Capitulo 6.

"Solo un poco preocupante".

Rin no podía respirar.

O mejor dicho, podía, pero cada respiración le costaba mucho esfuerzo por que tenía el rostro enterrado en la almohada y algo grande y pesado la aplastaba.

Entro por dos segundos en pánico, hasta que su nariz capto el aroma de Sesshomaru y un mechón de sus platinados cabellos se asomaba por su hombro.

Por supuesto que era él.

Rin suspiro aliviada y se acurruco más cerca. Al darse cuenta de esto casi se echo a reír. Esto era ridículo. Alivio era lo último que ella debería sentir en esta situación.

No podía ser tan estúpida como para pensar que estaba a salvo con este demonio de ojos dorados, sin importar el fantástico Sexo que habían tenido anoche.

Pensar en la noche anterior ciertamente no ayudaba a que disminuyera el rubor de sus mejillas. Tampoco ayudaba que el cálido aliento del ruso chocara contra su sensible oreja, o sentir su musculoso abdomen pegado a su espalda, o que sus musculosas piernas estuvieran enredadas con las suyas, o que una de sus fuertes manos estuviera a un lado de su rostro y la otra estuviera sosteniendo la mano mas pequeña de ella, haciéndola sentir un calorcito en el corazón.

¿Y eso era?

Sí, había algo duro chocando contra su trasero, no había que ser un genio para saber que era.

Mordiéndose el labio, escucho con atención- Sesshomaru seguía durmiendo, su respiración era lenta y uniforme.

Nunca había visto al hombre dormir, tal vez tenia una cara menos tenebrosa y fría cuando dormía. Se puso más roja, tal vez hasta llegar a un tono marrón por la falta de aire, y la vergüenza.

Era pesado y firme en las partes correctas. El cuerpo de un hombre en su cúspide, nada que ver con los cuerpos de los chicos de su edad con los que generalmente salía.

Siempre había tenido cierta debilidad por los hombres mayores y en forma, idiotas, arrogantes, autoritarios que parecían poder aplastarla sin siquiera sudar, y Sesshomaru representaba todas esas cosas, con el Plus de que cuando se lo proponía, era amable con ella.

Era como si fuera la mezcla perfecta de todas las cosas malas que no deberían atraerle, pero lo hacían.

No debió permitir que el hombre se acostara con ella. Debió haberse alejado cuando el ruso le dio la oportunidad. Rin lo sabía.

Solo era que no había querido pasar otra noche en vela escuchando los gemidos de otra tipa. Ella era la que había provocado esa erección en Sesshomaru. Era suya. Su responsabilidad.

Genial, al parecer ahora se había vuelto posesiva con la erección del hombre. Lo cual no era gracioso en lo absoluto.

Rin decidió que ya era suficiente humillación por un día, y eso que apenas había empezado, así que se removió como un pescado fuera del agua para sacarse al musculoso hombre de encima. Pero era inútil.

No solo no lo había conseguido, sino que de tanto retorcerse se había calentado y estaba un poco mojada. Ya estaba jadeando quedito, insegura de querer separarse. Olvidemos eso, claro que quería separarse. Apenas podía respirar, y además se sentía pegajosa por el sudor y otros fluidos corporales, así que deseaba un baño más que nada.

Pero su estúpido cuerpo traidor estaba perfectamente feliz de quedarse donde estaba, debajo del hombre que la tenia secuestrada por "Kami sabrá que motivos".

Se retorció otra vez, sin demasiada intención, cuando sintió la erección de Sesshomaru chocando levemente contra su entrada.

Sesshomaru soltó un gruido gutural, y su respiración ya no era estable.

Unos dientes mordisquearon su cuello, justo donde la noche anterior se habían enterrado con salvajismo.

-Ya khochu trakh nut´tebya, devochka. Ya kochu de la t´eto bez preservartiva.

Su voz era ronca por el sueño, pero se oía tan sensual y masculino.

Rin se estremeció, no había entendido todo lo que le había dicho, pero la idea general era bastante clara. Quería hacerlo con ella sin condón, y no había medido sus palabras para dejarlo claro.

No fueron las palabras lo que la sorprendió, sino el hecho de que ella lo quisiera también y eso la perturbaba.

El sexo sin condón era la más profunda forma de intimidad. Era algo que requería de la total confianza en la pareja. Por eso Rin nunca había dejado que nadie lo hiciera sin uno. Y desearlo con este hombre en particular era una locura. ¿Estaría enloqueciendo ya?

Rin murmuro, tan bajito que casi no esperaba que la hubiera escuchado.- Me está aplastando.

Luego de un momento, el gran cuerpo de Sesshomaru se rodo de lado hasta que se apoyo en un codo para observarla mejor.

Respirando nuevamente, Rin volteo la cabeza hacia él. Sesshomaru la observaba atentamente. Sus ojos dorados algo desenfocados por el sueño, su pelo largo enmarañado y brillante, enmarcando su fino rostro.

Rin se preguntaba como un hombre tan hermoso podía ser tan malvado.

-Ni siquiera lo piense. –Dijo tardíamente, tratando de no comerse con la mirada los anchos hombros y tonificado pecho del peli plata, al mismo tiempo que tapaba su pecho con las sabanas. –No tendrá relaciones conmigo sin condón. No se lo he permitido a nadie.

Sesshomaru sonrió ligeramente, como si hubiera dicho algo muy divertido. -¿Un honor reservado para tu príncipe azul? –Definitivamente se estaba burlando de ella.

Rin frunció el seño ligeramente. –Tal vez sí. Tal vez no. Pero un hombre que toma a una mujer diferente cada noche, definitivamente no lo hará.

El Youkai sonrió un poco más notoriamente. –Eres adorable cuando te pones celosa, cachorra.

Antes de que pudiera decirle lo ridícula que sonaba su suposición, el hombre se puso sobre ella con una sonrisa maliciosa. Rin se sonrojo como un tomate nuevamente. Sesshomaru tomo las manos de la cachorra y las puso sobre su cabeza, sosteniéndole las muñecas con cada mano. Se coloco hábilmente entre sus piernas y se deleito con la visión de su pequeño ángel, sonrojada y bonita, con los ojos brillantes por el deseo.

Justo cuando el ruso se inclino para besarla, la puerta se abrió.

El sonido de algo cayendo al suelo se escucho en toda la habitación.

Rin, del susto, miro a la puerta, y sus ojos se abrieron de par en par.

Ah y Un estaban en la puerta, mirándolos.

La bandeja, con lo que sospechaba fue en algún momento su desayuno, estaba desperdigada en el suelo, con los platos y tazas rotas.

Los gemelos miraban sorprendidos. Tenían hasta la boca abierta.

Sesshomaru los miro de reojo, con la mirada más aterradora que Rin hubiera conocido en alguna persona.

-Cierra la puerta. –Su tono fue frio, duro y enojado.

No termino de hablar cuando rápidamente cerraron la puerta.

Rin se cubrió la cara con las manos, ocultando su vergüenza.- Oh, Kami-sama, esto es demasiado... No voy a poder mirarlos a los ojos de nuevo.

-"Excelente." –Fue el pensamiento de Sesshomaru, y eso lo sorprendió un poco.

¿Por qué le agradaba tanto la idea de que la cachorra y los gemelos dejaran de tener tanta confianza?

Negando con la cabeza, tomo las manos de la cachorra para alejarlas de su lindo rostro sonrojado, y lamio con descaro la comisura de sus labios.

-Ve a lavarte los dientes, quiero besar tu bonita boca.

-Su aliento mañanero tampoco huele precisamente a rosas. –Murmuro, aunque en su humilde opinión, no era desagradable.

-Los villanos tenemos ciertas libertades. –Dijo como si fuese un tema serio. –Está escrito en: "Como ser un villano para principiantes", Ultima edición.

Rin rio divertida por primera vez en la mañana. Sesshomaru se le quedo viendo con una expresión extraña que le puso la piel de gallina. Era hermoso hasta con expresiones asesinas, y eso la espantaba.

-Tienes 30 segundos para cepillarte los dientes, cachorra. Luego vas a regresar, sentarte sobre mí y me darás un beso de buenos días.

No era una pregunta. Era una orden y no daba oportunidad a reclamos... No es que ella se quejara.

Fue más que vergonzoso que por las prisas cayo de la cama, se levanto y corrió al baño. Quiso taparse con algo, pero no tenia caso, al final se lo quitaría y solo perdería valiosos segundos.

Unos segundos después, salió del baño, y se encontró con el peli plata sentado en la cama, los brazos extendidos a ambos lados de su cuerpo, una de sus piernas flexionada la otra estirada, y sus ojos dorados recorrían su cuerpito como si fuera un muerto de hambre ante un festín.

Habría que estar muerta, ciega o ser lesbiana para no excitarse con tal imagen.

No espero otro gesto y corrió a sentarse en su regazo y chocar ansiosa su boca con la de él.

Se consoló a sí misma mas tarde por haber tenido la suficiente fuerza de voluntad como para insistir en que se pusiera el preservativo.

Pero si las cosas seguían así, no podía pensar claramente la siguiente vez que pasara. Porque sí, habría una siguiente vez.

Y una siguiente.

. . .

-Recuérdale a Jaken que termino el contrato en Roma cuanto antes. –Dijo Sesshomaru sin levantar la vista de su computadora. –Espero su informe detallado para fin de mes ¿Alguna novedad?

Sara dudo, preguntándose si debía decirle lo sorprendido que había estado el hombrecillo de ojos saltones por su ausencia durante las negociaciones. Normalmente, Sesshomaru era bastante adicto al control, y no le gustaba que tomaran decisiones tan importantes en su nombre, por mucho que Jaken lo conociera.

Pero recordó que nada era normal por estos rumbos últimamente.

-Está haciendo todo lo que puede. –Dijo Sara, eligiendo no darle detalles sin importancia. El sapo era algo masoquista de todos modos. Además el humor de su jefe podía ser tanto indiferente como explosivo. –Dijo que las negociaciones van razonablemente bien y logro que cedieran con la clausula matrimonial.

Sesshomaru hizo un sonido afirmativo.

-¿Algo más?

-Recibimos a algunos investigadores de la Oficina de Investigación Criminal Japonesa. –Sesshomaru la miro.

-¿De nuevo?

Sara asintió, frunciendo el seño.

-No parecen sospechar nada, o al menos no tienen nada que nos incrimine, pero están solicitando una reunión contigo. Por lo que me informaron, tienen en conocimiento que fuiste la última persona con la que Rin se reunió antes de su desaparición.

-Ya le dije todo lo que se a la policía Rusa. –Dijo Sesshomaru, mirándola con frialdad y haciéndola sentir como un bichito. –El CIS puede preguntarles ¿Por qué me molestas con esto?

Sara hizo una mueca. –Tengo entendido que su amiga puso una denuncia formal y les dio tu información para que le dieran seguimiento a la investigación. ¿No crees que deberías agendar una reunión con ellos? Para disipar cualquier sospecha.

-Soy CEO en múltiples corporaciones de todo el mundo. –Dijo lentamente, como si estuviera hablando con una persona estúpida. –Mis citas son reservadas con meses de antelación. Sería demasiado sospechoso si de repente me hiciera un espacio para una solicitud extra oficial, considerando que, supuestamente, apenas conozco a la persona desaparecida y pase no más de 5 minutos en su compañía. Tengo una coartada a prueba de balas.

-Sí, pero, tal vez el bastardo de Naraku les dijo sobre el problema entre ustedes. –Dijo Sara. –Sí lo hizo, tendrán una causa probable.

-Naraku perdería más que yo, si hablara. –Dijo Sesshomaru antes de volver a su computadora. –Retírate.

Cuando la castaña no se movió, Sesshomaru alzo la mirada de nuevo.

-¿Algo más?

Sara se mordió el labio.

-No tengo todo el día, Sara.

-Ha pasado un mes desde que tenemos a la mocosa. –Dijo Sara, con un tono más dócil. –Y aun no la has utilizado.

Los ojos dorados de Sesshomaru se clavaron en ella. Sara trago, recordándose que era lo más cercano que él tenía a una amiga después de la muerte de Kagura, y de que Jaken estaba fuera del país.

-¿Me estas pidiendo que te explique mis motivos? –Dijo en un tono bajo, y aparentemente casual.

Sara lo conocía mejor que eso.

.-No, para nada. –Aclaro rápidamente. –Es solo que estoy preocupada. Mientras más la mantengamos aquí, será un mayor riesgo de seguridad... Podría mandarla a otra posición más segura y alejada... Tenemos la casa de seguridad cerca de Omsk, y los gemelos vigilarían cualquier movimiento dentro o fuera las veinticuatro Ho...

-No.

Sara espero, pero la explicación no llego, y apretó los dientes algo enojada.

No es que pensara que tenía derecho a conocer todos los proyectos de Sesshomaru, pero esto era en realidad su maldito trabajo. Se suponía que tenía que ser informada sobre cualquier riesgo potencial a la seguridad del peli plata e idear una estrategia eficiente para conseguirlo, y la niña que actualmente estaba instalada en las habitaciones de su señor era un mayor riesgo mientras más se quedara en la casa que apenas estaba las afueras de San Petersburgo.

Tal vez confiaba en la lealtad de sus hombres, pero tampoco era tan ingenua como para pensar que las traiciones eran imposibles.

-Pero... –Intento de nuevo.- La niña...

Sesshomaru se le quedo mirando. Casi podía jurar que por un segundo sus ojos se volvieron del color de la sangre.

-La niña no es asunto tuyo. Puedes irte.

Sara asintió con fuerza y salió de la habitación.

Una vez de regreso en el centro de control, se sentó en su silla y observo los monitores de vigilancia.

Luego de un rato, después de meditar sobre su conversación con Sesshomaru, tecleo el código de acceso e ingreso a la cámara de seguridad en la habitación de la mocosa.

La niña estaba tumbada en la cama, con un lápiz en sus delicados dedos, mientras dibujaba algo en lo que parecía un Bloc de dibujo.

Alzo la mirada a los gemelos y levanto su pulgar hacia ellos, ladeando la cabeza y haciendo muecas ridículas y extrañas antes de volver a garabatear en el cuaderno.

Sara frunció el seño, ¿De donde había sacado eso? Que ella supiera no debía haber nada en esa habitación, y menos algo tan peligroso como un lápiz.

En las manos correctas, esa era un arma extremadamente peligrosa. Y en manos de esta chica, también. Era tan torpe que seguramente se lastimaría.

Tal vez ese par de gigantescos tontos habían caído ante los bonitos ojos de la mocosa y le habían proporcionado aquellas cosas.

Sonrió, en cuanto Sesshomaru se enterara probablemente la castigaría.

Se quedo mirando la pantalla, parecía que realmente estaba interesada en dibujarlos, tal vez de verdad estaba entrando en una paranoia.

Miro la pantalla un poco más, desconcertada por lo cómoda que se veía, movía sus piernas de arriba abajo y parecía tararear alguna cancioncita tonta, por que movía sus labios y sonreía dulcemente ante cada trazo que realizaba. Para alguien que estaba cautiva, parecía muy contenta, ¿Estaría bien de la cabeza?

Sara estaba a punto de apagar la pantalla, cuando los guardaespaldas salieron de la habitación y ella miro a otro lado. Sesshomaru entro en el cuarto y dijo algo.

No había audio, por lo que solo podía adivinar y parecía que la mocosa no quería mostrarle su dibujo. Al parecer él ya sabía que la mocosa tuviera aquel cuaderno.

Rin hizo un puchero y metió bajo la almohada el Bloc de Dibujos. Sesshomaru se quito la chaqueta y se acerco a ella para alzar su cara, tomándola por la barbilla.

La niña dijo algo antes de hacer otro puchero.

La mandíbula de Sara casi cayó al piso cuando Rin lo abrazo del cuello y lo beso suave y dulcemente.

Así que la mocosa estaba enamorada de su señor. Ahora entendía por qué ella misma despreciaba tanto a la muchacha.

Haciendo una mueca burlona, espero a que Sesshomaru le diera una bofetada y se alejara de ella.

Lo que no espero fue que él tomara el control del beso, volviéndolo apasionado y codicioso, y la levanto por el trasero para hacerla enroscar sus piernas alrededor de su cintura.

Qué carajo.

Que jodido carajo.

Cuando Sesshomaru la arrojo a la cama y se quito la camisa antes de volver a ponerse sobre ella, Sara rápidamente apago la pantalla.

Sabía que algo había ocurrido cuando el peli plata había dejado de acostarse con cualquier mujerzuela. Y eso le había alegrado casi tanto como cuando se divorcio de Abi.

Pero ahora sentía una acidez subiendo por la garganta.

No se había esperado esto de él, luego del regaño que había tenido de su parte, por haber estado distraída por esa maldita puta.

-Maldito hipócrita. –Sara pensó furiosa mientras sentía las lágrimas corriendo por sus mejillas.

. . .

Ni Ah, ni Un eran sus nombres, pero así se llamaban ahora.

Eran dos hermanos, criados en las frías calles de Ucrania, viviendo de la basura y otros lugares poco higiénicos hasta que fueron tomados por el crimen organizado.

Desde pequeños fueron entrenados duramente. Habían tomado varias vidas con la firma de su trabajo en sus cuerpos. No mostraban piedad con nadie, eran tan buenos que nadie nunca sospecharía de niños como ellos.

Hasta que cometieron un error.

La misión había sido secuestrar a la amante favorita del hombre más poderoso de Rusia. Era una hermosa miembro de la familia real nipona: La princesa Izayoi.

La princesa Izayoi, considerada la joya de Oriente, y se rumoreaba que era el tesoro más preciado de Touga Taisho. El objetivo era secuestrarla y chantajear al hombre con algo sumamente importante para recuperarla.

Pero a mitad de su trabajo, cuando la tenían encerrada en una celda de un zoológico abandonado, sin abrigo ni comida, algo los detuvo de entregarla a sus empleadores. La mujer no era ni de cerca como los demás objetivos que habían tenido.

Esta bella mujer tenía algo de especial, y no era solo su belleza. Los miraba asustada, pero no con odio. Trataba de ser valiente, pero no era altanera. Suplicaba por su libertad, pero no patéticamente. Todo esto era confuso para ellos.

Y la cereza del pastel. Estaba embarazada.

Algo en ellos se rompió.

Cambiaron el objetivo con otra mujer y ayudaron a la mujer a regresar. No la llevaron a su casa. Llegaron a la casa del poderoso –y peligroso- hombre y marcaron por teléfono para que la mujer le avisara de su posición, justo en la entrada.

El gran Touga era alto, moreno, de ojos dorados severos, y el cabello plateado atado en una coleta.

Tal vez los hubiera matado en ese instante. De no ser porque la dulce princesa bajo corriendo de la camioneta y salto a sus brazos. Parecía muy feliz de estar con él.

El hombre estrecho el cuerpo más pequeño de la mujer, y la besó con dulzura. Esa no era la reacción de un hombre recuperando hacia algún objeto de su propiedad. Esa era la reacción de un hombre enamorado que vuelve a obtener algo precioso que creía perdido.

Fueron rodeados por guardias y apuntados con las pistolas para terminar con sus vidas, pero algo los detuvo. La voz de aquel General demoniaco.

Ordeno que se les encerrara en una mazmorra fría y que no les proporcionaran alimento.

Justo como ellos habían hecho con su amada.

Tres días después, había ido a verlos, pero ahora, a su lado tenia a un muchacho más o menos de su edad, muy parecido al hombre. Cabello largo y plateado, ojos dorados, piel clara, mirada fría, y parecía curioso con la imagen de aquellos dos chicos.

No entendían muy bien el ruso. Pero al parecer se había interesado en sus habilidades. Así que les dieron otra oportunidad, como subordinados del hijo del Comandante Perro.

Se habían ganado su lealtad y confianza. Y escalando de rangos a tal punto que acompañaban al joven Sesshomaru desde que cumplió la mayoría de edad, y reemplazo a su padre en el negocio después de su muerte.

Pero todo eso se lo agradecerían siempre a la dulce princesa Izayoi.

Habían tenido cariño por la mujer y hubiera querido permanecer al lado de una persona tan noble, pero sabían que no debían causar más problemas. Y nunca más habían tenido contacto con la mujer, al menos no a solas. Una vez que su amo cambio el cuartel general a otra ubicación, se distancio de su familia y eran muchas menos veces las que la veían a lo lejos.

Se concentraron de lleno en su trabajo, solo debían conseguir lo que se les solicitaba y listo. Cumplir órdenes con eficiencia y no estorbar cuando no los necesitaran.

No anhelaban nada más, no después de tanto tiempo.

Hasta que nuevamente, algo cambio su forma de percibir el mundo.

Desde el primer momento en que la vieron, pudieron notar que ella no pertenecía a este mundo de crimen y muerte.

A pesar de su facha de ejecutiva, no podía ocultar aquellos ojos inocentes.

La gente podía aparentar ser buena. Podía aparentar las sonrisas nobles y decir palabras que realmente no sentían. Pero la inocencia era algo imposible.

No había tratado de coquetear con su señor, no trato de hacer amenazas, incluso dio el paradero del objetivo de la molestia de su empleador sin vacilar.

Esta niña no sabía en lo que se había metido.

Cuando salieron del restaurante para llevar al aeropuerto al peli-plateado a su siguiente destino, al entrar en el coche pudieron sentir que algo no andaba bien.

Miraron de reojo al serio hombre, aparentemente estaba tranquilo. Aparentemente, a menos que miraras las manos que se apretaban en puños y su mandíbula ligeramente endurecida. Estaba furioso.

No lo habían visto de esa manera hace años, y ahora parecía verdaderamente enojado.

Ninguno dijo nada cuando lo vieron coordinar el secuestro de aquella chiquilla japonesa.

Tampoco dijeron nada cuando les ordeno ir a la casa de Seguridad a las afueras de la ciudad, para esperar la llegada de su "invitada".

No tenían nada que decir.

Apenas llegaron, vieron a Sara darle una bofetada a la chica y ordenar que fuese llevada al cuarto gris.

No había duda de que esa pequeña pulga no sabía en que se había metido.

Con solo una hora de compartir a solas una habitación con ella, se dieron cuenta de que no solo era ignorante de su situación; era ignorante de la vida misma.

Era demasiado inocente y dulce. Cantaba canciones cuando se sentía sola, hacia preguntas sin parar, o por lo menos a ellos les parecían interminables.

Les recordaba tanto a la amable princesa Izayoi.

Y eso era, algo sumamente tonto. No deberían sentir preocupación por ella cada vez que Sara entraba al cuarto y se quedaba a solas con ella. No deberían pasar la noche en vela preocupados por la seguridad de la niña. Y seguro como el infierno que no deberían intentar consolarla cada vez que la veían llorar, como cuando ocultaron un caramelo en el pan de su almuerzo sin que nadie se diera cuenta.

Aquel día en que Sara había dejado la puerta abierta y los demás guardias habían entrado para atacarla, habían logrado sacarla con vida, pero bastante mal herida. Nunca en su vida habían tenido culpa, hasta que la vieron en ese estado.

La sonrisa de agradecimiento que la "niña" les dedico, los conmovió y a la vez los hizo sentir más miserables por no haber podido cuidarla. Lo cual era ridículo.

Cuando Sesshomaru regreso a la casa, y ordeno el alimentarla correctamente y cambiarla de habitación, habían sentido una tranquilidad que no habían tenido en días.

Su trabajo como sus guardaespaldas personales había empezado mejor de lo que ellos mismos esperaban. El primer día habían querido jugarle una pequeña broma, desasiéndose de la horrible ropa que había usado en esta semana y cuando dio su grito de susto habían hecho un descomunal esfuerzo para no reírse al verla hacer pucheros.

Verla dormir tranquilamente, acurrucarse y sonreír con alegría tenía que ser la escena más tierna que hubieran visto en sus vidas.

Y luego Sesshomaru entro en la habitación.

Habían actuado demasiado impulsivamente y lo habían amenazado con sus armas sin ser consientes de que era él.

No estaban seguros de dejarlo a solas con la menor, pero solo seguían órdenes.

Al día siguiente, casi suspiraron aliviados de verla sana y salva, pero también muy confundida.

Y luego notaron que en lugar de vestir la bata de baño del día anterior, tenia puesta una camiseta de hombre... Más específicamente una camiseta que pertenecía a Sesshomaru.

Los días pasaron y ellos seguían sin entender muy bien lo que sucedía entre su jefe y su "encargo", hasta el día que Rin sufrió el mini ataque de celos cuando les pregunto sobre la antigua señora Taisho.

No era un tema de conversación agradable para nadie en esta casa, pero eso no importaba en este momento. Les preocupaban mas las muecas de preocupación que ella hacia cuando veía las fotos de la bella actriz francesa en el teléfono de Un.

Se lo habían quitado, más que nada, porque ella parecía a punto de llorar, luego se dieron cuenta de su imprudencia, pudo haber llamado a la policía en esos pocos segundos.

Pero al ver su carita de gatito aplastado, sabían que probablemente esa idea ni siquiera le había pasado por su cabeza.

Ah, –suspirando-, le entrego el pequeño bloc de notas que utilizaba muy de vez en cuando, y se lo entrego con un lápiz para que se entretuviera un rato.

Cuando su turno termino, revisaron el dibujo. Les sorprendió gratamente ver el talento que tenia para hacer un hermoso dibujo en pocos minutos.

Habían pasado varios días en su compañía, disfrutando de su dulzura hacia ambos y su inocente personalidad.

Por eso estaban preocupados.

Por eso querían ayudarle a liberarse de aquel encierro. A pesar de que parecía empezar a acostumbrarse a esta vida encerrada, lucia apagada.

Esa calidez y dulzura, poco a poco iba marchitándose. Se veía malhumorada y triste.

Desafortunadamente, todo empeoro cuando Sesshomaru salió de viaje. Les había ordenado, –amenazado-, de no quedarse a solas con la niña cuando durmiera.

También que no permitieran a Sara estar mucho tiempo a solas con la muchacha.

Habían cumplido eficientemente su trabajo. Casi les había provocado un infarto el primer día, cuando entraban para su turno, y la vieron durmiendo plácidamente en la cama, y abrazando la almohada como si su vida dependiera de ello.

La semana paso tranquila. Se permitían relajarse un poco cuando la veían ver la televisión y solo estaban en alerta cuando Sara entro con la bandeja de la comida. Y se convirtió en la nueva rutina.

A veces era difícil dejarla sola tanto tiempo.

A veces lo que era difícil, era resistir las ganas de golpear a los sujetos que hablaban obscenidades sobre ella y las cosas que querían hacerle a la chica en cuanto Sesshomaru les diera permiso.

Lo dudaban, y mucho, pero aun así no podían evitar sentirse alerta. Cualquier acercamiento a la habitación del jefe por personal no autorizado era considerado como potencial amenaza.

Podían conseguirle algo de tiempo y tranquilidad.

Pero no habían esperado que Sesshomaru fuese a llegar antes, y había encontrado a la jovencita en su cuarto.

Se habían quedado preocupados, porque ya no los había llamado para ir en la noche a cuidarla, ¿Había pasado algo?

¿Le había echo algo a la niña?

Habían decidido ir un poco antes de su turno para ver que había pasado.

Lo último que esperaban, fue el ver a su jefe sobre ella, en su cama, desnudos, y a punto de besarse, de no ser por la abrupta interrupción.

-Cierra la puerta.

Ni lerdo ni perezoso, Ah salió y Un cerro la puerta, estuvieron varios segundos en shock.

¿Qué rayos había sido eso?

No eran ciegos ni ingenuos. La pequeña Rin parecía muy amable con el hombre, y Sesshomaru parecía bastante permisivo con ella, pero no pensaron que en verdad su relación llegara a tal grado.

O más bien, no pensaron que un ser tan puro e inocente, se sintiera un poco atraído por un ser tan cruel. Lo mismo con el mayor.

Al parecer, aquello que oyeron alguna vez era verdad de que los opuestos se atraían.

Escucharon un extraño sonido salir de la habitación. Rin se estaba quejando.

No. Más bien era...

Los dos se pusieron rígidos y salieron de aquella zona de la casa. Esto definitivamente era algo que no querían oír. Eso sería demasiado para cualquiera, solo tenían que asegurarse que nadie pasara a ese pasillo por los siguientes minutos.

Los minutos se convirtieron en toda la mañana.

Estaban preocupados, Rin ahora lucia más contenta y alegre. Usaba todo el tiempo la ropa de Sesshomaru, podía entrar y salir del cuarto principal cuando quisiera, y ahora también había conseguido un bloc de dibujo profesional.

Les preocupaba un poco lo alegre que se veía por estar en esas cuatro paredes. Lo tranquila que estaba cuando se iban. Lo enamorada que se miraba cada vez que Sesshomaru entraba en la habitación.

-¿Quieren dejar de moverse? No pudo captar un buen Angulo desde aquí.

La muchacha miraba hacia ellos ladeando la cabeza, con un pulgar arriba hacia ellos con uno de sus ojitos cafés cerrados.

Era dulce y agradable. Con un corazón de oro y una sonrisa amable cada vez que los veía.

Se quedaron lo mas quietos posibles para dejarla terminar su cuadro. Lo que fuera con tal de distraerla de Sesshomaru. Incluso habían dejado que abriera la ventana, solo una vez, para que sintiera el aire. Eso podría haberles costado la cabeza. Si alguien descubría que la muchacha estaba allí, corría grave peligro y si se enteraran del motivo, Sesshomaru tendría su piel.

Rin estaba feliz, eso debería alegrarlos, pero los tenia tensos, no sabían porque esta preocupación hacia ella.

-Gracias por ser mis modelos, ciento si soy exigente, prometo que no les gritare más. –Dijo ella con una dulce sonrisa.

Los gemelos le sonrieron y fuera como fuera, era casi imposible encontrar un ser tan puro e inocente en este mundo.

Para ellos era imposible que una mujer así pudiera ayudar a su jefe con sus planes de venganza, pero no era su problema. No debería ser su problema.

La puerta se abrió y ambos se pusieron firmes, listos para salir cuando Sesshomaru entro. Ni siquiera tuvo que decirles algo, ambos salieron por su propio pie.

No había que ser un genio para saber que pasaría allí dentro, pero aun así no era agradable.

Seguramente él solo buscaba una manera de usarla, y luego hacer su movida y rompería el corazón bueno y puro de la muchacha.

Tenían que evitarlo de alguna manera.

La pregunta era ¿Cómo?

. . .

Espero que les haya gustado. ¿Listos para el estreno de Hanyou no Yashahime? Yo sí.

Me apure para tener este capitulo listo aunque algo corto. Sé que no es idéntico al libro pero no quiero solo copiar y pegar, quiero que haya algo de variedad, ya después entenderán la importancia de la ex esposa de Sesshomaru. Espero.

Bueno, ahora una pregunta importante. Si conocen los libros en los que me estoy basando, ¿Quisieran que hiciera una adaptación del Primer Libro? Si ya los leyeron, sabrán de que se trata, y si no los han leído, para que lo conozcan.

Déjenlo en sus comentarios, me encanta leer sus opiniones y lo que les gusta o no les gusta. ¡Mata ne!