.

— Entonces, me alegra que él pueda estar con ella, en esta vida —declaró Aioros posando la vista en donde el auto de su hermano había desaparecido. Estaba bien, estaba feliz, y aún no había despertado y eso significaba que, aunque le doliera, no podía correr a abrazarlo y decirle cuánto lo había extrañado. Pero él sabía que Aioria lo recordaría algún día y él le seguiría la pista para que cuando todo sucediera, pudiera estar con él y apoyarlo.

— Aioros… —lo nombró, sacándolo de sus pensamientos—, quiero que sepas que el día en que nos presentaron en la firma de contadores, fue el día en que desperté, aunque, fue por la tarde.

— Entonces… ¿todos estos años los dos hemos sabido esto y lo hemos ocultado? —evidenció quien fuera uno de sus caballeros dorados.

— No era mi intención, yo… es que, de verdad no quería perderte. Comencé a enamorarme de ti cuando pasamos tiempo juntos conviviendo en el trabajo y, no sabes cómo anhelaba tener esto, tener una vida normal y tranquila… y me has hecho tan feliz que… enserio perdóname no quise ocultártelo —Saori se cubrió el rostro con las manos para que él no la viera—. Sé que quizás debí haberlos tratado de buscar a todos pero, quería por una vez en la vida ser sólo mujer, vivir como una humana y sentir como tal y tu me permitiste eso… no quería arruinarlo, por eso no mencioné nada y seguí actuando como si no tuviera recuerdos…

Aioros tomó las muñecas de Saori y le retiró las manos de la cara para mirarla.

— Yo he hecho lo mismo. Pensé que si decía algo, haría que tu despertaras y todo esto terminaría… pensé que irías a buscar a Seiya… y no iba a poder soportarlo, aunque suene egoísta, es así. Pero hoy que vi a Aioria, ya no pude seguir sosteniéndolo, me afectó demasiado y tuve miedo de no saberte explicar por qué actuaba así, pero cuando me di cuenta que escuchaste su risa y la reconociste, sospeché que estábamos en las mismas condiciones —se acercó a ella y le limpió las lágrimas— Te amo, Saori y quizás sea una locura. No sé ni porqué yo estoy vivo, ni porqué estamos aquí… ¿Lo sabes tú? ¿Es obra de Zeus? ¿Hiciste algo para que nos dieran esta oportunidad?

— No fui yo, pero tampoco sé si fue mi padre. Todo este tiempo ni siquiera pude encontrar la razón por la cual esto sucedió y en realidad no quisiera saberlo. Si se dan cuenta que he recobrado los recuerdos de mi vida pasada… nos van a quitar esto.

— Pero quizás lo verías… a él —rebatió Aioros refiriéndose al chico que había defendido a su Diosa como él nunca lo pudo haber hecho y que se había ganado su corazón. Él sabía eso. Athena y Pegaso siempre habían estado de alguna forma ligados y en cada era, se acercaban un poco más. Tuvo oportunidad de presenciarlo cuando derribó con sus hermanos el muro de los lamentos. Seiya llevaba en sus manos la estatua de Athena y vio en sus ojos la determinación por su Diosa, pero también su preocupación por Saori.

— Aioros… no voy a decir que Seiya no me importa, pero no es como tú piensas, no ahora.

— Eso es porque no lo has encontrado, pero el día que suceda…

— Escúchame —le pidió, tomándolo del mentón—. Te amo a ti… tu eres ese hombre por el cual me he sentido capaz de querer y con el que quiero estar. De alguna forma, nuestros destinos han estado enlazados, en distintas eras… me salvaste la vida cuando era una bebé, pereciendo por ello, y cada que teníamos un problema, tu armadura de Sagitario acudía a Seiya para que me protegiera. Tu espíritu me acompañaba y estuviste ahí todo el tiempo. Ahora estas aquí conmigo…

— Pero… quizás sea mejor que lo pienses bien, puede que encontremos a Seiya y a tus otros amigos uno de estos días y quieras… es decir estarías en todo tu derecho, no lo soportaría, pero, si tú lo deseas yo puedo irme. Ni siquiera sé por qué estoy aquí. Yo morí tantos años antes que ustedes que no hay razón para que me hayan devuelto la vida —explicó él, dejando salir lo que por tanto tiempo le mortificó.

— Yo sí sé por qué estás aquí —declaró Saori firme, sosteniendo la mano de su antiguo caballero de Sagitario. Los ojos de Aioros se posaron en los de ella, que emanaban dulzura—. Estas aquí para estar a mi lado y yo no quiero más que eso. Te amo… así que, por favor, quédate.

El tono de voz de Saori le erizó la piel. La vida le estaba a dando ambos una oportunidad única. A ella de vivir como una simple mortal, a él, de tener esa vida que le habían arrebatado, tenerla y ver a Aioria.

Aioros sintió que no había nada que tuviera que pensar. Iba a quedarse.

— ¿Vamos a casa? —le preguntó Saori dándose cuenta del cambio en él, que la había estado escudriñando con la mirada. Aioros se acercó para darle un beso tierno.

— Si guapa… a casa —dijo, arrancando el motor de la camioneta.


Esto que acaban de leer es como un... ¿cómo decirlo? Trash my ship by myself? jajajajajaja. Mi OTP es Seiya x Saori, es la primera vez en toda la historia de mi vida que me atrevo a pensar en alguien más con ella y por supuesto en escribirlo, peeeeeeeeeeero, la verdad es que me encantó y todo es culpa de mi amiga Fuego, única escritora en la vida que ha hecho que odie a Seiya en un fic, aunque ya no lo odio tanto jajaja

Y bueno, me puse a pensar en alguien perfecto para Saori y este muchacho noble y guapo apareció en mi mente enseguida y bueno, la idea de esta letra la venía pensando desde hace muuuucho tiempo, y sinceramente no quería repetir la trama (porque esta idea central del asunto del mundo alterno ya la ocupé en la letra N), pero este fic es como un Semi AU y no me quería meter en AU's la verdad, quería conservar algo de esencia de que siguieran siendo Caballeros de Athena, pero no veía la forma en la que estos dos estuvieran juntos de otra forma sin meterme en tanto rollo, así que, a mi pesar la repetí, aunque aún así espero que lo hayan disfrutado.

Simplemente creo que Saori se pudo permitir una vida normal y olvidarse por un momento de sus caballeros, porque ella misma era feliz y quería eso y Aioros también lo era con ella. Ambos querían disfrutar, seguirse amando y ser felices. Quedarse en donde estaban. Me ha gustado este resultado, no creo que se vuelva a repetir pero me alegró hacerlo aunque haya separado a mis bebés xD

Gracias por leer mis loqueras!

PS.