Capitulo 5 "Monstruo".

Advertencia: Este capitulo contiene Lemon.

Se recomienda discreción.

-Te dije que te mantuvieras alejada de esta habitación. –Dijo Sara cuando entro a la habitación con la bandeja de la cena.

Ah –Supuso- Se acerco a Sara y le quito la bandeja de las manos antes de ponerla en la mesita de noche del cuarto.

Rin solo se dedico a ignorar a la castaña. En los últimos 6 días, desde que Sesshomaru se había ido, había perfeccionado su careta de indiferencia. No era muy difícil.

No sabía bien que le había dicho Sesshomaru a Sara, pero la chica, que antes entraba altanera y petulante al Cuarto Gris donde estuvo los primeros días de su secuestro, ahora apenas y se atrevía a mirarla cuando le traía la comida. Era casi gracioso el ver como Sara evitaba el contacto visual con ella.

Aunque algo parecido pasaba con Ah-Un. Pensó mientras los miraba de reojo, que tenían cada uno una pistola en la mano, listos para disparar en contra de Sara si intentaba algo, cada vez que ella entraba en la habitación.

No es que dejaran de ser amables con ella o se volvieran desagradables. Pero en los mismos 6 días de la ausencia de Sesshomaru, apenas ella bostezaba una vez, ambos le hacían una reverencia y salían para dejarla sola. A veces le tomaba más de una hora el dormirse pero ellos no volvían hasta el día siguiente.

-Se enojara si regresa y te encuentra aquí. –Insistió, posando sus brazos en sus caderas.

Rin se encogió de hombros mientras le ofrecía a Ah-Un un par de tostadas con crema de avellanas y trozos de fresas. –Entonces debió haberle puesto seguro a la puerta desde mi lado. –Dijo con una sonrisita.

Alcanzo el control remoto y encendió la televisión, antes de acomodarse en las cómodas almohadas.

La televisión era el principal motivo por el que había estado pasando más tiempo aquí que en su propio cuarto. Sin importarle el desagrado de Sara cuando la descubrió allí por primera vez hace varios días.

Por supuesto, Ah-Un tampoco había podido creer lo que veía cuando la hallaron en el cuarto de Sesshomaru, cómodamente acomodada en la cama abrazando la almohada y con una sonrisa en sus bonitos labios, a las pocas horas de la partida de su jefe.

La televisión era lo único que la distraía de recordar que Sesshomaru era casado y que de seguro sentía esa atracción hacia ella por recordarle a su antigua pareja.

Era un sentimiento horrible. Y no sabía, o no quería admitir, porque le dolía tanto. Ellos no eran nada. El era un hombre malo y cruel que la tenia encerrada todo el día.

También pensó en las pocas veces que se quedaba sola y escuchaba a los demás guardias de la casa riéndose, bebiendo y cantando canciones de borrachos en el patio trasero.

A veces se había atrapado, tarareando las canciones en busca de sentirse conectada con alguien más, aparte de sus enormes guardaespaldas.

Parecía que todos se volvían más indisciplinados con el jefe fuera. Rin estaba segura de que si no estuviera encerrada y vigilada por 4 pares de ojos, podría haberse escapado sin que la notaran.

Podría haberse liberado.

-No se supone que estés aquí. –Dijo Sara, ya harta de ser ignorada.

Rin tomo la taza de chocolate caliente y la probo, mirando a Sara con algo de curiosidad.

Sabía que Sara la detestaba. Lo había notado desde el primer día. Estaba bastante segura de que esa mujer estaba enamorada de Sesshomaru. Considero la idea de llegar a un acuerdo con ella para que la dejara ir, pero la descarto inmediatamente.

Sara más que enamorada, era leal, y aunque detestara su presencia con toda su alma, si es que aun poseía alguna, seguiría las órdenes de Sesshomaru ciegamente y al pie de la letra.

Aun recordaba el brillo sádico en sus ojos cuando la usaba como saco de boxeo en su celda anterior. Recordar eso la hizo temblar un poquito y pegar sus rodillas al pecho.

-Estoy bastante segura de que eres tú la que no debería estar aquí. –Dijo Rin con calma. –El señor Sesshomaru dijo que solo trajeras mi comida y luego te fueras. Sesshomaru-sama estaría decepcionado de que desobedecieras sus órdenes.

No podía negar que le complacía saber que las órdenes del señor Sesshomaru la protegían. Obviamente tenía otros motivos para dar esas órdenes, pero aun así, Sara no podía hacerle nada, y ambas lo sabían.

Sara la miro con odio y salió disparada, murmurando sobre cómo iba a disfrutar cuando Sesshomaru regresara y le diera su merecido.

Rin frunció los labios en un puchero, a decir verdad, dudaba que ella estuviera equivocada. Estrictamente hablando, el hombre no le había permitido pasar el tiempo en su habitación. Simplemente la había dejado sola en su cuarto después de...

Termino su ensalada de frutas y fue pasando de canal en canal, tratando de relajarse. Era miércoles y Sesshomaru no regresaría hasta el día siguiente y ella misma se sentía impaciente. Se sentía como un alma en pena en el Limbo, esperando cualquier noticia del mundo exterior.

Ya habían pasado 3 semanas desde su secuestro, y ella tenía muchísimas preguntas y ninguna respuesta.

Se seguía preguntando qué pasaría con sus amigos. Si Sango ya se hubiera enterado ¿Habría cancelado su Luna de Miel por ella? ¿Miroku estaría cuidándola bien?

Y seguramente Naraku ya se habría enterado de que había sido secuestrada ¿Ya lo habrían contactado? ¿Habría alguna demanda por su rescate?

Hizo una mueca. Eso no tendría sentido. Sesshomaru no necesitaba exactamente el dinero. Y su patrimonio oficial lo convertía en uno de los hombres más ricos de Europa, tal vez del mundo, si tomabas en cuenta que el patrimonio real seria mucho mayor.

Pero si no estaba tras el dinero ¿Por qué estaba ella aquí?

Probablemente todo este acto del secuestro fuera una especie de venganza contra su tío, pero ella no había sido herida. Entonces, ¿Cuál era el punto?

Antes de que él hubiera revelado ser la mente maestra en este crimen, los hombres de Sesshomaru la había maltratado, en especial la castaña de ojos azules, pero ella no creía que fueran ordenes del peli plata, de lo contrario, Ah-Un también hubiese participado, ¿O no?

¿Estaba el oji dorado jugando alguna especie de juego mental con ella?

Todo era tan desconcertante y frustrante. Incluso sin tomar en cuenta la "tensión" entre ambos, que se estaba haciendo difícil de ignorar.

Los besos entre ella y Sesshomaru habían sido increíbles y apasionados. No le molestaba lo duro y seco que llego a ser, era por la atracción y la docilidad a la que era rebajada gracias a esta.

¿Cómo se le llamaría a la atracción hacia un hombre frio, manipulador y que ni siquiera le gustaba?

Un caso de estupidez.

Rin se carcajeo en voz alta, siendo observada con extrañeza de parte de Ah-Un. Sip, definitivamente. Era tan estúpida.

Se había prometido a sí misma, el no involucrarse con idiotas malvados. Se lo prometió a su madre, a Sango y a sí misma.

Ella quería conocer a un buen hombre, enamorarse e iniciar una familia. Una enorme y cariñosa familia. Un marido fiel y amable, como lo fue su padre. Muchos niños, adorables, risueños y alegres como lo fue ella con sus padres. Tal vez, algunas mascotas. Una hermosa casa llena de risas, alegría y amor. Sango la llamo adorable, sin tomarla muy enserio. Pero Rin no se avergonzaba de sus sueños.

Habiendo crecido con un hombre cruel y una figura materna ausente, Rin siempre había anhelado un hogar y una familia.

Su apariencia infantil complico un poquito todo, o mucho, teniendo en cuenta las ambiciones de Naraku de entregarla al mejor postor, pero se negaba a renunciar a su sueño.

Era el siglo XXI, ella podía elegir al hombre con el que compartir su vida, podría ser un príncipe en un lujoso castillo o podría vivir bajo un puente, pero ella podía elegir al hombre con el que compartir su vida. Y no conocía a ningún hombre que no quisiera tener hijos, o en todo caso podrían adoptar.

Sus sueños eran completamente posibles. Solo tenía que encontrar un hombre agradable con quien construir una vida y dejar de salir con imbéciles.

Rin sonrió. Hasta ahora estaba haciendo un trabajo fantástico. Sesshomaru hacía que cualquiera de sus ex novios fueran santos en comparación. Sus ex solo eran idiotas porque ni siquiera entraban en la misma categoría que el peli plateado, a quien realmente no veía nada malo en secuestrar a gente inocente, y probablemente cosas mucho peores.

Y aun así dejaba que el hombre la tocara, la besara cada vez que se le diera la gana. Rayos, que lo había echo.

Era vergonzoso, incluso para sus lamentables estándares. Como la vez que salió con un pandillero de su ciudad.

Sango la llamaría idiota y tendría toda la razón.

Suspirando, prefirió continuar viendo la televisión. Logro encontrar un canal donde pasaban anime. Pasaban un capitulo de Dragón Ball Super. Aunque hace mucho perdió la gracia como historia, aun la hacían reír las tonterías que Goku ocasionaba.

Y era más divertido ver las caras de sus compañeros cuando miraban la caricatura. Y Rin pudo disfrutar del capitulo, riéndose y emocionándose con las peleas.

-¿Qué estás haciendo aquí?

La sonrisa de Rin se deshizo en su cara.

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Sesshomaru apenas presto atención al informe de Sara mientras se encaminaba a su habitación.

Estaba agotado luego del vuelo, y las molestas quejas de Jaken por el teléfono, y lo único que deseaba era su cama.

-Ahora no, Sara. –Dijo mientras colocaba bruscamente el código de acceso en el teclado y abría la puerta.

Se congelo ante la vista que le daba la bienvenida.

Rin estaba tumbada en su cama, riéndose de algo en la televisión, su bonito pelo suelto, enmarcando su rostro, y los hoyuelos marcados en su boca. Llevaba puesta una camiseta naranja, -Ni siquiera sabía que tenía algo de ese color–, que se le había subido hasta los muslos.

Y los dos guardaespaldas altamente calificados que había dejado a su cuidado, estaban viendo lo mismo que ella en la televisión, como si no les pagara por cuidarla.

-¿Qué estás haciendo aquí? –Se escucho decir a sí mismo.

Rin volteo la cabeza y se le quedo mirando. Su sonrisa se desvaneció.

Los dos hombres al lado de la muchacha se pusieron rígidos en su lugar, como si fuesen atrapados cometiendo un crimen y la menor se enderezo en su lugar, acomodándose la ropa con las mejillas rojas.

Antes de que la "niña" dijera algo, Sara, que todavía estaba detrás de él, se apresuro a hablarle en ruso.

-Mira, le dije a la mocosa que se fuera, pero no obedeció y los gemelos no hicieron nada y...

-Largo. –Dijo Sesshomaru, con sus dorados ojos clavados en Rin. Esta bajo la mirada, pero antes de que sus descalzos pies tocaran la alfombra, volvió a decir.- Estoy hablando contigo, Sara. Puedes retirarte.

Un instante paso, antes de que Sara asintiera, hiciera una reverencia y saliera por la puerta.

Sesshomaru entro, y los gemelos salieron rápidamente, sin esperar a que el hombre hablara.

La puerta se cerró, se escucho que la cerradura se colocaba. Estaban solos ahora.

Luego de un momento, Rin volvió a acostarse y verla televisión con mucho interés, y quizá demasiado interés para que fuera genuino.

Sesshomaru siguió su vista y entonces noto lo que la chica estaba mirando.

-Estás viendo caricaturas –Dijo Sesshomaru, no era una pregunta. Dejo caer su maleta sobre la silla y empezó a desabotonar su chaqueta, pero su mirada estaba clavada en la chica que seguía desparramada en su cama.

Su camisa era demasiado grande para ella, dejando su lechoso cuello y clavícula expuestos.

Pese a su agotamiento, trago saliva, sentía cierta parte de su anatomía emocionarse. Sesshomaru apretó los dientes irritado, nuevamente por la reacción de su cuerpo ante esta muchacha.

-Me encantan las caricaturas. –Dijo Rin tranquilamente. Su mano –Noto Sesshomaru– estaba empuñando el edredón.

-Te encantan las caricaturas. –Dijo el peli plateado. –Realmente eres una niña...

-No sea tan estrecho de mente. –Dijo Rin, manteniendo los ojos en la pantalla. –Todos tenemos algo de niño dentro… Yo amo a los niños y adoro las caricaturas... Pueden enseñarnos valiosas lecciones si prestamos la suficiente atención. –Sonrió un poquito.

Era increíblemente ridícula. Era imposible que Naraku hubiera podido criar a esta extraña chica.

-Mi amiga Sango tiene una enorme familia, que siempre me invita a los eventos familiares, y tiene un primo de 6 años que es una monada. –Dijo la pelinegra, rompiendo voluntariamente el silencio. –Me encantaría tener niños propios algún día.

-¿Tú? –No se molesto en ocultar su diversión.

Rin finalmente despego sus ojos de la televisión para mirarlo. Parecía un cachorrito descontento. Efectivamente acertó con el apodo.

-Sí, yo ¿Qué es tan gracioso?

-Tú misma eres un bebé. –Dijo Sesshomaru, mirándola de pies a cabeza.

-Las apariencias engañan. –Sonrojándose. –Para que sepa, soy genial con los bebes, siempre ha sido mi sueño tener una gran familia, tener muchos hijos... –Dudo un momento antes de añadir. –Y un esposo amoroso.

Sesshomaru sintió que en sus labios se ponía una mueca de disgusto.

-¿Qué? –Dijo Rin, levantando la barbilla. Apago la televisión, no tenia caso por qué no había prestado atención al capitulo desde que el ojidorado llego. – ¿Cree que hay algo malo en ello? ¿Es muy cliché?

-¿Muy cliché? Realmente no me importan esas cosas del feminismo y tonterías similares, pero no estoy en contra, tampoco. Cada quien hace lo que quiere con su vida. –Aflojo su corbata. – ¿Pero no quieres hacer algo más que ser una ama de casa cuidando de un montón de mocosos?

Había algo desagradable sobre la idea de que Rin tuviera un esposo amoroso. No le gustaba.

Rin ladeo la cabeza. Su flequillo cayendo sobre sus grandes ojos marrones. –Nunca dije que quería ser solo un ama de casa. –Dijo con una voz dulce. –Sé que si quiero una gran familia tengo que estar quieta en un solo lugar para criarlos, pero también tengo que tomar el control de mi empresa y tal vez me gustaría viajar un poco antes de asentarme. Así que no es tan cliché, solo es un sueño que estoy posponiendo.

Los dedos de la "cachorra" seguían apretados.

-No eres tan tonta al respecto. –Dijo el peli plata, desabrochándose la camisa.

-No lo soy. –Dijo Rin con una sonrisa. –Ya le dije cuales son las ambiciones de Naraku sobre mi futuro. Me esforcé para enorgullecerlo y tratar de hacerlo quererme, cambie la forma en que visto y la forma en que me comporto, pero no puedo cambiar lo que deseo, sin importar cuánto intente que me gustara la administración de empresas y los chicos ricos que me presentaban. Pero eventualmente me rendí. Soy soñadora e infantil, he hecho las paces con ello. Sí naci de esta forma no puede ser algo equivocado o tonto.

-Entonces, ¿Por qué no le dices eso a Naraku y dejas todo esto de lado?

Rin bajo la mirada y se encogió de hombros, su camiseta se deslizo por sus hombros, revelando mas piel.

-Yo... No puedo dejar que se quede con la empresa de mis padres. –Se mordió el interior de la mejilla. –No quiero evadir mis responsabilidades, supongo que intentara apartarme por todos los medios posibles. Supongo que cuando conozca al hombre de mis sueños y decida aceptarme podre librarme de su influencia.

Sesshomaru se quito la camisa. –El hombre de tus sueños. –Repitió, sin molestarse en ocultar la burla en su voz. -¿Y quién es ese?

Rin enrosco un mechón de su pelo en su dedo, más en un gesto de nerviosismo que por otra cosa. Sus largas pestañas casi tocaban la piel de sus suaves pómulos.

-No lo sé. –Dijo despacio. –Supongo que lo reconoceré cuando lo vea. Obviamente tiene que ser atractivo, y tiene que tener pantalones para hacerle frente a mi tío, pero lo primero y principal es que debe tener un buen corazón y ser agradable. Debe amar a los niños y querer las mismas cosas que yo... –Por un momento, un leve rubor cubrió sus mejillas. –Y debe adorarme, por supuesto.

-Por supuesto. –Sesshomaru arrojo su camisa en el cesto de la ropa sucia, cuando se dio cuenta de que estaba enrollándola furiosamente en su puño.

Rin parpadeo confundida y lo miro, pasando los ojos por el desnudo pecho del ruso antes de encontrarse con sus ojos. El silencio parecía aterrador y la tensión podría cortarse con un cuchillo.

-Se ve... Enojado. –Murmuro, sin soportar un momento más de silencio.

-Nunca me enojo. –Dijo el mayor.

Eso era cierto, hasta cierto punto. No podía recordar la última vez que exhibió su ira exteriormente.

Tal vez fue con el nacimiento de ese imbécil.

Cualquier emoción fuerte era una debilidad potencial que no podía permitirse seguir. Se había distanciado de la mayor parte de su familia por un motivo. Estaban más seguros de esa manera. Era más fácil también para él...

Por eso su matrimonio con Abi había fracasado miserablemente. Él odiaba quedarse con ella mucho tiempo y ella detestaba su frialdad con cualquier ser humano, incluyéndola.

-Ha regresado antes. –Dijo Rin. – ¿Paso algo? ¿Hay alguna novedad?

Sus ojos oscuros eran más grandes y hermosos, y denotaban la preocupación hacia él, y sus labios se veían suaves y rosados. Era irritante, todo sobre esta cachorra le irritaba. La forma en que lucía, la forma en que hablaba, hasta la maldita forma en que respiraba.

Sesshomaru sintió a su mandíbula apretarse. En dos pasos largos, cruzo la distancia entre ambos y jalo a la niña por el cuello de su camiseta.

-¿Crees que eres una invitada aquí?

Rin parpadeo lentamente. –No. –Dijo con la voz dulce y angelical, incluso cuando su respiración se volvió inestable.

-Parece que te hiciste una idea equivocada de que te debo respuestas. –Dijo apenas a centímetros de distancia de su cara. –Que te debo alguna explicación.

-Yo... –Dijo Rin, pareciendo aturdida. Miro fijamente a los dorados ojos masculinos, que le atravesaban hasta el alma. –Yo solo quiero saber porque estoy aquí y que quiere conmigo. Creo que es justo, ¿No lo cree?

¿Justo?

-Creo. –Dijo Sesshomaru, haciendo una tenebrosa sonrisa y con un tono de voz que reservaba para tratar con enemigos que tenía la intención de destruir. –Creo que he sido demasiado blando contigo.

Rin trago duro, y se mordió el labio, asustada, antes de sacudir la cabeza.

-¿No? –Dijo el mayor divertido, a pesar de su enojo burbujeante en su interior.

Con un hoyuelo apareciendo con el ya conocido puchero, volvió a sacudir la cabeza, haciendo que se le desordenara el pelo y algunos mechones enmarcando su bonita cara.

No era entrañable, en lo absoluto. Para nada.

Bastante molesto, Sesshomaru enterró sus dedos en la cadera de Rin. Esta se sobresalto y abrió los ojos como platos.

-Para una mocosa que sueña con príncipes azules y romances de cuentos, de seguro que te gusta duro.

Rin se sonrojo.

-Para un hombre misógino, xenófobo y cruel, le gusta mucho tocarme, ¿No será como yo?

Cuando estaba cerca de esta niña, no estaba seguro de nada. Así que simplemente dijo:

-¿Se supone que eso me ofendería? Además, solo te he besado un par de veces, y he hecho eso muchas veces, con mujeres mucho más hermosas, y algunas cosas más. Que tengas bonitos labios no te hace especial.

Rin abrió los ojos como platos, reflejando cuanto le habían dolido esas palabras.

Y una inquietud le revolvió el estomago. Eso solo lo enojaba más.

Carajo, nunca le importo lastimar a la gente, y mucho menos herir los sentimientos de la gente.

-Bien. –Dijo la muchacha, apartando la mirada. –Lo suficientemente justo... ya me lo han dicho antes, sé que no soy perfecta, puedo vivir con eso.

Los labios de Sesshomaru se apretaron.

-Déjeme ir, por favor. –Dijo Rin con la voz algo entrecortada y temblando. No lo miro a los ojos pero pudo ver un pequeño brillo bajo su flequillo que cubría sus ojos desde su posición. –Lo entiendo... No soy más que un peón para usted y no debería ser tratada como una persona... Lo entiendo... Ya lo entendí.

Sesshomaru soltó la camisa, pero antes de que ella se separara o tan siquiera se moviera, la alzo por la barbilla y la besó, derramando su ira en un beso hambriento.

Maldición, así no es como se supone que lo había planeado.

Sí, tenía la intención de manipular la mente de la cachorra, volverla necesitada y dependiente de él.

Ya estaba bastante sumisa y atenta a él, haciéndola desear su atención, sus caricias y sus besos.

Tenía la completa intensión de besarla después de su regreso, días después... Después de hacerla cuestionarse a sí misma... Que ella lo buscara... Que ella le rogara.

No se suponía que debería estar violando su boquita con su lengua apenas regresara.

No se suponía que debía pensar en la boca y piel de Rin durante sus reuniones de negocios.

Y seguro que no se suponía que regresara del aeropuerto como un adolescente hormonal, impaciente por poner sus manos sobre la "cachorra".

Rin quedo rígida por, exactamente, 3 segundo antes de corresponder al beso y volverse dócil y soltar gemiditos tan dulces que lo estaban enloqueciendo.

La manera en que su cuerpo reaccionaba al suyo era excitante, haciéndolo olvidar sus planes y volviéndolo codicioso y voraz. Haciéndolo desear más de ella.

Quería destruir a esta mocosa tierna e ingenua, con carita angelical, hoyuelos y labios dulces. Con sus sonrisas tiernas y actitud mansa. Con sus tontos y cursis sueños.

Quería romperla, desarmarla, y ponerle una cadena en el tobillo para que no se alejara de su cama.

Respirando con dificultad, se separo bruscamente, y la arrojo a la cama.

¿Qué demonios...?

Tomo algunas respiraciones profundas para tranquilizar sus instintos animales, antes de volver a mirarla.

Estaba recostada jadeando, en su cama, sus labios húmedos e hinchados, sus ojos brillantes por el deseo, sus piernas ligeramente abiertas y sus tiernos pezones resaltaban en su camisa.

Esto no ayudaba para nada a su cordura y su autocontrol. –"Quiero hacerla mía". –La intensidad de ese deseo era asombrosa. Le había dicho la verdad a Rin, ella no era su tipo.

Prefería a las mujeres más altas, voluptuosas, de una belleza mas inusual y de preferencia con la madurez suficiente para aceptar ser aventuras de una noche o romances pasajeros.

Nunca creyó que deseara a una muchacha como la que estaba en su cama. Y aun así, al bajar la mirada, y ver a la muchacha que estaba recostada en su cama, ruborizada, hermosa y excitada, todo lo que quería en este mundo era arrancarle la ropa, abrir sus bonitas piernas y enterrarse en su interior por horas. Por días. No sabía que estaba expresando su rostro, pero Rin cerro rápidamente sus piernas y se removió para tratar de quitarse el aturdimiento de encima.

-Yo... Yo no... Yo no quiero... Olvídelo. –Dijo con la voz temblorosa, pero sus ojos seguían vidriosos por el deseo. –Yo no me acuesto con idiotas arrogantes.

Rin iba a levantarse, pero Sesshomaru puso una mano sobre su hombro para empujarlo de nuevo en la cama, hizo un gemido que fue más de placer que de sorpresa, estaba extremadamente sensible.

Gruñendo, enojado consigo mismo por estar comportándose tan irracional, estiro su mano para abrir el cajón de la mesita de noche y saco un paquete de condones y lubricante.

La chica dio un respingo cuando le ofreció la botella.

-Prepárate tú misma. –Dijo secamente, logrando ocultar su ansiedad de tal manera manera que no se notaba.

Rin parpadeo varias veces antes de mirarla de mala manera, aun que había visto cachorros de puddle mas amenazantes, ella era encantadora.

Y Sesshomaru quería poseer cada parte de su cuerpito y hacerlo suyo.

-Ya le dije que... –Sesshomaru acaricio su sonrojada mejilla con el pulgar y gimió de sorpresa.

Sesshomaru abrió el botón de su pantalón. –No te creo, cachorra... –Su mirada vagaba por las largas piernas de Rin y su auto control se perdía al imaginarlas alrededor de su cintura. –Vamos a ser claros, quiero follarte... Tú también lo quieres aunque no soy el hombre amable con el que quieres tener bebitos. –Se burlo de eso, aunque se sentía irritado al pensarlo, de nuevo. –Prepárate tu misma.

Podría hacerlo el mismo, pero si la tocaba un poco más no sería amable y la lastimaría, y no de buena manera. Tocarla era adictivo a niveles peligrosos, y el único vicio que se permitía era la nicotina.

Rin se relamió los labios. – ¿Y si no lo hago?

-Te vas a tu habitación y encontrare a una mujer agradable y dispuesta que ocupe tu lugar. –Dijo indiferente. –No hay diferencia para mí.

Era una mentira. No deseaba a cualquier mujer. Quería a esta mocosa, sentirla deshacerse y retorcerse debajo de él.

Se miraron a los ojos unos segundos. Y entonces los delicados dedos de Rin tomaron la botella de lubricante.

El cuerpo del hombre se tenso antes de apartar la mirada y terminar de desnudarse con movimientos lentos.

No demostraría impaciencia.

Ya había cometido suficientes errores. Acostarse con la cachorra esta noche no estaba en sus planes.

Acostarse con ella no estaba en sus planes, punto final.

Una vez que estuvo completamente desnudo y se había puesto un preservativo, respiro profundamente antes de voltear a verla.

Su respiración se detuvo.

La camiseta se había levantado, revelando la piel de su vientre y mostrando parte de su pecho, sus bonitas piernas abiertas, sus muslos tersos.

Se cubría la boca con una mano, y la otra estaba entre sus piernas, con tres dedos entrando y saliendo de ella con rapidez.

Era un espectáculo para contemplar. Toda sonrojada y bonita. Un ángel inocente, pero también la mayor tentación de su vida.

La chica abrió los ojos y se encontró con los suyos. Rin parecía ida mientras movía más rápido sus dedos en su interior.

-Para. –Dijo Sesshomaru, poniendo algo de lubricante en su duro miembro. El sudor en su frente hacia que el cabello se pegara y los dientes se apretaban con la impaciencia a flor de piel. –Dedos fuera.

Rin saco sus dedos y suspiro, retorciéndose y sacudiendo ansiosa sus caderas. Miraba fijamente con deseo al miembro de Sesshomaru con las pupilas dilatadas.

-Quítate la camiseta. Sobre manos y rodillas ahora. –No era realmente lo que quería. Quería mirarla cuando se adentrara en ella, quería besar su bonita boca y hacerla colgarse de su cuerpo con brazos y piernas. Quería ver cada una de sus reacciones y observarla cuando llegara al clímax.

Por eso es que no debía hacerlo. Cuanto menos personal fuera, mejor.

Rin tardo un poco, pero obedeció sin chistar, como la buena niña que era.

Sesshomaru se arrodillo tras ella y la tomo de la cadera con fuerza, observando cómo sus dedos se marcaban en su blanca y suave piel.

Todavía podía parar. Se sentía como un pervertido quitándole la inocencia a una niña. Estaba a punto de acostarse con ella.

No quería parar.

-Esta es una mala idea. –Dijo Rin, temblorosa y escondiendo su carita en la almohada.

-Lo es. –Aseguro antes de enterrarse en su cálido interior.

Ambos gruñeron, Sesshomaru apretando los dientes, mientras sentía una estreches increíble envolviendo su miembro.

El impulso de moverse y tomarla era casi irresistible. Pero no se movió. Se quedo quieto, sintiendo una gota de sudor bajando por su frente del esfuerzo.

Rin gimoteo confundida. –Muévase. –Susurro, retorciéndose. –Por favor.

-No. Sí lo quieres, vas a tener que esforzarte por ello.

-No entiendo. –Susurro, sonando medio ida y frustrada, moviendo sus caderas con impaciencia.

Sesshomaru soltó una ronca carcajada y lentamente se retiro hasta casi salir de ella. –Sí lo quieres, muévete tú.

Rin hizo un ruidito que sonó a un gemido ahogado de frustración. Respiro profundamente y empujo sus caderas hacia atrás.

Sesshomaru gruño, pero se quedo quieto, observando el punto donde sus cuerpos se unían y vio su miembro desaparecer entre las piernas de la muchacha.

No quiso buscar una posición cómoda con sus caderas, quería que ella sola guiara de momento, y lo disfrutaba.

Pronto, la cachorra movía a un ritmo delicioso que provocaba el que la cama chocara contra la pared mientras lloriqueaba de placer.

Sesshomaru apretó los dientes. Podía ver que se le agotaba la energía. Su respiración se hacía más dificultosa y sus brazos y piernas temblaban por el esfuerzo.

Le tomo todo su autocontrol no empujar sus caderas más profundo dentro de su ser.

-Por favor. –Lloriqueo, mientras sus brazos cedían al peso. –Por favor.

Sesshomaru se inclino sobre ella, dejando que su pecho musculoso presionara con la espalda de Rin, por lo que su gran cuerpo cubría el de ella que era mucho más pequeño y suave, y luego dio una embestida potente.

Rin dio un alarido de placer y se relajo mientras Sesshomaru tomaba el control de la situación y se dejo hacer. Con cada golpe, ambos sentían irse al cielo.

-Oh Dios. –Rin no era ruidosa, pero dejaba escapar múltiples gemiditos dulces que aumentaban su ego en desmedida y movía sus caderas en busca de mayor contacto. Y el amaba la visión de cómo su espalda se curvaba hacia él.

-¿Disfrutando? –Gruño el ruso mientras lamia posesivo y codicioso la curva de su cremoso cuello. Disfrutaba de su pequeño cuerpo que era fácilmente accesible para él en todas partes. –Mírate, sintiendo placer por las caricias que te da el hombre que te secuestro, y disfrutándolo. –Mordió el lóbulo de la oreja de la muchacha. –Una cosita tan caliente ¿No es así, cachorra?

Sesshomaru volvió a embestir con mayor fuerza, haciéndola gemir y esconder su rostro en la almohada, pero sin bajar las caderas.

-Sí, no pare, por favor.

Sesshomaru no se detuvo, y no estaba seguro si hubiera podido aun que ella le dijera lo contrario. Todos sus pensamientos se apagaron, dejándolo concentrarse plenamente el placer de disfrutar del inocente cuerpo de la cachorra y sus gemidos tímidos aunque lascivos.

Contrario a su apariencia dulce, no tenia reparo en ser poseída de una forma tan dura y parecía disfrutarlo.

-No vas a poder estar con ningún hombre aparte de mí. –Rin gemía más alto cuando actuaba de esa manera tan posesiva. –Solo yo puedo escucharte rogar por mí, cachorra.

Sesshomaru por un momento pensó si sus hombres podrían escuchar los gemidos de Rin, si podían imaginarse que estaba haciendo suya a la prisionera.

-"Que oigan". –Quería que escucharan. Quería que todos supieran lo mucho que la "cachorra" estaba disfrutando ser llenada con su gran falo.

-Por favor... Por favor... –Decía Rin entre gemidos mientras Sesshomaru mantenía un ritmo lento pero potente. –Más, por favor. Lo necesito.

Sesshomaru deslizo sus manos por la silueta de la chica hasta tomar entre sus dedos sus pechos suaves y llenos, embistiendo con más fuerza dentro de ella.

Rin grito y se corrió, apretando el miembro del hambre en su interior. Tembló por un largo rato, soñolienta por el placer y él no se detuvo ni un segundo, esperando el suyo con un gruñido casi animal saliendo de su garganta.

Rin jadeaba bajito aun cuando se notaba que no podía moverse, mientras el ruso seguía embistiendo su interior.

Cuando sintió que estaba cerca, mordió con fuerza el delicioso cuello de la muchacha justo cuando llego al orgasmo dentro del condón.

Permaneció inmóvil unos segundos mientras intentaba controlar su respiración. Finalmente se retiro, se rodo sobre su espalda y se recostó en la cama. Tiro el preservativo en el cesto de la basura.

Rin se rodo hacia él y lo envolvió un cálido abrazo, presionándose y pegando su mejilla sonrosada contra sus bíceps.

Sesshomaru se tenso. Volteo la cabeza. Rin tenía los ojos entrecerrados, la cara aun algo enrojecida, y su pelo negro cubriendo su cuello y pecho haciéndola ver como alguna criatura mística, y el atisbo de una sonrisa en sus bonitos labios.

Apenas podía creer que esta criatura de aspecto tan inocente, hubiera estado hace poco retorciéndose debajo de él y suplicándole que la tocara.

Parecía una cachorra juguetona y soñolienta. Se le veía feliz y satisfecha.

Quería alejarla. No lo hizo, por supuesto. Esto era bueno. Era excelente, en realidad. Significaba que no había arruinado completamente sus planes ni perdido su confianza.

Podía soportar algunos ataques de afecto inesperado, si era lo que la cachorra necesitaba.

-Eres buen compañero de cama. –Murmuro, soñolienta. Dando un pequeño beso en una de las marcas purpuras en el pecho del peli plateado. –Para ser un malvado Youkai.

Sesshomaru enterró sus dedos en el cabello de Rin. – ¿Eso es un halago? Normalmente las mujeres dicen cosas más agradables después de tener sexo.

-No dije nada malo. –Parpadeo con ternura para mantenerse despierta. –Los Youkais son criaturas mitológicas, algunos son buenos y otros son egoístas, pero todos son poderosos y en tu caso serias aterrador y atractivo. –Se acurruco en las caricias de hombre.

Sesshomaru jalo uno de sus mechones de pelo.

-¿Qué? –Murmuro, mirándolo. Su mirada aun era vidriosa y soñadora. –Me encanta la mitología. No es el primer hombre que siente que es corrompido por una niña como yo.

Rin sonrió, pero parecía una sonrisa falsa. Alguien la había herido en el pasado.

-¿Corrompido? –Pregunto. –Soy un hombre adulto, cachorra. Soy completamente responsable de mis acciones, se necesita más que una boca bonita para forzarme a hacer algo sí no se lo permito.

Rin lo miro algo confundida.

-Me acosté contigo porque quería. –Mirándola a los ojos. –Tan simple como eso. Cualquiera que diga lo contrario es un cobarde débil.

Rin soltó una risita entre dientes. –Por favor, deje de hablar así. Usted es el villano. No se aparte del guion.

-Incluso a los villanos se les permite tener algunos episodios de tranquilidad.

-No a usted. –Dijo la menor. –Se supone que sea despiadado y cruel todo el tiempo. –Ya estaba bastante soñolienta.

-¿Si?

-Sip. –Dijo solemnemente antes de bostezar y acurrucarse en su costado. –Tengo sueño. –Murmuro cerrando los ojos.

-¿De verdad? –Dijo Sesshomaru, mirándola incrédulo. Nadie se auto invitaba a su cama. Todas las mujeres con las que se había acostado sabían que debían marcharse en cuanto él estuviera satisfecho.

-Sí quiere que me vaya, tendrá que cargarme hasta mi cama. –Murmuro la pelinegra. –Siento el cuerpo pesado y mis piernas como gelatina después del sexo. Así que es toda su culpa.

-Ya no me tienes miedo. –Se sentía más divertido que enojado, para su sorpresa.

Rin abrió uno de sus ojos chocolate y lo miro. –Claro que me asusta... A veces. –Dijo un poco más suave por el sueño. –Pero sé que no es tan mala persona. Sé que es capaz de hacer cosas horribles. Pero aun así, me siento segura, y ahora mismo más que nunca. Tal vez soy algo ingenua, pero también sé que no me hará daño por qué no tienes ese interés en este momento por qué no lo beneficiaria.

Sesshomaru la miro fijamente. La cachorra lo sorprendió. No se equivocaba. No tenía interés en dañarla. No en este momento.

-Puedes quedarte. –Dijo finalmente.

Rin asintió con alegría antes de apresarlo nuevamente en un abrazo y se acurruco más cerca.

-Lo siento, es que me encantan los abrazos. –Dijo, bostezando. –No lo tome personal... Siempre hago esto después de tener relaciones. Es algo que todos saben que pasara tarde o temprano. Soy una especie de monstruo abrazador –Cerro los ojos. –Buenas noches.

-Buenas noches, monstruo abrazador. –Dijo Sesshomaru con ironía. Estiro su musculoso brazo para apagar la luz y dejar encendida la lámpara de noche, sintió un pequeño beso en su pectoral, que le hizo dar un escalofrió.

Respiro momentáneamente por un rato, tratando de relajarse para no pensar en el cálido y suave cuerpo femenino a su lado, de los suaves cabellos enredados en sus dedos.

Acababa de tener sexo con la mocosa nipona. Sesshomaru espero pero nunca llego el sentimiento de culpa, ni siquiera el de fastidio. Esta experiencia había sido buena, más que buena, en realidad. Negó con la cabeza, sacudiendo esa idea y se concentro en sus planes. La niña era casi suya. Casi.

Solo un poco más.

Volteando la cabeza, miro a la "cachorra" que dormía como un bebe, inconsciente del monstruo con el que estaba acurrucada.

...

Gracias a todas por leer, ¡Y ya solo falta un mes para Yashahime! ¡YUJU! Espero poder actualizar antes del estreno. Cuídense mucho y por favor recuerden el usar cubre bocas y cuidar a sus abuelitos.