Capitulo 4 "Confusiones".
Sesshomaru estaba buscando algo. Rin estaba segura de eso. No sabía que esperar de él luego de anoche. Es más, no sabía que esperar de sí misma luego de anoche.
No estaba segura que esperar acerca de Sesshomaru. Había pretendido ser una muchachita inocente y vulnerable para que Sesshomaru no estuviera a la defensiva con ella. Pero la verdad era que si era una muchacha inocente y vulnerable. Al menos, en eso se volvió después del beso que tuvo con Sesshomaru.
-Preferiría no hablar de eso- Dijo Rin, sin apartar sus ojitos cafés de la bandeja de comida, y tratando de mantener una sana distancia del sujeto a su lado en la cama. Estaba estirado casualmente sobre ella, dejando muy poco espacio para alejarse.
¿Tenía que sentarse tan cerca? Había una silla perfectamente cómoda en la otra esquina de la habitación.
-¿Por qué?
-No se para usted, pero a mí me da algo de pudor hablar de cosas tan intimas- Contesto cohibida, mientras cortaba un trozo de manzana con un cuchillo y le daba un goloso mordisco.
Se pregunto por qué Sesshomaru dejaría que le dieran un arma punzo cortante. Cualquier otra persona lo usaría para lastimarlo y aprovechar para escapar, pero no era tan ilusa. Los músculos de este hombre no se debían a ejercicios y dieta saludable.
Se movía como un hombre que sabía cómo usar su cuerpo como un arma.
La pregunta era... ¿Por qué estaba este peligroso –Y presumiblemente- muy ocupado hombre viéndola comer y haciéndole preguntas tan bochornosas?
Toda esta situación estaba jugando con su salud mental, sobre todo después de la última noche cuando la beso hasta que los dedos de sus pies se enroscaran y luego fue a su habitación a retozar con una mujer a la que había escuchado toda la noche.
Rin hizo un puchero de recordarlo y dio una mordida molesta a la manzana.
-No parecías tan recatada anoche- Dijo con algo de diversión en la voz.
-¡No diga eso!- Sus mejillas estaban rojas de la vergüenza.- Anoche hice una tontería. Yo no soy así, y le prometo que no volverá a ocurrir –Dijo con rigidez mirando interesada las tostadas en su plato.
Una sonrisa divertida, y algo aterradora, se poso en la cara del hombre.
-¿Eso quiere decir que anoche recibí un trato especial?
Rin lo fulmino con la mirada, o por lo menos lo intento, pero solo consiguió que la mirada dorada la observara aun más divertido. Y Rin sintió las mariposas en su estomago, pensando en lo atractivo que sería este hombre si quisiera serlo.
-Tengo sensibilidad en los labios, así que realmente pude haber reaccionado de esa manera con cualquiera que me hubiera besado en ese momento.
-"¡Tonta! Cállate, cállate, cállate. Va a pensar que eres una..." –Interrumpió sus pensamientos al ver de nuevo a Sesshomaru. No parecía enojado. Más bien, parecía igual de frio que la primera vez que lo vio.
-Lo siento...- Murmuro. No le gustaba verlo así.
El silencio reino unos segundos, pesado e incomodo. Rin veía muy interesada los dedos de sus pies, pero podía sentir la mirada de Sesshomaru sobre ella.
-Perdiste la voz cuando tenías 8 años –Dijo de la nada Sesshomaru. Rin parpadeo confundida por el abrupto cambio de tema.
-Sí –Dijo aturdida ¿Por qué quería saber sobre uno de los mayores traumas de su niñez, de todos los temas posibles para hablar?
-Mis fuentes dicen que comenzó a partir del deceso de tus padres y los malos tratos de Naraku y su descendencia. Al final te diagnosticaron con estrés postraumático y te llevaron a terapias y a tomar medicamentos, pero estoy seguro que eso no fue lo que te ayudo a mejorar. –Sesshomaru parecía sereno e inflexible mientras hablaba de uno de los momentos más horribles de su pasado.
-Así es. No sirvieron los años de terapia por que yo no le interesaba a la doctora, ella pensaba que yo estaba fingiendo para llamar la atención de los adultos.
Rin recordaba a esa mujer, Hebi Tsubaki, joven y hermosa, y que parecía más interesada en meterse entre las sabanas de Naraku que en su salud mental.
-La verdad era que solo alargaba las sesiones y trataba de amenazarme para que hablara a base de golpes para que le ayudara a convencer a Naraku de que estaba mejorando gracias a ella. Afortunadamente, una amiga me dijo que si yo hacia mi propio esfuerzo por hablar, me desharía de ella y dejaría de verla para siempre.
Sesshomaru escuchaba en silencio. Parecía analizar cada palabra que salía de sus labios, o al menos esperaba que esa fuera la razón por la que la miraba tan fijamente.
-¿Por qué no dijiste nada antes? –Pregunto mientras tomaba un trozo de fruta y lo comía tranquilamente. La imagen era tan erótica que tuvo que apartar la mirada para que no viera el sonrojo de sus mejillas.
-Nadie me iba a escuchar... Y yo no tenía nada que decir... A decir verdad, soy muy parlanchina y siempre me piden que me calle. Así que solo quise complacerlos, así como quise complacer a la psicóloga para que volviera a hablar... Siempre he querido ser lo que no soy para agradar a los demás, por eso estudie administración de empresas para Naraku, o ballet de niña para complacer a mi madre, ese es mi propósito en el mundo para mí.
Bajo la mirada al recordar las forzadas clases a las que la metió su madre con tanta emoción y orgullo. Pero no era divertido lastimarse los pies con zapatillas incomodas, ni que una maestra con aires de grandeza y sueños frustrados se la pasara gritándote por cada mínimo error que cometieras. No era divertido aprender estrategias de negocios y fingir estar de acuerdo con personas que no compartían tu punto de vista solo para agradar.
Aunque sabía que debía ser fría e implacable en el mundo de los negocios había una parte de ella que deseaba usar ropas coloridas y vistosas, andar descalza por todos lados y comer todas las golosinas que quisiera. Actitudes que la harían blanco de las críticas mordaces de Naraku.
-¿Por eso ocultas tu personalidad bajo trajes corporativos y maquillaje aburrido? Cuando te vi por primera vez, vi una niña que parecía estar obligada a ponerse un disfraz y una máscara para fingir ser una adulta.
-Me visto de esa forma para lucir mayor y ser tomada enserio por hombres como Naraku y usted. –Hizo un puchero mientras miraba sus dedos temblorosos.
Incluso Sango se había reído de ella por ser tan cursi e infantil, diciendo que pusiera los pies en la tierra y dejara las fantasías de azúcar en el pasado. No lo había dicho con mala intensión, solo había querido protegerla del mundo real. El cruel y duro mundo real.
-Pero no todas las mujeres son así, y pareces pensar que ser como eres es algo malo. Dices que soy un misógino, y probablemente tengas razón, pero creo que tú tienes más problemas con tú género de los que podría tener yo... Dices estar orgullosa de ser una mujer fuerte y madura, pero temes lucir femenina.
-No me conoce –Murmuro a pesar del nudo en su garganta, respirando agitada. Su corazón latía muy rápido, pero no por el hombre a su lado esta vez. Un ataque de pánico. Un ataque de pánico como los que le sufría cuando era una niña.
Antes de que tuviera un ataque depresivo de nuevo, sintió una mano peinando su cabello con algo parecido a la ternura. Rin alzo la mirada para ver los ojos fríos de Sesshomaru, más cerca de lo que recordaba que estaba antes.
-¿Golpee un nervio, cachorra? –Dijo Sesshomaru, acariciando con su pulgar el tembloroso labio de Rin. Se inclino a su oreja y murmuro. –No tienes que actuar dura y fría conmigo, ¿Sabes? No tienes que actuar de ningún modo. Puedes relajarte. Cualquier cosa que pase aquí, se queda aquí. –Dio un beso bajo su oreja.
Rin cerró los ojos, sintiendo escalofríos, intentaba volver a respirar con normalidad, esperaba tranquilizarse y fracasando en el intento, con algo de nauseas en la garganta.
Quería apoyarse en su hombro y que la acariciara como si fuera una gatita.
-Estas buscando algo. –Murmuro.
-Por supuesto que sí. –Dijo mientras acariciaba sus cabellos con sus fuertes dedos. –Pero no significa que este mintiendo. No voy a juzgarte. Soy la última persona que podría juzgar a alguien, así que puedes relajarte, Niña. –Acaricio la sonrojada mejilla de la menor con sus nudillos.
Rin casi ronroneo por el mero contacto. Amando el toque y odiándolo por casi convertirla en gelatina.
¿Por qué era tan dulce y sumisa con este hombre tan fácilmente? Todo en él la descontrolaba, su voz, su aroma, sus palabras tan amables...
Sesshomaru le dio un beso en el hombro descubierto, haciéndola temblar y poniéndole la piel de gallina. Gimoteo y se sintió tan patética por sentir la necesidad de ser tocada, tranquilizada y mimada.
Así que no se resistió cuando las manos de Sesshomaru se pusieron en sus caderas y la jalo hasta dejarla encima de su pecho, recostada. El esfuerzo que hizo para no acurrucarse en él fue titánico. Sintió una de las manos de su captor acariciando su espalda, y haciéndola removerse, así que pego su mejilla al cuerpo del hombre para que no la mirara.
Estaba avergonzada de sí misma por ser tan maleable y pegajosa con solo un par de palabras dulces y toques suaves.
-¿Y ahora qué? –Murmuro entre dientes.
-Ahora, me dirás que tipo de persona eres. No la que pretendes ser, sino la real.
Rin frunció el seño y resoplo. – ¿Para que tenga algo para usar contra mí?
-No lo digo por eso, no tienes nada para que este en tu contra, Niña. –Dijo con su fría voz de siempre –Mi problema es con Naraku, y pagara por lo que hizo. No tú.
- Y entonces ¿Qué hago yo aquí? –Pregunto mirándolo a los ojos y ladeando la cabeza.
Sesshomaru la miro un poco más fijo de lo necesario, como si hubiera visto algo en ella que no habían notado antes. –Dije que iba a usarte para mis objetivos. Pero puedo darte mi palabra de que en el momento que esto haya terminado, regresaras a casa. Sana y salva.
Rin quiso objetar algo, primero porque recordó como la trataron sus hombres los primeros días de su encierro. Y en segundo lugar, porque la palabra de un criminal no debía significar demasiado. Pero Rin solo sonrió, no tenía otra opción que confiar en él. No tenía dudas de que este hombre era de los pocos que cumplían su palabra.
-Sesshomaru-sama... ¿Por qué cree que no me preocupa lo que le pase a Naraku?
-¿Lo hace?
Rin no le deseaba el mal a nadie, por muy malvado y cruel que fuera. Pero estaba segura que, obviando los maltratos sufridos en su niñez, Naraku se había ganado cualquier castigo que el señor Sesshomaru le tuviera preparado.
-No lo odio, pero tampoco puedo defenderlo mucho. Es un extraño para mí. Así que si cree que obtendrá algo de mí para hallar algún punto débil, pierde su tiempo al hablar conmigo. –Soltó una risita- De seguro usted lo conoce mejor que yo. –Sonrió levemente. –Me pregunto quién es la verdadera yo... EL problema es, que ni yo misma lo sé... Soy alguien complaciente, Intento encajar en todos lados. Supongo que siempre deseo ser lo suficiente, pero nunca lo consigo.
-"Desearía encontrar a alguien que me amara tal cual soy y no quisiera cambiarme". –Lo último solo lo pensó, por que el hombre a su lado no era su amigo, sin importar lo cómoda que se sintiera mientras hablaba con él. Ya era más que suficiente estar sobre su regazo y contándole detalles íntimos de su vida, y que el hombre jugara con un mechón de su cabello entre sus dedos, ya era más que extraño.
No debía, ni podía, confiar en este hombre. No debería encontrar calma en sus palabras.
-No estoy segura de porque le he dicho todo esto... –Dijo Rin con una pequeña sonrisa. –Ni que estoy haciendo aferrada a usted como si fuese mi osito de felpa... Por favor, haga algo diabólico rápido. Me estoy asustando –Soltó una risita divertida.
Sesshomaru soltó una risa entre dientes que le sonó demasiado atractiva. Aunque probablemente se suponía que la intención era que sonara aterradora. Miro a Rin directamente a los ojos.
-¿No has pensado que tal vez ese sea mi maléfico plan?
Por lo que ella sabía, podía ser cierto. La mirada que le dedico se volvió incomoda.
-¿Hay algo en mi cara, señor Sesshomaru?
Todavía mirándola fijamente, Sesshomaru respondió: -Eres nipona, ¿cierto?
-¿Qué me delato? –pregunto con una sonrisa ligeramente divertida.
Sesshomaru la miro fijamente, como si no creyera que una mujer secuestrada se atrevería a bromear con él. Pero por la relación que llevaban en los últimos días, no era tan descabellado.
Rin no tenia problema en que se enojara, se iría de su cuarto y dejaría de molestarla con temas traumáticos o bochornosos... Aunque extrañaría su compañía... Muy bien, y su cómodo calor corporal.
-¿Tienes algún pariente en Francia? –Dijo Sesshomaru, sin querer continuar con las bromas. Parecía algo desconcertado. La ponía más nerviosa.
-Hasta donde yo sé, no. –Respondió mientras ponía un gesto pensativo en su carita.
Sesshomaru hizo un sonido de pensamiento, y aparto la mirada de ella, finalmente.
Rin exhalo, miro a todos lados en la habitación, tratando de ignorar el sentimiento de incomodidad.
-¿Le recuerdo a alguien? –Pregunto al fin, odiándose por tenerle tanto pánico al silencio.
La mirada de Sesshomaru volvió a ella. Sus cejas se juntaron.
-Algo así.
Rin se cuestionaba si seria grosero preguntar. Probablemente lo era. Pero no era como si este hombre no hiciera cosas peores, además pudo más su curiosidad.
-¿A quién?
La cara de Sesshomaru era indiferencia pura. –Mi ex esposa. Podrías haber sido su melliza.
Fue como una cubetada de agua fría. No tenía en conocimiento que el hombre hubiera estado casado. No había nada de una pareja, menos una ex, en la información que encontró en internet.
Debió haber cerrado la boca.
Por lo que ahora la situación era aun mas incomoda. No sabía cómo se sentía el hombre con respecto a su ex mujer. Pero teniendo en cuenta que era una ex esposa, era poco probable que tuviera sentimientos agradables respecto a ella, y también siguiendo la lógica de que era un ser rencoroso.
Una mueca cruzo la cara de Sesshomaru.
-¿Segura que no están relacionadas? ¿Abi Le Brun?
-Muy segura. Nacida y Criada en Japón, toda la familia de mi madre también, y la de mi padre era americana. En realidad, esta es la primera vez que yo viaje sola a Europa.
Sesshomaru la miro atentamente, como si sospechara que le mentía. Y ella casi se echaba a reír, a diferencia de él, no le gustaba mentir acerca de su familia.
-Está Mal pensando de mí. –Lo miro nuevamente a los ojos y dijo. –Juro que no estoy relacionada de ninguna manera con su ex esposa. Es más, ni siquiera sabía que una mujer podría aguantarlo el tiempo suficiente como para querer casarse con usted.
Sesshomaru la miro mal antes de sonreír. La miraba como si no supiera qué hacer con ella. Lo que le produjo una risita nerviosa.
Casi fue un alivio que el teléfono del hombre sonara, interrumpiendo el momento. Sesshomaru saco su teléfono de su chaqueta y frunció el seño al ver la pantalla.
-Taisho. –Contesto, su voz se sintió mucho más fría. Rin no estaba segura de que pensar. –Vy skazali, chto u vas ne budet problem. –Unos momentos de silencio. – Nu, ya idu tuda... Skazhite yemu eto do svidaniya–Dijo antes de colgar.
Levanto a la menor de su regazo y volvió a ponerla sobre la cama. –Me tengo que ir.
-¿Cosas malvadas que hacer? ¿Gente inocente que secuestrar? –Dijo Rin con una sonrisa.
-Algo así –Dijo Sesshomaru con una sonrisa antes de acercarse y besar profundamente la boquita de la menor. Sus dientes mordieron su labio regordete.
Rin soltó un gritito que seguramente sonó más a un gemido lastimero. Hizo un puchero cuando se separaron mientras se tocaba el labio, mirando al ruso mientras se ponía la chaqueta y los zapatos.
Sesshomaru volteo a verla con una mirada indescifrable. Rin se removió un poco incomoda, empuñando la colcha bajos sus dedos.
La risa medio divertida del mayor la sobresalto. –Tranquila, cachorra. No voy a tocarte.
Y entonces salió de la habitación. Rin se abrazo a la almohada donde Sesshomaru estuvo acostado todo ese rato, sintiéndose desilusionada.
Sesshomaru no volvió a visitarla ese día. Incluso mando a los gemelos a cuidarla.
Más tarde esa noche, enterró su cara en la almohada, empezando a saber lo que era el rencor, tratando de ignorar los agudos gemidos femeninos llegando desde la habitación de al lado.
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Al día siguiente, Rin estaba muy molesta, haciendo pucheros y muecas por las injusticias de la vida.
Y también intentaba fulminar con la mirada a sus dos guardaespaldas.
-¿Por qué no me dijeron que estuvo casado? –Murmuro viéndolos enojada y señalándolos con su dedito acusador.
Algo parecido a la sorpresa apareció en los rostros de ambos hombres, pero no dijeron nada, como siempre.
Suspiro y se abrazo a la almohada. No era justo que se enojara con ellos. De todos modos no le decían nada, ¿Por qué enojarse por esto ahora?
Ahora entendía las miradas de Sesshomaru a su persona, la intensidad de su mirada y la curiosidad acerca de su pasado. Tal vez comprobaba que no fuera pariente de su ex mujer y que estaba planeando alguna treta contra él.
-Es más ¿Por qué no me dijeron que me parecía a ella? Pudieron ahorrar me muchos momentos incómodos.
La mirada que se dieron sus guardaespaldas fue bastante confusa. Parecía que entre ellos no sabían que ellas dos se parecían.
Ah –Supuso– Saco su teléfono del bolsillo interno de su chaqueta y busco algo en su teléfono. Unos segundos después le mostro una foto.
La pantalla mostraba una página de wikipedia con el encabezado "Abi Le Brun". Era una actriz francesa que había participado en algunas películas pequeñas en papeles menores. Ambas se parecían mucho, Admitió a regaña dientes. Pero no parecían gemelas. Sin importar lo que Sesshomaru dijera. Nunca se confundirían la una con la otra, a menos que uno fuera medio ciego.
Abi tenía el cabello largo y su piel era del mismo tono que el de ella. Y ahí terminaban las similitudes.
Sus otras características le daban un aire, pero ligeramente distorsionadas.
Su cabello era ligeramente azulado, sus ojos eran fríos y crueles, sus labios finos y rojos, la nariz era más fina, su cara era mucho más madura que la de Rin que era más infantil. Y era mucho más alta.
Y no tenia que lidiar con unos ridículos labios de puchero como los suyos.
Bajo un poco más pero no había registro de que ella hubiese estado casada.
Extraño.
Uhn le retiro el teléfono de las manos, justo cuando ella recordó que pudo haber usado esos valiosos segundos para marcar a la policía, en vez de investigar sobre la ex esposa de su secuestrador.
Hizo un puchero más pronunciado y aparto la mirada: -¡Ya entendí! Ella es más hermosa que yo.
Una mano grande, callosa y pesada se poso en su cabello y al alzar vio la mirada de reproche de ambos hombres sobre ella.
Parecía un padre que regañaba a su hija por insultarse a sí misma.
Quién diría que a pesar de encontrarse en esta situación, podría encontrar algo parecido a un amigo. Dos en este caso.
-Muy bien, tal vez no más bonita... ¿Elegante?
Ambos negaron con la cabeza.
-¿Madura?
Esta vez lo pensaron un poco, pero volvieron a negar.
Rin suspiro y se acostó en la mullida cama.
Cerró los ojos, odiándose por no poder quedarse tranquila cuando las cosas estaban en calma.
Cambio de posiciones varias veces, hasta colgar la cabeza en la orilla de la cama, viendo hacia la ventana.
El aburrimiento estaba alcanzando niveles insospechados.
Cuando bostezo por 6ta vez en esos 5 minutos, un blog de notas con una pluma negra se puso frente a ella.
Alzo la mirada para encontrarse con Un, que la miraba desde arriba con una mirada de fastidio y diversión.
Tomo el blog y luego con la pluma empezó a hacer garabatos.
Siempre le había gustado cantar y dibujar.
Los garabatos se habían convertido en plumas y las rayas en trazos. Para cuando alzo la mirada, el cielo ya estaba oscuro.
El dibujo había sido un pájaro de fuego. Una criatura mitológica que había visto que Abi tenía tatuada en su espalda en una de las fotos que vio.
Ah tomo de regreso su libreta y la guardo en su bolsillo.
Rin sonrió antes de meterse en su cama y apagar la lamparita de noche. Pocos segundos después, escucho la puerta abrirse y cerrarse y luego el silencio.
Se habían ido. Ahora solo debía esperar a que Sesshomaru fuera a visitarla.
Solo que esta noche él nunca apareció.
Y descubrió, 20 minutos después, el motivo. Los gemidos obscenos del otro lado de la puerta eran una buena pista de ello.
Lo odio. Lo odio. Lo odio.
Odiar era malo, pero en su caso, era completamente justificable. No pudo dormir hasta que esa mujer se cayó, y según su reloj era la 1 de la mañana.
Y de nuevo a las 3 de la mañana.
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3 días después.
Antes del amanecer, ella ya estaba en el baño, frente a la puerta de Sesshomaru, debatiéndose en tratar de dormir unas horas o fastidiarle el día.
Pero es que de verdad no quería que pensara que podía hacer lo que quisiera de nuevo.
Toco un par de veces la puerta con fastidio, no muy alto. No escucho nada del otro lado. Ignoro la voz en su mente que le gritaba que estaba loca.
No le importaba. Estaba cansada y de mal humor por apenas haber dormido por cuatro días seguidos.
Era todo culpa de él.
Volvió a tocar la puerta con más brusquedad cuando la puerta se abrió, y fue recibida con la mirada helada de Sesshomaru.
Este al verla, recargo su hombro en el marco de la puerta, mirándola fijamente. Solo vestía el pantalón del pijama y su cabello plateado estaba algo revuelto, pero casi no se notaba.
Rin estaba debatida entre sonrojarse o babear como idiota. No hizo ninguna por supuesto.
Aunque no pudo evitar mirar los tatuajes en los brazos y abdomen del hombre. Parecían rasguños color violeta.
-Hay algún motivo para que estés molestándome a las 6 de la mañana. –Dijo Sesshomaru.
Rin cruzo los brazos. –Tengo hambre. –Fue lo primero que salió de su boca. Obviamente no era lo más inteligente que haya dicho en su vida.
-Tienes hambre. –Dijo Sesshomaru, de algún modo logro que en su tono sonara reflejado lo irrelevante que esto era para él.
-Sí, no he comido nada desde ayer por la tarde. –Rin, en un intento por apartar la mirada de aquel monstruosamente apuesto hombre, miro tras de él, la cama dentro de la elegante habitación estaba vacía, con las sabanas arrugadas. –Así que su mujercita se fue.
Se arrepintió al instante en que se dio cuenta que lo dijo en voz alta. Rápidamente miro al oji dorado que seguía mirándola, pero ahora lucia divertido, o algo así. -¿Estabas espiando tras la puerta, cachorra?
Rin lo fulmino con la mirada –No pude dormir bien en toda la noche por su culpa ¿Y tiene que hacerlo con ella a las 3 de la mañana? –Rin bajo la mirada avergonzada, incapaz de mirar a los ojos del hombre por más tiempo. –Tengo hambre y necesito otra cosa que ponerme, esto esta asqueroso. –Dijo señalando la camisa de Sesshomaru que aun llevaba puesta.
-Es interesante como crees que puedes perturbar mi sueño sin una buena razón. –Dijo con un tono penetrante.
Rin trago duro y tembló ligeramente ¿Era advertencia o amenaza?
Sesshomaru estiro la mano y agarro el cuello de la camiseta y la jalo más cerca. Rin sintió temor, iba a hacerle algo.
-¿O solo quieres mi atención, pequeña?
Sonrojándose, Rin negó rápidamente con la cabeza. Por supuesto que no quería la atención de este hombre. Había tenido suficiente en estos días.
Sesshomaru rio entre dientes, soltando el cuello de la camisa de Rin y ahora sosteniendo su garganta, sintiendo su pulso desenfrenado con su pulgar.
-Mentirosa, ¿Estás aquí porque estas celosa de la agradable mujer que me entretuvo anoche?
-¿Celosa? Usted no me agrada –Balbuceo. –Usted es una persona horrible y malvada.
-Con ojos crueles. –Dijo divertido. –No olvides los ojos crueles.
-No se burle de mí. –Dijo haciendo un puchero. Parpadeó, estaba comportándose como una niña, como él decía. Sintiéndose aturdida por su propia conducta se aclaro la garganta. –Bien, lamento haberlo molestado, déjeme...
La mano de Sesshomaru seguía envuelta en su cuello. Le dio una mirada larga y analítica. Rin trato de mantener su mirada ignorando las mariposas en su estomago.
Mirándola a los ojos, Sesshomaru dijo con calma: -Abre la boca.
Rin dio un respingo. – ¿Qué...?
-Abre la boca, ambos sabemos que viniste por eso.
Rin se paso la lengua por los labios, algo asustada. –No.
-Deberías dejar de mentirte. –Sesshomaru tomo el cabello de Rin y la acerco hacia él, pero no demasiado fuerte para no lastimarla. Enérgico y firme, simplemente perfecto.
Temblando, se dejo hacer, sintió el cálido aliento contra sus labios, podría haberse alejado. Podría alejarse. No lo hizo.
Separo ligeramente sus labios y sintió su boca siendo besada y mordida con pasión y fuerza.
Rin cerró los ojos y gimió un poquito, disfrutando de la sensación. Sesshomaru no fue lento ni amable. Mordió y chupo su labio como si quisiera comérselo.
Una parte de Rin se sintió avergonzada por lo mucho que parecía gustarle esto. Ser besada por un hombre que no veía nada de malo con secuestrar gente, y que probablemente había echo cosas mucho peores, sin intenciones de cariño o amor.
Era una idiota. Era una idiota por disfrutar esto. Pero lo estaba amando. Amándolo demasiado.
Demasiado pronto, aunque sus pulmones no opinaran lo mismo. Sesshomaru la aparto con rudeza. Rin hizo una mueca disconforme cuando se separaron con un pop.
Los dos respiraban agitadamente. –Mírate, ángel. –Dijo mientras acariciaba su mejilla con sus dedos.
Rin se acurruco y ronroneo como un gatito. Sintiéndose como si tuviera la mente apagada.
Una remota parte de si se pregunto qué demonios era esto. Esto no era algo normal para ella. Esta docilidad no era algo normal.
Le gustaría decir que estaba actuando de esta manera para así hacerlo bajar la guardia y lograr manipularlo, pero sería estúpido y ridículo.
Para este momento sabía que Sesshomaru no caería por un par de ojos de cachorro y unos cuantos besos, no si se acostaba con una mujer distinta cada noche.
Era ella la que estaba cayendo en los encantos del hombre. Se sentía segura con Sesshomaru, al menos lo suficientemente segura como para confiarle su cuerpo ¿Cuan descabellado era eso?
-Ya puedes soltarme.
Rin abrió los ojos, y se dio cuenta que estaba abrazando el amplio y cómodo pecho de Sesshomaru. Se separo rápidamente, como si le quemara y se tambaleo un poco hacia atrás.
Ojos dorados la estudiaban desde su desordenado pelo hasta sus desnudos pies.
-Ve a darte una ducha. Ya es tarde.
Rin dio otro paso hacia atrás y cerró la puerta del baño. No tenía ganas de discutir. El tono de Sesshomaru no la molestaba.
-"¿Qué rayos pasa conmigo?" –Se pregunto una vez dentro de la ducha y sintiendo el agua caliente sobre su piel.
Para cuando termino su baño, sintiéndose limpia y refrescada, su mente estaba finalmente despejada de las tonterías que había cometido esta mañana. Gracias a Dios.
Últimamente sus propios pensamientos la aterraban. Estaba actuando como una idiota con él. Negando firmemente con la cabeza. Abrió la mampara de la ducha, lista para no dejarse amedrentar de nuevo por este hombre.
Duro tres segundos.
Frente a ella, Sesshomaru salió casi al mismo tiempo de la tina. Gotas de agua recorriendo sus brazos y torso, y su...
Roja como un tomate, cerró rápidamente la mampara y se alejo lo más que pudo, chocando con la pared.
Diablos...
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Con una sonrisa, Sesshomaru puso una toalla alrededor de su cadera y otra sobre sus hombros para secar su pelo.
Casi rio al ver como la mampara se abría un poquito y vio como un delgado brazo se estiraba para tomar la toalla limpia en el perchero y volvió a cerrarse rápidamente.
Si solo supiera que ya no había nada que esconderle.
Camino al lavabo en la pared contraría para terminar de arreglarse, peinando su cabello en una coleta y afeitándose la barba casi imperceptible que estaba comenzando a salirle.
Escucho como la mampara volvía a abrirse y miro de reojo en el espejo como la menuda figura del angelito salió con una toalla apenas cubriendo su desnudez.
Rin se tenso y apretó mas sus brazos sobre su pecho, como esperando que así no se cayera o que así el dejara de comérsela con la mirada.
Unos segundos después Sesshomaru volvió a lo suyo, dejándola en paz. Salió en dirección a su cuarto para vestirse. Una vez que se puso los bóxers y los pantalones, noto que ella no se había movido de su sitio.
-Estas chorreando el piso. –Dijo mientras sacaba una camisa blanca de su closet.
-No tengo nada con que vestirme. –Escucho el débil susurro desde el baño.
Sesshomaru se asomo, sorprendiéndose un poco de verla al lado de la puerta, con la espalda pegada a la pared.
-Ven –La llamo cuando vio que no iba a moverse por su voluntad.
Rin se asomo tímida por la puerta, inspeccionando el lugar.
La cama King Size ocupaba bastante espacio. Frente a ella estaba una enorme pantalla de 120 pulgadas con bocinas so round. El armario era espacioso, lleno de prendas masculinas en perfecto orden y acomodadas, algunos muebles terminaban de completar la escena.
Rin se sobresalto cuando Sesshomaru le dio una bonita camisa que traía en sus manos. Frunció el seño, la camisa era elegante y lucia costosa, pero no podía imaginarse que le pertenecía al ruso.
-Para nada luce como algo que usted usaría.
-Por qué no lo es –Dijo el hombre –Fue un regalo de... –Se interrumpió y le arrojo la camisa algo brusco –Vístete.
Rin atrapo la prenda, desdoblándola con cuidado, sintiendo la suave textura entre sus dedos.
Mirando de reojo al mayor, frunció ligeramente el seño al verlo colocarse otra camisa, así que rápidamente dejo caer la toalla y se puso la camisa en un parpadeo.
Cuando termino de abotonarla, se miro al espejo. Se quedo viendo, apenas reconociéndose. Habían pasado años desde que había usado algo tan bonito, desde que era una niña y usaba los preciosos kimonos que su madre le obsequiaba.
Parecía diferente. Sonrió con ternura y dio una pequeña vuelta para comprobarse que era real la imagen en el espejo.
Su sonrisa se congelo en sus labios cuando noto que Sesshomaru la estaba viendo.
Rin aparto la mirada. –Me veo... muy colorida.
-¿Eso es malo? –Pregunto el otro.
Rin mordiéndose el labio, insegura, se encogió de hombros. Todavía no sabía cómo se debía sentirse. Racionalmente, Sesshomaru tenía razón y ella lo sabía.
No había nada malo con verse infantil y colorida. Eso no la hacía verse o tonta o Friki. Pero en el mundo en el que vivía, sobre todo en el de los negocios, esto era una debilidad. Era vista como tonta o ingenua si usara algo así con cualquier persona en el mundo de los negocios. Y ya se odiaba demasiado a si misma por no abandonar los estúpidos deseos de usar prendas que la hicieran ver tan... Indefensa.
-"No tienes que actuar dura y fría conmigo, ¿Sabes? No tienes que actuar de ningún modo. Puedes relajarte. Cualquier cosa que pase aquí, se queda aquí. No voy a juzgarte. Soy la última persona que podría juzgar a alguien, así que puedes relajarte, Niña".
No estaba segura de creerle, pero no sentía mal usar algo como esto en su presencia. No se sentía incomoda.
Rin podía evitar sonreír al verse en el espejo, se sentía como un personaje de cuento. No se veía aburrida. Se veía "adorable". Se sentía adorable y linda.
-Luces bien.
Sus mejillas se pusieron como un par de tomates. Miro a Sesshomaru con los ojos abiertos de par en par. No había nada de burla en su voz. Sonó como un hecho. Durante su infancia había sido elogiada muchas veces, pero esto se sentía diferente.
Sesshomaru no parecía alguien que ofreciera elogios frecuentemente.
-Gracias –Murmuro, mirando ahora sus descalzos pies como si fueran la cosa más interesante en la habitación. Estaba demasiado nerviosa. Se dijo a si mismo que no fuera tan tonta. Solo fue un cumplido y no uno destacable.
Pero no fue solo un cumplido. Le agrado por que ella misma lucia bien con esta camisa y le encantaba la sensación.
¿Podría Sesshomaru ver eso? ¿Por eso lo habría dicho?
Rin le mando una mirada recelosa. Pero él le dirigió una mirada poco interesada mientras se colocaba una corbata.
Rin dio una mirada a la cama y noto la gran maleta preparada. Se mordió el labio.
-"¿Se va a ir?" –No lo pregunto. – ¿Va a darme pantalones en algún momento? –Pregunto en su lugar, eso era un asunto súper importante también.
-No. –Dijo Sesshomaru, mirando sus piernas. –Eres muy pequeña. Te tropezarías con tus pies si te diera unos míos. Y ya eres bastante torpe, con ellos te lastimarías.
Rin hizo un sonidito de duda. –Podría usar los de alguien más. –Dijo con una pequeña sonrisa, como si fuera una fabulosa idea.
-No.
Rin hizo puchero. -¿Y qué tal ropa interior?
-No.
Ella se quejo.
-¿Va a decirme cuando podre ir a casa?
-No.
-¿Todo lo que sabe es esa palabra?
-No. –Un segundo después, Sesshomaru la vio mal.
Rin se tapo la boca pero no aguanto la risa y soltó una carcajada que inundo la habitación. Era la primera vez que reía en mucho tiempo y se sentía tan refrescante y liberador.
Y Sesshomaru sintió una calidez llenando su cuerpo. Se sentía bien. Esa risa lo hacía sentir mejor de lo que pensó.
Rin respiro algo agitada y se recostó en la cama para recobrar el aliento y volvió a mirar la maleta.
Sesshomaru, luego de verla embobado unos segundos, resoplo.
-Deja de poner esa cara y regresa a tu cuarto.
-Estoy sintiéndome un poco como una mascota. Si tuviera orejas como los gatos, las bajaría. –Y empezaba a preguntarse qué es lo que era ella para Sesshomaru.
¿Por qué estaba Sesshomaru haciendo esto? Pese a su actitud normalmente severa, últimamente parecía más agradable con ella, y como resultado, Rin bajaba la guardia. Hace unas semana, no se habría atrevido a actuar tan desprevenida a su alrededor ni a hablarle en un tono tan irrespetuoso.
Hace una semana él la asustaba mucho. Ahora estaba sintiéndose demasiado cómoda con él y, lo más extraño de todo, es que Sesshomaru se lo permitía.
Sesshomaru la estaba tratando casi de forma suave.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Dios, nunca había estado tan confundida en su vida. No solía cuestionarse mucho las cosas, pero este hombre era una contradicción ambulante.
Sesshomaru parecía ligeramente misógino, pero a la vez era bastante comprensivo y no era tan cerrado demente. Era un tipo dominante en todo su esplendor, pero a diferencia de otros hombres autoritarios, era bueno escuchando y era fácil hablar con él.
Bueno, dudaba que sus parlanchines monólogos contaran como conversaciones.
Sesshomaru era una mala persona –Aunque no lo parecía- y ella se sentía atraída por él. Rin no tenía idea de que pensar al respecto.
No parecía como si estuviera fingiendo. Unas cosas eran posibles de fingir pero la lujuria con la que la miraba no. Pero también estaba segura que Sesshomaru estaba jugando algún tipo de juego de manipulación. Debía serlo.
Sesshomaru cerró y recogió su maleta. -¿Qué te dio esa idea? Una mascota no haría tantas preguntas ni haría pucheros si no le respondo.
-¡Yo no hago pucheros! –Rin hizo pucheros exagerados. –Son estos ridículos labios, voy a hacerme una cirugía plástica para arreglarlos. –Sesshomaru frunció el seño.
Miro tan fijamente sus labios, hasta que los sintió temblar. Así que los humedeció un poco con la lengua en claro nerviosismo.
-No hay nada que arreglar. –Dijo Sesshomaru secamente y empezó a caminar hacia la puerta.
-¿Va a irse? –Pregunto Rin, sin poder evitarlo esta vez.
Sesshomaru se detuvo y la miro de reojo. –Sí. Solo hay ciertas cosas que puedo hacer desde Rusia. No regresare hasta el próximo jueves.
-¿Una semana? –Pregunto parpadeando con curiosidad. – ¿Pero quién me alimentara? –Ahora hacia ojos de cachorro.
Esos ridículos ojos de cachorro lucían casi brillantes ahora.
Rin no sabía porque, pero Sesshomaru no dejaba a ninguno de sus hombres acercarse más que Ah-Un.
-Sara lo hará –Dijo Sesshomaru con la voz más fría que le había conocido. –Ella se comportara. –Le dio una larga mirada.
Bajo la maleta y se acerco a ella, tomando un puñado de su pelo y acercándola bruscamente a él. –Solo te traerá comida, y los gemelos no tienen permitido quedarse cuando duermas ¿Entendido?
Rin parpadeo confundida pero asintió de todos modos.
-¿Por qué me dice eso? No creo que yo pueda echar a Sara, y Ah-Un siempre se van cuando descanso.
-Tuve una charla con ella. –Con un ligero disgusto en su expresión. –Pero siempre puedes recordarle mis órdenes si las olvida.
Se acerco a ella y le susurro al oído un suave. –Se una buena niña.
Se separo y resistió el impulso de reír al ver su carita roja y verla balbucear.
Aturdida, Rin observo como el hombre abandonaba la habitación. La puerta se cerró con un chasquido audible.
Rin se recostó en la cama, abrazando una de las almohadas, y gruño al darse cuenta que estaba olfateándola con mucha insistencia.
-Eres una idiota, Rin. –Dijo en voz alta y luego echarse a reír.
Antes de que se convirtiera en un llanto desgarrador.
