¡Hola, sempais! No estoy muy orgullosa de este drabble como mi primera contribución oficial a la pareja. Estaba cansada y quería terminar lo más rápido posible. Sin embargo, me gustaría publicarlo igual y ver qué pasa.
¡Ojalá lo disfruten mucho y tengan felices fiestas!
Advertencias. 1) ...no sé si calificarlo de yaoi, perdón. 2) Tremendo, montón de OoC. 3) Tiendo a escribirlos raros cuando se trata de su dinámica. 4) Disculpen los errores. Además de este drabble quería preparar otros y los hice ayer con pocas facultades mentales, jajaja. 5) Pienso publicar esto en mi cuenta de Ao3 Whispers_of_the_wind
Disclaimer. Naruto le pertenece a Kishimoto. Al final, yo no gano nada al escribir esto, excepto sus favoritos y reviews.
Sin más qué decir, ¡les deseo buena lectura!
{.ͼͽ.} * [Ship it for Christmas] * {.ͼͽ.}
{℘} Capítulo 4 {℘}
Muérdago
Sé que no eres buena, pero estás atrapada en mi cerebro.
—Olly Murs, Trouble maker.
—Te daré mi quincena si besas a Hidan bajo el muérdago —sentenció Deidara, sonriendo con malicia. A un lado del rubio, Sasori se apartó del hombro de Itachi, quien apartó sus ojos del teléfono donde ambos buscaban boletos para un concierto.
—Yo no voy a mantenerte porque decidiste malgastar tu dinero en una estupidez, mocoso —advirtió el Akasuna. El rubio, sin embargo, lo ignoró olímpicamente. El artista de lo efímero observaba al castaño mientras el ojiverde reflexionaba en torno a la propuesta.
—Es una idea terrible —sentenció Itachi, la voz de la razón. Luego, para sí mismo, susurró—: Sería algo muy cruel.
—No pasará nada, hum.
—Acepto —dijo el castaño, levantándose—, pero ustedes lo traen.
—¡Hecho! —Exclamó el de ojos celestes, viéndolo apartarse hasta el umbral de la cocina, donde Yahiko había colgado uno de los muérdagos.
—Me voy a tomar la libertad de ignorarlos —dijo Sasori, volviendo a recargarse en Itachi. Su novio, todavía con tono desaprobatorio, observó al rubio.
—Sigo pensando que eso es muy cruel.
—Le haré un favor al idiota, hum —contestó el artista—. Olvidé comprarle su regalo de intercambio. Ése será lo que le dé. Además, Kakuzu está feliz. Ningún dinero podría convencerlo de hacerlo si no quisiera. —El rubio se puso de pie—. ¡Hey, Hidan!
—¡¿Qué mierdas quieres?! —Gritó el jashinista desde otra esquina.
—¡Ven a la cocina!
—¡¿Y si no putas quiero?!
—¡Que vengas!
—Cuántos gritos —comentó Sasori, rodando los ojos.
El albino apareció y justo en ese momento lo detuvo el rubio, señalándole la ramita que colgaba sobre sus cabezas.
La expresión aturdida de Hidan llamó la atención incluso del taheño. Todos miraron con atención mientras Kakuzu se encogía de hombros y, tras hacer una expresión de asco, empezó a inclinarse hacia el albino.
Éste, ruborizado y en medio de un ataque de pánico, le soltó un golpe en el estómago al más alto.
—¡Asqueroso ateo de mierda! —Gritó con rabia disimulada antes de marcharse, añadiendo algunos improperios a Yahiko.
Kakuzu trataba de recuperar el aire frente a los otros tres jóvenes.
—Supongo que Hidan todavía no está listo para el afecto en público, hum.
FIN.
