"Al Final, Todo Salió Bien"

Bien niñas, las que ya me conocen (o me recuerdan, mejor dicho), ya saben qué esperar: nada canon o convencional respecto a "Candy y Terry", o sea, ellos no son pareja, ni lo serán. Me gusta la pareja, pero...tengo problemas con eso. Pero hablaré de ello más al rato, cuando termine de postear este mini-fic de tres capítulos.

WARNING: Si eres una super fan de la pareja "Candy y Terry", o tienes problemas con verlos junto a otra persona, cierra esta página de una buena vez. Pero si eres alguien un poco razonable y estás dispuesta a leer esto, y a leer mis argumentos acerca de porqué esta pareja me causa problemas, entonces quédate ;)

Capítulo 1: Noche Buena

Navidad. Una de sus épocas favoritas en el año. Iría al Hogar de Ponny junto a Albert, Annie y Archie para Noche Buena, pues la Navidad debían pasarla en la mansión de los Andrey con la Tía Abuela. Bueno, ese había sido el plan. Pero Albert pidió le acompañara a Nueva York por negocios de los Andrey, y ella aceptó. Después de todo, estaban saliendo. Aunque la idea era regresar a tiempo para Navidad a Chicago, las negociaciones se extendieron más de lo previsto, y debido a una fuerte tormenta, la estación de trenes en Chicago no funcionaría por algunas semanas. Incluso en el hospital la habían excusado, lo cual no era tan extraño, ya que se trataba de algo que escapaba a su control, y era una Andrey. Pero deseaba volver pronto.

Candy telegrafió al Hogar, a Annie y a la mansión Andrey contando las malas nuevas, diciéndoles que volverían lo antes posible.

Suspiró. Eso no era un problema grave, aunque los extrañaría. Pero el gran problema es que era 24 de Diciembre, nochebuena, y tenía un regalo para Albert, pero deseaba darle algo más, algo diferente. No es que no hubiera cosas atractivas, pero nada la había convencido, además, si Albert deseaba algo, sin problemas podía comprarlo.

Recorría cada tienda y bazar que aún estuviera abierta, esperando encontrar algo simbólico y especial. Pero ya había pocos lugares abiertos y ella comenzaba a desesperarse.

Se cruzó en ese momento con alguien, que iba más distraído que ella y que parecía creerse un velocista. Casi la hace tropezar y apenas murmuró una disculpa. Pero ella si se volvió a verlo.

Navidad. Nunca fue su época favorita. Pero debía reconocer que de niño, en esas fechas, al menos no lo atormentaban tanto con palabras como "bastardo" y sus medios hermanos también parecían congraciarse un poco con él. Una pequeña tregua decembrina. Tal vez, después de todo, Cara de Cerdo si tenía algo de corazón.

Un rictus amargo se le formó en la boca. No. Su corazón era fría y dura roca, Hace poco se enteró que su padre intervenía para que le dejaran en paz.

Ya en el Colegio San Pablo, se la pasaba bastante solo, como el estudiante solitario que solo deseaba le dejaran en paz.

Nunca pasó una navidad con Candy ni amigos, por lo que para él no tenía algo especial. Solo un lejano recuerdo de sus tres años cuando sus padres seguían juntos. Como el recuerdo de un picnic en familia, eran su gran consuelo en los momentos de miseria. Probablemente esos dorados años de su primera vida habían evitado que se convirtiera en alguien aún más miserable, débil y falto de autoestima.

Ya más grande, su consuelo eran los recuerdos que compartía con Candy, pero tampoco eran un refugio exactamente; de hecho, se sentía peor.

Pero en los últimos cinco años, todo había cambiado mucho, para mejor en su mayoría. Su relación con sus padres sufrió una notable mejoría, en parte porque estaban juntos ahora. Nunca sería la más ideal, pero sabía que contaba con ellos y que no volverían a fallarle. Todo eso tomó bastante tiempo, pero lo habían conseguido.

No tenía una gran cantidad de amigos, pero para él eran suficientes; Karen, Robert, Susana después de separarse, Annie, Albert…

Lo demás era familia; su primo Edward (hijo de un primo de su padre), muy parecido a él físicamente, pero con diez grados más de arrogancia y superficialidad. Medio tacaño, algo codicioso, le gustaba bastante el dinero y siempre buscaba aprovecharse de la situación. Siempre había sido así, desde niños. Pero no era un mal tipo, era más alegre que el y conseguía hacerlo reír (¡qué proeza!) con sus tonterías, y también enfadarlo con sus despreciables defectos. Pero hacía de su vida algo más divertido, además de ser una de las personas que mejor le conocía; siempre que conocían a alguien, decía Edward respecto a Terry: "No dejes que te engañe. Por dentro es un osito tierno y abrazable. Solo dile que si a todo y no tendrás problemas". El lo miraba con reproche y le daba con el puño en la nuca.

También estaban Christine y su prometido Charles, buenos chicos ("chicos", aunque son mayores que él), y agradables. Los conoció gracias a su padre, pues ella era una de las dos hijas del mejor amigo de Richard, la mayor. Sabía cocinar, y muy bien, era agradable y gentil. La menor era otra historia; Aurora.

Era en general tranquila y seria, no le gustaba crear problemas innecesarios, pero a la vez terca y algo enojona; inteligente, con bastante orgullo, sabía cuándo ser egoísta; con mucha autoestima, aunque a veces pecaba de insegura; menos sensible que el, más fuerte y racional; persistente, cultísima y exótica, altísima, de sangre azul como el. Buena chica, era su mejor amiga. Su prometida.

Larga historia.

El punto es que la estaba buscando; desapareció hace horas, huyendo de Mattew y Thomas, sus persistentes pretendientes, aunque Mattew al menos era también su amigo de infancia. Le abrumaban de atenciones, y cuando ese par se juntaba, más valía apartarse de su camino. Eran la personificación del caos y destrucción.

-"¡Volveré pronto!"- le gritó antes de salir por la puerta trasera de la mansión donde todos vivían, al ver asomarse a ese par por una de las ventanas. Increíblemente, Mattew y Thomas les habían seguido desde el Viejo Mundo. Y le traían regalos, como siempre.

Llevaba un rato buscándola; a ella le gustaba la navidad, sin duda volvería a casa, pero estaba un poco preocupado, y Nueva York era muy grande. Además, ella era algo muy exótico en esas áreas del globo; tenía la piel blanca, es cierto, pero contrastaba bastante bien con su medio largo cabello negro y ojos pardo; era solo un poco más baja que el y de la cintura hasta el cuello era muy parecida a un varón, es decir, delgada, sin curvas pronunciadas (había hombres con pechos más grandes), brazos tonificados y hombros un poco anchos, pero de la cintura hacia abajo era definitivamente una chica. Claro que esto para ella nunca fue un problema, y sabía lucir elegante; lo suficiente para llamar la atención de los hombres..

Tropezó con alguien, una chica. Murmuró unas disculpas sin dejar de buscar, pero la mujer con la que chocó exclamó su nombre.

Continuará...

...

Bendiciones.

Betina C.