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Capitulo III
Lujuria
La muñeca rota
Razzle y Dazzle empezaron a saltar cuando la lavadora, a la que le faltaba la tapa, empezó a dejar escapar burbujas. Las pequeñas cabras habían entablado un tipo de reto para ver quién podía romper más tan solo con la lengua y Charlie no pudo sino sonreír ante la escena.
Nunca entendería la genialidad de su padre para dotarlos de una personalidad que podía cambiar tanto de un momento a otro.
Solo dos veces en su vida los había visto con su forma demoniaca, y el recuerdo de la última volvió a su mente, atrapándola en un lapso meditabundo en el que solo podía escuchar los gritos de Valentino y su cuerpo reduciéndose entre las llamaradas.
—Son buenos ayudantes —dijo Nifty con la misma sonrisa.
Charlie se sobresaltó, y le dio la razón. Terminó de doblar la sábana que tenía en manos y con vergüenza se percató de que, en el mismo tiempo, Nifty había hecho más de triple de trabajo que ella.
—Lamento no haber encontrado a alguien más para que te ayude y tengas la sobrecarga de trabajo.
—No importa. Está bien, deja más para mí.
—Creo que esa es la definición de sobrecarga.
Nifty le dedicó una sonrisa, dándole a entender que lo sabía, solo que no le importaba. Luego conectó la plancha y empezó a preparar el espacio para planchar algunas camisas.
—Nifty, en serio, ya hablé con los huéspedes y aclaré que el servicio de lavandería personal no está incluido, al menos no mientras no encontremos a alguien para el trabajo.
—Tranquila, ya arreglé esto, es un favor especial —respondió contoneándose con gracia, y al poner más atención, Charlie se percató de que no eran camisas, sino batas de laboratorio.
—¿Son de Baxter? —preguntó con extrañeza.
Nifty no respondió, solo se rio, poniendo la mano en su boca, lo que la hacía parecer una chiquilla de escuela enamorada.
Charlie solo se sintió más extraña.
Baxter era un huésped antiguo, pero a veces más parecía que solo quería un lugar para trabajar sin que lo estuvieran molestando, y por supuesto, sin tener que pagar la renta. Nunca se había mostrado demasiado interesado en la redención, pero había accedido a no realizar ningún tipo de experimento que comprometiera la salud, integridad física o la vida de nadie, ni siquiera animales, y hasta la fecha lo había cumplido, permitiéndole hacer algunas inspecciones sorpresa. Además, no bebía, ni tampoco fumaba. De hecho, ni siquiera se le podía acusar de ser adicto a la cafeína.
En general no estaba interesado en interactuar con nadie, además de ella, quizás porque no le quedaba de otra al haber hecho un trato, por eso resultaba demasiado raro que Nifty mostrara ese tipo de actitud, no se le ocurría qué le podía haber atraído, considerando, además, que él jamás permitía a nadie tocar sus cosas, encargar un servicio de lavado y planchado, requería más contacto del que normalmente estaría dispuesto a aceptar.
Sin embargo, a la vez era una maravillosa noticia. Quizás podrían entablar una relación que lo sacaría del ostracismo, facilitando su proceso de rehabilitación, incluso influenciar algo en Nifty.
No había nada más hermoso que el amor.
—Lamento no haber sido de mucha ayuda —le dijo, sintiendo los ánimos renovados —. Pero Al quiere verme.
—Claro —respondió la otra empezando a almidonar los puños de las batas.
Charlie salió del sótano, y con Dazzle como ganador en el concurso de burbujas de jabón, los asistentes fueron detrás de ella. Sin embargo, apenas cerró la puerta, cuando a toda prisa, Nifty corrió hacia las sábanas que había doblado Charlie, las sacudió y volvió a doblarlas.
—No puede ser que siendo una chica no pueda hacer esto bien —se quejó, mirando con orgullo sus perfectos cuadros, bien alineados. Nada que ver con la pila desgarbada que había dejado Charlie.
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—¡Hola! — saludó Charlie, entrando intempestivamente a la oficina.
Alastor levantó una ceja, sonriéndole de vuelta.
—Me alegra verte de buen humor, querida.
Charlie se encogió de hombros y se sentó en la silla frente a él.
—Las cosas están avanzando en buen camino —le dijo.
—¿Te lo parece? —preguntó con escepticismo.
—¡Por supuesto que sí! ¡Gabriel tenía razón! El amor fluye entre a fe y la confianza.
El demonio mantuvo la sonrisa en el rostro, pero sus ojos expresaban algo completamente diferente, sin embargo, no se animó a decir nada, aún no era el momento.
—Además, tenemos nuevos huéspedes, y todos están entusiasmados. ¿De qué querías hablar?
—Precisamente sobre ellos. Nos quedamos sin proveedores, y gradualmente nos quedaremos sin provisiones también.
Charlie tragó saliva. No podía seguir aplazando ese tema, sabía lo que pasaba desde que Vox reunió a los overlords para la redada el último día del exterminio, pero, aunque sabía que el interés real detrás de sus palabras, era simplemente demostrar que no tenía lo necesario para ser la princesa del infierno, tenía que reconocer que había demasiada verdad.
Alastor permanecía impasible con el tema, lo que fuera que había entre ambos, no era suficiente para una confrontación. Ni Alastor tenía la iniciativa para algo así, ni Vox se había acercado a lo que, luego del enfrentamiento con Valentino se denominó como el territorio de la princesa, únicamente se había limitado a reclamar lo que el overlord caído dejó detrás.
Sin embargo, un bloqueo sistemático amenazaba con aislarlos por completo, solo librándose mediante el pago de tarifas excesivamente altas.
Por el mismo servicio que fuera de ese territorio, ellos estaban pagando hasta cinco veces más, y aunque Charlie aún tenía una buena reserva de efectivo, no podían seguir costeando ese tratamiento.
Recientemente, de acuerdo con Alastor, incluso el dinero empezaba a ser insuficiente motivación. Sus proveedores estaban siendo presionados por otros overlords para cortar sus relaciones comerciales, y entre el cuello y el dinero, la decisión solía ser natural.
—¿Entiendes lo que significa? —preguntó él, sacándola de sus pensamientos.
Charlie desvió la mirada. Ya habían hablado de eso también.
—Hay que expandir el territorio —continuó.
—Pero…
—Mientras dependamos de otros territorios, tendremos este problema hasta el fin de los tiempos. Y dependemos de ellos porque es, por mucho, el más pequeño.
Alastor hizo un gesto con la mano para acentuar lo pequeño que lo consideraba, como un grano de arroz. Luego la miró, con esa expresión suya, mezcla de cinismo y condescendencia que había irritado a cada demonio sobre la faz del Infierno.
—¿Quieres que haga algo al respecto? —preguntó, tendiéndole la mano —. No sería ningún problema.
Varias veces, Charlie había pensado que bastaba simplemente aceptar la ayuda de Alastor para avanzar más rápido de lo que lo estaba haciendo. Sin embargo, no podía evitar pensar en su padre, no solo en lo que le había dicho al respecto de cuidarse de otros demonios, sino en lo que tácitamente había hecho por ella.
Desde que había empezado su proyecto, nunca se había sentido más apoyada por él que cuando llegó a informarle que los exterminadores la visitarían, diciéndole la verdad sobre lo que esperaban encontrar. De hecho, no dudaba de que, quizás, había influido algo en las subsecuentes visitas del arcángel Gabriel.
"Si lo aceptas, será hasta las últimas consecuencias".
¿Y cuáles eran esas consecuencias?
Tomó la mano de Alastor entre la suya para cerrar su puño, rechazando de nuevo su ofrecimiento.
—Nuestro trato es, que no hay tratos —le dijo —. Resolveré esto.
Charlie se puso de pie para salir de la habitación. Tenía que cumplir con una agenda de visitas, así que pidió a sus asistentes que prepararan el auto. Sin embargo, antes de marcharse, miró sobre su hombro al demonio sonriente, y se preguntó qué era lo que realmente le motivaba a quedarse.
Sacudió la cabeza para alejar las ideas fatalistas y se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa. Había estado ayudando a las tareas de limpieza, así realmente no parecía ser la gerente del hotel, menos aún la princesa del Infierno.
Sonrió al ver a Nifty dando saltitos, con una torre de ropa limpia y planchada, y quiso creer que todo valdría la pena. Tenía que crear un ambiente lo menos hostil posible para que el mejor aspecto de cada pecador pudiese salir a flote.
—Oye.
Angel la detuvo justo antes de entrar. Charlie intentó sonreír al verlo arreglado con su corsé de cuero y una estola rosada.
—Voy a salir con Cherry.
No le estaba pidiendo permiso de ninguna manera, pero agradeció que le avisara cuando menos. No quería hacerle reproches de ningún tipo, los términos de su relación habían cambiado, sin embargo, algo de la preocupación que sentía pareció reflejarse en su rostro y Angel rodó los ojos antes de ponerse las gafas.
—Solo vamos a andar por ahí… quizás volando algunas cosas.
Charlie suspiró.
—Ve con cuidado.
Cerró la puerta a su espalda, dejando escapar un suspiro.
—Dos pasos adelante y uno para atrás —susurró.
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—¿Quieres un trago? —preguntó Husk mirando a Alastor —. Para tragarte la decepción, digo.
Alastor lo miró con media sonrisa.
—No vas a orillarla a una batalla territorial —agregó.
—Eso, ya lo veremos —respondió.
Husk se encogió de hombros, apurando un trago directo de la botella. Ver a la docena de demonios trabajando afuera, le agotaba. Sin embargo, antes de que cayera la tarde, había una granja instalada en el patio trasero.
Charlie había pasado casi una semana buscando a alguien que aceptara sus condiciones, y entre las leyendas que habían circulado respecto a cómo destruyó a Valentino, junto con una buena cantidad de dinero, finalmente había convencido a un granjero de cambiarse de territorio, garantizándoles la protección ante cualquier represalia.
El cabeza de familia, un demonio medio jorobado y gruñón, había llevado consigo a su esposa, seis hijos, entre ellos, una única muchacha, además de otros pecadores en calidad de empleados, y dos pequeños imp que, aparentemente, no tenían nada mejor que hacer.
—¿No te parece curioso que una familia completa esté en el infierno? —preguntó de pronto Alastor.
Su compañero lo miró, arqueando una ceja.
—No. Normalmente los degenerados vienen en paquete.
—Precisamente. ¿Crees que nuestra princesa haya tomado la precaución de averiguar qué clase de peculiares atribuciones convirtieron en pecadores a todos?
Husk volvió a mirar a los granjeros. No destacaban de nada de entre otros habitantes del infierno, si acaso, tal vez, el padre resultaba más feo de lo normal, pero la hija no estaba mal, de hecho, sus padres la habían ofrecido como empleada para el hotel, mientras que ellos se trabajaban la tierra.
—No pensarás hacer que los vigile, ¿o sí?
—No. Solo quizás deberías atrancar tu puerta al dormir.
Ambos dejaron el balcón desde donde observaban la mudanza en cuanto Charlie instó al clan a entrar para presentarlos con todos.
Sucios, hediondos y algo huraños, los recién llegados no se encontraron demasiado cómodos, excepto por la muchacha, entusiasmada con la idea de dejar las tareas del campo y convertirse en mucama, y charló con los huéspedes con total naturalidad.
Charlie no cabía en sí de la emoción, miraba a todos y prestó especial atención a Nifty, que servía la cena y fue demasiado evidente el especial empeño que ponía al atender a Baxter.
La escena volvió a causarle gracia y entonces entendió que, de alguna manera, sí se había formado un vínculo entre ambos, y ella era lo único que evitaba que se marchara a su habitación/laboratorio.
Se sentía tan feliz, que tuvo que frotarse las mejillas para controlar el impulso de parecerse a Alastor de tanto que estaba sonriendo.
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Charlie despertó súbitamente, sentía la boca seca y un ligero mareo que amenazaba con hacerla vomitar. Pensó que solo se trataba del remanente de un mal sueño, sin embargo, notó a Razzle y Dazzle, con los ojos encendidos en rojo, mirando fijamente la puerta, uno al lado del otro, parados sobre sus cuatro patas, como si estuvieran valorando la necesidad de liberar su forma demoniaca.
Alcanzó su albornoz, hacía demasiado frío, aun así, tuvo que limpiar una capa de sudor de su frente.
Abrió la puerta, y sus guardianes se adelantaron haciendo sonar sus pezuñas sobre las duelas de madera.
Razzle bufó, pegando la nariz en el espacio bajo la puerta al final del pasillo.
Charlie hizo memoria, esa era la habitación de Baxter.
Lentamente fue hacia allá, lo que fuera que estuviera haciendo, estaba poniendo nerviosas a las cabras y se preguntó si esa era una causa suficiente como para irrumpir sin permiso.
Sin embargo, a medida que se acercaba, incluso ella pudo percibir ese olor que los tenía inquietos, así que, sin dudarlo más, les ordenó embestir la puerta.
Pese a que no habían cambiado de forma, les tomó únicamente un golpe echarla abajo.
Las luces estaban encendidas, así que no había margen al error o a la malinterpretación.
Sintió que estaba hiperventilándose, y que de verdad iba a vomitar.
Todo en la habitación estaba salpicado de sangre, desde la alfombra hasta el techo. Los muebles, las cortinas y…
—¿Nifty?
El enorme ojo resplandeció. Su pupila estaba tan contraída que apenas era una línea cruzando de arriba a abajo, apenas podía ver su boca con un ligero temblor que se acentuó y extendió al resto de su cuerpo.
—¿Por qué? —preguntó con su voz aguda, casi de niña.
Charlie no supo qué responder, si ella misma no sabía, no había manera de que alguien más lo entendiera, intentó decir algo, pero se dio cuenta de que solo estaba balbuceando incoherencias.
El ojo cíclope se volvió acuoso, y con las manos manchadas de sangre se cubrió el rostro, empezando a llorar.
—Yo lo hice todo bien —siguió diciendo.
Charlie tragó saliva, luchando por no mirar fijamente el cuerpo tendido sobre la cama, con las extremidades retorcidas en formas tan antinaturales que resultaba grotesco.
A medida que se acercaba, con paso dubitativo, la claridad de la escena fue a peor, porque no solo estaba el cuerpo de Baxter, cerró los ojos al distinguir a la hija del granjero, o al menos lo que parecía serlo entre la maraña de cabello; le habían destrozado el rostro y abierto el pecho.
Otra vez sintió que estaba respirando demasiado rápido, pero no conseguía pensar en nada. Necesitaba sentarse, y así lo hizo.
—Dazzle —susurró —. Por favor, trae a Alastor, pero no hagas ruido.
La cabra asintió, usando sus alas para que las pesuñas no resonaran, y su compañero colocó la puerta para cubrir la vista a cualquiera que se asomara.
—Nifty, ¿qué pasó?
La joven detuvo su llanto un momento, tomando una caja blanca con lazo púrpura que estaba a su lado.
—Yo solo quería darle esto, estaba tan contenta porque lo terminé justamente para su cumpleaños. Quería ser la primera en felicitarlo.
Charlie abrió la caja. Dentro había una bata de trabajo nueva cuidadosamente doblada y una tarjeta que decía: "Con todo mi amor".
—Y ella estaba aquí. Ella pasó la noche aquí.
No sabía qué decirle, o si había algo que decir.
—Buenos días a todos.
La puerta cayó debido a que Alastor había intentado llamar antes de entrar, apenas levantando una ceja al ver el escenario que examinó como hacía con prácticamente todo.
—Qué inconveniente —dijo, cuando llegó al lado de Charlie.
Dazzle volvió a levantar la puerta.
—Nifty, querida. ¿Qué habíamos dicho sobre los muchachos?
—¡Pero esta vez lo hice todo bien! —sollozó —. Le demostré que podía ser buena, que soy una verdadera mujer, que yo… yo…
—Nifty, ¿ya te había pasado antes?
Fue Alastor quien respondió.
—Tragedia más ridícula que el amor en sí mismo, es la de la esperanza por sobre la experiencia.
Charlie miró los cadáveres. Los demonios podían resistir una cantidad brutal de daño, y en cuestión de tiempo con mínimos cuidados podrían recuperarse. Pero lo que estaba ahí, iba más allá de eso.
De pronto, tuvo que llevarse las manos a la boca para acallar un grito. El ojo de la muchacha se había movido, fijándose en ella.
Alastor lo tomó entre sus manos.
—¿Se lo dirás a sus padres tú, o lo hago yo?
Charlie jadeó.
¿Cómo se los iba a decir? ¿Había una manera sensible de dar una noticia así?
Alastor se paseaba de un lado a otro, bastoneando el micrófono. Si estaba realmente preocupado, no lo denotaba, ni por Nifty, ni por Charlie y menos aún los muertos.
El micrófono tocó el suelo con un golpe seco, liberando las sombras que se arremolinaron en la cama.
—¡¿Qué haces?! —exclamó Charlie.
Las facciones en el rostro de Alastor se afilaron al punto en que se parecía más al demonio que todos temían que al que había estado administrando el hotel todo ese tiempo.
Los cuerpos se levantaron, goteando la sangre coagulada sobre las sábanas ya empapadas y se compactaron con un crujido espantoso. Charlie tembló, quería cubrirse la cara, pero fue incapaz, estaba completamente paralizada.
—Querida. Te contaré algo que probablemente consideraste un detalle sin importancia, pero los demonios viven en los detalles.
Alastor se giró, quedando frente a ella, aún sosteniendo la masa de huesos y carne en las sombras, aun haciendo ese chasquido horripilante.
—Nuestros nuevos… socios comerciales, en vida fueron conocidos por una situación tan peculiar, que se convirtió en un estereotipo, y no de los buenos, he de decir. Cuando la policía llego a su granja, digamos que encontraron a un centenar de personas que habían estado en calidad de desaparecidas a lo largo de todo el condado ¡Mesas y sillas! ¡Pantallas de lámparas! ¡Y por supuesto, una olla de estofado! Aunque no fue fácil, el alguacil y su gente estuvieron intercambiando balas por casi dos horas, muertos en ambos bandos. Cuando llegaron al infierno, por obra de la caprichosa dama de la fortuna, pudieron reagruparse, y el clan entero se dedicó a conquistar un equivalente a su granja. Se mantuvieron independientes hasta que por fin un Overlord los sometió. Son una familia muy unida, en cuanto sepan lo que le ha pasado su única hija van a exigir sangre, y no les va a bastar la de Nifty, querrán arrasar el hotel, y ahí tendremos que tomar una decisión; dejarlos cobrar su venganza, o masacrarlos. Tus huéspedes o ellos, no hay vuelta atrás, a menos que…
Charlie, que había intentado concentrarse en sus ojos para no ver lo que estaba haciendo, simplemente fue incapaz de entender lo que parecía ser una solución lógica.
—A menos que esto se trate de un par de enamorados que se fugaron para librarse de este absurdo programa de rehabilitación.
Fue todo lo que pudo soportar, la idea era tan horrible que soltó a llorar.
—A menos que insistas en bajar a comunicarles este desafortunado incidente con la esperanza de que tranquilamente tomen la noticia como un hecho sin importancia.
—Yo… yo…
Un grito fuera de la casa la hizo saltar, sintiendo que se comprimía el corazón.
—Tienes que decidir rápido, querida—repuso Alastor cuando los gritos se convirtieron en una airada discusión entre el granjero y su esposa al respecto de la promiscuidad de su hija, que no había dormido en la casa, culpándose uno al otro.
Charlie asintió tan lentamente que pensó que no lo había hecho, entonces Alastor chasqueó los dedos, con lo que las sombras desaparecieron por un portal, llevándose los cuerpos ya convertidos en una masa informe, y haciendo un ademán, entre sus dedos estaba una carta cerrada.
—Nifty, querida, ya hablamos de esto. Por favor, limpia tu desastre.
Nifty, que solo permanecía hecha un ovillo en la cama ensangrentada, abrazando la caja de su regalo, asintió entre sollozos.
—Charlie, será mejor que bajemos antes de que rompan algo.
Sin importarle que no estaba vestida, fue detrás de él, sintiéndose aún como atrapada en una neblina que no le permitía pensar con claridad.
—¡Queridos amigos! —exclamó al abrir la puerta trasera, que conducía al antes jardín.
El matrimonio detuvo su pelea para mirarlo, con los ceños fruncidos, y los demás hijos muy poco interesados en lo sucedía.
El granjero, que tenía una escopeta en las manos, apuntó hacia Alastor.
—¡¿Te la llevaste a tu cuarto cerdo malnacido?! —preguntó.
—No —respondió Alastor, usando el micrófono para desviar el cañón el arma. No porque realmente le preocupara que disparara, sino porque le estorbaba.
Tan solo dio un par de pasos para poder extenderle la carta en la cara.
—Me temo que ha sido otro huésped.
—¡El pez! —exclamó uno de los hermanos luego de arrojar un moco —¡La vi coqueteándole!
—Baxter, sí —respondió Alastor —. Desafortunadamente, él ya había considerado dejar el programa para poder avanzar en su investigación
Charlie sintió un escalofrío, y solo se abrazó a sí misma, incluso el ruido del sobre rasgándose resultó aterrador. El granjero sacó la carta, pero se la dio a su esposa que la leyó en voz alta.
Tan solo ponía que nunca había tenido el valor para decirles lo mucho que detestaba la granja y aprovechaba la oportunidad para irse con alguien que le daría una mejor vida ya que era rico e importante.
—La zorra al fin lo cumplió —dijo otro de los hermanos, haciendo que sus padres le miraran.
—Lleva años amenazando con eso —repuso un tercero.
—¡Qué feliz coincidencia! —exclamó Alastor, aunque solo Charlie entendió el verdadero significado de aquello.
El granjero tembló por la ira.
—¡Que ni piense en regresar! —vociferó —¡Mi casa no es lugar para putas desagradecidas!
—Los esperamos a desayunar —dijo Alastor girándose sobre sus talones, tomando a Charlie del hombro para entrar en el hotel.
La condujo hasta su habitación, como si no fuese capaz de llegar por sí misma, lo que era una posibilidad dada la confusión en la que se hundía.
—Sonríe, querida —le dijo inclinándoles levemente hacia ella, tomando solo con el dedo índice su mentón para que levantara el rostro—. Aquí no ha pasado nada. Todo está bien.
Charlie asintió, cerrándole la puerta en la cara para enseguida correr al baño. Necesitaba quitarse la sensación asquerosa que tenía en todo el cuerpo. Tardo tanto que la piel se le irritó y cuando bajó al comedor ya era la última.
Todos estaban riendo, estaban tan felices que se sintió extraña al sentarse entre ellos.
—¡Princesa! —exclamó uno de los huéspedes —¡Vi hoy en mi calendario que llevo cuatro semanas limpio! ¡Nunca había estado tanto tiempo sin ponerme hasta el culo!
Algunos le aplaudieron, y Angel se burló de él presumiéndole sus seis meses, aunque eso dio la vuelta a que, a su vez, los demás se burlaran de él por no haber vuelto a esa marca.
—¿Princesa? —preguntó el mismo huésped con un dejo de preocupación.
Charlie sintió cómo todos la miraron, y un horror indescriptible se apoderó de ella, era como si todos esperaran que confesara. Abrió los labios, pero no consiguió decir nada.
—¡Baxter nos ha dejado! —exclamó Alastor.
—¿Qué? —preguntó Angel —. Pensé que ese santurrón estaba en la recta final.
—Pero ha decidido que su investigación es más importante.
—Orgullo —corearon dos o tres, restándole importancia.
—No estés triste, princesa, nosotros aún lo intentaremos.
Charlie halo aire, molesta consigo misma. De soslayo miró a los granjeros, él aun llevaba la escopeta, y frente a ellos, quien celebraba sus cuatro semanas de sobriedad, así que tenía que comportarse, no podía echar las cosas a perder, no cuando había quien se estaba esforzando tanto.
Se puso de piel golpeando la mesa con las palmas de las manos.
—¡Entonces todos daremos nuestro mejor esfuerzo! —gritó.
El grito la liberó de una forma tan increíble que debió sentarse inmediatamente. El ánimo se estabilizó entre los presentes que volvieron a sus ruidosas conversaciones.
—Toma, guapo —dijo Nifty sirviendo un plato al mayor de los hijos del granjero, casi haciéndole un guiño.
Charlie la miró con el ceño fruncido, pero no por molestia, sino por la confusión. Ella estaba perfectamente normal, no había rastro alguno del llanto ni el abatimiento que la había embargado en la habitación de Baxter, ni siquiera parecía molesta o arrepentida.
Alastor, que se había levantado para servirse un café, se inclinó hacia ella, susurrándole al oído.
—No existe el amor, solo la atracción y el deseo de poseer a otro.
Charlie tragó saliva, ¿y si era verdad? ¿Cómo iban a hacer el acto de amor que Gabriel le había pedido?
De alguna manera, en ese preciso momento, se convenció de que había echado todo a perder.
Comentarios y aclaraciones:
La lujuria, normalmente entendida como la promiscuidad, es en realidad más definida como el amor/deseo sobre algo/alguien más allá de todo (Dios incluido), que sobrepone el sentimiento propio al de otros (incluyendo el objeto de amor), o como es más simple, el clásico "si no es mío no será de nadie", clasificaría como lujuria.
Alguna vez, Vivzie comentó que, en el infierno, en el círculo donde se desarrolla la historia, no crecía nada, pero considerando que luego cambia de opinión y lo que estrictamente forma parte del canon no se ha pronunciado nada al respecto, además de que esto es un fic, me tomé esa licencia, dejándolo solo como que trabajar el campo es algo que nadie quiere hacer, aunque todos lo necesiten.
Solo usé a Baxter porque su relación con Nifty es un headcanon que se repite mucho, con todo y que, hasta ahora (2020), no hay absolutamente ningún dato relevante sobre él, ni de su personalidad ni de sus motivaciones, de cualquier forma, no es como si trascendiera demasiado, pero dejo la nota por si acaso, con el tiempo lo que es Baxter difiere del poco referente que le puse.
Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.
¡Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.
Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!
Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.
¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto
¡Gracias por leer!
