Atrapada en los brazos de un Demonio
Joven e Inocente, la heredera de las Industrias Muso, Jundo Rin, trata de demostrar al actual presidente de la empresa y único pariente cercano, Miasma Naraku, que ella quiere involucrarse más en los asuntos de la empresa, siendo deliberadamente ignorada por este y sus primos.
Al ser enviada a Rusia a terminar unas negociaciones sencillas, recibe un correo electrónico de la empresa, concertando una cita entre su tío, y uno de los hombres más poderosos de Europa y tal vez del mundo entero: Sesshomaru Taisho.
Rin toma la decisión de delegar sus responsabilidades y tomar un avión de Moscú a San Petersburgo, para reunirse con aquel enigmático hombre.
Sin embargo, su vida dio un giro completo al descubrir quien realmente era ese hombre de crueles ojos dorados.
…
Capitulo 1 "Rusia"
Jundo Rin tenía solo ocho años cuando sus padres y hermano mayor murieron en un viaje en avión hacia Estados Unidos, donde habían ido de vacaciones para celebrar el cumpleaños de su hijo mayor por sus buenas calificaciones.
Ella no había podido ir debido a que aun tenía clases y muy pronto seria su audición en el Conservatorio de Tokio, por lo que los alcanzaría en solo 5 días.
Sin embargo nunca imagino que en esos 5 días, ella terminaría huérfana, presenciando el funeral de sus padres y acabando bajo el cuidado del hermano adoptivo de su madre, Miasma Naraku.
El proceso fue doloroso y ella había caído en una fuerte depresión, por suerte ella contaba con algunos amigos que siempre que podían la ayudaban y cuidaban más de lo que incluso sus padres la cuidaron realmente.
La vida con su tío no fue horrible ni traumatizante, al menos no últimamente.
Apenas pasaron algunas semanas desde la muerte de la familia Jundo, y Naraku tomo el poder de la empresa, alegando el cuidar el puesto de la presidencia hasta que su adorada sobrina tuviera las habilidades necesarias para tener el control de la empresa.
Él hombre aumento rápidamente el valor de la empresa y el número de clientes e inversionistas aumento considerablemente.
Ella había tenido que abandonar sus sueños de dedicarse a la música, y empezar a estudiar economía y administración de empresas desde esa tierna y corta edad.
Sus primos habían sido crueles con ella, tratándola como si fuese una tonta y haciendo que los nuevos sirvientes, traídos de la anterior casa, la hicieran menos o la castigaran a base de maltrato psicológico y castigos corporales.
El tiempo límite se agoto cuando una de las sirvientas la había abofeteado por tocar la flauta sin consentimiento de los amos y había perdido un diente que no estaba flojo. Había salido corriendo, aterrada, escuchando los pasos de aquella mujer siguiéndola, gritándole que se detuviera.
Ella quedo escondida en un parque hasta que estuvo segura que nadie la seguía. Sonrió y cayo, agotada en aquel parque, sintiendo frio, pero libertad, una hermosa libertad.
Antes de desvanecerse, escucho unos pasos tranquilos hacia ella y una calidez extraña que envolvió su cuerpito, haciéndola sonreír sinceramente, tal vez un ángel por fin había decidido llevarla con sus padres y acabar con su miseria de vida.
Para cuando recupero el conocimiento, estaba en una camilla de un hospital privado, al lado de la cama se encontraban sus amigos, viéndola preocupados y aliviados de que despertara.
Desde ese día los servicios sociales, socios de la empresa y la prensa estuvieron al pendiente de cualquier paso en falso que dieran hacia ella.
Por su puesto, la mujer fue despedida y arrestada por abuso infantil, que al no querer irse sola, delato a los demás sirvientes que ella había visto hacer lo mismo con la niña.
Los hijos de Naraku fueron enviados a internados extranjeros donde no podrían hacerle más daño y aun después de graduarse, no iban a esa casa ni para las vacaciones.
Incluso Naraku había permitido que ella volviera a sus clases de música en cuanto ella salió completamente de rehabilitación.
La vida empezaba a sonreírle, aunque no podía decirle a nadie del ángel que había salvado su vida ese día.
Con el pasar de los años, comprendió que aquel hombre que vivía con ella en la mansión de sus padres no la quería. Todos los días desayunaba sola, comía sola y a veces la acompañaba en la cena, pero jamás habían hablado de ningún tema.
En las fiestas navideñas, ambos iban a fiestas de caridad y cenas con socios importantes. Fingían ser inseparables y él fingía quererla y sobreprotegerla… Aunque nunca perdía la oportunidad de insinuar una alianza matrimonial, usándola a ella como el puente entre la unión de grandes empresas.
Sin embargo, ella noto esto, y decidió cuidar del legado de sus padres y en el fondo, quería agradar a su tío y demostrarle que ella podía continuar con el legado familiar.
Logro adelantarse dos años y se graduó con mención honorifica en Administración de empresas y empezó a trabajar en el negocio familiar desde los 17 años como pasante.
Ahora con 20 años había logrado un puesto alto en la empresa y estaba postulándose para la vicepresidencia. Sus amigos estaban orgullosos de ella y le repetían varias veces que sus padres seguramente también lo estarían al ver sus logros.
Pero a pesar de tener una exitosa carrera en ascenso y amigos verdaderos que nunca la defraudarían, había algo que aun no lograba superar.
El amor.
-Rin, te vez increíble –Le decía asombrada Sango, su mejor amiga desde la cuna, y su confidente en cada aspecto de su vida –El inversionista quedara asombrado cuando te vea.
La chica estaba vestida con un traje azul marino femenino de dos piezas que se ajustaba a su cuerpo sin querer, haciéndola un poco más provocativa de lo que le gustaría. Una blusa blanca planchada a la perfección sin dibujitos, haciéndola ver aburrida, en su opinión. Y unos zapatos de tacón medio que le hacían ganar algunos centímetros.
-Me siento tan insípida –Murmuro mientras miraba su reflejo en el espejo. Su cabello estaba recogido en una coleta alta y el flequillo cubría el ojo izquierdo, prefería el pelo suelto, pero seguramente con él frío que hacía, seguramente se despeinaría en un segundo.
Rusia, el lugar más frío de la tierra. La única razón por la que ella había puesto un pie en este lugar fue por órdenes de su tío.
Este helado país tenía una de las empresas de refinería más lucrativas del planeta, y su tío había aprovechado que él hijo del dueño tenía cierta fijación por su sobrina. Prácticamente solo tenía que mover sus pestañas y cerrar el trato.
Y eso la enojaba, había estudiado como posesa en la Universidad día y noche, para que su titulo quedara de lado y solo la vieran como una cara bonita.
Por desgracia eso había sido hace una semana y todo había salido a la perfección.
Suspiro mientras se ponía algo de maquillaje para intentar hacerla ver mayor, pero por la risa que su compañera de viaje le dedicaba desde la cama, le hicieron ver que no estaba teniendo resultados.
-No hace milagros, cariño –Dijo soltando otra carcajada al ver como ella quería fulminarla con la mirada.
No es que se quejara de su apariencia, en general se sentía cómoda con su aspecto. No era como la mayoría de las niponas gracias a la descendencia de su padre que su familia era americana así que tenía algo más de carne que sus compañeras de trabajo. Pero el problema era su cara.
A pesar de que le dijeran que era atractiva, también era cierto que aun tenía rasgos infantiles aún. Su cara tenia forma de corazón y sus ojos eran grandes como los de una muñeca, y su sonrisa tenía unos hoyuelos que la hacían ver más adorable que seductora, cuando intentaba iniciar un coqueteo con alguien, lo que ocasionaba que mayormente la miraran con ternura en vez de deseo.
Y lo peor eran labios.
Sus labios eran rosados y carnosos, pero el labio superior era un poco más grande que el inferior, así que parecía tener un puchero permanente en su cara. Cosa que no era muy útil a la hora de las reuniones de negocios ¿Cómo se suponía que impresionaría a los inversionistas si ella parecía una mocosa de 16 años?
-Juro que un día me haré cirugía plástica para quitarme estos labios de pato –Murmuro viéndose al espejo de nuevo
Esperaba que él traje la ayudara a verse mayor, más seria y madura, pero causaba el efecto contrario, parecía más como una niña que tomaba la ropa de su madre para jugar a ser adulta, en palabras de su amiga.
-No molestes… Esta es una oportunidad para que mi tío me tome enserio –Dijo haciendo un puchero que solo la hacía ver más infantil y a Sango la hizo reír más fuerte.
Rin le enseño la lengua y miro de nuevo su computadora portátil. Entro nuevamente a su correo y reviso por última vez el mensaje que le habían enviado… O bueno, más bien a su tío.
"Naraku,
Mi secretaria parece estar teniendo problemas para localizarte. Me informó que ha sido incapaz de llegar a ti. Le dije que eras un hombre ocupado. Pero también yo soy un hombre ocupado. Tampoco soy un hombre demasiado paciente. Tenemos asuntos que discutir. San Petersburgo, 5 de febrero, 8 p.m., restaurante "Ёкаи". Espero que estés allí. No llegues tarde. Sabes cuánto detesto la impuntualidad. Odiaría que nuestra amistad fuera arruinada por algo tan pequeño.
Espero ansioso nuestra reunión,
Sesshomaru Taisho"
Honestamente no había escuchado nunca de él. Es más ni siquiera sabía que su tío contaba con amigos que fueran capaces de hablarle con tanta prepotencia y ordenarle a hacer algo. Ciertamente era aterrador y admirable.
Suponía que al ser la representante de su tío en tierra extranjera, los empleados habían preferido dirigirle el recado a ella. Al principio, había pensado en reenviar el correo a su tío. Pero luego pensó, si ella era capaz de negociar con este hombre y solucionar el problema que tuvieran, definitivamente todos la tomarían más enserio y demostraría que realmente estaba hecha para este negocio…
O al menos ese había sido su optimismo inicial, ya que al buscar imágenes del hombre en internet, todo su optimismo se había ido por el caño.
En la fotografía podía verse a un hombre alto, de cabello largo rubio, casi platinado; su rostro varonil y perfecto, sin una sola imperfección o arruga en él. Tenía el tipo de musculatura que la mayoría de los hombre solo podían soñar, más que un aburrido hombre de negocios, parecía un boxeador profesional; pero lo que le detuvo el corazón fueron sus ojos. Eran dorados, hermosos, fríos… y crueles.
La información de Wikipedia informaba que era un magnate petrolero, millonario de 32 años.
¡32 AÑOS!
A menos que nacieras en una cuna de plata, era muy difícil que un hombre a tan corta edad consiguiera tanto dinero…
-Al menos no de forma legal –Alego su amiga con su teléfono también viendo la información en su teléfono –Amiga, este tipo es caliente, pero su mirada aterra.
-¡No digas esas cosas! –Regaño a su amiga mientras se colocaba unos pendientes en sus orejitas, no le gustaban pero eran necesarios –Además es un empresario, claro que debe dar miedo o no lo respetaran… Es una cena de negocios, no una cita a ciegas.
No era ciega, el hombre realmente era guapo, pero para nada su tipo. Ya se lo imaginaba, era frio, cruel, impaciente, perfeccionista, retorcido y malvado. Y sí, su mirada daba miedo.
Ella tenía cierta experiencia con hombres mayores, pero todos se habían ido tan rápido como habían llegado a su vida. Quejándose de lo infantil e inmadura que era para ellos, haciéndole daño a su corazoncito.
Y eso era su mayor problema, ella quería un hombre que fuera tierno, cariñoso, amable y dulce con ella. Quería que la amara por cómo era y no solo si era buena en la cama. Quería que la abrazara con cariño después de hacer el amor. Quería ser su prioridad y que quisiera tener hijos con ella, unos perros, gatos, tortugas y tal vez una mascota exótica por ahí.
Pero todos sus novios anteriores se habían largado apenas veían que ella buscaba una relación estable.
Sango lo sabía y se había reído, alegando que dejara de leer novelas para adolescentes y cuentos de hadas y empezara a tener más cuidado con los hombres que escogía. O al menos que bajara sus expectativas.
Pero era imposible, ella sabía que había alguien así para ella, solo que no lo había buscado bien.
Sí, quería la versión heterosexual de Azumaya Junta, demándenla.
Termino de colocarse un collar de perlas alrededor de su cuello y volteo a ver a su amiga.- ¿Profesional?
La castaña alejo su mirada de su teléfono para ver a su amiga. El traje realmente la hacía ver aburrida y falsa. Su hermoso rostro cubierto con un maquillaje insípido y que por poco opacaba su juvenil apariencia y el labial café que intentaba cubrir sus labios de puchero.
-Pareces una trabajadora social –Sonrió su amiga mientras le tomaba una foto con el celular en el justo momento en que la más joven hacia un puchero, mandando al demonio todo su elaborado plan para lucir madura. La risotada que dio resonó por todo el pasillo… O tal vez todo el hotel.
Rin le enseño la lengua y se sentó malcriadamente en la silla frente al tocador, mientras Sango se ponía de pie y le colocaba un maquillaje más colorido. Tal vez no se veía más madura con la sombra para ojos rosada y los labios coloreados del mismo color, pero al menos estaba segura que ese tipo se quedaría lo suficientemente embobado para permitir unas palabras con ella solo para ver sus bonitos labios.
-Es tarde –Se levanto como resorte y tomo su pequeña maleta de viaje, si no salía ahora, perdería el vuelo y llegaría tarde a la cena, y probablemente la empresa sufriría una perdida por su culpa.
-Segura ¿Qué estarás bien? –La castaña miraba preocupada a su amiga. Rin era enérgica, inteligente y podía cuidar de sí misma… Sin embargo, era pésima para orientarse, incluso en casa se solía perder a pocas cuadras de su casa si el taxi o el autobús se desorientaban.
La única razón de que después de unas semanas estuviera aun aquí, era porque Sango y su esposo estaban de vacaciones en aquel lugar y cada que tenía tiempo Sango la acompañaba, pero ya era hora de dejar de interferir en las vacaciones de sus amigos.
-Escucha, Sanguito, solo iré por dos o tres días máximo, te mandare un mensaje cuando llegue al aeropuerto, cuando llegue a mi destino, cuando llegue a mi hotel y cuando salga del restaurante. Si las negociaciones se atrasan te avisare para que no te preocupes, ¿ahora puedes confiar un poco más en mí?
Diablos, ojos de cachorro. Malditos ojos de cachorro no.
Sango gruño y abrazo a su amiga maternal y protectora. Sus padres estaban en el infierno, Enma debería haberlos mandado directo al Tártaro a que Hades los torturara toda la eternidad por haber dejado desamparada a una chica tan inocente, o lo que es peor, a merced de ese monstruoso ser humano de nombre Naraku.
-"Enma y Hades son de la misma mitología ¿No?" –Se pregunto Sango mientras seguía apachurrando el cuerpito de su amiga entre sus brazos. Todo era culpa de la menor y su estúpido amor al anime, y su propia culpa por sentarse a ver con ella todos los capítulos de esas caricaturas. Al menos eran entretenidos la mayoría de ellos.
-Sango, me asfixias –Susurro la menor, y respiro con dificultad una vez que fue liberada.
Luego de un par de minutos de advertencias y despedidas, Rin salió del hotel y corrió a tomar el primer taxi que encontrara y la llevara al aeropuerto.
El viaje fue corto pero cansado, por suerte tenía una playlist que le evitaba quedarse dormida en el camino. Lo malo era que era tan pegajosa que no podía evitar tararear los coros y tamborilear con los dedos, lo que hacía que la mayoría la viera mal por comportarse como una mocosa. Bajo la mirada triste, ese era su mayor defecto, no el ser infantil, sino que era fácilmente afectada cuando no era agradable por su personalidad.
Casi fue un alivio una vez que aterrizaron y ella bajo rápidamente del avión, tenia 1 hora para registrarse en el hotel, dejar sus cosas y salir disparada al restaurante.
Por suerte había llegado arreglada y así no perdía tiempo en vestirse.
5 minutos antes de las 8pm, Rin bajo del taxi en el restaurante "Ёкаи" donde sería la reunión, dio una profunda respiración y mando un mensaje a su amiga antes de caminar decidida y seria dentro del local, esperando que no notaran que estaba muerta de miedo. Ni siquiera estaba medianamente segura de que era lo que hablaría con aquel hombre que estaba tan molesto con su tío.
El local era agradable y elegante, iluminado con luces blancas haciendo lucir el lugar más acogedor. Para su suerte, el personal hablaba inglés fluidamente, así que al menos no tendría que hacer el ridículo ordenando en ruso.
La muchacha de la recepción le dio una rápida hojeada y pudo ver que fruncía el seño, no entendía por qué las mujeres siempre la veían de esa manera tan… despectiva; pero rápidamente recompuso su porte y le dedico la sonrisa más falsa que hubiese visto en toda su vida.
-Buenas noches –Pronuncio en ingles la pelinegra mientras uno de los empleados le retiraba el abrigo –Estoy aquí para reunirme con Sesshomaru Taisho.
Por un segundo sintió todas las miradas sobre ella, sorpresa, incredulidad y hasta pena. La mujer amplio más su sonrisa y le hizo un gesto con la mano de que la siguiera. Rin miro de reojo a los demás empleados que al verse descubiertos caminaron en distintas direcciones, lejos de ella.
Se encogió de hombros y siguió a la mujer que caminaba elegante y hasta algo prepotente frente a ella por los pasillos, como si fuese la dueña del restaurante.
Las mesas estaban estratégicamente alejadas de las demás mesas, suponía que era para que los meseros pasaran entre ellas con más facilidad, y los demás comensales no pudieran escuchar lo que se hablaba en las mesas de junto.
Rin miro su reloj, a 30 segundos de dar las 8, suspiro con alivio y una sonrisa sincera adorno su rostro, había logrado llegar a tiempo. Alzo la mirada para ver que estaban por llegar a una de las mesas más alejadas y sus enormes ojos cafés se quedaron viendo al hombre que sostenía una copa de vino y la miraba fijamente.
Las fotografías no le hacían justicia, de cerca era mucho más hermoso e intimidante, y sus ojos dorados parecía que congelarían el mismo fuego de las velas sobre la mesa, parecía sereno y hasta aburrido mientras miraba cada uno de sus movimientos. Rin en ese momento agradeció su auto control para evitar sonrojarse y temblar ante su mirada.
Escucho un suspiro, casi jadeo a su lado, y miro de reojo a la mujer que iba a su lado que veía como una estúpida al hombre. Claro, tal vez no la veía a ella, veía a esta hermosa mujer que se veía más madura y sensual con esa blusa escotada y la falda que enseñaba sus piernas.
Suspiro y se detuvo justo frente a la mesa, y se sorprendió de que esos ojos la estudiaran ahora con frialdad casi imperceptible.
-Buenas noches –Dijo mientras hacia una respetuosa reverencia, la costumbre- A mi tío Naraku le fue imposible venir esta noche, se encuentra en América en medio de un negocio muy importante y me pidió venir en representación suya esta noche –Dijo lo más relajada que pudo y luego estiro su mano para un apretón –Jundo Rin, un placer –Finalizo con una tierna sonrisa que alcanzo a sus ojos.
El hombre no movió una pestaña, solo la miraba como si ella fuera un animalillo insignificante, y eso poco a poco desvaneció la sonrisa sincera de Rin que se transformó en una mueca de duda.
-¿Esto es una broma? –Pregunto en un japonés exquisito e impecable, su voz era fría, varonil y fuerte, que no dejaría a nadie con dudas de cualquier orden que saliera de esos pálidos y finos labios.
-No, señor –La menor tomo asiento frente a él, en la silla libre- Mi tío me dijo que me ocupara de este asunto dada su apretada agenda.
Si Rin no lo hubiera estado viendo fijamente desde que llego, no habría notado el ligero estrechamiento en sus ojos. Estaba molesto, diablos.
Sesshomaru llevo la copa a sus labios y la bebió tan lentamente que parecía que nunca se la terminaría, pero sus fríos ojos estaban fijos en ella aún.
-"No le des el gusto Rin, no dejes de mirarlo, no dejes que te intimide" –Se dio ánimos mentalmente mientras le sonreía nuevamente para calmar un poco el ambiente, le gustaba ser positiva y seguramente el hombre no trataba de ser desagradable ¿Verdad?
-No hago negocios con niños. No debes tener más de 15 años, tal vez 16.
Oh no, él no había dicho eso. Sus mejillas se pusieron rojas. Era en momentos como ese que en verdad odiaba su apariencia, nadie creía que ella tuviera edad para entrar en el negocio, para beber, incluso un oficial la había detenido creyendo que era una adolescente que había hurtado el auto de sus padres.
A veces era divertido, pero en este momento ciertamente no lo era, y su voz tan dulce y suave que parecía de alguna caricatura infantil no ayudaba.
-Tengo 20 años, así que difícilmente puedo ser llamada niña, Sesshomaru-sama –Dijo lo más calmada que pudo, y entonces noto que algo cambio repentinamente en la expresión cambio de una seriedad absoluta, a una expresión un poco más tensa –Sumimasen, no me acostumbro aun a los honoríficos del país.
La mirada de Sesshomaru se volvió tan fría que estaba segura que hasta el sol se congelaría, imaginen como estaban los nervios de la pobre muchacha. Olvido como respirar en esos 5 segundos, incapaz de apartar la vista y su cuerpo tenso como la cuerda de una guitarra.
-Si Naraku no podía venir, por lo menos me hubiera alertado para que no perdiera mi tiempo –Sesshomaru se levanto, luciendo mucho más alto e imponente que antes –Vete a casa, detenysh.
Y después de eso se fue, con un par de guardias siguiéndolo a la salida, no sabía cómo se podían esconder tan bien dos hombres de semejante complexión.
En cuanto el hombre salió del establecimiento, Rin escucho los ruidos a su alrededor, las voces de los comensales y la música de fondo. Como si hubiera estado atrapada en otra dimensión con ese hombre, o todos habían guardado silencio para tratar de escuchar la conversación entre ambos.
Y entonces Rin entendió la forma en que Sesshomaru la había llamado: "Detenysh"; una cachorra, una niña.
Sintió una oleada de rabia recorrer su cuerpo. Ese sujeto era un… Soltó el aire despacio de sus pulmones, no quería pensar, no iba a darle el gusto de salir a reclamarle, ella no era así… Ella no debía ser así.
Suspiro y decidió tomar la carta para comer algo, no había comido nada desde esa mañana.
Salió satisfecha del restaurante una hora después con una pequeña sonrisa, no todo había sido tan malo, al menos sabia que ese hombre era un amargado y grosero, no tenia por que hacer tratos con él cuando estuviera en la cabeza de la empresa.
Se acurruco en su abrigo como si fuera un oso de peluche gracias a las heladas temperaturas y camino por la calle con una sonrisa. Mañana podría explorar un poco en el centro antes de irse a casa.
Al estar las banquetas vacías empezó a dar círculos en un pie por la calle viendo la nieve caer. Era de esos pocos momentos de libertad donde podía ser ella misma. Al llegar a la esquina el semáforo estaba en verde, así que tenía que esperar para cruzar la calle. Alzo la mirada a la luna que resplandecía más brillante gracias a la nieve.
Alzo la mano al cielo y miro como la luz se colaba entre sus dedos hasta su rostro y sonrió de forma tierna –"Mamá, papá, gracias por permitirme vivir una vida tan plena, descansen, por favor".
La luz cambio y cruzo por la calle para llegar a la siguiente cuadra para tomar un taxi que la llevara a su hotel y darse un delicioso baño y a dormir. Afortunadamente había un taxi oportunamente aparcado cerca.
Subió y le indico la dirección al chofer y se recostó contra la ventana. Ahora que lo pensaba fríamente, su tío estaría furioso con ella, por haber metido la nariz en donde no la llamaban.
Miro su reflejo en la ventanilla del auto, todo era culpa de su "estúpida boca de pato", como le decían en la escuela. Iba a hacerse esa cirugía plástica para arreglar este problema, no podía darse el lujo de parecer una chiquilla inexperta si iba a heredar una empresa de tanto prestigio como Lo era la suya.
Cerró los ojos pensando en todas las veces que la molestaban por ser más pequeña y "adorable" desde que era una niña, su hermano, sus compañeros de trabajo, amigos, y ahora los posibles socios corporativos. Había pensado que si usaba más maquillaje o ropa más aburrida luciría más madura, pero parece que no hacían milagros, como decía Sango.
Rin abrió los ojos cuando sintió que el auto aumentaba la velocidad, miro por la ventana y noto que ya no estaban en el centro de la ciudad.
Busco su teléfono y casi perdió el aliento al notar que ya no estaba en su bolsillo ¿Qué diablos?
Antes de que pudiera decir algo un extraño olor invadió su nariz y empezó a ver borroso. Antes de caer desmayada, noto como el hombre hablaba por teléfono con alguien en ruso.
"El paquete está en camino"
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Despertó desorientada, sintiendo un dolor palpitante en su cabeza y dando vueltas aún. Abrió los ojos, y frente a ella había una elegante chimenea con rejilla. Poco a poco alzo la cabeza y miro alrededor. Estaba en la sala principal de una mansión, la alfombra bajo suyo, los sillones, los floreros y jarrones; todo en esta casa gritaba "dinero".
Tembló al ver a varios hombres fornidos a cada lado de los ventanales mirándola atentos, como leones a una presa y casi grito de horror al notar que uno de ellos se lamia la comisura de los labios con lascivia cuando poso su mirada en él.
La puerta principal se abrió permitiendo que la luz entrara en la habitación y todos los matones se pusieron firmes. Rin miro a la hermosa mujer que se quedo parada frente a ella. Era más alta que ella, por lo menos una cabeza. Tenía el cabello castaño largo y ondulado, su piel blanca que la hacía ver como una muñeca de porcelana, ojos pequeños y azules que la miraban con dureza y su escultural cuerpo enfundado en un ajustado conjunto negro. Era todo lo que Rin quería ser.
Una mujer.
Una hermosa, fuerte y decidida mujer.
La mujer intercambio algunas palabras con uno de los matones en una lengua que Rin no conocía, pero pudo entender que la mujer se llamaba Sara.
-¿Qué Quieres de mí? –Pregunto con algo de timidez, no quería verse débil, pero estaba aterrada- ¿Por qué me secuestraron?
Un ardor en su mejilla y el dolor en su costado la hicieron soltar un gritito. Esa tipa la había abofeteado y tirado al suelo. Alzo la mirada de nuevo y vio como movía su mano con una sonrisa divertida.
-Al ala Sur, comida y agua una vez al día hasta nuevo aviso –Dijo en un tono de voz tan bajo y delicado que no contrastaba nada con su mirada de superioridad hacia ella.
Unas fuertes manos la agarraron y se la llevaron como costal de papas, aprovechando que la chica seguía aturdida.
Sara sonrió divertida y mando un mensaje con su teléfono antes de dirigirse a otra parte de la casa.
-Que dé comienzo el juego.
