Atrapada en los Brazos de un demonio

Capitulo 3 "Atracción"

Rin abrió los ojos de golpe al sentir algo diferente. Muy extraño.

Cálido...

Sentía calor en su cuerpo...

Sus ojos, antes desenfocados por la somnolencia vieron el techo de la habitación... No estaba húmeda y mohosa. Estaba limpia.

Movió los ojos por él cuarto y miro las paredes. Pintadas impecablemente de blanco y el piso estaba tapizado con alfombra.

Finalmente, bajo la mirada a la sábana.

La cama era bastante grande.

Las sabanas eran suaves y acogedoras, y olían a suavizante.

-¿Qué cara...?

Se tapó la boca. No diría una grosería. No por lo que decían de las señoritas bien educadas o cosas así. Solo no le gustaba decir groserías.

Se incorporó en la cama, pero se arrepintió al sentir sus músculos adoloridos.

Miro a la izquierda de la cama y casi cae de un brinco al ver que en la mesita de noche estaba una bandeja llena de comida. Frutas, verduras, carne, queso, café.

Se le hizo agua a la boca. Incluso había un par de cajas de pastillas y un ungüento que no comprendía bien que era, dado que estaba escrito en otro idioma. Había un pedazo de papel doblado a la mitad con su nombre, así que lo abrió. La caligrafía era elegante e impecable. Venía con indicaciones de uso de cada medicamento y los horarios. Miro enfrente de su cama. Había un reloj de pared encima de una puerta, que parecía la puerta del baño.

Bajo el pedazo de papel y miro con desconfianza la comida y las medicinas... ¿Qué tal si era veneno? ¿O píldoras de la verdad? ¿O algún medicamento experimental para controlar su cerebro?

Pero cualquier teoría conspirativa, y seguramente muy de ciencia ficción, que estuviera ideando en su cabecita, se fue a dar un paseo cuando su estomago resonó por la estancia. Sus mejillas se pusieron rojas y se agarro el estomago, que estaba adolorido. Suspiro con resignación.

-Nop, baño primero, estomago. –Rin sonrió ante su broma y se puso de pie para caminar al baño. No le molestaba ir descalza gracias a la alfombra, pero realmente le gustaba mucho la sensación de libertad que sentía en sus pies.

Abrió la puerta y se asomo con cuidado, como si temiera que alguien estuviera allí adentro. Afortunadamente no había nadie y eso la hizo respirar aliviada. Era espacioso, tenía una ducha y una bañera por separado. Un desperdicio de espacio y de agua.

Y había otra puerta del otro lado del baño. Camino de puntitas para acercarse y trato de abrir la puerta. Casi no se sorprendió de que estuviera cerrada, pero aún así era frustrante.

Muy bien, dejaría eso para después. Estaba asquerosa y necesitaba una ducha con urgencia.

Camino hacia la bañera y abrió las llaves para que empezara a llenarse. Mientras se retiraba la andrajosa ropa, noto un pequeño control a un lado de la tina. Toco uno de los botones y se escucho música clásica saliendo de algún lado del baño.

Hizo una mueca, pensando en lo innecesario de la función... Pero por otra parte, así tendría algo de entretenimiento para variar, y dudaba que se enojaran con ella por tocar los objetos de la estancia. Deberían haberse llevado el control si no querían que lo usara.

Adivinando más que nada, presiono muchos botones hasta que escucho una música más a su estilo. La mayoría pensaría que escucharía K-pop o alguna balada cursi y romántica. Lo hacía, evidentemente, pero ella era más fan del rock.

Cuando el estridente sonido del cantante llegando a notas imposibles y el guitarrista con acordes que le hacían erizar la piel, se escucho por todo el cuarto, sonrió antes de meterse a la tina y correr la cortina.

Soltó un gemido, que sonó demasiado a un gemido, una vez que entro. Pero no había sentido tanto placer por bañarse en su vida. Tenía derecho a consentirse un poco después de esos días de mierda.

No supo cuanto tiempo estuvo dentro, tarareando las canciones que se sabía y tallándose la mugre de su cuerpo y cabello. Pero cuando abrió la cortina para salir y vestirse de nuevo, casi grito al ver que no estaba su ropa. No la extrañaría, pero no iba a ir desnuda por ahí, y peor aun... Alguien se había metido cuando ella se estaba bañando, y por distraída no lo escucho.

Se acerco temblando al único mueble de la habitación y saco dos toallas limpias, que lucían como nuevas, y que estaban perfectamente dobladas, para enredarlo alrededor de su largo cabello y su menudo cuerpo. Trago saliva antes de volver a caminar hacia su cuarto, que era el único lugar por donde podrían haber pasado sin que ella se diese cuenta.

Se asomo lentamente por la puerta. La cama estaba perfectamente tendida y había una bata de baño rosa sobre ella. Hizo un puchero al ver que no habían tenido la decencia de darle algo más para vestir, pero era eso o andar desnuda por ahí.

Se quito la toalla que envolvía su cuerpito y se puso la bata rápidamente. Observando mejor la habitación. Había una ventana que daba al patio. Tenía barrotes y seguramente tenia vidrios blindados.

Suspiro y se acostó en la mullida cama con una mueca. Miro de reojo a la mesita de noche y suspiro. No quería morirse de hambre.

Con eso en mente, tomo las pastillas y las trago con un poco de agua. Luego tomo el ungüento y lo coloco sobre los moretones que aun estaban en su piel y su cara.

El resto del día solo pudo dar vueltas en la cama, y ver al sol moverse por el cielo. No había nada en esta habitación, ni una triste revista, o algo para escribir, o dibujar. A veces tarareaba una canción o se quedaba perdida en sus fantasías. Al final volvió a quedarse dormida, a falta de algo mejor que hacer.

Tenía un bonito sueño de ella caminando por la playa con un ligero vestido blanco, y reía mientras el agua del mar tocaba sus pies. Volteo, girando sobre sus pies para ver tras de ella a sus padres que la miraban desde la distancia, sonriéndole cálida y amorosamente. Los ojos se le llenaron de lagrimas y corrió hacia a ellos llamándolos y estirando los brazos.

Y en ese momento alguien los atravesó con una filosa espada, ambos cayeron al suelo en un charco de su propia sangre. Rin se paralizo del terror, al ver a sus queridos padres de esa manera. Volteo al sentir una oscura presencia tras de ella y se encontró con los aterradores y malignos ojos de su padrino, que le sonreían con maldad y la tomaban del cuello.

Rin huyó rápidamente, sintiendo un hormigueo en las plantas de sus delicados pies hasta que tropezó y cayó de cara en la arena. Alzo la cara y volvió a ver a aquel malvado hombre que seguía sonriéndole de esa horrible manera.

Retrocedió pero tropezó y al ver lo que estaba a sus pies eran los cadáveres en descomposición de sus padres.

Grito.

Despertó de golpe en aquella habitación y miro a todos lados, buscando a Naraku, a algún peligro, a sus padres. No había nadie.

Sollozó, no quería llorar, no quería ser débil. Pero los sueños de sus padres muertos siempre la afectaban... Así que se dejo ir.

Su llanto era desgarrador, y lamentable. No pensaba que se mereciera esto. No era una santa, pero tampoco era una mala persona. Odiaba ser tan débil.

Casi se sobresalto al sentir un par de brazos rodearla. Unos brazos amplios y fuertes y cálidos, que la hicieron temblar.

Alzo la mirada, notando un par de ojos dorados que la seguían mirando con seriedad, pero seguía estrechándola entre sus brazos.

En este momento no quería ser orgullosa, no le importaba esto ahora. Solo quería que alguien le dijera que todo estaba bien, aunque fuera una mentira.

Se recostó en el amplio pecho de Sesshomaru y empezó a llorar como una niña pequeña. Sintió la tensión en los músculos del hombre pero también que sus dedos peinaban casi cariñosamente su cabello.

No debería sentirse tan bien.

No debería sentirse tan tranquila.

Tan protegida.

Pero lo hacía. Se sentía a salvo con él. Al menos por los próximos minutos, ella confiaba en él.

Escucho que le decía algo pero no se sentía con las fuerzas para nada. Y no supo en qué momento cayó dormida en sus brazos.

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El día siguiente amaneció igual que el anterior. La comida y medicinas en la mesita de noche y la puerta cerrada. Sintió una especie de Deja Vù, solo que ahora le dolían la cabeza y los ojos más que los moretones del cuerpo. Se sentó en la cama para repetir la rutina anterior, pero se quedo congelada al darse cuenta de un pequeño detalle.

Ya no sentía la textura esponjosa, pero húmeda de la bata de baño. Pero no estaba desnuda. Bajo la mirada, lentamente, casi con miedo, a su cuerpito. Tenía puesta una camisa de hombre... O más bien, tenia puesta la camisa de Sesshomaru.

Su cara obtuvo todas y cada una de las tonalidades rojizas existentes y probablemente había inventado unos nuevos que por poco la vuelven morada.

¿El la había desnudado y colocado su ropa? ¿Le habría hecho algo más? Reviso su cuerpo rápidamente pero suspiro aliviada al ver que no tenía ninguna marca o moretón, que no hubiera tenido antes.

Suspiro antes de darse un pequeño masaje en las sienes. No podía perder la cabeza con lo que no paso... Aunque se sentía violada de distintas maneras, no estaba en condiciones de reprocharle nada al hombre que la tenia cautiva.

Se levanto para ir al baño y darse una ducha rápida, no sabía si ese demonio se encontraba en la otra habitación, pero no quería saber lo que le haría si la encontrara disponiendo de sus aparatos.

Esta vez, la camisa del hombre seguía donde la había dejado. Colgada en el gancho de las toallas del baño. Se seco perfectamente antes de colocarse la camisa del hombre nuevamente, le llegaba a las rodillas como si fuera un vestido de verano. Se miro al espejo de cuerpo completo del baño, y definitivamente con esa camisa parecía aun más joven de lo que era, sobre todo por el hombro que se asomaba por la ropa.

Hizo una mueca de disgusto y fue a su habitación para desayunar tranquilamente.

Y por si Kami-sama no se hubiera divertido ya lo suficiente con su sufrimiento, decidió darle otro pequeño susto. Al abrir la puerta se encontró con aquellos dos gigantescos guardaespaldas que la cuidaron en la mazmorra fría.

Mas impresionada que asustada retrocedió de golpe causando que se fuera de pompis al piso. Hizo una mueca adolorida y vio a los dos hombres que estaban de nuevo en una esquina diferente del cuarto. No habían movido ni una pestaña, pero podía ver que en sus ojos brillaba la diversión.

Hizo un puchero infantil.

-¿Y ustedes que están haciendo aquí? –Parpadeo sorprendida, mientras se ponía de pie.

Nuevamente silencio.

-¿Aun nos tienen vigilados? –Pregunto mientras miraba a todas las esquinas del cuarto, pero no logro encontrar nada parecido a una cámara. Seguramente estaba escondida. No importaba, aunque lograra encontrarla, tenía a esos dos mastodontes acechando cada uno de sus movimientos con ojos de Lechuza. Resignada, tomo las pastillas y el agua y las bebió de un trago. El problema fue el ungüento, no quería abrir la camisa y que esos dos la vieran. Al menos, ambos tenían algo de decoro, a pesar de su tipo de trabajo, dado que se dieron la vuelta y miraron a la puerta o a la ventana.

El resto del día lo paso como el día anterior, solo que ahora compartía su desayuno con ellos, y al menos podía conversar con alguien, sí es que a esto se le podía llamar conversación. Mejor dicho, tenía un monologo sobre su vida mientras era observada por el par de hombres que la protegían de un peligro inexistente en aquella casa.

Ciertamente ellos eran más peligrosos que cualquier cosa... Excepto Sesshomaru y Sara, claro está.

A las tres de la tarde, decidió dormir para que el tiempo pasara más rápido. Sabía que Ah-Un la protegerían si algo malo llegara a pasar, podía darse el lujo de relajarse.

Solo que olvido que quisiera o no, ellos también eran secuaces de Taisho.

Abrió los ojos a mitad de la noche, esta vez no fue por una pesadilla. Había alguien en la habitación. Y no era Ah-Un.

Ah-Un no hacia ruido al respirar.

Ah-Un nunca se perdía de su vista.

Y definitivamente, Ah-Un no quitaría la sábana para mirar y acariciar sus piernas.

Sabía quien era. Hasta donde ella sabía, al parecer solo él podía entrar en la habitación.

Si se quedaba quieta y fingía dormir, tal vez no le hiciera nada. Aunque quisiera darle una patada por estar toqueteándola.

-Eres tan mala para fingir dormir como para ocultar que usaste mi reproductor.

Su cuerpo entero se tenso al sentir aquella fría voz cerca de su oído... Y se estremeció al sentir su cálido aliento contra su piel. Así que, tanto por temor como por timidez, cubrió su cuerpo con la sábana como si fuese un capullo gigante.

Patético. Pero era su mejor forma de "auto preservación" con estas condiciones.

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Fue bastante gracioso ver como esta niña se trataba de ocultar de él. Casi se echo a reír cuando vio que la menor se escondía bajo las sabanas como si fuera una oruga en un capullo. Pero honestamente, este no era el resultado que él quería conseguir. Por un lado, era conveniente que ella le tuviera respeto y no fuera insolente como otras mujeres que tenían la estúpida ilusión de que si actuaban a su nivel, él estaría interesado en ellas. Solo un montón de estúpidas.

Si él quisiera, podría arrancar esas sabanas y someterla bajo su cuerpo. Se mordió el interior de la mejilla, intentando controlar los impulsos de su cuerpo. No había perdido el control por una mujer y no iba a empezar ahora.

Asustarla no era parte de su plan, solo lo complicaba. Se masajeo el puente de la nariz con enfado, muy bien, no había sido buena idea el molestar las piernitas de la muchacha cuando dormía. No era un pervertido, pero no había podido evitarlo.

El día anterior había regresado a la mansión, con una horrible jaqueca. Y estaba de mal humor cuando entro a la habitación.

Había perdido la oportunidad de aumentar sus ganancias en América, por el simple hecho de no haberse presentado en persona para revisar el trato. Al parecer Jaken era un completo inútil si él no estaba tras el hombrecito, vigilando cada movimiento que hacía.

Suspirando, fue al baño privado de su habitación y saco la llave de su bolsillo para abrir su botiquín personal y sacar algunas pastillas para el dolor de cabeza. Se las trago sin agua esperando que fueran un mejor remedio que el impulso por asesinar a alguien.

Escucho ruido en la habitación contigua. Correcto. Casi se olvidaba de que la mocosa había sido transferida a la habitación de junto.

Miro el reloj, era bastante tarde como para que estuviese despierta. Probablemente debía ir a verla y atormentarla un poquito solo por aburrimiento, pensó divertido mientras cerraba el botiquín con una sonrisa.

Pero antes de que moviera un pie, escucho el grito de terror proveniente de la habitación.

Juraba que nunca en su vida había corrido tan rápido. En menos de 5 segundos ya había abierto la puerta y miraba a todas partes como si buscara algún peligro.

Pero solo estaba ella en la habitación, lloraba aterrada como si fuera una chiquilla y abrazaba sus rodillas como si estas fueran un salvavidas.

Su llanto era desgarrador, pero no parecía que alguien le hubiera hecho daño.

Nadie más que él podía entrar en la habitación.

Lo mejor sería irse y dejarla sola. Esto no era su problema. Ni siquiera parecía que ella supiera que él estaba allí, así que si se iba ahora no lo notaria tampoco.

Así que, si alguien le hubiera podido explicar, porque estaba con esta pequeña en sus brazos, arrullándola y consolándola, en lugar de haber salido de la habitación como su cerebro se lo había pedido, el hubiera estado infinitamente agradecido.

No paso mucho para que ella se quedara dormida entre sus brazos, mucho más calmada, solo que con los ojos hinchados por el llanto.

La acomodo en la cama, para dejarla dormir y que el regresara a su cama... Ese era el plan hasta que vio que su camisa estaba un poco empapada. Tanto por las lagrimas de la joven, como por la bata húmeda y fría que envolvía el cuerpito de la menor.

Él no era un buen hombre, y cualquiera que lo conociera sabría que no se comportaba amable ni agradable, ni siquiera para conseguir algún favor.

Así que no quiso ni averiguar por qué carajo había ido a su cuarto a sacar una camisa limpia dentro de su armario. Regreso poco después y abrió la bata para desvestirla y ponerle la ropa limpia.

No había sido su mejor idea. Era casi imposible no mirarla. No era demasiado voluptuosa, pero tampoco era tan menuda como él había esperado. Las manos le picaban por tocar, así que lo hizo.

Recorrió el contorno de sus piernas con sus manos y su nariz se escondió en la curva del cuello de la nipona. Respiro profundamente el aroma del jabón y el Shampoo que se encontraba en su cuarto de baño. Pero aun así podía detectar un dulzón aroma como a flores y dulces.

Probablemente ella ni se despertaría si él se ponía sobre ella, abría sus bonitas piernas y...

Se aparto casi asustado al darse cuenta de por donde se iban sus pensamientos; y sus manos. No era que fuera algo desagradable, sino porque él no había ido a su cuarto con esas intenciones.

Respiro profundamente y, manipunandola como si fuera una muñequita, le retiro la bata y le coloco la camisa que había llevado para poder salir de la habitación.

La chica se veía aun más bella con su camisa puesta.

Y él era un imbécil por caer tan fácil ante el cuerpo de una mujer... O mejor dicho, por no controlar sus impulsos.

Al día siguiente, se decidió a evitar a toda costa la habitación de al lado y se decidió a estar todo el día en su oficina hasta entrada la noche para no volverla a ver hasta que fuese capaz de actuar como siempre.

Había dejado a sus mejores hombres, los hermanos ucranianos, La tarea de vigilar a la niña.

Al parecer ella se sentía cómoda con ellos y según los reportes, eran los únicos que no lastimaban a la niña, y tampoco parecían sentir atracción hacia ella. Simplemente eran perfectos para esta tarea.

Tal vez demasiado.

Al entrar en la habitación, pudo ver que uno de ellos miraba a la menor, pero no como un hombre a una mujer hermosa, ni como un guardaespaldas. Parecía que su trabajo no era vigilarla, sino, protegerla.

Y el otro había puesto su pistola en su frente a penas dio un paso dentro de la habitación, aunque rápidamente se aparto, al darse cuenta que era él.

Habían estado reacios a obedecerle en cuanto ordeno que lo dejaran solo con la niña, pero ellos sabían tan bien como él, que no podían, ni debían desobedecerle.

Habían salido casi a regañadientes, aunque, claro, no dijeron nada, como desde el día que los había conocido, hace ya 15 años.

Ahora se había arrepentido, por que de seguro ellos habrían podido evitar que violara la intimidad de la menor.

Así ella ahora no la vería con miedo y como si él fuera un bastardo enfermo.

-Actúas como una niña que vio a un monstruo salir de su armario.

Por fin, luego de que aquel bulto de sabanas se removiera un poquito, los bonitos y brillantes ojos de la muchacha se asomaron, viéndolo con curiosidad, y un poco de temor.

-No soy una niña. Y usted no salió del closet... Más bien de la puerta del baño.

-¿Y la parte del monstruo?

-Eso aun no puedo confirmarlo ni negarlo.

Tenía valor. Eso se lo reconocía. O tal vez solo era tonta para medir sus palabras.

-Te lo pasare, solo porque no le has dado problemas a mis hombres.

Rin solo asintió sin decir nada más. El silencio era tenso. La cara de la niña mostraba la incomodidad de la situación, y no la culpaba. No era del todo malo. No quería ser un santo para ella, pero tampoco quería que lo viera así todo el tiempo o su plan se iría al caño.

-¿Por qué vino a mi cuarto a esta hora? –Pregunto un tanto confundida.

Con una mirada fría y voz engañosamente suave, respondió: -Esta es mi casa, y este es mi cuarto. Tú no eres una invitada, así que puedo hacer lo que quiera. "Puedo hacerte lo que quiera".

La muchacha hizo un puchero que no debería haber sido tan hermoso, y aparto la mirada, con indignación. Estaba molesta con este monstruosamente apuesto hombre, y también consigo misma por haber pensado que él se comportaría como una persona normal y no sería desagradable con ella.

-Deje de mirarme así. –Se quejo, viéndolo nuevamente a los ojos con algo de timidez.

-¿Así como? –Pregunto, sin apartar la mirada de los bonitos ojos chocolate de la muchacha.

-Como si quisiera besarme. –Murmuro sonrojada –No deja de mirar mis labios, y me está poniendo nerviosa que alguien como usted haga algo así.

Sesshomaru acaricio su mejilla, ocasionándole un escalofrió a la menor. No es que a ella le desagradara el contacto, pero era muy intenso. Le ponía los nervios de punta.

-Tienes una imaginación muy vivida.

Rin se sonrojo y aparto la mirada.

-Es que...

Sesshomaru le alzo la barbilla con brusquedad, y acerco mucho su rostro al de la joven. Rin temblaba pero no retrocedía, esa era una buena señal para él.

Cuando sus labios estuvieron a milímetros de distancia, se detuvo. Rin parpadeo en confusión. Sesshomaru sonrió ligeramente al ver esa reacción tan adorable.

-No voy a obligarte –Dijo con voz suave y su mano acariciando la suave cabellera azabache- Sí quieres un beso, vas a tener que pedir por él.

El tono rojo en las mejillas ya parecía una costumbre últimamente, y era bastante divertido para él, ver como la menor se avergonzaba. Era bastante estimulante dejar a sus víctimas en ese estado de estupefacción. Si no lo hacía, ella probablemente se daría cuenta en la situación en la que se encontraba.

Así que no se esperaba para nada su siguiente acción.

Unos suaves, cálidos y dulces labios, tocaron los suyos un par de segundos después. Sesshomaru no se movió. Estaba demasiado sorprendido como para poder reaccionar. No esperaba esto, al menos no tan pronto. Había esperado que ella se alejara asustada, y así entendiera su posición. Tenía que entrenarla. No debía reaccionar así.

Rin se separo al no sentir alguna reacción del hombre frente a ella. Debería haberlo imaginado, seguramente solo había sido uno de sus juegos de manipulación y quería tomarle el pelo. Y ahora ella había quedado como una tonta.

Antes de que pudiera pensar en algo más, o separarse, Sesshomaru apretó una mano en su nuca, y la obligó a juntar sus caras de nuevo, en un beso más profundo y cargado de deseo.

Normalmente, Rin habría hecho caso a los consejos de sus amigas acerca de hacerse del rogar, si realmente ese tipo le gustaba, y dejarlo buscando más. Pero en este caso, ella solo quería ser besada y mimada, ser sujetada por esas grandes manos que ahora recorrían su espalda y se quedaron en su cintura.

Rin estaba avergonzada y, a la vez, deseosa. No era una virgen inocente e inmaculada, pero tampoco había sentido alguna sensación así en su vida. Que con solo un beso, se podía ser devorado.

Sesshomaru era un hombre que sabía lo que hacía, quería, y como lo quería. Sus besos eran demandantes y casi voraces, por la forma en que mordisqueaba su labio inferior cada vez que podía.

Y a ella le fascinaba este tipo de contacto, tan lleno de deseo.

Un desconocido tiempo después, se separaron por fin, debido a la falta de aire. Y escucho lo más parecido a un gruñido del hombre frente a ella. Abrió lentamente los ojos para verlo.

Ojos dorados vidriosos y voraces, respiración ligeramente agitada, los músculos tensos y la mandíbula apretada.

Lucia tan peligroso y varonil, y debía darle terror, en vez de calentarla más.

La chica no estaba mejor que él.

Mejillas sonrojadas, labios rojos e hinchados por los besos de Sesshomaru, los ojos vidriosos y casi acuosos, y la respiración agitada.

Solo tenía que arrancarle esa camisa y arrastrarla al centro de la cama para hacerle todas las cosas sucias y salvajes que...

Sesshomaru rió, tratando de ocultar de esa manera sus oscuros pensamientos, y el problema en sus pantalones.

-Tranquila, cachorra, no te haré nada. –Al menos no en este momento.

La mueca de desagrado en la boquita de la nipona, le causo gracia y algo más. Al parecer a su "Invitada", no le agradaba que le llamaran de esa manera, lo tendría en mente.

Acaricio su cabeza, como si se despidiera de una mascota, y salió del cuarto en silencio.

La cabeza de Rin era un lío.

¿Cómo había pasado de morir de un infarto por el terror a tener su lengua en la boca de ese hombre?

Frunció el seño, todo era culpa de ese hombre. Él y su estúpido cuerpo, y labios y...

Soltando un gruñidito de molestia, lanzo la almohada contra la puerta, a modo de desquitar un poco de su coraje y se tapo hasta el pelo con las sabanas.

Al demonio, Sesshomaru y su hermoso cuerpo y rostro.

Genial.

-Eres una tonta. –Se dijo a si misma antes de cerrar los ojos para dormir.

O eso intento, porque unos minutos después, podía escuchar gemidos femeninos saliendo de la habitación de al lado. O más bien, se podrían escuchar por toda la mansión si seguían así. Como si esa tipa quisiera que todos supieran lo que estaban haciendo.

Maldito sea.

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Cuando cerró la puerta, escucho el sonido de algo no muy sólido, golpeando la puerta por la que había pasado. Probablemente una almohada.

La sonrisa divertida en su rostro se desvaneció cuando noto, de nuevo, aquel bulto en sus pantalones, asomándose. Solo había sido un maldito beso, un jodido beso.

No entendía la reacción de su cuerpo. Había visto, besado y follado mujeres mucho más hermosas, llamativas y expertas en su vida, pero nunca había reaccionado de aquella manera. Era una reacción ridícula.

Entro a su cuarto y sujeto el celular entre sus manos, y después de desbloquearlo, entro en el paquete de mensajería, buscando el contacto que necesitaba en ese momento.

"Manda a una mujer. Joven, pelo negro, estatura media, debe gustarle duro".

Si a Sara le sorprendió o molesto el mensaje, a las 12 de la noche, no se lo hizo saber. En 20 minutos, el "pedido exprés" había sido enviado a su habitación.

Y si Sesshomaru pensaba en la "cachorra" de la recamara de junto, mientras follaba a esta increíblemente hermosa mujer, él era el único juez y testigo.